viernes, 22 de septiembre de 2017

DE ALBERTO GARZÓN A KARMELE MARCHANTE

He de reconocer con afligida humildad que, pese a mi vocación analítica y escepticismo sempiterno, me han decepcionado dos políticos. Quizás fuera más apropiado hablar de engaño, de ser un ingenuo damnificado. Zapatero y Alberto Garzón ganaron, inoportuna e infundadamente, mi confianza. Y ambos lo hicieron por la cara. Zapatero camuflaba un caradura tras la careta, tal vez máscara, de necio supino aderezado de generosa bobería. Con esa expresión, ¿quién no le compraría un coche de segunda mano? Luego resultó, en vez de galgo, podenco; o salchicha, que corre menos. Don Alberto, exhibe rostro intuitivo, vivaz, clarividente, espejo de equilibrio y sosiego. A poco, se impone la realidad con un cortejo hueco, sin fecundar, indigente. Dejo escapar un ¡oh! efímero, desencantado, yermo. Al momento, desaparece el político llamado a representar un papel cardinal en la izquierda marxista y emerge, por ensalmo, un remedo populista, onírico, extraterrestre; un placebo.
Vislumbro estupefacto al amable lector por el epígrafe que encabeza este artículo. No me extrañaría una pregunta imperiosa, razonable: ¿Qué tienen en común ambos personajes? Solo se me ocurre aventurar similitud en su hipotética inteligencia. Es conocida la opinión generalizada sobre el cimiento intelectivo del diputado Garzón. Al mismo tiempo, las excentricidades de la pintoresca periodista se suponen debidas a un alto grado de coeficiente mental. Cierto es que los excesos o defectos extremos suelen capitalizarlos quienes superan por mucho, o no llegan, esa línea -ridícula pero cruel- que conforma la normalidad. En este caso, ambos se acercan, supuestamente, al límite superior. Este, y no otro perceptible, es el yugo que los enlaza.
Sin embargo, y pese a lo dicho, el mejor escribano echa un borrón. O dos. Alberto Garzón, entrevistado en un programa nocturno de una cadena televisiva, se dejó decir algunas frases que paso a examinar. “España necesita una Constitución que faculte el Estado Federal”. Si el federalismo fuera simétrico, solidario, los políticos y gran parte de la sociedad catalana no lo aceptarían. Si fuera asimétrico, no sería federalismo en sentido estricto. A más a más, que dirían los catalanes, un Estado único es incompatible con un sistema de estas características por definición; sí, cantonalismo federal como ya se hiciera en la Primera República y cuyos alcances fueron caóticos. Cierto que pueden alegarse múltiples argumentos para constituir uno u otro Estado federal adscritos a diferentes postulados. Por eso, todo el mundo habla de él pero nadie lo perfila. 
Insiste, pobre, en un referéndum pactado. Olvida que la Constitución proclama y defiende la unidad de España y su soberanía nacional. Por tanto, primero hay que modificarla mediante Cortes Constituyentes y posterior referéndum nacional. Cualquier apelación a una consulta pactada, implica un fastuoso brindis al sol; vano y estúpido voluntarismo con esperado rédito electoral. Menciona como ejemplo que debiera derribar barreras el referéndum escocés, sin especificar características, condiciones y leyes que lo ratificaron. Estoy convencido de que Cameron cumplió la ley. Si Rajoy lo permitiera aquí, en estas circunstancias, tomaría las normas y los derechos ciudadanos por el pito del sereno. Los que vociferan e invocan el derecho a la autodeterminación de las naciones (que ya expuso Lenin a principios del siglo XX, advirtiendo diferencias notables respecto al que se pretende aquí), si gobernaran, responderían exactamente igual que la URSS con Hungría, en mil novecientos cincuenta y seis, o Checoslovaquia, en mil novecientos sesenta y ocho.
Los excesos, que por cierto no tienen linde ni finiquito, atesoran consecuencias aflictivas; de mayor enjundia si son acometidos por un responsable político. Garzón manifestó que en Cataluña se aplica la ley “de forma radical y espantosa”. Parece demencial que alguien afirme semejante barbaridad refiriéndose a un país democrático; más si cabe, cuando lo hace un personaje público. ¿Qué confianza y respeto puede sugerir un político que se expresa de tal guisa cuando debiera cumplir y hacer respetar las leyes? Don Alberto persevera y afirma rotundo que se están conculcando los derechos fundamentales. Caricaturiza nuestro poder judicial y trasluce el devenir de cualquier nación donde la democracia brilla por su ausencia; verbigracia, Venezuela. Él llamó a la oposición venezolana, terroristas. Pasión y razón no casan, son antitéticas, divergentes.
Descargando furia y responsabilidad únicas al PP, afirmó impávido que Unidos Podemos respalda a los independentistas porque están -yo diría viven- contra Rajoy. Excelente y sutil motivo; riguroso, convincente. Desgrana, tipo papagayo, la relación habitual de sitios comunes: “Estamos en un Estado de excepción”, “el conflicto catalán es político y precisa soluciones políticas”, “aplicar la ley ahora puede agravar el asunto”, “para resolver la situación es necesario gente responsable”, “la Constitución hay que cambiarla, no reformarla”, etcétera, etcétera. ¿Caeremos algún día en manos de estos indocumentados? No creo que la sociedad ni el ensamblaje internacional lo permitan.
Adivino que ustedes, amables lectores, van cayendo en la cuenta del porqué de este epígrafe. Karmele dijo en un rapto de estulta progresía: “Yo quiero quemar el Tribunal Constitucional y la Conferencia Episcopal”. ¿Solo? Qué modesta se insinúa esta señora cuyo sentido del ridículo desapareció hace tiempo. Pues bien, ambos personajes -tenidos por inteligentes- vienen constatando lo incierto de tal opinión. Comprobamos que la dádiva social supera los atributos intelectivos de Alberto y Karmele. Personalmente, esta última me es indiferente respecto a su naturaleza, hechos y dichos. Garzón no; Garzón, en quien confié tiempo atrás, ha terminado ofreciendo hechuras endebles, cerriles. Me ha defraudado. Por todo lo expuesto, hubiera podido titular el artículo: “Del populismo erosivo al esperpento”.
Por cierto, hablando de esperpento no me resisto a recordar las palabras de Joan Tardá en la Universidad de Barcelona: “Nosotros y vosotros tenemos el compromiso de parir la República, pero quien la ha de capitanear sois vosotros. Y si no lo hacéis, habéis cometido un delito de traición a las generaciones que no se han rendido, y cometeréis un delito, una traición a la tierra”. Pregunto, ¿habla de esa misma tierra que pertenece al viento? Dios los cría y ellos se juntan.

viernes, 15 de septiembre de 2017

NI FE NI RACIONALISMO, INTRANSIGENCIA

Cuando se habla de doctrina, sobre todo religiosa, surge raudo, necesario, un interrogante: ¿es la fe irracional? Algún malévolo advertiría en tal indagación un matiz peyorativo muy alejado del auténtico objetivo. Se inquiere con rigor si fe y raciocinio son términos opuestos; si fe corrobora lo que no tiene respuesta lógica, inteligible. Una especie de luz meta-intelectiva capaz de iluminar regiones oscuras del conocimiento. Desde luego, admitir como certidumbre aquello que niega la razón es propio de personas especiales. Tanto que, en ocasiones, se aproximan a un fundamentalismo intolerante hace años proscrito por la Iglesia. Verdad es que se trata de porcentajes mínimos, pero hacen un daño terrible a la institución eclesial. 
Sé que el debate fe-racionalismo tiene mucho recorrido y argumentos varios, amén de variopintos, para sostener posturas antagónicas, incompatibles. Desde el enfoque clásico (más o menos sofista) hasta uno actual, tienen cabida las conjunciones más sorprendentes y divergencias menos previstas. Cada época descubre querencia, métodos y principios por los que se perfila un sistema filosófico; en definitiva, proyectos de vida y de muerte. Porque, a la postre, el hombre reflexiona, se mueve, para hallar respuestas válidas. Debe convencerse de su papel en el mundo y lo que le espera -o no- más allá de él. Las ciencias sociales se encaminan a descubrir, conocer detalladamente, el objeto primero y último de nuestra existencia.  
Siglos de lucubraciones filosóficas, de escepticismo liberador, sobre estas cuestiones y su reflejo social, han servido para poco. Nos seguimos preguntando igual que hace milenios. Apenas hemos progresado en la búsqueda de resultandos que produzcan felicidad. Continuamos viviendo en esa incógnita que se hace más patente cuando nos acercamos a la hora final. Fe es lo único que le aproxima, le predispone a ver, le trasciende. Si Friedrich Nietzsche proclamaba: “Tener fe significa no querer saber la verdad”, Kierkegaard mantenía que para vivir la mejor religión era el protestantismo y el catolicismo para morir. Por tanto, el individuo es consumidor forzoso de doctrina sin tener necesariamente conciencia de ello. Haciendo paralelismo de una famosa reflexión: vivo, muero, luego doctrino.
Lejos de pretender polémicas inútiles sobre una materia que al cabo de los siglos sigue viva e indeterminada, voy a describir unos hechos merecedores de sosegado estudio. Tengo una nieta pequeña que fue bautizada el pasado día diez del corriente mes. Mi hija, madrina del acontecimiento, ya había expresado alguna prevención sobre el sacerdote. Bien pertrechado -al parecer- de estudios humanísticos, mostraba desmedidas rigideces cuando se precisaba concretar algún fleco poco importante para cualquiera. Él, exagerando la ortodoxia ritual o dogmática, tendía a excesos nada propicios para limar asperezas. Según referencias, de ordinario le distingue un talante casi preconciliar extemporáneo y estéril.
Joven y algo atropellado, nos brindó una extraordinaria homilía. Exhibió sobradas facultades retóricas que completaban presuntamente buena formación. Después supe de sus pretensiones por alcanzar puestos relevantes, al menos obispo. Concluida la misa, destapó una sorprendente caja de atronadores fuegos artificiales. Según deduje, la tarde anterior hubo procesión. Acompañada de banda local, su repertorio consistía en pasodobles y otras piezas de parecida índole, siguiendo la tradición secular. Quienes eran portadores, movían la imagen al mismo ritmo en un baile heterodoxo. Esta circunstancia, desde su punto de vista, implicaba falta de respeto; hecho que motivó algunas discrepancias y advertencias de abandonar la procesión si no se cambiaba de actitud. A medio recorrido, terminó abandonándola. Alguno de los intervinientes directos me hizo observar, en los previos al ágape, pequeñas inexactitudes entre lo ocurrido la tarde anterior y lo expuesto.
El epílogo de aquella reseña admonitora consistió en amenazar a los presentes que el próximo año -si no se tenían en cuenta sus indicaciones y previo compromiso- la imagen no saldría de la iglesia. Aunque el escenario expuesto no me afectaba, porque no era mi pueblo ni soy cristiano practicante, lo felicité por la homilía al tiempo que le trasladé mi desacuerdo con su proceder. Pretendí que discriminara fe, dogma, ritual y costumbre. Prefirió, una vez más, tomar el camino de la intransigencia y de forma altiva, petulante, me espetó: “Soy licenciado en filosofía”. Qué bien, ¿y? ¿Acaso para ser ducho en tauromaquia se precisa ser torero?
Al buen hombre le queda un largo trecho para ser obispo. Seguramente conseguirá buen soporte teológico; pero, salvo cambios sustanciales, desplegará graves déficits en empatía. Sí, sé que política e institución religiosa -pese a su similitud- traslucen diferente complexión. Un político no puede tener éxito sin el pueblo, un obispo o cardenal (homólogos del político), sí. La Iglesia, pese a ese supuesto ministerio espiritual, siempre ha transitado por caminos distintos a aquellos de los fieles. Ignoro si a esto le ha llevado su naturaleza exegética. Lo cierto es que el desapego del individuo (cuando es básica para ayudar al tránsito definitivo, como admitiera Kierkegaard) no le viene por divergencias racionalistas, o de fe, sino por una impronta preceptiva e intransigente.
Nunca fuimos cuerpo místico y lo expuesto es un botón de muestra.
 
