viernes, 26 de octubre de 2018

CINISMO Y MISERIA


Antes de que Pedro Sánchez (armado de su habitual apostura chulesca y con proceder compensatorio e infantil) castigara de rodillas y brazos en cruz a Casado, le había dicho: “Ustedes no tienen programa de gobierno ni para Cataluña ni para España”. Así, con un par. Una aureola de cinismo contoneó esa testa meritoria -valga la ironía- del presidente más ambicioso y torpe en cuarenta años. Al final, será difícil averiguar si las necedades proceden de los presidentes o de sus respectivos asesores políticos. Todo vino a consecuencia de la “responsabilidad y participación” de Sánchez en el golpe de Estado que se está perpetrando, en palabras de Pablo Casado. El gobierno, delicadamente sensible, exhibiendo ronchas y mohines aviesos, olvida aquel “indecente” que espetó Sánchez al entonces presidente Rajoy, incluyendo la menudencia de acusarle de insuflar el independentismo. Ya saben, la viga y la paja. Como diría González Moore: “No hay mayor cinismo que el de aquellos que reclaman para sí lo que nunca han dado”. 

Cínico, enseña el DRAE, es quien actúa con falsedad o desvergüenza descaradas. Llevamos tiempo constatando que tal zozobra recorre las filas de cualquier sigla, si bien el populismo se lleva la palma. Ignoro qué predomina en esta coyuntura; si el descaro del preboste -quizás osadía que implica mayor inestabilidad emocional- o la estupidez ciudadana, tal vez sumisión ancestral. Sea cual la respuesta, vivimos un momento crucial, peliagudo. Para encrespar más los ánimos, si es posible, unos medios audiovisuales y escritos se esfuerzan por retorcer los conceptos hasta dejarlos irreconocibles, viciados, cuando no envilecidos. Etiquetas falsas, imputadas con saña y a veces impotencia, restallan en el espacio social contaminando el aire de aromas tóxicos, antitéticos, que aportan perturbaciones a la fisiología patria de consecuencias indeseadas. Una sacudida glacial, malsana, recorre el cuerpo nacional. La perspectiva sojuzga mentes y almas creando cierta desazón ante un futuro incierto

¿Quedan muchas tinieblas, mucho malestar? No existe una respuesta precisa respecto a Cronos ni a la diosa Felicitas. Temo que estos desarrapados intelectuales nos hagan pasar penalidades sin fin. Las cosas se están sacando de quicio con suma celeridad y percibo un intento nuevo, obcecado, de construir ladinamente el régimen que la guerra cortó de raíz. Mientras, se condena el liberalismo tachándolo de radical, de extrema derecha al tiempo que se le somete a causa general. Medios, colectivos estridentes y políticos siniestros -vistos en su doble acepción- siembran con bastante éxito una semilla que lleva implícitos el enfrentamiento, la quiebra, el caos. Sin duda han encontrado el terreno óptimo, preparado -al modo gramsciano- por un credo que ha hecho del cinismo su púlpito preferente. Esas ansias hegemónicas, de dominio estructural y moral, abren dudas razonadas de si Felipe González renunció convencido al marxismo. Zapatero y sus inexplicables añoranzas lideró enajenado la izquierda guerracivilista, aquella que se alejó de una socialdemocracia próspera.

LOGSE, junto a un relativismo que llenó toda la fisonomía formativa de una juventud sin futuro, ha ido forjando esta sociedad carcomida por todos los excesos a la par que por todas las carencias. Existe tal desorientación que las doctrinas, antaño guías ineludibles en los sistemas democráticos, han terminado ociosas, innecesarias, obsoletas. Surgen vigorosos credos alarmantes que nos retrotraen a épocas amargas, terribles. Hay ideologías tiránicas que emergen solo cuando el mundo se ve sacudido por profundas crisis sociales o económicas. Totalitarismo y nazismo brotaron en esas coyunturas socialmente desequilibradoras. Ahora, los movimientos migratorios ponen en riesgo -a veces por su propia dinámica- el statu quo de los países de acogida. Como réplica natural, aunque insolidaria, aflora un rechazo irascible, virulento, implacable. En ocasiones, los propios gobiernos calientan el conflicto aprobando medidas peregrinas.

España, pese a los esfuerzos de la progresía política y mediática, carece de ese ardor que comporta una dinámica radical, de momento. Estamos en el camino propicio para componer -a no tardar demasiado- un país envuelto en preocupantes conflictos sociales. Nuestro PSOE, alejado de enfoques pragmáticos, ha sido un partido disolvente, enemigo de alianzas que facilitaran políticas de Estado. Le pesa excesivamente el desafortunado papel que eligió en la Segunda República. Su vieja radicalidad le ha impedido, por pruritos atávicos, adoptar modales socialdemócratas. Sin embargo, la socialdemocracia (superada por doctrinas liberales, asimismo radicales) pierde gobiernos en Europa central y septentrional. Aquí, Sánchez -basándose en esa alergia europea y raptado por una codicia espuria, apremiante- ha recreado el frente popular como posibilidad exclusiva para conseguir La Moncloa. Aglutinar a la extrema izquierda con independentistas y antisistema, debe traer consecuencias nefastas para España y para el propio PSOE.

La izquierda moderada, como indico, ha perdido poder en Europa a beneficio del liberalismo, aunque esta crisis social originada por la migración -y otra económica que se vislumbra cercana- provoque un resurgimiento preocupante de las ideas inmoderadas, para ser suave. El polo opuesto (Portugal, España, Italia y Grecia) lo constituyen gobiernos de izquierda, más o menos radical, a excepción de Italia cuyo ejecutivo viene determinado por una mezcla explosiva de populismo y derecha radicalizada. Resulta aventurado, sin vestigios claros, hablar con verdad de convulsiones nazis o totalitarias pese a etiquetas vertidas por la táctica agitprop. No obstante, no deben descartarse a futuro.

Nosotros estamos eligiendo un camino que lleva directamente a la miseria, pues nos dejamos gobernar por una izquierda vacía. Reclamo, etiqueta y propaganda, con el auxilio impagable de unos medios serviles, definen su esencia, su encarnadura. Hemos de acostumbrarnos a mirar las cosas de frente, no de perfil. Analicemos qué proyectos reales, en beneficio ciudadano, ha elaborado el actual gobierno a lo largo de estos cinco meses. ¿Sánchez y sus acólitos pueden favorecer el Estado de bienestar? No, acarrean miseria para la sociedad porque, además de su odio al capital, solo les interesan los gestos, el poder sin más; se presentan indigentes para otros objetivos pese a seductoras apariencias. La economía vertebradora, boyante, no puede encontrarse en doctrinas estatalistas, es un axioma histórico.

viernes, 19 de octubre de 2018

¡VIVA LA BANDA!


Mis lectores habituales conocen que soy partidario de utilizar como epígrafe títulos significativos de canciones, textos, refranes, películas o citas sugestivas. En esta ocasión opto por la película de Ricardo Palacios, cuya trama se desarrolla en plena Guerra Civil española. Sin embargo, el fondo jocoso del filme tiene poco que ver con la situación grotesca, pero espeluznante, que domina hoy la escena política. Aunque parezca paradójico, cualquier caricatura despliega dos sentimientos opuestos. Uno advierte el tinte estrafalario, sarcástico, hasta ridículo; esperpento que evita frustraciones en el tópico valle de lágrimas. Es la fórmula exclusiva para una autodefensa eficaz. Otro, menos imaginativo, más real pero amargo, usurpa al género humano su deseo, aun su derecho, a una felicidad efímera, terrena.  

Banda constituye un vocablo con acepciones que tienen un cimiento común: grupo, más o menos organizado, con tareas y objetivos distintos. Hoy, me interesa aquel significado, casi siempre peyorativo, referido a conjunto heterogéneo de individuos. Yendo al grano, me refiero a la plaga de políticos y comunicadores que permite esta piel de toro. Ambos armonizan un tándem preciso, necesario, imprescindible, para llegar al embeleco que constituye ahora mismo la democracia española. ¡Viva la banda! es el grito minoritario, adiposo, de quien vive a la sombra opípara del poder eventualmente detentado. El noventa por ciento de la población, como mínimo, debiera estar hastiada de tanto acoso farsante e impositor. Pero no. Hete aquí que han corrompido la conciencia social y al coro ruinoso, infame, se adhieren de muy buen grado -cuando llegan las elecciones- numerosos colectivos vejados y vehementes.

Un perfecto, codicioso, programa de ingeniería social (iniciado con el nefasto sistema educativo llamado LOGSE y con el complemento vil, felón, de una prensa huidiza) permite a políticos y periodistas vivir de forma regalada a costa del fraude democrático. ¿Cuándo, si no, individuos -con dudosa valía intelectual y catadura moral- podrían permitirse una vida regalada, propia de potentados? No preciso nombres, incluyendo todas las ideologías, para elaborar un memorándum presente en la mente popular. Quien me lea, sabe que culpo al pueblo de colaborador principal. Aunque el papel protagonista sea adjudicado exclusivamente a políticos y prensa, el ciudadano (ahora contribuyente) tiene un importante quehacer de comparsa, si bien muchos se crean estrellas. Por tanto, este pueblo es corresponsable activo de la coyuntura presente.

Lo típico -al tiempo que sustantivo- de la banda actual, viene configurado por el desorden anarquizante, folklórico. Avistamos fuerzas heterogéneas diluidas en el maremágnum político-mediático. Se ha difuminado la vieja socialdemocracia moderada, gobernante, con un comunismo totalitario, novecentista. Demagogia y populismo desbancan el mandamiento recto, ético. Izquierda y derecha abandonan sus espacios tradicionales jugando a novedosos sondeos, mañas e ingenios, mientras consiguen desorientar al ciudadano, desheredada marioneta. Experimentan, en este laboratorio desconcienzado, una utopía tiránica con la saña que no apetecen para lograr el Estado de Bienestar. Porque utopía cae dentro de su campo, válida solo cuando el objetivo se refleja en ellos mismos. Egoísmo se convierte en doctrina troncal por muchos esfuerzos que realicen para ocultar, con palabras talismán, sus verdaderos anhelos.

Cabría preguntarse, entre otros interrogantes no menos oportunos, qué reflexiones llevan a un partido de gobierno a pactar con totalitarios, presuntos delincuentes y reconocidos antiespañoles, unos presupuestos en vez de ejercer de auténtico patriota y convocar elecciones. Se emplea como justificación el que gobiernos precedentes lo hicieran. Constituye otro ejercicio de configurar un lenguaje ad hoc, torciendo el oficial, para modular mensajes contaminados y argumentar quimeras. Comprendo menos el cesarismo expelido por todas las siglas nacionales hasta el punto de emponzoñar sus respectivos partidos antes que abandonar el poder, bajo un consentimiento suicida o cretino. Pedro Sánchez prefiere amortajar el PSOE antes que abandonar La Moncloa. Vimos a su antecesor, resuelta su economía, en la misma tesitura.

