viernes, 1 de julio de 2016

GILIPOLLECES Y EMBUSTES QUE SE REVELAN EVIDENTES


Pido disculpas por el primer vocablo del epígrafe. Sé que la incorrección, malquerida del análisis, difumina las razones aportadas al debate. Pensé cambiarlo por sandeces pero entonces su autor sería un sandio, voz demasiado cálida, cursi e imprecisa para los merecimientos atesorados por el tuitero cuyo nombre prefiero callar. Cuestión de higiene. El desatinado de marras dejó escrita esta excrecencia: “La esperanza de la izquierda española es que mueran todos los viejos de mierda que todavía votan”. Sin comentarios. Lo malo del mensaje no viene dado por la sutileza y originalidad de semejante genio sino porque parece confirmar la existencia de una instruida línea de choque. Presuntamente ubicados bajo el ala protectora del politburó podemita, otros oscuros personajes achacaron el desastre de Podemos a los medios franquistas (¿todavía existen?), a los viejos y a los paletos. ¡Qué exquisitos! Cercanos al colmo del desbarre, algunos “intelectuales”, afines a la histeria, agitan el rancio espectro del pucherazo. Como puede comprobarse, además de firmes convicciones democráticas, tales individuos -anclados en el siglo XIX, vetustos y anacrónicos enemigos del bienestar y las libertades- tienen arrestos, amén de jeta, a la hora de poner etiquetas e inventar culpables de sus delirios o afanes para conseguir un placentero y lucrativo empleo. Estos aventureros, buscavidas, son carcas extemporáneos antes del éxito y después del fracaso.

Nuestros políticos, que soportamos y sufrimos con excesiva delicadeza, andan escasos de probidad. Renuncio a sintetizar los vicios porque son numerosos e innegables; quizás tantos como aquellos del pueblo que los distingue y abastece en el más amplio sentido. Previo al 26 J, todos anteponían intereses partidarios, asimismo personales, a los del conjunto. Bien por discreción bien por inoperancia (tal vez por cálculos rastreros), pasados varios días del recuento -de regocijo vencedor o tribulación que produce toda derrota- aparecemos encallados entre el estatismo táctico de unos y la testarudez inercial, maléfica, de otros. Como dirían en mi tierra: “pasan días y la casa sin barrer”. Opino que, desperdiciados seis meses, España no está para iniciar tartamudeos cuando urge estudiar salidas sensatas para este país medio desahuciado. Sin embargo, ellos tensan la cuerda. Rajoy, exigiendo su derecho a gobernar; Sánchez, negando el pan oculto él tras un biombo que asegura ideológico; Rivera, empeñado en despreciar la argamasa que le ha unido a un electorado afecto a Rajoy pero alejado de él por cobijar corruptos. Iglesias, estrellado, roto, ya no cuenta.

Rajoy, digo, tiene en el apartado del débito una cuenta pendiente con los españoles, sobre todo, con la clase media por él proletarizada y que, paradojas de la vida, le ha servido para dar una patada al PSOE utilizando la bota de Podemos. Avizora, pese a todo, un camino difícil. España necesita gobiernos vigorosos, consistentes, estables, que completen las legislaturas sin contratiempos ni estridencias. Demanda amplios consensos para regenerar la democracia, cambiar la ley electoral y apuntalar otros conciertos de índole nacional. Sé que tales deseos entran en conflicto con partidos nacionalistas e independentistas, por eso es imprescindible el apoyo de un PSOE capaz de volver al rumbo que le hizo grande. Puestos a priorizar, sería preferible sentar las bases programáticas de un nuevo Estado, aunque en dos años hubiera que repetir elecciones pero ya bajo una única circunscripción electoral al Congreso (cámara de representación nacional). Se recuperaría de nuevo el bipartidismo junto a una sigla mediadora, elementos básicos de un país moderno que mira al futuro con esperanza e ilusión. Veremos si PP, PSOE y Ciudadanos son capaces de protagonizar los cambios esenciales para recuperar la verdadera democracia sin movimientos espurios ni pretensiones insolidarias. Al mismo tiempo, cimentarían la tumba de Podemos y sus renovados sueños ochocentistas. Yo, volvería a creer en los políticos y abandonaría de mil amores mi abstencionismo recalcitrante.

El PSOE, insisto, se jacta de airear que el español ocupa un lugar de privilegio en sus desvelos políticos. Ahora mismo demandamos la convergencia apremiante de las siglas constitucionalistas. Los numerosos problemas económicos, territoriales e institucionales, precisan la confluencia de todos sin matices ni condiciones bloqueantes. A pesar de ello, el secretario general, su ejecutiva, siguen empeñados en el no. Les puede ese sedimento frentista que daña a ellos y a la sociedad. Se empeñan en levantar barreras inexistentes fuera de nuestro país. Es prueba indiscutible de desahogado aldeanismo junto a un grave error estratégico. Al PSOE, frente a voces contrarias e interesadas, solo le queda una solución: romper los pactos con Podemos, diferenciarse de ellos y exigir al PP compensaciones partidarias y compromisos que redunden en el bienestar ciudadano. Mientras, operar un saneamiento ineludible, ofrecer al pueblo las bondades del nuevo partido y esperar tiempos mejores. Lo contrario significaría provocar su desaparición del mapa político español.

Ciudadanos, ahora sosias del PSOE, lleva tiempo cometiendo yerros de bulto que le pueden llevar inexorablemente a frustrar el papel que los nacionalismos excluyentes han dejado sin suplencia. Rivera debe pactar y exigirle a Rajoy cambios sustanciales. Tras esta medida prioritaria, entrar o no en el futuro gobierno es secundario. Yo, entraría. Haya o no acuerdo, Ciudadanos tiene que dejar clara su determinación para que se sepa con certeza quien debe cargar los costos de unas terceras elecciones, incluyendo al PSOE. Queda airoso sostener que se pugna por los intereses del contribuyente y luego no arrimar el hombro en situación tan preocupante. Cuando la sociedad se ve amenazada por este escenario tan insólito, nadie debiera invocar discursos insustanciales, evasivos. Excusas, las justas

Por justicia compensatoria (PP ha gobernado doce años y PSOE veintidós) el socialismo precisa transformar su arrebato de echar a Rajoy del poder e iniciar una contribución incondicional al Estado de bienestar social. Todavía no se encuentra con el crédito necesario para enmendar la plana a la labor del actual ejecutivo. Los resultados electorales así parecen indicarlo, aunque la pléyade de exégetas socialistas haga una lectura a propia conveniencia. Hay gente que enloquece haciéndose trampas en el solitario.

viernes, 24 de junio de 2016

LAS DINÁMICAS SOCIALES Y LOS TIEMPOS


Quien siga mis lucubraciones políticas materializadas en sendos artículos semanales, sabe que la libertad -desde mi punto de vista- conforma el distintivo fundamental del ser humano. Por esta razón me enfrento al poder, cualquiera que sea su naturaleza. Reconozco solo la soberanía popular (lo que surja de ella, con los matices precisos) en relación al individuo, jamás al grupo. PP, PSOE y Podemos, siglas claves en los gobiernos patrios, me parecen acreedores de análisis severos, inmisericordes. Encajo a Ciudadanos al margen, de momento. Sin embargo, pese a esta salvedad, no me merece suficiente confianza para quebrantar el abstencionismo recalcitrante y bien argumentado que ejercito. Tampoco votaré a Ciudadanos. Semejante actitud constituye el peaje único para estos políticos ineficaces, farsantes y corruptos, cuando no totalitarios.

No hace tanto, en un auditorio de jóvenes comunistas, le preguntaron a Pablo Iglesias qué le importaba más la propaganda o la educación. Su respuesta fue: “Primero la propaganda, luego controlaremos el Ministerio de Educación”. Realzo el vocablo “controlaremos” porque tiene evidentes visos totalitarios, según nuevo estilo, si no tiránicos. Tal respuesta, mitad goebbelsiana mitad gramsciana, debería causar más espanto que hecho y contenido de las grabaciones a Fernández Díaz, ministro del interior. No obstante, aquella ha sido silenciada mediáticamente mientras esta servirá de “comidilla” hasta el domingo. Semejante marco conduce al convencimiento de que existe una caterva de periodistas dogmáticos, sectarios o, en expresión de Cadalso, eruditos a la violeta; es decir, proclives a la incompetencia.

Gramsci, de quien la élite podemita es convencida gregaria ideológica, mantenía que el poder se consigue a través de una hegemonía intelectual y moral dentro de un plano universal. Afirmaba, en los albores del siglo XX, que el grupo hegemónico debe “liquidar” o someter -incluso con la fuerza armada- a los grupos adversarios y dirigir a los afines. Añadía que este grupo debe ampliar su base aglutinando todas las energías nacionales mediante compromisos equilibradores. Por último, juzgaba la escuela y los tribunales como principales órganos de producción hegemónica. Cualquier lector reflexivo se dará cuenta enseguida de que Iglesias y su guardia pretoriana siguen al pie de la letra tan antañona estrategia. Podemos, sigla capital, anexiona multitud de grupúsculos radicales que se someten a un líder salvador, mesiánico.

Concedo una mínima posibilidad, en la práctica ninguna, de que estas doctrinas nazi-totalitarias puedan conseguir el poder en nuestro país por dos razones. A principios del pasado siglo había una Europa occidental, asimismo noroccidental, democrática. Existían también dos imperios medio feudales (Prusia y Autro-Hungría) y otro feudal (Rusia). Poseían una nobleza real o terrateniente junto a un proletario-campesinado menesteroso. Constituía el escenario ideal para experimentar soluciones supuestamente democráticas y que sirvieron para extinguir gobiernos tiránicos y gestar otros de mayor crueldad. Ahora, toda Europa está formada por una clase burguesa, más o menos pauperizada, que ha sustituido al viejo proletariado. La otra razón incuestionable es el fracaso económico (muy influyente en los Estados de bienestar), social e institucional de tales ideologías. Tenemos a Portugal y, sobre todo, a Grecia como ejemplos destructivos, inocultables, incómodos, de gobiernos progresistas a los que tanto ensalza Sánchez. Callo los países hispanoamericanos y asiáticos. No obstante, y a fuer de sincero, reconozco que nos estamos volviendo insensatos, locos.

