viernes, 18 de julio de 2014

CUIDADO CON TOMAR DECISIONES DRÁSTICAS


Lo he proclamado en varios artículos. Soy escéptico por naturaleza, particularidad que llega al apogeo cuando se trata de doctrina política o religiosa. Si repasamos el devenir del hombre, estaremos de acuerdo en que las mayores aberraciones fueron cometidas por gentes escudadas tras bellos conceptos: libertad, igualdad, fraternidad, amor, religión, etc. Últimamente democracia. ¿Cuántos han sufrido persecución y muerte aferrados al dogma, a cualquier dogma? ¿Cuántos quedan por experimentar métodos y conductas tiránicas adscritas a lobos con piel de cordero? Vivimos una encrucijada excepcional. Los escollos capitalistas constituyen el reclamo apropiado para la aparición de personajes siniestros. Recordemos a Lenin, Stalin, Mussolini o Hitler. Todos ellos surgieron a la sombra de momentos penosos que no supieron suavizar tras millones de muertos.

Uno sale de la indigencia antes o después y lo hace sin zarpazos físicos. Puede que le acompañe algún abatimiento moral; nada definitivo. No obstante, se ignora cuál sería el infortunio que nos deparara un sistema opresor, sea nazi o totalitario. Ambos se aluden como regímenes de exterminio y de penuria moral. Asimismo, viejas y nuevas referencias originan dudas sobre supuestos éxitos económicos, pese al control absoluto de los factores que intervienen en el proceso. Es decir, semejantes sistemas garantizan falta de libertad, pobreza y muerte.

Esta cosecha es común a los pueblos sometidos, sean cubanos, venezolanos, coreanos, chinos o camboyanos. Un ejemplo de seducción social viene determinado por la frase entresacada de “Monarquía o Democracia”, obra de Pol Pot: “La monarquía es un vil postulado que vive de la sangre y el sudor de los campesinos. Solo la Asamblea Nacional y los derechos democráticos darán a los camboyanos un espacio de respiro… La democracia que reemplazará a la monarquía es una institución sin igual, pura como el diamante”. Su rúbrica la sellaron dos millones de muertos. El tirano pudo estudiar,  y empaparse de leninismo, en Paris gracias a una beca real. Aquellos años le sirvieron para cristalizar su sanguinaria revolución.

PSOE y PP, junto a un extravío que lo envuelve todo, son los promotores -al menos- de las horribles consecuencias generadas por una crisis extraordinaria. Zapatero no la quiso ver y Rajoy se empeña vanamente en protagonizar su remate. El dúo constata cierta vocación trolera, manipuladora y antiestética. Seis millones de parados, declive de la clase media, salarios de pobreza, justicia discrecional, indultos extravagantes y una juventud sin futuro hacen de este país un sabroso bocado para el populismo liberticida. La advertencia que transmitió el votante en las europeas a los partidos mayoritarios, ha caído en saco roto. Aquel “aprender la lección” no pasó de un voluntarismo fatuo o malicioso. Miran el dedo en lugar del objeto. Son muy cenutrios o nos entretienen con aquella disputa tópica, picaresca, y que le puso cuerpo Enrique Arbizu en el filme “Todo por la pasta”. 

No me extraña que el CIS atribuya a Podemos una intención de voto sorprendente. He oído a su líder en bastantes ocasiones. El análisis que efectúa es irreprochable. Nadie puede oponer razonamientos sólidos, rigurosos, para argüir lo erróneo de su diagnóstico. Le noto, sin embargo, divergencias notables entre palabras, arrebatos y obras. Aventaja en la brega a muchos de quienes se encuentran lejos de su órbita. Apunta una gran capacidad de adaptación, de confundirse con el terreno. A veces, un buen observador advierte ciertos tics que intranquilizan. Ocurre cuando no domina el pensamiento. Lo materializa -incapaz de someterlo al ámbito psíquico, pese a sus esfuerzos- en palabras cargadas de arrogancia, dogma ridículo, desafío y radicalismo antidemocrático. ¿Conjetura? ¿Realidad? Como siempre, el juez Cronos determinará si es un político idealista, un aprendiz de tirano o un jeta muy preparado y ambicioso. Sea cual el sesgo, pudiera resultar molesto para una sociedad ahíta de hostilidad.

Yo tampoco estoy de acuerdo con el horizonte inmediato. Es evidente que ni puedo ni  quiero cargar sobre mis anchas espaldas la misión salvadora de una sociedad bastante enferma. Además, no creo que alguien esté dispuesto a ello “gratis et amore” por muy humano y virtuoso que se presente. Prefiero facilitar puntos para una reflexión serena e íntegra. Luego, cada cual debe luchar a fin de conseguir un mundo mejor y más justo. Siempre que este desvelo sea sincero, cualquier providencia me parecerá ajustada a las expectativas sociales. Desde mi punto de vista, se hace necesario terminar con la podredumbre que paraliza el sistema. No sustituyendo unos partidos conocidos por otros sospechosos, sino ilegitimando a estos políticos culpables con la abstención total. Que se voten ellos, su familia y acomodados. Partidos democráticos sí, pero con otros fundamentos.

Si se me permite, aconsejo a mis conciudadanos que permanezcan alerta, que piensen los pros y contras de su decisión, que no se dejen engatusar por cánticos de sirena. Hay que exigir más democracia, más gobierno para los individuos y menos para esa élite política, sindical, financiera y judicial que prefiere detentar un poder contra el pueblo en lugar de ostentar un poder justo y equitativo; democrático. Al final -falto de estímulos pero con arrojo- pienso como millones de españoles hartos de tanta indignidad. Lo concreta y describe de forma plástica una frase poco caritativa: “o fornicamos todos o la puta al río”. La puta es España. Pese a esta disyuntiva y a un escenario favorable para el descalabro, espero que se imponga la cordura.

 

viernes, 11 de julio de 2014

SAN EXPEDITO, UN SANTO MUY INVOCADO




 
La historiografía creyente cuenta que San Expedito tercia en causas urgentes e imposibles. Apreciamos que, a lo largo de los últimos tiempos, viene haciendo horas extras. Hasta es probable que se haya contratado a estajo. Sorprende tanta abundancia de actividad en la España del paro. Sin embargo, esta coyuntura tiene una explicación simple. La podredumbre que ensombrece la vida pública y el apresuramiento de los partidos (sobre todo del PP) por ofrecer algún papel estimulante, no le permiten un segundo de descanso al paciente mártir. A su pesar, aparte de aclamaciones, recibe censuras por ese empleo dual no siempre bendecido.
Empiezo por la, presunta, última injerencia. El informe recorre todos los medios. Es una noticia no ya indecente e inconcebible sino abiertamente milagrosa. Un hijo de Pujol (Pujol Jr.) “cobró casi cinco millones por unos terrenos con valor catastral de novecientos euros”. El lector estará de acuerdo en que se hace necesaria la maniobra de San Expedito para cosechar semejante ganga. Un ingenuo interrogante importuna al ciudadano. ¿Actuará sin que la militancia, o aversión a ella, imponga límites al individuo? ¿Ofrecerá para todos el mismo rasero? Si la respuesta fuese afirmativa, implicaría barra libre en el rédito. Siendo realistas, deduzco que los negocios afectos a cualquier ciudadano corriente se encuentran huérfanos de tan ubérrima intercesión. Qué le vamos a hacer. 
No parece ser el primer caso. Conjeturo que tampoco será el postrero. Dividendo tan extraordinario le sirvió a Felipe González para vender una participación accionarial de trescientos setenta y seis euros, en la empresa tecnológica Oyauri, por trescientos diez mil en un mes. Se deduce, dados los escasos conocimientos del ex presidente en esta materia, que el pelotazo le vino por recomendación sobrenatural. Encima no precisó pagar comisiones ni otro tipo de emolumentos; es decir, lo recibió limpio de polvo y paja. Ignoro las miradas glotonas con que le obsequiara ese Carpanta llamado Hacienda. Recelo una mirada honesta -nada concupiscente- exclusiva para prebostes del régimen.
Algunos (se desconocen versiones en sentido contrario) no apetecen especulaciones inmobiliarias ni azares bursátiles. Menos temerarios, prefieren la actuación histriónica aunque precisen de catalizadores para adelantar el espectáculo. Tal escenario le afecta al PP. Pasados casi tres años de legislatura con magros resultados -si no negativos- el ejecutivo necesita una ristra de medidas económicas que disimulen el desastre. Todavía no tienen claro si se tramitarán como Decreto Ley o como Proyecto de Ley. No obstante, cada día es más evidente que estos señores del gobierno utilizan la estrategia nefasta de sus rivales. Ahora manipulan y practican la demagogia con la misma maestría con que lo hicieron ejecutivos pretéritos.  Ahora, ellos son “dignos” candidatos al Goya.
Es incierto que el entorno financiero de España permita disposiciones tiempo atrás desaconsejables. En realidad estamos igual o peor que hace meses. Así parece corroborarlo cualquier dato frío; aquel que aún no ha sufrido el efecto contaminante  de la cocina. Deuda y déficit disparados desmienten semejantes supercherías. Las prodigiosas mentes del PP cometen dos errores fundamentales: desplazarse hacia el centro izquierda e imputar a la crisis el desafecto de su electorado. Debido al primero, el PSOE explora el espacio de Izquierda Unida y esta tropieza con Podemos. Al punto, una fuerza folk se convierte en problema nacional. Solo falta que aparezca -cosa muy probable- un partido de derecha radical para finiquitar la sobriedad y espíritu pactista gestado, con esfuerzo, mediados los setenta del siglo XX. Constituye pura y simplemente el típico aldabonazo electoral sin estimar consecuencias a medio plazo.
Ni PP ni PSOE comprenden nada. A los votantes del PP les mueve un proyecto ideológico porque para ellos -gente de clase media  con escasos problemas económicos- la crisis es considerable pero no prioritaria. Anteponen principios éticos y valores sociales. Por el contrario, el partido se nutre de desideologización y concentra su empeño en protagonizar un imposible: acabar con la penuria. Tienen las elecciones perdidas. El PSOE, por su parte, desea nutrirse de doctrina cuando su electorado anhela soluciones económicas ya. Equivoca el camino de revivir algo semejante al Frente Popular. No acierta en la estrategia. Asimismo, tampoco él ganará las elecciones. Enfilamos hacia la italianización del país y, como se actúe neciamente, a intentos totalitarios de consecuencias nada tranquilizadoras.
Estoy convencido de que San Expedito, en estos casos, hará oídos sordos. De donde retirará in aeternum su mano virtuosa es del requerimiento perpetrado por juristas de ANC (Asamblea Nacional Catalana). Según ellos, una Cataluña independiente no se haría cargo de la deuda nacional que les correspondiera. A cambio, exigen el dieciséis por ciento del valor total de España. Es decir, reniegan del pasivo pero reclaman el activo. Que San Expedito y el gobierno, en su caso, les compensen con vales o cupones.
 



