jueves, 23 de febrero de 2012

CARNE DE ANTIDISTURBIOS


Alguien lúcido señaló, poco más o menos, “somos una nación de borregos sometidos al yugo de cuatro lobos que conforman un clan endógeno”. Esta perfecta síntesis que retrata nuestra sociedad viene a cuento por los incidentes ocurridos en Valencia, donde la intervención policial fue claramente desproporcionada. Abundan empero acotaciones de dudosa objetividad que focalizan y desvían el debate a la necesidad de la misma y que nadie, yo al menos no, niega. Personalmente contemplé estupefacto (entonces desconocía cualquier pormenor) cómo unos policías, en medio de un despliegue imponente, sacaban esposados del Corte Inglés a chico y chica quinceañeros como si fueran peligrosos delincuentes.

Los lamentables sucesos se iniciaron en el IES Luis Vives, un instituto histórico ubicado en el centro de la capital. Manipulación sobre los recortes y su influencia en la calidad educativa, así como el efecto multiplicador debido a la carencia de calefacción, dispararon la protesta callejera. Una gestión policial discutible en sus albores y la posterior espiral de torpezas terminaron por ser tediosa noticia diaria. Cuando un país tiene el veinticinco por ciento de paro (cercano al cincuenta en el sector juvenil), un déficit del ocho porcentual, una deuda soberana de setecientos mil millones de euros, una economía paralizada y una clase media -único sostén del Estado- empobrecida, además de un horizonte negro, jugar con fuego es un suicidio más que una irresponsabilidad. Las imágenes de la carga policial encienden los ánimos y el PP puede verse envuelto en llamas.  Creo que la señora Sánchez de León se ha ganado a pulso su cese por “pirómana”.

No existe ciudadano que someta a juicio la extracción ideológica de quienes, justamente ahora, emparejen correcciones presupuestarias con calidad educativa y fracaso escolar. Mis lectores saben la labor docente que materialicé a lo largo de cuarenta años. Tal circunstancia me permite exponer con conocimiento de causa, una vez más, dos asertos. Para empezar, lo básico en la calidad no son los recursos económicos (sin obviar su relieve); es el método y los valores que le asisten. Jamás se consiguieron mejores logros escolares que desde los años setenta a finales de los ochenta; es decir, con la Ley General de Villar Palasí, periodo en que no hubo correspondencia con un abultado presupuesto que facilitara tales prestaciones. Por otro lado, el caos educativo, el hundimiento de la enseñanza pública y el mayor recorte lo generó la LOGSE. El constructivismo como criterio de aprendizaje, la comprensividad como máxima rectora y la falta de acompañamiento de una Ley de Financiación (recorte definitivo) han traído estos lodos que padecemos. Curiosamente son sus panegiristas quienes exigen, cínicos, una escuela pública de calidad. Estafadores.

Marx, Popper, Adorno, Friedman, Keynes y otros pensadores preocupados por el devenir social en sus aspectos antropológico y económico se concretan a una operación de laboratorio, ineficaz en la masa social para protagonizar cambios trascendentales. Revolución implica un cambio profundo en la organización social. Involución sólo es el regreso a una fase anterior. Una burguesía económica protagonizó la Revolución Francesa que aniquiló el Antiguo Régimen e inauguró las democracias liberales en Europa Occidental. Alboreando el  siglo XX, una élite económico-intelectual derrocó el absolutismo zarista ruso, sustituido al principio por un sistema totalitario que, tras diversas vicisitudes, terminó sojuzgando a Europa Oriental hasta la última década del aludido siglo. Ambos conjuntos, divergentes, opuestos, enfrentados ideológica y económicamente contuvieron extraños afanes en sus respectivas áreas de influencia. Así por ejemplo, Francia e Inglaterra apoyaron el alzamiento militar en la España Republicana que adoptaba un preocupante sesgo comunista. Franco probablemente fuera un paréntesis personalista que garantizaba la retaguardia francesa e inglesa.

El statu quo europeo auspicia que los partidos españoles, burgueses en sus diferentes manifestaciones liberales o ¿socialdemócratas? (valga la redundancia), teman por igual cualquier sacudida auténticamente revolucionaria que pueda “engullir” sus privilegios espurios. Permiten, a lo sumo, algún que otro desplante -con el objeto de  calmar tensiones impulsivas- siempre inducido y controlado por “santones” a sueldo. Conforman un jugoso caldo de cultivo para la revuelta minoritaria pero atronadora. Siempre aparecen al rescoldo, difícil encontrarlos en frío porque su tarea es encauzar el descontento hacia la involución (cambio de gobierno menospreciando la voluntad popular). Formalizan una plaga antidemocrática que perturba a países sin cultura política. La Historia reciente enseña la peligrosidad de ciertas siglas, escasamente reformadas, muy incómodas en la oposición.

Al pueblo, tonto útil en una revuelta custodiada, anodina, le interesa la revolución, el cambio rotundo. Cuando un sistema no nos entusiasma, debemos darle la espalda, no participar de él. Ciñéndonos a nuestro caso, lo aconsejable es abstenernos o votar en blanco. Constituye la única manera de dar un escarmiento  corrector a esta panda de vividores. Debemos utilizar armas legales, aquellas que, por ser mayoría, aporten clara ventaja sobre quien ostenta la fuerza legal. El enfrentamiento directo con la policía dejémoslo para feligreses y dogmáticos. Sospecho que nosotros, la gran mayoría, nos negamos a ser carne de antidisturbios estúpidamente.

 

domingo, 19 de febrero de 2012

SINDICATOS, ADLÁTERES Y GOBIERNO


Por puro azar, en consonancia con la ley que rige el mundo y al hombre, he hallado una frase dicha por un piquetero en la última huelga general de dos mil diez. Tras “convencer” al dueño que debía cerrar su local, espetó a los compañeros de piquete: “¿Alguien quiere café o tabaco antes de que cerremos el bar?” Tal actitud muestra rotundo el grado de coherencia que animó a este esforzado menestral,  liberado paradigmático (puede) o aledaño al staff. No estamos ante un caso aislado, insólito; la anécdota franquea el ámbito particular, accidental, para convertirse en sustancia inseparable. Se ha pasado del ardor entusiasta, de la bizarra resistencia gestada en el tajo, al acomodo actual donde el compañero es ahora objeto burocrático distante, sin conexión con el entorno fabril. Los sindicatos españoles han vendido caro su afecto. Ese aroma burgués que despiden (nunca mejor dicho) amortigua la intensidad auditiva, modelan un mensaje extraño -ininteligible- y pierden por ende capacidad de convocatoria.

Desde mi modesto punto de vista, la Reforma Laboral, a semejanza del parto de los montes, ha alumbrado algo insignificante, poco provechoso. Nace ineficaz porque no resuelve la falta de liquidez empresarial  (verdadero escollo). Liquida, menos mal, competencias inoportunas, restringe suavemente -en un sí pero no- el poder sindical cuando se priorizan acuerdos de empresa sobre convenios sectoriales y se reducen trabas administrativas en la tramitación de los EREs. Salvo estos aspectos, la Reforma Laboral se parece como dos gotas de agua a la de Zapatero  y que propició una huelga estratégica, de mentirijillas, benigna, a tres meses vista. Hoy los líderes obreros (es un decir) bregan por sus privilegios, se desgañitan, lanzan soflamas cuando no verdaderos escarnios, amenazan aún sabiéndose frágiles. El personal, pese a que Rubalcaba perciba una campaña “repugnante del PP contra los sindicatos”, deserta; ante su evidente titubeo resolutivo, los problemas sindicales internos le traen al fresco. Se lo han ganado a pulso. Sólo computan para los medios y porque hay que llenar huecos. Ahora mismo, soportan una lamentable situación de excelente bonanza.