 

viernes, 8 de septiembre de 2017

RAZONES Y SINRAZONES


El tema catalán, que no problema, ha estallado en todo su histrionismo melancólico. Nos hallamos ante las postrimerías de un trance anunciado. Hasta el propio gobierno ha tenido que saborear su particular incredulidad. Nadie, en su sano juicio, vislumbró que los acontecimientos se dispararían hasta este estadio, a medio camino entre ceguera y desatino. Se tensa la cuerda excesivamente; tanto que, siendo irrompible, todos quedarán exhaustos. Sospecho que algunos políticos saldrán descalabrados, pero con los bolsillos llenos. Será una derrota victoriosa porque, como sentenció Quevedo con acierto: “Poderoso caballero es don dinero”.  La sociedad, qué duda cabe, quedará para el arrastre.

Los prebostes catalanes, en las antípodas del pueblo, llevan cinco siglos inventando vanas razones, asimismo inoperantes. Levantan (con la complicidad involuntaria, o no tanto, de una sociedad porosa e incluso de políticos livianos) convulsiones estratégicas para enmendar algún camino torcido. Se rodean de banderas, de pueblo, para -generalmente- ensuciar ambos. Pretenden, como objetivo básico, teñir errores, ineptitudes o trinques. De rebote, es probable que la sociedad catalana perciba algún mejunje apartado del festín principal. Semejante escenario deja traslucir una sociedad menos diestra, más insípida, de lo que pudiera juzgarse tradicionalmente. Siempre se la ha tenido por vivaz, incisiva, laboriosa, pero los hechos indican lo contrario.

El Diccionario de la Real Academia, en su acepción cuarta, dice: “Razones son argumentos o demostraciones que se aducen en apoyo de algo”. El mismo diccionario, dice en su primera acepción: “Sinrazones son acciones hechas contra justicia y fuera de lo razonable o debido”. El mal llamado “problema catalán”, en realidad no ha existido nunca. Desde el siglo XVII, cuatro políticos -previo adoctrinamiento popular- han utilizado a los catalanes para alcanzar mayores dosis de poder; tal vez, tapar graves casos de ineptitud o corrupción. Al final, razones antiestéticas, políticamente rechazables, se han convertido (mejor las han convertido) en sinrazones injustas, onerosas, trapaceras y folklóricas. Les encanta utilizar el señuelo del independentismo, que preparan durante años, para alimentar una expectativa irracional; aglutinante, pero perturbadora.

La Historia muestra que los políticos catalanes, apoyados por una sociedad maniquea, de púlpito, llegan al clímax de las reivindicaciones siempre con gobiernos fuertes; cuando conjeturan casi imposible alcanzar sus objetivos. Veamos. En mil seiscientos cuarenta, justo cuando el rey Felipe IV poseía un ejército poderoso, se inició la primera revuelta catalana. La segunda, en mil setecientos catorce, cercana la victoria de Felipe V tras la Guerra de Sucesión. La tercera, corría el año mil ochocientos cuarenta y dos, se produjo siendo regente el audaz general Espartero. Durante la Segunda República, mil novecientos treinta y cuatro, esperaron a que hubiera un gobierno de derechas, menos proclive a permitir la independencia. Ahora, igual; tras cuarenta años de Transición y una vez perdida su influencia en la gobernanza del país.

Hecho el repaso histórico, da la impresión de que los políticos catalanes esperan el peor momento para airear la bandera del independentismo. Encuentro dos razones. Por un lado, una vez conseguida la independencia, los partidos independentistas perderían su razón de ser. Además, doy por seguro que ellos sí saben que, de forma inmediata, sería la ruina del naciente estado y el comienzo de peligrosas revueltas sociales. Por lógica, solo pretenden mantenerse en el poder, impunes y ricos. Hace tiempo que, al partido de cara lavada, PDeCAT y a ERC, se les ha terminado el crédito. Les resta una peligrosa huida hacia adelante, bajo el amparo de PP, Ciudadanos y un PSOE que anda rumiando su estrategia partidaria. Podemos, como de costumbre, navega en un “ni sí ni no, sino todo lo contrario”. Quizás cambie de discurso y se aferre a un “sí y no, pero también todo lo contrario”. CUP, resulta el fertilizante necesario para nutrir dicha componenda. A la larga, y a la corta, resultará una crónica de simetrías o asimetrías. He aquí la madre de todos los acuerdos políticos tan auspiciados por algunos.

¿Por qué González, Aznar, Zapatero y Rajoy, permitieron atropellos lingüísticos y adoctrinamiento en Cataluña? ¿Por qué PSOE y PP se apoyaron en partidos nacionalistas a cambio de generosas concesiones? ¿Por qué Rajoy ha renunciado al poder ejecutivo articulándolo ilegítimamente en el Tribunal Constitucional? ¿Por qué no se ataja de manera rotunda el incumplimiento, e incluso burla, de las resoluciones constitucionales? Creo que existe un pacto tácito, incapaz de consolidar la convivencia, y cuyos efectos, a poco, pudieran ser lamentables. Jugar con fuego resulta peligroso, más cuando alguien se empeña en apagarlo arrojando gasolina. O descubren pronto el pastel o este camino lleva indefectiblemente al enfrentamiento.

Arrimadas -bien a título personal, bien a resultas del presunto pacto- solicitando elecciones anticipadas ha ofrecido un freno a tanta sinrazón. Constituye, quiérase o no,  una salida inteligente, ideal. ¿Qué mejor referéndum que unas elecciones? Los independentistas ya han cargado las pilas de su campaña; incluso con exceso. Los partidos no independentistas parten, de esta guisa, en aparente inferioridad. Se impone la sensatez y el azar; cabe, como última esperanza, esta solución de compromiso. Lo demás acarrearía un final lamentable, dramático. Luego, allá cada cual con su conciencia, en el supuesto de que estos individuos la tengan. Puertas falsas y huidas suelen acompañarse de consecuencias abominables.

España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político. Así lo expresa el artículo uno de la Constitución.  A este fin, el gobierno debe rehuir cualquier pretexto para beneficiar, una vez más, a los políticos catalanes en detrimento de otras Comunidades que ahondan hasta el subsuelo sus miserias. Léase las Castillas, Extremadura, Andalucía, o Galicia, verbigracia. Significaría atropellar esa Ley Suprema, a la que dice defender, a la vez que conducirse, sin solución de continuidad y en su amplia concepción, de las razones a las sinrazones.

 

 

viernes, 1 de septiembre de 2017

DOPADOS


Creía, pobre de mí, que doparse era ingerir fármacos o sustancias estimulantes para potenciar artificialmente el rendimiento del organismo. Así lo confirma el DRAE. Hasta ayer, era ámbito o acción propios de deportistas, poco trasparentes, en la competición. Al menos, se consideraba así a través de numerosas informaciones aireadas por prensa, radio y televisión. Incluso publicaban duros comentarios para evaluar tan grave vileza, al sentir de la masa. Aparte controversias, el tema ha tenido épocas implacables, inclementes, porque se llegó a una persecución insólita sin motivos aparentes. Terminó por juzgarse, de forma inmisericorde, la ética deportiva en ciertos deportes; verbigracia, el ciclismo. Pasados los años, quizás vano el interés personal, parece haberse alcanzado la calma, aunque se deba únicamente a mi propia visión; errónea, tal vez, por despiste o desgana.

Sea como fuere, el caso es que vino a quebrar mi letargo veraniego una política, tal vez inteligente, pero con obvia incultura. Me refiero a Irene Montero, portavoz del grupo parlamentario de Podemos. Ayer, tras el pleno extraordinario sobre Gürtel, fue entrevistada por un medio televisivo que practica virtud de la parcialidad. En pocos minutos, la mencionada portavoz, hizo profesión de fe -no menos de diez veces- pues a cada pregunta del entrevistador iniciaba su respuesta con un “creo”. Aparte un soniquete particular, probablemente estudiado, calcado, la señorita Montero se dejó decir dos perlas auténticas. “El PP va dopado a las elecciones”, soltó impertérrita, marmórea. Poco después, descerrajó la segunda: “Ustedes van dopados a las elecciones”.