 

viernes, 4 de julio de 2014

FUERA DE ESPACIO Y DE TIEMPO


Debido seguramente a una deformación profesional, procuro como labor primigenia clarificar conceptos. El DRAE, en su tercera acepción, señala que santón es “persona, entrada en años por lo común, muy autorizada o muy influyente en una colectividad determinada”. Para mí, carecen de atributos loables pero les suscribo cierta capacidad de predominio. Al punto, advierto a estos santones políticos y mediáticos -tan agitados y rastreros tras la sorprendente acogida de Podemos- que no pertenezco a partido alguno. Tampoco formo parte de la élite sindical, patronal o financiera. Soy un escéptico docente jubilado que procura evaluar escenarios y personajes. Alejado de los dogmas, oculto mis ideas porque diferentes lectores, sin que yo pueda evitarlo, me adscribirán a su antojo. Imagino que ninguno acertará, pero esto es otro tema.

Quiero manifestar -ya lo hice en un artículo anterior- mi sintonía con el análisis que realiza Pablo Iglesias de la situación a que nos han llevado nuestros próceres. Cautivo de la misma firmeza, yo hubiera suavizado las formas. Discrepo en el tratamiento propuesto. Le descubro unas extraordinarias dotes para el púlpito, para conquistar una numerosa grey o feligresía, con la carga dogmática que ello implica. Ignora, no obstante, o no ha sopesado lo suficiente, las leyes que rigen la dinámica de masas -amén de poderes- en diferentes espacios y tiempos.

Como primera providencia, equivocó el caldo de cultivo a cuyo contenido acomodara su praxis revolucionaria. Al igual que una metodología específica jamás puede servir de refugio a distintos educandos, tampoco tienen demasiada aplicación general prácticas revolucionarias ejecutadas, con éxito, en puntos concretos. Los países emergentes, eufemismo que oculta el atraso del tercer mundo, ofrecen amplias posibilidades. Incluso para el experimento subversivo. Solo arrastran un dilema: la dificultad de extrapolar métodos y resultados a otras naciones sin conexión antropológica. En un mundo globalizado, la crisis y la miseria dinamizan el hastío hacia la clase dominante. Por el contrario, favorece con matices el triunfo de quienes -real o arteramente- alientan la revolución en su más amplia acepción.

España, que vivió días de vino y rosas tiempo atrás, se encuentra desahuciada. Sin embargo, considero inverosímil que pudiera prevalecer una revuelta marxista a fin de sustituir una economía liberal por otra planificada. Incluso procuran enmascarar estos proyectos totalitarios (venidos del castrismo o chavismo) facturándolos con la reseña “made in” democracias formales. Podemos, junto a su líder mediático, persigue sin ningún freno tomar el poder. Imaginan que nuestro país les ofrece alguna posibilidad. Aciertan, siguiendo las enseñanzas bolivarianas (nueva cara del leninismo en el siglo XXI), cuando analizan los equívocos que han ido minando la vertebración social. Yerran, empero, al obviar las circunstancias.

Sí, esta piel de toro, está madura; igual que lo estaba hace cien años y doscientos. Siempre se mantuvo proclive a cualquier lance por arriesgado que fuera. Dos siglos de Historia así lo certifican. Los políticos, antaño y hogaño, han gobernado de espaldas al pueblo cuando no abiertamente contra sus intereses. Es una constante. Ahora, la coyuntura mundial y dos ejecutivos para olvidar -los liderados por Zapatero y Rajoy- han traído una crisis económica terrible. Si a esto le añadimos el grave jeroglífico institucional propuesto por Cataluña y País Vasco, amén de la desvertebración social provocada, cualquier intrigante consideraría haber encontrado el momento ideal.

Pablo Iglesias conoce la incultura general -y política en particular- que atenaza a los españoles. Por eso pone al descubierto aberrantes fallos de los, hoy, colegas (así le emplazó el italiano presidente interino del Parlamento Europeo). Además, promueve sugerentes, imprecisos y huecos gestos aprovechando todas las plataformas a su alcance. Tiene prisa por atesorar gran cantidad de acólitos en quienes sublimar sus dogmas populistas y demagogos. Me interesa su discurso como analista político aunque todavía no le haya oído proponer ninguna salida realista, razonable. Eso sí, le sobran quimeras. A lo peor son conejos ocultos en una chistera cada vez menos mágica.

Sin duda tiene un estupendo bagaje teorético; domina la oratoria y el tratamiento audiovisual. Pese al esfuerzo, la coherencia deja mucho que desear y, poco a poco, quedan al descubierto infinidad de embrollos, así como una actitud intolerante e iracunda. Quien limita su estrategia vertebral a las maduras, ha de soportar con flema las duras. Si le oponemos el hecho inmutable de que estamos insertos en la Unión Europea, OTAN y otras instituciones supranacionales, hemos de concluir que esa revolución sugerida es un bello brindis al sol. El siglo XXI y el espacio euro-occidental determinan que sus formulaciones económicas solo serían viables con un régimen totalitario. Asimismo, observamos que estos regímenes no aseguran el bienestar de la población pero si cercenan la libertad individual. Mi lucha se centra en la erradicación de la miseria y de la corrupción, pero no descansaría hasta anular la falta total de libertad.

 

 

jueves, 3 de julio de 2014

BENICALAP: LA DERROTA DE LA PALABRA


Al fin. El poder vence, que no convence. Cuando en una democracia se impone la fuerza al discurso, este se fortalece al tiempo que aquella se debilita. Por supuesto, la democracia queda convertida en mero instrumento al servicio de una élite.

Benicalap, barrio olvidado desde hace años, constituido -a ojos del Ayuntamiento- por una sumisa casta de intocables, carece de las dotaciones mínimas. Deficiente en colegios, instalaciones deportivas, culturales y de ocio, se esfuerza por acomodarse a las que están lejanas o son insuficientes: sanidad y transporte público.

Hoy, siendo alcaldesa Rita Barberá, delegado del gobierno Joaquín Castellano y presidente de Casa Caridad Antonio Casanova, se han reiniciado las obras al amparo, desproporcionado por el número, de policía nacional y local. Persisten en el error. Benicalap, respetando barriadas y circunstancias especiales, no es Gamonal ni Can Vies. Le sobran motivos, pero también estética en el estilo y fe en la razón. Estoy convencido de que tal escenario lo presagiaban tanto responsables políticos cuanto adláteres necesarios.

Poco se puede apelar ya. Quedan reducidos caminos para encauzar esa meta propuesta. En este país donde la equidad del poderoso escasea, la sociedad se inhibe y la justicia cojea, queda como pobre consuelo -y sin ánimo de ofender- aquella paremia popular, restauradora, justiciera: “A cada cerdo le llega su San Martín” o esta otra más ortodoxa pero menos perceptible y plástica: “Al freír será el reír”.