Recurrentes, algunos políticos (que constituyen la anacrónica y única reserva europea del más puro marxismo) la calificaron con destemplanza -arrastrados quizás por una inercia inevitable- como “golpe de Estado contra los trabajadores”. Compitiendo en extravagancia, Llamazares calificó la Reforma de “estado de excepción laboral” e hizo un llamamiento a la rebelión callejera. Demuestran una mayor querencia genética a la subversión que al parlamento, signo inequívoco de sólidas convicciones democráticas. Mantienen con laudable disciplina la divergencia entre dialéctica teórica y praxis revolucionaria. Sujetos al marco capitalista y anclados con efusión en lugar y tiempo impropios, se les ofrece dos salidas: adaptarse a los nuevos retos (dificultoso) o preservar su praderas agitando señuelos mohosos, quiméricos, con escaso (por no decir nulo) recorrido. Les motiva, les pone, esta postrera. La juventud asigna a estos partidos obsoletos fecha de caducidad; conformarán, al igual que sus antípodas, reliquias adecuadas para cuatro nostálgicos.

¿Y el gobierno? Extraordinaria pregunta si tuviera una respuesta argumentada y sin sombras. Todavía en la oposición Rajoy, a propósito de perversa inquisición, dijo: “¿Medidas para crear empleo? Bueno, me ha pasado una cosa verdaderamente notable, que la he escrito aquí y no entiendo mi letra”. Esta salida, que el común señalaría de pata de banco, pudiera ser un recurso de chanza a la gallega pero también un reclamo sincero, un reconocimiento sigiloso a su extravío, a su qué sé yo. En el terreno económico, el ejecutivo va cumpliendo su programa electoral sin demasiada convicción, al ralentí, a la espera de algún milagro que le permita conjugar augurios en la oposición y aquiescencias en el poder. La actualidad nos ofrece un panorama peliagudo, siniestro, con unos datos que escapan a cualquier control elemental. Asimismo Europa exige disminuir déficit y paro, originando finalmente un desasosiego semejante al del matemático que se hubiera propuesto la cuadratura del círculo. Algunos aun se atreven a echar leña al fuego. Acongojante. Y dicen, como antes otros, trabajar por el bienestar de los españoles. Si digo ¡qué mentecatos!, elijan ustedes la referencia.

Dentro del contexto económico el presidente posee un margen razonable de pretexto; con todo, no ocurre lo mismo en las demás materias que fueron caballo de batalla meses atrás, ajeno al sillón azul. Leyes opuestas a principios morales y familiares (impresos en la idiosincrasia española), nacionalismos, problemas lingüísticos, Ley de Partidos (ilegalización, si procede, de Bildu, Amaiur…), etc. padecen sospechosos cambios conceptuales, por tanto de enfoque y tratamiento, eclipsando incluso servidumbres electorales. No es de fiar quien mantiene doble discurso porque siempre traiciona. El PP se equivoca. Se les concedió una mayoría absoluta (libre de ataduras) para algo diferente, opuesto. Una mala copia y peores evasivas no convencen. El dogmatismo es leve enfermedad entre la derecha liberal, epidemia en la izquierda progre. ¡Cuidado!

¿Complejo, prudencia o cobardía, como dijo Rosa Díez? Abandono la idea de considerar al PP un estratega tan fino que le impulse a asediar, con su actuación, el espacio de la socialdemocracia europea y favorecer el ocaso definitivo del PSOE; perfectamente canjeable, por otro lado, en su actual pelaje. Una variedad doctrinal y malévola al famoso “Cordón Sanitario”. Demasiado conejo para tan exigua chistera.

 

 

domingo, 12 de febrero de 2012

UNA VERGÜENZA, DESVERGONZADOS


La existencia de una ley cíclica que dirige dinámicas y aconteceres parece encontrarse fuera de toda duda. El siglo XVI, triple actor de bancarrotas nacionales, se convirtió en el máximo exponente cultural de aquella España menesterosa. Todavía hoy nos referimos a él con énfasis como Siglo de Oro. Ahora, quinientos años después, abatidos por una crisis aguda, inmersos en la penuria, otra vez arruinados, aflora lozano un extraordinario estado cultural; eso sí, antitético al recordado. Dentro de esta mengua psíquica que nos ahoga, hay sectores cuya relevancia política e institucional la hace aun más alarmante y amarga. Acomodados en distintos departamentos, su labor (evito evaluarla rendido a un residuo piadoso) acentúa el achaque de la débil, insolvente y grotesca, democracia  que encubrimos. 

 

Nos encaminamos a una década extraordinariamente feraz en sandeces, falacias y arrebatos contra la Ley. No podemos (ni debemos) destacar parcela o profesión alguna; tampoco hacer exclusiones ajustadas a comportamientos prudentes, circunspectos. Desde atávicas falsedades y enredos -que inculpan sin excepción al amplio abanico de siglas- hasta insólitas sugerencias vertidas por columnistas cebados con fondos opacos, hemos consumido paciencia, apatía e indignidad. En los últimos meses, el proceso muestra un cromatismo que inquieta: pasó de castaño a oscuro; cunde el desastre, se han rebasado todas las barreras. Una competición de desafueros surge en quien tiene algo que decir e incluso en quien carece de tal capacidad.

 

Partiendo del insondable y meticuloso hábito de calificar caverna, ultraderecha, fascista o similar, a gente discrepante con las propias ideas, los autodenominados izquierda progresista realizan así un ejercicio de afirmación que colme su vacío doctrinal prendido a ruin soporte dogmático. Pretenden, incluso, el beneficio político que resulta de asociar a estos epítetos la perversidad sembrada previamente en la conciencia social y que (a juzgar) conviene exhibir a los afectados una táctica tibia, salvo raras excepciones. Deben especular, unos y otros paradójicamente, provechosas ventajas electorales.  

 

Producto de la estolidez recalcitrante, es fácil coleccionar expresiones burdas, chocantes, irrisorias, patéticas. Sin embargo, las más recientes bordean el delito -al cuestionar el prestigio institucional- cuando no trasgreden abiertamente la Ley. Gaspar Zarrías afirmaba días atrás: “Es un hecho objetivo que en ocasiones se da una sintonía pintoresca entre la juez Olaya y el PP en relación con los EREs”. La frase entraña una grave y gratuita calumnia; asimismo, dicha por aquel que presuntamente se encuentra en el epicentro del terremoto, rechina a cualquier oído decente. En mi pueblo dicen: “quien se pica, ajos come”. Los sucesivos juicios contra Baltasar Garzón (curiosamente otro nombre mago) por supuesta prevaricación, ya confirmada en un caso, trajeron una tediosa letanía de despropósitos. Próceres concretos (típicos), individuos extravagantes (faranduleros) y algún ex fiscal, superaron con creces aquellos extremos que recomiendan la razón, el proceder y la norma. El señor Mas se convierte en protagonista absoluto con exigencias imposibles, contrarias a la Ley y al sano juicio. Vierte, además, tenues amenazas a quien ose pisar unas hipotéticas líneas rojas que él mismo ha diseñado.

 
Un columnista polémico proclamaba el otro día la falta de seriedad en nuestro país. Resumiendo, mantenía que el PSOE era un partido sin parangón en Europa, que la socialdemocracia la encarnaba el PP de Rajoy y el liberalismo oponente residía en el PP de Esperanza Aguirre. A juzgar por hechos, actitudes y declaraciones recientes de los líderes socialistas más representativos, merece la pena considerar la tesis del mencionado columnista. Con estilos e ideas decimonónicos no podemos enfrentarnos a los retos del presente y a los que, en el futuro, nos depare el siglo XXI. UPyD, abandonando cierto lastre -algunos excesos- lograría desempeñar un papel esencial. Los adversarios lo saben, de ahí su crispación. Izquierda Unida, como suele decirse, es el verso suelto de la futura política española. Apremia cambiar la Ley Electoral para que cada uno tenga el mandato que le corresponda.

 

Deseo reseñar la responsabilidad que toca asumir a los medios de comunicación respecto a escenarios pretéritos, presentes y, me temo, venideros. Es más, diría que son  los gestores exclusivos del conducirse social en sus diversas manifestaciones, pues generan opinión y praxis. Si son incapaces de reconocer su propia vergüenza, nunca saldremos del laberinto. Antes o después la sociedad se lo reclamará, una vez  harapienta la clase política hoy por hoy tremenda desvergonzada.

