viernes, 25 de febrero de 2022

DISEÑO SUICIDA

 

 

Renuncio a reproducir informaciones que ya han sido suficientemente expuestas (incluso magnificadas) con profusión, en ocasiones con desmedida inquina. Llega el momento de inferir, también lucubrar, qué puede traernos el destino siempre irritado y aturdido por la estupidez humana. El tema muestra una casuística espinosa, recóndita, hasta retorcida, para analizarlo sin precedentes sustantivos. La conjunción planetaria —aquella de la que hablaba Leire Pajín, iletrada ministra de Zapatero hoy asesor de gobiernos exquisitamente democráticos— que las caóticas leyes astrales negaron por entonces, ahora se ha realizado trayendo confusión y zozobra. Partidos o grupos concretos invierten su tiempo laborable, a cargo del erario público, en buscar pruebas incriminatorias para aniquilar rivales políticos incómodos. Constituye una forma, al menos poco estética, de corrupción. 

Los últimos tiempos son indulgentes con vocablos de implícita carga peyorativa: corrupción, fascista, populista, etc. Todos ellos son definibles, no definidos; es decir, están abiertos a capacidad o posibilidad de matizar conceptos en oposición a algo afianzado. Bebible y bebido, verbigracia, pueden aclarar dichos matices. Nadie, salvo ingenuos pertinaces, creen que haya partidos —asimismo escasos individuos—provistos de fuerza moral para acusar de corrupción a antagonistas. Tal vez los haya porque los escrúpulos (mejor dicho, su falta) engendran cierta sensación de impunidad. Viene a colación el viejo proverbio “ver la paja en ojo ajeno y no ver la viga en el propio”. Declino eximir a nadie de responsabilidades o culpas cometidas durante su gestión político-social, pero me parecen poco equitativas, desiguales e injustas, las inflamatorias (a la vez que chabacanas) imputaciones de corrupción vertidas básicamente sobre el PP.

A tales personajes, ubicados entre la intriga y lo delincuencial, se suman ensoberbecidos medios audiovisuales casi todos comprados por Sánchez u otros sosias. Donde la cultura escasea, el conocimiento se adquiere cómodamente a través de las pantallas sin tiempo a discernir su autenticidad o podredumbre. Millones de ciudadanos llevan anteojeras en su camino consolidando el itinerario prescrito, “conveniente”. Resulta incomprensible, además, que individuos investidos de toda pureza e integridad ética sean incapaces de respetar la presunción de inocencia que exigen para sí y adláteres. “Comunismo o libertad se convierte en comunismo o comisiones”, Fernando Berlín dixit. Se ha tragado de golpe “presuntas”, ese vocablo que dilata la transgresión moral, social y jurídica. Hay algunos más amparados bajo una prerrogativa exclusiva que no alcanza al común.

Fuera de cualquier ambición tangible, o no, Isabel Díaz Ayuso es considerada enemiga peligrosa, letal, a batir, por Sánchez y Casado al alimón. Tal animosidad tiene una fecha rotunda: cuatro de mayo de dos mil veintiunos. Para el necio presidente supuso no solo un golpe fulminante en su egocentrismo sino la aparición precisa de quien le ganaba cualquier lance oponiendo humildad a altivez. Supuso para él la estocada indigesta a su soberbia dominante, ahora cruelmente mancillada. Casado, contradictorio e inseguro, concibió una fantasmagoría terrible: que su protegida lo traicionaría raptada por un deseo irrefrenable de poder. Puede que la génesis de esa pesadilla fuera impulsada por el afín, pero quien admitió como real aquel espejismo es culpable directo de las derivaciones posteriores. Tal escenario nos lleva a una probable conjura entrambos.

Ni todas las mentiras ni propaganda de Sánchez son capaces de ocultar la situación económica real de nuestro país, prácticamente en bancarrota; es decir, arruinados, sujetos a una deuda impagable y asfixiados por un gran descrédito internacional. Si no se dopara (palabro utilizado por Podemos con Rajoy) el empleo público, estaríamos ya en estanflación. He aquí el verdadero enemigo de Sánchez que lo llevará a la desaparición política y social. Algunos pensamos que Casado se ha dejado engañar confiándose a un presidente presuntamente informador, directo o indirecto, de datos tóxicos, ilegales, para aplacar a Ayuso, incluso deshacerse de ella. Su propia estratagema se le ha vuelto letal.

Como español y analista político me desconciertan dos hechos. Uno esconde actitudes doctrinarias, fanáticas, corruptas. Me pregunto cómo puede ser que varios contratos, presuntamente viciados hechos por la Comunidad de Madrid en los primeros meses de la pandemia, cuyo importe total no llega a dos millones, interesen semanas de programación en la Sexta. Mientras, millones de contratos, subvenciones y nepotismos muy sabrosos (en fechas perecidas) por un monto de miles de millones merezcan un silencio ¿cómplice? y la abstención ominosa de la fiscalía cuya obligación hubiera sido intervenir de oficio. Más Madrid, PSOE y Podemos, han salido en tromba endosando a Ayuso las peores lacras. Ángeles y demonios se conocen por los hechos, nunca por su fisonomía.

En mil novecientos noventa y seis apareció un libro escrito por José Díaz Herrera e Isabel Durán bajo el título “Pacto de silencio” y subtítulo: “La herencia socialista que Aznar oculta”. Se vislumbraba el acuerdo tácito entre los partidos políticos para tapar abusos diversos. Si lo que está ocurriendo ahora implicara quebrar las líneas rojas del supuesto proceder —sueño estéril— los españoles nos enteraríamos de la corrupción real, no de la continuamente aireada. La “casta”, toda ella, nunca desnuda sus vergüenzas.

El segundo hecho es quién va a coger las riendas del PP para deshacernos de Sánchez, político increíblemente destructivo. Hay analistas que sugieren la existencia de diversas sensibilidades dentro del centro-derecha y que los acontecimientos recientes significarían un golpe dado por una de ellas, en alusión al equipo de Ayuso. Salvo sorpresas de última hora, todo apunta a Alberto Núñez Feijóo como sustituto de Casado. Creo en la necesidad de dejar al margen cualquier sensibilidad porque, al fin, siempre habrá una con mayores probabilidades de triunfar en beneficio del país, del sistema y de los españoles.

Quien perciba animadversión al hipotético sucesor de Casado, se equivoca. Sin embargo, no lo juzgo candidato idóneo para enfrentarse no solo a Sánchez sino a su personal nacionalismo gallego. Gloria Lago, portavoz de la desaparecida “Galicia Bilingüe”, a la que utilizó y luego desdeñó, dice de él: “La palabra de Feijóo no vale nada”. Recordemos asimismo que hace escasas fechas, puso una prueba eliminatoria en gallego para opositar a la función pública. Estos y otros acaeceres hacen que Feijóo carezca de prestigio ni carisma para conjuntar afectos ni satisfacer repetitivas esperanzas siempre frustradas.

