domingo, 4 de septiembre de 2011

POLÍTICOS DE OPOSICIÓN


Quizás el epígrafe que corona este artículo de hoy presente una reseña dudosa o ligera, sobre todo porque responde al análisis consumado sin concluir los cien días que la costumbre suele conceder al gobernante bisoño; a aquel surgido tras el pleito electoral. No descarto el efecto malsano que propicia la inactividad veraniega. Más en esta comunidad seca, acaso referida a otros aspectos distintos de la propia pluviometría. Con un poco de cordura, se vedará el duelo electoral desde mayo a septiembre para que ese margen de confianza (los famosos cien días) no lo agote el tórrido sesteo de la canícula. Aprovechando la coyuntura, aunque fomente iras "indignadas", yo lo plasmaría sin costo adicional  en la Constitución. Una reforma ad hoc que populares y socialistas realizan para tasar el límite del déficit público, maniobra trilera para contentar a Europa.

Debo aclarar, por otro lado, el concepto de político. Sin que sirva de precedente, y contra un hábito establecido, prescindiré del matiz peyorativo con que se suele obsequiar acertadamente a este colectivo. En verdad, los políticos no necesitan el concurso de escépticos para ganarse a pulso el descrédito, incluso desprecio, de la sociedad. Así lo confirman los estudios de opinión del CIS. Hoy, digo, aceptaré barco como animal de compañía. Veré en el político, vislumbraré más bien, un conciudadano que ha dispuesto su vida al servicio del prójimo; alejado de ese congénere sinvergüenza, aventurero, estafador, huérfano de principios éticos y estéticos, que pulula por despachos oficiales. El político cobra poco, se comenta con frivolidad en tertulias desiguales. Dado el currículum de un alto porcentaje, en la vida civil difícilmente serían mileuristas. Con todo, ¿alguien cree que si ganaran el cuádruple, verbigracia, la excelencia coparía las siglas patrias? No es cuestión crematística sino de vergüenza torera.

Alejado físicamente de mi comunidad castellano-manchega de origen, conquense para más señas, se me escapan ciertas tonalidades propias de su política. El vuelco electoral de Mayo permitió un cambio en, al menos, cuatro comunidades que pasaron a manos del PP. Por necedad, azar o impudicia La Mancha (eso parece) sufrió la práctica devastadora de un presidente y sus secuaces relativa a consumir el ochenta por ciento del presupuesto, en cinco meses, y la destrucción masiva de documentos "sensibles". En solitario, padece con agudeza el problema farmacéutico y su consecuencia: la huelga de veinticuatro horas, a excepción de Albacete, que mantuvo en vilo a la sociedad residente y veraneante.

María Dolores de Cospedal, política de raza en la oposición, ilusionante, exhibe exiguo nivel en el gobierno. Ha empezado con mal pie su presidencia sin advertírsele lesión o deficiencia alguna. La respuesta al plante, una prueba de fuerza, sobrepasó con creces el grado de la injuria. Aunque sea un colectivo privilegiado, efecto que no viene al caso, los farmacéuticos no han de costear la jeta de quien debe abandonar el cargo y la desorientación inoperante de los sustitutos. Las postreras fechas traen, presuntamente, sosiego, paz y raciocinio suficiente para abrir una mesa de negociación, imprescindible más que necesaria. Con todo, dudo de su valor como lo hago de la pericia que ponga en juego la novel Administración. El viernes, la señora Cospedal anunció (a bombo y platillo) las medidas que tomará para ahorrar mil setecientos millones de euros. Sin oponerme a ellas,  aparte el voluntarismo que desprenden, me parecieron poco válidas (cargadas de populismo) las relativas al aumento de dos horas lectivas en la actividad del profesorado no universitario. Esta norma contenta al personal hostil al funcionario, que padece mala prensa, pero se posterga la llave que debe abrir el futuro de España.

Quien había prometido, abrazados a su política social, dejar intactas las partidas en Sanidad y Educación, mostraron un talante olvidadizo, embaucador. El PP, menos diestro en técnicas demagógicas,  pretende ser discípulo aventajado. Le importa, igualmente, un bledo el costo, la rentabilidad, de cualquier cantidad presupuestada. A la presidenta, un pelín visceral, se le olvida la ruina de su televisión autonómica, junto a otras locales, y sobre todo de empresas públicas cuyo logro es ser centro neurálgico de enchufes, regalías, sobresueldos; corrupción en suma. Privatizar alocadamente no permite acceder a la piedra filosofal ni encontrar soluciones aceptables.

El poder, su responsabilidad, su gestión; su naturaleza personal e intransferible, impide diluir ineptitudes, fracasos, engaños. Delata a quienes son sólo políticos de oposición

 

sábado, 27 de agosto de 2011

CATERVA INTOLERANTE


La patente que ofrece el hecho de juzgarme agnóstico y beligerante intelectual con la Institución eclesiástica, me faculta para evaluar el comportamiento de los "indignados" jornadas atrás. Aquella rebeldía juvenil del 15M, de cuyo nacimiento en Zaragoza fui testigo presencial, me pareció la respuesta necesaria, obligada, a la crisis económica, social, institucional y moral que venimos soportando desde hace años. Hoy, al ocaso de agosto, aquel germen ha evolucionado negativamente; ha surgido un monstruo heterogéneo, agresivo, delincuente. Salvando las distancias temporales (confío en otras de más enjundia), su actitud ofrece cierta reminiscencia a aquellas bandas nazis o bolcheviques que masacraron, con los mismos argumentos (con la misma sinrazón), a millones de judíos o mencheviques.

Desconozco y no comprendo qué razones puede aducir con rigor esta muchedumbre, de epíteto laico, para oponerse tan virulentamente a la visita del Papa. Reclamaban (nunca mejor dicho, pues era un auténtico reclamo) la autofinanciación de la JMJ como fundamento de peso para contestarla. Sin embargo las declaraciones del gobierno confirmando la innecesaria aportación de dinero público, no acalló el griterío ni evitó ese enfrentamiento chulesco con jóvenes del mundo y una policía a medio gas. ¡Menudo espectáculo! Los informativos dejaron ver grupos imprecisos que asustaban a golpe de insulto; ladrando odio y fanatismo. No eran jóvenes todos. Algunos pisaban la tercera edad. El ardor adolescente quedaba apagado, recóndito, en oscuros rincones de sus vidas viciadas y sectarias. Sentí consternación por aquellos, casi imberbes, cuyo alimento doctrinal se adivina emponzoñado.

Marx, en un inconsciente rapto de consciencia, se dejó oír: "la religión es el opio del pueblo", sin calibrar la semejanza que, en esencia, tienen todas las doctrinas. La verdad real y la aparente se funden en el juicio y se sacralizan por el otro; a veces, por uno mismo. Así fue, es y será. Hay, empero, diferencias notables entre religión y teoría política. La primera, pese a Feuerbach, es connatural al hombre. Su alternativa supone el absurdo una vez constatada la inviabilidad de la generación espontánea. La segunda surgió, con largos periodos de desuso en la Historia, tras siglos de sedentarismo humano. Una lleva, generosa, el germen de la entrega incondicional al prójimo; la otra conduce a esa demostración sectaria que plasmaron con insistencia las televisiones. Verdad es que, en ambos casos, interviene una minoría. Tal motivo, define estos hechos, en principio, como síntoma discriminador. Los dogmas mantienen una dualidad funcional aunque procedan del mismo, o parecido, venero.

Siempre que, por abandono u otra circunstancia, se dejan crecer las malas hierbas, los cultivos padecen sus efectos nocivos y el agricultor, en ocasiones, tiene dificultades para extinguirlas. Así ocurrió con los "laicos" de Sol. El ministro y la delegada en Madrid, solícitos, transigentes, interesados, permitieron una ceremonia tercermundista, indigna e ilegal, que sufrieron víctimas inocentes, propiciatorias. Cuando algunos policías, hartos, machacada su dignidad personal y profesional, tuvieron que reprimir el desorden, lo hicieron (según sus mandos políticos) con excesiva contundencia. Tres de ellos están inmersos en expediente sancionador. Una manera insólita de mantener el prestigio, el ánimo y la moral bien altos. Miopes.