Pese a lo dicho, todavía existen políticos seducidos por quimeras o, peor aún, anhelos psicóticos. Pedro Sánchez, entre achispado y cadáver, continúa con peligrosas alucinaciones. Insiste en no facilitar la presidencia a Rajoy ni a Iglesias. Acaso piense renovar el pacto PSOE-Ciudadanos para conseguir a posteriori la abstención de uno u otro. Temo que Mariano no esté por la labor y Pablo, olvidada aquella oferta de echarse a un lado si fuese preciso, menos. ¿Quiere terceras elecciones? Asegura que no, pero sus palabras difieren de sus intenciones. Suponiendo que al terminar el escrutinio no dimita, voluntaria o involuntariamente, tiene dos opciones: apoyar a Podemos y acarrear la desaparición del PSOE o abstenerse, imponiendo duras condiciones, para que gobierne el PP, solo o en coalición con Ciudadanos. Esto o nuevas elecciones.

A falta de un día para que termine esta tediosa pesadilla, PSOE y Ciudadanos avientan culpas al PP de realizar una campaña polarizada. Culpable de ella, y de su nula credibilidad cuando hostiga a Podemos, la tiene Sánchez por legitimar a esta izquierda radical, populista, como una izquierda fiable. Mientras no rompa los pactos municipales y autonómicos, Podemos tendrá un poder legítimo, legitimado, que castigará al PSOE una vez perdida su pátina socialdemócrata. Ignoro qué ocurrirá el 26 J porque los movimientos sociales, aunque los tiempos son muy distintos a aquellos que perfilaban a Gramsci sus lucubraciones doctrinales, son impredecibles. En cualquier caso, lo realmente esclarecedor comenzará al día siguiente.

Si un ateo sustentara su filosofía de vida en la moral católica, me produciría sorpresa e hilaridad. Si un populista, más o menos embozado, disfruta propagando democracia y transparencia, a mí -defensor de la libertad individual- me causa pavor porque avisto un lobo con piel de cordero. Huyan de comunistas que se dicen demócratas y patriotas.

Elaborado el artículo, me levanto con los resultados del referéndum inglés. Observo una huida hacia adelante del ciudadano europeo, incluyendo los presuntamente más cultos y juiciosos. Nacionalismos insolidarios, ultraderecha, populismos y otros movimientos radicales, intentan cambiar el statu quo, al menos en toda Europa. Tanta frivolidad debería preocupar, aunque sea natural esta respuesta a políticas tan nefastas que han traído el aturdimiento de las clases medias aburguesadas, amén de una depauperación de difícil vuelta. Vislumbro un periodo de desequilibrios generalizados y un futuro en verdad alarmante.

 

 

viernes, 17 de junio de 2016

BREVE ANTOLOGÍA DEL CUENTO PATRIO


Acostumbramos a pensar que entre singular y plural media solo un número, una medida. Sin rechazar semejante razonamiento, existen además diferencias notables de concepto. El epígrafe incluye un vocablo que recoge ese rasgo: cuento. Si el titular fuera, en tal apartado, “de cuentos”, todo el mundo traduciría por conjunto de narraciones cortas. La manera que adopto, por el contrario, permite interpretar -incluso al menos diestro- que me refiero a la acepción coloquial de embuste, engaño u otras de parecido jaez. Dejo clara, pues, cual es mi intención a la hora de analizar acontecimientos que perturban la vida española durante los últimos tiempos. El devenir impide mostrarnos optimistas pero, según Murphy y su famosa ley, cuando algo puede empeorarse debemos estar listos para enfrentarnos a mayores dificultades. Siempre, o casi, ocurre así. Nadie vea el activo impotente del pesimista; constituye, más bien, una realidad empírica. Ignoro si es azar siniestro o ley existencial. Queda como último recurso nuestro empeño humano para vencerla.

Estrenamos semana con aquella larga tortura del debate. Aparte el marco técnico-estético (del que soy lego y siento poco interés), su contenido fue lamentable desde mi punto de vista. Encorsetado, frío, irreal, mecánico, asistimos a un toma y daca alternativo con sequía de propuestas innovadoras o datos fidedignos. Quien más quien menos -usando aderezos iracundos- inundó el plató de falacias, o truncadas verdades, a fin de convencer al suspicaz auditorio. Aunque se apreciaba un territorio embarrado, las formas -salvo momentos concretos- fueron suaves; quizás porque a ninguno le interesara sacar el puñal traidor ante tanta encuesta confusa. ¿Quién les será al final útil? Albert Rivera acometió con aparente inquina contra Pablo Iglesias porque el pacto posterior es imposible y aquel nada tenía que perder. Tal vez hubiera cierta esperanza de pescar algún voto socialista diciendo cosas que pocos medios se han atrevido a airear; ninguno, de gran audiencia. Sánchez, tampoco.

Como mandan los cánones, inicio la rigurosa andadura con Mariano Rajoy. El presidente en funciones, cual asno en desusadas norias, daba vueltas y vueltas al plan económico, único manantial de su imprecisa labor al frente de un ejecutivo que todavía vive a la sombra de Zapatero. Los datos que brinda siempre me han parecido demasiado endebles, efervescentes. No se sostiene, para subir impuestos, esa reiterada excusa del embrollo atribuido al PSOE, cuando dijo el seis y luego era el nueve de déficit inicial, días después de anunciar a bombo y platillo el ejemplar traspaso de poderes. Hay que sumar también los seis meses de gobierno del PP en casi todas las Comunidades, deudas causantes al decir del responsable económico. Como juzgan mis amables lectores, estas son disculpas increíbles. Por cierto, los impuestos no han bajado, bajaron su subida y porque era año electoral. Ojo a la exigencia europea de recortar nueve mil millones más. Inquieta el aumento del empleo, según se dice, mientras disminuye la caja de la Seguridad Social. No se comprende, al menos yo no, que disminuya el déficit mientras aumenta la deuda pública. Renuncio a hablar, para qué, de la democratización del Estado, del abuso territorial, de hacer cien leyes y mil trampas, por aquello de hecha le ley… Etcétera, etcétera, etcétera.

El señor Sánchez, envuelto en el sudario, saca fuerzas -quién sabe de dónde- para decirle no a Rajoy y a Iglesias. ¿Acaso piensa ganar las elecciones y alcanzar con Ciudadanos un gobierno ni nuevo, ni de izquierdas? Lo de progresista, otro tic, es tan indefinible como su Estado Federal. Si quiere tener opción de presidir un ejecutivo a medio plazo, ha de cumplir cinco cosas. Dejarse de tópicos absurdos, cambiar de asesores, homologarse con la socialdemocracia europea, abstenerse el 27 J y pasar a la oposición con condiciones que impliquen un freno definitivo a la corrupción y a los intereses partidarios, amén de personales. En el ínterin, romper los pactos con Podemos y divergir de ellos fijando las incompatibilidades netas entre socialdemocracia e izquierda radical, populista, totalitaria, ruinosa y liberticida. No hay otra salida propia, ni ideológica, tras la estrategia y trampas dispuestas por Iglesias.

A Albert Rivera lo exceptúo de esta breve antología. Me parece un político que aún debe modelarse, vigorizarse. Estoy de acuerdo con el apoyo que presta al PSOE en Andalucía, pero debería estabilizar algunos desequilibrios tácticos en ciertos ayuntamientos y diputaciones. También, asimismo, guardar simetría respecto a apremios e indulgencias. Quebrar, aunque sea aparentemente, equidistancias centristas, dar pie a que fructifique una opinión de ladeo, le hará perder votos de ambos caladeros. No basta con ser; hay que aparentarlo. Creo que, limando estas pequeñas deficiencias, tiene un futuro esplendoroso.

Pablo Iglesias, pese a su cuento reiterado, a su audacia, a su manejo de los medios, jamás será presidente del gobierno. Lo intuye. Sabe que España es un país moderado pero no puede cambiar de campo, incluso siendo un perfecto camaleón. Si esto escapara a su percepción dejaría de ser lo inteligente que se especula, más después de proclamar a Zapatero el mejor presidente de la democracia. Su enorme ego queda satisfecho con liderar un grupo de entusiastas discípulos que adoran, mayoritariamente, al tótem providencial. Iglesias queda absorto con la escena, camuflándose con variados disfraces cual Menandro y su nueva comedia de caracteres. La máscara es la clave en el ritual pues convierte al actor en personaje, en mito. Los corifeos reciben a cambio el peculio estipulado; transmutan del paro a la canonjía, de la nada al todo cómplice. ¡Casta!

Nadie sufre apreturas explotando el cuento.

viernes, 10 de junio de 2016

TEÓRICOS, POLÍTICOS, NECIOS Y POPULISTAS


Curiosamente, hoy recurro a Martín Heidegger -un filósofo que reniega de la metafísica y con adhesiones nazis, al parecer- para relegar lo ontológico a través de la semiótica. Quienes hacen del concepto (políticos y comunicadores) un confuso entramado, buscan la manera de cultivar espacios cerrados al común. Solo así, los primeros se permiten revestir ad hoc cualquier realidad y los segundos administrar en exclusiva la exégesis posterior. Ambos se constituyen en piezas necesarias a esta sociedad modelada arteramente para tan suculento fin. Intervienen también a la hora de configurar este proceso individuos que, sin ningún crédito moral ni intelectual, progre o solidario, son ídolos fabricados preservando la equidistancia entre supersticiones y complejos. Aquí ha encontrado el terreno idóneo Podemos, grupo de arquitectura nazi-totalitaria, para cimentar su caladero de votos. Me gustaría conocer qué genios contribuyeron a sustituir la honda reflexión por la caricatura sensible. Parecida comparsa debe asumir el ascenso de estas doctrinas nada tranquilizadoras en los países mediterráneos, al menos.  ¡Ay! la educación, el sistema.

Vivimos en la cuerda floja. Urge recurrir al sentido común, calibrar con rigor el riesgo que nos acecha, destilar adrenalina para estar alerta. Asimismo, nuestro instinto -limpio de dogmas y pautas maniqueas- debiera sugerir que solo podremos encontrar la victoria uniendo esfuerzos. Evitaríamos, como mínimo, una derrota definitiva e inexplicable. Sé que cuatro siglas, cuatro jinetes del apocalipsis, sueltan las bridas de sendos corceles que hollarán la reseca piel de toro si lo permitimos. Siendo todos terroríficos, uno conlleva el hambre y la esclavitud, auténticas alimañas de cuerpo y alma. Excuso, pues pecaría de altanero, orientar el voto de mis amables lectores. Además, ignoro la certidumbre y no me arrastra prurito alguno. Me sentiré satisfecho si acierto a crear cierto entusiasmo por realizar un ejercicio sosegado de lucubración electoral ante el impacto causado por la devoción a la reseña, al márquetin, a lo cómodo aunque sea indigesto.