Si el PP no aprende en esta pugna de trincheras y devuelve cada golpe, si renuncia a la hegemonía educativa, cultural y mediática (no adoctrinadoras), si sigue preso de sus complejos y no deja de suscribir etiquetas grotescas, podría jugar solo en competiciones veraces que son las menos. Políticamente andaría errante, vacío, inservible. Si el próximo presidente del PP no comprende las normas de juego, seguirá diseñando un guion suicida porque el deterioro, la desafección, no los engendra la desconfianza sino la desilusión.

viernes, 18 de febrero de 2022

SI LA DERECHA DESAPRUEBA, MALO; SI LA IZQUIERDA APLAUDE, PEOR

 

 

Hay ocasiones en que se hace imprescindible acudir a las esencias para encontrar respuestas que despejen equívocos vertebrales del acontecer social. A poco de elecciones autonómicas en Castilla León, previsible ensayo de las andaluzas e incluso nacionales al finalizar el año, irrumpen sucesos cuyo tratamiento merece especial cautela siempre, más cuando la coyuntura aconseja un tacto exquisito. El azar ha querido cebarse con dos jóvenes, uno de quince años, muertos por la insensata acción de bandas juveniles adscritas a una rivalidad aparentemente insustancial. Los lances ocurrieron en Madrid y ello llevó a Ayuso a solicitar mayor presencia policial para paliar, al menos, el aumento eventual de inseguridad. Lo ocurrido después recuerda el debate grosero, cretino, de dos conejos a los que perseguían galgos, según uno, y podencos al parecer del otro.

El episodio que nos ocupa tuvo dos protagonistas rigurosas, indómitas, opuestas al carácter tranquilo, apacible, de aquellos simpáticos animales. Resultó que Rocío Monasterio, portavoz de Vox en la Asamblea madrileña, atribuyó a la inmigración ilegal relevancia notable, si no única, en esas bandas denominadas clásicamente “latinas”. Ayuso respondió argumentando que sus miembros nada tenían que ver con un origen determinado, añadiendo: “algunos pertenecen a la segunda generación y son tan españoles como Abascal, usted o yo”. Semejante respuesta mereció el aplauso general de toda la izquierda; esa que no desaprovecha ocasión para despellejar (básicamente sin motivo como se comprueba a posteriori) a la presidenta. Cualquier roce entre PP y Vox significa el goce eterno, espurio, de Sánchez en La Moncloa. He aquí la razón de tanto regocijo.

Convendría que esas fricciones fueran desapareciendo con inteligencia, contemplando el menosprecio hacia aquellas etiquetas engañosas a una sociedad que día a día advierte el abismo entre patraña y realidad. Haríamos bien en aprovechar lecciones juiciosas que ofrecen las fábulas de Iriarte y Samaniego. Viene al caso: “Guarde para su regalo esta sentencia de autor, si el sabio no aprueba, ¡malo!; si el necio aplaude, ¡peor!”. Durante una semana, al menos, todos los medios —con delirio el de referencia, La Sexta— se dedicaron a ensalzar de manera inaudita, estentórea, asimismo interesada, la elocuencia de Ayuso. Que esta enemiga tenaz del sanchismo (una Juana de Arco rediviva) merezca aclamaciones por parte de quien pretende su descrédito absoluto, es cuanto menos extraño si no evidencia júbilo libidinoso ante presuntas fricciones PP-Vox.

Se percibe, no obstante, cierta empatía entre ambas políticas llamadas a ocupar puestos estelares en sus respectivas formaciones. Carecen de complejos, engendro que aprovecha nuestra izquierda (generalmente radical, totalitaria), incluyendo el sanchismo, para señalar extrema derecha a Vox y aledaños. Ignoro qué brebaje suele tomar el Comité Ejecutivo del PP cuando todo un conjunto se “acongoja” (léase otro vocablo popular) porque le cuelguen sea cual etiqueta. Comprendería que individuos pusilánimes sufrieran angustia cobarde, pero referido a grupos hipotéticamente solventes es inconcebible. El sanchismo, una banda poco democrática de charlatanes y vividores, potencia cualquier receptividad política y social para mantener el poder a poco que las urnas hablen indefinidas. Ahora mismo, Vox es descrito incluso a nivel ciudadano como una ideología tiránica, agresora, perversa. Comunicadores varios llaman a Podemos izquierda y a Vox extrema derecha. ¿Conocen la Historia o están vendidos? Respondan ustedes.

Insisto, si Casado no se deshace de Teodoro García Egea jamás presidirá ningún gobierno. Si, al final, lo envía a casa probablemente tampoco. Le falta consistencia, valentía y provisión. La respuesta dada (en aquella moción presentada por Vox) directamente a Abascal, exhibió tantas carencias que quedó inhabilitado a futuro. Dicho cúmulo de deficiencias le empequeñece ante Ayuso —inclemente con el rival infame— llevándole a cometer error tras error. Creo, además, que emplea o permite trucos desleales con sus barones pensando siempre en beneficio propio. Cuando alguien manifiesta espanto a perder un crédito que no demuestra en forma y manera, es que lo tiene ya perdido. Cualquier acción cuyo objetivo sea retrasar tal evidencia, acarrea un mal irreversible al país y al propio partido.

Convengamos primero algunos cotejos históricos incuestionables. Fascista y antifascismo fueron conceptos acuñadas por comunistas, españoles e internacionales, en la Guerra Civil y postguerra. Coincidiremos en que “nazismo” y “comunismo” sintetizan cualquier visión extrema de la política en aquella época. Pues bien, como premisa, Mussolini y Hitler (padres de aquellos excesos) surgieron del socialismo italiano y alemán. ¡Qué decir de Stalin! Hay un hecho todavía más ilustrativo: el veintitrés de agosto de mil novecientos treinta y nueve —días antes de empezar la Segunda Guerra Mundial— se firmó el pacto Ribbentrop-Mólotov entre Alemania y Rusia. ¿Fue un pacto fascista o antifascista? Tales virajes constituyen componendas de la extrema izquierda ante sociedades iletradas. Así consiguen un poder inscrito al miedo, cincelado a golpe de retórica bastarda, elemento motriz del acontecer humano.

Me sorprende que personas con sentido común, sensatas, den oídos al sambenito colgado a Vox de partido abominable, satánico, capaz de las mayores crueldades imaginables. Millones de españoles conciben absurdamente sus presuntas lacras. Hasta donde yo sé, fascismo y nazismo fueron sismos genuinos de un pasado irrepetible que algunos aprovechan de forma tremendista y miserable. Excluyo un partido de extrema derecha en sentido diabólico. Sí como posición ideológica respecto a otra anterior; es decir localizada en un espacio ordenado. Sin embargo, han existido y existen partidos de extrema izquierda con terrible proceder moral y social. Desde luego, constriñen la libertad metafísica del individuo porque impulsan una ideología opresora.