Lo verdaderamente nefasto, a fuer de sincero, es el rédito conquistado por España; un país que cada vez cuenta menos en el concierto internacional por culpa de esta recua de cabestros que nos gobierna. Los sucesos que vio el orbe entero, han dejado una imagen semejante a la de la Bolsa tras el hundimiento de Wall Street. Intolerantes y ruinosos.

 

 

domingo, 14 de agosto de 2011

TRÁNSITO ESPINOSO


Días atrás apareció "Un pozo sin fondo" artículo que, sombrío para algunos, perfilaba la situación exacta de la economía española. Acaso la lectura de los párrafos del mismo pudo generar frustración o impotencia a sus lectores; pero no exageré, ni alteré la realidad ni puede achacárseme una alícuota parte de culpa en su origen. Cierto es que tampoco ofrecía salida factible generadora de milagrosa esperanza. No lo hice por olvido ni armado de mala fe. Tampoco se debió al dulce placer que otorga la venganza promovida, a golpe de necedad, por individuos crédulos, inocentes y hasta dogmáticamente autodestructivos. Es tópico corriente la idea extendida de que cada pueblo tiene los políticos que se merece. Sin embargo, considero que aquí y ahora la regla se muestra esquiva y nos ha castigado con el rebús.

La lamentable y angustiosa realidad económica que nos agita y preocupa, se debe al encuentro planetario (¿quién puso en duda el agudo juicio de Pajín?) de diversos factores muy complejos con presencia irregular. En suelo patrio destacan financieros, gobernantes y órganos de inspección como protagonistas principales. Por ambición, aquellos que gestionan el dinero; por prurito, mezclado quizás con dosis de corrupción afanosa, quien ordena el BOE; por acatamiento, cobardía o medra, los que comandan las instituciones de regulación y vigilancia. Hincar el diente al poder financiero, asimismo empresarial, escapa a nuestro ámbito de acción democrática y el tremendismo revolucionario parece extemporáneo e inapropiado; nada operativo.

Son los políticos quienes deben cargar con honores o vergüenzas por su labor, representando la soberanía popular. Lo recoge la tradición parlamentaria y la Carta Magna. Nadie puede erigirse en heredero del éxito ni evadirse plenamente del fracaso notorio. El político se convierte en fautor del ciudadano. Al menos, así lo considera el más genuino principio liberal. Con todo, la clase política (sin exceptuar doctrina o sigla) se ha encastado en un gremio agresivo, enemigo del juego limpio. El Estado Social y de Derecho tiene como fundamento filosófico la salvaguarda de los derechos e intereses ciudadanos. No creo necesario exponer cuán lejos están los prebostes que nos gobiernan, en el poder o en la oposición, de rendir su acción a este objetivo.

En esta santa piel de toro hemos padecido, soportado, el mayor oprobio a que pueda someterse una sociedad. Mentiras, trapicheos, manipulación, corrupciones, rapiñas, fueron prenda corriente (lo siguen siendo) con la pasividad, si no el beneplácito, de una mayoría cerril. Imagino que la desventura no se asienta sólo en estos lares, pero el consuelo de su extensión alimenta únicamente a los tontos: nosotros. Nuestra sociedad, plena de indolencia, buena fe, actitud acrítica, dogmatismo disgregador, constituye una pitanza idónea para esta especie de rapaces con cuello blanco y ademanes timadores

Encontraron en el reverdecer de las dos Españas la piedra filosofal que les aporta un privilegio eterno. ¿Qué adormidera utilizarán los intitulados de izquierdas para convencer a media nación que hay un poder de pobres y otro de ricos? En serio, ¿alguien conoce algún gobierno de pobres? Ilusos.

Disponemos de un recurso. No hay otro si utilizamos un método pacífico: el posible. Se llama voto en blanco o abstención. Por mucho que digan, configura una excelente respuesta democrática. Aniquilaríamos de una tacada el "chiringuito" articulado por la casta imperante, todopoderosa, y la crisis que suscitan.

 

jueves, 11 de agosto de 2011

UN POZO SIN FONDO


Alguien dijo alguna vez, probablemente bajo los efectos de quién sabe qué, que la política es demasiado importante para dejarla en manos de los políticos. Al menos me parece haberlo leído u oído. La frase debió pronunciarse en tiempos de crisis horrenda y abatimiento nacional. El escenario presente ofrece pocos datos para el regocijo, la indolencia o el despelote, valga la expresión que mejor concreta un estado de vehemencia. Siguiendo el paralelismo, no me atreveré yo en estas circunstancias a dudar del papel o eficacia de economistas y técnicos afines al prodigioso mundo financiero. Carezco de la autoridad moral (quizás verborrea, insolencia o despecho) para atreverme a aventurar una afirmación tan rotunda. Cierto es, sin embargo, que el camino emprendido por la economía mundial (la española en particular) se angosta preocupadamente día a día.

Los cálculos y predicciones económicos se ven contestados por esa realidad tozuda, esquiva a los analistas más cualificados. Una sombra maldita parece enseñorearse de cuarteles donde la vigilia se convierte en quehacer vertebral. Ni el BCE ni el FMI advierten salida clara del laberinto en que se halla la economía del mundo. Cuando el círculo vicioso, esa herramienta rutinaria que utilizamos para ajustar lo metafísico, deviene en desequilibrio permanente (desaparecida la fuerza centrípeta) pasa a ser sin solución espiral del horror. Las finanzas, ahora mismo, están sometidas al rumbo caótico que establecen las fuerzas centrífugas, dueñas y señoras del momento contable. Es decir, el orden geométrico, universal, se ha conmutado en aberración azarosa; la ley queda convertida en desvarío.

Armado únicamente de hábitos reflexivos y de sentido común, escaso al parecer, me lanzo con estoicismo y confianza a diseccionar la presente coyuntura, tan lamentable como forzada. La película que describe los hechos cuenta con numerosos protagonistas sin que deba cuantificarse entre ellos diferentes responsabilidades. Los mezquinos conservan la desfachatez de evadir su intervención al tiempo que acusan al rival de culpas atroces. Las razones, a veces (como La Tierra), no son de nadie; sino del viento. Otras, de la crisis internacional y el origen en España siempre del PP. No sé qué pensar de quien ha gobernado el país durante siete años y conserva aún la virginidad del primer día. Cuestión de impotencia, sin duda, ya que no de castidad.

Dejando aparte metáforas lascivas, adyacentes a su vez a otras tentaciones carnales, el tema se encuentra, o asienta, junto a la bolsa donde no se debe meter la mano. El derroche ciudadano y familiar -pasándose varios centímetros la raya que impone sensatez,  embriagados por los estímulos gubernamentales y financieros así como por insignificantes intereses- permitió una deuda privada  difícil de asumir en circunstancias normales e imposible reembolso con una recesión brutal y un paro descontrolado. Detraídas las deudas del Estado (exánime, sin entradas, por tanto en apremio) la Banca es dueña de colosales activos hipotecarios, envenenados más que tóxicos. Su quiebra se presume segura. En estas condiciones (Bolsa y prima de riesgo) juegan a una peligrosa noria mareante, voluble, donde la máquina de hacer billetes intenta evitar el vértigo, pero no asegura pueda conjurarse el derrumbe de la atracción a medio plazo.

Los tan cacareados brotes verdes que detecta el ejecutivo son sólo el adorno estético que colocan para atenuar este entorno monstruoso. Sí; vamos cayendo paulatinamente a un pozo sin fondo; nos adosamos al círculo vicioso en que, rotas las fuerzas que lo conforman, se vislumbra imparable un laberinto de restricciones, angustias y miseria. Los culpables, como de costumbre, impunes. Así es porque así lo permitimos.