Decía que, aprovechando cualquier estrado, los líderes intentar cambiar el sentido de las encuestas. Algunos comunicadores, objetivos o genuflexos, dan cumplida cuenta de manera diligente (quizás entonando panegíricos) que a veces vician con malévolas comparaciones. Jornadas atrás, casi a la misma hora, Pablo Iglesias intervino en el hotel Ritz y Albert Rivera en “El ágora de El Economista.es”. Diferentes informaciones indicaban que el primero había confeccionado un discurso estructurado y de gran contenido político, dejando caer su condición de politólogo. Entre tanto, el segundo había urdido un parlamento pragmático, fresco y racional. Quedaba difuminada una preferencia sutil hacia el primero. Puede que, sin proponérselo, el susodicho comunicador le adosara un pesado lastre, de acuerdo con el tópico, aunque ligero de materia.

Hasta donde yo sé, todas las ideologías -desde un punto de vista teórico- son excelentes, beneficiosas para el individuo. Se desnaturalizan, e incluso prostituyen, cuando el político hace de ellas su instrumento preferido para alcanzar el poder. A bote pronto, no recuerdo ningún sociólogo o politólogo eximio que utilice sus conocimientos para posibilitar cualquier dominio sobre los demás. Marxismo, socialdemocracia y liberalismo son doctrinas cuyo fin último es conseguir el bienestar, la igualdad y la libertad del hombre; sobre todo la libertad. Considero inverosímil que quien coloca alas a la mente propusiera encadenar formas. Procedería contra la esencia del pensador; un vicio censurado, rechazable. Ni Marx aprobaría coartar el fundamento del racionalismo. Dejaría de ser Marx para convertirse en tirano infame. Por este motivo, el dogmático es cautivo de su propia irracionalidad. Obtusos, los españoles premian al político preso de sus palabras, jamás de su creencia ni de sus acciones.

Los cuatro vocablos del epígrafe son signos de un mismo concepto -farsa- cuando el teórico baja a la arena y compite con los demás para alcanzar un poder que le niega la naturaleza. Ese escenario es, por tanto, consecuencia infortunada del engaño y la vileza. Semejante actitud lleva a los mayores tics de corrupción personal e intelectiva. Empecemos por Pablo Iglesias cuando afirmaba rotundo que Marx y Engels eran socialdemócratas. No niego especulaciones viables de tal hipótesis en su base doctrinal, pero la praxis histórica del comunismo y la sentimental de Podemos hace inútil identificar, aun conciliar, ambos (comunismo y Podemos) con la socialdemocracia. Iglesias lanza el anzuelo, hipócrita, para ver si pesca en río revuelto; única forma de lograrlo los partidos que se extreman hacia un lado u otro.

De PP y PSOE poco puedo añadir que suponga alguna novedad, salvo ese merengue que modula la campaña en el primero y la afirmación gratuita de que no habrá nuevas elecciones en el segundo. Escasos, pueriles, estímulos para el votante potencial. Con su pobre horizonte han potenciado un futuro sombrío, alarmante. Gestaron una sociedad dividida que remató forjando este país heterogéneo, divergente, belicoso. Desidia e incompetencia consiguieron, para bien o para mal, la actual Cataluña, perdida irremisiblemente. Tal ceguera política y ética produjo unos partidos que, dependiendo de su proceder, pueden traernos claridad o tinieblas. No se vislumbra un paisaje impoluto ni esperanzador. Ciudadanos presenta, pese a injustas invectivas, el mayor atractivo de salida. Veremos si se conforma como partido bisagra para no caer en nacionalismos o partidos de “progreso y cambio”. Yo, fiel a mis principios, sometido a lo inteligible y desdeñando otras conjeturas palpables, hago mío el pensamiento de Erich Fromm. 

 

 

viernes, 3 de junio de 2016

LO METAFÍSICO, LO EVIDENTE Y LO JURÍDICO


Utilizamos la metafísica para definir los entes desde el punto de vista analógico. Weber define poder como dominación; es decir, ejercer autoridad sobre los individuos encontrando en ellos, a su vez, un grado de obediencia. Otros sociólogos, como Michels, proclaman que ciertas élites, nacidas de procedimientos legítimos, entran en procesos mediante los cuales el poder se perpetúa a sí mismo retroalimentándose y produciendo más poder, a veces tiránico. Para Gramsci y Foucault proviene de la hegemonía de un sistema de creencias. Observamos que el ente poder tiene en la dominación su esencia común. Conviene recordar tales conceptos y observaciones para percibir qué discursos llenan hoy el espacio radioeléctrico y las falacias con que suelen revestirlos.

Llamamos evidencia a aquel indicador por el que una contingencia se nos aparece intuitivamente; de tal manera que la consideramos cierta, sin sombra de duda. En este marco, afirmamos con certidumbre; caso contrario, como alternativa desplegamos el ámbito de las opiniones. Sin embargo, engranar ente/realidad resulta complejo. Los racionalistas consideran la evidencia un principio innato de entendimiento. El empirismo niega que se llegue al conocimiento solo a través del axioma, pues estiman las vivencias requisito necesario, inexcusable. Para la fenomenología supone el cotejo de la verdad; o sea, su prueba patente. Kant realiza una síntesis de ambas propuestas. Las evidencias en su doble vertiente, racional o empírica, suelen llevarnos irremisiblemente al conocimiento de la realidad o de sus proximidades.

  El acto jurídico constituye un hecho humano, voluntario o consciente, que establece entre las personas relaciones jurídicas capaces de crear, modificar o extinguir derechos y obligaciones sancionados por las leyes. Los procesos judiciales debieran mantener estrecha consonancia con lo metafísico que lleva al conocimiento y con lo evidente que implica el primer indicio de realidad. No obstante, tales sumarios jurídicos al ser garantistas deben asegurarse de la ejecución del acto punible, junto a la rúbrica voluntaria, y circunstancias eximentes, atenuantes o agravantes. Pese a lo dicho, es primordial qué inferencias efectúan tribunales o jueces respecto a ciertas consideraciones cardinales en una determinada resolución o sentencia. Verbigracia, voluntariedad en supuestos de prevaricación o fraude a la Hacienda Pública, conditio sine que non.

Mis amables lectores se preguntarán a qué vienen estas disquisiciones tan áridas e intrincadas. La razón encamina al auto de procedimiento abreviado contra los expresidentes de la Junta Andaluza, Chavés y Griñán, junto a otros seis altos cargos. Están insertos en un asunto de prevaricación y Griñán, además, de malversación de caudales públicos. Peccata minuta para tanta ligereza conocida. El tema colea y entra de lleno en los párrafos anteriores. Resulta extraño, casi inadmisible, que a estas alturas y dada la cantidad de dinero dispensado, presuntamente, obviando leyes, diligencias y operaciones contables (amén de auditorías reglamentarias), todavía estemos huérfanos de juicio concluyente. Ochocientos millones de euros merecen un esclarecimiento exhaustivo que debiera completarse con casi los cinco mil millones derrochados al arbitrio en cursos de formación. Una desvergüenza que, al final, será calificada acorde a ley. Me admira e indigna, a partes iguales, que prebostes socialistas -arropados por comunicadores sectarios- se hastíen de atribuir a otros fechorías que niegan a propios con parecida insustancialidad. Cuando el sentido cambia, me asaltan parejos humores.

Desde un razonamiento metafísico, ambos expresidentes -ostentadores de un poder omnímodo- chasquean al tribunal (y al pueblo) cuando afirman tener nulo conocimiento de los hechos. Con menor recato en este sistema cuya base es el monolitismo partidario. De aquí la cínica declaración al afirmar que desconocían todo, para aseverar a renglón seguido, desnudando una incoherencia notoria, que pudo haber errores mas no irregularidades. Comparten consignas con aquellos indeseables del PP. Desconcierta que Felipe González, asimismo otros cargos orgánicos y políticos, afirmen -sin domeñar cautela alguna- la honradez de los citados. Creo que no hay forma mejor de hacer el ridículo ante la sociedad española resuelta a aportar su propio veredicto fundamentado sobre unas evidencias incontestables. A mí, parte mínima de este pueblo español, me llevan los demonios (es un decir) cuando veo en televisión los esfuerzos de determinados socialistas en hacernos comulgar con ruedas de molino (es otro decir), tanto si se refieren a rivales cuanto a conmilitones. Si no fuera ya abstencionista campante, lo sería a partir de ese minuto. 

Ayer estaban citados Messi y su padre a declarar por un presunto fraude de cuatro millones de euros. Sus razones/excusas, una holganza de lo metafísico, servirán para despertar una generosidad adscrita a los ininteligibles senderos de lo jurídico. Contentará, además, a esa pléyade de vacuidad capaz de aceptar los mayores vicios si son realizados por los nuestros, ídolos o no tanto. El desconocimiento de la Ley no exime de culpabilidad, más si admitimos presunta aquiescencia en la formación del entramado financiero al objeto de ocultar bienes. Hace cuatro años, a mi esposa por poner a su madre como sujeto deducible (así lo hacía todos las declaraciones), cuando pasaba ochenta euros del mínimo legal por subirle la pensión, le incoaron un expediente sancionador. La cantidad errada no llegaba a trescientos euros. Tuvo que abonarla incluyendo multa y descuento que hubo de sufragar por presentar recurso administrativo (rechazado) referido a la falta de voluntariedad que Hacienda dio por supuesta. Ordinaria y metafísicamente, sin calificativos. Hacienda no somos todos; tengo pruebas palpables y muchos de ustedes evidencias sobradas. Nos pasa por no ser políticos, financieros, deportistas o estrellas variadas y variopintas, a excepción de quienes sufren el celo ejemplarizante.

 

 

 

viernes, 27 de mayo de 2016

JUEGAN A LA RULETA RUSA EN LA CABEZA DE LOS ESPAÑOLES


La oscarizada película “El Cazador” muestra, con toda su crudeza, a qué miseria moral podemos llegar las personas bajo extremas situaciones. Despiadada, terrorífica, calca la locura del hombre cuando -por unas u otras razones- deja su vida en manos del azar, casi siempre presente sin necesidad de convocarlo. Pese a su naturaleza fílmica, virtual, impresionan aquellas espeluznantes escenas donde vida y muerte penden del percutor de un revólver adosado a la cabeza. Si vencidos por la amenaza, por darle a la vida una posibilidad, nos sometemos al juego, no puede entenderse que finalmente  (motu proprio) caigamos en tan turbulento laberinto pasional. La edad pone ante nuestros ojos un amplio panorama en el que destacan comportamientos, emociones y peripecias humanas. Aparecen, desnudos, contradicciones, absurdos, locuras. Conforma la síntesis necesaria, irremisible, del individuo sin excepción.