Hemos llegado a un punto donde el lenguaje sufre oscuras transformaciones debido a artimañas admitidas maquinalmente. Doctrinas totalitarias cuyo asiento natural es la dictadura, pasan a ser garantes tediosas de exquisitez democrática. Por el contrario, idearios liberales, defensores de la dignidad e igualdad del individuo, son considerados perversos, contraproducentes, para una convivencia pacífica. Se llega así a la fase álgida en que los farsantes realizan su siembra nociva, nefasta. Al ciudadano le queda como opción lucrativa defenderse de forma titánica con análisis censores, políticamente (in)correctos, mientras saca a relucir una rebeldía justa, imperativa, acusadora.

Mientras la derecha, situada en cualquier tramo del espacio propio, gasta energías en conflictos de pedigrí genético, la izquierda dictatorial (incluido el sanchismo) abriga notables probabilidades de repetir legislaturas eternamente porque acepta cualquier apoyo sin exigir certificado previo de buena conducta. ¡Ojo al dato!, que diría aquel. Sánchez exige al PP romper con Vox en toda España si quiere la abstención del sanchismo —que no PSOE— en Castilla y León. ¿Broma o estupidez? Me inclino por lo segundo.

viernes, 11 de febrero de 2022

FRANQUEZA VERSUS ESTAFA

 

Franqueza es sinónimo de sinceridad y significa sencillez, veracidad, modo de expresarse o comportarse libre de fingimiento. Pareciera que esos valores, a poco, desaparecen del quehacer nacional de forma perturbadora. Ignoro cuál es la degradación que sufren los países adyacentes al respecto, aunque, según el dicho, “en todas partes se cuecen habas”. Pienso, dada nuestra idiosincrasia optimizada además por una ingeniería social con planificación sutil desde las altas esferas del poder, que batir la marca nativa lo hemos puesto realmente difícil. No discuto la existencia de territorios con caracteres similares (podríamos nombrar algunos que aflorarían de manera natural) cuyas miserias casi alcanzan los niveles propios. Desde luego, “España es diferente” excluye frescura pues su preeminencia la ha desarrollado en torno a una larga y turbulenta vida.

No sabría argumentar las razones, pero atisbo pequeños espacios donde malicia y rectitud conviven turnándose momentos, etapas, peculiares. Quizás fuera acertado denominarlos rescoldos de un pasado que va desapareciendo sin que nada análogo llene el dominio vacante. Conozco todavía gentes que cuando estrechaban la mano subscribían un documento notarial. Incluso contemporáneos infantes entonces—pese a invasiones tóxicas ex profeso, desprotegidos si no faltos de reputación— hoy mantienen en boga aquellas pautas dignas de todo encomio. Jóvenes, asimismo menos jóvenes, han ido sustituyendo tales entrañas extendidas, modestas y honorables, a cambio de un ardor progre. Ese delirio de escaparate, erróneo, lo juzgaría incompatible con cualquier derivada anexa a la tan traída y llevada lucha generacional. Tiene sus propios cimientos.

A título personal, sin subrogarme representación alguna, voy a ejercer de franco (así, con minúscula para evitar sobresaltos emocionales) o, como se diría ahora en el ruedo ibérico, de políticamente incorrecto. La sociedad debe cargar pesadas losas en actitudes y réplicas respecto a muchos desatinos políticos, así como menguar las tragaderas convertidas en grave problema democrático. Bien por jóvenes con la placidez del imberbe, ya ataviados de cauta veteranía, la calle se encuentra tranquila, sin amago de cambio inminente. Yo —rebelde con causa, pero de arrebato reducido por los años— digo que tenemos el gobierno (léase sobre todo presidente) más postizo y tortuoso desde hace ocho décadas, al menos. Algunos comunicadores, aparceros o revertidos, dicen que Sánchez es un lince que al ser ibérico su taxonomía lo designa lynx pardinus; es decir, “apardinado”.

El lunes pasado, día siete, por fin apareció un rayo de franqueza en el firmamento hispano. A expensas del gobierno social-comunista, se invitó al profesor Joan Ramón Laporte Roselló —experto en fármaco-vigilancia— para dar una conferencia sobre vacunas y Plan de Vacunación en la Comisión de Investigación del Congreso. Dicho experto, tras una exposición argumentada y con datos incontestables, puso en duda la eficacia de las vacunas contra el Covid-19 (incluso negó que lo fueran según la terminología de la RAE). Se manifestó además partidario de las vacunas contrastadas y contra el negacionismo. Este señor ha aclarado muchas dudas importantes mientras dejaba traslucir la ingente cantidad de patrañas que nuestro gobierno ha ido atesorando en meses. Ignoro si la gratitud del pueblo compensará los problemas venideros por ser contestatario al individuo que ejerce de señor feudal.

Sí, salvo el derecho de pernada probablemente inexistente o inadvertido, vivimos bajo las extravagancias de un tirano que hace lo que le apetece sin control ni límite. Coyuntura penosa, agudizada porque el escenario teórico es una democracia que resulta incorpórea, pura inscripción de frontispicio. Una sociedad adormecida, fiscalía domesticada, insólita ganga sindicalista-patronal y el aliento lelo de Alberto Casero —diputado del PP desafecto a Guillermo Tell— allanan la legislatura a un Sánchez con chistera muy raída ya. Quiero suponer que los españoles (solos, sin ayuda de una Europa desnortada, débil, medrosa) seamos capaces de poner donde corresponde a este caradura intrigante. Como persona me importa un bledo y, por tanto, carezco de epítetos meritorios o censurables; mi estimación del político es notablemente negativa, mugrienta. Justo y oportuno.

Estafa —palabra gruesa, aposentada en esta tierra pícara— es toda acción de delitos que se caracterizan por el lucro como fin y el engaño o abuso de confianza como medio. Niego mayorazgo exclusivista incluso dentro del entorno democrático que nos rodea, aunque ostentemos cierta autoridad. Quien más, quien menos, aprovecha las ocasiones al máximo por si tiempo y azar las malbarata o mengua. Aquí, la competencia se hace asfixiante dado el desmedido número que pretende exigir su particular agasajo. Tal vez esta perversión acontezca en cualquier capa social, pero prefiero fijarla por equidad sobre la clase política que algunos (situados dentro de ella) la consideran “casta”. No me atreveré yo a corregir tamaño distintivo aplicado por alguien que conoce a fondo el percal independientemente de posteriores ejecutorias. Otros debieran hacerlo y tampoco lo hacen.