¡Viva la banda! claman alborozados quienes, fuera de ella, sin nepotismo, descubren un futuro incierto, ruin. Banda, privilegio y arbitrariedad forman el trípode sobre el que se sustenta nuestra democracia. A lo sumo, cabe añadir que las muestras no presentan signos de afección a la gente. Incluso aquellos que se distanciaron de la casta, han resuelto zambullirse hasta el cuello en ella. A más a más, como dirían los catalanes, poseen guardia personal, un símbolo -como sabe todo el mundo- netamente proletario. Qué pronto convergen los que pretendieron abrir una brecha simbólica tan insustancial como falsa. La prensa también forma parte básica del espectáculo, cuya contribución seguramente es bien remunerada. En ocasiones, ciertos periodistas que atizan la progresía como método eficaz traspasan todas las líneas de lo razonable y campan a sus anchas por el repugnante fanatismo dogmático, cuando no maniqueo

Évole asevera con rotundidad: “Me preocupa Vox porque hay mucha gente dispuesta a votar a un partido fascista”. Fascista es un anacrónico recurso propagandístico que intenta resucitar tiempos olvidados, de siglos pretéritos, ya que ciertos partidos necesitan etiquetas poderosas que aviven el subconsciente colectivo. Santiago Gonzáles -en el polo opuesto, pero sin ofrecer alimento electoral- dice: “El peor presidente de nuestra Historia es un psicópata que emputece todo lo que toca”. Ambas no constituirán ningún breviario de frases célebres, ni por sobriedad ni por estilo. Tal vez, el cetro lo detenten El País con sus bandazos y la Sexta TV ejemplarizando una fidelidad indiscutida.

Dentro de la órbita política tenemos declaraciones, actos, que serpentean el insulto a la inteligencia. Sánchez anuncia desmarcarse de la cita Iglesias-Junqueras. Martínez Maíllo, tabernario, considera que “Iglesias es un crack, es el puto amo”. Sin que le falte razón, sus palabras ajan crédito a las formas políticas. Carmena se gasta un millón de euros en redecorar el palacio donde se ubica el ayuntamiento. Susana Díaz, asida al cinismo, exige a Tejerina que pida perdón a los niños andaluces, etcétera, etcétera. Es incuestionable. Una élite encumbrada, estafadora, viviendo a lo grande, exclama (olvidando a la gallina de los huevos de oro y en permanente francachela) ¡Viva la banda!

viernes, 12 de octubre de 2018

GOBIERNOS IMPUNES O EL OCASO DE ENGAÑABOBOS


Esta mañana he presenciado una entrevista a Susana Díaz, tras haber disuelto el Parlamento andaluz y convocar elecciones para el dos de diciembre.Un gobernante siempre aspira a agotar legislatura, pero quiero lo mejor para mi tierra”. Esta andanada la evacuó sin mover un músculo y con sonrisa cautivadora. Enseguida me ha asaltado un axioma incontestable: el noventa y cinco por ciento del extracto de nuestros políticos viene determinado por ausencia de valores, cinismo, desfachatez y labia. El otro cinco por ciento restante, lo llena una mente indigente, plana, pretenciosa. Esta sutileza, entre otras diversas, determina que vayamos de mal en peor. Cuarenta años de democracia, si se puede conceptuar así, y hemos evolucionado poco o nada. Acaso, a peor. Forjamos una ilusión esperanzadora y nos han llevado a un escenario lamentable, siniestro, antidemocrático; ahora mismo, censor.

Pedro Sánchez (doctor no, todavía sin deslindar) sosia magistral del “inolvidable” Zapatero, recorre terco el espacio de la vileza. Prometía austeridad -como ética “exclusiva” de una izquierda interclasista, proletaria- y derrocha dinero público además de dejarse avistar ese achulado talante con que acicala su inepcia. Desde que ocupa el gobierno, de forma legal y no tanto legítima, el PIB ha caído unas cuantas décimas favorecido también por una segunda crisis mundial en ciernes según augures de todo prestigio. Sin embargo, aparte ciertas bombas saudíes de ida y vuelta, su programa conocido se ciñe a la exhumación de Franco, hacerse fotos con migrantes y bajar el IVA en prendas de higiene femenina. Ah, se me olvidaba. Muestra interés desmedido por codearse con líderes internacionales porque se le echa la casa encima. Perderemos miles de millones, pero, al final, será culpa de cualquier turco que asome la cabeza.

Los medios todavía siguen refrescando la corrupción del PP, “el partido más corrupto de Europa” hasta que Arcadi Espada preguntó a un feligrés convencido: ¿Cuál es el segundo? Cierto que distinguidos representantes peperos metieron (presuntamente unos, y otros no tanto) mano a la caja llevándose algunos milloncejos. Pero en este país, sin contar con las deficitarias empresas públicas, han desaparecido miles de millones del ámbito local, autonómico y nacional por mala gestión, desidia voluntaria o involuntaria. Probablemente familiares, amiguetes y amiguitas se hayan ensuciado los hocicos con un achocolatado pastel caído del cielo cual maná nutriente. Ninguno que yo sepa: presidentes, ejecutivos, gobernador del banco de España, dignatarios de ciertas cajas rebosantes de inmoralidad, evalúa la probabilidad de ser juzgado a causa de las enormes pérdidas dinerarias ocasionadas por su insolvencia, quizás pillaje.  

Me parece injusto que semejante caterva de aventureros indoctos abandonen la política -muchos de ellos jubilados- peripuestos, pulcros, jurídicamente limpios. Sé que cohecho, prevaricación y desfalco tienen demasiados vericuetos para facilitarles un escape con poco esfuerzo y mucha altanería. Son inmunes a otras figuras jurídicas porque, fatalmente, la estulticia no delinque ya que la sociedad (supuesta soberana y contribuyente real) elige incluyendo vicios ocultos, o no tanto. Es verdad. Votar con rechazo significa tener una imagen tal vez prefabricada del contrario, pero no vemos de qué pie cojea el individuo cercano a nuestros afectos; tanto al gobierno como a la oposición llegan auténticos desconocidos. Dicha quiebra les permite salir indemnes de los desastres que ocasionan. Los redime esa “irresponsabilidad” donada por ciudadanos con equivalente torpeza.  El político inepto, a su casa.  

Disponemos también de engañabobos. Conformando una única categoría, surgen dos estereotipos amantes del atraco y de la corrupción: medios y prebostes o viceversa. Los primeros -saltándose cualquier regla deontológica- inducen al extravío colectivo con su línea editorial intransigente, corrupción sin paliativos de la conciencia social. Conllevan, asimismo, un atraco ético cuando reducen al máximo la discriminación semántica y el hábito reflexivo. Nuestros prebostes atesoran con avidez ambos defectos, siempre ocultándose tras cualquier biombo impostor, teatral.  Pese a la gran cantidad de memos que abarrotan el espacio nativo, a estos especímenes protegidos se les va terminando el chollo a poco. Exceso e impudor dejan al descubierto tanta trivialidad, tanto fantoche, tanta contingencia, que les es imposible ocultar el auténtico individuo. Se va abriendo lentamente una luz clarificadora y su ocaso parece próximo.  

Hoy ha caído la primera hoja otoñal. Estaba cantado pese al histrionismo de horas antes. ¿Alguien piensa que se puede firmar cualquier acuerdo complejo de forma instantánea, fugaz, si previamente no estaba cerrado? Ayer Podemos aseguraba no tener respuesta afirmativa a los PGE. Sánchez, raptado por su ambición, ha medido mal la fuerza del partido populista y totalitario. No ha calibrado lo suficiente la egolatría de Iglesias, cosa que si ha hecho este con el apetito desbocado de Pedro. Pablo hubiera rubricado su “liberalismo democrático”, si fuera preciso, con tal de seguir afirmando: “Hoy, Podemos tiene más poder que nunca”. ¡Menudo es él! De todas formas, el principio de acuerdo para los Presupuestos probablemente sea un brindis al sol, por suerte. Es imposible que Sánchez dé a Torra lo que pide y por tanto el sí del independentismo a los Presupuestos. Si así ocurriera, la CUP ridiculizaría a sus contrincantes. No es lo mismo votar contra Rajoy que asentar un gobierno refractario al pulso independentista.

Bocazas tienen todos los partidos, en mayor o menor proporción y calidad. Ninguno, no obstante, rivaliza con Rufián. Comprendo que este ejemplar -único- defienda su pan (pasó de parado a superar los siete mil euros mensuales), pero todo tiene un límite y el impresentable diputado lo traspasa sin pudor ni continencia. Permítanme una apostilla. Aun discrepando de Julio Anguita, máxime sobre sus tesis económicas, le niego cualquier semejanza con líderes de la izquierda más o menos extrema. Don julio ofrece algo de lo que los demás carecen: honradez y rectitud acrisoladas. A diferencia del resto, él sí defendería, incluyendo errores, intereses nacionales y no particulares. Paradigma sin seguidores porque idealistas apenas existen; la mayoría se presta a oscuras y rentables componendas. Escudriñen, adviertan; de estos “virtuosos” hay legión.


viernes, 5 de octubre de 2018

SER O NO SER


Constituye la frase más famosa del monólogo de Hamlet, príncipe de Dinamarca, sobre la vida y la muerte. William Shakespeare -en sus reflexiones sobre ambas, expuestas en dicho soliloquio- quizás fuera el antecedente cercano, preeminente, del existencialismo. Sartre tituló su obra sustantiva “El ser y la nada” con evidente analogía respecto a la obra shakespeariana. Ortega, dentro de su peculiar perspectivismo, también recorrió la senda existencialista. Ello, le llevó a advertir: “La vida es futurización, es lo que no es”. Observamos una clara avenencia entre los tres autores a la hora de titular o definir sus discernimientos. Shakespeare quiebra una concepción esencialista del hombre, propia de la filosofía clásica, para abrir un nuevo interrogante donde la existencia (y su angustia vital) ocupa el arranque de cualquier lucubración en los dos últimos siglos.

Cierto es que empirismo (escuela que preconiza la propia experiencia como método para llegar al conocimiento) y fenomenología (sistema cuya tesis indica que solo podemos conocer los fenómenos, nunca el ser-objeto) coexisten, mientras atesoran preferencias (no exentas de vacilaciones), con el existencialismo durante los siglos postreros. El individuo, sometido a presiones límite, se aferra al relativismo en sus diversas formas. Así se va construyendo una sociedad vacilante, perdida, manejable, cuyos añejos valores -morales o éticos- han sido sustituidos por otros de reciente cuño donde destacan codicia, egocentrismo, abuso e insolidaridad. Vemos con estupor, asimismo zozobra, como poco a poco nos deslizamos sin freno a un abismo insondable. Peor que el destino resulta esa estulticia casi irracional que nos empuja sin oponer resistencia. Un refrán popular indica: “Lo que la naturaleza no da, Salamanca no presta”; es decir, necedad y desastre son compañeros de un viaje alejado de cualquier escapatoria educativa, restauradora.