Ayer leí en un medio digital que el PP busca fortalecer a Podemos y se niega, por tanto, a debatir con el PSOE a dos. A primera vista, nada que objetar a su estrategia. Aquellos consideran a Sánchez el rival a batir y piensan, razonablemente, que ambas formaciones -estos y Podemos- son vasos comunicantes: si una sube la otra baja y viceversa. Creen, además, en el alineamiento centrista del votante español. Tales supuestos, uno constatado y otro con evidencias incontestables, pueden resultar aventurados, si no peligrosos. Estoy convencido de que los gurús estrategas del partido azulón (hoy prima el color sobre la ideología, es el postrer y mejor rasgo identificativo) dan por seguro que la izquierda, irrelevante o radical y por distintos motivos, jamás alcanzará el poder en esta España. Lo indica la lógica y el sentido común. Sin embargo, debieran advertir que las dinámicas sociales las carga el diablo, que no se ajustan a la ciencia matemática ni a ningún proceso intelectivo. Cuadra, pues, no descartar en absoluto alguna sorpresa repentina.

El devenir histórico viene demostrando qué papel desempeña el poder financiero, social o político, a la hora de conformar gobiernos. Estamos insertos, para bien, en un marco de economía capitalista y, pese a las crisis cíclicas, el bienestar social solo se encuentra en este marco aunque duela a inconsistentes reclamos miserables, interesados, falsos. Cual Ulises, debemos cerrar oídos a los cánticos de sirena si queremos llegar a buen puerto. Proclamo el esfuerzo que realizan PP y PSOE para saturarnos de frustración, de hartazgo, al amparar en sus filas a tanto incompetente y sinvergüenza. Con todo, me costaría trabajo entregar algún crédito a cualquier sigla novicia hasta el extremo de conceder un voto a la hipótesis. No me sirve sustituir, sin más, maldad e ineptitud por qué se yo, en un rapto de rencor o ira. Existe la abstención (o el voto en blanco) como alternativa sana, quirúrgica, democrática y revolucionaria.

Parece que el PP, decía, pretende enterrar a un PSOE desnortado, iluso, pródigo. ¿Será venganza por aquellos pactos ignominiosos? ¿Tal vez desmesurado afán protagonista, con la consiguiente exclusiva de poder que acarrea tal escenario? ¿Ambos? Si reivindica un desquite parece humano, aun justo, pero sin tensar demasiado la cuerda. Si ansía destruir rivales, debería empezar por sí mismo pues el primer contrincante del PP es el PP. Políticamente, la estrategia parece perfilada por un antipatriota o beodo incorregible. Quizás por los dos en una conjunción histórica, planetaria, como pregonó aquella ministra de sólida huella, portentosa. España necesita tres partidos moderados: dos que sancionen la gobernabilidad (PP y PSOE) y otro alternativo que apoye si fuera preciso (Ciudadanos). La izquierda -más o menos ultra- y los nacionalismos siempre aparejados al dispendio, nos llevarían a la hecatombe financiera e institucional. ¿Alguien vislumbra un gobierno de izquierda casquivana, liberticida, en este país sometido demasiado tiempo al absolutismo real? ¿Quién combate la epidemia tomando cianuro? ¿No sirven para nada siglos de Historia espeluznante? ¿En qué nos hemos convertido? Confío, bien es verdad que me cuesta hacerlo, en que dentro de un mes se imponga la cordura. Los experimentos, al decir del especialista, con gaseosa.

Pese a lo dicho, exijo al PP que no siga por el atajo proyectado. Demuestra una bajeza sin límite, un desinterés pleno hacia el ciudadano. No se puede ser más ruin con quien sigue confiando en el proceder ecuánime de los prohombres patrios. Vosotros todos, políticos, terminaréis, como decenios atrás, cargándoos la paciencia del individuo y el sistema. Tras semejante desbarajuste, ambos (PP y PSOE) continuáis desluciendo esta democracia cada vez más cochambrosa. El ascenso fulgurante de Podemos y Ciudadanos no solo se debe a la crisis, es la reacción lógica a tanta insidia, a tanto duelo de florete retórico. Si las previsiones salieran mal, las planas mayores perderían un prurito con fecha de caducidad. Los españoles, muy probablemente, iniciáramos un lamentable proceso de recesión económica y pérdida de libertades individuales.

Lo dijo el esteta, son palabras que alguien dibuja en un libro viejo. Palabras tenebrosas, cargadas de ecos mortuorios, afiladas como solo pueden estarlo las mentiras. Al igual que Nerón, el PP toca la lira mientras truculentas llamas acechan al pueblo. Entre tanto, rozando el clímax del trastorno, carga el revólver para jugar a la ruleta rusa en la torturada cabeza de los españoles.

 

 

 

viernes, 20 de mayo de 2016

LOS TRABAJOS Y LOS DÍAS


Setecientos años antes de Cristo, Hesíodo -poeta heleno- compuso un texto cuyo título coincide con el epígrafe. Lo constituían sentencias para encaminar al hombre a una vida satisfactoria material y moralmente. El sabio ha tenido como objetivo constante orientar a sus convecinos, sobre todo en épocas convulsas, a confluir acciones cuerdas  y lograr así la felicidad escurridiza. Ante el peligro de toparnos con algún mesías salvador, populista, totalitario, conviene coger las riendas que, con nuestro esfuerzo personal, nos lleven a un estadio de paz y prosperidad. Solo nosotros somos protagonistas del propio éxito o infortunio. Echar culpas al prójimo constituye la excusa socorrida de quien cae en la desidia o, tal vez, transite por senderos espinosos, arriesgados. Cuán fácil es atribuirse loas, casi siempre inmerecidas, y cómo cuesta apadrinar envilecimientos, extravíos, fracasos. Asimismo, dejarse llevar por la indignación contribuye a sentar el sufrimiento en tu mesa. Interesa someter ciertos impulsos a serena reflexión.

Hesíodo, que cimentó la filosofía presocrática, consideraba el trabajo, el esfuerzo, base de la prosperidad humana. Entre sus consejos citaré algunos que creo atemporales porque siempre se muestran frescos. Decía: “Tú, trabaja porque el hambre es compañera habitual de varón inactivo. Por su trabajo los hombres son ricos y queridos de todos, ya que el trabajo no es oprobio; la ociosidad, sí”. Con envoltura mitológica, enumeraba incontables sentencias, consejos u orientaciones, sobre comportamientos virtuosos, como he dicho, centrados o vertebrados en el trabajo. Manifestaba, verbigracia, que la justicia se identificaría con la fuerza abandonando el pudor. Aseguraba que los pueblos terminan pagando las locuras de sus reyes que, urdiendo aflicciones, desvían sus sentencias por senderos descarriados alegando tortuosas razones. Añadía que precaviendo estas cosas había que enderezar juicios y olvidarse de falsos itinerarios. Terminaba asegurando que quien por sí mismo no se percata ni comprende lo que a otros escucha, puede considerarse un hombre inútil. Premisas, todas ellas, que lucen plena actualidad.

Traigo a colación este autor, cuya obra se realizó casi tres milenios atrás, porque su magisterio no puede ser más vigente ni oportuno. Vivimos tiempos en los que casi todas las dificultades emanan de la falta de trabajo y de ese afán por supeditarlo, en bastantes casos, a la miseria subvencionada. Precisamente tal lacra, si no azote, fundamenta el análisis del Brexit en Gran Bretaña. Los otros puntos, referentes a la justicia, los gobernantes y el pueblo llano, adquieren hoy un vigor incuestionable. ¿Quién concibe una justicia supeditada al derecho y no al poder? ¿Hay alguien que reste transcendencia o desestime la relación causa/efecto entre políticos y caos? ¿Acaso la sociedad niega servidumbres ante esta situación que debería preocuparnos más? Creo que no somos conscientes del momento histórico o lo minimizamos apoyados en coyunturas foráneas. Sin embargo, todo tiene un límite que no debemos descuidar.

El escenario, lejos de aparentar normalidad, conforma una naturaleza dominada por la penumbra. Aparte estrategias que magnifican esta evidente inquietud social, que opongan inmovilismos a vacíos insondables (ambos repelentes), puede optarse por alguna sutileza intermedia o la abstención reivindicativa. Lamento que tal resquicio dependa solo del empeño y sentido común de dos partidos que han facilitado cuarenta años de bienestar social. Por desgracia, personalismos absurdos están a punto de conseguir su suicidio al tiempo que acarrearían derivaciones trágicas para los españoles. Quisiera apreciar en declaraciones del PSOE únicamente eslóganes requeridos por el enfrentamiento electoral. Me gustaría constatar que, tras el 26 J, se impone la reflexión, la lógica y el interés común. Nos movemos sin remedio entre la obcecación del PP y el alocado transitar de un PSOE dominado por tics nacionalistas, por pautas arcaicas, turbulentas, sin homologación europea. 

Podemos, al decir de ciertos comunicadores, se ha radicalizado y perdido candor debido a su pacto con Izquierda Unida. Yo, afirmo lo contrario. Tiempo ha, lo expresó el propio Iglesias: “No quiero saber nada de una izquierda tristona, amargada, pesimista; la del cinco por ciento y bandera roja. Dejadme en paz”. Nadie le molestaba ni le perseguía; era el epitafio de -desde su punto de vista- la izquierda inoperante, antirrevolucionaria. Él personificaba al leninista poder social; el clímax antidemocrático en comparación con aquella izquierda indolente, conformada en su cinco por ciento. Ahora la necesita para tapar las grietas que ha abierto su rancio autoritarismo e insolente petulancia. Luego, sin jugo, extinta, la arrojará al estercolero. Muchas palabras, a veces, pretenden suavizar el mensaje, los conceptos, tras una máscara de falsa sinceridad que difumina la mentira con sustancia ideológica. Los políticos tienen dichos engañosos y hechos ridículos, cuando no indignos.

Cuánto bien haría al ciudadano que sopesara no ya las sentencias de Hesíodo sino las cautelas que congregan sensatez y sentido común. Si bien el clásico afirmó que la vida es sueño, debemos considerar que los sueños son pasiones contingentes, insustanciales y, al final, frustrantes. Pisemos la realidad e intentemos con el trabajo, la acción y la denuncia, que cada vez sea menos hostil. No nos dejemos mecer por cánticos de sirena, por placeres oníricos, porque con excesiva frecuencia terminan acarreando terribles pesadillas.