“Todo esto tiene que parecer verdadero. Es una estafa de altos vuelos”, manifiesta Richard Morgan en Carbono Alterado. La frase del escritor británico a priori pudiera entenderse frívola hipérbole, pero siendo rigurosos resulta principio promocional de primer orden, muy solvente. El estafador, como buen ladrón, oculta no solo intenciones sino cualquier signo que comporte proceder endémico, cíclico e interesado. Suele utilizar una táctica ineludible, garantizada, de efectos contundentes: desarrollar la susceptibilidad del estafado. Sin embargo, los políticos esgrimen estrategias toscas, belicosas, basadas en el abandono ajeno y en su propia impunidad. Considero que el estafador necesita nutrir, experimentar, permanentemente dicha actividad —a modo de práctica— para mantenerse apto. Es curioso que seamos nosotros quienes sufraguen tan lucrativo aleccionamiento.

A la postre, y siguiendo el argumento del señor Morgan, franqueza y estafa —más allá de la confrontación— tienen un hilo común, si bien contrahecho, llamado precepto. En su acepción segunda, precepto significa “cada una de las instrucciones o reglas que se dan o establecen para el conocimiento o manejo de un arte o facultad”. Por tanto, realizar una estafa conlleva cumplir instrucciones o reglas con envoltura verisímil. Son distintas, moralmente en las antípodas, pero la indecencia que desprende estafa constituye el envés del decoro que envuelve la franqueza.

Termino con una certidumbre: el papel desempeñado por la gran mayoría de medios para encuadrar ambos vocablos en la masa social y política. Creo que esos medios mayoritarios se muestran contundentes acosando informaciones veraces para hacer decente la estafa con las palabras de Adelardo López de Ayala: “Cuando la estafa es enorme ya toma un nombre decente; se llama buen negocio”. La estafa nacional es el mejor negocio político conocido, pero —discrepando de López de Ayala— es rotundamente indecente.

viernes, 4 de febrero de 2022

EL CUENTO CHINO

                                                 

Gentilicios, colores y etnias diversas han ocupado aforismos, dichos —más o menos afortunados— casi siempre con matiz peyorativo cuando no altanero e incluso vejatorio. Desde bien pequeños aprendemos la socarronería, tal vez mala uva, de nuestros deudos para luego, cuando somos mayores, ir sumando frutos de propia cosecha. ¿Quién no ha oído alguna frase, grosera cuanto menos, contra andaluces, gallegos y catalanes que son, al parecer, víctimas propiciatorias de la animadversión española? Los colores, cuyo objetivo prioritario debiera ser pintar una vida radiante, suelen adquirir significados opuestos. “Esto se pone negro” o “estás muy verde” son ejemplos asiduos de uso, vamos a llamarlo, contra corriente. Hasta los partidos políticos utilizan colores que quedan desnaturalizarlos con sus trapicheos. Así, rojo, azul, naranja, morado, verde, con dicha adopción de destiñen e insolentan.

 Me parece turbio, deshonesto, muy vil, encararse con clanes o linajes protagonistas de nuestros humores. Bien es verdad que la mayor parte se expelen sin mala intención, pero el hábito no quita hierro al fondo racista aun inconsciente. “Trabajar como un negro, ir hecho un gitano, hacer el indio o no hay moro bueno”, son ejemplos endémicos que expresan histórico rechazo a dichos grupos. Ignoro si los propios complejos, quizás frustraciones de todo tipo, juegan un papel destacado en tales intromisiones tan injustas como alimentadas por una sociedad anómala, si no patológica. Se acusa, más bien se excusa, a la mala educación de estas prácticas poco humanitarias. Mecánicamente, se responsabiliza a la escuela de tal déficit educativo. “No es oro todo lo que reluce”, dice el proverbio y yo puedo afirmar, como docente y padre, que hay culpables más notorios.

Antaño, China ya era el lugar preferido para descargar sentimientos y emociones matizados. De niño, escuchaba “naranjas de la China” cuando se quería negar radicalmente patrañas o invenciones inmoderadas, abusivas. No obstante, se recurría con mayor asiduidad a la frase “cuento chino”. Cubría los cuatro puntos cardinales del lugar donde nací, un pueblo de la Manchuela conquense. Ese “cuento chino” era el clisé caricaturesco del embuste, la mentira, disfrazados de artificios. Aquella y esta advertencia o confirmación de la farsa hecha palabra, era y es una fórmula descriptiva para desentrañar populismos, demagogias y desfachateces. Utilizar otros vocablos, igualmente delatores de politicastros, esclarece asimismo escenarios caprichosos —incluso afectados por el disparate— pero son menos expresivos.

Sánchez tiene una mochila abundante (pese a su mezquindad) de “cuentos chinos”. El primero, y más importante porque fue génesis de futura e importante colección, lo hilvanó recurriendo de manera innoble a los mismísimos afiliados al PSOE. Ya lo conocían en la Ejecutiva Federal, pero no los ingenuos militantes a los que posteriormente arrojó, cual clínex, cumplida su función. Luego, entre traiciones infames superadas por acuerdos antinacionales —reñidos con la Constitución y el bienestar ciudadano— se hizo con un poder para el que no tiene ninguna capacidad. Aparte la intriga de individuos nefastos, los astros se conjuraron contra España y hoy tenemos presidiendo el ejecutivo un individuo poco recomendable cuya careta se le va cayendo día a día. Todavía quedo extrañado al ver qué respuesta dan los ciudadanos patrios. A nivel internacional, su descrédito roza ya magnitudes extremas.

Ningún gobierno europeo se ha conformado, al menos en los últimos tiempos, con una camarilla personalista y un partido tiránico, antidemocrático. Todo ciudadano debiera discriminar entre ganar el poder y ocuparlo. Ahora mismo sobran dudas sobre la coherencia ética que destila el gabinete. A nadie se le escapa que la postrera campaña electoral giró alrededor del insomnio de Sánchez si se le obligaba a transigir con Unidas Podemos. Es más, juraba y perjuraba que nunca pactaría con un partido extremo, siniestro para los intereses generales. ¿Decías algo, presidente? ¿No envolviste en exigencia progre un cuento chino? Observen este dato sobre la caterva indigente que constituyen líder y devotos feligreses. Tudanca, candidato a la presidencia de Castilla y León, advierte que: “Si Mañueco necesita a Vox no dudará en darles la vicepresidencia”. Advirtamos la jeta del vividor; Vox no intranquiliza, el totalitarismo comunista de Podemos aterra.