La profusa fe que desplegó doña Irene en la breve entrevista, carece de sustancia, de entidad, para que pueda adjuntarla al epígrafe que antecede. Sin embargo, ambas menciones al dopaje dejaron en mí una extraña mezcla de espanto y conmiseración. Decía Salman Rushdie que “La literatura es la empresa de encontrar nuevos ángulos para contar la realidad”. Vislumbrar o intuir que la señorita Montero utilizó la metáfora, aunque algo distorsionada, como elemento literario para pintar, sui géneris, al Partido Popular es demencial. Primero porque, con mucha probabilidad, ni ha oído hablar del literato y, en segundo lugar, porque un político esgrime la manipulación, la doble lectura, puede que incluso la retórica generosa, pero carece de sensibilidad para usar metáforas. Utilizó un lenguaje sinuoso, pervertido, casi hermenéutico, para acusar al PP de financiación ilegal en la primera perla.

Pero donde el estupor me dejó patidifuso fue en la segunda. Aquel: “ustedes van dopados a las elecciones” supuso un quiebro, una ruptura, del mensaje. Sospecho que abrió la puerta irreflexiva del bochorno. Ayuna de sigilo, acallaba su furia contra el partido del gobierno para utilizarla contra el pueblo que le era hostil. Ustedes, apelaba a la sociedad discrepante, al grupo que les da la espalda, que no comulga con ruedas de molino. Cuando embestía al partido lo hacía en singular, razón por la que, aun dentro de la vaguedad, encontramos clara evidencia de quién es su referido. Todos los dogmáticos, a fuer de sectarios, tienden al mismo defecto. Alaban a sus correligionarios, hasta alcanzar un éxtasis casi místico, mientras azotan inmisericordes a quienes renuncian o abominan de su doctrina. No sienten ningún afecto por la libertad de expresión ni por la tolerancia, por mucho que se rasguen las vestiduras defendiéndolas.

La señorita Montero, digo, cada vez más transfigurada, más sosia retórico de su pareja coletuda, quiso hacer un Rajoy. Si a este le cuesta pronunciar el vocablo Gürtel por “no nombrar la soga en casa del ahorcado”, a aquella le cuesta horrores -por semejante complejo- utilizar manipulación, adoctrinamiento, u otro sinónimo, en lugar de dopados, vocablo jugoso y contrahecho. Porque ella (confusa, torpemente), daba a entender que el votante sensato, aquel que reniega del color morado, iba medio gilipollas a la urna. Como se deduce, la joven portavoz respeta la libertad de expresión, al tiempo que exhibe un exquisito talante transigente con quien no comparta su fe. Ustedes, y me refiero a mis amables lectores, ya conocen aquel aforismo que asegura: “Dime de qué presumes y te diré de qué careces”.

Fiel transmisora de esencias indemostradas, de presuntos afanes, voz de su amo, se empeña en emponzoñar, no ya las formas consuetudinarias sino la propia democracia. Arrebatar a otro su crédito, aunque sea intento infructuoso, constituye la forma más indigna de corrupción. Extienden, con tozuda insistencia, que solo se corrompe quien acapara ilegalmente dinero público en propio beneficio. Adoctrinar, tiene por objeto conseguir respaldo público y satisfacer deseos desmesurados de alcanzar el poder. Cualquier sigla tiende al mismo anhelo, utilizando procedimientos, aun ingenios, que potencien tal finalidad. Los políticos forman un coro entrenado, monótono, que entona sin vergüenza, con acendrado cinismo, el cansino libreto: “Dijo la sartén al cazo: apártate que me tiznas”.

Mientras, la dicharachera Irene -sin proponérselo- pone el dedo en la llaga, certifica con sabrosa y deportiva expresión, en qué condiciones llega a la urna el español de a pie. También es “gente”, apelativo utilizado por su camarilla para dar a entender que le preocupa el pueblo. Luego viene el lenguaje majestuoso, huero, casi metafísico, y deja al descubierto la verdadera encarnadura de semejante revoltijo. Puede que el ciudadano vote con poco sentido, hasta podría decirse huérfano de convicción, sin duda, porque de forma irreflexiva, nada inteligente, nos implicamos en su batalla política. No solo esta afición, meterse en camisa de once varas, escapa al buen juicio, sino que encima acogemos a nuestro verdugo. En cualquier caso, y sin que falte algo de razón a la señorita Montero, Podemos debiera hacerse un análisis que determinara con claridad, más allá de una ingesta dopante, su pedigrí democrático que gran parte de la ciudadanía -empezando por mí y terminando por Olga Jiménez (expresidenta purgada de la Comisión de Garantías de Podemos)- cuestiona. Se lo debe a la “gente”.

 

viernes, 25 de agosto de 2017

PROPAGANDA, LIBERTAD DE EXPRESIÓN Y EXCUSA


Hay quienes afirman, con argumentos vigorosos, que los regímenes totalitarios (nazismo y marxismo) se han fundamentado y sostenido por la propaganda. Si se quieren obtener réditos cuantiosos, debe venir acompañada de forma imprescindible, por la acción de agitadores, activistas, que aticen el descontento. Lenin, con su vasta cultura, fue un propagandista de primer orden poniendo su adiestramiento al servicio de la revolución proletaria. Lástima que las élites priorizaran la dictadura del proletariado -paso intermedio- sobre el objetivo final: “conseguir la sociedad libre una vez derrocado el capitalismo esclavizador”. La Revolución Rusa llegó con un siglo de retraso. Hitler suplía su indigencia cultural con un apasionado discurso sobre el orgullo de raza. Exento de ideología política, encontró en el Tratado de Versalles, en una inferida vergüenza nacional, el motor idóneo para perturbar al pueblo que rozaba la miseria. Los judíos fueron excusa perfecta; asimismo, víctimas.

Puede que esa labor penetrante surgiera al compás de la aparición humana. Sin embargo, el punto álgido se alcanza siempre en épocas de crisis, cuando las emociones afloran menesterosas y se satisfacen al calor de retóricas huecas, embaucadoras. Eso indica, al menos, el acontecer de una Historia no siempre valorada en su justa medida. Comportamiento humano, y leyes físicas, comparten el mismo trayecto cíclico. Por este motivo, los hechos se repiten con cierta frecuencia, conforman un calco de otros pasados. De ahí la expresión: “Quien no conoce la Historia está condenado a repetirla”. Y no constituye una mera expresión infantiloide, insustancial, sino algo constatado a lo largo de los siglos. Semejante escenario nos lleva a confirmar cuan dramática es la ignorancia; más, si se complementa con la irracionalidad de un espíritu dogmático.

Admito que, por desvarío, comodidad o desinterés, se hayan utilizado mensajes apriorísticos para desarbolar, en ocasiones, rectos procederes. Ese escribir torcido con renglones que debieran ser rectos, proviene probablemente del poder o de sus cómplices adyacentes. Quizás caigamos en presupuestos inexactos y sea la misma masa quien se desentienda voluntariamente, encontrándose lejos de “conocer de la misa, la media”. Desde luego, sé que -por unas razones u otras- la sociedad camina dando bandazos bajo la mirada inquisitorial, rancia, de unos políticos acostumbrados a hacer de su capa un sayo. Los frutos, carnosos y dulces, pasan desapercibidos, como de incógnito, para el común que se mantiene cautivo al clásico programa romano “panem et circenses”; hoy, salario básico, futbol y botellón.

Libertad de expresión es una frase de glosa esotérica, para algunos, en la práctica. Constituye un señuelo que esgrimen solo juristas y medios. El resto acostumbra a considerarla gris perspectiva sin connotaciones manipuladoras ni lesivas. Lo digo porque, sobre todo en los medios de comunicación, se utiliza de forma caprichosa y reversible según el momento o la implicación. Supongo que ustedes, atentos lectores, son capaces de citar innumerables casos de tertulianos notorios que han defendido, o desactivado, esa libertad de expresión para hacerla compatible con la defensa, asimismo, ataque del contiguo o divergente. Aparte del cinismo e hipocresía que conllevan tales actitudes, me parece una falta de respeto al televidente que exige informaciones verdaderas y rigurosas. Desoyen por completo el consejo de Noam Chomsky: ”Si crees en la libertad de expresión entonces crees en la libertad de expresión para puntos de vista que te disgusten”.

Sí, estos señores cristalizados en el sectarismo maniqueo, utilizan un ocular censor, verdugo. Tienen bueno, salvo excepciones de sobrio histrionismo (sirva el contrasentido), que se les ve venir. Merodean por tertulias y debates agarrándose, cual lapas retóricas, a diferentes ideologías conservando parecido método y poder incisivo. El mismo comentario, igual apostilla, hoy es libertad de expresión, digna de salvaguarda, y mañana calumnia, ultraje, inadmisible y con encarnadura jurídica. Sirven, cual caballeros de la Tabla Redonda, al respectivo rey Arturo, aunque algunos pretendan encubrir su elitismo tras el biombo de etiquetas perversas. Falsean una identidad privilegiada acusando al contrincante de “casta”, mientras esconden prebendas notables apelando a la “gente”. Tienen el mismo peligro que una piraña en un bidé, según frase popular y muy plástica.

Me resulta curioso, relevante, observar con qué intensidad actúan periodistas jóvenes, progres (es lo que se lleva), hasta “expertos peritos”, en dar lecciones de principios y técnica periodísticos. Advierto con cuan sacrificio y pleno comedimiento aguantan comunicadores, encallecidos por décadas de profesión, las necedades premiosas con que se desperezan esos mozalbetes crecidos al hilo de los tiempos. Ellos, educados a la sombra del constructivismo, paradójicamente niegan a los demás el valor intrínseco de sus vivencias personales. Adoran al becerro que les ofrece una serie de manuales de cartón- piedra obtenidos en laboratorios ad hoc, sin refrendo social.