 

 

domingo, 5 de febrero de 2012

REFORMA EDUCATIVA SIN CALADO


A estas alturas no descubrimos ningún misterio o factor esotérico si estimamos el dualismo norma que mueve al mundo y al hombre.  Alma/cuerpo, luz/sombras, bien/mal, yin/yang en la filosofía oriental (curiosamente el yin se concibe principio femenino, la tierra, la pasividad; al yang pertenece el principio masculino, el cielo, la actividad). Estos impulsos complementarios, irreductibles y antagónicos, presentes en todas las cosas, permiten la trascendencia de lo humano salvando una realidad cerrada, inmanente. Cualquier fuerza/idea puede ser percibida como su contraria si se mira desde un punto de vista antitético, en una dicotomía armonizadora. La categorización se realizaría intencionadamente, por conveniencia. En tal caso nos rendiríamos a una de las dos posibilidades y quedarían sentadas las bases del dogmatismo más abyecto.

 

Reforma es todo cambio gradual con el propósito de mejorar un sistema, proyecto o sociedad. Afecta a aspectos fundamentales, no al conjunto. Su espíritu le hace cuestionar por igual posiciones revolucionarias cuanto reaccionarias. En teoría se diferencia del centrismo, ya que este busca consensos equidistantes de los extremos y resulta un fin en sí mismo. Muchos consideran la voluntad reformadora una capitulación a la política del sector antagonista. El PP, de momento, anuncia reformas sin fin aunque muestra poco interés en practicarlas. Comprendo lo incongruente de una urgencia tiránica e innecesaria, pero los plazos salieron de su boca. No creo hubiera presión externa (sí menester) que llevara a Rajoy a fijar la Reforma Laboral el siete de enero. Un equipo de gobierno, previendo su próxima servidumbre, debiera tener propuestas nítidas, eficaces, ante la situación de emergencia económica y financiera.

 

Se ha desatado, digo, una fiebre reformista y no hay cartera que silencie inmediatas novedades en sus respectivos ministerios. El responsable de Educación, Cultura y Deporte, señor Wert, ya desmenuzó algún giro (superficial por lo publicado) en la prevista ley educativa. Salvo cortina de humo para verificar oposiciones y anuencias, se habla de acortar un año la secundaria, para añadírselo al bachiller, y extender la escolarización obligatoria hasta los dieciocho años. Si la columna vertebral innovadora se resume en lo expuesto, aparte otros argumentos de más enjundia que iré desgranando después, me parece una tomadura de pelo; no sólo por su indigencia (que se limita a un quita y pon) sino, junto al costo que conlleva, por aumentar dos años la tortura en un alto porcentaje de alumnos.  ¿Acaso desconoce el señor ministro la cuantía de contratos en formación, prueba evidente del hartazgo y abandono escolar? ¿Cree que se puede educar por decreto ley? No concuerdan los mismos preceptos con realidades diferentes.

Mis cuarenta años de enseñante, la mayoría en Segunda Etapa con la Ley General de Educación y estrenada la LOGSE, me aportan (considero) cierta potestad para opinar del tema. Previo, voy a hacer un juicio de intenciones aventurado pero no exento de signos o evidencias: la LOGSE implanta un sistema educativo que buscó el acriticismo operante y la mediocridad generalizada, sin embargo (o a propósito de) su apariencia progresista, igualitaria e integradora. Persigue, desde mi punto de vista, una sociedad amorfa en la que diversas minorías detenten un poder consentido e inalcanzable para quien no pertenezca a idéntica élite. Extraigo a modo de prueba el hecho cierto de que toda esa casta privilegiada preconiza el final de las desigualdades, a través de la escuela pública,  mientras educa a su prole en colegios muy privados para eternizarlas. ¡Cuánto rendimiento y lucro le sacan a la palabra!

 

Principios excelsos y palabrería grandilocuente no reparan desequilibrios e injusticias. Darwin enunció la selección natural o la preservación de las razas en la lucha por la vida. Rechazo, pues, toda previsión o gracia que proceda del poder. Escalar posiciones sociales se consigue únicamente a través del esfuerzo, la constancia, el sacrificio; en definitiva, pugnar por la eminencia. Se debe exigir, sí, igualdad de oportunidades. Más allá, abominando esa famosa e insolidaria ley selvática que nos abate, cada uno enfoca su camino según actitudes, no aptitudes.

 

Señor Wert, la reforma educativa excede retoques de estructura o tiempo. Una enmienda auténtica exige el relevo epistemológico. El constructivismo (empírico, materialista, alejado de cualquier aliento ontológico) y la escuela comprensiva (desmotivadora, inactiva) son la génesis de un sistema público pauperizado y por consiguiente del tremendo fracaso escolar. Nuestros centros se han convertido en paradigmas de anarquía, barbarie e incivismo. Ignorancia y mezquindad son el fruto característico de estos mimbres inadecuados para conseguir una sociedad democrática y equitativa. No opino de política, discurro sobre educación y por ende de economía.

 

Escrúpulos, cuando no cobardía a secas, provocan acciones cuyos efectos se oponen al objetivo previsto (íntegro, dándoles un inusual margen de confianza) al tiempo que despiertan frustración y desengaño, incluso en fervientes admiradores. ¿Han colegido, usted y el resto del gabinete, por qué tienen mayoría absoluta? ¿Para hacer una política similar a aquella de los desahuciados? Vana y efímera victoria.

 

domingo, 29 de enero de 2012

REFORMAS INSÍPIDAS


Llamamos insípido a algo falto de sabor. También a lo escaso de espíritu, viveza, gracia, sal. El vocablo, por tanto, puede referirse a cualidad intrínseca o a envoltorio formal. La reseña genérica afecta al PP, pero se adscribe al Ministerio de Justicia; por ende, coloco el foco de interés en la primera acepción. A don Alberto puede reprochársele bastantes virtudes y defectos; jamás ausencia de viveza, gracia o sal. Por el contrario acostumbra a efectuar declaraciones en tono eufórico e incluso con chispa.

 

Afirmo mi total convicción de haber padecido, durante casi ocho años,  el peor gobierno de España en siglos. Sin embargo me surgen ciertos recelos sobre el ejecutivo presente cuando lleva ya un mes y no ha mostrado la celeridad que reclamaba tiempo atrás. El mayor problema que percibimos ahora apunta al desempleo (cinco millones trescientas mil personas). Otros, desde mi punto de vista, son más espinosos pero se otean menos perentorios. Rajoy debió pensar lo mismo. Incitó a los agentes sociales a que pactaran una reforma laboral antes del siete de enero. Superada con creces la fecha tope, su contenido -que en teoría debiera estar ya aprobado y creando empleo- pende de la indolencia gobernante, retoño asimismo del desapego. El acuerdo que han alcanzado sindicatos y patronal abona sus intereses, pero parece distanciarse de las aspiraciones nacionales. Presidente y ministra del ramo, incluidas felicitaciones pueriles, practican una gobernanza extraña, sometida a rentabilidad electoral.

 

Tenemos un Consejo de Ministros, según dicen, con un crédito excepcional que se hace extensivo a subsecretarios y directores generales. ¿Es suficiente? Veamos. Salvo error u omisión, sólo el ministro del Interior realizó diligentemente los cambios conforme al mandato de las urnas. Montoro, pese a empeños presidenciales, sube los impuestos directos, de momento, y anuncia restricciones a ministerios y autonomías (déficit cero), pero denotando escasa seguridad. Al dispar Luis de Guindos se le conoce por la polémica generada con el nombramiento de Carmen Vela, una admiradora de Zapatero, como secretaria de Estado. El resto, excluyendo al ministro de Justicia, son convidados de piedra; miembros aparentes, fantasmales, de un ejecutivo a la deriva, abatido por un peso torpemente estimado.