 

 

jueves, 4 de agosto de 2011

ADIÓS CORDERA


El adelanto electoral, previsible por más que negado, me trajo a la memoria aquel tierno relato de Leopoldo Alas "Clarín" donde, en perfecta descripción del entorno asturiano, narra las aventuras de Cordera. Era una vaca muy valiosa para la familia Chinta. Casi único sustento, Pinín y Rosa, niños de la casa, encontraban en ella además una compañía simpática en juegos y aventuras. La libraban, apunta el autor, de las mil injurias a que están expuestas las pobres reses que tienen que buscar su sustento en los azares del camino. Igual que algunos políticos acostumbrados a pacer alegremente en las dehesas del poder. Cierta diferencia, no obstante, se aprecia entre estos y Cordera. La bestia sustenta una débil hacienda familiar; aquellos, con su caprichoso proceder, arrasan los recursos colectivos.

Qué tienen en común Zapatero y el relato, se preguntará el benévolo lector. Bastante, sobre todo desde la antítesis, porque Zapatero es, superando otro juicio, un político antitético. Aparte el antagonismo evidente entre la ocupación de Cordera y del presidente Rodríguez, por citar unas cuantas exclusivas del personaje, me centraré en el propagandístico, famoso y falaz "talante"; un producto caducado antes de sacarlo a la venta. Se le identificó con la esencia democrática cuando sus gestos y actitudes estaban cercanos al semblante totalitario. Adalid de la justeza, la sociedad pudo comprobar pronto el impulso intemperante de mentir con reiteración, la exuberancia y el delirio. Aquella famosa cordialidad comunicativa no pasó jamás del buñuelo tangible en que se transformó el personaje virtual.

La señora Chinta, antes de morir por inanición, rogó a su marido e hijos: "¡Cuidadla, es vuestro sustento!". "¡Vete ya o  nos arruinas!" se convirtió en anhelo agónico de una ciudanía golpeada por la crisis galopante. El amor que irradia el primer mensaje queda ahogado por el estrepitoso clamor característico del segundo. El presidente, en un claro (al mismo tiempo extraño) afán de retrotraer la Segunda República, pierde el tino; introduce a España en ese túnel intemporal y nostálgico del regreso, la iniquidad y el enfrentamiento trágico. Madura, así, el fruto lógico del desastre económico, institucional y ético.

Inciden en este momento, por vez primera, la historieta y el proceso gubernativo, cuando el ocaso se acerca a ambos. La familia Chinta, presa, endeudada, comiendo miseria, debe vender la Cordera y malvivir esperando tiempos mejores. Los españoles, ociosos, engañados, indigentes, invocan la sustitución de un ejecutivo (con su jefe al frente) aciago; culpable, en parte, del costo a que lleva la incompetencia si no la idiocia. Ambos hechos no se someten a precipitación porque nadie quiere forzar los remedios. Unos por añoranza, otro por apego. Las circunstancias, empero, obligan a enjugar con tristeza lo inevitable.

"Clarín" describe lacónico el desierto en que parece convertirse, aquel día funesto, el prado Somonte sin la Cordera. El pueblo español, mayoritariamente, explota de júbilo tras el anuncio de elecciones para el próximo veinte de noviembre. Al igual que el terruño asturiano, el solar patrio queda en silencio, adueñándose del espacio una calma indolente, no se sabe bien si predecesora de esperanza o decepción.

Entre tanto, Pinín, Rosa y más de media España (entre ellos cinco millones de parados) estrangulan ese lamento afligido y radiante: ¡Adiós Cordera!

 

lunes, 25 de julio de 2011

TODOS A LA CÁRCEL


El epígrafe supone, dada la particular etapa histórica que nos ha tocado vivir, un préstamo inevitable tomado al genial Berlanga. Desconozco si por pura chiripa o a resultas de un endiablado y certero instinto adivinatorio, el ilustre cineasta mostró cierta eufórica propensión (quizás angustioso subconsciente) hacia la temática carcelaria como régimen purgativo. Dos vertientes concurrían en tan tortuosa materia que los años depuraron con experiencia vital. Calabuch describía en el marco incomparable de Peñíscola, mediados los cincuenta del pasado siglo, el islote de poder e intereses que conformaban los pequeños núcleos humanos en un contexto dictatorial. La celda aquí protagonizaba el elemento común, la plataforma, que utilizaba uno y otro (poder e individuo) para, a través de una coacción inocente, satisfacer pequeños anhelos personales o colectivos. Se exhibía una prisión adscrita a la vivienda familiar del comandante de puesto, motivo tan atípico que era la brillante caricatura en aquella España profunda; realidad falseada para hacerla digerible.

 

     Más tarde, iniciado el primer tercio de la Transición, cubiertos los primeros pasos democráticos, Berlanga sufre un cambio semejante al efectuado por el Sistema. Incluso acompasa sin esfuerzo los temores colectivos que se abren paso en un horizonte frustrante. Inicia la década de los noventa con ese filme, actual y precursor (tal vez premonitorio), que capta a la perfección aconteceres, excesos. "Todos a la cárcel" más que un título constituye la crónica grotesca, surrealista, minuciosa, de una época cuyo mejor cometido consistió en evidenciar los derroteros que presuntos grupos adalides empezaban a apuntar. El director valenciano aprovecha la excusa de un homenaje para reunir a políticos, "intelectuales", cómicos y otros aventureros parásitos, en una cárcel, convertida para la ocasión en lugar de trapicheo; estampa fiel de un país donde charlotada y pandereta entrañan un patrón en lugar de importuno estereotipo.

 

     Estos títulos, junto a otros de agradable e hilarante visión, plasman los pormenores de sendas etapas a la manera de aquellos romanceros que sobre lienzo aviñetado, y con ayuda de puntero, indicaban y cantaban sucesos admirables. Carecían de plasticidad; incluso aburría la monótona cantinela del narrador, pero excitaban la imaginación del púber. En cualquier caso, las proyecciones coetáneas mostraron abiertamente el carácter discordante de las sociedades descritas. La primera expresa un poder único frente al individualismo potenciado por el propio Sistema como forma de pervivencia sin oposición sólida. La segunda revela un poder colegiado cuyos referentes, además de la pléyade de políticos afectos a diferentes siglas (que no ideologías ni objetivos), los forman camarillas desconexas, a veces contrarias, como sindicalistas, financieros, "intelectuales", "artistas", jueces, medios y aventureros apadrinados. Al otro extremo la nada; es decir, una masa social desvertebrada, inculta, perpleja; ocasionalmente dogmática, sectaria. Sin perfiles siempre.

 

     Los últimos tiempos son prolíficos en acopiamientos, apropiaciones indebidas, financiaciones irregulares, comisiones, derroche e incumplimientos de leyes, reglamentos u obligaciones. El pueblo yermo, abatido. La mayoritaria clase media -sostén del Estado hasta la extenuación- ya casi exánime pide vanamente, aunque arrecia el entusiasmo, que terminen todos (sin excepción) en la cárcel. Motivos sobran desde su lógica (también desde la lógica democrática) pero los posibles encausados fijan las leyes, o las interpretan, y la sabiduría popular intuye que sólo los tontos tiran piedras a su tejado. No es el caso.

 

     A mí,  al igual que al resto, me parecería procedente un castigo ejemplar (cárcel y restitución) para quien, al amparo de su oficio que según ellos desprestigian los demás, atesora bienes y prerrogativas inmerecidos. Presumo la imposibilidad de tan loable sueño reparador. Asimismo, los hechos evidencian que, siguiendo el popular proverbio, loncha arrebatada por el gato nunca vuelve al plato. Encima está mal visto generalizar. ¿Alguien puede negar con argumentos contundentes que, a partir de cierta cota, todos los políticos son igualmente indeseables?

 

     La atracción del Ejecutivo ha dejado escasas Instituciones sin cautivar. Son raros los medios, paralizados por el ahogo financiero y su flaqueza, que se atrevan a ofrecer al ciudadano (como antaño hiciera "La Codorniz") la contingencia de mandar todos a la cárcel...de papel. De momento, dispondríamos únicamente de esta prisión liviana para consumar una medida justa y demandada.