A menudo, y eso parece un peaje insalvable, la libertad de expresión nos recuerda un intento refinado de coartada, de pretexto. No es que proporcione ningún ingrediente útil para el común; como tampoco lo hace la libertad de expresión. El ciudadano no suele ocuparse de blandir semejante herramienta en ambas viabilidades. Su uso es exclusivo del político y, sobre todo, del comunicador. Cuando entre ellos hay divergencias evidentes nace esa dicotomía tan aguerrida. Al final, deslinda la polémica el juez. No obstante, unos y otros pese a sus diferencias -que en el fondo son las de votantes y lectores- procuran mantener un equilibrio, incluso inestable. Según vemos, la batalla (hoy por hoy) se perfila del lado de los medios porque ellos, básicamente audiovisuales, forman el púlpito idóneo a la hora de instruir al votante. Aquí conviven, en perfecta armonía, libertad de expresión y excusa.

 

viernes, 18 de agosto de 2017

LUCUBRACIONES EN TORNO AL DISPARATE


Todavía ignoro si mi querencia por la información política, en sentido amplio del vocablo, se debe a exclusivos y viejos impulsos analíticos. Tal vez surja en mí un desconocido afán compilatorio de dichos y hechos esperpénticos o disparatados. Mi ideal primigenio fue desgranar opiniones objetivas, equilibradoras, de actos y frases prodigados por políticos relevantes. Hoy, sin embargo, aparecen segundones que generan hilaridad; tanta que uno, hastiado de cinismo y doblez, empieza a replantearse si no cambiar el rigor por la flema. Asimismo, parece trascendente reubicar cinismo, ineptitud y felonía para asentarlos a medio camino entre tragicomedia y sainete. ¿Por qué no tomarse con humor tan desmedido afán de entrar a bombo y platillo en el libro Guinness del despropósito? Acontece con exceso que estos siniestros personajes de la rivalidad, anudan su fe al sectarismo más artificioso y petulante.

Britney Spears -famosa estadounidense en múltiples facetas y declarada indocta - dijo: “Nunca he querido ir al Japón, sencillamente porque no como pescado. Y sé que el pescado es muy popular por África”. De parecido extracto, pero regado de rédito u oportunismo raquítico, escuché días atrás en la televisión castellano-manchega: “El PP ha perdido todo crédito democrático”. Solo un fiel puede declarar infiel a su prójimo. En este caso, si la memoria no me falla, la autora fue la portavoz de Podemos en las cortes castellano-manchegas. A lo sumo, era diputada autonómica. Dicha señora -perteneciente a un partido comunista, según confesión de su propio líder- exhibe tanta indigencia cultural como la cantante americana o su cinismo no tiene parangón. Pero … ¿qué sabrá ella de miga democrática? La Historia, fustigado destello empírico, testimonia de sobras el pedigrí democrático del comunismo real. Apaga y vámonos.

El PSOE, últimamente, está que lo tira. Don Pedro se empeña en darle la vuelta a un partido que, con mayor o menor fortuna, siempre sostuvo políticas de Estado. Ya empezó Zapatero esa ansiedad (o capricho absurdo) de gobernar contra medio país. Sánchez insiste. Acrecienta el disparate con tres novedades. El deseo de echar a Rajoy jugándose la vida a la ruleta rusa con el revólver que pone Pablo Iglesias en sus manos. La estrategia de dificultar el proyecto del gobierno (si es que lo tiene) con respecto al independentismo catalán, en un ni sí ni no sino todo lo contrario. Creer que la solución catalana pasa por ofrecerles un Estado federal cuyo apéndice “asimétrico” quiebra su principio sustantivo. En suma, son tres disparates de tal envergadura que la aplicación de uno solo daría con los huesos del PSOE en la cárcel del olvido social por largo tiempo.

Escapa a mi información quien empieza a cometer un disparate mayúsculo, vertebral para el futuro de España. Si el PSOE abandona la moderación que le caracterizara antaño, se haría imprescindible la aparición de un partido con parecida encarnadura a aquel de mil novecientos ochenta y dos. Sé que nuestro país necesita una derecha moderada, una izquierda también comedida y un partido liberal que actúe de bisagra. Cierto que todos deben velar porque surja un a ética capaz de desterrar nepotismos, tejemanejes, derroches o “distracciones” de dinero público, entre otras virtudes que compendian la moralidad política. La lamentable conjunción de indolencia social y desgana de algunos poderes fácticos, son los verdaderos culpables de que UPyD, por ejemplo, deje por recoger el testigo de aquella continencia abandonada voluntariamente por un PSOE desnortado, deplorable, oneroso y olvidadizo.

Ciudadanos diluye reputación y confianza electorales porque aparece sin proyecto firme, arraigado. Al menos, eso deja entrever. Peca, al igual que PP y PSOE, de postular un catalanismo no independentista pero diferencial. Cualquier partido que se diga nacional, no puede ser catalanista, castellanista o andalucista. No. Debe ser españolista; es decir, defender por igual el bienestar de los españoles, vivan donde vivan e independientemente de sus balanzas fiscales. El IVA lo paga cada empresa según donde tenga el domicilio social. Por eso, no es oro todo lo que reluce ni ingresos propios todo lo que se aporta. Aburre ya la martingala permanente sembrada de argumentos vanos y falaces. Como añade un compañero gallego: “A llorar a Cangas de Morrazo”. Hace mención al rito plañidero cuando se refiere a lamentos injustificados, emotivos, a los que tanto cariño le han cogido estos políticos catalanes.

El PP, aunque lo haya dejado para los postres, tiene su cuota de excelentes disparates. Diría que bate cualquier marca porque, al estar en el gobierno, debe excusar errores, ineptitudes, sinecuras, de imposible justificación. Sus líderes más mediáticos, sin despreciar alguno autonómico, compiten denodadamente por conseguir la corona de laurel que antiguamente se ofrecía al campeón. Sintetizo en Rajoy el continuo disparate de afirmar obcecadamente lo bien que va la economía española con disminución del paro incluido. Dos factores, entre otros alardeados, que falsean la cruda realidad. Asimismo, parece olvidar (yo, no) la escandalosa venta del Banco Popular con miles de accionistas “requisados” de forma ilícita, repugnante y torpe.

Pero donde el disparate, quizás propuesta punible, alcanza su máxima expresión es en los acuerdos del ejecutivo de Castilla la Mancha. Dice así: “El gobierno de Castilla la Mancha ha solicitado a los grupos políticos PSOE y Podemos que retiren la enmienda que habían presentado al proyecto de ley en Materia de Gestión y Organización de la Administración y otras medidas administrativas para garantizar el derecho a la carrera profesional de los empleados públicos que accedan a puesto de alto cargo. (…La razón es que los altos cargos no pierdan el tren de su carrera profesional)” Interpreto que a estos señores pretenden regalarles una oposición que muchos españoles de a pie serán incapaces de obtener en la vida. Si eran funcionarios antes de entrar en política, lo serán después sin merma de sus derechos. Si no lo eran, que preparen una oposición como cualquier hijo de vecino. Pensemos que quienes lo proponen dicen servir al ciudadano y trabajar por él; pero, en realidad, están pidiendo privilegios injustos, ilegales, disparatados. Constituye una de las primeras propuestas del pacto PSOE-Podemos en esta Comunidad.

Termino uniéndome a los catalanes. Jamás a sus políticos.

 

viernes, 11 de agosto de 2017

RAZONES Y SINRAZONES


Para discernir o argumentar con propiedad cualquier asunto, es necesario precisar o consensuar los significados. Si cada uno aplica como le viene en gana la -a veces- imprecisa polisemia de nuestro idioma, difícilmente puede llegarse a resultados satisfactorios. Por este motivo, es imprescindible establecer los términos de extensos debates multitudinarios y escasas lucubraciones personales. La España del sesteo, del despertar somnoliento, confuso y perezoso, representa un velero. Desarbolado el velamen y roto el timón, navega sin rumbo sometida a los embates que políticos de tres al cuarto y medios habilidosos, pero felones, acrecientan sin ninguna consideración. Ambos constituyen la sustancia, el aderezo principal, cuando se trata de adoctrinar, de corromper, la mente social.

Llamamos razones al conjunto de argumentos o demostraciones que se aducen en apoyo de algo. Buen ejemplo, entre otros muchos, es el pleno concierto del pueblo llano ante esta palpable inviabilidad económica del Estado Autonómico. Como bien sabemos, su origen tuvo poco que ver con el objetivo de acercar la Administración al ciudadano. Esa fue la excusa que ocultaba el verdadero empeño. Los padres de la Constitución quisieron agradar a los nacionalismos sin prever el verdadero alcance de esta decisión. Cierto es que en Cataluña, País Vasco y Galicia (en menor medida), existían nacionalismos históricos que era preciso albergar en el nuevo marco. Así, al menos, pensaban quienes elaboraron el Título Octavo. Años después se ha demostrado el error que introdujo su voluntarismo un tanto ingenuo, irreflexivo.

Se denomina sinrazones a aquellas actividades hechas contra justicia y fuera de lo razonable o debido. Como locución adverbial sería sinónimo de injustamente. Conforma la cara maldita, el adoso lamentable, de todo lo que significa y conlleva el vocablo razones. Al igual que cara y cruz, acción y reacción, luz y sombra, nacen a la vez haciendo imposible su existencia si desgajamos las unas de las otras. Este escenario nos lleva a la certeza de que adyacente a una buena razón siempre podremos encontrar una incómoda sinrazón, a poco que nos lo propongamos. He aquí la desnudez de cualquier político si el ciudadano se empeñara en prodigarla. El hombre público sabe o rumia (verbo inocuo, extraído al azar) las debilidades de una masa descerebrada, condimento preciso para cocinar cualquier plato con o sin receta culinaria. Es la terrible contingencia de toda fatalidad cuando nutre una desidia onerosa, perversa.