De entre las varias rutas inciertas emprendidas por gobiernos pérfidos e impulsadas por una sociedad necia, estúpida, cabe señalar el Estado Autonómico, su avidez, y en especial aquellas Autonomías que se consideran a sí mismas con identidad nacional. Ahora, Cataluña preocupa al pueblo español debido a la situación de quiebra social y a la imagen que brinda al mundo entero. Los independentistas aducen oscuras razones históricas para exigir independencia y república. Al parecer, su génesis como pretendido reino dataría de la primera mitad del siglo XIII. Reivindican conjuntamente, quimérica tesis, Valencia y Mallorca en esa unidad llamada Países Catalanes. Lo que ellos denominan Reino-Principado-Condado de Cataluña aparecía formado por varios condados-territorio (no administrativos) situados en el área geográfica de la actual Autonomía y otros allende los Pirineos, hoy Estado francés. Más razones históricas tendrían Valencia, Sevilla, Badajoz, Toledo, Zaragoza, etc. “reinos de Taifas” a finales del siglo XI. Llegaríamos al Estado plurinacional efectivo, a la España desvertebrada, a la nada.

Puedo comprender el sinvivir de políticos y sociedad catalana desde que una marea de independentistas superó ese palo y zanahoria que CiU astutamente exhibía ante los diferentes gobiernos nacionales. Era el statu quo perfecto. Venteando la bandera del independentismo conseguían miles de millones y competencias jamás imaginadas. Ese mensaje reiterativo, pertinaz, de “España nos roba” y parecidos eslóganes, acabó por imponerse al paripé de un soberanismo de pega. Necesitaban nutrir la llama nacionalista para mantenerse en el poder y, cubriéndose con la bandera catalana, forjar una panda que saqueó, presuntamente, Autonomía e instituciones adyacentes. En aquellos años de González, Aznar y Zapatero, no eran independentistas, ni mucho menos; pancismo e intereses espurios fundamentaban su ADN político. Pero hace tres años, una diada multitudinaria les hizo ver el monstruo que habían creado. Solo restaba huir hacia adelante y aquí, en esta tesitura molesta, irreversible, suicida, nos encontramos.

Imagino, si es que les queda algún escrúpulo, el abatimiento del señor Mas. Menos de los presos o fugitivos porque consintieron una situación advertida. Quisieron acreditarse héroes nacionales y terminarán por emerger tontos inútiles. Hoy, el Parlament se ha embarrado debido a la divergencia JxCAT y ERC a la hora de delegar o designar los diputados presos o huidos. Se ha resuelto a favor de la concordia, aunque el desgarro sigue intacto. Era lo esperado, pues ni el gobierno catalán -junto a sus apoyos- ni Sánchez (y su soporte) quieren elecciones anticipadas. Torra y Torrent deben andar como el verso de Santa Teresa: “Vivo sin vivir en mí”. Vacilan si ser (nacer, vivir cual políticos en el alambre) y exponerse a la cárcel o no ser (fenecer políticamente e iniciar otro aliento porque la muerte es causa de vida) disfrutando del sueño de estar vivos incorporados a un bucle dulce e ilusorio. Creo que todas sus angustias, fiascos y velas, terminarán en la mazmorra social por “traidores” o en el cautiverio judicial por presuntos y graves delitos penales. La gilipollez acaricia su peaje. 

El pueblo catalán padece sus demonios internos y otros externos disfrazados de políticos patriotas. Semejante carga les hace transitar por un viacrucis que, a poco, siente sustituirse tomando cuerpo una turbulenta mezcla de intolerancia, agresividad e inconformismo. En un vaivén mecánico -grupos minoritarios, pero muy fanatizados- van por libre, han abandonado el no ser aupando el ser a extremos que empiezan a desazonar a sus mentores. Han eliminado el orden facilitando, de este modo, la irrupción lógica de gentío acéfalo, agreste, anárquico, rabioso, subsumido por un separatismo impostado. Uno ve ciertas imágenes, atesora información, y se sorprende (pese a los años) de la sandez infinita que encierra el género humano.

Sánchez, presidente inusual, paga su ambición mostrando cuan postizo tiene el ser.  Un doctorado lacio y falso; compromisos incumplidos; apariencia fraudulenta, estilo, carácter y palabra hipócritas; amigo del escondite, de silencios inconclusos, evita contra viento y marea dejar la presidencia, el sillón, las sinecuras, el no ser. He aquí quien arrastra una vida dificultosa, mostrenca, indefinible, huidiza, pero lo prefiere a la tranquilidad anodina del que abandona focos y prebendas. Rearmando la disyuntiva, ambición o silencio sustituyen al antañón ser o no ser.

viernes, 28 de septiembre de 2018

UNO DE TRILEROS


La antigua televisión valenciana amenizaba -o potenciaba el sopor- las tardes de lunes a viernes con una película del oeste (Una de l´oest). No pretendo paralelismo ni entretenimiento alguno, pero sí generar puntos de reflexión; deseo hilvanar un artículo que resucite algo perfectamente conocido: estamos sometidos a los caprichos, a las arteras actividades, de una caterva de trileros. Trilero, enseña el DRAE, es un estafador que ayudándose de ciertos objetos y con la complicidad de “ganchos” aligera el dinero de cuanto temerario se pone a tiro. Tres elementos concurrentes: demagogia, medios y pueblo a la medida dan respuesta cumplida a objeto, “ganchos” e incautos. Imagino que todos sabemos de qué se habla y del esfuerzo que debe realizar la sociedad para volver las aguas a su justo cauce democrático, lejos del que venden algunos con “patitas” totalitarias (evoquen el relato de los tres cerditos).

Este timador, tan viejo como la humanidad, solo puede nutrirse de gente que se deja engatusar. Constituye una especie desaparecida en países donde la cultura rompe barreras sociales recreando un clima de rebeldía razonada. Espaciadamente, también ellos precisan recargar el espíritu censor - germen de movilizaciones vigorosas- para liberarse de zánganos y vividores. Ocurre, con actual incremento, en naciones de Europa central y septentrional. Cuando políticos de tierras ingenuas e incultas (las nuestras) ven peligrar su “modus vivendi”, desprestigian estos bandazos con calificativos gruesos, intimidatorios, porque así los entiende esta sociedad corrompida. Cargan las tintas en lugar de analizar qué parte de culpa tienen ellos, los políticos, en semejante transformación. Las sacudidas se producen por los errores de quienes ostentan el poder; un poder que les viene grande o pretenden convertirlo en tiránico.

Sabemos que España es pueblo de pícaros, villanos y ladrones; actualmente, mesa de trileros. Hay que admitir, lo contrario sería injusto, la abundancia de valores poco o nada prosaicos: hidalguía, heroísmo, flema, carácter, … no siempre patentes ni bien tasados. Quizás vivamos una época adversa, pero hoy fraude -en su amplia concepción- y timo forman la esencia de nuestra sociedad. Desconozco qué razones fomentan en esta época ofuscarnos con el trilero de feria, ese que aprovecha la ocasión emocional para desvalijar al individuo bobo. Políticos de uno y otro signo han sacado tres cubiletes y bajo uno han colocado la bolita que lleva inscrito un máster o tesis. El ciudadano contribuyente se desoja para encontrar el dueño del título que debe aparecer bajo el cubilete señalado. Oh, dioses, no ha acertado. No hay nada, todo está vacío, evaporado. Es humo que ciega tus ojos.

Entre tanto, una comitiva de personajes variopintos (tal vez fuera más acertado argüir “variopintas”) ocupa el ruedo ibérico. Con frecuencia nos llevan al huerto que desean sin excesivos costes ni escrúpulos. La Universidad Rey Juan Carlos (URJC) soporta desde hace meses ataques tóxicos e indiscriminados de una izquierda que, sin faltarle razón, hiciera bien en azuzar algo de prudencia. Se comenta malintencionadamente que dicha universidad es un apéndice del PP pues se fundó en mil novecientos noventa y seis, siendo presidente Ruiz Gallardón. De aquí las críticas feroces a Cifuentes y Casado. Me gustaría saber -aparte los pormenores con que la Universidad Camilo José Cela calificó la tesis de Sánchez- si la Complutense pasaría de forma inmaculada el cedazo ético, que dicha izquierda exige a la URJC, tras algún rector con presuntas anomalías contables sin numerar asimismo “predilecciones” (también presuntas) a alumnos y profesores con renombre, pero discutible prestigio.

La farsa mayor del trile viene de las innumerables evidencias de pacto PSOE-Podemos tan divergente en objetivos como imprescindible para un gobierno ridículo. Además, necesita el complemento nocivo de independentistas y otros grupos detestables para el común. Cualquier estafado, con tiempo, descubre la fullería y abandona el entorno echando pestes. Enseñar el rostro revela la inutilidad de la capa; asimismo, el embozo eclipsa al sujeto. No se puede ser constitucionalista e independentista al mismo tiempo. Lo dice el refrán: “Quien da pan a perro ajeno, pierde pan y pierde perro”. Acercamiento de políticos presos a Cataluña, permitir embajadas, “regalar” casi mil cuatrocientos millones de euros al gobierno catalán, etc. forman parte del importe suscrito por Sánchez con los soberanistas. Cierto que antes lo hicieron otros, y se abunda en ello por periodistas concretos, pero entonces no se proclamaban independentistas.  

Populismo, demagogia, falacias, forman los principios rectores del trilero. Rajoy judicializó la política en Cataluña y ahora Emilio Fernández, presidente de la Unión Progresista de Fiscales (UPF), politiza la judicatura. Mal, muy mal cualquier tejemaneje. A Monedero siempre que sale en TV le preguntaría ¿qué hace un chico como tú en un lugar como este? Podríamos citar innumerables ejemplos de personajes adscritos al trile. Mencionaré algunos casos curiosos, paradójicos. Echenique, apóstol de la estética sobria, alquila un piso en el barrio de Salamanca. Celaá, ministra portavoz, asegura que las bombas vendidas a Arabia Saudí son “inteligentes” y no van a matar yemeníes. Razonamiento engañoso, eficaz; salvoconducto para los trabajadores de Navantia. Sánchez, por arte de birlibirloque, se atreve a decir: “Hemos venido a limpiar la corrupción venga de donde venga”. Para descongojarse. El colmo de la desfachatez y de los tics antidemocráticos viene de la mano de Carmen Calvo: “La libertad de expresión no lo resiste todo”, mensaje-consigna para impedir que la prensa airee los infinitos desmanes socialistas o adjuntos. Censura pura y dura.