 

domingo, 10 de julio de 2011

PE PUNTO Y SEGUIDO


El ladino Rubalcaba, aventajado discípulo de Maquiavelo, pretende lavar su rostro marcado por las asperezas gubernamentales en dos ejecutivos diferentes. Ambos tuvieron un final lamentable, desastroso, insólito. La contribución de nuestro personaje no estuvo protagonizada por la apatía, el desacuerdo o la deserción. Antes bien, desempeñó un papel definitivo en aquel lejano, roído por la corrupción y los GAL, y en este próximo, claro manifiesto asimismo de ruina política, económica y moral. Exhibe abultado currículum vitae como factótum a la sombra de González y a la par de Zapatero, para hacerse de nuevas e intentar (limpio, sin mácula) la catarsis urgente. Cómo estará el PSOE para ver en él al César que pasará el Rubicón, cuando sólo es (lo indica el tópico) un bombero pirómano.

 Alfredo, el candidato tornasol, utiliza en la operación cosmética un jabón denominado "Pe Punto". Supone, sin duda, aceptar (mejor aprovechar) la carga heurística del vocablo punto. Iniciada por los cibernéticos Punto com, siguen con humildad y veteranía los Puntos gramaticales, el Punto de vista, poner los Puntos sobre las íes, etc. Aunque menos sugestivos, tienen su aquel: coger un Punto (pequeña borrachera), Punto en boca, Punto muerto y, sobre todo, Punto crítico. Sin embargo, me temo que al estilo del aludido prócer le iría como anillo al dedo "Pe y Punto", según prepondera el atinado aforismo: "aunque la mona se vista de seda...".

 Particularmente creo un error morrocotudo la elección (digital pero sin discrepancias) de Rubalcaba para conformar un partido moderno, sugestivo, adecentado. Aparte el anhelo imposible de colgarse nueva credencial, deja al descubierto demasiados talones de Aquiles.  En la práctica es ilusorio salir indemne. Compromete cuantiosos flancos y esta circunstancia debe resultar lesiva no ya para sus intereses sino para los del partido y, por ende, para España. La LOGSE, su particular irrupción la tarde noche del 13 M, el papel extraño en los GAL, el caso Faisán y la corresponsabilidad en el presente caos económico, amén de minucias más o menos significativas, le merman todo crédito, le ilegitiman, para proponer programas o acciones.

Ayer, en el Palacio Municipal de Congresos de Madrid, ante la plana mayor, prensa (en gran medida domesticada) y con el vigor que imprime una multitud de conmilitones en paro, Pe Punto -escorado a la izquierda, (un derrote oportuno)- fue desgranando ideas y proyectos inverosímiles; salvo el hecho, nada probable, que lleve tres lustros tomándonos el pelo. Previa a la escenificación se dejó oír aquella llamativa frase: "sé cómo salir de la crisis y crear empleo", azote para cinco millones de ciudadanos que sufren, además, la indignidad de escuchar impúdicas ocurrencias procedentes de aventureros, algunos iletrados, satisfechos. Allí, Alfredo aleteaba un falso poder, una vana esperanza impregnada, cual Ícaro moderno, de ilusiones que pueden derretirse. Tras el pregón, exclusivo para la concurrencia presente y la feligresía fiel, queda el eslogan cuajado de cinismo, "la política hay que hacerla completamente limpia" y la nada en penumbra.

Dudo que esta treta ideológica minimice el fracaso electoral, pero agravará seguramente la estéril trayectoria partidaria emprendida por Zapatero. Nadie que sea causa del problema logra, a su vez, fundamentar la solución. El PSOE perderá, al menos, cuatro años en hallar a alguien, exento de mancha, sin contaminar, que consiga restituir credibilidad, ética y compromiso nacional, a un partido envilecido donde pululan intereses bastardos, incoherencia y falta de perspectiva política; todo ello envuelto en un método sectario propio del siglo XIX. Le auguro un largo periodo en la oposición. Es preciso para renacer y, de rebote, coadyuvar al rescate del país.

Por todo lo expuesto, Pe Punto no es un punto final, ni siquiera un punto y coma; es un punto y seguido.  

sábado, 2 de julio de 2011

SALVAS DE APLAUSOS


Frustrado mi firme propósito de presenciar al completo el debate anual sobre el Estado de la Nación (ni siquiera me retuvieron las dúplicas), plasmo en estos renglones una opinión -seguramente mutilada por tal circunstancia- que pretende ser objetiva como factor medular. El discurso del presidente, monótono, reiterativo, magnánimo, se construyó sobre tres columnas barrocas; es decir, con escasa solidez pero vitales a la hora de apuntalar reseñas con aspiraciones llamativas. Reformas, consolidación fiscal y cohesión social eran los falsos pilares que sabiamente retorcidos, entorchados, debían conseguir un efecto hipnótico, halagüeño, en el televidente poco riguroso. Siguió, terco, un itinerario repetido. Centró toda su retórica en salir indemne, exento, irresponsable, de la angustiosa situación actual. Los insensibles a cánticos de sirena, mi caso, debieron quedar insatisfechos si no asqueados. La respuesta lógica aconsejaba abandonar el hemiciclo virtual. En última instancia, apagar la tele.

Al sesteo (una putada para sus señorías, con perdón por lo de... putada), Rajoy consumió casi cuarenta minutos. Expuso un catastrófico manejo del gobierno en materia exclusivamente económica. Sin que le faltara acierto en esa visión monotemática, me pareció asistir una vez más al delirante y vano, a la par que sordo, "cada loco con su tema". Ninguna referencia que afectara al festín autonómico; lejos de someter a juicio el sistema electoral, gravoso para los partidos nacionales minoritarios, o pasar sobre ascuas (mejor ni eso) en temas fundamentales como la regeneración democrática y clausura de la indecencia generalizada. Perdió una magnífica oportunidad; mas, doctores tiene la iglesia. El resto de partidos, huido ya del debate, sospecho cumplirían lo rutinario. Los nacionalistas exaltando su cargo a la gobernabilidad de España, al tiempo que simulan fobias y egoísmos ilimitados. Izquierda Unida baila el agua. Unión Progreso y Democracia constante en su castigo certero. En fin, lo de siempre; sorbos y tragos para cegar al personal.

Podría anularse tan artero ritual de la agenda parlamentaria al menos por dos razones básicas. En primer lugar, porque su etiqueta (Estado de la Nación) no se ajusta un ápice al contenido artificioso que ambas siglas mayoritarias apetecen ciegamente. Consumen energías e ideas, parcas estas, para ganar el torneo en que han convertido ese espacio anual que debiera ofrecer un colofón solemne y eficiente. Intuyo les interesa satisfacer el absurdo prurito personal antes que dar respuesta a las inquietudes colectivas. El segundo motivo brota del anterior: si no hay diagnóstico, se descontextualizan los problemas y, por consiguiente, se diluyen las soluciones. Pura exhibición de florete dialéctico.

Los primeros espadas mostraron un discurso perimetral. Uno empeñado en proclamar el camino virtuoso que lleva transitando siete años. El otro no le reconoce acierto alguno. Se reproduce con exactitud la melodía primigenia, sin advertir ningún retoque en el escenario ni en las partituras. Nada mollar. Un intenso eco pleno de monotonía e insatisfacción cala al auditorio, día a día más incrédulo. Les falta valor, quizás aliento o fe, para volcar sus desvelos en corregir el rumbo desastroso que ha tomado España. Podemos inferir que existe un pacto tácito para soslayar algunas porfías vertebrales en la viabilidad del propio Estado. ¿Acaso no consideran imprescindibles reformar la Ley Electoral, la normativa judicial y los criterios de competencia autonómica? Nos va en ello la esencia democrática y la existencia del país.