Sí, construirán el complejo por las bravas a falta de transparencia. Pareciera que les subyuga un prurito en vez del tiento. ¿Acaso pretenden echar un pulso? ¿A quién? Ya, a sus demonios de momento; a una incógnita con el tiempo.

martes, 1 de julio de 2014

REFLEXIONES EN TORNO AL MACROPROYECTO DE CASA CARIDAD


Las cosas, a veces, no son lo que pareen. Hoy, hablar de idealismo y de servicio a los demás, salvo casos sublimes, se convierte en reclamo contemporizador cuando no lucrativo. Según resulte el desarrollo de los acontecimientos, es necesario -para evitar errores, así como confusión interesada de vocablos, mensajes y normas- deslindar conceptos. Prebostes adscritos a todas las siglas e instituciones administran la maraña entre ser y ente. Faltos de diferencias precisas, este se vislumbra imperecedero, inmutable, benéfico. Aquel se descubre contingente; configura una sustancia putrefacta, viciada. Para Heidegger, ser es tiempo porque las cosas que son no permanecen sino que se dan en un horizonte temporal. Por tanto, puesto que el acaecer supone mejora o deterioro, todo ser está sujeto por igual a la dicotomía bondad-maldad.

Centrándonos en el debate que nos ocupa y utilizando un lenguaje coloquial, altruismo, solidaridad, templanza, incluso justicia social pueden juzgarse entes, principios intachables. Gobierno, Cruz Roja, Casa Caridad, etc., a su vez, alcanzan la consideración de seres, instituciones, cuya encarnadura -contingencialidad- viene determinada por sus correspondientes gobiernos o juntas directivas. Todos ellos atesoran luces y sombras. Mientras existen, unos y otros despliegan comportamientos generosos, loables, para renegar (en circunstancias distintas) de tales probidades y tropezar con los excesos más repugnantes. Quienes representan las instituciones mencionadas, a lo largo de los tiempos, son protagonistas exclusivos de elogios o reproches.   

Los gobiernos abarcan varios siglos de existencia, sin que tal coyuntura añada ningún plus de pedigrí benefactor. No tiene el porqué. Es más, en las últimas legislaturas no han desarrollado un ápice de justicia social, menos una actividad filántropa. Estamos hablando de exigencia no de voluntarismo caritativo o escrúpulo humano. Cruz Roja lleva siglo y medio de vida realizando una labor humanitaria impagable. Sin embargo, tuvo en Carmen Mestre una presidencia onerosa y nefasta. Constituye la iniquidad temporal reseñada. 

Casa Caridad, como ente, tiene el prestigio, la consideración, que sus principios le trasfieren; como ser, lleva un siglo ganándose el reconocimiento de los valencianos. Sucesivas directivas, hasta ahora, han establecido una correspondencia plena entre preceptos y realizaciones. La directiva actual se encuentra en una encrucijada compleja. Sólo ella conoce los pormenores para adoptar una u otra medida ante el dilema que se le plantea. De su fallo depende la suma o sustracción de méritos. El tiempo aclarará si este proyecto de Benicalap, fuertemente censurado por la barriada, oculta o no una especulación inmobiliaria opuesta a los principios gestores de tan añeja y encomiada ONG.

Sospecho que la celeridad e improvisación del Ayuntamiento obedecen a razones políticas, aun económicas. La fanfarria que acompaña al proyecto dista mucho de la discreción que exige la propia doctrina eclesiástica. Que tu mano izquierda, dice, no sepa lo que da la derecha. Claro, la Biblia se refiere a las extremidades y no a las posiciones doctrinales. A mayor inri, su regidora se permite el lujo de recriminar a aquellos vecinos que luchan por un barrio expedito. Los acusa, al menos, de inhumanos e insolidarios. Ignoro qué o quién le concede el derecho de etiquetar a unos contribuyentes que se sienten inquietos por el hábitat en que han de vivir ellos y sus hijos.

Señores gobernantes, dejen de mirar a otro lado cuando inquieran la razón del desapego a la clase política. Sin más, entonen el mea culpa. Por si no se han dado cuenta, están lanzando piedras a su propio tejado.

 

 

 

viernes, 27 de junio de 2014

UN CANTO A LA NECEDAD O EL TONTO SOY YO


Recuerdo con cierta inmediatez -a pesar del tiempo transcurrido- el programa de TVE donde Franz Johan y Gustavo Re, dirigidos por Artur Kaps, referían rarezas del momento. Finalizaban invariablemente con la expresión: “el tonto soy yo”. Corrían los albores del decenio revolucionario. De forma desenfadada, jocosa, hiperbólica, ponían en solfa hechos y personajes de actualidad. No me extrañaría que la imaginación configurara una realidad aciaga. Hasta es posible que el dúo diseñase testimonios agridulces con envoltorio para regalo. Eran tiempos de austeridad intelectiva porque importaba atesorar bendiciones institucionales.
Hoy, no sé si con maneras diferentes o trucadas, aquel protagonismo lo acaparan políticos y medios. Remedando aquella habla particular de Johan divulgan mensajes insólitos. Les falta el estilo alegre, zumbón, de los viejos comediantes. Toscos, suelen recurrir al populismo. Avistan en él la piedra filosofal, venero de réditos colosales. Exhiben desparpajo pero les falta algunos dedos para llegar a la “marca” (magnitud que determina atributos sustantivos de asnos y équidos semejantes). Además de las diferencias formales, existen profundas discrepancias -léase divergencias- cuanto a contenidos se refiere. Aquellos, procuraban entretenimiento en la verdad. Estos, tedio en la falacia. Aquellos, nos trataban con deferencia buscando la reacción inteligente. Estos, potencian nuestra indignación al insinuar con su proceder que ostentamos unas “tragaderas” gigantescas.
Sólo con advertir las últimas noticias disponemos de material sobrante para constatar qué opinión les merece a nuestros prebostes la sociedad española. Evidencian una rotunda certidumbre sobre las entendederas de los que contribuimos a su bienestar; asimismo a  sus obtusas especulaciones. Nosotros desempeñamos, a mayor gloria, el papel de meretriz indulgente que encima paga la cama. Ellos se decantan por el travestismo farsante cuyo eficaz logro ha sido transformar, tras cuatro décadas, un país esperanzado en la Casa de tócame Roque. Más por el aspecto feo, desaliñado, sin valores, que por la imagen ruinosa, tampoco desdeñable.
Esta conspiración de necios, rasgo real o consentido, la abre el señor Montoro con sus comentarios sobre la Reforma Fiscal. Exclama: “Bajar los impuestos no implica disminuir la recaudación porque aumentará el número de cotizantes. Además se reavivará la economía”. ¿Por qué los sube, pues, desde el minuto cero? ¿Se recauda mayor cantidad o no, tras anunciar que el ciudadano se embolsará unos tres mil millones de euros? ¿Acaso son ganas de tocar los dídimos? ¿Nos toma, asimismo, por descerebrados? Ante semejante papelón y la evidencia de que -pasadas las elecciones europeas- no se ha enterado de nada, me tomo la libertad de poner en su boca el tópico y famoso latiguillo: “El tonto soy yo”.
Sospecho que el amable lector estará de acuerdo conmigo si volteo el proverbio. Quedaría así: “En mi casa cuecen habas y en todas partes a calderadas”. Empleé como paradigma la expresión curiosa del ministro de Hacienda, sobre todo por el efecto económico y emocional (cabreo infinito) que provocó subiendo los impuestos, para ahora venir con estas. Al mismo ritmo baila también Cándido Méndez cuando afirma ufano que la fiscalía y la Guardia Civil “no son independientes”. Resulta, según él, que las mordidas en los cursos formativos dados por UGT se deben a que fiscalía y Guardia Civil obedecen al gobierno. Además de una acusación insustancial, el señor Méndez exhibe una jeta descomunal. Similar a la de aquella ministra “antes partía que doblá” imputada y que dice dejar la vicepresidencia del Banco Europeo de Inversión (decenas de mil euros mensuales) por el acoso del PP.
El PSOE, para congraciarse con su grey republicana, da un paso atrás a la hora de votar una consensuada Ley de Aforamiento para el rey abdicado y otras personas próximas. Unos cuantos prebostes, entre ellos el señor Montoro  ponen sus ingresos a resguardo de SICAVs (Sociedades de Inversión de Capital Variable, constituidas por cantidades superiores a dos millones cuatrocientos mil euros) para cotizar al fisco el uno por ciento. La medida -evasiva de impuestos- es legal pero poco ejemplar. Irrita, ante todo, que el ministro de Hacienda, tan resolutivo con los demás, adopte una postura laxa y no dimita. Como particular puede hacer lo que le dé la gana. Como ministro, tal actitud es una inmoralidad; mayor aún teniendo en cuenta la crisis que sufre el pueblo español, a años luz de las SICAVs.
Mención aparte merecen los medios de comunicación. Con excepciones, renuncian a su inicial labor correctora, imprescindible en una democracia indivisa, para contribuir (olvidando la génesis deontológica) al estado inicuo que nos atenaza. Es indudable que la ambición o el prurito de un predicamento alquilado insensibilizan los más nobles y leales sentimientos.
Sí, prácticamente todo el arco parlamentario nos toma por torpes. Se perciben u oyen cosas que superan toda lógica. El absurdo se materializa por boca de esta panda que practica una impunidad total en dichos y hechos. Realizan, sin determinar el grado de consciencia, parecidos sketch a los del afamado programa televisivo. Aquellos seguían el guión y clamaban “el tonto soy yo”. Estos, por el contrario, improvisan cual actores olvidadizos y murmuran “los tontos son ellos”. Esperemos que pronto se den cuenta de su error.
 