Viene al pelo citar, una vez más, el robo perpetrado por PP, Banco de España, CNMV y MUR (Mecanismo Único de Resolución, adscrito al Banco Central Europeo) a los accionistas y bonistas del Banco Popular. El resto de partidos, PSOE, Podemos y Ciudadanos, no han movido un dedo para redimir la injusticia cometida. España se encuentra en una coyuntura terrible, de difícil salida sin intervención férrea, rigurosa. Como lo que verdaderamente separa a los partidos son exiguas diferencias de matiz, consigamos que gobierno y oposición se conformen con una abstención ciudadana del noventa y cinco por ciento. Da igual, que da lo mismo, quien gobierne. Europa sería el talismán que nos guardara de probables aventuras totalitarias.

viernes, 21 de septiembre de 2018

ESPAÑA Y LA TORRE DE BABEL


Según indica el Génesis y algunas narraciones mitológicas, la torre de Babel pretendía llegar al cielo en un acto de soberbia humana. Dios quiso castigar este pecado capital (que con los seis restantes conciertan vicios sociales varios) multiplicando las lenguas de quienes osaban tal monstruosidad. Así no podrían entenderse y su objetivo nunca se vería concluido. Desde luego, fuera de todo análisis sobre la altura alcanzada, este país ha excedido cotas increíbles de estupidez, defecto sin clasificar aunque protagoniza gran parte de la situación actual. Efectivamente, individuos adscritos a cualquier grupo u oficio viven rendidos al naufragio cultural, introspectivo y cívico. Echemos una mirada tolerante -para evitar frustraciones nocivas- a los medios audiovisuales. Ellos nos colocan ante personajes tan dispares, al mismo tiempo tan insólitos, como Rufián o Belén Estaban. Desde todos los puntos de vista, yo prefiero a Belén Esteban; es más natural e inteligente.

Bien pudiera apreciarse cierto paralelismo entre la soberbia que hace cinco milenios llevó al hombre a pretender acercarse a Dios y el boato hodierno. En ambos casos surge una sentencia clara: castigados a soportar nuestra pequeñez junto a la confusión comunicativa, asimismo desdoro, entre iguales. El postrero suplicio incrementa la anatomía en este país donde cada cual desarrolla un discurso unidireccional, sordo, atiborrado de rigidez. Aquí, se abre la mano, despilfarramos el dinero público, pero nadie da su brazo a torcer. No hay nada tan penoso como el diario diálogo de sordos que advertimos en platós televisivos o, peor aún, en un Parlamento áspero -a veces grosero- e indocumentado. Las formas, siempre rozando lo inaudible, se dejan excesivos pelos en la gatera por mor de una escenografía quizás mal entendida. Quien más, quien menos, representa un papel inmundo porque se aparta definitivamente de esa vocación de servicio que debiera centrar el rol político.

Ahora tenemos un gobierno que “eleva el listón de la exigencia democrática” al decir de Cristina Narbona. Salvo hermeneutas o imbéciles, nadie es capaz de interpretar en sus justos términos dicha secreción retórica. La señora Narbona no habla, porque su finalidad está muy lejos de conseguir una comunicación fluida; pervierte el lenguaje y lo torna herramienta vacía como tal. Eso sí, su intención es clara: manipular mentes poco o nada dadas a la lucubración serena, lógica, discriminatoria. Se arma, de forma consciente, ese guirigay propio de quienes esperan eternizarse en el machito. Es la tormenta perfecta: unos conviven con el esoterismo y la opacidad mientras otros muestran ciegos afanes de seguir a pies juntillas cualquier consigna. Los medios colaboran para agigantar las dificultades emisor-receptor, por encontrarse en diferente onda, amén de otras insalvables relativas a pensamiento y palabra.

Sería lógico, normal, que hubiera hondas discrepancias, disentimientos, diferentes lecturas, con personas ajenas a nuestro credo; con aquellas a quienes el arrebato babélico les hace efectuar extraños giros lingüísticos, incluso en la misma lengua. Sin embargo, no ocurre eso ni mucho menos. En personas de igual o parecida doctrina, gana de calle la improvisación, se habla diferente idioma. Incluso el presidente titubea cuando interpreta sus propias palabras. Si él no se entiende, porque cambia de discurso a poco, menos su ministra portavoz con las famosas “bombas inteligentes” que matan tras una exquisita selección previa. ¡Lo que hay que oír! Supera esa falta de entendimiento el señor Tarno (PP) cuando asegura que la ministra Robles no se parece a dicho tipo de bombas, sembrando de rebote recelos sobre su inteligencia.

Sánchez y su tesis han batido todos los récords del disloque semántico. A estas alturas dudo mucho que alguien tenga claro qué y cuándo es plagio. Políticos cercanos, quiero decir asidos a un poder en comandita, de tapadillo cubren las vergüenzas (puede que desvergüenzas) para evitar ayunos e intemperies precipitados. Algunos -hábiles, con más astucia que decencia- empiezan a agitar el acomodo porque temen perder comparsa si se diluyen demasiado en un gobierno débil, desahuciado. ¡Ah, las elecciones! Como las moscas, quieren saborear la miel pero temen morir de gula. También preocupa al ejecutivo (ese sí, pero no) que ha de emplear un lenguaje impostado para parecer lo que no es o para ser lo que no aparenta. He aquí por qué no se entienden entre ellos y menos aún con los ciudadanos Exceso de protagonismo, junto al error de creerse imprescindibles, únicos, sagrados, los ha conducido al monólogo cerrado, insolidario.

Nadie, yo al menos no, puede concebir que el Parlamento asista a individuos ligeros de señorío. Considero fuente de indigencia democrática el hecho de que alguien, ayuno de formas, pueda representar la soberanía popular. Primero porque simboliza, o debe, el honor del pueblo y segundo porque en la Cámara Nacional no caben quienes se manifiestan claramente antiespañoles. Tampoco concibo que se califique método o estrategia provocativos aquello que llanamente es incultura, ordinariez y comportamiento bochornoso; todo ello amparado por un privilegio “suprimido” y renovado en multitud de ocasiones. ¿Tiene usted vergüenza? preguntó Rufián, con premisas capciosas y sin venir a cuento, en la comparecencia de Aznar sobre la financiación ilegal del PP. ¿Es esto parlamentarismo? Cada cual quiso adornar su papel en un escenario histriónico, necio, ininteligible y nada rentable para la sociedad. Babel quedó pequeña.  

Llevamos un tiempo -desde la aparición de los populismos, sobre todo- en el que muchas palabras actúan como dioses totémicos. Pese al fondo oscuro, artero y antesala de confusiones continuas, el individuo deja guiar su vida por esta falsa llama intangible. Hoy, la televisión se ha convertido en púlpito sacrosanto al socaire de réditos nada deontológicos. Etiquetas y tics mezquinos, adobados ex cátedra, conforman su alimento característico, reiterado. Cada interviniente suelta su consideración, casi siempre funesta para una sociedad ansiosa de aprender. ¿Acaso PP o Ciudadanos representan la ultra derecha española? Así lo aseguró Monedero no hace mucho en una televisión nacional. Babel queda muy por encima respecto de España. ¿Dónde está la ultra derecha patria? ¿Existe? Hemos conseguido un idioma retorcido, diverso; herramienta prototípica de desinformación, baluarte y desenfreno.


viernes, 14 de septiembre de 2018

BROMAS APARTE


Bien pudiera ser el título de una sección periodística o el blog siamés de un observador riguroso que gusta de la chanza. Este monstruo adherido por alguna parte de su anatomía al hermano, presenta un cuerpo u otro según convenga al interés general. No resto un ápice de comedida sorpresa, el que alguien pudiera exponer cualquier argumento bicéfalo en esa doble vertiente. Imagínense qué atractivo desprendería tratar el tema catalán, verbigracia, revistiéndolo de narración guiñolesca, restándole todo viso trascendente, a fin de darle una vis cómica integral. Igual sucediera con temas deportivos, religiosos, simplemente de corazón, menos dados -por su carácter liviano- al envoltorio cáustico. Constituye una paradoja natural afrontar lo sustantivo con talante satírico, intrascendente, para sacar a la luz el fingimiento de su causa.

Bromas aparte es la forma sutil u odiosa de hacer un alto en el rosario de epítetos, generalmente malintencionados, que se realiza a alguien para -tras un respiro del verdugo parapetado tras esa insidiosa frase- seguir aplicando la tortura cruel al maltrecho interlocutor. Suele completarse el tormento en un hábitat próximo, acariciando amor y encono extemporáneos entre reo y sádico. Nuestros políticos capitalizan tan terrible realidad social cuando invierten sobre seguro al recibir información privilegiada y su fracaso, improbable, queda subsumido por la más alevosa impunidad. Nunca cejan de agredir al ciudadano y cuando se demoran es para tomar impulso. Aquí, el estigma toma cuerpo de proyectos que se enuncian y de inepcia o idiocia que impiden su realización. Ambos estadios están aislados por esa proposición, mampara exótica, que los separa sin apenas discreción.

Decía Joseph Conrad: “Una caricatura es poner la cara de una broma en el cuerpo de una verdad”. Deducimos, pues, que la política es una caricatura de la realidad social. Expongamos hechos que lo constatan. Rajoy, jugándose la barba, fue el político del PP que mayor apoyo electoral consiguió: ciento ochenta y seis diputados; tres más que Aznar. La conclusión es clara: este último gozó de menos tirón que don Mariano que se llevó por poco “el gato al agua”. No obstante, ambos atesoraron escasa vehemencia ciudadana. Bromas aparte, quienes reventaron las encuestas fueron Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero con sus atroces resultados gubernativos. Uno y otro, pusieron a España al borde de la bancarrota. Aznar menos, pero Rajoy se sentó a la puerta para ver pasar el cadáver de su enemigo. Después se levantó cansino, apático, desabrido, sin saber darle la vuelta al calcetín. ¡Menudo lince!

Pablo Casado, su sustituto al frente del partido, lleva meses sufriendo los vaivenes de la cuna que mecen PSOE y Podemos a dúo. Quizás les falte algo de vigor o de ingenio porque el líder popular se va escabullendo fácilmente, si no atacando con bastante acierto. Es verdad que Casado no despega; está dilapidando el crédito apriorístico que afiliados y medios le suponían al compás de aquel valor supuesto, fabuloso, sacrosanto, testado al recibir la cartilla militar. Como hace siempre el pueblo, este pueblo lánguido, su etiqueta de calidad la recibió contra Soraya Sáenz de Santamaría, no a su favor. Ahora, si lo ha dejado alguna vez, ocupa el tiempo buscando -de forma ciertamente inútil- el trabajo de un máster que aparece y desaparece cual Guadiana travieso. Asimismo, una defensa política intangible. Desde el punto de vista jurídico, se abre un trance poco lesivo, digerible. Bromas aparte, conjeturo una dimisión forzada para evitar convertirlo en carroña electoral. Considero que el PP queda desvencijado, pero no es tarde para que tome las riendas Teodoro García, un oasis nobel, de última ola, en el desierto popular.