Llevamos dos años de pandemia cuyo desarrollo se ha visto jalonado por enredos y supercherías del gobierno, en particular de Sánchez. Se negó al principio su trascendencia, cuando había ocasionado ya miles de víctimas, debido a intereses bastardos. El ocultamiento (difuntos, penuria en material sanitario, expertos inexistentes, confinamientos ilegítimos, etc. etc.) y cooficialidad —verdadera deserción de responsabilidades— han sido protagonistas delincuenciales salvados por la campana jurídico-fiscal. Cualquier gobierno que disponga de una fiscal general ad hoc, tiene ventajas indiscutibles cuando bordea límites legales. A los hechos me remito.

Histórico es el vocablo talismán del gobierno. Creación de trabajo, aumento del PIB, conquistas sociales, acuerdos sindicatos-patronal, pensiones, todo es histórico; tanto como aparente, pícaro. El PIB —nominal al calcularlo con datos variables, verbigracia el IPC— este año se estima que ha subido un cinco por ciento, pero si descontamos el seis y medio de aumento en los precios, hagan ustedes cuentas. Por la misma razón disminuirá el gasto familiar con aumento del stop y la consiguiente caída de empleo. Al tiempo se aumentará el gasto corriente y por ende la deuda pública. En fin, unas perspectivas poco halagüeñas pese al optimismo propagandista. Europa va conociendo al personaje.

Las relaciones internacionales configuran el no va más. Distribuir fotografías viendo a Sánchez convertido en escaparate protagonista de la gestión del conflicto ruso-ucraniano, cuanto menos es ridículo. Luego se estrella contra el entorno y vemos su estatura política real cuando el presidente Biden lo pospone a Polonia. Evidentemente, los lazos que le atan a partidos ausentes en las naciones democráticas occidentales son un lastre desdichado. Egolatría y derroche petulante son también malos compañeros de viaje.

Sus triquiñuelas convierten al Estado en dominio personal asentado sobre la arenga de una minoría oportunista (tan superflua e inepta como él) y nosotros, el silente despojo proclamado pueblo, que padecemos— a veces con cierto desdén— trampas permanentes orientadas hacia un horizonte catastrófico. Revelo únicamente una parte mínima del cataclismo. Ustedes, sin que lo exponga, son conscientes de la chapucería gobernante.

Parafraseando a Gustavo Adolfo Bécquer en su rima XXI, escribo: “¿Qué es el cuento chino? dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul. ¿Qué es el cuento chino? ¿Y tú me lo preguntas? El cuento chino… eres tú”

              

viernes, 28 de enero de 2022

LA DIVINA COMEDIA

 

No hay nada nuevo bajo el sol, proclama el Eclesiastés dando cuerpo doctrinal al ciclo como ley natural y humana. La coyuntura actual, en parte, viene recogida por la Divina Comedia (primer cuarto del siglo XIV) de Dante y el Gran Teatro del Mundo (primera mitad del siglo XVII) de Pedro Calderón de la Barca. Es decir, entre ambos hay una diferencia de trescientos años, pero se ajustan perfectamente a los ecos estridentes del  mundo actual. Cualquiera de ellos hubiera servido como titular exacto. Sin embargo, me decidí por Dante porque habla del infierno y, aunque creo que la farsa es sustantiva de los acontecimientos vigentes, la situación infernal —tomada en sentido figurativo— parece más acorde a la realidad circundante. A nivel nacional quizás fuera oportuno El Gran Teatro, pero los fragores internacionales anteponen La Divina Comedia.

Pese a lo dicho, pondré el foco en Calderón cuando me refiera a la problemática nativa por su tramoya. Volvamos a la esfera internacional abrasada en apariencia porque estrategia es sinónimo de confusión. La Divina Comedia está formada por tres “cánticas”: Infierno, Purgatorio y Paraíso. Infierno consta de nueve círculos: Limbo constituye el primero y reúne no bautizados (reminiscencias dogmáticas), glotones y lujuriosos. ¿Es, tal vez, una evocación a la sociedad española? Violencia es atributo del séptimo. Fraude conforma el octavo y Traición el noveno. ¿Acaso ya Dante pronosticaba el carácter del gobierno español y de su presidente? El autor, coloca a Satán en el centro del noveno y su rostro, con tres caras, significa la traición a Dios. ¿Será esta la causa de llamar a Sánchez Satanás por parte de una muchedumbre políticamente incorrecta, o no tanto?

Hoy estamos centrados en el séptimo círculo ya que una violencia recurrente —asimismo altiva, emblemática, disuasoria— se interpone a Ucrania y OTAN. Rusia, sometida a cierta debilidad económica, ha apostado un gigantesco ejército en la frontera con Ucrania y Biden augura su invasión, pero sospecho que todo se reduce a una burda maniobra para mostrar músculo. Algún expolítico-analista, necio y español, pontifica el hecho asegurando que Rusia debe proteger sus fronteras. Cierto, pero no anexionándose parte del territorio vecino. En dos mil catorce, Rusia incorporó unilateralmente la península de Crimea en una operación parecida al Anschluss expansionista alemán. Ucrania, más pronto que tarde, será miembro de la UE y OTAN. Rusia muestra su poderío previendo que dicho país pida entrar rápidamente en esas sociedades que tanto incomodan a Putin.

Es evidente que ni por litigios económicos, ni por riesgo de alterar el statu quo actual (incluyendo Crimea), la zona no es explosiva. Distinto sería que Putin pecara de Hitler y quisiera extender sus amplias posesiones, hipótesis descabellada. Si iniciara una invasión, Crimea sería objetivo de interés euro-estadounidense y Rusia probablemente la perdiera con infortunio social (incluido reproche político) y económico insospechado. Solo un dato: El PIB de EEUU y UE juntos es varias decenas superior al PIB de Rusia. Desconozco qué detalles militares pueden desequilibrar la balanza entre ambos ejércitos, aunque temo que su desproporción sea parecida a la económica pues “poderoso caballero es don dinero”. Si se actúa con sosiego e inteligencia, los argumentos expuestos poseen gran entidad. Por tanto, pese a informaciones dramáticas y declaraciones fuera de tono, no parece existir resquicio de conflicto armado.

Este contratiempo ha desvelado algo más preocupante que la hipotética invasión de Ucrania: una Unión Europea inexistente. España, Polonia, Repúblicas Bálticas y algún otro país ejemplar han enviado hombres y/o material militar para incrementar lo facilitado por EEUU y Gran Bretaña, auténticos salvaguardas. Dudas y parsimonia caracterizan un comportamiento insólito de Alemania y Francia, olvidando la solidez conseguida por Hitler ante las actitudes apáticas de Gran Bretaña y Francia en los preludios de la Segunda Guerra. Desde un punto de vista político-jurídico-militar (el económico tampoco parece ideal), la Unión Europea deja mucho que desear y su consecuencia es el incremento de euroescépticos. No habrá pugna armada porque la disposición del despliegue parece indicar una pura exhibición de músculo militar, pero los dientes hay que enseñarlos cuando sea preciso. Ya lo dice el proverbio: “si quieres la paz, prepárate para la guerra”.