 

El señor Gallardón rompiendo la armonía, excusando la ley pendular que orienta al gobierno, en un acceso súbito, prometió cinco medidas necesarias: Nueva Ley Orgánica del Poder Judicial; penas permanentes y revisables para delitos de especial gravedad o multirreincidencias; permiso paterno cuando aborten las menores de edad; cambios sustanciales en la ley del menor y Nuevo Estatuto de Víctimas. Las reformas expuestas pueden responder a un compromiso solemne, ser un anuncio calculado o entonar el famoso estribillo de “renovar todo para que nada cambie”. El tiempo, ese testigo incorruptible, determinará la sinceridad o jactancia de don Alberto. La coyuntura diaria se nutre de noticias altamente explosivas procedentes del País Vasco y Cataluña (Amaiur y Mas), donde los desprecios a la Ley encuentran el silencio cómplice de quien asumió la exigencia de hacerla cumplir. Esta actitud, incompatible con principios programáticos expuestos en defensa de la democracia y de las libertades ciudadanas, me lleva a recordar a los próceres patrios esa máxima popular, tajante y definitiva, cuya propuesta indica que “el movimiento se demuestra andando”. Sería tremendo despedir al gobierno de los falsos reclamos para instalar al de las vanas reformas, en una antojadiza pirueta de la Ley de Murphy. 

 

Reconozco cierta intemporalidad en cualquier análisis efectuado al novel gabinete por el apuro e incumplimiento de fórmulas que la costumbre reconoce casi norma a proteger. No obstante observo -y no es una estimación privativa- que los primeros pasos (incluyendo la acefalia en trances onerosos), las trazas -pues no podemos basarnos en hechos concretos- atesoran altas dosis de zozobra. Resurge potente, indómita, la sensación de torpeza, ceguera e impotencia en este gobierno; estricto, apremiante y muy eficaz (así se vendía) en la oposición. Su incertidumbre empeora tres sectores básicos para superar la crisis: Recesión económica, estancamiento de la deuda soberana y aumento del paro. Complementan, por otra parte, el hundimiento progresivo de la clase media sobre la que recae todo el peso de la horrible situación.

 

Si el ejecutivo socialista era prototipo de la aridez, amén del reclamo delictivo y caos absoluto, este se está mostrando como el gobierno de las reformas exiguas e insípidas. El sabor intenso proviene del guiso compuesto por el laberinto financiero, el Estado Autonómico, las subvenciones inmorales y las empresas públicas, deficitarias e incluso granero de nepotismo. Quien tiene atribuciones sabe cuál es el arranque de nuestra penuria, pero nadie se atreve a emprender la terapia correctora.

 

   

domingo, 22 de enero de 2012

IMPERICIA, INDECENCIA E INCONSISTENCIA


Constituyen los tres pilares que hoy sustentan la configuración política de esta tierra, cuya mayor virtud -a la vez defecto inveterado- es la paciencia o sumisión, que manifiesta de manera ciega; mostrándose peligrosa cuando explota por inusual arrebato. Este soporte inmundo, podrido, vertebra a su vez el débil régimen que se nos aparece poco atractivo, desilusionante y, sobre todo, carísimo. Creo a fondo que manifestaciones, aun hechos turbadores, protagonizados por prohombres (también promujeres, que diría una ministra de cuota) producen rechazo y hastío general. Me temo de su inconsciencia, pero uno (ya entrado en años) compara aquella dictadura atípica con esta democracia lacia y no encuentra argumentos sólidos, rigurosos, para ensalzar una sobre otra. Cuando un sistema, se llame como se llame, privilegia realmente a un grupo, clase o casta, lo hace conculcando libertades y derechos de los demás. No es democrático pese a apariencias, empeños o parabienes. 

 

Sé que la última especulación es políticamente incorrecta. Sospecho el cúmulo de calificativos expuestos, más bien arrojados, por mentes incapaces de contrastar opiniones sin adueñarse de un espacio (teóricamente honorable) que no les corresponde a priori, incluso ni a posteriori. Poco importan las etiquetas imputadas porque nada debo a nadie ni tuve jamás, ni tengo, cargo, regalía u óbolo alguno. Al igual que muchos españoles veteranos, hube de sufrir la dictadura (insisto atípica) y ahora tengo que sufragar la democracia (reitero lacia). Otros -atraídos por el incensario o el improperio dogmáticos- no pueden decir lo mismo, en ningún caso.

 

Podría haberme decantado por diferentes rasgos, entre los múltiples que pueden aplicarse a la casta gobernante que se enseñorea en el solar patrio, sin temor a la hipérbole o la calumnia. Elegí las del encabezamiento porque ajustan perfectamente con la realidad, más allá del soporte semántico. Si sustentamos una generación perdida, la tópica ni, ni, ¿por qué el azar o los hados no pueden agravar tal escenario sobrellevando políticos in, in? Dicen que cada sociedad tiene los gestores de acuerdo a sus merecimientos. La reflexión tiene miga, me ofrece honda inquietud, pues se aproxima sin remedio al punto  obvio de que nuestra comunidad luce una vileza suprema, salvo especial maridaje asimétrico.  

 

 Contadas siglas (ninguna para ser exactos) alejan actitudes y modos de los vocablos que abren estos renglones. Al menos son cautivas de uno; múltiples sin embargo, con cierta insistencia, afrontan todos. Treinta años de experiencia son suficientes, deberían serlo, para tasar sin riesgos capacidades y talantes del amplio abanico ideológico español (utilizo “ideológico” por inercia, mas sin ninguna convicción). Los partidos nacionales pierden vigor a la par que los nacionalistas exacerbados no encuentran el juicio. Estos, con urgencia, contra todo precepto fisiológico, consumen, agotan, aborrecen, su propio caldo de cultivo. Desconozco qué impulso suicida les lleva a pretender la independencia, a sacrificar la gallina de los huevos de oro, a ese afán dañino -desde el punto de vista económico- de una segregación ruinosa para ellos. España, el resto, perdería sólo parte de su identidad pero lograría, a cambio, sosiego. ¿No vale la pena el canje? Destruiríamos una tradición de quinientos años, sí; ¿y qué? Al pan, pan y al vino, vino. Con China de por medio, los nacionalismos excluyentes e insaciables son ahora, sin exigir análisis profundo,  una rémora.

 

Repasemos someramente sustancias o accidentes. Desde mi punto de vista, hoy no hay ningún partido que se afane en conseguir el bien ciudadano. Todos acarician tocar mando como sea. El PSOE de Zapatero se ha suicidado en una inútil orgía de omnipotencia que nos llevó a la bancarrota. Los pretendientes que han de protagonizar la reforma, al paso que llevan conseguirán su ocaso definitivo. El PP es víctima de complejos e incoherencias. Consumido el último cartucho, sin reservas en la canana, agotado el postrer recambio, tras él viene, zaguera, la desesperanza.  Le auguro un porvenir escaso y difícil. IU desaparecerá por extemporánea, quimérica y errante. UPyD presenta buena perspectiva pero debe deshacerse de lastres originarios. Los nacionalismos se ahogarán en su propia salsa si antes no han asfixiado a España.

 

Sí, amigo lector, tenemos complicado salir de la crisis, abandonar el marasmo. Con semejantes partidos, con este armazón creado, impuesto, somos contribuyentes a lomos de la impericia, la indecencia y la inconsistencia.

 

 

domingo, 15 de enero de 2012

TRÁFICO VA DE CAZA


Estado es un concepto que se fija por el subjetivismo de quien lo enuncia en cada coyuntura. No obstante aparecen vocablos o frases comunes a todos ellos. Violencia legal y conquista de fines indeterminados formalizan un armazón frecuente. Entre los grandes pensadores dedicados al análisis del comportamiento y organización humanos, yo destacaría a Agustín de Hipona cuando afirmaba rotundo: "Desterrada la justicia, ¿qué son los reinos sino grandes latrocinios?" Max Weber y Hans Kelsen aseguran abiertamente que el Estado conforma un medio para la realización de cualquier fin social. Hay, pues, entre estos tres pensadores (salvando las distancias históricas) aproximaciones notables en los rudimentos de justicia, derecho y fin social que debe garantizar la fuerza legítima.