Pedro Sánchez, al que unos le llaman el Nono y otros el Inquilino, demuestra ser un bluf. Es difícil contrastar su quehacer gubernamental con otros presidentes, incluso del PP. Creo a pie juntillas que es el peor, con diferencia, pese al ejército de panegiristas que loan con insistencia tonta estos cien días recién cumplidos. Jamás pude imaginar que la vida política pudiera ser un tanteo, una enorme humareda de diferentes colores para potenciar huidas, ignoro si defensivas, liberadoras o humillantes. Miente, quizás exagere, quien ose airear que ha propuesto, siquiera, algún programa socio-económico que tenga visos de objetivo tangible y realizable. Gesto tras gesto, consigue aumentar el cisma social, emprendido por Zapatero, para maniobrar contra media España; la mala, franquista y facha. Ahora se ha de desnudar, intelectualmente, para ¿evitar? una dimisión que se otea en el horizonte. Bromas aparte, descubre, al menos, que aquel “cum laude” esconde una mediocridad acreditada, aglutinante. No dimitirá para no echar a perder esfuerzo, apetito e ignominia, pero quedará tocado más allá de los fervores mediáticos.

Me aborrece y subleva que un comunista hable de democracia tomando la Historia a su antojo. Son muchos los que defienden la exhumación de Franco, como si ello significara una aplazada derrota del vencedor. Algunos, rozando lo esquizofrénico, afirman que constituiría el triunfo de la democracia. Imagino que al noventa por ciento de ciudadanos les causa indiferencia lo que se haga. Solo un cinco por ciento exige sacarlo y otro cinco retenerlo. Pero esa proporción exigua lleva metiendo ruido meses; digo meses, años. Adulterar el pasado con mentiras o medias verdades, impide a las nuevas generaciones establecer una convivencia asentada sobre errores múltiples de todos. No solo errores, también vandalismo sádico, torturas y crímenes absurdos, cometidos alternativamente en nombre de una legitimidad (democrática o no tanto) más que sospechosa. Bromas aparte, ese diez por ciento -lleno de dogmatismo y manipulación- difumina, consciente o inconscientemente, el grave escenario que ofrece el país en estos momentos. Dejemos la cohetería hipócrita para atacar con eficacia el parasitismo operante.

Parece que nuestros políticos han copiado de Cicerón aquella sentencia: “Si quieres ser viejo mucho tiempo, hazte viejo pronto”. Los prohombres patrios reciben su bautismo de fuego público alrededor de los diecisiete años. Así, nadie puede obtener licenciaturas, másteres, doctorados, de manera natural. Necesitan ayudas externas para presentar a la sociedad credenciales magníficas, seductoras. Falsedad, junto a desvergüenza, se acosta a currículo y eminencia. Bromas aparte, aunque el sustrato sea algo huero, nimio, importa el simbolismo, la actitud. Inopinadamente, tras múltiples abusos impunes, el prócer se enfrenta a un arma simple, torpe, de juguete, pero políticamente letal.

viernes, 7 de septiembre de 2018

CASTA NO, CASTUZA


En mi pueblo, como en cualquiera donde la franqueza genera formas ásperas, se utiliza profusamente el morfema despectivo. Si además pretenden poner en su sitio al cínico, la costumbre inveterada pasa a ser objetivo agrio, descomedido. Alejados de la venganza, es imposible apreciar un gramo de infamia; sienten, conjeturo, cierto impulso reparador, justiciero. Hay que conocer a la gente de los pueblos de forma profunda y concluirá su estudio admitiendo una orfandad absoluta de maquiavelismo, incluso elemental.

Paradójicamente, y con sentido compensador, saben aplicar el aumentativo humillante si la ocasión lo precisa o el sujeto paciente resulta indigesto. Cuando se trata de políticos, sube la intemperancia a niveles de difícil superación. Ignoro si es debido al lastre atesorado durante largos periodos o a resultas de actitudes inmediatas. Lo constatable es el grosor de epítetos con los que orlan a todos; quizás solo a quienes figuran extraños a la propia cuerda.

Casta es un nombre con pretensiones y desparpajo atributivos; al menos con esa intención se aplica. Algunos, inclusive, añaden altas dosis de perfidia subyugados por una demagogia populista y rentable. No precisan, mis amables lectores, concreción ni recuerdo de quienes han abusado de ella porque están al cabo de la calle. Ha sido tan notable el espectáculo esperpéntico que sobra cualquier pista para llegar a los actores. Al mismo tiempo, se descubre la ruindad de individuos que se jactan de poseer una ética ejemplar. Semejante reseña suele ocurrir en personas cuya hipocresía les capacita para mostrarse cual camaleones desatados. Constituye la parte inmoral propia de gentes con personalidad espinosa si no mínimamente bipolar.

Castuza, desde mi rural punto de vista, aumenta la cualidad del lexema dándole un matiz repulsivo, sucio. Personalmente lo aplico a quienes, olvidando mordacidades pretéritas, se integran con avidez a dicho modo de vida tras aventar machaconamente, tiempo atrás, pruritos odiosos y odiados. Sube a lo más alto del cajón el ínclito Pablo Iglesias, aunque me hastíe colocarlo en el pedestal mediático; un abuso perpetrado por bastantes entornos audiovisuales.  

Me resultó nauseabundo el comentario personal, inmodesto, estúpido, de que el rey había preguntado por sus hijos, como si fuera noticia socialmente jugosa. A la mamarrachada, propia de un mamarracho, se le adiciona el hecho grave de proceder de un tipo que ha llenado de escarnio el anterior bipartidismo y de repulsa instituciones que luego, de facto, aclama. A poco, se va mostrando sin aquella máscara originaria que lo transportó del opaco núcleo universitario -aunque elitista- a esta parasitaria panda política. Todo y ello pese a esa mochila ética, democrática, pero farisea, con que suele acompañarse.

Existe otro político -también de izquierdas- que, sucumbiendo al compromiso contraído con las bases de su partido, opta por la frivolidad y el lujo. Todavía recuerdo aquel Sánchez humillado, herido, al borde del viacrucis, cuando lo aprecio ahora altivo, arrogante, casi desdeñoso, en su pavoneo andante. Uno puede cambiar al compás de sus circunstancias, pero es necio trocar la circunstancia en esencia vital. Constituye la prueba inequívoca, concluyente, del alcance intelectual y moral a que llega el referente. Dicho talante poco ejemplar, le hizo coger el Falcon para “cumplir su agenda cultural” -según Carmen Calvo- y el Puma para acudir a un encuentro informal con los ministros en la finca Quintos de Mora. En definitiva, fueron dos formalidades muy informales; quiero decir, fuera de obligaciones públicas o de urgencias admisibles.

Más allá, difuminados, impera una pléyade de próceres que se apartan estrictamente, pese a Iglesias, de estos epítetos tan poco fraternos. No es que la piedad -estímulo sacro- precise un rincón a salvo de aras sacrificiales o tentaciones instigadoras. No, nos han llegado a moldear el lenguaje a su capricho y satisfacción provocando caos, ofuscamiento. Ya no sirven normas (aquí tampoco); se quiere remedar el concepto para que pueda aplicarse, más o menos trabajado, a coyunturas diferentes, tal vez opuestas.

Retuercen la semántica y aparecen chaladuras que encajan sin dificultad en el cedazo ideológico. Nuevas estrategias marcan las pautas para convencer a electores negados, abstencionistas por años de hartazgo, a confiar otra vez en una democracia que los esquilma y abandona. Modernos flautistas de Hamelín conducen al ciudadano a un despeñadero o a vivificar la cueva oscurantista de pasados siglos.

Nosotros -al eco de la India- somos los intocables, parias; esa casta última, humillada por el sistema que nos da un poder virtual, inexistente. Conforma la liebre de una competición que siempre pierde; los ingredientes nutricios de aquellos que permiten, a algunos de los suyos, superar todas las líneas rojas sin cabida en un sistema auténtico, efectivo, de libertades. Porque aquella castuza, de la que hablábamos atrás, es incompatible con la verdadera organización democrática.

Y, sin embargo, resuenan clarines y timbales mediáticos, advenedizos, como si el fragor legitimara su herencia sin derecho a duda, tal vez, rotunda negación. De verdad, ¿alguien con dos dedos de frente puede sentirse representado, en su extracción humilde, pragmática, realista, por políticos de la calaña de Iglesias o Sánchez? Hay poco donde elegir, pero… ¿estos? ¿Acaso no dispone el PSOE de recambio? (Los extremos no me interesan; incluyen un análisis simple, evidente, newtoniano). Mal andamos.

Casta, castuza, exudan intensamente los políticos independentistas catalanes. Más diría, se enorgullecen cuando presentan una epidermis ruda, tratada con densa capa de necedad, para que los sucesivos roces con la ley les permita salir indemnes, de momento. Espero que otra necedad interesada, que asimismo lubrica la piel seca, insensible, de un gobierno canijo, abandone el equilibrio normativo para cumplir promesas hechas al Estado; es decir, a los españoles. Los perjuros debieran ser ilegitimados si ambicionan representar al ciudadano, también a las instituciones. Conviniera ser principio rector, absolutamente ineludible, para quienes, desde un otero cómodo, escrutan -eso dicen- el bienestar social.

Casta deja de ser incluso sustantivo para convertirse en peligrosa herramienta de maniobra, de populismo usurpador. Mejor olvidar su usanza, su evocación, por decoro estético y en legítima defensa.

viernes, 31 de agosto de 2018

TONTOS Y FANÁTICOS ME PERTURBAN


Quizás alguien piense que fuera más preciso el verbo inquietan e incluso atemorizan. Pero no, a mi edad pocas cosas me inquietan y, menos, atemorizan. Cada cual es libre de permitir o resistirse a entusiasmos, afectos, capaces de reequilibrar una existencia con escasos altibajos. Hoy estamos sometidos a la planificación interesada de un poder que, con diferentes aspectos, exprime nuestra libertad hasta convertirnos en siervos medievales. Ante esta situación anómala me rebelo, nos rebelamos algunos, sintiendo la soledad del que hace la guerra por su cuenta. No hay otra salida, o es muy improbable, porque una guadaña advenediza, opaca, corta cualquier intento colectivo. Quienes debieran amparar esta insurrección cívica -el cuarto poder- resultan, nunca mejor dicho, tigres de papel.