En ocasiones se manifiestan juicios que son ciertos en todos sus términos. No obstante, y a la vez, se ocultan malintencionadamente otros con la misma o más enjundia que los expresados y también verídicos. Días atrás, Miguel Urbán (izquierda capitalista) aireaba con todo detalle la corrupción del PP. Casi alcanzaba el éxtasis desgranando casos de todo orden: Gürtel, Bárcenas, Lezo, Púnica, Bankia, para terminar con las ruinosas autopistas radiales que costarán cinco mil millones. Cualquier oyente objetivo debería estar de acuerdo con él, pero el deseo reiterado de servicio a la ciudadanía quedó indigente. Ni se le ocurrió mencionar la carga insoportable del Estado Autonómico, menos pedir su disolución. De eso nada, que también afecta a Podemos. Asistir al ciudadano dando patadas al resto de partidos, siempre. Si tal servicio implicara un dilema potencial que llegara a hacernos daño, jamás. Conclusión: casta y no casta (pero que es casta igual o peor) no se atreven a terminar con las autonomías; ni siquiera dejarlas más baratas. Viva el derroche de ese dinero que no es de nadie, al decir de la ministra. ¿Servir al ciudadano…? Menuda jeta.

Tras estas medias razones, hemos de introducir alguna sinrazón. La más actual -tal vez la más absurda- ha sido instigada sin freno por las juventudes de la CUP, el grupo Arran. Con poco sentido y menor oportunidad, este verano han iniciado por toda Cataluña asaltos feroces e indiscriminados contra el turismo. Tal actitud se conoce como turismofobia. Tan estúpida estrategia, aceptada cuando no potenciada por la ultraizquierda, resta capacidad económica a esta comunidad tan falta. Origina una alarma innecesaria entre turistas y empresas. Destroza, al tiempo, la imagen de una España acogedora, segura. Pone en peligro cientos de miles de puestos de trabajo por necios pruritos ideológicos, de cuya rentabilidad negativa no existen dudas. Esto, señores, es corrupción cándida, de guante blanco.

El pacto PSOE-Podemos en Castilla la Mancha, incluidos los fulminantes desacuerdos surgidos en cada formación, es un caso más de sinrazón. Actúan con tanta ceguera que no les sirve el ejemplo francés u holandés, donde socialistas radicales consiguieron desencantar a sus electorados y quedar reducidos a partidos testimoniales. Aquí, Pedro Sánchez, con la cómplice anuencia de sumisos colaboradores, (pese a las encuestas) les puede conducir a parecida mengua. Abandonar la praxis socialdemócrata en beneficio del frentepopulismo, nos arrastra a épocas que nuestra sociedad quiere desterrar de forma definitiva. Una sinrazón vana pues vislumbran -unos y otros, más allá de legítimas ambiciones- su incompatibilidad manifiesta.

Hay razones que, al paso de los meses, se transforman en auténticas sinrazones. El PP, por boca de sus líderes destacados, siempre ha confirmado que jamás consentiría el referéndum catalán. Ahora, la señorita Levy, afirma que nunca se celebrará un referéndum legal. Interpreto, lo conjeturaba desde el primer momento, que se va a celebrar, pero sin aquiescencia legal del Estado; por tanto, será ilegal. Para este viaje, para hacerse trampas en el solitario, no se necesitan alforjas. Cada día se levanta esa neblina publicista que todo lo difumina. Constituye la sinrazón política. Sin embargo, nada comparado con el broche final. Partidos que tienen un concepto insólito de la democracia, no solo aplauden la ocupación de viviendas, sino que la potencian y amparan. En el colmo, ofrecen pautas, información precisa para hacerlo. Decía Da Vinci: “Quien de verdad sabe de qué habla, no encuentra razones para levantar la voz”. Estos la levantan, y mucho. Entre tanto, las leyes, la justicia, hacen coro; conforman un aldabonazo, una llamada colorista. Buen broche de oro para condensar la madre de todas las sinrazones.

 

 

viernes, 4 de agosto de 2017

TODOS SOSPECHOSOS O REVOLUCIÓN PENDIENTE


Desde hace años vengo observando que, sobre nuestro país, se extiende un velo de sospecha antirrevolucionaria. Atípica y trasnochada, envuelve todas las capas sociales. Curiosamente, desde un punto de vista estricto, la mayor renta se aprecia entre poder político (pura apariencia) y una ciudadanía confusa, espantada. Los choques, al menos dialécticos, hay que buscarlos solo entre convecinos, individuos próximos; es decir, entre ciudadanos-contribuyentes. Este escenario pobre, absurdo, conforma la calle. El estrado dirigente lo invaden distintos comediantes, cuando no folklóricos. Presupongo pocas divergencias que afecten a la clase política fuera de cámara. Parecen enemigos, pero son solo rivales pragmáticos abducidos por un prurito de poder. Luego, para conservarlo eternamente, lo reparten con espíritu conciliador.

El individuo de a pie, manejable hasta le médula, presta con entusiasmo vista y oídos a esa representatividad fantasiosa abriendo diferencias insalvables. La televisión, eficaz y fascinante púlpito civil, donde abundan divos de share o cuota, airea de manera hiperbólica inexistentes diferencias ideológicas marcando de revoltijo vicios y virtudes. Amagan convicciones antagónicas, pero a la postre ansían el mismo fruto: poder. Debiéramos conocer los mil y un ardides que utilizan para alcanzar ese vellocino que permite vivir a necios como si fueran eruditos. Creo de dominio público que la política produce el milagro de convertir en auténticos peritos a mediocres de tomo y lomo. A poco, notamos que constituye una ilusión onerosa. Ya lo constataba Nietzsche al afirmar: “Todo idealismo frente a la necesidad es un engaño”.

Estamos adscritos a la sospecha. El conjunto malicia del resto sin que medie razón poderosa u obligada. Aparte el etiquetaje del competidor o adyacente, la sospecha se ha convertido en deporte nacional. A menudo se suple por una certidumbre sin base, una especie de obra etérea. Hemos pasado de adorar un ídolo a considerarlo reo inmisericorde. La presunción de inocencia es hoy garantía de culpabilidad. Políticos y medios son acusados casi por inercia, porque ambos son autores y víctimas de un compadraje insípido. Algunos viven de una actividad propia de otros. Aquellos propician el venero noticioso mientras estos lo manosean, dándole forma de elogio o reproche, casi siempre esperando el importe tácitamente pactado. Los medios quedan convertidos en un eficaz submundo político. A cambio, la política nutre el comercio mediático. Juntos ahogan, sin entraña, cualquier intento revolucionario.

Ubicado en mi pueblo conquense, alejado de la tórrida canícula valenciana, persiguiendo el alba y el ocaso, observo que la gente consume su ocio en tertulias variopintas. Verdad es que el dogmatismo, orlado de incultura, no demuestra ser el mejor acicate para intervenir en ellas. Asimismo, los temas centrales suelen ser agrarios, especialidad temática que me aburre. No obstante, suele surgir al azar alguna conversación, ayuna de turbulencias, digna de análisis. Estos pueblos pequeños, solidarios, con inquietudes que les permite vivir al compás de los tiempos, asombran frecuentemente por las ideas de sus convecinos. Rudeza, juicio y suspicacia, forman parte del acervo ancestral, modernizado al amparo de internet.

Se sospecha del poder legislativo por elaborar leyes para reforzar el Estado de Bienestar, pero sin acompañamiento económico-financiero. Un vecino se quejaba días atrás de la gratuidad educativa cuando su hijo -estudiante de tercero de ESO; por tanto, escolarización gratuita- pagaba el transporte al IES cercano (doce kilómetros). Se sospecha del poder judicial porque es lento, no cuida los secretos sumariales y resuelve resoluciones extrañas para el lego e incompatibles con un concepto escrupuloso del derecho natural. ¿Por qué, verbigracia, encarcelan a un delincuente común con delitos ridículos y no a un sinvergüenza de guante blanco que ha robado miles de millones? Para tales reflexiones solo se necesita sentido común y los agricultores lo tienen sobrante.

Hay, sin embargo, acuerdo total, pleno, a la hora del examen político. Todos son sospechosos entre ellos mismos y más cuando se trata de la valoración que hace el ciudadano. Aquí reina consenso. Nepotismo y corrupción forman parte esencial de su encarnadura. No existe corro ni circunstancia donde el tema prioritario sea distinto a la acotación negativa, acusadora, de los partidos mayoritarios. PP y PSOE, hasta el momento, son los mayores responsables del caos actual. A ambos se atribuye una gestión lamentable. Pero cuando pregunto qué puede hacerse jamás obtengo respuesta. Aparecen tajantes, fecundos, impotencia y desencanto.

No hay respuesta porque existe una controversia nada eficaz entre poder e inconsciencia. Esta nos lleva a sospechar unos de otros, derechas de izquierdas y viceversa. El poder de conjunto se muestra inexistente, incomprensivo, desconfiado. Más que invertebrada, nuestra sociedad está rota, sin objetivos comunes fuera del voluntarismo inconsecuente. Siendo menos, divergentes incluso (puede que en apariencia), se unen para gozar de un poder que nosotros, necios, les damos de manera incondicional. Prueba de ello es que, aunque hagan las mayores barbaridades, siguen contando con el voto obcecado de la insensatez. Políticos y personas de a pie, ahora mismo, constituyen una gangrena que está infectando el cuerpo social.

Decía Orwell: “En una época de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario”. En efecto, la verdad solo irrita a quien pretende seguir viviendo de la mentira. Digamos la verdad y seamos consecuentes. El poder nunca cede nada a la masa salvo cuando necesita su contribución democrática. Entonces escuchamos potentes los cánticos de sirena que nublan la razón impidiendo una respuesta revolucionaria, esperanzadora.

 

 

viernes, 28 de julio de 2017

PROCESOS JUDICIALES Y CORRUPCIÓN


Toda acusación popular se genera sobre dos vertientes. Una política cuya sentencia, en un sistema democrático, viene dada por el resultado electoral. Otra, presenta vínculos jurídicos y su ejecutoria, objetivamente, corresponde a la fiscalía. Existen, sin embargo, colectivos que, disfrazados de oscura representatividad, aseguran ser voz y salvaguardia del pueblo. Se arrogan competencias previstas, de forma bastante cautelosa, en el texto constitucional. Tanto que, a veces, precisa de profundo adiestramiento hermenéutico.