 

miércoles, 25 de junio de 2014

LOOR A UN BENICALAP UNIDO Y CÍVICO


Vaya por delante mi aversión a la guerra de cifras y a la réplica de epítetos falaces, inmoderados e injustos. Si algunos medios o instituciones caen en esa orfandad documental, a ellos compete dar cuenta de tal frivolidad -quizá dividendo- y pagar su correspondiente peaje.

El tema se pone caliente. Tanto que la asociación de vecinos de Botànic, agotadas las sutilezas terrenales, recurre a una apremiante intervención sobrehumana. En epístola personal al señor arzobispo de Valencia, le exhortan a que imponga su autoridad a los párrocos de Benicalap para cambiar la actitud “inhumana, incívica y anticristiana de la zona” (sic). Sin proponérselo, brindan el mejor argumento para conformar una oposición firme. Nadie mejor que ellos conoce la problemática real. Imaginemos el impacto de un Centro a cuya sombra los servicios actuales en Paseo de la Pechina son una mojiganga. Vierte, además, afirmaciones que pudieran considerarse injuriosas y calumniosas (ambas delito) cuando asevera con rotundidad que “por la fuerza y con coacción física” se cometen actos delictivos e incalificables desde el punto de vista moral, ético o religioso. Pidan a la policía los preceptivos informes de cualquier acto público en que haya intervenido la asociación-plataforma de Benicalap.

Estoy convencido de que Benicalap, ratificando la “talla moral” de ustedes y de cuyo usufructo en los demás dudan, les apoya fraternalmente en la ubicación actual de Casa Caridad. Si persiguen su desubicación definitiva, encima de poner en cuarentena bondades éticas y cristianas tan arraigadas, ignoro el origen de tanta malquerencia con aquella barriada ya bastante deprimida. Si no, ¿por qué tomar vela en entierro ajeno? Señor, que son molinos, no gigantes.

Ayer, unos mil quinientos convecinos recorrieron durante dos horas el barrio. Vi, por ejemplo, un matrimonio entrado en años. El señor empujaba una silla de ruedas que transportaba a una señora con evidentes deficiencias motoras. Bebés, niños, jóvenes, adultos y ancianos caminaban ilusionados, unidos. Un objetivo ocupaba sus mentes: impedir una mayor degradación del entorno. Desde luego, aquellos semblantes no retrataban a “pijos” ni cabía sospechar que, entre ellos, hubiera ninguno perteneciente a la élite financiera, política o sindical. Eran gentes curtidas por el trabajo. Pertenecían a diversas capas de clase media, cada vez más uniforme si no desaparecida.

Pese a informaciones que buscan el descrédito -no sólo de personas, pues todos encarnan al barrio- la actitud y comportamiento fueron de un civismo ejemplar. El momento álgido se esperaba en la confluencia del recorrido con la antigua asociación. Media docena de policías nacionales guardaban su puerta. Al pasar por delante, la manifestación aumentó los decibelios en algunos dígitos. Lejos de oírse frases o vocablos irreproducibles, un estrépito taurino atronó la calle: ¡fuera! ¡fuera! ¡fuera! Fue el desahogo natural, netamente español, como corresponde a nuestra idiosincrasia. Constituyó un grito unánime de rechazo al torero malo que, aparte de cobrar una pasta, deja al personal insatisfecho.

No puedo, ni quiero, terminar sin reconocer la profesionalidad y el denodado esfuerzo que desplegó la policía local y nacional -o viceversa- para que todo se desarrollara sin incidentes, como así ocurrió. Aunque no represento a nadie, gracias.

 

 

lunes, 23 de junio de 2014

BENICALAP: LAS COSAS CLARAS


Ocultismos pretéritos y obstinaciones presentes suelen alimentar los rumores. El proyecto de Centro Asistencial que se quiere ubicar en Benicalap, suscita fundadas sospechas. No ya entre los vecinos -incidencia directa- sino entre la población valenciana, desencantada con una Administración arbitraria.
Por los mentideros sociales toma cuerpo la idea de que, al amparo de tan generoso objetivo asistencial, emerge una espuria especulación económica. Según estos ecos, Casa Caridad (incrementando tareas más allá de la función primigenia) se traslada a un solar público de Benicalap; la obra cuestionada. En su asiento actual del Paseo de la Pechina se piensa construir un complejo hotelero. Es decir, gracias al trueque, el hotel se alzaría en suelo público. De llevarse a cabo, Casa Caridad será cómplice necesario del tejemaneje y el justo crédito adquirido en un siglo lo dilapidaría con celeridad.
Estoy convencido de que nadie se opone al proyecto total. Bastaría con que los intereses pudieran conciliarse sin menospreciar a un barrio bastante maltratado ya. No parece justo ni solidario -esa conducta que para algunos tiene un solo sentido- desnudar a un santo para vestir a otro, al decir del proverbio popular.
En beneficio del pueblo valenciano, pido a la Administración que vele por las personas y sea capaz de acoplar unos intereses con otros sin corroer el hábitat humano. Cronos pedirá responsabilidades

viernes, 20 de junio de 2014

DOS ANOTACIONES Y UNA PATRAÑA


El epígrafe, ribeteado, presenta cierto paralelismo con aquel memorable filme de Don Siegel “Dos mulas y una mujer”. No deseo ofrecer al amable lector insidia, retranca o doble lectura. Las mulas, por mi procedencia rural, me provocan debilidad y la mujer consideración, aun agradecimiento. Simplemente observo entrambos una consonancia digna de destacar. A lo que iba. Días pasados todos los medios pugnaban por ofrecer dos noticias y otra tercera que abandonaba tal concepto para convertirse en patraña inmunda. Voy a referir el curso de los hechos.

Permítaseme un inciso para reconocer, sin vanagloria, que mi interés por el futbol supera por poco una pizca de motivación patriótica. Nada más. En ocasiones, añado varias cucharadas de filias o fobias que mantienen un escaso atractivo; extraño al deleite forofo. La flema constituye el termómetro prolijo que indica mi nula fiebre futbolera. A lo sumo, conforma el pasatiempo preferido por su entraña ahorrativa y polémica. Este rasgo postrero induce a forzar el ingenio para rebatir argumentos enfrentados. Tal empeño mental vale la pena porque, inadvertidamente, nos enfrentamos al señor Alzheimer. Los años son una carga para otros duelos más placenteros.  

Por orden cronológico, la primera noticia se ceba inmisericorde con el espantoso partido que ofreció una selección nacional aciaga, rota. Si el pasado viernes, día trece, dio un espectáculo lamentable, calificar lo último con rigor pudiera resultar lesivo para oídos inocentes. Intuyo que mis modestos saberes sobre tácticas de juego, asimismo dotado de un estilo calmo y tolerante, prohíben que pueda protagonizar manifestaciones atrevidas, probablemente injustas. Sufrí, pese a lo dicho, un desengaño enorme porque tenía la íntima convicción (quizás vana esperanza) de que España levantaría el vuelo. Se impuso la cruda realidad cuando, a poco, vimos descoordinación, impotencia y agotamiento.

Minutos después Felipe VI ocupaba el trono. Algunos agoreros quisieron ver señales inequívocas del oráculo. Sabido es que superstición y fatalismo hacen mella en sociedades incultas. Sin embargo, los hados no son bifrontes ni ubicuos. Aquellos que pululaban por el estadio de Maracaná, vestidos de luto riguroso, no pudieron levantar acta notarial en el Parlamento español. Ignoro si se debe a peculiaridades autóctonas o son extravagancias aisladas, pero acostumbramos a confundir el culo con las témporas. Me preocupa este yerro porque llevamos siglos cometiéndolo. Nada hace sospechar que los nuevos reyes sufran aojamiento o hayan sido tocados por la bicha. El futuro aportará luz suficiente para comprobar si su reinado viene presidido por la ventura o el infortunio. Los inicios dan pie a un optimismo renovado y prudente. Delirante cualquier otro discurso, mi afirmación la emito en defensa propia; para acallar fiascos. Ahora escasean argumentos válidos a los que aferrarse para manifestar euforia.