Pese al aumento de opiniones poco tranquilizadoras, tengo dudas razonables de que el marco político-socio-institucional sea comparable al de postreros tiempos, siempre terribles, remozados por gente irreflexiva o depravada. Radicalizar las dos Españas no puede tener otro interés electoral que dinamizar amplios sectores abocados a la indolencia, al abstencionismo, por continuas frustraciones y hartazgos seculares. En definitiva, fomentan la participación en un ritual inconsciente, cada vez con menos basa democrática. Se ha llegado a esa ligereza anodina, casi necia, llamada costumbre. Sin embargo, gentes -tal vez agentes- contumaces, pretenden corregir a los que somos abstencionistas con peregrinos argumentos. Incluso progres, reales o presuntos, en una contorsión extraña respecto a sus propias concepciones hablan de deber ciudadano. Les es difícil advertir que vivimos una democracia, aunque muy profanada; los últimos meses, exangüe.

Quienes -por desgracia- manifiestan pocas luces han recibido siempre un afecto especial por individuos de su entorno. Había un consenso tácito para hacerles llevadero ese trago inapreciable para ellos. El hecho era incontrovertible en cualquier grupo social. Pero hete aquí que ha llegado la política y aquellas exaltaciones humanas han perdido carga virtuosa. Desde una óptica higiénica y amistosa, podemos distinguir tres tipos de tontos. Los que aceptan el trance sin disimulos, con naturalidad. Gozan todavía de esa aceptación residual y solidaria. Aquellos que realizan ímprobos, e inútiles, esfuerzos a fin de ocultar lo que les resulta especialmente importuno, irritante. Deben aguantar, además, un rechazo generalizado. Termina la serie con quienes están convencidos de que los tontos son el resto, todos menos ellos. Tales especímenes tienen un nombre extraño al inventario: políticos.

Esta caterva de imperecederos sandios, a poco, ha construido una democracia ad hoc y languidece en ella con auténtico deleite. Ignoro que calificativo debería imponerse a quien inicia el “servicio” público de adolescente y se jubila en él. Sí, ya sé que se le llama político mitigando -a duras penas- el verdadero dominio: farsante. La otra cara de la moneda, denominada sociedad, exhibe un rostro macilento, ajeno. Ambas partes, cara y cruz, resultan fieles componentes alegóricos de cualquier sociedad “civilizada”. Podemos suavizar al extremo, pero sus integrantes se adscriben forzosamente a uno de estos dos colectivos. Bien forman parte de la cara, que yo intitulo jeta; bien de la cruz, nunca mejor dicho. Si obviamos ligeras correcciones, cumplen al dedillo esa vieja sentencia: “Unos nacen con estrellas y otros estrellados”.

Las ejecutorias de nuestros políticos, sin excluir sigla alguna, constatan su pertenencia al tercer grupo de lerdos. Desde Felipe González a Pedro Sánchez, el deterioro ha sido notable. Humo y paja formaron parte sustantiva de su mágico deambular por la escena histriónica, grandilocuente, fabulosa. Creían camelar a un pueblo inculto, amante del sesteo, “so verano”, como calificaba tiempo atrás -haciendo un juego de palabras curioso- para indicar el letargo estival, histórico, que lo define. A veces, incluso la sospecha cristalizaba en certidumbre plena. Todos, a mayor o menor gloria, han vendido una burra averiada, inválida. Sin embargo, durante los últimos meses se ha superado un récord legendario. Sánchez centra su incapacidad evidente, novicia, en el fecundo y peligroso enfrentamiento social. Ignoro si le dará generosos réditos electorales, o si el nuevo gurú advierte algún hito especial para seguir esa senda, pero vislumbro un futuro turbio, conflictivo, probablemente demoledor.

Con menor incidencia, influye también de forma vertebral la actitud fanática, huérfana de cualquier propósito atemperado, cordial. Aquí el abanico engloba además a medios y periodistas que abren sus fauces codiciosas al dogma revestido de vil metal. Porque, abandonada la querencia dialéctica, el fanatismo desecha todo prurito intelectual a fin de trocarse opción pecuniaria. Quien siga asiduamente tertulias y debates comprenderá la diferencia entre los que apuestan por el razonamiento argumentado y los que imponen, o lo pretenden, formas agresivas para ventear mensajes escasos de rigor. Sin formar parte de los ejecutivos, pero apéndices del poder en sus variadas facetas, se sienten vehementes valedores de la farsa. Eso sí, generosamente retribuidos. Pese al autobombo, venden su dignidad por un plato de lentejas. Son pocos, dirá algún verso suelto de la quinta columna soslayando su capacidad contagiosa, maligna.  

Resulta claro, pues, que estamos enclaustrados a merced de tontos y fanáticos. El marco adjunto mortifica, acongoja (expresión audible sustituta de otra peor sonante). Debe cambiar a fondo la mentalidad ciudadana, si queremos que esto revierta, y alejarnos de tópicos incrustados que hacen anidar una quimera permanente. Hemos de desterrar el maniqueísmo absurdo, antihumano y divergente. No existen individuos solo malos, tampoco los hay solo buenos; la bondad o maldad aislada supera al hombre. Sería bueno que desde ahora mismo fuésemos desechando tópicos furtivos e inciertos; tan falsos que el despiste o la necedad impiden apreciar cuánto objetivo soterrado lleva su entraña.

Termino aludiendo a políticos que maltratan a su especie. No preciso concretar porque su identidad es de dominio público. Similares al resto en lo común, estos vienen de fábrica equipados con especial distintivo: verborrea utópica, desaliñada, disgregadora. Dominan y ejercen todos los defectos del sistema presuntamente democrático. Les distingue, de fondo, cierto desvarío psicológico forjando su propia esquizofrenia. Suponía -ahora lo constato- que la estupidez humana alcanza magnitudes astronómicas. Tan disparatada majadería, no la excusa el ansia de poder, menos una ambición malsana.  

viernes, 24 de agosto de 2018

SOCIALISMO Y ESTADO DE BIENESTAR


Se dice con reiteración que el objetivo de la política y de los políticos consiste en lograr el bienestar ciudadano. Todos conciben, a la hora de ofrecerlo, que es una prioridad ilusoria, postiza. Realizan un espectáculo inigualable en campaña electoral o conformando una oposición siempre desabrida cuando no folklórica. Ocurre, sin embargo, que compromiso serio, idealismo e iniciativa, comparecen huérfanos de remembranza. Sorprende la facilidad con que un político, cualquiera, olvida afirmaciones o contingencias espectaculares, pertinaces, firmes, siendo absurda su posterior negativa porque la hemeroteca, como el algodón, no engaña. A ese fin, despliegan un grado de cinismo extraordinario pretendiendo negar lo obvio. Su impudor no tiene límites. 

Aunque el epígrafe se refiere a la paradoja bienestar-izquierda, difícilmente podemos encontrar una ideología que quede a salvo. Menciono a Rajoy. Dicho político, en la oposición, imprecaba -y le sobraban razones- a Zapatero por su incompetencia. Tal vez, las mayores críticas se refirieran al apartado económico y concretamente al aumento del déficit y de la deuda. Haciendo gala de unos principios liberales inexistentes, don Mariano aseveraba contundente una bajada sustanciosa de impuestos cuando alcanzara La Moncloa. Ubicado allí, sobre ciento ochenta y seis diputados, dos días después el IRPF alcanzó cotas desconocidas hasta ese momento. Dijo que el PSOE había mentido en el déficit declarado (seis por ciento) cuando la realidad lo había llevado al nueve. Esa diferencia, según él, tuvo que paliarla con el salvaje aumento de impuestos. Una media verdad con pretensiones absolutorias.

Semejante atentado al bienestar de la clase media, a poco descapitalizada, junto a una desideologización marcada por estrategas de baratija, le llevó a ser el único presidente que no aguantó dos legislaturas completas. Estoy convencido de que las cabezas pensantes, los que mueven hilos trascendentales, pensaron que para obtener once millones de votos deberían diluir los principios hasta hacerlos atractivos a todos: derecha, centro e izquierda, sin apreciar que el éxito fue demérito de Zapatero. Constituyó un grito de hastío y auxilio que Rajoy no supo valorar en su justa medida. Este escenario, junto a la deslealtad de PNV y PSOE potenciada por siglas divergentes, pero en perfecto maridaje, llevaron a una moción de censura triunfadora, amén de perversa y onerosa.

Sánchez, desde el primer minuto, dejó al descubierto sus intenciones absolutistas, arbitrarias, torpes. Sobre aquellos alegatos estentóreos de reformas democratizadoras, aparecieron un ejecutivo con cuatro ministerios más que el anterior y un gobierno fetiche. Ignoro la procedencia (lugar y modo) de las lisonjas lanzadas sobre perfectos desconocidos o falsamente consagrados, Carmen Calvo sin ir más lejos. El común salva a Borrell y a Grande Marlasca, únicos que proporcionan sustancia al gabinete, aunque las expectativas superen lo ofrecido hasta ahora. El presidente, en efecto, desmenuzó sus reformas empezando por La Moncloa. Tras dar cuerpo, por decir algo, al consejo de RTVE -purgada rabiosamente- colocó a amigos y conmilitones en puestos de elevados honorarios llevando el nepotismo a extremos desconcertantes. Terminó, en similar postulado al de Iglesias, colocando a su pareja en una institución privada que, se afirma, recibe fondos públicos.

Armado de extraordinarios principios éticos, de inquietudes sociales, de acrisolada honradez, el socialismo español (también la socialdemocracia europea) pretende liderar un monopolizado Estado de Bienestar. Propaganda propia y mediática niegan cualquier probabilidad a la derecha. Sin embargo, una realidad terca se empecina en descubrir las lacras enormes que lo acompañan. Solo hemos de advertir cómo viven los ciudadanos de aquellos países que llevan al extremo políticas estatalizadas. Ventear, admitir, teorías comunistas en un marco económico capitalista lleva a la miseria y a la opresión. Sobran ejemplos que confieren esa epistemología constructivista tan de acuerdo con las tesis marxistas.

Para conseguir el Estado de Bienestar no es suficiente la pose con que el político de turno presente cierta falsa querencia a lo social. Al final, toda ideología tiende, con menor o mayor instinto, a conseguir ciudadanos felices. Les va en ello su permanencia democrática. Lo verdaderamente raquídeo, lo fundamental, es crear riqueza para que pueda repartirse. Y aquí rumia la madre del cordero, sirva la expresión. Los partidos socialistas, siguiendo su entraña, ambicionan un Estado vigoroso, popular, supremo. Aparte el peligro que encierra el atributo popular, ese vigor, esa fortaleza, requiere recursos públicos y, como consecuencia, subida de impuestos no siempre utilizada en resolver casos graves de incuria grupal. Asimismo, sostienen que la creación de empleo proviene de la empresa pública, nido de enchufe y corrupción políticos.