 

Años atrás, al tiempo que se alumbraba la nueva Ley sobre Tráfico, ya urdí un artículo indicando la irracionalidad plasmada en algunos puntos del texto; asimismo el objetivo básicamente recaudatorio a pesar del epígrafe solemne y falso de "Seguridad Vial". Hoy constato la naturaleza monetaria de tal norma. En un reciente viaje a Vinaroz por la autovía CV-10, que une Almenara con el aeropuerto de Castellón (a la postre inviolado por aeronave alguna), al término de la misma, aproximadamente quinientos o mil metros antes, una fantasmagórica señal limita la velocidad a 80 Km/h para que a su conclusión, ya en los diez kilómetros de carretera con doble sentido que nos lleva a la AP-7 o a la N-340, la velocidad en todo el tramo se limite a 100. Apostado convenientemente, el radar móvil cazaba hambriento a los confiados conductores, mi caso (uno va a ciento veinte, velocidad de autovía), para arañarles dos puntos y trescientos euros, ciento cincuenta tras el descuento coactivo.

 

Quien conozca la zona, observará que se trata de un trecho recto; sin peligro ni riesgo potencial ordinario, cuanto menos extraordinario. Si Tráfico dijera verdad, bastaba la colocación de señales informativas, progresivamente escalonadas, para advertir el escenario retratado, considerando, además, el escaso nivel circulatorio. Pero no, "para salvar vidas" era imprescindible la vigilancia extrema del lugar. En el tiempo que estuve retenido por cuestiones técnicas, no menos de otros diez incautos cayeron con alevosía y mala fe en las garras de esa rapaz llamada Dirección General de Tráfico, orlada por su pretenciosa "Seguridad Vial".  Ja.

 

Ni el gobierno es Gobierno de España, ni los partidos son democráticos, ni el pueblo es soberano, ni tan siquiera nadie trabaja para el contribuyente (antes ciudadano), por mucha cohorte de medios, voceros y afines que se desgañiten en atestiguarlo. Desconozco la forma, el método empleado, para que ese afán originario de servicio, esa lucha sin cuartel para conquistar la libertad, para superar las secuelas del "fascismo", se haya convertido en la cueva de Alí Babá. Qué fatídico halo orienta nuestra existencia que nos impele a tropezar más de dos veces en la misma piedra; magnitud que determina el límite del extravío humano. Un elevado grado de indolencia, menos aún de idiocia, no puede acreditar en modo alguno actitudes que denigran la dignidad personal.

 

Impotencia y reflexión son pésimas compañeras. Refuto talmente una para quedarme con aquella que puede aportar un destello de luz sobre la alarmante situación nacional; sin ser, a fuer de precisos, el paro y la crisis lo más terrible a medio plazo. El sistema ha creado un Caballo de Troya que está socavando indefectiblemente derecho natural y  principios constitucionales. Al contrario de Saturno, no hay esperanza que tal engendro sea devorado por su padre.

 

El Estado, Social y de Derecho según la Carta Magna, se parece como dos gotas de agua a ese otro que San Agustín calificaba de latrocinio. Así se presume una vez cotejadas las estrategias de caza, aunque quieran camuflarse tras un engañoso, maquiavélico, biombo. Desvergüenza y saqueo campan a sus anchas sin que, aparentemente, nadie quiera poner freno. Llevamos demasiado tiempo sin veda y, en puridad, sin justicia.

 

sábado, 7 de enero de 2012

RAJOY ENSEÑA LA PATITA


Acción y reacción son fenómenos simultáneos. Por esto, poco importa lo idóneo o inoportuno del epígrafe y los párrafos que integran el artículo. Menos si quebranto ese margen de cortesía cimentado en la centena. Recién salido del paritorio oficial, el gobierno, diligente (mascullando extraordinarias urgencias), ha empezado a imperar, tal vez por rebote a la calma advertida antes de venir el parto derecho; en realidad apremia prorratear la ingente deuda sin sobresaltos. Confiesan un grave traspié cuando apuntan que la situación se muestra mucho peor de lo esperado. ¿De qué se asombran si llevan gobernando seis meses casi todas las autonomías; causantes, según indican y por añadidura, del  vigente estado ruinoso?  ¿Patraña o cura en salud?

 

Discrepo de ese aforismo estricto y capcioso: "No hay peor ciego que quien no quiere ver". El invidente involuntario padece la tiranía del reglamento. El que abraza la farsa tiene margen de maniobra. Puede entornar los ojos, mirar de soslayo o adentrarse en la perspectiva bordeando el peligro de enfocar únicamente la tapadera. Mantener el órgano operativo, al margen de su eficacia,  permite idear una evasiva a la carta, creíble y ponderada. Definitivamente argucia y ceguera son antitéticas. El político, en su ilimitada apetencia de seducir al personal con quimeras y sortilegios, acude al refranero para endilgar alegaciones sugestivas. "Todo lo que no se cata es dulce" justificaría la disparidad de criterio en la oposición y en el poder. Ortega y Gasset supo formularlo con absoluto rigor cuando añadió al yo el atributo circunstancia.

 

Será chocante y fortuito, pero el PP hasta ahora gobierna las vísperas. Al menos así lo proclama porque el Consejo de Ministros representa, impulsivo, el acto básico de la gobernanza. Sus dos primeras sesiones, donde se tomaron acuerdos capitales, terribles, ocurrieron el veintitrés y treinta de diciembre, asimismo vigilias muy significativas en la civilización cristiana. El día treinta, además, ocurrieron dos novedades: el acierto de anticipar amarguras prescritas, para poner buena estrella al nuevo año, y la desaparición táctica de Rajoy, abrumado quizás por fervorosas y recientes manifestaciones que oscurecen (ennegrecen mejor) ese previo introducido por la vicepresidenta cuando aunaba crudeza y compromiso presidencial de someterse siempre a la verdad. Había tan poco fervor que el mero anuncio de subida impositiva, extrema, variada, dejaba al descubierto una laxitud indecorosa. A menos de un mes vista, don Mariano se desgañitaba en afirmar lo contrario de esto que ahora doña Soraya revocaba con aparente disgusto. Adornaba la derrama (detalle poco original) con un epíteto postizo. "Impuesto solidario". ¿A que suena bien? ¡Pero si parece más llevadero!

 

La reciente confrontación electoral no ha servido para nada. Ni el ciudadano (desde ahora contribuyente) practicó su soberanía ni los políticos interpretaron el resultado. Unos siguen obviando el desastre y otros tasan mal la falsa victoria. El PSOE pretende encontrar ese camino que perdió hace años dejándose guiar por quien lo condujo al laberinto. El PP, indeciso, impotente, preso de sus ofertas, de sus facundias, copia la estrategia errática del  rival. Como novedad, airea de forma ostentosa su compromiso de no engañar jamás a los españoles, de no callar incluso acontecimientos espinosos. Sin embargo miente. Lo hace al anunciar, sin cortapisas, la subida de las pensiones armonizándolas al IPC (soy pensionista y este año dos mil doce cobraré menos). También cuando se sorprende, ajeno a la sospecha,  de la desviación del déficit en dos puntos; germen (así expuesto) que ha forzado las medidas extremas.

 

Hemos referido sólo una minucia del escenario económico. Quedan vírgenes el social e institucional. Arranca el curso y ya padecemos controversia. Ciertos guiones desazonan. Señor presidente, España le concedió una mayoría absoluta a fin de dar la vuelta al calcetín  pero "para este viaje no se necesitan alforjas". Algunas declaraciones primigenias y la celeridad probada en homenajear a quien trajo menoscabo, levantó esa polémica inútil de si usted practica una política liberal o socialdemócrata. Personalmente pienso que da igual galgos o podencos; pues, a la postre, son todos perros.