 Me ocurre con la Corona lo contrario que con la Iglesia. La Historia constata que esta institución adolece de hoscos momentos que aún afloran. Como corporación, y debido a ello, le tengo nulo aprecio. Puedo, incluso, ser drástico en los apelativos; siempre sin menoscabo ni agresividad. Curas, frailes y monjas, salvo excepciones, estimulan mi complacencia porque acometen funciones sociales consagrando su  vida a tal ministerio. Con la institución monárquica acontece lo contrario. Los monarcas, sin distingos, y su entorno me producen indiferencia. No así la Corona que garantiza estabilidad y confianza. Precisa ser parlamentaria y transparente. Hemos visto con qué orden y sosiego termina un reinado para iniciar otro nuevo sin solución de continuidad.  ¿Hubiese ocurrido algo semejante en caso de una presidencia republicana? ¿Estaríamos tan calmosos? Aseguro que no. Una disyuntiva monarquía-república en este momento carece de sentido.

El insólito naufragio de nuestra selección y la investidura de un rey esperado, completan los dos apuntes. ¿Dónde está pues la fábula? Alternando con las informaciones anteriores -a la par- despuntaba esta otra: “El gobierno anunciará el viernes una bajada de impuestos”. Incluía la mención de tres mil millones de ahorro para el contribuyente en dos años. Planean bajar los tramos del IRPF, aumentar los mínimos personales y familiares junto a una bajada importante del Impuesto de Sociedades. Obviamente esta novedad es el reclamo electoral que se formula al imbécil de turno. Hace días, como preludio al anuncio formal -llevamos seis meses de cantinela- el gobernador del Banco de España pidió al gobierno una subida de impuestos porque se recaudaba poco. ¿Saben qué significa esto? Pues, aparte de un escarnio impertinente, incremento del déficit y de la deuda. En el fondo, tanto ruido sólo constituye una rebaja de lo elevado previamente. Preparémonos para el dos mil diecisiete, si todavía respiramos.

Esta caterva no aprende nada. Nada de nada; ni de lo inmediato. Veamos. Tras esas declaraciones cínicas: “tomamos nota” posteriores al veinticinco M, el PSOE corrobora la venda y el PP desempolva mentiras e insolencias. Recordemos que subidos los impuestos -hasta el ahogo- contra su aireado compromiso cuando eran oposición, se desgañitaron en afirmar que una legislatura duraba cuatro años. Ahora dicen cumplir la promesa bajando una parte de lo que previamente habían aumentado. Estos señores tan pertrechados y campanudos están dejando por bueno al mismísimo Zapatero. No vislumbro solución pues, a pesar de los tiempos nuevos que mencionaba el rey, seguimos caminando entre la farsa y la idiocia.

 

miércoles, 18 de junio de 2014

INQUIETUD Y CLAMOR EN BENICALAP


El pueblo español es suspicaz. Sin embargo, tal pulsión dista de ser connatural ni gratuita. Tampoco putativa. Se gesta y alimenta por siglos de oscurantismo, promesas incumplidas e infamia. Casi todo, en este país postrado, corresponde a un poder desleal, inmaduro, con vocación tiránica. A lo largo del devenir histórico (cuatro milenios) el individuo fue dueño de su destino -incluyendo clausuras- en contadas ocasiones, escasamente unas décadas. Democracia aquí tiene un significado diferente al que traducen naciones de nuestro entorno. Creo llegada la hora en que debamos exigir un trato respetuoso; propio de quien, según refrenda nuestra Constitución, es soberano.

Benicalap, barriada obrera casi enclaustrada, viene sufriendo tradicionalmente olvidos y marginaciones de una Administración local laxa. Huérfana, sin afectos, calla porque es humilde. Un breve repaso nos indica la inexistencia de dotaciones públicas que permitan cierta calidad de vida. La irrisoria red de transporte urbano la hace cerrada, sin horizontes, asfixiante. Tal escenario le marca un carácter endógeno, tribal, opuesto al aperturismo que demandan los nuevos tiempos.

Ahora (de tapadillo, con nocturnidad y alevosía) proyectan construir por mediación de Casa Caridad un complejo asistencial. Mentiras, verdades a medias y, sobre todo, ocultismo conforman el prólogo. Envuelto en una atmósfera vaga hemos de interpretar frases, gestos y contradicciones. Sabemos, más allá de conjeturas, que pretenden incorporar al Centro ex-convictos, así como -muy probablemente- toxicómanos en proceso de desintoxicación y rehabilitación. Estas noticias, conexas a tanto misterio y por tanto difíciles de rebatir, son la causa de tanta inquietud y la razón del clamor que se agiganta conforme el vecindario va advirtiendo los alcances. Voces gubernativas, insensibles o interesadas -entre tanto- confunden solidaridad y suspicacia.

Poco a poco madura la idea del terrible impacto que tan improvisado proyecto ocasionará en el hábitat humano. Convecinos y familiares, sin alardes, con sensatez, guardando escrupulosamente la ley -enfundados en ella- piensan luchar hasta el agotamiento para que hijos y nietos crezcan, se desarrollen, en un medio de paz y seguridad. Les impulsa su derecho; asimismo lo exige su obligación.

Por los mentideros se afirma la maniobra del equipo de gobierno municipal para trasladar Casa Caridad de su vieja ubicación en el Paseo de la Pechina. Tas el biombo de reforzar la imagen turística de Valencia parecen ocultarse opacos favores privativos poco dignos. Salvando ese escollo de priorizar oscuras intrigas sobre derechos individuales, no podría oponerse ningún objeción si, a renglón seguido, existiera un firme propósito de conciliar con justeza y justicia cargas e intereses sin acreedores ni deudores.

Sé que las asociaciones vecinales se financian mediante subsidios orgánicos. El círculo vicioso lo inicia la falta de alistamiento y aquellos, que les obligan a secundar la voz del amo, junto a gestiones arbitrarias, precipitan su defunción real. Son fósiles administrativos. Sólo así se explican vergonzosas pleitesías al estatus, mitigadas por acciones teatrales, anteriores o posteriores, que lavan una cara bastante sucia. No extrañe que el ciudadano, harto de tanta impostura, se organice en movimientos asamblearios, extraños a los modos clásicos; es decir, a las milongas.

Esperamos, y no es mayestático, que el PP municipal sepa corregir a tiempo el camino emprendido. No se puede degradar más un barrio deprimido e infradotado. Sobre su conciencia, y la de sus cómplices, caerá el peso de la inmoralidad amén de los acontecimientos lamentables que pudieran ocurrir a futuro.

No es un consuelo, pero Cronos descubrirá quién llevaba razón.

 

 

 

 

viernes, 13 de junio de 2014

QUÉ HACER


Con este título, en mil novecientos dos, Lenin divulgaba un ensayo para sintetizar las experiencias de los activistas rusos. Importaba el modelo del Partido Socialdemócrata Alemán a fin de conseguir la movilización obrera evitando el marco represivo del absolutismo zarista. Otros, como los partidarios del economicismo y Kautsky, defendían mejorar las condiciones de vida por medios pacíficos dentro del sistema capitalista. Eran los prolegómenos de la Revolución Rusa. Ansiaban consumar, aprovechando la situación, las teorías de Marx. A la postre, los instrumentos (dictadura del proletariado) se constituyeron en fines privativos.

Guerras y miseria modelaron un espíritu revolucionario que consiguió, antes de finalizar el primer conflicto mundial, derrocar al régimen zarista. Sacrificio y muerte reemplazaron un absolutismo medieval por una dictadura totalitaria. Millones de víctimas, represaliadas o hambrientas, y terror sin límite sirvieron para poco. Ocho décadas después todo se derrumbó como un castillo de naipes. Quedaba una Rusia mohosa, quebrada, casi indigente; errante tras aquella revolución vana. Los frutos de resultar elegida la estrategia de Kautsky forman parte de lo hipotético.

Tengo bastantes dudas sobre las revoluciones (que acrecento ahora) y detesto a ciertos revolucionarios. La Historia constata lo acertado de mi recelo. Acepto, admiro, la fe del individuo religioso. Sin embargo, personal y socialmente, estimo maligna la que incita al dogmatismo ciego. Ser libre eleva al hombre a un estadio superior. Para ello, hemos de ver con los ojos del raciocinio, de la lógica. Evitaremos así la locura del dogma que nos lleva irremisiblemente a la servidumbre intelectiva y al imperio tiránico.

Las revueltas distorsionan sistemas políticos pero no los modifican. Francia aniquila una monarquía absoluta para instaurar la democracia burguesa. Caminando por cualquier ciudad, se observa que los edificios de la nobleza, procedentes de épocas pretéritas, están ocupados por entidades financieras o instituciones públicas. ¿Es este el Tercer Estado? ¿Dónde reside el verdadero cambio? Algo semejante podría decirse de la Revolución Rusa; más sangrienta, más corta, más inmovilista y, sobre todo, menos rentable para la sociedad.