Los partidos liberales, preservan la empresa privada como herramienta crucial en la creación de empleo. Defienden un Estado exiguo, sin recursos apenas; solo para sufragar los servicios sociales básicos, que apuestan públicos de gestión privada. ¿Se elimina de esta forma la corrupción? No necesariamente, pero la hace menos factible. En realidad, ningún postulado económico tiene soluciones definitivas a los problemas ciudadanos, aunque -a priori- el liberalismo, defensor a ultranza de las libertades individuales y rentable al estimular la iniciativa privada, parece registrar usufructos más beneficiosos para el individuo. Desde luego, Europa septentrional, la rica, poco a poco se va despojando de las doctrinas socialdemócratas para decantarse por un liberalismo social.

Queramos o no, gobiernos de izquierdas (denominación española en contraposición a los de derechas) existen solo en Portugal, España, Italia -con alianza antinatura- y Grecia. El resto, son gobiernos conservadores, demócrata-cristiano y liberales, solos o realizando pactos precisos con otras ideologías, incluso socialdemócratas. Ya se empieza a asegurar que con el ejecutivo actual el crecimiento bajará un porcentaje sustantivo; es decir, la cuestión económica sufrirá un parón importante. Y eso que nuestro presidente no ha realizado cambio alguno en las leyes laborales del gobierno Rajoy y que, con tanto bombo y platillo, anunciaba cuando era portavoz del “no es no”. Pensemos que le quedan unos meses para abandonar el timón. Esperemos que el país todavía tenga posibilidad de recuperación, pese a la dificultad que se hará visible día a día.

viernes, 17 de agosto de 2018

SÁNCHEZ Y EL GESTO


Que astros, siglas y personas, se contorsionaran hasta lo insólito, lo enigmático, para hacer presidente del gobierno a un doncel torpe, ya no cabe ninguna duda. Hete aquí, no obstante, que el tal nos ha salido, además, fatuo, caprichoso -atributo muy peculiar- y manirroto. Utilizar el Falcon de forma abusiva aquilata su altanería. Sánchez se la ha espetado a todos los españoles; principalmente a quienes, deslumbrados, aclamaron a un buñuelo de viento. Cuando la pose se convierte en esencia, en sustancia política, es el momento en que la ciudadanía debe empezar a preocuparse. Pudiéramos pensar, y sobrarían razones, que cualquier político patrio merece un tiempo de clausura para lograr su plena asepsia. En este preciso caso, desdeñamos tan importante diligencia (además de imprescindible) y hemos hecho, mejor nos han hecho, un pan como unas tortas, al decir popular. 

Sánchez despunta únicamente en trasladar a los medios -felones a esta sociedad cautiva de ellos- voluntarismo, porque él es puro gesto. Regeneró la Ley de Memoria Histórica (una invitación beligerante a la desmemoria); prometió exhumar los restos de Franco inmediatamente; acogió, antes de desplegar innumerables reservas, a los migrantes del Aquarius y afirma, espantado, subir impuestos a los ricos en complot con Iglesias. Conjeturo que la última no ocurrirá salvo incapacidad suicida. Ni subida de impuestos ni elevación del techo presupuestario, otra exigencia del señor Iglesias cuyas deudas sociales y personales embargan el sombrío marco de unos pactos espurios. Y no subirá impuestos porque finalmente siempre pagan los mismos arrastrándole a un cataclismo electoral. El resto de repiques, desde mi punto de vista, tampoco serán satisfechos porque prefiere el humo al fuego. Quiere desconcertar, no encender hogueras incontroladas.

Ignoro si es por desconocimiento o carencia, pero no me viene a la memoria ningún plan, proyecto, tal vez compromiso, para mejorar el ámbito laboral, económico, sanitario y educativo, de los españoles. De aquellos incontables anuncios simultáneos a su llegada al poder, no se ha materializado ninguno. Y eso que, al decir de la numerosa claque, el nuevo gobierno llegaba para recuperar lo que Mariano Rajoy había derruido. Como se sabe, fue el gobierno más corrupto de Europa hasta que alguien -con creatividad e inteligencia- preguntó a un representante de tan exacto cotejo: ¿quién es el segundo? La respuesta fue una vergonzosa y vergonzante callada. Estos leales representantes dignísimos de la ética escrupulosa, suelen amigarse al silencio; aunque con excesiva frecuencia asedian el choque burdo abusando de epítetos. Son aquellos especímenes del “quítate allá que me tiznas”.

Sospecho que, aparte significativos intentos de recuperar algunos votos huidizos con gestos hacia la izquierda radicalizada, nuestro gris presidente quiere animar una falsa compostura. Ahí es fácil encontrar las razones, curiosas eso sí, para utilizar el Falcon de manera inusual colectivizando una quimera tópica. No es por seguridad, como aseguró Alsina, ni por asunción de la “agenda cultural”, excusa de Carmen Calvo en otra deposición intelectiva a las que nos tiene acostumbrados. ¡Qué va! Sánchez sube al avión como representante de aquellos que jamás tendrán oportunidad de hacerlo. Somos tan necios que aplaudimos, aunque nos cueste muchas jornadas de nuestro trabajo, a aquel que -siendo de los nuestros- puede codearse y actuar cual si perteneciera a la élite financiera o empresarial. Constituye una pequeña victoria, quizás venganza, del necio humilde. Parecido sentimiento despierta el deportista multimillonario. Acaso, como Hacienda, Neymar (verbigracia) seamos todos. ¿Cabe mayor gilipollez? La sociedad española urge sólida restauración moral.

Carmen Calvo, vicepresidenta y ministra de Igualdad, es su mejor gesto. Poseedora de retórica chocante, absurda, es el culmen que rasga toda exigencia oratoria. Desarrolla el papel idéntico al del bombero torero que arrastraba al lego a la fiesta nacional mediante un espectáculo grotesco, risible, pero seductor. Basta una perla para comprender la atracción y arraigo que ella despierta en los medios de comunicación: “Un concierto de rock en español hace más por el castellano que el Instituto Cervantes”. ¿Quién puede ofrecer mejor nutrimento publicista? Nadie. Semejante prodigio fue descubierto por Zapatero y Sánchez, calco clónico, no dudó en encomendarle esa ardua labor que viene realizando con rotunda desenvoltura y capacidad. Conforma el chascarrillo noticiable, llamativo, espectacular. Todo ejecutivo, aun el más discreto, desea que cada día se hable del gobierno, sea para bien o para mal. Carmen Calvo, perseverante y fecunda, supera cualquier reseña.

Consignada la paradoja -entre lo grosero, lo raro y lo exquisito- que acapara audiencia en los medios audiovisuales, analicemos lo ocurrido a RTVE. Mientras gobernaba el PP y el consejo del ente público era supuestamente ocupado con mayoría de dicho partido, se alegaba parcialidad y manipulación en los informativos. De ahí que todos los viernes una pléyade de arácnidos negros, en sentido metafórico, se asomara a la pequeña pantalla para visibilizar su disconformidad. Sin embargo, noticias y siglas diversas se veían reflejadas con normalidad, sin que ello implicara la inexistencia de cierta propensión a destacar algunas concretas. Hoy, por propio sesgo y la espuela incisiva de Podemos, asistimos, dentro del mismo sentido metafórico, a la metamorfosis de aquellos arácnidos antañones en coleópteros peloteros de parecida tonalidad cromática, pero de aspecto mucho más repugnante. Ahora sí hay un filtro osmótico que permite el paso solo de noticias líquidas, vacías de contenido o lisonjeras.

Conquistada esta herramienta de manipulación política que eternamente persiguen los partidarios de Gramsci, el resto de retos comprometidos durante la moción de censura se han diluido en el incumplimiento, en la farsa. Porque Sánchez es su personificación, un gesto ininterrumpido, vehemente, casi esencia vital. Al mismo tiempo, al igual que “la cabra tira al monte”, se ha rodeado de personajes que muestran similar predisposición para no exhibirse aislado, ungido pequeño islote en la inmensidad del cinismo oceánico. Al efecto, pregunto inocentemente. ¿Creen capaz a nuestro presidente para concluir algo útil a la sociedad? Los favorecidos por el nepotismo rampante -distinguida conducta de corrupción actual- dirían que sí. ¿Ustedes?

 

 

viernes, 10 de agosto de 2018

INQUIETUD POR UNA DEMOCRACIA AGONIZANTE


España es un país casi estéril en oportunidades presuntamente democráticas; asimismo, han desaparecido de forma prematura cuantas surgieron. Ahora disfrutamos de la más longeva, pese a su cada vez más objetada eficacia, aunque se advierte cercano el final. Este tipismo idiosincrático que nos domina, ese fiero individualismo acérrimo que acogota cualquier atisbo de convivencia, aquel complacer a todos, ha impedido conformar un sistema de libertades sólido. Tal vez, su complexión dispar, una sociedad indolente y unos políticos que centran sus esfuerzos en vivir a costa del erario público, conformen la entraña del enigma.

Ajeno a la política, tampoco me someto a ningún medio de comunicación abierto o no al subsidio. Inmune a etiquetas, expongo mis opiniones sin miramientos; es decir, soy políticamente incorrecto. Reparo, desde hace tiempo, que se difunden las mayores barbaridades sin que nadie -tal vez una audaz minoría- disienta con precisión entre tanto promontorio de ignominia e ignorancia progre (voluntaria o no). Imagino estrategias del marxismo rancio las utilizadas para crear determinada conciencia y proveer así la posterior desvertebración social. Al mismo tiempo se abren brechas que incapacitan cualquier acción reformadora. No son conscientes de su derrota ideológica y persisten en una tribuna inútil. Se empieza por engendrar desconfianza y se termina por instituir grupos antitéticos, enfrentados, beligerantes.

Mantengo que la izquierda, más o menos ultra, se ha quedado sin doctrina en un marco capitalista. Dicha coyuntura le lleva a un absurdo proceder anticapitalista -que le aleja del poder- o a un histrionismo gestual, litúrgico, que resulta beligerante, clarificador e inocuo. Sé, ellos también, que la retórica de las dos Españas, les proporcionan pingües beneficios electorales; eso sí, cada vez menos. La gente, dentro de su buena fe, se da cuenta del papel lacayo que le ha asignado el poder y lo rechaza día a día. Como dijera aquel, ya era hora. El Estado debe tener como único objeto salvaguardar los intereses colectivos y personales. Lo demás es contaminación, despropósito, abuso, por no decir tiranía. ¿Cómo califica usted, amigo lector, el nuevo trabajo de la señora Sánchez? Un bochorno político, cuanto menos.