Donde se encuentra el infierno, donde están presentes todos los demonios de la guerra sin trascendencia ni cobertura mediática, es en el Pacífico Occidental. El crecimiento económico del gigante asiático inquieta a EEUU, Japón, Corea del Sur y directamente a Formosa. Al parecer, escuadrillas chinas invaden frecuentemente el espacio aéreo de Taiwán poniendo en peligro el equilibrio de la zona. Los últimos años, China ha aumentado su PIB de manera acelerada y descomunal creando tensiones sin precedentes en las zonas limítrofes y en EEUU que ve peligrar el indiscutible liderazgo económico. He aquí porqué cualquier pequeño error llevaría a una confrontación de consecuencias terribles. ¿Puede negarse que varios submarinos nucleares estadounidenses se encuentren situados estratégicamente sin levantar ninguna sospecha? Su capacidad atómica y convencional es inimaginable. Son dispositivos disuasorios en cualquier escenario.

Vamos a imbricar La Divina Comedia y El Gran Teatro del Mundo con “El Gran Circo” de Pierre Clostermann, intrigas internacionales al margen, porque ahora hablaremos solo de España. Sánchez imagina que oprime un gran país, pero uno u otro le descubre su error tratándolo de chiquilicuatre. Hoy lo ha hecho Biden negándolo ante Polonia, calificada por medios sumisos de extremada y antieuropea. Recelo que el desaire se lo hace al presidente por encamarse con partidos comunistas e independentistas. Seguramente afecte también el desprecio infamante a las víctimas de terrorismo. España, sus gerifaltes, no es de fiar. Hoy conforma un gran teatro o circo que ocupa una extensión algo mayor de quinientos mil kilómetros cuadrados donde el relleno humano forma parte importante, justificativa, de lo que se supone Nación o Estado ¿democráticos? Falsa creencia. No mencionemos fiscalía ni judicatura; nos quedaríamos vergonzosamente cortos.

Un gobierno de chirigota cimienta un país de chirigota. El retoque laboral realizado bajo potestad de la podemita Yolanda Díaz, cuenta con una tímida y celosa oposición de Unidas Podemos para mitigar el protagonismo de doña Yolanda que pretende convertirse en la guía de una nueva y consolidada izquierda. De resultas, Belarra y Montero (doña Irene) “personajas” interinas, sustitutas, aparte de incumplir su papel quedarían ensombrecidas, sin cargos. Terrible, pues la señora Montero ha recibido ya su “herencia” quedándose económicamente desvalida. Sánchez se supera a sí mismo con las pensiones cuya subida, según él, paliará la pérdida de poder adquisitivo. El IPC ha subido un seis coma cinco y las pensiones dos coma cinco. Podría poner cincuenta mil ejemplos sanitarios, sociales, económicos, laborales, donde queda claro que nos tratan como enanos intelectuales y morales. España forma parte de una comedia-farsa perfecta, “divina”, convertida en el gran circo que nos distingue.

viernes, 21 de enero de 2022

FELIZ AÑO

 

Desde mis primeros recuerdos, a partir de Nochevieja hasta San Antón (el viejo refrán declara que “hasta San Antón, Pascuas son”) era costumbre desear a todo el mundo ¡Feliz Año! La pretensión sintetizaba los mejores y más variados sueños para quienes eran receptores de tal deseo. Casi todo el mundo interpretaba, al menos, salud, dinero y amor, en este orden un tanto egoísta. Sin estar cubiertos por tal práctica consuetudinaria, el desiderátum incluía otros afanes tácitos referidos a individuos concretos. Es evidente que estas pautas sociales se hacen en lugares pequeños donde se conocen todos los vecinos. Municipios grandes o ciudades, reducen dicha costumbre a individuos del propio entorno. Llevo largo tiempo sin iniciar un nuevo año en mi pueblo, pero las referencias confirman la inmutabilidad de tan amable tradición.

Creo que el personal —abrumado por tanta promesa incumplida— empieza a vaciar instintivamente las mochilas antaño cargadas de optimismo y bonanza. Hoy, pedir puede pedirse poco porque, al final, existen demasiadas probabilidades de que, pese a ello, te lo nieguen. Quizás sea reflexión general que gana terreno en nuestra sociedad temerosa y atemorizada. Pudiera ser, asimismo, una falsa apreciación mía, pero advierto ahora cierto titubeo, producto inequívoco de la aventura que conlleva desear a alguien Feliz Año; incluso así, con la boca pequeña. No está el horno para bollos ni apremios por justos que fueren. Desear en estos tiempos salud, dinero y amor constituye una prueba inadmisible de miseria moral, insolidaridad y atentado contra el bienestar colectivo. El ciudadano carga sobre sus débiles espaldas daños ajenos, pues son comparsas del Gran Teatro. 

 Nos abruma especialmente esta pandemia tan fementida desde los primeros compases y por ello reacios a las disposiciones que han ido apareciendo a lo largo de la misma. El fraude informativo y las groseras contradicciones entre presuntos expertos, han creado mil suspicacias provocando no solo confusión sino rechazo a cualquier medida. Primaron excesivos intereses ideológicos, propagandísticos y financieros, que han propiciado confinamientos ilegales junto a situaciones extrañas cuyas consecuencias empiezan a dar la cara. Desear salud en este escenario responde a un anhelo cuasi milagroso. Según informes de última hora, España ha alcanzado ocho millones de contagios. Con esta inmunidad natural y la adquirida por las vacunas, ¿dónde está aquella tan cacareada “de rebaño” si tenemos en cuenta los contagiados de la sexta ola? ¿Falsedad o broma?

Cuando se habla de inmunidad, debemos entender “respuesta firme de un organismo a la acción de antígenos”, no otra cosa que contamine más de cien mil españoles diarios. Decía Karl Jaspers: “Los actos de Estado son al mismo tiempo actos personales. De ellos son responsables y han de responder personas singulares”. Pese a lo expuesto, que es gravísimo, no existe ningún culpable patente al que imputar tan lastimoso escenario. Sánchez, falaz y cínico, utiliza el gobierno y la “cogobernanza” como elixir, a conveniencia y mayor gloria del señor presidente. En este aspecto somos únicos, sin competencia posible; encabezamos, además, el resto de magnitudes sanitarias dañinas. Las conocidas e insoportables apariciones que realiza en los medios audiovisuales, suponen actos de arrogante vacuidad cada vez menos inadvertida. Su naturaleza y quehacer políticos son totalmente insignificantes, yermos.