Días atrás, por puro azar, me topé con un curioso vídeo. Era una charla de Pablo Iglesias dirigida a la Asamblea Ciudadana de Valladolid. Detallaba en sesenta y cinco minutos la situación del país. Ajeno al populismo demagógico, yo hubiera suavizado las formas para coincidir con el contenido. No obstante, las circunstancias, sutilezas y conclusiones propuestas turban cualquier mente que se rija por la cordura. Inquietantes eran, excusadas tras una máscara de aspecto virtuoso y democrático, las resonancias totalitarias que emanaban sus palabras. Aconsejo verlo porque la información nos lleva al conocimiento y al cotejo.

Inmerso en una atmósfera entusiasta, subyugado el auditorio, esparciendo frases, vicios sociales (antropológicos) y conceptos sui géneris, se despachó a gusto con la especie política nativa y foránea. Adherido a la loa personal, exhibía aureola de demócrata empedernido, insaciable, casi justiciero. Un público libre de prejuicios hubiera expuesto la incoherencia del personaje pero mostró unas tragaderas sorprendentes, infinitas. Sus iniciativas económicas se sustentaban en tres pilares: renta básica universal, subida proporcional de impuestos y nacionalizaciones. Semejante marco nos llevaría enseguida a codearnos con las naciones más deprimidas del tercer mundo.

Con todo, donde se agudiza el cataclismo es en los objetivos políticos, sus remedios. Propone la Unidad Popular para alcanzar el Poder de la gente; es decir, la dictadura del proletariado. Afirma que la victoria no tiene nada que ver con identidades, demostrando una alarmante dieta doctrinal. Afirma, sin ambages, que la política no es tener razón sino éxito. Confiesa que no quiere ganar tres a dos; pretende imponerse a todos para no tener enemigos. Así califica a los antagonistas. La muestra, junto a la amortización institucional que predica, despide un tufo totalitario evidente.

Mi imaginación, oyendo aquel mensaje trasnochado pleno de borrachera revolucionaria, me llevó a los discursos del burgués Lenin. Este prometía paz y pan, ansiados por el pueblo ruso. Luego trajo horror. Iglesias brinda una renta básica, que persigue el pueblo español. Ignoro qué depararía el futuro si ocupara el gobierno, en este caso. Hitler, por su parte, impulsó el honor alemán -algo ajado tras el Tratado de Versalles- para hacerse con el poder democráticamente. No creo preciso concretar la crueldad del dogmatismo nazi, idéntico al marxista. Me incomodan quienes, a cada momento, utilizan la expresión “los que somos demócratas” como columna vertebral de su discurso. Llego al clímax si, a renglón seguido, dicen que democracia es sinónimo de fraude.

El escenario actual tranquiliza, me aporta confianza. Estamos en el siglo XXI, formamos parte de una Comunidad Europea y el mundo funciona globalizado. Conjeturo improbable el triunfo de  cualquier aventura que quiera fraguar un túnel del tiempo. La pregunta, asimismo, deviene actual. ¿Qué hacer? Desde mi punto de vista, no conviene embarcarse en empresas salvadoras de resultados infaustos más que confusos. Desde luego, resultaría oneroso soportar indefinidamente a estos políticos que han traído la corrupción, cimentado un sistema sin valores (sin justicia libre e independiente) y donde las leyes se incumplen con impunidad por la élite poderosa. Mi consejo recomienda la abstención para deslegitimar tanta indigencia e impostura pervertidoras del sistema. Queremos políticos eficaces -estadistas- cuyos desvelos busquen el bien común; no que vivan encelados en luchas fratricidas o arrebatados por intereses espurios. Demos un sí a las Instituciones y rechacemos a quienes las ocupan de momento.

 

 

viernes, 6 de junio de 2014

MONARQUÍA, REPÚBLICA Y DEMOCRACIA


El imprevisto anuncio sobre la abdicación real, ha levantado una gran polémica instigada por partidos radicales de izquierda. Pese al terco fomento, sólo a un exiguo porcentaje parece preocuparle qué forma de Estado se den los españoles. Eso confirman,  al menos, las postreras prospecciones del CIS. Cualquier país sensato, maduro, con lustre democrático, en las actuales circunstancias haría  supremos esfuerzos por mitigar los efectos de la crisis. Ninguna sociedad puede alcanzar cotas de bienestar si la mitad de su población joven está desempleada. Tal marco impide que se puedan constituir nuevos núcleos familiares cuyo arranque afecta al índice de natalidad, excesivamente bajo. Las secuelas se acentuarán en un futuro inmediato. La irrupción de estos estadistas produce un cisma social y frena probables concurrencias contra el marco financiero que sobrellevamos. Oportunidad para ellos no es sinónimo de virtud. Puede que tampoco lo sea mesura. ¿A quién dicen servir semejantes redentores? Discriminen entre decires, procederes y proyectos viables, no delirantes aunque suenen bien al oído.

Este conflicto, agigantado por la ausencia de motor económico que cree riqueza para intensificar el consumo interno y satisfacer la inmensa deuda, sintetiza o debiera los quebrantos de nuestro pueblo. Sin embargo, políticos dogmáticos con modesta influencia buscan una escisión egoísta. Precisan sembrar en la mente colectiva semillas de divergencia -de disputa- abonadas con el culto al paladín (distintivo de la izquierda rancia) e irrigadas por copiosos fraudes. Argumentos tan atractivos como falsarios contienen propuestas extemporáneas. Suelen envolverlas, buscando una difusión eficaz, con eslóganes pegadizos. Sugieren a bote pronto, por ejemplo,  monarquía o democracia como disyuntiva pertinente. Atribuyen una implicación tácita entre esta y república; similar a la que entrañan velocidad y tocino. Asimismo, implica otra repugnante maña manipuladora usual en pretéritos regímenes nazis. Lógico.  

Atreverse a asemejar república y democracia tiene un recorrido fugaz. Aludiendo a nuestro entorno europeo, Alemania y Francia son grandes países que ostentan sistemas republicanos. Inglaterra, Suecia y Dinamarca defienden sistemas monárquicos. ¿Acaso estos últimos están menos desarrollados o evidencian algún déficit democrático respecto a los primeros? La mentira, afirma un proverbio popular, tiene las patas cortas. Me sorprende que individuos presuntamente válidos, cabales, desarrollen tan bajas intenciones. Su vena ladina les permite cosechar éxitos inmediatos que a poco -una vez descubiertos señuelo y hojarasca- trasmutan en tremendo desafecto. Sufren el canon que pagan por tanta indecencia. Incluso en este país rústico, impasible pero contumaz, purga el yerro quien utilice la treta como soporte político.   

Decía Ortega y Gasset hace un siglo: “El problema no consiste en que estas o aquellas gentes se hayan revuelto contra la autoridad del Poder Público, sino en que, con tal motivo, hemos descubierto los españoles que el Estado carece de entidad positiva para hacer frente a las fuerzas disgregadoras”. Estas palabras constatan que llevamos cien años estancados. Cerca de cuarenta fueron insuficientes para desarrollar el artículo cincuenta y siete punto cinco de nuestra Constitución. Ahora, con urgencia y celeridad innecesarias, precipitadamente, se quiere reparar la negligencia. Partidos de izquierda (más o menos radicales) incluyendo sectores concretos del PSOE que no quieren abandonar la estrategia gestual, aprovechan tan oportuna ocasión para reabrir de forma corrosiva el debate monarquía-república. Tal contingencia pudo evitarse si este Poder astroso, materializado en un bipartidismo litigante, no hubiera consentido que el asunto se pudriera.

Dos incógnitas capitales hacen de España un territorio de ardua gestión y difícil equilibrio. La izquierda marxista (para diferenciarla del PSOE socialdemócrata con matices muy particulares) dicta aspectos y pautas democráticos como si fuera el venero exclusivo, su único padre. Historia y vivencia advierten de todo lo contrario. La derecha liberal, demócrata con pedigrí, ha perdido -quizás se haya dejado sustraer- crédito por un complejo absurdo. Resulta curioso, asimismo lamentable, que el abandono de posiciones propias sirva al contrincante de justificación y arraigo. ¿Desde cuándo la izquierda, menos de porte radical, es demócrata? ¿No hablan sus preceptos rectores de dictadura del proletariado para superar al capitalismo? Obsérvese qué alcance tienen las declaraciones de sus líderes españoles, en referencia tanto a sus objetivos políticos cuanto económicos. ¿Alguien cree que así saldremos del marasmo institucional o de la crisis? Hace un siglo que Alemania se sacudió la Liga Espartaquista de acomodo totalitario. En mil novecientos noventa y uno desapareció el Partido Comunista Italiano. El resto de partidos comunistas que perviven en la UE atesora una presencia testimonial tras haberse acoplado a las exigencias democráticas, al menos de palabra.