Nadie duda del mandato, que recoge la Constitución, sobre el acceso de instituciones oficiosas a ejercer una acusación particular en cualquier proceso penal. Pero su labor queda invalidada cuando subsiste riesgo de extrañas aventuras ajenas al acto justiciable. Conocemos entidades virtuosas hasta el momento de presentar maniobras vergonzantes que dejan al descubierto un sinfín de irregularidades. Primero sucumbió la SGAE (Sociedad General de Autores y Escritores). Luego, salieron a relucir las impurezas que atesoraba Manos Limpias cuyo presidente fue encarcelado y sometido a escarnio social. Este caso marcó bastantes desavenencias entre el espíritu constitucional y usos picarescos que de él se hacen.

Ayer, es un decir, de manera inopinada irrumpió la noticia del tejemaneje que asedia al fútbol. El señor Villar, presidente de la federación española, presuntamente realizó múltiples ilegalidades tramitando el negocio balompédico. La salpicadura también afectó a familiares y amigos, alguno de los cuales le acompañan en la cárcel. Ignoro si hay materia o no para iniciar estrictamente un proceso, deseo, con pocas probabilidades de causar víctimas inocentes. Pareciera una confabulación de individuos sin escrúpulos aunados por un azar maldito.

Hay quienes ofrecían causas engorrosas, con enjundia, dependiendo de qué ubicación doctrinal se asigne al sujeto. La Asociación de Abogados Demócratas de Europa (ADADE), se ha personado como acusación popular en el caso Gürtel. Dicho colectivo, aparte la arbitrariedad que desprende su nombre, aprovecha una coyuntura subjetiva para sentar a Rajoy en el banquillo de los testigos, aunque algunos lo consideren infractor de antemano. Renuncio a buscar implicaciones entre el presidente y la ética como lo haría con cualquier otro preboste de empaque. Por esto, llevarlo a juicio debiera tener consideración de abuso manifiesto, sin que ello significara excelsa templanza o impunidad.

Mencionaba, daba a entender, el atropello de estos abogados al autodefinirse como demócratas. Esa facultad deja al resto, inexorablemente, en el ámbito totalitario. Demasiada vestimenta semántica para tan poca trascendencia. Tal asunto es un ejemplo vivo, reciente, del uso desaprensivo, indigno, que se hace de la acusación popular. Convertir las leyes en subterfugio de brega política mancha su pureza; perversión más significativa en quien debiera observarlas con criterio recto y riguroso. No vale todo para obtener réditos electorales. Al final, el ciudadano acaba percibiendo qué oculta la máscara.

Insisto, es probable que don Mariano -pese a lo impoluto de su presencia ante el tribunal- adolezca de alguna mancha. O de varias. No obstante, hacer de él muñeco del pim, pam, pum, constituye un hecho alevoso. Parece evidente que, la mencionada asociación, no arrastraría a sus partidarios ante ninguna magistratura. Bien por indicios, bien por sospechas, la farsa forma parte esencial del acontecer diario. Además, nadie quiere su propiedad -justo lo contrario a aquello que despierta envidia o loa- pero ante cualquier rechazo el reparto se realiza con equidad, con similar porcentaje.

Sánchez e Iglesias elevan a preeminencia la caricatura urdida por ADADE. Ambos, a dúo, a la par, respectivamente piden la dimisión de Rajoy amén de una comparecencia extraordinaria. Don Pedro, en un arrebato de cinismo, asegura que él dimitió para “defender sus convicciones”. Se coge antes a un mentiroso que a un cojo, asevera rotundo un refrán muy popular. En efecto, a Sánchez le hicieron dimitir por varias razones, entre ellas el abismo a que abocaba al partido. Luego, con artimañas mil, con verdades a medias jalonadas de engaños completos, supo transferir “sus convicciones” a gran parte de afiliados. Tampoco necesitó grandes esfuerzos. Siento auténtico interés de que explique Estado Federal y España Plurinacional; razones y consecuencias. Asido a este pedrusco doctrinal, seguirá alimentando por poco el martirologio del PSOE.

Reitero, Sánchez e Iglesias -con tácito refrendo de Ciudadanos- exigen no sé cuántas renuncias a Rajoy por corrupción. Cuando existe una crisis económica notable, la corrupción crematística es grave pero hay otra vertebral siempre: la corrupción democrática. Populismos y convicciones personales nutren el dogma que cala en mentes irreflexivas poniendo en peligro la convivencia social y con ella el sistema de libertades. Una izquierda radical, ultramontana, favorecida por la resonancia de medios cuya deontología queda supeditada a la cuenta de resultados, lleva irremisiblemente a la ruina material y moral. Así lo atestiguan años de Historia, superada esa posibilidad de enjoyarla con sutilezas.

El individuo cree que propaganda y agitación políticas son tácticas imprescindibles. Para los regímenes totalitarios y tiránicos, sí; sin duda. En absoluto sirven para sistemas liberales; ya que dichas tácticas quiebran, conculcan, la soberanía popular sometida a la conciencia social. Una creación funesta debida a esa corrupción ideológica que pervierte toda esperanza democrática. Además, sin ninguna duda, también potencia el extravío material.

 

viernes, 21 de julio de 2017

ARRITMIAS DE UN PSOE CADUCO

El PSOE cumple ciento treinta y ocho años de existencia. Sus deudos afirman que tanta senectud, tanto empirismo, añaden un plus cuando se tasa crédito y alcance. Sin embargo, objetivamente, los años afectan al vigor físico a la vez que comportan un enorme deterioro intelectivo. Asimismo, a consecuencia de estos factores psicofísicos, disminuye el umbral de percepción ante cualquier estímulo ciudadano. Peaje vital común a todo universo orgánico. Vemos, pese a lo expuesto, que con harta frecuencia sus líderes destacados camuflan virtudes entroncadas con teóricas solturas adquiridas en el fragor de vehementes confrontaciones políticas. Antes bien, los más cercanos, quienes condujeron el siglo XXI, revelan una involución dañina, aterradora. Como suele decirse: “están de capa caída”.
Cierto es que aquellos primigenios compases, allá por el ocaso del siglo XIX, tuvieron nula penetración social por el escollo que supuso la alternancia política entre conservadores y liberales. Deberemos añadir también el importuno freno a la industria en ciernes de una menesterosa -igualmente que aristocrática- economía agraria. Tal coyuntura se arrastró durante el primer tercio del siglo XX. Este periodo fue protagonizado, pese a la Guerra de Marruecos y movimientos proletarios en la rutilante industria catalana, por continuos éxitos sindicales del anarquismo frente a políticos de un PSOE todavía impermeable a la conciencia popular. Casi con seguridad, esta circunstancia le llevó a colaborar con Primo de Rivera (el dictador) para conseguir cierta vitalidad impulsando una maniobra rastrera, amén de sangrienta, contra la CNT. 
Durante la Segunda República tuvo una actuación destacada -no sé si negativa- que desembocó en inútil e injusto conflicto civil. Son conocidas las diferencias ingénitas, vertebrales, irreconciliables, entre Largo Caballero (el Lenin español), secretario general de UGT, e Indalecio Prieto, secretario general del PSOE. Cabe destacar la impronta de Julián Besteiro, presidente del Congreso y enemigo acérrimo de empezar una guerra que él consideraba espantosa y perdida. A lo largo del franquismo, el partido desapareció de hecho en favor del PCE que se mantuvo activo dentro y fuera de nuestras fronteras. Rodolfo Llopis, secretario general del PSOE en el exilio, mantuvo una postura contraria al activismo interno. Surgió así una corriente renovadora en la que, al final, se impuso Felipe González en mil novecientos setenta y cuatro.
Próxima la muerte de Franco, el PSOE fue organizándose de forma semiclandestina porque ya se vislumbraba qué papel debería desempeñar en una España democrática. Efectivamente, compartió de manera notoria los Pactos de la Moncloa que alumbraron la Transición. Como uno solo, sin advertir ninguna brecha, todos los partidos arrimaron el hombro para cerrar viejas heridas y esparcir ilusiones nuevas, frustradas con el paso del tiempo. Siete años después Felipe González cosecho la cifra récord de doscientos dos diputados y, en tres legislaturas, España se modernizó pasando a ser miembro del Mercado Común y de la OTAN. Lástima que su gobierno acabara corrompido, ensombreciendo una gestión positiva pese a todo.
Tras él vino Zapatero, personaje curioso, complejo, incalificable. Ignoro si por incomprendido o porque realmente resultó nefasto, para mí ha sido (sin lugar a dudas) el peor gobernante de este último periodo y, añado, de siglos atrás. Puede que, como mucho, se encuentre confortado por el no menos irritante, sosias y sucesor Rajoy. Siendo grave la irresponsable actuación -ignorancia suprema- que tuvo antes, durante y después de la crisis económica, ganan de largo los conflictos sociales que provocaron sus leyes. Paradójicamente tachadas de progresistas, una rupturista Ley de Memoria Histórica, la llamada de Género y su papel protagonista en el Estatuto de Cataluña, marcan un camino lleno de obstáculos e interrogantes que, a poco, viene ilustrando su aciago e incómodo transitar.
Rubalcaba ocupó un espacio transitorio; incoloro, inodoro e insípido pese a los oráculos. A las puertas esperaba otro indocto, tipo Zapatero pero más agresivo e intransigente. Pedro Sánchez tuvo el deshonor, que yo sepa, de ser el primer secretario general inhabilitado por un Comité Federal. Qué decepción suscitaría entre la vieja y la nueva guardia para descabalgarlo. No obstante, su ambición pudo más. Consiguió seducir a militantes irreflexivos, amén de escorados (tal vez descocados), y vuelve con bríos para constatar un cerrilismo indescifrable. Confunde porque quiere, porque es su único éxito, deseos de afiliados y de votantes: divergentes, inconexos, a distancia astronómica. Desconoce las penalidades del socialismo francés u holandés y martillea, en fin, sobre aire dilapidando energías que no le sobran.
Confía un ejecutivo con la tóxica contribución de Podemos. Lanza a los cuatro vientos esa quimera del gobierno de izquierdas cuando incluye en él la derecha burguesa nacionalista. Detesta al PP -derecha social, sobria- y pretende apoyarse en la burguesa. Semejante incongruencia articula la prueba evidente, definitoria. El viejo partido ha llegado al estado catatónico, gastado, sin energías, acéfalo. Huérfano de dinamismos, de impulsos, poco puede esperarse cuando ya apunta delirios agónicos, cercano a la extenuación fulminante. Lejos de significar una impresión, más o menos subjetiva, el aire se llena de efluvios mortuorios.
Queda ulterior ocasión en que hablaremos de Organización Federal y del Estado Plurinacional para ver el asiento que en ellos tiene el problema de los políticos (digo bien, políticos que no individuos) catalanes.