 

Poco a poco la ilusión crea desesperanza y el optimismo desgana. Usted señor Rajoy, al igual que en el cuento, no es nuestra madre; enseña una patita que recusamos, que nos intranquiliza, que nos desencanta. Aparece una patita falsa, hecha de bruma y de holganza.

 

domingo, 1 de enero de 2012

VIOLENCIA VERSUS VIOLENCIA DE GÉNERO


Hace días, la señorita Pajín esgrimió las declaraciones de Ana Mato, su sustituta al frente del Ministerio (cuando tasó el crimen de Roquetas como "violencia en el entorno familiar"), para demostrar -por enésima vez- que la ignorancia es muy atrevida. Con desparpajo, fruto intrínseco del dogmatismo, la censuró definiendo el luctuoso hecho violencia de género porque "a veces se produce fuera de la casa". El argumento, sofista, confunde la carga familiar, afectiva, del vocablo entorno con esa acepción física del mismo. Tal yerro, fuese voluntario o a causa de tinieblas, tiene poca excusa. Insistió que "a las cosas hay que llamarlas por su nombre" ponderando, de paso, su desconocido crédito semántico. La ONU, a quien asignó autor y garante del complemento que ella acompaña al vocablo violencia, agrega "contra la mujer". Nuevamente dejó testimonio de indocta o farsante compulsiva.

 

Se considera violencia todo daño anatómico o moral producido, generalmente, por un desequilibrio. Cierto, la violencia emana del abuso de poder en su aspecto social o de la perturbación en la esfera individual. Asimismo surgen manifestaciones violentas, aparte el terrorismo irracional, contra colectivos frágiles, minorías étnicas y clases de inferior aprecio. Mengua la preocupación pública ante anómalos arrebatos maniacodepresivos que generan perversidades execrables. En sentido estricto, no suele acompañarse de epítetos porque quien la padece es la persona; por tanto el concepto es universal e igualitario, alejado simétricamente de ideologías e intereses. A ella se opone el derecho natural (fuente de todos los códices incluido el que legitima costumbres y tradición) atemporal e independiente de contextos históricos.

 

Vladimir Jankélévitch apuntó que la debilidad no tiene con frecuencia otro síntoma que la violencia. Su tesis fue ratificada, de forma empírica, por el Juez de Familia señor Serrano que sufrió persecución y vilipendio por atreverse a salir del cauce, a abandonar el redil. A su práctica debería rendirse doña Leire (su impericia) y la pléyade de progrefeminismo que rumia el mismo alimento sectario. El citado juez denunció lo abusivo que suponía para el hombre la Ley Integral Contra la Violencia de Género dejando la puerta abierta a la reacción desesperada; una suerte de huida impotente hacia adelante. El abandono que entrañaba para el varón le llevó a compararla con Guantánamo porque "cuando a un hombre se le denuncia, a la cárcel y la llave tirada". Voces expertas afirman sin recelo el carácter contradictorio de la ley. Así lo verifican sus consecuencias.

 

A costa de la autovía Madrid/Valencia (al estreno de mil novecientos noventa y cuatro) en el tramo que debía sortear Contreras, los agricultores de la zona, gravemente afectados por la proyectada Reserva Natural que Bono ideó para argüir sus lances políticos con Borrell, a la sazón máximo responsable del MOPTMA, hicieron acopio de información precisa a fin de contraargumentar las tenues razones de la Administración Autonómica. A sus manos llegó un informe de la UGT, nada sospechosa de antagonista, en el que proclamaba causa primera de los siniestros la excesiva protección del medio. Dicho testimonio acredita, doblemente, que extralimitar la guarda alienta el efecto inverso.

 

El maltrato femenino siempre se produce en el entorno familiar, no importa a qué cultura pertenezca. Lapidaciones o ablaciones de clítoris las promueven los propios deudos, bien por mancilla impropia, bien por tradición atávica. Otras agresiones nada tienen que ver con el sexo; sí, se incluyen en el ataque indiscriminado a los derechos del hombre, generalmente observado en países tercermundistas o escenarios precisos del llamado primer mundo. Nuestra civilización, porfiando lo expuesto, suele tratar a la mujer con sistemática deferencia. Tanto el machismo decadente como el feminismo militante, son apéndices y excesos extemporáneos, exóticos.

 

Cuando la ley se ideologiza pierde apoyos y, por tanto, eficacia. El Código Penal bastaba para corregir cualquier transgresión física. Esta ley novedosa satisface las excentricidades de cierto lobby, suena bien, atrae partidarios interesados; pero no añade ningún dividendo. Por contra, se oponen a ella la Asociación de Fiscales, jueces y demás juristas por perpetuar "el delito penal de autor"; es decir, merecer diferente pena según quien perpetre el delito, en oposición a la igualdad que consagra la Constitución. Asimismo pone en cuarentena el derecho a la presunción de inocencia. Arribismo  e intransigencia estimulada, burlan el Derecho Natural, los derechos humanos y la Carta Magna.

 

Para terminar, sólo me cabe indicarle a la señorita Pajín una cita de Sue Grafton: "Si no tienes la mente abierta, también debes cerrar la boca".

 

domingo, 25 de diciembre de 2011

LOS ERRORES DE RAJOY


Cumplido un mes del descalabro socialista, Rajoy es investido -por fin- presidente de un gobierno no sólo calificado de la esperanza sino elegido, como última oportunidad y bastante desánimo, por análogo impulso. Su ejecutivo (puesto ya en camino) es tasado de serio y consistente, entre otras loas aledañas. Supone, más bien, el primer éxito que debe adjudicársele al reciente inquilino monclovita, un signo firme de bienandanza. Salvo la proverbial "boutade" proferida por algún preboste sin argumentos sólidos (léase Marcelino Iglesias), los ministros han merecido calificación cum laude. Confrontar los currículum vítae de las carteras cesantes con las asignadas se convierte en puro acto denigratorio; una forma inmisericorde, vengativa, de ultimar la despedida.

 

No apetezco torcer el tópico, ese famoso margen de confianza que la tradición cuantifica en cien días, para reconvenir rigurosamente (si así lo mereciese) al político, jamás a la persona. Tiempo habrá para encomios o invectivas. Hoy toca señalar ciertos detalles para la reserva; una invitación al escrutinio, a advertir evidencias que los acontecimientos (notarios de la realidad) sugieren. Muestran señales inequívocas, pequeños resquicios, por donde pueden vagar juntos vacilaciones y certidumbres.

 

El método exige, previo, un examen comparativo de los resultados electorales en dos mil ocho y dos mil once. Destaca, al primer vistazo, la fe -quizás cerrilismo- del pueblo español cuando la abstención (con un gabinete siniestro, unos nacionalismos insolidarios y voraces, junto a una oposición anodina, apática) aumentó sólo un cinco por ciento. Si añadimos al marco anterior el derroche y desvarío, con la crisis ahogando a demasiadas familias,  habrá que admitir el comportamiento estoico de nuestros conciudadanos.

 

Al margen, otras anotaciones indican el extraordinario hundimiento del PSOE, insuficientemente contabilizado en su justo alcance. Con los preliminares expuestos, perder de una tacada cuatro millones trescientos mil votos debe considerarse un cataclismo sin paliativos, incluso para el partido. Sin embargo, de la tala, el PP ha recogido exclusivamente casi seiscientos mil. Probablemente no haya merecido mejor tributo.  IU y UPyD se llevaron, a la vez que el bipartidismo, la parte del león. Los partidos nacionalistas vienen padeciendo un deterioro progresivo y proporcional a su radicalidad; excepción hecha de Amaiur que, aparte la abstención, se nutre a costa del PNV y del PSOE. CiU (desmantelado el PSC) gana en su campo doscientos mil votos, cien mil más que el odiado PP. Remedando a un célebre comunicador, ¡ojo al dato catalán! Los convergentes deberían saber que no es oro todo lo que reluce y que la euforia desmedida, tras un relativo éxito electoral ("esto demuestra que somos una nación", Durán i Lleida dixit), conduce al desatino

 

El señor Rajoy comienza su andadura anotándose algunos fallos. Debiera tener presente (porque no lo parece) que el dogmatismo, por tanto la fidelidad de voto, se encuentra -en esencia- alejado de su granero. Cualquier tentación armonizadora o pasteleo que diverja de aquello tantas veces ofrecido, le pasará onerosa factura. No se le perdonará cualquier mínimo incumplimiento de promesa o palabra dada. Los simpatizantes del PP desconocen la Ley del Péndulo. Espero que el presidente no ignore ni desprecie ese comportamiento.