Conseguir un estado saludable, en este principio de año dos mil veintidós, parece objetivo poco verosímil por no decir imposible. Igualmente, lograr el dinero que añade nuestro deseo sincero y afectuoso a deudos o amigos, sigue la estela del logro sanitario. El PIB por persona del año que ha terminado, confirma preeminencia sobre Portugal, Grecia y países del desaparecido COMECON. El resto de Europa tiene economías más saneadas que la nuestra. Aún aturden mis oídos aquella frase infausta pronunciada por un bendito e inepto ingenuo: “Estamos en la champions league”, sin apreciar el escarnio general incentivado. Quien mangonea y oprime ahora —tan inepto, al menos, como Zapatero— aparte de llevarnos a la miseria completa, perfecta si añadimos insumisión y caos moral, esconde una ruindad de inviable superación. Necesitamos con urgencia cautela y reflejos.

Suponer que el escollo afecta a todos por igual significa desconocimiento inmenso de la conducta humana. Imaginemos dispendios injustificados, antojadizos, expresando otra vez que ficción y veracidad se encuentran en planos distantes, a favor del contumaz realismo. Nadie sabe a ciencia cierta la magnitud del despilfarro porque se ha creado una atmósfera político-mediática velada y cómplice con argumentos estúpidos, espurios. Son tiempos de nepotismo, de prebendas en diferentes instituciones o empresas públicas. Los excesos contables, el sobrecosto permanente, seguro que soportan razones prudentes, intachables. Entre tanto, habitantes de la Palma esperan molestos, amargados, cuantas promesas ofreció Sánchez en sus cuantiosos viajes. ¡Qué poco conocen el percal!

La fervorosa terna se completa con el amor como propósito final. Ignoro qué entenderá el común por amor pues tiene varias formas, expresiones, todas con sabor excelente. Los hay quienes loan el amor platónico; otros se preguntan ¿por qué hablan de amor cuando quieren decir sexo? Con independencia del alcance dado al vocablo cuya aquiescencia será general, el momento se muestra poco propicio para expansiones amatorias. La pandemia retrae, además de encuentros familiares, reuniones sociales impidiendo conocer al otro. Un estudio realizado en EEUU (¿cómo no?) asegura que el Covid disminuye el pene en cuatro centímetros por un efecto colateral. Estos antecedentes nos permiten afirmar, sin ninguna duda, que ahora las relaciones íntimas “son menos profundas”.

A medio camino entre el pasmo y la ironía, he perfilado las incógnitas que nos asaltan en este principio de año con un horizonte intranquilizador en los ámbitos nacional e internacional. Nosotros tenemos un gobierno tan ayuno de proyectos como abarrotado de ocurrencias. No quisiera originar dramatismo ni mayor desasosiego del preciso, pero en los orígenes del totalitarismo se decía: “La calidad teatral del mundo político se había tornado tan potente que el teatro podía aparecer como el reinado de la realidad”. Parece referido tal mismo a la España actual. Echenique da una muestra irrebatible cuando ante el ingente patrimonio amasado por la ministra de igualdad dice: “El padre de Irene Montero falleció y le dejó una herencia”. Gran aportación argumental. En el terreno internacional preocupa la tensión entre Ucrania y Rusia; es decir, OTAN y Rusia. No olvidamos la hostilidad China-Taiwán

Considero pertinente, inaplazable, vital, apetecer para todo el mundo un entusiasmado “Feliz Año”; eso sí, con más anhelo que convicción

viernes, 14 de enero de 2022

LOS MAGOS DE OCCIDENTE

 

El orbe católico —rico también en diversidad menos beligerante, eso creo— lleva un tiempo debatiéndose entre San Nicolás, Papá Noel, Santa Claus o los Reyes Magos. Mi señora, por tradición, prefería los Reyes Magos; yo, pragmático, apostaba por Papá Noel. Nuestros hijos, sagaces ellos, pasaban de dilemas poniendo una vela a Dios y otra al diablo; es decir, querían regalos los dos días. Decían, con razón, que si les traía regalos Papá Noel podían jugar todas las Navidades, época familiar clave ya que ambos éramos profesores. Al final, el ansiado descanso vacacional, no llegaba ni a ilusa aspiración. Estoy convencido de que aquel periodo, años setenta, se mantiene imborrable en sus hoy añejos recuerdos. Incluso cuando preparan un refrigerio colectivo, frecuente, uno de los temas repetidos (con sus hijos testigos) será sin duda el repaso retrospectivo a las viejas vivencias que, según tengo entendido, fueron momentos muy felices.

La izquierda patria —amaestrada al marxismo totalitario por, según todos los indicios, un cesar antidemócrata— tiene como objetivo, entre otros, erosionar el edificio monárquico. Sobrevuelan en dicho aserto dos retos: desnaturalizar el sistema hasta hacerlo irreconocible y cargarse al rey como paso previo (lejos de traer otra república, que también) para romper el rango jerárquico del ejército. Esperan, ignoro si inútilmente, quebrar el símbolo que salvaguarda la unidad nacional con la hipotética perspectiva de aprovechar su división, inclusive debilidad posterior, y así mantenerse en el poder. Es discutible si Sánchez inició su dominio de forma legítima porque mentir al elector es corromper la soberanía popular, por tanto, ilegitimar sus deseos y desenlaces. Donde no cabe duda posible es en las resoluciones del Tribunal Constitucional sobre los Estados de Alarma. Su legitimidad podría adquirirla, tras la clara inhabilitación jurídica, dando voz al ciudadano con nuevas elecciones o dimitir. Lo demás es afrenta histriónica al pueblo.  

Cierto que esta caterva de aventureros —no solo “sanchistas”— con más ínfulas que discernimiento y saber, ambicionan (su maldad inherente) suprimir Los Reyes Magos. Olvidan, si no su propia niñez, a millones de infantes, asimismo padres y abuelos, que idealizan cada año “la costumbre” de origen cristiano. El entrecomillado deslinda la gente menuda y mayor que concurre a la tradición sin ningún entusiasmo religioso. Tampoco monárquico, señalo por si hubiera recelos extraños sobre otros personajes en fecha tan sorprendente y fabulosa. Sin embargo, este fundamentalismo ideológico (nueva nomenclatura del nazismo imperante) en un “ni sí ni no, sino todo lo contrario” diseña unas cabalgatas entre el espanto sensible y el retortijón emocional. Parejas inclinaciones conforman hábitos de conducta preocupantes hoy.