Los últimos días se distinguen por las constantes demandas de referéndum para elegir entre monarquía y república. Sin mencionarlo, un sector definido relaciona la primera con derecha ultra y la segunda con izquierda democrática. Pero  ¿con qué autoridad adjudica atributos tan privativos e influyentes?  Es prueba incontestable de lo que les importa la ética política y el bienestar general. Confirma esta sospecha la sinceridad y vigor que desprenden sus prédicas. Insisto, se atreven a proponer la alternativa monarquía o democracia pues… ¿quién desconoce desde hace cuatro décadas que son vocablos “antitéticos, divergentes”? Estos grupúsculos -igual que sus mayores, pese a tanta palabrería- conjeturan que somos idiotas. ¿Qué cambios suscriben? Hacen de falacia y medias verdades su Caballo de Troya. ¡Ah!, soy monárquico de cabeza y republicano de entraña. Termino con otro pensamiento de Ortega, útil consejo: “Piensen los españoles dotados de serenidad y reflexión si no es un crimen dejar en vano deslizarse los minutos, si no es un deber de suprema conciencia social estar prevenidos y juntos -lejos de toda carroña oficial- a fin de encauzar noblemente, humanamente, las iracundias de un pueblo desesperado”.

 

 

viernes, 30 de mayo de 2014

TIEMPOS DE ZOZOBRA


Vivimos tiempos de penuria novedosos para muchos, ya casi olvidados para los más. El tsunami provocado en la Unión Europea por unas elecciones de resultado cuanto menos sorprendente, está ocasionando nuevos dilemas. Ateniéndonos a un orden cronológico, se inician con la elección de cargos que deben completar el organigrama del Consejo. Sin embargo, tal trance -antaño ordinario- da paso a conflictos suscitados por un Parlamento heterogéneo en exceso. El aumento imparable de euroescépticos, junto a radicales de izquierda y derecha, indica la escasa confianza que ofrecen los políticos clásicos al ciudadano comunitario. Con todo, lo peor no es el escenario perfilado tras estos comicios. Según parece, triviales bagatelas siguen irrumpiendo los “desvelos” que atenazan a nuestros prebostes. Creen asir por gracia divina el viejo cetro imperial. Han perdido, todo lo confirma, capacidad adaptativa y ponen en grave riesgo su propia conveniencia.

Ahora nuestra seca y querida piel de toro necesita, como nunca, encontrar el derrotero atinado. Llevamos un decenio dando tumbos. Inseguros, beodos de dogma, saturados de barreras emotivas y mentales, caminamos medio a ciegas; ceguera inducida pero que aceptamos sin asperezas. A la intemperie, nos arrebujamos en una oquedad labrada a golpes de presunción, dejadez e ignorancia. Es injusto, pero proverbial, descargar la propia conciencia profiriendo reproches a diestra y siniestra. Configura otro vicio del español. Por este motivo pretendemos cambiar de regidor cuando quizás conviniera reformar el regido. Nunca hay un único culpable; lo acertado sería compartir responsabilidades. Políticos y pueblo, o viceversa, deben asumir la parte alícuota que les incumba y expiar por ella. 

Elaborar un relato gradual de hechos, vicisitudes y dirigentes que han traído el momento actual resultaría prolijo. Desde luego, no quiero absolver -tampoco minimizar- el protagonismo atribuible a la sociedad. Quien lea mis textos conoce perfectamente qué opinión me merece el contribuyente (antes ciudadano). Escrutaré la coyuntura inmediata sin obviar referencias pretéritas, cuyos efectos nos alcanzan hoy, ya que el devenir histórico niega la generación espontánea. Uno, para bien o para mal, deja su impronta. El hombre centra la mirada en lo próximo. Su ancestral apatía, probablemente desinterés extraño, le impide dilatar el foco de atención. Craso error individual y colectivo.

Diversas declaraciones tras la debacle europea, muestran que los señores del PP no han aprendido nada. Repiten mensajes equivalentes a consignas estratégicas. Dicen tomar nota pero los hechos niegan tal disposición. Se obcecan con la herencia ruinosa, con el marco económico -según ellos- en evidentes vías de enmienda. Se advierte el efecto hipnótico difundido por una cocina de alta calidad. A su pesar, paro, empobrecimiento y hartazgo anidan en la clase media. Olvidan, asimismo, que al pueblo español le importan (más allá de los gestos) la independencia judicial, el final de la corrupción y el cesarismo antidemocrático. Este tutelaje acarrea tan insólita realidad socialista; mañana le ocurrirá algo semejante al PP.  Qué papelón el de los clones Zapatero y Rajoy.

España sin un PSOE cohesionado -fiel a los principios genuinos de la socialdemocracia europea, libre de lastres decimonónicos- precipitaría su descomposición integral. Ello no implica que el marco actual nos aleje demasiado de ella. El partido se encuentra en una encrucijada espinosa. Sin cabeza perceptible y con pocas expectativas electorales, debe encontrar un secretario general capaz de conseguir el necesario pacto de estado para reparar los diversos frentes abiertos. Presumo que la cainita lucha abierta y los patrones que se ofrecen dejan sugerir exiguas perspectivas. Una consecuencia más imputable al césar Zapatero. No sólo arruinó a España sino a su partido. ¡Qué tropa, joder, qué tropa! en frase célebre del conde de Romanones.

Los nacionalismos vasco y catalán elevan la tensión cuando convendría encauzar esfuerzos en la lucha contra el paro. Nuestro gobierno, amén del país,  yace apagado pero se encuentra peor una sociedad exhausta que les pasará factura por tanto desprecio. Izquierda Unida y los partidos emergentes (excluyo a Podemos, exabrupto de la idiosincrasia española) acarician un papel destacado en el futuro inmediato. Dejando aparte personalismos onerosos, han de conducirse como atentos vigías de un bipartidismo quebradizo, incluso de un gobierno conjurado.

Analistas expertos, con pedigrí, señalan que los resultados electorales no son extrapolables. ¿Y las preferencias? Llevamos ya dos confrontaciones, al menos, en las que se observa un paulatino descenso de PP y PSOE. Entre tanto, aumentan los porcentajes de IU, UPyD y Ciudadanos. Siguiendo esta dinámica, únicamente aquellos partidos mayoritarios pueden gobernar con un pacto a dos. Se necesita, si no hubiese acuerdo, la unión de tres o cuatro siglas -nacionalistas o no- para logar una mayoría estable. Entraríamos en la italianización de España. Peor aún si ensayaran revivir el Frente Popular. Las consecuencias serían calamitosas para el país y para los partidos coaligados. Saquen conclusiones del tripartito catalán o del ansia de Zapatero por aislar al PP. El socialismo ahora se encuentra en un momento clave para el futuro. Es, debe ser, el partido -no otro- que motive nuestras zozobras. Quisiera permanecer optimista; no obstante, mi cabeza contiene los alientos de mi corazón.

lunes, 26 de mayo de 2014

MESIANISMO E IGNORANCIA


Los resultados de las elecciones europeas revelan, sin discusión posible, el desconcierto que encontramos en políticos y sociedad. Me parece alarmante el avance de euroescépticos junto a radicales de izquierda y derecha. Significa que liberales y socialdemócratas parecen incapaces de dar respuesta satisfactoria a los problemas que se ciernen sobre Europa. Inglaterra, Francia e Italia marcan la pauta hasta el punto de que Marina Le Pen -ganadora en el país galo-  ha pedido al presidente Hollande que disuelva la Asamblea Nacional y convoque elecciones anticipadas. Poco puede satisfacer, además, el índice de participación con una horquilla desde el diecisiete por ciento de Eslovaquia al noventa de Bélgica y Luxemburgo, países de voto obligatorio. La media supera apenas el cuarenta y tres por ciento. Pese a la gravísima coyuntura detectada, me reconforta comprobar que allende nuestras fronteras también encontramos gentes incultas capaces de vender su alma al primer salvapatrias.

¿Alguien concibe que la abstención carezca de lectura democrática? Desde un punto de vista estricto, si superara el cincuenta por ciento (Eslovaquia entre otros muchos) cualquier resultado quedaría ilegitimado. Jamás estas consultas alcanzaron un porcentaje legitimador. Por consiguiente, sus efectos debieran ser nulos, incluyendo las actas de eurodiputado. Me temo que nadie, ni tan siquiera purista, haya renunciado nunca. Tampoco espero que lo haga en esta ocasión. Solemos exigir talante democrático al rival. Para nosotros rigen otras normas menos severas. Semejante proceder potencia asimismo la adopción de posturas radicales. El político, empero, siempre encuentra salida aunque sea confusa. Se impone, por el contrario, generar una conciencia europea positiva, gratificante, fructífera. El Parlamento debe acercarse al ciudadano y hacer autocrítica. Ahora percibimos una institución onerosa, lejana, agria; un dragón voraz al que decapitar. Esperamos claridad en lugar de oscurantismo.