 

Un político, más si cabe en quien tiene la máxima responsabilidad, debe tender puentes al entendimiento, pero sin sacrificar principios programáticos. La constitución de la Mesa del Congreso evidenció pleitesía al nacionalismo antiespañol, al menos en ademanes y expresiones. El debate de investidura reveló cierta importuna tirantez con UPyD, un partido que exhibe empeños inequívocamente atractivos para el común. Es la táctica perfecta para convertirlo en entidad de poder cuando su objetivo natural no supera ser bisagra.

 

Hay sospechas generalizadas sobre dos ministros. Uno afectado desfavorablemente por antecedentes donde la ambigüedad se reviste de norma. Desde luego se presume adornado con facultades para que la Justicia discurra independiente por verdaderos cauces democráticos. Tiempo al tiempo. Otro ofreció en su toma de posesión un discurso opuesto a lo aireado sin complejos por el PP. Estaremos vigilantes, atentos, lejos del panegírico y prestos a la censura rigurosa, justa.

 

¿Qué ha pasado, don Mariano, con los políticos valencianos a los que debe su presidencia? ¿Un yerro más, con ingratitud incluida, que añadir a su colección?

 

domingo, 18 de diciembre de 2011

CAMPS, LA ORQUESTA Y LOS TICS


No pretendo ser defensor de nadie, menos de cualquier político que aquí y ahora deambule por la vida pública española. Tampoco establezco diferencias, entre individuo o sigla concreta, cuando reputo con indulgencia -probablemente inmerecida- acomodos individuales y aun colectivos; siempre desde la óptica orgánica, jamás particular. Dispuesto este principio personal, fruto del instinto (quizás educación), y lejano cualquier remanente piadoso, Camps me parece un prócer honrado, benemérito, aunque bastante ingenuo. Es una apreciación cuyo fundamento se sustenta en referencias varias y, sobre todo, en la corazonada que avala esa frase típica, definitoria e indiscutible: "me da la espina que...".

 

Llevamos algunos días de banquillo (no juicio), único escenario que fascina a camarillas concretas, específicas, porque el caso (su fallo) hace tiempo lo decretaron. Pudimos contemplar, en los prolegómenos, una enorme pancarta extrañamente reivindicativa con el siguiente texto: "No a la corrupción. Camps dimisión". Los portadores y la orquesta a retaguardia, antes de iniciarse el proceso, ya habían dictado su veredicto burlando la presunción de inocencia y haciéndole una pedorreta. Proclamaban, torpones, el embrollo cronológico de que hacían gala al atestiguar un arbitraje hipotético y demandar, extemporáneo, otro. Ayer, en transporte colectivo, pasé próximo al palacio donde se ubica el tribunal. Diez cámaras de TV esperaban, indolentes, recoger personas o noticias. Constituía la orquesta mediática, formalmente menos ruidosa.

 

Que el lento proceso deja ver ribetes políticos supera la evidencia. Sólo dogmáticos y feligreses lerdos (reales o aparentes) rechazan tal circunstancia. Quieren armonizar, cínicamente, algarada y principios éticos insertos de forma "patente", "exclusiva" e hipócrita (añado yo), en su campo doctrinal. Buscan la redención de vicios patrimoniales en cuerpo ajeno; ofrecen en el ara al cordero que sustituye a quien debieran inmolar para satisfacer la ira del dios pueblo, votante y deudor. Creen acallar fechorías privativas aireando errores ajenos con el apoyo de una policía adicta, indigna, junto a la complicidad necesaria de jueces y fiscales cautivos. Supone la versión renovada del aforismo: "Ver la paja en ojo ajeno y no distinguir la viga en el propio".

 

Al ex-presidente Camps llevan haciéndole un traje (nunca mejor dicho) demasiado tiempo. Lo curioso, alarmante e impropio, es que sea un tipo de prensa quien se ocupe de realizar el trabajo político. El gobierno, misteriosamente, filtra al periódico informaciones dignas del mejor olfato y aquel ejecuta el trabajo sucio del partido camuflándose  en el biombo socorrido de la libre expresión. Asimismo oculta, atropellando su deber informativo, amaños excepcionales como patrimonios prodigiosos; EREs incompatibles, hermenéuticos; aves galliformes; presuntos tráficos al amparo de gasolineras insuficientemente discretas; subvenciones discrecionales, etc. La fiscalía, jerarquizada y sometida, aporta su grano de arena al festejo con actuaciones oscilantes, desproporcionadas, tendenciosas. Incluso, por acción u omisión, pudieran (obsérvese el modo verbal) explicar el trasfondo que existe en la quiebra permanente de algunos secretos sumariales; maniobra que provoca juicios paralelos y sentencias previas.

 

La justicia, no es ningún secreto, deambula en la dirección que marque el gobierno de turno. A pesar de ello, el tribunal que nos ocupa (sin sentido táctico) seleccionó un jurado singular, influenciable. Sin embargo, Camps resultará inocente. En caso contrario, a la chita callando, el PSOE lamentará su pertinaz y equivocado acosamiento al anterior presidente valenciano. El invierno (no precisamente meteorológico) vendrá con el nuevo fiscal general elegido, siguiendo la norma, por el PP. Protéjanse, pónganse a cubierto, rubalcabas, pepiños, bonos, griñanes, ¿chaveses? y todo un elenco de afortunados protegidos... de momento.

 

Aunque la política se resista a brindar cosecha de amistades o recompensas, puede que Rajoy mitigue este proceder. Sin duda, su ansiada ascensión a la Moncloa se la debe a Camps, en primer lugar, y a Zapatero; a nadie más. Por justa y compensadora reciprocidad, aventuro del primero la declaración de inocencia, por parte del tribunal, y su ascensión al ejecutivo. Mariano, desde mi punto de vista, atesora algún defecto, pero no la desafección ni el desagradecimiento.

 

domingo, 11 de diciembre de 2011

LAS CARAS DE LA REALIDAD


El hombre lleva dos mil quinientos años ansiando percibir la naturaleza del ser, de la realidad. Desde Parménides a Hume la metafísica abrazó diversas tesis que le atribuyeron conceptos cambiantes, diferentes realidades, al menos encontradas percepciones. Casi todas coincidían en considerar la dicotomía esencia y accidente; permanencia y devenir; objeto de ciencia y objeto de opinión. Einstein al sancionar su celebérrima Teoría y expresiones tales que: “Cuanto conocemos de la realidad procede de la experiencia”, nos introduce en un individualismo burdo,  “purificador”, pernicioso; incompatible con la propia esencia humana. Constituye el aspecto paradójico que rige la existencia; pues si a su labor investigadora le debemos el avance gigantesco en el conocimiento de la materia y su aplicación al bienestar del hombre, también (por el contrario) fue germen de destrucción física y moral.

 

No parece aventurado, ni tan siquiera ilógico e insensato, identificar realidad y verdad. Al pensador que se ejercite en estos enigmas, filósofo por excelencia, sus lucubraciones le llevan necesariamente al ser primigenio, infinito; fluye, de forma maquinal, la verdad absoluta. Al punto, interceden ontología y teología. Poco importa el método, otro elemento de fricción; el objetivo permanente, inequívoco, pasa por conocer la verdad, el ser. André Maurois nos aturde con este dictamen: “Sólo hay una verdad absoluta: que la verdad es relativa”. Jorge Volpi (escritor y ensayista mejicano), siguiendo los pasos de Maurois, defiende: “que no haya una verdad objetiva nos fuerza a construir una verdad comúnmente compartida”. Añado, ¿por qué no impuesta? Estos y otros testimonios incentivaron, en una sociedad irreflexiva, la aparición de concepciones clave para el siglo XXI. Son cooperación y empatía que a poco (sin más, sin juicio previo, con ciega inercia) determinan el comportamiento humano.