 

viernes, 13 de mayo de 2016

LA PREOCUPANTE ENCRUCIJADA DEL PSOE


A estas alturas, creo que nadie cuestiona el papel estelar del PSOE relativo al presente y futuro de esta España que transita insegura por el espacio europeo. No importa, que también, quién inició el deslizamiento a la siniestra cargado de odio sectario, de afanes totalitarios. Tampoco quiénes lo potencian y aun bendicen con irreflexiva contumacia. Los protagonistas, en un sistema democrático, quedan excluidos para desempeñar tareas de Estado. Aquellos que todavía ejercen labores de gobierno u oposición, han de dejar paso a nueva savia capaz de coger el testigo sin lastres ni enconos. Imagino cuántos esfuerzos han de realizar los que sacrificaron el bienestar ciudadano a cambio de satisfacer anhelos indebidos. Qué atonía a la hora de rectificar, cuántos peligros latentes, qué escollos políticos (quizás sociales) para pagar deudas adquiridas por ambiciones espurias. Pero la indignidad que no se repara atormenta siempre; constituye una herida abierta, sangrante, evocadora.

Individuos tendenciosos, maniobreros, adosan culpas a la crisis mundial; a menudo, especifican europea. Es muy socorrido diluir responsabilidades en tan extenso escenario. Constituye la mejor vía, cuando no única, de argumentar una impunidad falsa. Aquí hay responsables previos, paladines presentes y hasta potenciales ejecutores de futuro. Zapatero protagoniza el infame honor de apadrinar una decadencia evidente fruto de su indigencia e ineptitud. Apartó de sí la moderación socialdemócrata cimentada por un Felipe González que -de momento y pese a errores capitales- se ha mostrado como el único estadista del PSOE. Quiso borrar episodios históricos que debían producirle infortunio heredado. Zapatero, digo, resucitó el guerracivilismo, las dos Españas, el irredentismo nacionalista. Asimismo, se mostró más dispuesto a efectuar enjuagues electorales que a la vela de intereses ciudadanos, muy divergentes con su capacidad de gestión. Prefirió el voto visceral al reflexivo, ideológico, incontestable. Tras el fracaso, dio al PP una mayoría absoluta inverosímil e inmerecida. Empieza el calvario.

Rajoy precisó poco tiempo para perfilar tanta desnudez que enseguida la opinión pública lo intuyó una cuchufleta tornadiza. Era el mismísimo Zapatero con barba y del PP. Si restamos aquel sectarismo insano del señor Rodríguez, ambos pudieran considerarse individuos clónicos. Semejante identidad ha despertado desapego y hastío inusuales hacia los partidos clásicos. Durante las tres últimas legislaturas, se ha ido descapitalizando la clase media, el paro juvenil rebasa el cincuenta por ciento y quien trabaja percibe sueldos de miseria. Cualquier sector social se asoma a un futuro plagado de negros nubarrones. Han creado un caldo de cultivo revolucionario, apto para la aparición de nuevos partidos que pretenden, como vocación o propaganda populista, una regeneración aclamada pero ilusoria. A la vez, don Mariano -aconsejado por el gurú u oráculo habitual- sigue alimentando a Podemos con el fin de debilitar aún más una izquierda fratricida. Llenos de confianza, acometen esta estrategia un tanto temeraria e incierta.

Ante tal escenario, el PSOE (inquieto, transido de dudas) concurre emparedado entre una ultraizquierda, robustecida por IU, y una derecha cuyo suelo se muestra sólido. Quiérase o no, Podemos se exhibe como un partido totalitario -matizado por la época- que revela excelentes facultades estratégicas e histriónicas. Aquel PSOE añejo, que tampoco dudaba en disfrazar al judas, autor del dóberman, queda empequeñecido ante ese tsunami del señuelo, de la artimaña. Cada día, Pablo Iglesias esparce “inocentes” obstáculos en el devenir electoral de Pedro Sánchez. Aquel puede permitirse blandir rasgos de arrogancia y osadía impropias del político serio, con probabilidades de encabezar un gobierno. Tal marco, obliga a Sánchez a respuestas parcas, insípidas. No obstante, estos socialistas se revelan muy pardillos en tácticas de propaganda incisiva.

Sin embargo, hay que dar a cada uno lo suyo. Tras las elecciones municipales y autonómicas, don Pedro quiso minimizar su derrota (ganada a pulso) tomando un poder irreal a cambio de perder el PSOE pátina socialdemócrata, adulterada desde Zapatero. Al mismo tiempo, validaba y legitimaba el carácter demócrata -más o menos social, “al estilo danés”- de Podemos. Desastrosa estrategia. Ahora, Podemos puede disputarle al PSOE el espacio socialdemócrata sin perder un ápice de soporte. El socialismo ha criado cuervos y aquel quiere sacarle los ojos. Cada fecha que pasa lo tiene más fácil, contando con los ímprobos esfuerzos que hace la Comisión Ejecutiva para que así sea. Sánchez sobra en el PSOE desde que dijo: “pactaré con todos menos con el PP y Bildu”. Su desaparición debería ser el primer movimiento para acometer una enmienda imprescindible y urgente.  

Algunos que pretenden rábano y hojas, pronostican el desplome del PSOE si pactara con el PP. Podemos “se lo come con patatas”, dicen. Y si lo hiciera con Podemos, ¿qué ocurriría? Desde mi punto de vista, terminaría digerido. Tanto me da, que me da lo mismo. ¿Entonces? Solo hay un camino de salvación para el partido y para los españoles. Primero, romper todos los pactos municipales y autonómicos dejando claras las razones de interés nacional, amén de mostrar una firme voluntad de homologarse con las socialdemocracias europeas. Luego, considerando cismas con el PP, abandonar tácticas de enfrentamiento político y social, estériles, rupturistas. Las próximas elecciones, si no gana, ha de permitir, absteniéndose, un gobierno PP/Ciudadanos quedándose en la oposición crítica, con acuerdos cerrados sobre reformas ineludibles. Junto a Ciudadanos, los tres, deben rehacer el edificio democrático pensando en el ciudadano para reconquistar su fe y confianza. De lo contrario, adiós PSOE y adiós Estado de Bienestar. No es para tomarlo a la ligera.

 

 

 

viernes, 6 de mayo de 2016

SUPOSICIONES, PALABRERÍA, CLAQUE Y OLVIDOS


Las suposiciones son conjeturas previas a hechos concluyentes. Suelen nutrirse de premisas indiciarias. En ocasiones, acontecimientos seguros adosan recelos promovidos por empirismos añejos. Hoy, desde un punto de vista social, político, elaboramos (elaboran prebostes varios) supuestos cual verosimilitudes contrastadas con excesivo optimismo, cuando no desfachatez. Es un escenario reiterativo, machacón, perverso; tanto que, hastiados ciudadanos lo reprueban y restituyen intacto, sin estudio ni apego. Ignoro si tal proceder cae en el campo del error o supone una terapia colectiva ante la imposibilidad de evitar esta enfermedad histórica. Pudiera entenderse que la proverbial indolencia retroalimentara el ejercicio político que siempre termina siendo un mal endémico en España. Importa poco que otros países sufran parecidos episodios; pues, rechazando el proverbio sedante, mal de muchos no consuela a nadie.  

El embarazo, circunstancias y resultado definitivo, quizás fuera un sugerente paradigma para comprender las suposiciones. Ambos requieren una certidumbre anterior, pero todo lo demás pasa al capítulo del dios Cronos. A falta de verificar la prueba de la rana,  vetusta, arrinconada, Podemos e Izquierda Unida comparecerán juntos a los comicios del 26 J. El famoso “sorpasso” al PSOE presenta los mismos interrogantes que el embarazo. ¿Habrá o no aborto? ¿Será niño o niña, sietemesino o cumplirá treinta y siete semanas en el vientre materno? No hay respuesta que releve al calendario, en ningún caso. Alguien arrogante (que atesora otras notables tachas cada vez más evidentes), en un a priori risible, ha ofrecido a Sánchez la vicepresidencia del futuro gobierno. Inconsistente, gaseoso, soñador, embarazo psicológico en esa suerte de paralelismo lúdico. Aunque parezca un relato fantástico con cabida en “Las mil y una noches”, es tan cierto como la vida misma. Hay pretensiones insólitas; pero -ya lo sentenció Samaniego en su famosa fábula- hallará las uvas verdes. Pura vanidad.

Vistas las consecuencias de tanto antojo, preparan un renovado proyecto que componga los desequilibrios generados durante estos últimos meses. Siglas y primeros espadas empiezan el cortejo que debe terminar, tras rápida gestación, cuando rompa aguas la gravidez parlamentaria. Necesitan, al efecto, un atractivo a medio camino entre lo libidinoso y lo prosaico. Luego, conseguidos los favores, cada cual es infiel bajo la excitación que inspiran los sillones azules; no románticos requiebros ni modestos abalorios. (Siempre pensé, parodiando a Gómez de la Serna, que “el pobre es un donjuán de secano”). Durante varios días, al uso caballeresco,  velarán vocablos que -en seguida- cruzarán en incruenta batalla. Empiezan a infectar el espacio radio-eléctrico de rotundas autocomplacencias y gruesas descalificaciones del rival. Terminarán ebrios, disparatados, en ese intento lascivo de conseguir las mercedes que les lleve al éxtasis. Nosotros, sujetos de su pasión incontrolada, deberemos mirar con lupa qué ofrecen de dote para cerrar las capitulaciones matrimoniales. Somos conscientes, y la anterior ceremonia lo dejó claro, que, a renglón seguido, desean tríos o cambios de pareja. Al presente, difunden palabras huecas; luego, entregarán míseras acciones.

Aupados por la claque mediática que les sirve de altavoz, se desgañitan en airear consignas, ocurrencias y eslóganes comerciales. Allende roídos principios, metodologías que el tiempo se ha encargado de descubrir obsoletas, nadie explicita soluciones realistas a cuestiones actuales. Carecen de ellas. Escogen tapar sus vergüenzas, o desvergüenzas, y se limitan a comentar las impudicias rivales. Un plan perfectamente preparado para magnificar incompetencias ajenas. Pulsan, al mismo tiempo, la víscera, los instintos primarios, que les permite obtener aguerridos ejércitos de “hooligans” tan paradójicos como eficaces. Comunicadores, tertulianos, en apariencia instruidos, argumentan sus tesis de manera tan indigente que rozan el absurdo. Caminan hacia la Tierra Prometida olvidando que antes deberán atravesar un penoso desierto. Después, probablemente encuentren obstáculos inesperados.

Ayer escuché una de tantas necedades con efectos demoledores. Confunden voluntariamente esencia y fenómeno, informe e ignominiosa manipulación. En el debate, alguien cotejaba diferencias entre dos personajes públicos sobre hábitos democráticos. Un tertuliano cortó la comparación asegurando que el pedigrí democrático del preboste puesto en cuarentena venía corroborado por el voto ciudadano. Era necesario, pues, confirmar la naturaleza democrática del cargo orgánico. La falta de rigor venía compensada por un exceso de sectarismo. Lenin, Mussolini, Hitler, y demás dictadores, provinieron de violentas revoluciones o del apoyo popular. Ciertos medios y periodistas debieran hacer autocrítica más a menudo.