Las resoluciones finales (su aprobación) no desvelaron nada nuevo bajo el sol. Un gobierno débil, siempre presto con el humeante plato de lentejas. Una mayoritaria oposición alejada del BOE; peor aún, de la Hacienda pública y a quien hacen ascos por temor al "terrible" contagio. Por fin, unos nacionalismos ávidos, infinitamente voraces; cuyas actitudes hacia el PP evidencian (aparte déficits democráticos) complejos soterrados, así como cierta orfandad ideológica, permutada por el pragmatismo pecuniario.

Desconozco qué dictamen mereció al amable lector el contenido del postrero debate de la legislatura. Lo reseñable en aquello que escuché, desde mi humilde apreciación, fueron las artificiales, forzadas y competidoras salvas de aplausos.

 

 

viernes, 24 de junio de 2011

UN LORO, UN "PIRAO" Y UN OCURRENTE


Lejos de mi intención cualquier lectura lesiva o exégesis injuriosa, el epígrafe que antecede contiene una carga alegórica sin más. A lo sumo constituye el ejercicio democrático de la censura obligada al prócer cuando su gestión, o sus manifestaciones, se enmarcan en la torpeza. Ambos hechos son actos donde el decoro queda maltrecho e incluso puede advertirse cierto tufo mordaz, dominador, consecuencia directa de ese supuesto, en ocasiones cimentado, de la idiocia generalizada del pueblo español. Nuestros prohombres, por indoctos e inútiles que se revelen, deben ver el monte plagado de orégano. Con toda su "jeta" (que es nutrida), con todo su afane (que no es escaso), me recuerdan ¡pobrecillos! a aquel personaje televisivo que, tras diversas peripecias, admitía por medio de gigantesca pizarra: "el tonto soy yo".

Reitero el tenor inocuo de estos renglones. El vocablo "pirao" (según el habla habitual de mi pueblo) pudiera arrastrar una servidumbre turbia. Su acepción coloquial (tomada para la oportunidad) se refiere a persona alocada, aturdida; carente de destreza en el buen juicio. Cuando diserta provoca en quien lo escucha un  extraño proceder risible, maquinal y penoso. Caídas, piruetas, lapsus o alucinaciones (aun histriónicas) traen consigo fatalmente la hilaridad, a veces, poco aséptica.

La presente situación (espeluznante) no es origen, por insólito que pudiera parecer, de comportamientos agresivos, ni tan siquiera de virulencia dialéctica. Antes bien, la sociedad practica una conducta cercana al hartazgo, a la tensa calma, mientras otea acontecimientos temibles. Al ciudadano, exhausto, maltrecho, empobrecido, le produce náuseas el escamoteo impúdico, ilimitado, de quienes deberían contribuir a ejemplarizar la gerencia pública y, sin embargo, ahogan enseguida cualquier impulso ético o de austeridad.

Días atrás la prensa se hizo eco de que Juan Carlos Rodríguez Ibarra, ex presidente de la Junta extremeña, ocupaba una imponente oficina; predio imputable al gobierno autonómico. También tenía a su disposición -al menos- dos automóviles, chofer, secretaria, gastos, dietas y prebendas varias incluidas. Ello al amparo de una ley que él mismo promulgó en dos mil siete. Sacar a la luz esta circunstancia privilegiada, más ahora, obligó a suspender temporalmente tal prerrogativa, tan extemporánea como ilegítima. No quedó desnudo el ex, pues de inmediato se le nombró vocal del Consejo de Estado; una concesión dorada (hecha al amigote) que conlleva coche oficial, chofer, secretaria y emolumentos cercanos a los noventa mil euros anuales. El exceso transfigura al señor Ibarra en loro, ese animal con bello plumaje capaz de atiborrarse de chocolate, al decir de comunicadores unidireccionales. Otra afrentosa desvergüenza.

La palma de frases lapidarias en la histórica colección del disparate, haciendo añicos récords anteriores, lleva el nombre de Zapatero al manifestar hueco: "adelantaré el final de la crisis porque lo exige el pueblo español. Así mismo, priorizaré la economía productiva sobre la financiera". ¿Merece o no ese epíteto de "pirao" en el mejor y caritativo sentido? Hay, sin embargo, otra probabilidad que mantendría el mismo nivel de ligereza. Se refiere al hecho factible de que nuestro presidente atribuya a las autoridades de Kazajistán (mandatarios y financieros en general) un grado de indigencia intelectual semejante al de la sociedad española.

Rubalcaba, el candidato, pone un broche de atrevida evacuación como acostumbra. Padre de la LOGSE y de sus funestas secuelas, reivindica ahora el cambio del sistema educativo como elemento dinamizador de la economía. A buenas horas mangas verdes. Propone además un MIR para profesores. Como enseñante jubilado, la última ocurrencia me parece una broma; sí, pero de mal gusto. Dudo que Alfredo atesore la aureola precisa para teorizar sobre educación, menos para reformarla. Las ocurrencias insípidas son evanescentes, auténticos brindis al sol.

Los escuetos ejemplos conforman sólo la punta del iceberg. En este contexto, pedir socorro sirve para poco. Hace tiempo opté por la indignación contestataria, al margen de toda mesura que preconicen políticos y satélites.

 

 

martes, 14 de junio de 2011

UN RITUAL ENGORROSO


Se acerca, implacable, el plazo para formalizar la declaración de Hacienda; ese ritual que exige inmolarnos cada año. Utilizo conscientemente la forma pronominal del verbo inmolar porque su significado: dar la vida, la hacienda, el reposo, etc. en provecho de alguien o de algo, concuerda con el objetivo recaudatorio, casi despojador, del gobierno. Yo, deudor asiduo, suelo presentarla el último día; cuyo móvil, tal vez mal entendido, equiparo a un gesto de rebeldía. Constituye la modesta opción personal para mostrar (mostrarme) absoluto rechazo a tal canon.

 No tengo particular repugnancia al hecho de contribuir; me enfurece su derrama y, sobre todo, en cómo se aplica mi aporte. Es de dominio público que el aspecto progresivo del impuesto se limita, en realidad, a un voluntarismo inane; incluso a un pomposo chute opiáceo capaz de adormecer, aplacar, sentimientos subversivos. Las grandes fortunas se acomodan a leyes que les permiten el fraude efectivo, sin perjuicio de recorrer, el común, vericuetos confusos que terminan recortando el precepto e inútil para la gran mayoría sujeta a nómina. Semejante contexto provoca, por ruina, el ocaso; una desaparición progresiva y alarmante de la clase media, columna dorsal del Estado.  Mi umbral de hastío lo baso, no obstante, al proceder antojadizo, en ocasiones punible, con que se asigna el tesoro público. Prebostes de todo pelaje destilan arrogancia inclemente, al tiempo que pregonan falsos desvelos benefactores soslayando justicia y equidad. ¿Será preciso recapitular el extenso catálogo de conquistas sociales prometido por el ejecutivo e incumplido al paso del tiempo? ¿Olvidamos aquellos apoyos y subvenciones a élites "intelectuales", sindicales, empresariales o financieras con un montante de miles de millones de euros? Las vivencias que no aleccionan nos convierten en sujetos acríticos, marionetas del atropello.

 El déficit se consuma cuando gastamos más caudales que generamos. Este escenario conlleva el aumento de deuda pública. Sólo puede conseguirse el equilibrio aquilatando dispendios o aumentando ingresos con mayor exigencia impositiva. Los políticos, según constatan diarios y noticieros, rechazan cualquier propuesta que merme sus privilegios; antes bien, consiguen una insólita unanimidad al someter a votación subidas salariales o ventaja sustantiva. Reducir el derroche municipal, autonómico o estatal, parece improbable mientras los actuales partidos continúen demoledores, inmunes a los problemas ciudadanos. Han creado  monstruos voraces, sin freno, que terminarán por engullir a sus promotores si antes no los domestican; mejor aún, los aniquilan. Imposible, pues, disminuir el derroche; subirá, por tanto, el baremo impositivo hasta casi asfixiarnos. La atmósfera, por fas o por nefas, está algo cargada.  