 

Conturbados, inermes, por tan firmes conclusiones, nos hemos refugiado en un acriticismo indulgente, cómodo, casi fatalista. La libertad de expresión, consecuencia ineludible adscrita a una realidad democrática, sufre la mordaza intelectual que imponen numerosos agentes de la manipulación, predicadores de vía estrecha, maniqueos sectarios; sembradores de la conciencia colectiva en un país donde escasea la cultura (aun política), falto de pragmatismo y sentido común. Verdaderos magos del impudor, auténticos especuladores, pueblan debates y tertulias mediáticas. Desempeñan un ministerio sórdido, inmoral; cuajado de falacias, argumentaciones sofistas y recursos retóricos vinculados a la más pura heterodoxia. Son mercenarios de la comunicación.

 

El individuo, desde el punto de vista ideológico, puede beber la doctrina que su carácter, adiestramiento o traumas le aconsejen. No conviene, sin embargo, en su labor eminentemente social (profesor, periodista o asemejado, médico, etc.) dejarse arrastrar ni influir por efluvio alguno extraño a la deontología que ha de regir su conducta. En mi dilatada actividad docente, jamás se interpuso entre mis alumnos y yo ( de manera consciente) ningún escollo político o religioso. Ambos sentimientos, respetabilísimos sean cuales fueren, en personas con algún crédito e influencia se han de archivar escrupulosamente en el marco único de las vivencias íntimas.

 

Diversos medios radiofónicos y televisivos cuentan con tertulianos que simpatizan (o militan) con todas las siglas del arco parlamentario. En general domina la sensatez, pero algunos, aparte los acérrimos desarbolados por frecuentes y convulsos raptos de irracionalidad, se dejan llevar por una rigidez contraria a la dialéctica marxista, asimismo guía y oriente del progresismo verdadero. Sin precisar nombres, aparece uno (tocayo de épico monarca inglés) que se desvive por la defensa a ultranza  de aquello que tiene escaso recorrido personal e histórico en ambos referentes. Me exaspera no la defensa inquebrantable, sola, sin claque, sino la contradicción entre los argumentos de ayer y los de ahora. La mayor paradoja se encuentra en el dogmático que exhibe una verdad  mutable, ad hoc.

 

Es evidente que Einstein, Maurois o Volpi,  consiguieron diluir, diversificar, la realidad; al igual que lo hicieron con la moral, la ética, el conocimiento, la vida y la muerte, liberándolas de su inmutabilidad  ontológica. Al mismo tiempo, otra realidad, el individuo, se manifiesta desorientada, perdida, apática; desdibujada por el pernicioso efecto de pensadores víctimas de su propia entelequia.

domingo, 4 de diciembre de 2011

SUELDOS Y SOBRESUELDOS


Dick Armey, político norteamericano, dijo una frase cargada de experiencia y sentido: "Hay tres grupos de personas que gastan el dinero ajeno: los hijos, los ladrones y los políticos". El hombre detalla acertadamente cuando constituye parte integrante del asunto propuesto. El señor Armey era político, padre casi seguro, pero yo lo situaría a una distancia notable del ladrón, al menos en su sentido estricto. La mesura me obliga a atribuirle que, en este último caso, el conocimiento era referencial.

 

Hoy, cercados por la crisis y la miseria que ya acecha, el sueldo de los políticos pasa a ser tema periódico, corriente. La doctrina, aquí, no determina concordancias ni establece magnitudes. En cualquier debate mediático encontramos opiniones diversas, sin que discrepancias (quizás afinidades) impliquen relación ideológica alguna. Hay, sin embargo, cierto apego a calificar de exiguas, insuficientes, las retribuciones de nuestros prohombres. Puede que el contraste se reduzca a la disparidad manifiesta respecto a los sueldos europeos; una diferencia de quimérica e ilusionante conjugación. Algo análogo a la respuesta certera que espetó un congénere ante la arrogancia insultante del corpulento: "no es que yo sea pequeño, es que tú eres demasiado grande".

 

Siento ajeno a mí, extraño, todo desvelo por fiscalizar las finanzas de nadie. Disminuye aún más la malsana tentación de investigar y lucubrar su origen; si se aviene o rechaza las leyes, e incluso si se ajusta escrupulosamente a la ética democrática el peculio de los políticos. Al enigma que se genera en la curiosidad ciudadana, siempre suelo responder del mismo modo. No me exaspera el sueldo oficial de ningún prócer instalado en las instituciones del Estado. Sí me producen zozobra las comisiones, regalías u óbolos (por tratarlos de manera cristiana) recibidos o afectados por promesa contributiva, acaso penitencial. ¡Menudo poso de suspicacia dejó aquel lejano y famoso tres por ciento!

 

Condeno aquellos aforismos que presumen vicios generales a la sombra de incógnita imputación o reserva global, tipo "cuando el río suena, agua lleva". Creo, no obstante, en el valor objetivo de los indicios; tanto que considero prueba casi concluyente la impostura (asimismo la negativa a ultranza) del aludido. Saco a colación tal contingencia por el eco que siguen dejando las sospechosas "hazañas" de Blanco y Urdangarín entre otras menos notables o ruidosas, que rara vez se corresponden. En el primer caso, franqueados con holgura los iniciales escrúpulos de la fiscalía, el mentís ad nauseam del ministro proclama a los cuatro vientos una duda razonable si no la certidumbre final. El silencio de Urdangarín se levanta sobre la prudencia que corrige el osado desvarío de antaño. Supone, a la postre, un quebranto para la Corona en horas menos afortunadas.

 
 
No tengo predilección, debilidad o fijeza, por los políticos socialistas aunque me sobran razones para ello por, aparte otras, desvertebrar el país y restaurar la pugna. Utilizo su personalidad pública como testimonio útil a la par que paradójico. José Luis Gutiérrez revelaba una confidencia de Tierno Galván: "No se puede ser millonario y socialista al mismo tiempo". A pesar del misterio que envuelve algunas propiedades y del silencio judicial que excusa la adquisición, muchos cabecillas del PSOE, sorprendentemente, son millonarios. Siguiendo a Tierno, dejo a su examen (amable lector) la auténtica filiación doctrinal de aquellos a quienes usted retiene en el recuerdo.

 

Resulta vergonzoso e insultante, más si cabe en esta situación donde el individuo sufre verdadera angustia para alimentar la familia, que haya cínicos (epíteto demasiado suave), al estilo Chaves, que declaren bienes inferiores a cien mil euros. Igual de impúdico, pero clarificador, aparece el patrimonio de Bono, en aumento permanente como si una extraña levadura potenciara la fermentación de bienes opacos, "dormidos" cuando les falta el efecto catalizador de la prensa.

 

Esta semana se publicó que Zapatero apetece vivir en Somosaguas, lugar exclusivo lleno de financieros, deportistas, artistas, etc.; es decir, millonarios en euros. Deja como segunda vivienda el chalet de León, cuyo costo total debe rondar el millón y cuarto. Los honorarios que se le conocen provienen de tres años como profesor ayudante en la universidad, diputado nacional durante doce y presidente del gobierno dos legislaturas. Oficialmente dudo mucho que la remuneración conjunta (y bruta) pudiera rebasar el millón. ¿Puede, entonces, con dichos emolumentos permitirse tales ostentaciones?

 

La respuesta (válida también para otros, presentes en la memoria colectiva inmediata) nos arrastra irremisiblemente a la existencia obligada de sabrosos sobresueldos o, en su defecto, a recordar la frase de Armey en la que me temo, por casualidad o a propósito, coloca a ladrones y políticos en un plano de equivalencia.