Insertos en plena ofensiva electoral (el término preelectoral es tan falso como sus mantenedores), escuchamos -como siempre- una retahíla de loas propias, asimismo maldades vecinas. Unas y otras visten parecidas falacias que aderezan con atractivas envolturas, con seductora retórica. Ninguno está dispuesto a la franqueza, a exponer coyunturas ciertas, alarmantes; menos a estimar salidas viables. Callan la imprescindible reforma fiscal, una urgente subida de impuestos que aquiete las exigencias europeas sobre el déficit, incumplido desde hace años. Enmascaran la verdadera situación económica cuyo motor coyuntural es el turismo. Minimizan el problema territorial u ofrecen recetas triviales, quiméricas. Utilizan la boca pequeña para referirse a la pirámide poblacional y a las pensiones. Niegan enfermedades a esta democracia y adolece de muchas. En fin, se airea lo pueril, el embalaje, silenciando lo vertebral.

Únicamente los populismos, esos que -al decir del proverbio- “tienen uñas de gato y cara de beato”, explicitan el marco auténtico porque hacen su agosto aireando la podredumbre. Sin embargo, las soluciones que sugieren son brindis al sol, imposibles en un marco capitalista de economía globalizada. Probablemente aprovecharan siglos atrás, pero hoy reportarían miseria limitando, a la par, las libertades individuales de las que goza cualquier país democrático y moderno. No nos dejemos embaucar por sibilinos cánticos de sirena.

 

viernes, 29 de abril de 2016

REQUIESCAT IN PACE U OFERTAS LETALES


 

Sin duda, ha sido la legislatura más corta del actual periplo democrático. Algunos, inconscientes o caricaturescos, abonaban la esperanza de que el último minuto viniera acompañado por un milagro antes de disolver las Cortes. Ayuno de fe, afecto al sentido común, conceptúo los milagros quimeras existentes solo en mentes débiles o, peor aún, desnortadas. Pese a lo dicho, hay prodigios inexplicables. Siete millones, al menos, de españoles hacen de su vida un milagro permanente. Mientras, políticos adscritos a las diversas siglas que abarca el amplio espectro parlamentario se entretienen con juegos de tronos. Olvidan esa labor social que proclaman norte y guía de sus desvelos. No tienen remedio. La legislatura de forma oficial, jurídica, ha fenecido. Requiescat in pace. Lo confirma la jueza en excedencia, señora Rosell, que deja su escaño (a buenas horas) para ser juzgada en Canarias. ¿Decencia o desconfianza? El tiempo dará respuesta exacta, aunque temo lo peor.

Decía Cicerón que una muerte honrosa puede glorificar una vida innoble. Certifico el carácter torpe, insultante, de estos cuatro meses que nos ha brindado semejante crónica parlamentaria. Bien es verdad que lo normal de esta legislatura desahuciada no supera el cobro de emolumentos (sisa me atrevería a calificarlo) por parte de sus señorías. Voces, probablemente poco atinadas, plantean una devolución in extremis de lo percibido. No es ni más ni menos populista que otras propuestas merecedoras del asentimiento general. Existen indicios, precedentes  y sospechas fundadas, de que en este país nadie restituye nada. Si la vida es todavía vil, esa muerte próxima no presenta ningún signo de probidad. Ambas caras, muerte y vida, parecen caracterizarse -aquí y ahora- por una incontinencia total.

Sin embargo, a mí no me preocupan las pompas que desplieguen para iniciar la nueva campaña. Advierto una vieja táctica, común a “castas añejas” y a “actuales redentores”: siempre es culpable, responsable, el rival. Hay otros centenarios defectos que exhiben en este temprano despertar. A pocas horas del velatorio, cercano el último aliento, los políticos -haciendo oídos sordos a consejos que demandan una campaña austera, casi menesterosa- han iniciado las hostilidades. Conjeturo nula voluntad de adecuarse al especial marco económico pese a hipócritas insinuaciones. Días antes de disolver las Cortes y mes y medio previo al comienzo oficial de la campaña, continuamos en ella prácticamente desde el 20D. Es decir, llevan ciento veinte jornadas batiéndose el cobre. Y lo que te rondaré, morena. Luego hablan de moderación. Mal empezamos.

Nos queda mucho por ver. El derroche de ciento ochenta millones sería una inversión rentable si sirviera para optar con criterio. Pero no. Una ingeniería social hábil invita al elector a votar de forma visceral, inconcebible. Tal escenario obliga a ventear defectos, reales o presuntos, del contrario en lugar de exponer programas rigurosos y realistas. Solo así los populismos quiméricos, seductores, pueden amasar logros extraordinarios. El bipartidismo gestor empezará enseguida a pagar su peaje. Conseguir una multitud sumisa, mediocre, faculta a quienes atesoran maneras engañosas, demagogas, para crear conciencias sociales que fomenten la entelequia porque enmarañan lo dicho y lo hecho. El individuo, austero, queda satisfecho con poco, descuida lo genuino; duerme tranquilo bajo los oportunos sopores de promesas imposibles. Quién sabe si estaré perfilando, inconscientemente, el granero de Podemos.

Algunos opinan que acabamos de presenciar el esperpento político dentro de una España esperpéntica. Se equivocan aquellos que, llenos de largueza o candidez, señalan así el momento actual. La situación sobrepasa los rasgos grotescos para adscribirse a un escenario donde se impone el sectarismo como ley de actuación política. Puede observarse también una egolatría enferma -tal vez enfermiza- incapaz de ver al otro como complemento necesario (casi obligado) en lugar de peligroso rival. Percibiremos extraños movimientos, golpes de timón, vicisitudes insólitas, pero seguiremos subidos al mismo caballo fiero de la bajeza. Cuando al pueblo le urgen soluciones, estos fanáticos -si no cainitas- blanden la quijada como argumento dialéctico. No buscan convivir; quieren imponerse. Ya lo dijo en un arrebato aquel apóstol milagrero, salvador de la nada: “El cielo no se toma por consenso sino por asalto”. Breve síntesis metodológica de su acción ejecutora. Si yo fuera Garzón adoptaría ciertas precauciones, por si acaso.

Preparémonos para velar el cuerpo exhausto, yacente a poco, de esta corta legislatura. El ciclo biológico enseña que la muerte produce vida. No obstante, hemos de estar alerta no vaya a cumplirse aquella sentencia de Napoleón: “La muerte es un dormir sin sueños, y tal vez sin despertar”. He ahí el fracaso, el devenir hipotético que puede entronizarse en la oscuridad de un futuro incierto. Podemos e Izquierda Unida juntos pueden lograr seis millones de votos que les daría, al menos, una influencia gigantesca. Si PP y Ciudadanos no sumaran, tampoco lo harían -eso dicen las encuestas- Ciudadanos y PSOE. Con estos datos, unidos al hecho evidente de la acreditada enemistad Rajoy/Sánchez, ¿qué nos espera tras el 26J? ¿Una rueda diabólica o ese gobierno reformador, de cambio, que se invoca maquinal y falazmente? Lo simple, amén de lo imposible, goza del mismo crédito que los teoremas pues no precisa comprobación. Aquí anidan los éxitos, asimismo los fracasos, de Podemos porque explicar lo simple, o lo inverosímil, implica adentrarse en peligrosas arenas movedizas. Ese es el calvario de Iglesias.

Imagino, pese al probable éxito unitario de Podemos e Izquierda Unida, un resultado electoral que aporte escasas alegrías a Pedro Sánchez. Si conformara el gobierno que ansiara ayer, sería suicida para el PSOE y devastador para los españoles. Constituiría un descalabro tras el fracaso. Presiento que no se dará, que habrá un final feliz, una renovación política floreciente, alegre, copiosa, pero… Esperemos, como manifestara Erich Fromm, no morir antes de haber nacido por completo.

 

 

viernes, 22 de abril de 2016

PERSIGUEN UNA TRAICIÓN ATAVIADA DE PROGRESISMO


A lo largo de los setenta del pasado siglo, partidos comunistas de Europa occidental, entre ellos el francés, italiano y austriaco, propiciaron un eurocomunismo al que se incorporó Santiago Carrillo. El insólito comunismo reconocía los sistemas democráticos como eje básico de su doctrina, negando además todo carácter revolucionario. Grecia y Portugal siguieron sin cortar ese aditamento umbilical que los mantenía unidos a la URSS, en vías ya de cierto revisionismo ideológico. Carrillo, secretario general del PCE, tuvo un papel destacado en la Transición cooperando activamente no solo en la elaboración del texto constitucional sino en los famosos Pactos de la Moncloa. Sobre ellos descansaron las bases políticas y económicas que fortalecieron la democracia en España permitiendo, a su vez, el periodo más largo de paz y de bienestar social.

Hacia mil novecientos ochenta y seis, en torno al PCE como célula vertebradora, se constituyó Izquierda Unida. De índole plural y organización federativa, ha desarrollado importantes servicios al país, tanto a nivel metropolitano cuanto autonómico con desiguales resultados. Lo mismo que otros, tuvo épocas gloriosas junto a momentos menos laudatorios. Sin embargo, dentro de su agitada historia, orlado por un currículo abarrotado de deserciones y sonoros rechazos, fue fiel a aquellos principios que implicaban la defensa singular del trabajador, de la justicia social y de la concordia. Superó diferentes cánticos de sirena que le proponían maridajes inconvenientes, quizás adulterinos. Probablemente, este detalle cuente a la hora de ser el único partido comunista sólido existente en un  país industrializado. No computan ni Grecia ni Portugal.

Allega hermético, pese a todo, un peligro amigo. Son los peores porque te pillan despreocupado, entusiasta, sin defensas. Tal desarme ideológico impide discernir el bien del mal; en definitiva, la catástrofe subyacente. Un partido opiáceo, quimérico, pero triunfador en esta coyuntura, es el perfecto incentivo para atraer a su seno a Izquierda Unida. Esta goza de un crédito, amasado en años, pero infecundo; aquel -mancebo osado- debe mostrar virtudes que no le avalan, ni mucho menos, sus frutos electorales. La propuesta esconde un claro afán de rapiña, de absorción, asimismo de apuntalamiento ante ciertas dinámicas sociales que preocupan a quien hace de la política su medio de vida. Izquierda Unida no debe dejarse arrastrar por el pretexto, pues sus carnes electorales están contusionadas por el abandono de pequeñas organizaciones, territoriales o no, que buscan un sol más candente.