 Egoísmo desmedido e insensibilidad, vicios tópicos (¿genuinos?) de nuestros prohombres, obligan al gobierno -inicuo, cómplice, permisivo- a sobrepasar con creces esa frontera que impone la ética, el mandamiento social propio de una democracia auténtica. Aquí se inicia el atajo que concluye pervirtiendo el Estado de Derecho. Al quebrar la división de poderes, toda democracia queda convertida en horrible caricatura; aparecen soterrados guiños dictatoriales y el individuo acaba sometido a intereses varios, indefenso, sojuzgado. Las esencias doctrinales, en estos casos, conforman auténticos señuelos a los que persiguen, con perseverancia, naciones ignorantes e ingenuas.

 Convencido del timo a trueque trilero, aferrado ilusamente a una libertad arrebatada en nombre de la democracia, vivimos (esclavos) bajo el caudillaje de un ejecutivo tiránico, absoluto, con el apoyo imprescindible de medios en alquiler. Este entorno colma mi indignación a la hora de liquidar a esa Hacienda que voces demagogas, falaces, afirman somos todos. Sufragamos no sólo la pérdida de nuestra libertad sino la desvertebración de España, cada vez más débil en el concierto internacional. Esquilman sudores propios y ajenos para conseguir apoyos insalubres o quebrantar instituciones judiciales, cuya independencia  legitima con exclusividad el Estado Democrático. Existe un refrán castizo que describe exactamente este horizonte. Tras suavizar el texto y negar toda interpretación miserable, dice así: Encima de  meretriz (dejo al albedrío del amable lector el sinónimo) hay que poner la cama.

 Extinta, en parte, por mor de estos renglones la aversión que me embarga año tras año, subordino mi espíritu (también mi bolsillo) a establecer la parte alícuota que he de ingresar. Así podrá costearse esa cama enorme, inmensa, donde cuatro aventureros sin escrúpulos violentan a un pueblo sometido, esclavo.   

 

sábado, 4 de junio de 2011

CONFUNDIR LA VELOCIDAD CON EL TOCINO


La última reunión del Comité Federal socialista -ese concilio alabanero, epílogo patético al descalabro electoral- resultó sorprendente. Su raquitismo les hizo sustituir la crítica, el oportuno análisis, por una especie de pócima que, sin curar el mal, evitase los previsibles estragos evidenciados en la enfermedad. Fue curioso advertir como ambos mandamases, coautores directos de la agonía económica y del oprobio político, disfrutasen ufanos (cual cataplasma lenitiva) del discurso lisonjero. Uno y otro, recíprocamente, se intitularon atletas. Con poca fe, o ayunos de ella, el presidente (para la ocasión telonero) evocó al antaño velocista Rubalcaba y éste (convertido en oficiante) confirma a Zapatero corredor de fondo; en mi opinión, hace tiempo desfondado. Suplieron el contrito y necesario examen de conciencia por esa banalidad retórica.

 Incursos arteramente en los senderos de la velocidad, me produjeron una apetencia infrecuente de escrutar tales comportamientos, aprestaron mi ánimo a escrupulosas lucubraciones. El error, involuntario o menos, al igual que cualquier ente abstracto es inconmensurable, huérfano de toda medida. Sin embargo, hay lugares donde al protagonista del yerro mayúsculo, inmenso, se le espeta desdeñosamente el siguiente latiguillo lacerante: "confunde la velocidad con el tocino". Semejante reproche impera, al menos, en la Manchuela conquense. Significa una metedura de pata garrafal, infinita; sólo aplicable a personas irreflexivas, insolventes e incluso subyugadas por ardor vicioso.

 El 22 M sirvió para poco, aparte cambiar el color político del mapa nacional. Pobre negocio si la corrección afecta únicamente al tono cromático. Los socialistas no han entendido (no quieren entender) el mensaje que expresaron las urnas con meridiana nitidez. Ellos, tan demócratas, hacen caso omiso a los ciudadanos. Pidieron renovación, cambio de rumbo, y les responden, obcecados, aferrándose desesperadamente al poder o, en el colmo de la sordera, retrotrayéndose resucitando un estilo opaco y un líder maquiavélico, déspota, digno de olvido. Siguen pensando, a pesar del varapalo, que el personal es imbécil, olvidadizo, inconsistente. El 22 M constata, superada la bambolla (esto ha resultado) preelectoral de los "indignados", que son ellos los majaderos. Su torpeza para gestionar el país se agrava sobremanera porque han malgastado la credibilidad inicial. Los desvelos que prodigan, acompasados por voces adscritas a la consigna, ya no convencen a nadie, pues  el movimiento hay que demostrarlo andando, nunca parado. Menos si confían para conseguirlo en quien todos le reconocen rey de la tramoya, burlador impenitente y cínico irredento. Están enterrando la ilusión colectiva iniciada allá por los años ochenta. ¿Cómo puede generar optimismo quien es corresponsable, en dos gobiernos diferentes, de sendas situaciones ruinosas?

 El PP, por su parte, adolece del mismo achaque. Sigo sin entender en qué méritos se fundamentan para creerse ganadores. El diagnóstico proviene incorrecto. El español suele votar a la contra, con las vísceras, sin cabeza. El PP no ha ganado nada; el PSOE ha perdido todo. Al votante ya no le influye táctica agresiva alguna. Muestra su hartazgo al insulto, al dóberman, a la recuperación de las dos Españas, a la falta de programa. El reciente resultado refleja un voto de castigo más que de convencimiento. Rajoy haría bien mostrándose incisivo, pero humilde, y abandonar la torpe (asimismo falsa) intención de virar el calcetín. Sólo gobernará tres nuevas autonomías (Castilla la Mancha, Baleares y Cantabria) junto a otras tantas dudosas (Aragón y Extremadura). Los problemas de España no empiezan a resolverse con auditorías, que también; además es necesario crear empleo, cambiar la Ley Electoral, liberar la judicatura, combatir la corrupción...; en fin, regenerar la democracia. Que don Mariano proclame ahora la contención en el gasto, tras el ayuntamiento de Madrid y la Comunidad valenciana, parece, al menos, un despropósito. La incoherencia conlleva otra derrota electoral. Cuidado, al PSOE se le ha castigado por un desastroso gobierno. El votante todavía no pasó factura al PP por su equívoca oposición.

 Nuestros políticos, a lo que se viene observando, aderezan sus propios yerros con remiendos para desfigurarlos (quién sabe si pervertirlos) y hacerlos provechosos. Esfuerzo estéril. Demasiado abismo entre velocidad y tocino.

 

 

 

viernes, 20 de mayo de 2011

UNA INDIGNACIÓN, ME TEMO, CON FECHA DE CADUCIDAD


Esta mañana, navegando por las recónditas e infinitas vías de internet, me he topado (a expensas del azar sin excluir, en la lejanía, una enigmática impronta) con el vocablo anisotropía. Designa una característica general de la materia por la cual determinadas propiedades físicas varían según la dirección en que son examinadas. Lo mismo ocurre, pensé, con el apelativo, estima o dimensión con que aquilatamos el movimiento Democracia Real Ya (DRY). Resulta curioso, también aleccionador, los paralelismos entre leyes y conceptos físicos con los comportamientos, actitudes y significado del cuerpo social en su dinámica, más o menos incentivada.

A nadie escapa (si exceptuamos políticos y algún comunicador infiel) que el personal fuma en pipa, sirva la premisa subversiva. El paro por si solo fundamentaría el atracón de nicotina en esa metáfora que pretende suavizar expresiones iracundas, acordes con la exaltación vehemente provocada por la ley antitabaco. Añadamos alguna minucia: Unidad e independencia judiciales; CGPJ y Tribunal Constitucional elegidos, ad eternum,  por el ciudadano , con posibilidad de recusarlos mediante la acción popular bajo determinadas condiciones; Cambio de la Ley Electoral para que el Congreso represente la soberanía Nacional y el Senado la Territorial; Organización del Estado con viabilidad económica; Responsabilidad jurídica de políticos y financieros en delitos económicos con la restitución de lo distraído; Auditorías publicadas; Uso exquisito de los caudales públicos; Desaparición de castas políticas, sindicales y, en menor medida, "ilustradas". En definitiva, una auténtica regeneración democrática.