viernes, 14 de julio de 2017

VACACIONES INMERECIDAS

 
 
 
El miércoles, día doce, el Congreso consumó su último pleno. Está previsto continuar del doce al catorce de septiembre; por tanto, sus señorías atesoran dos meses de holganza. Sé que algunos jurarán encontrarse al pie del cañón en quehaceres socializantes o administrativos. Sin cuestionar su certidumbre, aseguraría un escaso porcentaje de quienes cumplen tan aleatoria conjetura. Se acierta, con seguridad, si nos pronunciamos por asemejarlas a las vacaciones escolares, pero menos meritorias que ya es decir en razonamiento del común. Aparte dicho debate, lo vertebral es la eficiencia no las horas que ejercen de “culiparlantes”. Asimismo, nunca he observado ninguna reserva especial de algún portavoz contra esta pauta clasista; más si cabe cuando España necesita una desinfección a fondo.
Utilizando pareja expresión a la frecuente de un periodista curtido, voy a ofrecer información sin ápice de criterio personal. Europa -siempre en el ámbito económico, jamás en el político o militar- instituyó el MUS (Mecanismo Único de Supervisión) de cuyos designios se hace eco el MUR (Mecanismo Único de Resolución). Bajo estadio de expectativa, de germen, se encuentra el FUR (Fondo Único de Resolución) que debe financiar, a futuro, los acuerdos de la JUR (Junta Única de Resolución). Son instituciones europeas, bajo control del BCE (Banco Central Europeo), para vigilar el sistema financiero y acometer los test de estrés. Basándome en mi compromiso de dar únicamente informaciones, la “intervención” del Banco Popular fue un acuerdo entre dicha entidad, el Banco de Santander y el gobierno español. El MUR bendijo dicho acuerdo sin más. Constituye el primer caso, puede que también el último, a la hora de arbitrar un banco nacional.
Ahora preciso inquirir y exponer mi opinión. Si nos atenemos a los medios, ¿dónde se encontraba el Mecanismo Único de Supervisión cuyo cometido debe ser prioritario a cualquier providencia de su ejecutor Mecanismo Único de Resolución? Si no actúa porque le pilla lejos, porque no puede englobar tanto espacio, ¿para qué se crea un organismo totalmente inútil? ¿Acaso sus objetivos sean otros? ¿Cultivar nepotismos y contactos a alta escala, verbigracia? ¿Para qué sirve una Junta Única de Resolución si no se dispone del Fondo Único de Resolución? En España decimos poner el carro delante de los bueyes. Podían nuestros eurodiputados hacerles comprender que estas paradojas llevan al extravío, a nutrir el euroescepticismo sin posibilidad de oponer argumentos contundentes. Si no funcionamos como unión política ni militar, y chirría el engranaje económico, ¿qué hacemos en este avispero, aun siendo conscientes de nuestra debilidad? Verdad que estamos mejor si nos olvidáramos de la deuda impagable, pero…
Las interioridades de la banca española -pese a los test- pillan fuera de juego a estos probos tecnócratas europeos. Tampoco es que cueste e importe tanto. Lo que no puede admitirse bajo ninguna excusa es que Sebastián Abella, presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) o Luis María Linde, gobernador del Banco de España (BE) no conocieran las dificultades accionariales o balances quiméricos del Banco Popular. Tanto de forma afirmativa como negativa, son cómplices del escamoteo, expropiación o, en términos pretéritos, requisa, efectuada (con nocturnidad y alevosía) a cientos de miles de accionistas, entre los que me encuentro, bonistas y propietarios de deuda subordinada. Quien se lleva mi desprecio y reprobación individual es Luis de Guindos, por ser responsable político de este insólito desaguisado y porque le pagamos para defender la ley, la justicia y los intereses de los ciudadanos. Menudo lucimiento tras lo de Lehman Brothers. Sin abusar, no olvido a Rajoy. ¿Cuántos irán a la cárcel? Ninguno. Hoy, arruinar al ciudadano-contribuyente (y otras diversas andanzas) sale gratis.
Hagamos números. Cuando el Popular se vendió al Santander por un euro, acciones, bonos y deuda tenían un valor que superaba tres mil millones. El valor neto de los activos inmobiliarios, según cita el Confidencial del siete de julio, asciende a diez mil trescientos millones que sumados a los anteriores genera un montante de trece mil trescientos, al menos. Si incluimos los cinco mil doscientos millones de deducciones fiscales (Público siete de julio) y los errores cuantificados -según parece- en los pasivos, sospecho que alguien ha logrado completar un negocio/apropiación redondo.
En la introducción al prólogo del “Saco de Cuenca” de Miguel Romero Saiz, se lee: “Las preguntas fundamentales de la vida jamás serán respondidas pero, aun así, podemos y debemos seguir adelante”. Resulta curioso que ante el hurto (tomar o retener bienes ajenos contra la voluntad de su dueño, sin intimidación en las personas ni fuerza en las cosas; confirma el DRAE) a centenares de miles de ciudadanos humildes, ningún parlamentario haya levantado la voz para denunciarlo. Ni la “casta”, ni quienes han deslizado enorme interés por “salvar a la gente”. Habéis lucido una profesionalidad manifiestamente mejorable. Espero que estos meses de ocio, de asueto, sirvan para acometer serenas reflexiones y regresar con algo más de compromiso personal y colectivo. Sin renunciar a ninguna pregunta, casi perdidas las esperanzas de recibir respuesta, nosotros seguiremos adelante; llevamos siglos haciéndolo, pero los tiempos cambian.
El Banco Santander ha previsto la provisión de novecientos ochenta millones de euros a fin de compensar la “fidelización” del accionista del Popular. Supongo que este reconocimiento expreso de la injusticia cometida, no surge a resultas de ningún escrúpulo sino -pese a ceremonias retóricas- al intento de paralizar los recursos que se vienen anunciando por parte de inversores poderosos. Los minoristas, que se pudran. A la vez, se vislumbra un pelotazo, pues la entidad compradora adquiere (en teoría) un banco libre de accionistas, bonistas e inversores con deuda subordinada. Yo solo pido que me paguen mis acciones al precio que cerraron cuando se decidió este lance increíble que vulneró claramente algunas leyes y la seguridad jurídica del país. Son mías; por lo tanto no se me pueden negar salvo que, desaprensivamente, instituciones europeas, amén de nacionales, cercenen el derecho a la propiedad. Cuando las siglas y los medios callan, se hace más intenso el clamor iracundo de los afectados. Hemos de recordar a protagonistas y adláteres que han fracasado (tal vez con plena consciencia) como dirigentes al servicio del pueblo, que únicamente ocupan un lugar en el espacio, en su mismidad. Por este motivo, disponer de vacaciones oficiales significa expandir u optimizar un dispendio sin contrapartida, un acto más de aprovechamiento sistémico. Seguiremos en contacto.  
 

viernes, 7 de julio de 2017

CONTRASENTIDOS SIN ENMIENDA


Contrasentido (nos enseña el DRAE en su tercera acepción) designa el concepto opuesto a lo que correspondiera deducirse de proposiciones antecedentes. Remite a un acontecer que rompe moldes en cuanto al conjunto de individuos practicantes. Los políticos que ofrece esta tierra árida y seca baten de largo todos los récords habidos y por haber. No he divisado ningún colectivo, por colindante a ellos que fuere, con un grado tal de excelencia, de desparpajo. Sin embargo, me extraña poco que estos “probos señores” -a la vez cómplices o protagonistas de la crisis que padecemos- caigan en semejantes extremos. Es la sociedad, inmersa en un escenario abarrotado de conflictos, quien debiera evitar el oprobio que apareja. Le puede ya amarga impotencia bien desidia penitente. Llevamos así más tiempo del permitido por esa norma olvidada de que la libertad se gana día a día, con esfuerzo, luchando incansablemente para conseguirla. El silencio es una táctica necia; la senda que lleva inexorablemente al despeñadero.

Hemos de acostumbrarnos a considerar no la noticia sino el trasfondo. Admitir sin más una información, siempre interesada, significa entregarnos a ellos arrebatados por esa resonancia que les facilitan los medios puestos a su servicio. Carecen de excusa y nosotros estamos legitimados para descubrir el muestrario de despropósitos cometidos. Como siempre, empiezo por el poder porque suele ser fuente de agravios notables. Aznar lleva años criticando tibieza e inercia de Rajoy ante ciertos asuntos, Cataluña verbigracia. No obstante, él fue su guía y creador. Desconocimiento del personaje, yerro o alta traición. Don Mariano decía estar siempre con las víctimas del terrorismo para, a renglón seguido, soltar a Bolinaga. Mientras presidía la oposición proclamaba comportamientos antitéticos a los del PSOE (bajada de impuestos, ley del aborto, nueva política antiterrorista, etc.) para luego caer en parecido lodazal. Añadan cuanto estimen oportuno de su cosecha sin prevención, sin temor a equivocarse, pues hay bastante tela que cortar. 

Constato que todos los partidos practican la demagogia, el engaño, aun la derrota. Pese a ello, la izquierda campea sobrada por estos menesteres porque en un marco capitalista solo puede realizar guiños. La socialdemocracia genuina succiona los mismos pechos que el liberalismo; son, al menos, hermanas de leche. El marxismo odia, por el contrario, las reseñas democrática y capitalista porque ambas representan su desaparición. Quien tenga sentido común, aunque sean dosis exiguas, sabe que el capitalismo solo acepta iniciativas liberales como único manual asequible. Todo lo demás constituye ruidos extravagantes, llamadas peregrinas hechas desde un entorno histriónico, falaz, embaucador. La izquierda, digo, en este medio se encuentra desplazada, con poco pulso y menos mensaje. De ahí que se vea apremiada a inventar propuestas que divergen de la real problemática ciudadana.