Alberto Garzón -que me producía buenas impresiones, seguramente inmerecidas a lo que se ve- si llega a la Secretaría General, pudiera consentir y completar el desalojo de su partido. Según todos los indicios, la sigla (ilustre otrora) podría desparecer devorada por Podemos, con o sin complementos. Aunque lo preguntara insistentemente, jamás obtendría una respuesta razonable. ¿Cómo es entendible que decenios de protagonismo ejemplar en la Transición se arrojen por la borda con tanta inconsciencia? ¿Qué puede ofrecer Podemos más allá de cháchara hueca? ¿Qué especulación inclina a Garzón, o a quien sea, para pactar una alianza de la izquierda moderna, libre de prejuicios y lugares comunes, con un clan vetusto que pretende hacerla añicos? Ni derecha ni izquierda, proclaman; defienden un credo vertical dirigido, al modo de ese anuncio lavavajillas, a los de arriba y a los de abajo. Desentierran, en sus propuestas, los viejos sindicatos franquistas. No me extraña nada. ¿Por qué no puede conjugarse alrededor del PSOE o la misma Izquierda Unida? Es evidente, importan solo intereses espurios y ambiciones personales. Desde mi punto de vista, avideces dramáticas para los españoles si se consumaran.

Sea cualquiera el avanzado estado de las conversaciones para conformar el bloque Podemos/IU, Garzón no solo traiciona un digno devenir de su partido, sino la democracia y las libertades individuales de los españoles, que tanto dicen defender por otro lado. Ayer, una vez más, Pablo Iglesias mostró sin rodeos la esencia fascista que suele exhibir muy a pesar suyo. Lo mismo que  una lagartija, verbigracia, no puede revestirse de oso panda, tampoco a Iglesias le ajusta la máscara democrática. Yerra quien advierte únicamente singulares episodios de carácter. Este tiene un componente genético y otro adquirido. Por tanto, el carácter es un atributo; no constituye capítulo de la esencia humana. El espíritu fascista es connatural, sustancia del ser. El señor Iglesias rezuma fascismo, le fluye por los poros. Los que amamos la libertad hemos de desenmascarar a quien pretenda limitárnosla. Sin rodeos ni descanso.

Pese a su naturaleza totalitaria, a los intentos de embozar la libertad de expresión y de información, aun es más delicado el atrevimiento de atribuir mayor solidez a un acto universitario que a las ruedas de prensa. A su pesar, ningún comunicador convirtió el salón de conferencias en una casa de lenocinio, vulgarmente casa de putas, como hizo él años ha cuando Rosa Díez pretendió dirigir su palabra en aquel recinto, hoy elevado a los altares por un miembro de la endogámica institución, no sé si educativa.

Conjeturo escasa probabilidad, salvo alarmantes signos psicóticos en mis compatriotas, de que Podemos -absorbida y silenciada Izquierda Unida- supere al PSOE. No obstante, Garzón dejará de ser el fetiche de la izquierda para convertirse, junto a un Iglesias desaforado, en cómplice maligno de la ultraizquierda. No lo olviden amigos, los extremos se tocan.

 

 

viernes, 15 de abril de 2016

¿QUÉ NOS IMPULSA A TRANSIGIR TANTA NECEDAD?


Me consta que somos animales (en mayor o menor grado) de costumbres fijas, apenas alterables. Constato nuestra correlación con aquella propiedad física de la inercia, según la cual un cuerpo permanece en reposo o movimiento constante si una fuerza no actúa sobre él. Nosotros, cuerpos o engendros naturales, llevamos siglos estáticos, soportando políticos de escaso calibre y gran indigencia. Casi nadie, yo tampoco, suele plantearse las razones que nos llevan a tolerar semejante marco. Pereza, cobardía, e inseguridad, ofrecen al preboste un resquicio para alcanzar cotas impensables de poder, de tiranía. Es curioso cómo en política, y espacios próximos, se cumple a rajatabla el principio de Peter. Ese que asegura, sin matices, que todo puesto es ocupado por alguien incompetente. De aquí se desprende que todo trabajo solo puede ser desarrollado por quien no ha alcanzado su nivel de incompetencia. En otras palabras, es mejor que los políticos no hagan nada, permanezcan inactivos, para preservar al país del desastre.

Reconozco cierta malicia, no exenta de mala leche, a la hora de establecer un paralelismo entre políticos e ineptitud. Sin embargo, la Historia -amén de nuestra patrimonial experiencia- confirma tal analogía. Ahora mismo llevamos cuatro meses de un gobierno tetrapléjico por culpa de una Ley Electoral, hecha a medida, y unos políticos que, pese a pomposas declaraciones, les mueve solo un interés personal. Ni siquiera el conjunto, debido a su monolitismo. Con excesiva frecuencia, los juicios de valor se basan en las propias concepciones. Marx pronunció aquella frase lapidaria: “la religión es el opio del pueblo”. Seguramente pensaba en la doctrina política y en los partidos, que le eran más comunes. Deduzco, pues, que todos los regímenes anti o pseudodemocráticos tienen algo de teocracias: es decir, sus políticos son un aliento salvador huérfano de cualquier acción sensible. Por supuesto, potencian la retórica sugerente, cautivadora, adormeciendo sobre todo las sociedades fatalistas y dogmáticas.  

Hace cuatro meses, digo, el ciudadano español votó como quien rellena una quiniela, de forma automática, maquinal. Muy pocos podrían argüir argumentos de peso a la hora de ultimar su voto. De igual manera, los políticos leen o visionan el resultado a través de un caleidoscopio contrahecho, disgregador, delirante. Y estos estímulos les conducen a percepciones psicóticas, huérfanas de toda conciliación. Un PP obtuso, severo, putrefacto, se enrosca en el sueño de haber ganado unas elecciones revueltas. Mientras no despierte es imposible llegar con él a ningún acuerdo que permita un gobierno estable. Sus tesis pasan necesariamente porque Rajoy sea presidente de un ejecutivo inverosímil. Sánchez -que no el PSOE, o sí- hizo ascos a pactar con una sigla, dice, que ha llevado a España al peor gobierno de la actual democracia. Olvida pronto aquel, no tan lejano, de Zapatero y quedaría por ver el suyo propio. Ciudadanos y Podemos hacen verdaderos esfuerzos por mostrar músculo ante la situación a que nos lleva tanto egoísmo y táctica espuria.

Desde mi punto de vista, el individuo está hecho para soportar impuestos confiscatorios, comisiones, paraísos fiscales, “distracciones” diversas, incluso felonías. No obstante, sería pedir demasiado que encima tuviera que escuchar sereno gilipolleces sin fin. Al político se le perdona, como así parece, cien mil vicios cuando no comportamientos delictivos, pero empalagan las justificaciones torpes, osadas. Personajillos del amplio espectro parlamentario -asimismo líderes de baratija, espantavillanos- habitan, sin protección ni vergüenza, los Cerros de Úbeda. Molesta la proposición consecuente: nos tratan como idiotas. A lo peor, y de aquí surgen nuestros males, no se equivocan. Imagino que el contribuyente menos reflexivo y sagaz, denominado pérfidamente ciudadano, se da cuenta de que a los políticos no les importamos nada,  les traemos al fresco. Ante esta evidencia, ¿por qué, pues, no los mandamos a hacer gárgaras? Ni idea, aunque sospecho, sin apenas margen de error, que cualquier réplica sea afín a fenómenos borreguiles. Otro interrogante sin respuesta.  

Teatro, paripé, señuelos, nos mantienen expectantes entre la entelequia y la desesperanza. Parecemos esos pajarillos que mantienen el pico abierto sin posibilidad de que los padres dejen un alimento inexistente. Cada vez que observamos revoloteos políticos aparecen imperiosos, burlones, los reflejos de Pávlov. Esta situación condicionada es, en verdad, lamentable. Al final del macabro juego nos someterán a unas elecciones inmediatas o a corto plazo. Sánchez dice estar dispuesto a someterse a una moción de confianza en dos años. ¿Acepta el reto Podemos? ¿Aguantaremos dos años con “soluciones” podemitas? Ni seis meses. Aquí todos esperan algo. PP (Rajoy en suma) sacar mayoría absoluta con Ciudadanos. Sánchez aguantar unos meses la Secretaría que se desmorona día a día. Iglesias, engañar a Garzón, aglutinar una izquierda radical y adelantar al PSOE. Ribera, el éxito e Izquierda Unida descifrar su galimatías. Entre tanto, nosotros -sin aliento- confiamos en que no nos hundan definitivamente. 

¿Por qué admitimos tanta necedad? La respuesta es ajena a ese tópico repetido de nuestra inexperiencia democrática. También a la idiosincrasia especial del pueblo español forjada en el crisol de las civilizaciones que nos han invadido/civilizado. Tampoco se debe a esa razón exculpatoria de que tenemos los políticos que merecemos. La contestación parece cristalina: nuestros políticos se afianzan, y algo más, sobre el pueblo que les sirve de sustento. Nosotros somos los consentidores, masoquistas, culpables de su malquerencia.

 

viernes, 8 de abril de 2016

EL NUDO GORDIANO O ENTREMESES POLÍTICOS


Nudo gordiano es una expresión que se utiliza para indicar dificultades prácticamente insalvables. Desde hace siglos, el nudo gordiano de la convivencia nacional lo conforman gobernantes y políticos de todo signo. Asimismo, entremés indica ese deleite alimentario que abre camino a las diferentes viandas. Puede utilizarse también, metafóricamente, como compás de espera para cuestiones vertebrales. Ahora, la situación patria se encuentra inmersa en esos entremeses sin fin. Los españoles esperamos, al parecer de forma inútil, que nos sirvan no digo la carta sino el menú del día; ese alimento mínimo, de subsistencia, para seguir sufragando una política absurda. Decía Wittgenstein: ”Nada es tan difícil como no engañarse”. Cierto, nosotros llevamos siglos cometiendo deslices y hoy, pese al decir de mucho ignorante sobre la preparación de las nuevas generaciones, batimos el récord de errores propios. 

Corría el año mil ochocientos setenta y tres, cuando Figueras -primer presidente de hecho- dijo aquella memorable frase “Voy a serles franco: estoy hasta los cojones de todos nosotros” y abandonó el Parlamento sine die. Cortó por lo sano el nudo gordiano (cual Alejandro Magno redivivo) que la necedad había construido. Sí, cortó el enredo pero no aniquiló la estulticia que, a poco, elaboró otro de semejante desorden y de consecuencias siniestras para España. Costa, fundador del regeneracionismo, pretendió desenredar sin abrir cismas sociales aquella nueva componenda concebida por un liberalismo elitista, a menudo antisocial. El revisionismo lampedusiano de Maura, Canalejas y Dato, condujo inclemente a la dictadura primorriverista y posterior Guerra Civil. Casi medio millón de muertos y cuatro decenios de dictadura han servido para poco. El pasado vuelve con saña.