Este movimiento auspiciado por la "indignación" social, presenta dos interrogantes al menos. ¿Por qué se inicia la semana preelectoral? ¿Por qué ha de terminar, divulgan los convocantes, el domingo veintidós? Si sobran razones faltan, desde luego, intenciones. Tuve la fortuita ocasión de presenciar el trámite del movimiento zaragozano en plena Plaza del Pilar; Yo, idealista y rebelde casi septuagenario, congenié enseguida con la veintena de jóvenes y jóvenas (Carmen Romero dixit) universitarios que, sin estridencias tanto en el vestir cuanto en la expresión, se afanaban comúnmente en preparar notas de prensa y confeccionar pancartas reivindicativas. Modosos, sin aspavientos. Me despedí   animándoles en su ansia por labrar un futuro de libertad.

Poco a poco, tras una semana de vorágine viajera sin apenas noticias, fui tomando conciencia de lo ocurrido, sobre todo en Madrid. Internet me ofreció un manifiesto, complementado con propuestas, asumibles las más. Otras, por contra, simulaban un canto poético a las tinieblas; alucinaciones gráficas, romanticismo barbilampiño, como algunos nombres que surgían asimétricos, fulminantes, en la relación de adhesiones. Porque estoy a favor, en gran medida, no me atrevo a prejuzgar interés electoral alguno achacable (siguiendo el tópico) al autor intelectual de este movimiento bautizado previamente 15 M. Me intriga, sin embargo, la decisión de enterrarlo junto al último voto.

 
Desconozco si los "indignados", su obcecación de mesar las barbas a la Junta Central Electoral, con el beneplácito -al parecer- de quien "salvaguarda escrupulosamente la ley en defensa de la seguridad ciudadana", afectarán o no al resultado de las urnas; si continuarán o no las movilizaciones tras el día veintidós (tengo la esperanza que sea impredecible su final como corresponde a todo acontecimiento caótico). Sé, y no es poco, que, más allá del bipartidismo, del inútil ocasional que nos gobierna, de los cómplices financieros, empresarios y medios, me abstendré hasta que un partido me ofrezca una verdadera regeneración democrática. Hasta entonces, exhortaría a mis compatriotas, como única solución posible, hicieran lo propio con el objetivo de alcanzar una abstención próxima al noventa por ciento y dar un verdadero escarmiento a quienes se acuerdan de Santa Bárbara sólo cuando truena. Lo contrario, suceda cualquier cosa a favor de unos u otros, significa seguirles un juego parecido al cuento de nunca acabar.

 

 

martes, 12 de abril de 2011

NOCHES DE PALMATORIA


 

 

Permítaseme que, a modo de prólogo, precise algunos conceptos cuyo entendimiento pudiera resultar dudoso, bien por desuso bien por oponer un matiz resbaladizo. Palmatoria es un candelero bajo, en forma de platillo con mango y pie. Usufructuario y usuario tienen una frontera asentada sobre derivaciones ociosas. Disfrute y placer dirigen su actividad, también su esencia, al primero.

Ubicado en ese balcón espectacular (con sabor a sal y horizonte de velas) que se abre al mar, conformando una arquitectura característica bajo la indicación Distrito Marítimo de Valencia, vago cada día por el Paseo donde, individuos diferentes en edad y desocupación, solazamos fatigas, interrogantes e impotencias. Los mayores caminamos; mientras otros, más jóvenes, se apresuran convencidos quizás de alcanzar el futuro, ese que se les escabulle a la misma velocidad, como si encarnase una pesadilla.

En pasados tiempos de fortuna hasta escasas fechas, farolas y focos rendían la noche, rasgaban la oscuridad, vistiendo de luz cerámica y arena (en ocasiones). Con frecuencia, incluso, bien entrada la mañana se batían, en desigual duelo de honor, con el astro rey. Hoy, bañados de  crepúsculo, próximas las sombras, a las nueve en punto, todo queda a oscuras excepto el carril bus y la carretera. A partir de esa hora los usuarios vislumbran, "cegatean". Se ha pasado del derroche estéril a la indigencia vergonzante sin solución de continuidad. ¡Qué difícil es usufructuar el Paseo! Bicicletas, perros, patines, etc. turban la solana; una procesión de obstáculos abruma el relajo, el deleite. Más tarde la penumbra abre su caja de misterio que, a estas alturas, sólo trae zozobra. ¿Alguien puede obtener así placer?

El apagón se limita al recorrido, desde la acequia de Vera a la entrada litoral del complejo portuario. No se aprecia en el área, casi desierta a semejante hora, comprendida entre el canal interior y la escollera. Deduzco que la norma tiene por objeto ahorrar unos euros al Ayuntamiento. Exaspera, no obstante, que se haga a costa del ciudadano, de su renuncia. Si excluimos el dato -no sé si completo- de la mengua salarial, las disposiciones propuestas para sanear el tesoro público las sufre únicamente el alegórico ciudadano de a pie (nunca mejor dicho). Evito resumir una alternativa adversa ya que, aun conociéndose, resultaría inútil. ¿Supondría grave quebranto al político compensar el gasto afrontando dispendios, por ejemplo?

El hombre público, sin importar adscripción, exhibe altas dosis de codicia; no en balde debe creerse erróneamente el ombligo de la sociedad, fundamento de la convivencia democrática. Me afligiría que esta estimación fuera injusta. Se me escapa la posibilidad de que el concurrido Paseo Marítimo, en estas condiciones, sea escenario ideal, meditado; perseguido por próceres y asesores para rescatar una atmósfera romántica (cada vez más escasa) las próximas veladas de canícula.

Todos los años, los valencianos (en general) y los naturales del distrito (en particular) serpenteamos el Paseo hasta altas horas de las bochornosas madrugadas. Este verano, si doña Rita no lo remedia, cada familia, pareja o grupo (aceptando un mal menor) deberá llevar su vela en la palmatoria correspondiente. Espero de los distintos chiringuitos que jalonan el trayecto, abandonen cualquier tentación eléctrica, hagan causa común y adornen sendas áreas de dominio con estéticos candelabros, en perfecta sintonía.

No persigo alumbrar sutilezas en época electoral, pero evitaríamos la hipérbole, asimismo, si con humildad en el cardinal propusiéramos, ante el hecho consumado, un documento gráfico anexo al siguiente titular: Valencia a dos velas.

viernes, 8 de abril de 2011

IL TROVATORE... MATUTINO


Yo, un tipo de pueblo por nacimiento y crianza, prefiero llamar las cosas por su nombre, evitando atemperar el mensaje o atributo con expresiones que, tras rechazar la falsedad hipócrita, ahondan el ancestral sentimiento trágico de la vida. Para catalogar a alguien poco dado al escrúpulo, a la servidumbre, siempre utilicé un vocablo popular, castizo: cantamañanas. Hoy, atenuado por los años o el entorno -quizás inducido por la frescura jovial, socarrona, de mis hijos- utilizo con moderación la estructura italianizante que abre estos renglones.

Mi paisano de autonomía José Bono, en ese -ya inevitable, congénito- tono distintivo, mitad monacal, mitad aguerrido, se dejó oír semejante frase que no tiene despojo: "A Zapatero le interesa más España que el PSOE". Sospecho la vena ladina del político en cuestión (asimismo cuestionado); no excluyo camuflara el aguijón cáustico bajo su gesto enigmático, amistoso. La herida letal proviene de quien levanta el brazo ofreciendo ese ramo que oculta la daga. Bono aporta escaso crédito entre sus pares; no en balde es un superviviente. Por oposición debe ser sólido, fidedigno, allende la lucha partidaria.