El PSOE lo sabe pero carece de alternativas. Procura compensar su indigencia ideológica con cinismo y propuestas ardientes amén de insustanciales. Al ocaso de Felipe González, el partido empezó a abandonar los postulados que le llevaron a ser hegemónico en España, a escribir páginas vertebrales de nuestra historia reciente. Abandonar moderación y electores fue una constante con Zapatero. Cogió el testigo Rubalcaba y se llegó al clímax durante el quiebro de Sánchez. Elevado a los altares en segunda oportunidad, su real o aparente radicalidad origina el curioso enigma -puede que acertijo- de si acabará convirtiéndolo en puro testimonio. ¿Percibe acaso don Pedro qué prodigio guarda el Estado Federal para resolver de golpe el jeroglífico catalán? Seguramente no. Cataluña quiere un estatus sui géneris -quebrando la solidaridad interregional- o la independencia; ambos de imposible admisión ahora mismo. Creo que PDeCat está consumiendo un opiáceo para dilatar los apuros provocados por tanta corrupción y adoctrinamiento desequilibrante. Pronto sufrirán, abandonados, los efectos letales una vez se imponga la cruda realidad.

Ahora Pedro Sánchez desea instaurar la república que, como todos sabemos, es una prioridad social. Palos de ciego para amortiguar sus excesos verbales, asimismo tanta desnudez doctrinal. Demanda también una reforma fiscal para aumentar el gasto público, ¿para qué si no? al tiempo que se controla el déficit y se busca incansablemente la reindustrialización (sic). Ignoro la forma de conseguir lo expuesto si él no debe creer en milagros. Defiende una única soberanía dentro del Estado Plurinacional. ¿Cómorrrr? Acaricia derogar la reforma laboral. ¿Querrá dignificar salario y duración de los contratos laborales a través de Empresas de Trabajo Temporal (EETT) precisamente creadas por el PSOE? Rizando el rizo, persigue desenterrar a Montesquieu de cuyo sepelio tuvo un papel protagonista el señor Guerra, don Alfonso. Democratización del Estado, Educación, Universidad, Sanidad, etc. como si el país fuera Tanzania o él acabara de caer de un planeta ignoto. ¡Cuánta filfa y propaganda barata atesoran estos desmemoriados!

Ciudadanos tiene un discurso contra el independentismo pero a favor del hecho singular catalán, tal que Castilla o Extremadura, pongamos por caso, fueran plurales o exóticas. No, amigos, un partido nacional debe caminar recto, sin ladeos ni tumbos, y asumir un compromiso de sensatez, de solidaridad, que hoy por hoy solo se vislumbra en UPyD. De Podemos pongo en evidencia la falsedad de su evangelio “anticasta” cuando proceden de un elitista linaje universitario. Esconden su ADN totalitario envolviéndose en banderas democráticas que detestan. Aventando una ética extraña, agreden a rivales libres de resolución judicial mientras defienden sin fisuras a conmilitones condenados por sentencias firmes; escarnecen a víctimas del terrorismo -nacional e internacional- con burdos argumentos y equidistancias. Etcétera, etcétera, etcétera.

Para concluir, y sin que sirva de precedente, me van a permitir una licencia por la que pido excusas previas. Lo que digan o callen Pablo Iglesias, Irene Montero, Íñigo Errejón, Monedero (el embozado) y resto de caterva indocumentada e hijos de papá, me la suda. Indico así el camino a una sociedad crédula, ingenua y dócil.   

 

viernes, 30 de junio de 2017

PEDIR. ROGAR Y EXIGIR


Días atrás cumplimos con ostentación el cuadragésimo aniversario de las primeras elecciones democráticas. Nuestro Parlamento vistió de gala, también de estrecheces, para la ocasión. Faltaron dos personajes nucleares: Adolfo Suárez y Santiago Carrillo (cara y cruz) ambos desaparecidos. Protagonizaron -probablemente sin quererlo- la paz, el punto final de una Guerra Civil implacable. Tampoco estaba el rey Juan Carlos, guía de la Transición, por cuestiones prosaicas; tal vez debido a sus frecuentes veleidades. Inauguramos, hace poco, otra etapa y alguien dedujo que su presencia pudiera evaluarse de inoportuna. Pero, ¿quién no practicó coqueteos en aquellos tiempos tan vertiginosos? Felipe González -alejado de un Guerra átono, romo- cobijaba, bajo su palio social indiscutido, al resto de actores que conformaron una reforma ejemplar, insólita, casi milagrosa. Luego, el acontecer dibujó bastantes sombras en su cometido donde dominaron las luces. Puede que aquel marco generara el vocablo mentira cuyo concepto y peso específico le haga ser prioritario a los tres del epígrafe. Asimismo, alimente una ejecutoria malsana en la conciencia social, en manifestaciones posteriores.

Cuarenta años han servido -entre avatares buenos, regulares y peores- para abusar de ciertos vocablos. Procuran que el común tarde en digerirlos, cuando no los hagan indigestos por adobo o condimentación a medio camino entre hechizo y horneo atrabiliario. Tal vez mentira, como indiqué, sea el vocablo que despliega mayor vileza social. Sin embargo, a él se adosan permanentemente otros que, huérfanos de hipoteca lesiva a priori, desorientan al individuo. Su fondo destructor pasa desapercibido porque se ubica allende el signo o fonema; es decir, incorpora una apreciación metafísica. Como casi todo lo relacionado con el ámbito político, ha de mirarse (más bien escrutarse) de forma profunda, reflexiva, sin prejuicios ni ataduras. Conviene situarnos a la altura de los prebostes, en idéntico otero para equilibrar recinto y perspectiva del juego.

Según el diccionario de la Real Academia, mentira es una afirmación que se hace consciente de que no es verdad; o sea, prevalecen divergencias insuperables entre lo dicho y lo pensado. Imagino que todos ustedes, mis amables lectores, podrían ofrecer cientos de diversos ejemplos vivientes referidos a políticos patrios adscritos a la “casta”. De los “virtuosos” los hay a miles; el disimulo constituye su esencia e impulso. Pedir consiste en expresar a alguien la necesidad o deseo de algo para que lo satisfaga. Rogar tiene visos de pedir algo como gracia o favor. Exigir implica pedir de forma imperiosa algo a lo que se tiene derecho. Observamos que los tres últimos son sinónimos pues guardan en común su espina dorsal: pedir. Todos presentan un uso extendido y se neutralizan con el mismo adagio: “Contra el vicio de pedir, la virtud de no dar”. Parece bastante insolidario, inhumano. Quizás surgiera en momentos poco propicios o la gente (evocación totémica de cualquier populismo), por aquellos tiempos, dejara de comulgar con ruedas de molino. Hoy, martirizados con impuestos confiscatorios, ansiamos someternos al viejo tópico castellano: ”Perdone usted por Dios hermano”, dicho que sanciona, y cristianamente oficializa, la denegación de auxilio.  

Sin duda, pedir es propio de personas humildes, afables. Puede considerarse el vocablo que usa el ciudadano y el político aseado, modoso. Quien se nutre de fe, quien vive la ortodoxia, está acostumbrado a rogar con gesto sumiso. Aquellos que se sienten superiores, sin tacha ni ganga, exigen atiborrados de inclemencia. Exhiben un DNI orlado de probidades, de santidad, de moralidad cívica. Asemejan espejos donde se reflejan las caricaturas deformes del resto carcomido por defectos humanos. Porque ellos levitan al tiempo que anhelan destruir a quien pregone sus pies de barro. ¡Fantasmas! Se muestran belicosos, sectarios, hostiles, con quienes osan interponerse y dejar al descubierto su miserable encarnadura.

Todos pecan de cinismo salvo aquellos que habitan el Olimpo. Empecemos por el PP con responsabilidades de gobierno. Ofrece duras quejas, probablemente con razón, por lo que llama Causa General contra el partido. Entre otras, ha pedido (digo pedido) la dimisión de Cantó, del alcalde de Cartagena y del consejero valenciano de educación por su discriminación positiva del idioma. Esta última tiene enjundia, para ser suave y educado. Si no recuerdo mal, fue el PP valenciano quien exigió el requisito lingüístico previo al examen para acceder -vislumbro que no solo- a funcionario docente. ¿Cinismo o memoria huidiza? A lo peor, cobardía. Se emperifolla de sayal y luego rasga las vestiduras.

PSOE, Ciudadanos, PNV y PDeCat piden (insisto en la voz) la dimisión de Montoro, de Rajoy y de otros personajes inmersos en diferentes procesos por corrupción. Ninguno atesora fuerza moral para hacerlo, menos PSOE y PDeCat. Los asiste el derecho, mas no la oportunidad. En el colmo del desbarajuste hay que mencionar a Adriana Lastra por pedir la dimisión de su compañero Miguel Ángel Heredia como secretario general del grupo parlamentario. Aunque lo hiciera antes de las primarias, utiliza curiosos potingues para cerrar heridas.

Termino (es un decir) con Podemos. Estos no se andan por las ramas. Exigen cargados de razones, de divinidad. Lo hacen en todos los frentes; con políticos en activo y retirados, con altos cargos de la judicatura y con medios o periodistas -Victoria Prego, un símbolo- que rechazan veneraciones y sometimientos. Al borde de la patología psicótica, exigieron la dimisión de Imbroda, presidente-alcalde de Melilla por permitir que se enterrara allí al general Sanjurjo, muerto en accidente de aviación el veinte de julio de mil novecientos treinta y seis. Lo peor, con todo, no viene a través de las formas sino de las gibas históricas que presenta el comunismo totalitario, valga la redundancia. Constituye una ideología antidemocrática, falaz, corrupta, liberticida, sangrienta. Ningún comunismo respeta los derechos humanos como atestiguan de forma fiel, inmutable, veraz, la Historia y los acontecimientos actuales en los países donde ejerce su dominio tiránico.