PP y PSOE (o viceversa), junto a un nacionalismo corrupto, llevaban cuarenta años alternándose en el gobierno. A la chita callando, iban construyendo un régimen democrático viciado, injusto, nauseabundo. Comprada presuntamente la complicidad del nacionalismo catalán -“si cae el árbol caerán también las ramas”- socialistas y peperos (antiguos liberales y conservadores) cimentaron un Estado sosias de aquel que propició las mayores revueltas sociales de la España contemporánea. Por mucho que ambos se rasguen ahora  las vestiduras, manosearon la Constitución a su antojo, permitiendo una soberanía popular de apariencias. Semejante caldo de cultivo fue venero de partidos frescos, acicalados con ademanes desconocidos. Idéntico rigor esgrimo al asegurar que Podemos es un partido totalitario en su fundamento, metodología y praxis, que cuando pongo en cuarentena el fervor democrático de PP y PSOE, orlados por el resto de siglas, según trasciende de su gestión. Enronquecen asegurando que los partidos son esenciales para implantar un sistema de libertades, pero también dice la Constitución que deben conducirse de forma democrática. ¿Lo practican? No. “Quien se mueva no sale en la foto”.

Próceres diversos manifiestan que la sociedad habló el 20D. Así será si ellos lo dicen. Sin embargo, demuestran estar sordos u oyen demasiado. Por mucho reclamo que expongan, el ciudadano les importa un bledo. Ambicionan poder, nada más. El PSOE no habla con el PP porque cree perder votos. El PP pretende seguir gobernando sin mover un dedo para conseguirlo. Iglesias, siempre gestual, no quería compartir gobierno con nadie porque esperaba asaltar el cielo. Ahora que lo ve inaccesible, exige prerrogativas y ministerios a la par cobijando su audacia bajo la ambición ilimitada de Sánchez. Sus tan cacareadas inteligencia y astucia le han jugado una mala pasada. Don Pedro se sabe cadáver desde aquel fatídico: “pactaré con todos a excepción de PP y Bildu”. Después, con gran esfuerzo, le han hecho concebir que no puede meter también en el mismo ataúd los restos de un PSOE patitieso. A partir de ahora, libre de lastre, el PSOE -retomando una política lógica, estricta, con PP y Ciudadanos- puede acometer cambios en los gobiernos municipales e iniciar movimientos internos que conformen una socialdemocracia real, apartando de su horizonte delirantes querencias zapateriles.

A algunos analistas, interesados más que parciales, les seduce abonar la especie de que si el PSOE acerca posturas con el PP, Podemos lo desarbole. Incierto. Únicamente debe impedir que nadie le “distraiga” el espacio socialdemócrata europeo. Ningún país, salvo Grecia por diversas circunstancias, ha castigado estos acercamientos liberal-socialdemócratas porque son diferentes caras de esa moneda que atesora bienestar y libertades. ¿Queremos ser europeos? Algunos partidos extremos, radicales, potencian nuestra salida del marco común. ¿Por qué será? La bonanza social no procede de ningún Decreto-Ley. Los Estados reparten miseria pero no prosperidad. Para que unos cobren, otros tienen que pagar y esto jamás lo hacen los ricos, riquísimos. Las clases medias sufragan tales limosnas y al final se consigue una sociedad asfixiada por una pobreza general, a excepción de quien complace al Comité Central que suelen nadar en el exceso. La Historia es testigo fiel e incuestionable.

Preparémonos para otros comicios. Tras siglos de nudos gordianos y bastantes días de entremeses, entretenimiento o teatro fantástico, nos piden de nuevo un ejercicio soberano. Sería de risa si no tuviera tintes dramáticos. Por mi parte, hace tiempo corté el nudo: me confieso abstencionista terco en defensa propia y esquivo toda suerte de prácticas postizas. Los entremeses no me preocupan porque soy frugal en comidas y escéptico en concepciones. Cultivamos la idiotez por nosotros mismos, pero cumple su papel la inapreciable ayuda de periodistas felones. 

 

viernes, 1 de abril de 2016

TITIRITEROS Y PRESUNTOS DEFRAUDADORES FISCALES


Jamás creí en cuentos de hadas, ni aun de niño. Durante años toleré fabulosos cuentos chinos pero dejaron de extraviarme hace tiempo. Estos relatos son propios de estadios vitales participados por una inocencia beatífica. Sin embargo, individuos maduros, curados de espanto (real o supuestamente), viven y gozan sus fascinantes historias. ¿Son bobos solemnes? No, solo incultos. Los cuentistas, distintos a cuenta cuentos, quedan al descubierto solo cuando tropiezan con adultos informados. Aquellos saben que la farsa se alimenta de necios, irreflexivos, o con enormes lagunas culturales, amén de dogmáticos cuya guía es un crédito irracional. Semejante escenario provoca la indecorosa colisión entre propuestas educativas e intereses gubernativos. Nadie crea que al poder le importen sociedades fisgonas, inquietas, juiciosas. Persiguen ciudadanos -contribuyentes- sumisos, retraídos, analfabetos; listos para adscribirse al rebaño nacional.

Llevamos tres meses de parálisis gubernamental; en realidad, siglos. Todos, gobernantes -sin gobierno- y gobernados proclaman la erosión que provocan las mayorías absolutas. El pueblo, respetuoso, acorde, ha transferido sus votos a cuatro siglas por igual. Surge así lo que podríamos llamar un bipartidismo doble (quizás doblado, quién sabe si tronchado), de coalición. Un auténtico guirigay donde abunda el ruido y escasean las nueces, una perrera de hortelano llena de ansias y temores. Avanzan, retroceden; a la postre, ofrecen un reposo dinámico. Parecen estar sometidos a campos gravitatorios y sufran serias dificultades para descubrir su polo de atracción o repulsión. Se juegan mucho pues el efecto final lleva al éxito rotundo o a la extinción definitiva. Me escandaliza que excusen afanes personales con ese latiguillo mordaz, infame, hilarante, de que lo primero, lo primordial, es España y los españoles. Cínicos, desvergonzados.

Parodiando a Figueras, uno de los presidentes de la Primera República, amén de alterar algo su frase, digo: “Señores, estoy hasta los cojones de todos vosotros”. Hay quien peca de inmovilismo con argumentos escasos de razones e infaustos en táctica política. Hay quien persigue gobernar sin detenerse en costos para el partido o para los españoles. Hay quien se adhiere a un dinamismo confuso, sin tasar que el movimiento, a veces, lleva al despeñadero. Hay quien, al fin, espera aprovechar la coyuntura para pescar, a río revuelto, en aguas democráticas con arreos o artilugios espurios, antidemocráticos. Y nosotros sin vender una escoba. Sorprende que la zurda con linaje democrático, PSOE e Izquierda Unida, acoja y legitime extremismos incompatibles con Estados ricos, libres, modernos. Nunca fue solución esconder la cabeza bajo el ala, menos cuando quieren asaltar nuestro espacio ideológico, porque no existe granero para el conjunto.

Este PSOE siente avidez por formar un gobierno de cambio, reformista y progresista de izquierdas, en palabras específicas. Próximo al paroxismo, cegado por la ambición, Sánchez -junto a su Comité Federal- proclama tales virtudes de forma osada. Estiman que los cambios son positivos siempre como si jamás hubieran oído el vocablo regresión. Ese retroceso a que nos llevó Zapatero, fue la causa por la que Rajoy gozara de una mayoría absoluta inmerecida. Tanto, que solo ha durado una legislatura. ¿Cómo puede ser un gobierno reformista sin contar con los votos necesarios y con mayoría absoluta del PP en el Senado? Pura fachada, absurda empresa, bonitas palabras. Nada más. Respecto al progresismo de izquierdas, véase la secuela del señor Rodríguez, técnicamente padre operativo de la izquierda metaprogresista.

Me interrogo, desmenuzando tranquilas lucubraciones, qué sugieren tres siglas diferentes de izquierdas. Si el PSOE abona el campo de la socialdemocracia europea, que es mucho entrever, Izquierda Unida ocupa la izquierda marxista, incluyendo sus aciagas hipótesis económicas, qué espacio ideológico atiende Podemos. Ninguno. Es un parásito cebado a costa de los anteriores mediante fraudulenta carta de presentación. Partido de laboratorio; alquimista. Liberales y socialdemócratas europeos quedan separados por diferencias nimias. En España ocurre igual pese a los inútiles esfuerzos de Zapatero y Sánchez por aparentar lo contrario. Este, además, no es consciente del deterioro general a que nos llevaría una política de izquierda radical. Cuba, Venezuela, Grecia -entre otros países- son ejemplos incuestionables. “Kichi”, alcalde de Cádiz, empieza a tener problemas por incumplir promesas huecas, retóricas. El individuo descubre los engaños solo cuando se impone impúdicamente la realidad. Queda mucho por ver.

Ayer presencié un nuevo capítulo de la actual tragicomedia. Monedero, el notorio Guadiana de la política patria, surgió falaz, mitinero, exultante. Audiovisual, manifestaba preciosista, casi etéreo, sus afanes de que el PP perdiera cualquier posibilidad de gobierno por su “política recesiva que ha llevado a recortes económicos, pérdida de libertades y estado de bienestar” (sic). Anunciaba la “buena nueva”: un gobierno a punto de pactarse, incluyendo la insólita generosidad (sacrificial) de Pablo Iglesias, el salvador. Reiterado el mensaje hasta la pesadez, silenció que dimitir de un sueño es prudente desde el punto de vista psiquiátrico. Asimismo, ocultó la hábil estrategia gratuita porque él (Pablo) es Podemos y, de llegar al pacto, en vez de dimitir sería vicetodo en la sombra. Sustituye esa urgente necesidad que indican las prospecciones por la virtud aparente, fructífera. El gato escaldado huye del agua fría.

Llegó al colmo. El aparte fue la actitud agria con Rivera (con cualquier disidente) al que calificó de “titiritero”. Mostró recurrente, a poco, cierta displicencia agresiva -al mismo tiempo-porque se le limitó el tiempo mitinero. No me extrañó la audacia supina de quien comete ese grave tropiezo social de ser presunto defraudador fiscal. Desesperada e importuna bravura.  Como diría Diego de Acuña, entre lo obsesivo y lo insolente: “Podemos es así, señora”.