Ciñéndonos a España, las primeras declaraciones constatan una divergencia insalvable entre prebostes y sociedad. Unos por no asimilar el curso de los acontecimientos, otros por pavoneo (aun prepotencia), deduzco que el día de ayer fue un trámite caro amén de superfluo. Sin embargo, mantuvimos cierto nivel de normalidad a pesar del millón doscientos cincuenta mil votantes que dieron su confianza a Podemos; partido que empieza y termina con un líder populista sin ningún bagaje. Se ha configurado como reformista utópico de fácil verbo y escaso realismo, aparte gestos embriagadores. Personifica el mesías adecuado para dogmáticos recalcitrantes. Pese al desencanto y a su inmensa habilidad mediática, lo considero flor de un día; sin futuro. Mejor inclinarse por la abstención que suscribir incursiones florales.

Tertulianos de diferente pelaje y visceralidad siguen anclados en terminologías inexactas y caducas. ¿Puede alguien indicarme dónde se encuentra la extrema derecha, connatural al fascismo, o la extrema izquierda identificada con el totalitarismo? ¿Acaso ignoran que ambos “ismos” fueron exclusivos de una época y circunstancias, en la práctica, irrepetibles? ¿Qué les impele a vivificar connotaciones que incitan al rencor, cuando no a la beligerancia? Observo la inercia y ligereza con que aplican estos vocablos sin evaluar su efecto en el ánimo social. A algunos se les adivina una rotunda pretensión de choque cuando más necesitamos el concierto.

Hoy, insisto, existen doctrinas radicales -a ambos lados del centro- que se alimentan de esta crisis angustiosa y cuya salida escapa a PP y PSOE. Uno y otro, imbricados a lo largo de treinta años, dilapidaron crédito y confianza. Con Felipe González, el socialismo llegó a doscientos dos diputados. Ahora conserva sólo ciento diez. Ayer perdieron dos millones y medio de votos y nueve eurodiputados. ¿Casualidad? No. Consecuencia. El PP pierde más votos pero únicamente ocho representantes. Pese al fracaso, se siente satisfecho porque malogra un europarlamentario menos. ¿Podemos hacer con estos mimbres muchos cestos? ¿Creen capaces a estos señores de liderar el cambio imperativo? Yo, no.

Analizar tan calamitosos resultados patrios de ayer resulta fácil si aplicamos un ápice de sentido común. Los votos negados al PSOE, en su mayor parte, saciaron a IU, UPyD y Podemos (un partido catalizado por la vorágine del momento). Salvo quinientos mil trasvasados a Vox y Cs, el PP tuvo un electorado fiel y decidió abstenerse. Vox fue tildada de ultraderechista por bastantes tertulianos de orientación pepera. Tan injusto apelativo y el apagón mediático favorecieron los adversos resultados. Veremos qué ocurre en próximos compromisos autonómicos y nacionales. Temo un desastre para el PP porque sus dirigentes se muestran bastante romos. Óiganlos tras la debacle electoral. Podemos e IU no tienen cabida en un marco capitalista. Esta se mantendrá por romanticismo histórico, pero aquel sucumbirá por un decisivo episodio cardio-respiratorio. La demagogia estridente suele encerrar poca salud. Si alguna sigla de las llamadas parlamentarias pactara con ellos, padecería idéntico final. Cuidado. Las alegrías no acostumbran a ser buenas consejeras.

El pueblo (inerme, desesperado, inculto) busca salvadores, mesías. Diluir el voto sirve de poco. Lo conveniente es abstenerse para concienciar a los políticos prudentes o quebrar el sistema si se empecinan en ubicarse de espaldas a la sociedad. Un PSOE medio descompuesto, indispensable, debe buscar el recto camino. Se juega su subsistencia y la paz de los españoles. Le caben dos posibilidades: recrear el Frente Popular o pactar con el PP un cambio sustancial para fortalecer la democracia, la independencia judicial y arrostrar el final de aventureros y corruptos. Es decir, promover el bien social sobre cualquier otro particular o partidario. Julio y suerte.

 

viernes, 23 de mayo de 2014

UNA CAMPAÑA DE ANDAR POR CASA


Ignoro si ustedes tienen el mismo concepto, pero la expresión “de andar por casa” significa apatía, desaseo (personal y moral), propio de personas indolentes, ineptas y torpes. Quizás ladinos zascandiles enemigos de la estética, incluso de la ética. Deben conocer a fondo la materia prima que trabajan. Tras casi cuarenta años, han forjado una sociedad a su imagen y semejanza. El individuo, mantenía Rousseau, es bueno por naturaleza. Los políticos se computan, sin duda, por vías incompatibles con lo humano. Comúnmente se dice que cada pueblo tiene los gobernantes merecidos. No obstante, vislumbro que una comunidad exhibe los atributos que aquellos quieran configurarle; siempre doblegados a su voraz ambición. Es víctima incauta de un miserable estilo. Así han conseguido esta sociedad nuestra que se mueve a la contra, emponzoñada de rencor.

La campaña electoral, por suerte en sus postreros coletazos, evidencia un ínfimo nivel. PP y PSOE han debido convenir el acuerdo tácito de insultar cada día al auditorio mediático. Quienes acuden a los mítines aguardan -sin duda- triviales argumentos, aun sospechando que pervertirán su mente. Asimismo, cualquier interviniente sabe qué mensaje quiere escuchar la muchedumbre sometida al dogma. Se inspira el delirio mediante una transacción recíproca, palpándose cierto efectismo histriónico. Aquellos que sufrimos extracto de telediario o sugerencia de tertulia a corazón abierto, somos sacrificados en el ara para enjugar tanta necedad. Asemeja un virus maldito e inevitable.

El carácter ecléctico me impide asistir a mítines. Además, mi inveterado escepticismo y la experiencia acumulada estos años me fuerzan a desestimar todo programa electoral. Tramoyas e incumplimientos bastan para fortalecer el camino elegido. Alguien, seguramente interesado, tachará tal percepción de iconoclasta y excesiva. ¿Acaso el ciudadano (ahora contribuyente) ha de comulgar siempre con ruedas de molino? ¿Desde cuándo las etiquetas reemplazan -o lo intentan- al individuo? ¿Qué sucede con prebostes que distribuyen soflamas mientras arrasan los caudales públicos en nombre del bien general? Un silencio cómplice, si no una aquiescencia inmoral, se adueña de la casta. Entre tanto, esta sociedad inmadura, infecta, dormita –seguramente vela- al cobijo calamitoso de su idiocia.

Cualquier campaña electoral, y espero que coincidan conmigo, muestra la misma obcecación. Unos y otros se resisten a conferirle un mínimo de cordura. Deberían darle un matiz preciso, concreto, según se trate del Parlamento nacional, autonómico o europeo. Pero no; ellos únicamente especulan con el lastre dogmático del elector. Olvidan, a propósito, la minoría censora, informada, que tasan exigua. Esta “inteligencia” (dicho sin encomio) esquiva todo debate político para entonar con el resto. A la sombra de esa inmensidad anodina levanta el político su fortuna ruin, pero escarnece gravemente el sistema.

PP, PSOE e IU, sobre todo, pelean por atribuir etiquetas desmedidas, falsas, al rival de turno. Convierten la campaña en una competición de excesos. Apetecen acicalar sus vitrinas con el trofeo otorgado a la frase inaudita, ocurrente, eficaz, aunque esté huérfana de crédito y oportunidad. Observamos cómo quien más, quien menos, persigue sumergirse en el absurdo si ello le va a propiciar réditos electorales. Sacrifican lógica y estilo para conseguir un escaño. Nada importa el invocado bien común, pues se considera delirio exclusivo de idealistas irredentos. Estos cavernarios políticos nuestros se afanan por usura personal, amén de cultivar el nepotismo con notoria indecencia.

Incluyendo la precampaña, ha faltado escuchar -en las siglas mayoritarias, al menos- una sola propuesta referida a Europa. Machismo contra logros económicos fueron los ingredientes utilizados para acompasar superchería e inconsciencia. Rebasan el ultraje. Proceden como si fuéramos imbéciles y, a lo peor, les sobran motivaciones. A pesar de hallarnos ante un mal general, estoy convencido de que España es diferente; nos llevamos la palma. Los países de nuestro entorno objetarían tanta desfachatez. Autobús y bocadillo conllevan el desprecio a la agudeza. Consiguen una congregación lanar predispuesta a dejarse seducir por hábiles cantamañanas. Cada vez que observo el corte televisivo evoco un teatro de títeres con plena coincidencia entre estos y la platea. 

Al ocaso de esta indignidad denominada campaña electoral, espero que el domingo las urnas tengan una cantidad de papeletas proporcional a los méritos desplegados. No ya cual castigo por tan graves culpas, sino convencidos de que sólo así lograremos demoler tan oneroso escenario. Precisamos demostrar que la política debe excluir a aventureros, estafadores e inútiles. Menos puede considerarse un medio de vida para desaprensivos y arribistas. Exijámosles, en esencia, que sirvan únicamente al pueblo soberano. Buena forma de empezar sería realizando una campaña rigurosa, seria, exacta, los próximos comicios autonómicos y municipales. A que no.