Ante la artificial polémica desatada por la exhumación de Franco, permítanme unas referencias históricas. Lenin, en mil novecientos dieciséis, proclamó el derecho de las naciones a su plena autodeterminación; derecho que se levantaba sobre decenas de miles de cadáveres sin ningún derecho. Pese a ello, Rusia sofocó la revolución húngara, en mil novecientos cincuenta y seis, ocasionando casi tres mil muertos. Posteriormente, durante el año mil novecientos sesenta y ocho, invadió Checoslovaquia con centenares de miles de soldados y miles de tanque, sofocando toda esperanza de libertad. Excuso valorar si tales acciones fueron dictatoriales o democráticas en origen y consecuencias, pues hablan solas. Por cierto, Rusia tiene más de seis mil estatuas de Lenin y algunas de Stalin de quien Nikita Jrushchov (sucesor suyo) reconoció numerosos crímenes y culto a la personalidad. Existen también estatuas de los zares. Razón que convence: “Es Historia”. Nosotros estamos empeñados en liquidar la nuestra.

A Franco -hoy, pasados años sin tanta animadversión- se le considera sanguinario asesino, mayoritariamente por quienes no vivieron la dictadura. Yo, nacido en mil novecientos cuarenta y tres, viví su práctica totalidad. Hasta principios de los años cincuenta se sufrió la guerrilla denominada maquis (que perturbó a la sociedad y al régimen) siendo excluido, además, por los países surgidos tras la Segunda Guerra Mundial. Esto le llevó a una autarquía planificadora, autoritaria. No obstante, fuera del Proceso de Burgos y las ejecuciones de mil novecientos setenta y cinco, a nivel de calle no pudo apreciarse actitud tiránica ni sanguinaria. Es probable que, en círculos específicos, acaecieran aspectos desconocidos para el ciudadano corriente. Vislumbro cierto afán por reescribir una Historia imaginaria, ácida. A su muerte, y es algo incontrovertible, surgió un hervidero de vividores al amparo de esta sociedad inane. También al abrigo de complejos bastardos y odios pertinaces a partes iguales.

Tuve un deudo colateral, anarquista, que hizo las milicias en el bando republicano. Cuando preparé la documentación para que mi tía cobrara como viuda de militar republicano, leí la sentencia: “Condenado a muerte por adhesión a la sublevación y conmutada la pena por cadena perpetua”. Al final, estuvo ocho años preso en el penal de Ocaña. La justicia es un don de dioses debido a su complejidad, la venganza constituye una lacra humana por su ensañamiento. Prefiero pensar, y no en causa menos visceral, que esta fue la razón de muchas muertes tras el enfrentamiento fratricida. Sé que otros fueron juzgados y ejecutados con oscuro fundamento jurídico; similar, desde luego, al obrado en una hipotética victoria del bando republicano.

Respecto a denominar demócrata a quien luchó contra Franco -en ocasiones señalados interesadamente como antifascistas- he de observar que, por orden de Stalin, se organizaron las Brigadas Internacionales y malicio que nadie lo tome como ejemplo de demócrata o antifascista. Poca gente (en conciencia, con disposición) se adscribió al bando republicano sin que tal decisión confiriera ningún crédito especial. La mayor parte, me consta, luchó sin ideología, obligatoriamente, según la zona de ubicación. Es probable que esa fuera la eventualidad por la que el régimen gozara de tanta aquiescencia social. El antifranquismo se ha exagerado tras la muerte de Franco. A partir de los acuerdos bilaterales con EEUU. la exigua oposición que tuvo (contubernio de Munich, en mil novecientos sesenta y dos, donde Salvador de Madariaga afirmó: “Hoy ha terminado la Guerra Civil”) nunca temió por su vida.

Una periodista -sectaria, adscrita al progresismo político y mediático, imbuida de esa falsa superioridad ética- en un debate polémico, le espetó a su contrincante interlocutor: “Yo no le permitiría hablar”. Tal vez esa disposición a la censura, el añejo síntoma totalitario (alimentado por mentes insensatas, tiránicas) destaque sobre tan intolerante reacción.  Quizás en otro momento, menos suave, le hubiera negado la vida. Cuando el odio se adueña del entorno -en estos instantes- la democracia padece una enfermedad incurable. Estupidez supina y enfrentamiento nos retrotraen al pasado. Como siempre, perece la libertad asesinada por quienes aseguran defenderla.

La izquierda radical, ultra, cimienta su ecosistema con mentiras, propaganda y demagogia, no exentas de violencia. Pone en grave riesgo cualquier sistema de libertades.

viernes, 3 de agosto de 2018

POLÍTICA ULTRA


Llevamos tiempo en que los oídos sociales sufren una agresión injusta, falaz, repulsiva, aplicable a cierta izquierda carente de toda compostura democrática. Entre una superioridad ética inexistente -autoaplicada al marxismo, más o menos radical- y el complejo manifiesto del PP, hoy abundan las etiquetas tóxicas, perversas. Ignoro cuál puede ser la causa concreta, pero no veo motivos objetivos para ello. Antes, destacaba el vocablo “facha” proveniente de la Revolución Rusa para definir a quienes no comulgaban con el bolchevismo. Ahora, perdido su vigor juvenil, se le sustituye por un sinónimo jovial en apariencia: “fascista”. Incluso las formas alejan cualquier posibilidad de concordia por su similitud con un grosero ademán expectorante.

A la par -como técnica abrasiva, agresora- avanza, cual torrente fragoso, un epíteto grueso, casi infame: “ultra”. Procedente también de la izquierda totalitaria, desea enmarañar la semántica al objeto de confundir el dinamismo social. Aquella famosa frase: “Al pan, pan y al vino, vino”, ha sido difuminada por una estrategia añeja, al punto que es difícil distinguir pan y vino. Nos salva de caer en manos de populismos y demagogias esa imbricación que origina el mundo globalizado. Ética y estética van diluyéndose a la misma velocidad con que surgen los afanes espurios de quienes se hacen con el poder, incluso utilizando formas exquisitamente democráticas. Consiguen así colmar ambiciones personales, pero a medio plazo deterioran el partido.

Nadie queda exento de culpa o responsabilidad. Los líderes, porque imponen una omnipo-presencia en ocasiones poco convincente y menos oportuna. Las bases, actuando sin honestidad, al albur de intereses extraños a la finalidad requerida. Uniendo estas y otras excentricidades, consentidas en silencio, terminamos aceptando cualquier desnaturalización del sistema. Luego, marchitos los sopores del letargo, les dedicamos un agresivo rosario de atributos ciertos; quizás algo inmoderados. Constituye el famoso derecho al pataleo tan estúpido como ineficaz. Eso sí, sigue siendo un consuelo al ser mal de muchos. Por lo menos, todavía no ha creado un estado de desasosiego y desesperanza notables.

Ultra, según el DRAE, refiere una actitud radical que se da en ciertas clases o movimientos sociales, no identificable con doctrina o ideología concreta. Parece evidente, a la luz del concepto, que solo doctrinas o grupos revolucionarios podrían ser tildados de “ultras”. En los dos últimos siglos europeos, quedan los tales -estrictamente hablando- limitados a la izquierda marxista complementada por fascismos y nazismos. Resulta, por tanto, falsa dicha etiqueta cuando se refiere a grupos o partidos ajenos a los descritos; difunden mensajes emponzoñados, insalubres, que se nutren de corrupción semántica.

Revisando someramente la revolución rusa, tanto bolcheviques como mencheviques pertenecían al Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia. Los primeros, comandados por Lenin, radicalizaron sus posturas revolucionarias adoptando un enfoque ultra. Asimismo, el grupo menchevique (comandado por Mártov) deseaba cambiar la sociedad de forma natural, moderada, prudente. Vencieron las tesis leninistas suministrando un frente ultra que marcó desde entonces el talante marxista-leninista. Todavía hoy -tal vez con mayor empuje- las doctrinas anejas a la revolución rusa, leninismo-estalinismo, persiguen una radicalización en los planteamientos que retrotraen a épocas felizmente caducas. Esta circunstancia, engendra el aislamiento general de la izquierda en Europa septentrional. También, curiosamente, en algunos que tiempo atrás formaban parte del intitulado Pacto de Varsovia. Solo aquellos países míseros de la UE, denominados PIGS, mantienen a la izquierda, más o menos ultra, en sus respectivos gobiernos.

Por todo lo expuesto, la derecha (conservadores, liberales, demócrata-cristianos) -en puridad- nunca puede ser acusada de “ultra” sin abordar la falacia o la manipulación. Pueden existir grupos específicos partidarios de acciones correctoras que no agraden a otros, también definidos, ambos lindantes o adyacentes con procederes fascistas, cuando no abiertamente totalitarios. Observemos el Frente Nacional francés, Liga Norte italiana y Cinco Estrellas, también italiano. Los dos primeros se acercan al fascismo de tinte moderno; el último, al populismo marxista actualizado. Hemos de tener claro que brotan doctrinas radicales cuando las crisis económicas crean un estado de shock social. En esta coyuntura, las democracias liberales cayeron en descrédito y emergieron sombrías dictaduras que mostraron total capacidad de resolución tras la crisis del veintinueve. Se pagó un peaje muy sangriento, pero es un hecho empírico, irrefutable. Jamás en otras circunstancias.

Sánchez, en su desorientación e inepcia, practica una política radical, importuna. Ayuno de proyecto para solventar las congojas ciudadanas, abraza al estilo Zapatero los peores tics del gobernante necio. A cambio de lucir zafiamente una presidencia alfeñique, mínima, átona, se ve obligado a realizar la cuadratura del círculo. Debe mostrarse siniestro, sin matices, y catalanista con pocas enmiendas. Semejante escenario le lleva a destapar las esencias de la intriga y a actuar en consecuencia. Espectacular receptor de migrantes, agita la exhumación de Franco y acuña a Ciudadanos y PP el precinto ultra. He aquí, aparte dedo selectivo y falcon, las únicas hazañas de nuestro presidente.

La sociedad debe evitar caer en las múltiples trampas lingüísticas. Hablar de la derecha “ultra”, o ultraderecha, constituye un postizo manipulador, miserable. Luego proponen hacer política depurada, irreprochable, cuando utilizan sin sonrojo los peores y más rastreros métodos para convencer al ciudadano ahíto. Ninguna novedad. Revelando mínimas diferencias de matiz, todo proceder se corresponde con aquella expresión de Pablo Iglesias en el primer cuarto del siglo XX: “Este partido (el PSOE) está en la legalidad mientras la legalidad le permita adquirir lo que necesita, fuera de la legalidad cuando ella no le permita realizar sus aspiraciones”. Cada sigla, a su manera, viene realizando una política timadora, provocativa, degradante, ultra.

Para concluir, una remembranza de Facundo Cabral: “Mi abuelo era un hombre muy valiente, solo tenía miedo a los idiotas. Le pregunté por qué y me respondió: porque son muchos… y al ser mayoría, eligen hasta el presidente”. Extasiado por tan categórica frase y horrorizado ante estos bochornos que -incluso en Cuenca- maltratan cuerpos y almas, permanezco mudo y solo se me ocurre cerrar con un contundente amén.