 
Ignoro qué soporte induce al presidente del Parlamento a tan arriesgado y tajante aserto. Pudiera ser materia de fe la razón (irracional) que le impulsa a proclamar con entusiasmo, sin cotejar, apreciación tan encontrada. No consigo avistar al escurridizo prócer nadando contracorriente. Constituye, por tanto, un misterio este afán generoso de loar a un cadáver, salvo que mi paisano -incauto y chamuscado en anterior ocasión- recele que el difunto es un vivo. En política me sorprendería encontrar "un monje del tiempo" que pronosticara la meteorología de modo tan fiable, tan certero. Blanco (nuevamente cada vez más Pepiño) le acompaña, por diferentes cuestiones, en el dúo que se aleja -lo aparenta al menos- de incipientes grupos muñidores. ¿Será Zapatero, al ocaso, un pirómano bombero? ¿Un patriota en segunda instancia?

Reconozco que al señor Rodríguez le puede interesar más España que el PSOE. Sin embargo, hasta ahora, ha demostrado con persistencia no convenirle, por encima de él, ni la una ni el otro. Al momento -perdida toda esperanza de seguir rigiendo los destinos del país- es posible, aunque extravagante, un cambio de rumbo sustancial. Antes, su impulso se orientaba a satisfacer la ambición desmedida de que hacía gala. Perdido el horizonte personal, don José Luis -libre de apremios perniciosos- podría recuperar (a imagen del famoso Caballero Andante) la razón, el equilibrio, la sensatez. Imagino, si así ocurriera, una metamorfosis inesperada, errática.

Sé que la Ciencia Ficción concentra en el adjetivo su carga real; es decir, tiene como único alegato la imaginación pródiga de los autores. Quisiera evitar cualquier paralelismo con esta variante literaria al articular mi tesis. Si tenemos en cuenta a San Mateo y a su recomendación, "por sus obras los conoceréis", queda poco margen para la esperanza. Uno y otro, Zapatero y Bono, tienen un pasado gubernativo lamentable, desastroso. No obstante -hecha tal salvedad- vemos al mayor vicioso protagonizar proezas insólitas. Zapatero sabe que Bono es un populista ineficaz, pero posee excelentes cualidades para el acuerdo. España necesita urgentemente no un gobierno (el que sea); precisa un pacto de Estado entre PP y PSOE. Ningún Ejecutivo, ni con mayoría absoluta, tendría capacidad para elaborar leyes tan complejas como vitales. Por ello, tanto en el gobierno cuanto en la oposición, el país requiere un Secretario General del PSOE alejado de sectarismos, capaz de integrar diferentes alientos sociales. Lo contrario significaría el golpe definitivo para España y para los políticos que gestionan su viabilidad. La Segunda República ofrece una lección magistral, que nadie debe olvidar.

Bono no es santo de mi fervor, pero -en la oposición- puede encarnar la postrera oportunidad antes de sobrevenir el caos. Inverosímil otra alternativa. ¿Se le habrá encendido por fin la bombilla a Zapatero y, en las últimas, fenece patriota? ¿Acaso será Bono un trovatore matutino? Dejemos que Cronos responda.

 

domingo, 3 de abril de 2011

UN PRESIDENTE NEFASTO


Ayer, en el Comité Federal del PSOE, Zapatero anunció que no sería candidato en las Generales de dos mil doce. Por vez primera expresó la convicción personal para sintetizar tal decisión. Demasiado tarde. La realidad, empero, es muy diferente. Un escenario económico delirante y sin visos de arreglo mediato, asimismo desacreditado nacional e internacionalmente (lastre fatal, contaminador), predispuso a los barones regionales a la exigencia del pronunciamiento definitivo; es decir, lo echaron. Constituye un motín en toda regla. Entraña el último esfuerzo para salvar algún enclave municipal o autonómico. Menos tranquilizador resulta su denuedo por aguantar -al frente del gobierno- hasta agotar la legislatura y, según palabras textuales, completar las decisiones que acaben con la crisis (cínico compulsivo o bromista genial). Le exhorto a convocar elecciones anticipadas o, a lo sumo, proceda como un presidente prejubilado y no haga nada. Sería el primer servicio al país y justificante precioso de su indemnización futura.

Se va Zapatero, sí. Queda, sin embargo, la ristra de indocumentados (o menos) corresponsables, cómplices, del desbarajuste. Durante siete largos años, nadie se atrevió a cuestionarlo, a la crítica discordante, disidente. Nadie, salvo algunos de la vieja guardia arrinconados indignamente, queda impoluto -sin contaminar por el siniestro virus del zapaterismo- para conducir al partido por otros derroteros; aquellos que, superando demagogias y falsos eslóganes, puedan contribuir a realizar una política en beneficio de todos los ciudadanos. Se deben desterrar tics decimonónicos, usos republicanos, tácticas totalitarias. Urge interpretar el momento.  PP y PSOE precisan una dirección de consenso para (como mínimo) cambiar la Ley Electoral, acordar una Ley de Educación racional, organizar la Universidad, prestigiar y liberalizar la Justicia y reconducir el Estado de las Autonomías.

El presidente más autócrata de la transición abandona (forzado) el poder, derrochando ínfulas democráticas al anunciar primarias para elegir sucesor en lugar del "dedazo como otros". Los medios empiezan a hacer cábalas e incluso a arrimar el ascua a su sardina (en adelante, el señor Rodríguez va a comprobar el frío que se siente cuando sea -de hecho ya lo es- un cadáver al sol). Barajan, olvidadizos, los nombres de Rubalcaba, Chacón, Bono o, en el colmo del desvarío, Blanco. Pero, señores, a qué jugamos. Cualquiera de ellos haría bueno al mismísimo Zapatero. No podemos olvidarnos de Maquiavelo, resucitado en el siglo XXI, junto al GAL, el 13 M o el Faisán. Qué ilustres meninges pretenden encaramar a la presidencia del Gabinete a una antiespañola confesa. Recuerden la operación Roca, prócer no nacionalista, en épocas donde aún no se había enconado (por políticos irresponsables) el enfrentamiento entre catalanes y resto de españoles. Podemos sufrir un presidente inútil (a las pruebas me remito), pero no cabe en la jobniana idiosincrasia hispana una presidenta antiespañola; nos pasaríamos de la raya. Yo soy de Cuenca; por tanto, a Bono quien no lo conozca, lo compre. Al señor Blanco (antes Pepiño) pobrecillo, sus paisanos no lo quieren ni de alcalde y los gallegos "tienen mucho mundo".

¿Entonces? Utilizando una expresión rompedora: no me "mola" ninguno del abanico conocido. Desde mi punto de vista, el sucesor ha de presentar, como credenciales idóneas, una buena formación académica; pero prioritariamente espíritu conciliador, alejado de dogmatismos y nada sectario. Desde luego ninguno que haya abrevado el elixir prodigioso, planetario, ni se hubiera ubicado próximo al pesebre contiguo. Desconozco la fauna política en sus diversas especies; espero, no obstante, se encuentre algún individuo capaz de concentrar cualidades apropiadas en una y otra reserva.

El acontecer histórico no admite optimismos. España viene sufriendo el azote injustificado de gobernantes tan pésimos que rebasan con creces la marca lógica, en razón de los merecimientos atribuidos al pueblo que los sustenta. La encuesta del CIS revela que el tercer problema con que se enfrenta la sociedad son los políticos. Para mi es el primero y casi único.

Zapatero va a ser -sin duda y con diferencia- el peor gobernante de España, en siglos; asistido por el mutismo encubridor, cobarde y necesario de oportunistas, cuando no el aplauso descarado de medios agradecidos. Ha hecho de la necesidad virtud; deja un país devastado, no sólo económicamente, y en la UCI a su propio partido. Resultaba impensable pudiera realizarse labor destructora tan perfecta. Lo peor es que dice adiós impunemente. ¡Maldito!