Mientras desaparece poco a poco la festividad de Reyes, al menos con ritual y tenor presentes, voy a disociar los nombres que constituyen tan multitudinaria remembranza. Me quedo solo con el vocablo “magos” y los ubicaré en occidente pese a que su hábitat preferido sea oriente. Tengo razones de peso para acomodarlos (¡ojo con la palabreja!) en áreas adscritas al vahído infecundo, a la entelequia timadora. Estos “magos” que vagan —¡cuidado con el término!— por poniente exhiben pelaje diferente, incluso opuesto, a los protagonistas de las mil y una noches. Nuestros magos cultivaron igualmente juegos infantiles dotándose de poderes adventicios como instrumental útil para una vida regalada e inmerecida. ¿Cuántos de ellos engrosarían las colas del paro si no fuera por esas artes fascinadoras, falsarias, capaces de seducir a individuos irreflexivos, lerdos?

Sánchez ha convertido un gobierno mediocre y caótico en la quintaesencia del simulacro. Tezanos, director y guía espiritual más que saltimbanqui de la prospección político-social, ayuda extraordinariamente a adormecer cualquier lectura perniciosa, adversa. El resto de personajillos, ministros e incrustados al sanchismo cual peones peonzas, dicen y se contradicen en un girar insolente, propagandístico, defraudador. Es la magia que restauran estos siniestros nigromantes pegados y pagados a hechizos hediondos. Utilizan de forma antiestética, furtiva, los caudales públicos hipnotizando a los más con ese abracadabra cabalístico al que denominan “progresía”, ofrecida en formas y dosis atractivas. La minoría se somete al fascinante estipendio que convence y enajena al personal crítico, “inquebrantable”. Surge ingenuamente un séquito selecto de estómagos agradecidos.

El espectador queda espantado, boquiabierto, no por la pericia del hacedor sino por tan delirante espectáculo. No es una visión que proceda del asombro, ni de lo inverosímil; trascienden los disparates, el despropósito. No obstante, queda insólitamente comedido en su butaca, tal vez inquieto, nervioso, porque va siendo consciente de su estupidez. ¿Por inacción? Sí, pero sobre todo por tenaz ceguera. Advierte, a poco, que estos espurios hechiceros son aprendices, bisoños, malhechores. Imitaron de forma burda la exquisita espiritualidad que exhalan los magos orientales, sean reyes o no.  A la postre (aun siendo técnicamente tolerables) juego de manos, juego de villanos.

A veces dudo de si las actuaciones del gobierno pueden considerarse mágicas, hipnóticas o simplemente milagreras. Desde luego sobrevienen contorsiones específicas de un esoterismo minoritario, elitista. ¿Qué hipnotismo mancomunado impulsa a Sánchez a presentar una situación económica ejemplar, envidiable, en toda Europa? Desparpajo petulante e insolente es el único venero inspirador. Tan mágicas como cínicas son las palabras de García Page: “Esta crisis nos dice que el camino es avanzar hacia la igualdad”. Milagrera es la predicción del presidente asegurando que las elecciones serán en dos mil veintitrés. Incluyo en esta división milagrera o impostora la encuesta de El País cuya conclusión es que el PSOE adelanta al PP como gestor de la economía y el empleo.

Por si se pensara que soy antagónico de la Sexta, siguiendo un talante similar, ahí dejo algunas pinceladas mágicas de otros figurantes o partidos. Echenique: “Las políticas millonarias —en referencia a Irene Montero— es porque lo han heredado”. Podemos, apoyado por Bildu, exige que el CIS (siguiendo la corriente) pregunte por monarquía y república. ¿Por qué no sondear si Estado Central o Autonómico? Ciudadanos se ofrece a Sánchez para apoyar la Reforma Laboral, con excusas increíbles, mientras espera sentir aire en su rostro. Génova y Ayuso teatralizan la unidad del PP en favor de Mañueco; luego volverán las hostilidades. Ustedes tienen en mente mil ejemplos que oscurecen, cual plaga bíblica, toda racionalidad política.

Tras los intentos sinceros, inflexibles, de terminar con los reyes en España; carentes de sensibilidad mágica, tópica del oriente, queda el efecto cabalístico, impostor, mísero, de estos magos anodinos, botarates, paridos y “amamantados” —sirva la doble lectura metafórica— en el ominoso occidente que pisamos. Los magos de oriente, más si son reyes, traen regalos y capitanean la ilusión; nuestros magos de occidente, más si son políticos, aportan penuria y acaudillan la farsa.

viernes, 7 de enero de 2022

CARA O CRUZ

 

España —desde tiempos inmemoriales— condiciona la fortuna al torcido azar de una moneda del imperio que se lanza al aire mientras ojos escrutadores desean que en su definitiva posición horizontal pueda verse cara o cruz. He aquí porqué se exige una moneda imperial, pues el anverso era la cara del emperador de turno y el reverso siempre una cruz. Sin embargo, lo habitual se convierte en atípico dentro del espacio concreto de mis raíces castellano-manchegas terciando dos variables, ignoro si innovadoras: verano y dinero contante y sonante a la hora del juego que se convierte en concurrido y popular. Lo llamamos “las caras” e intervienen dos monedas. Si salen caras ambas, gana el banquero que cubre las apuestas; si cara y cruz hay que volver a lanzarlas; si cruces ganan los apostadores. Como no respetábamos la siesta de nadie, había algún que otro altercado.

La secular costumbre hoy se mantiene solo en los campos de futbol y, casi siempre, en diferentes gobiernos que llevamos penando los españoles cuatro decenios. Sabemos (salvo individuos o medios que viven ricamente al calor del BOE, sin olvidar la caterva de perezosos incluso sectarios irredentos) que el “sanchismo” ha hecho un arte sublime de este método aleatorio para manipular. Su oráculo es la moneda al aire supliendo ausencia de ideas o iniciativas. Luego rectifican con igual táctica en infinita sucesión de asesoramientos aéreos que traen idénticas insensateces. Creo que, como según parece ocurrió en realidad, alguna vez la moneda cae metafóricamente de canto creando un desconcierto teatral. La verdad es que estamos llegando a una coyuntura entre carnavalesca, con rasgos muy atrevidos, y esperpénticamente deformadora, psicótica.

Esta fórmula, tan válida o inválida a cualquier otra que escape al dictamen racional, viene tasada con espectacular adhesión. Aun así, sin más, especímenes contrahechos, estafadores, la suelen arrinconar para dar fe al sino antagónico (en ausencia de criterio), cuando no al absurdo. ¿Quién no conoce ocurrencias de Sánchez, una vez lanzada al aire la célebre moneda para, segundos, minutos u horas más tarde, desdecirse completamente y “capturar” —entonces sí— el “vellocino”, cual Jasón redivivo? Transforma y sustituye el acaso por una mitología áurica; es decir, que le permita soñar con ricas vetas doradas para satisfacer deseos personales sin completar. Esta política necia, incierta, ligera, oscurantista (antidemocrática), ha ocasionado, presuntamente, daños sanitarios y económicos, rayanos en lo delincuencial si no de plena judicialización. ¿Culpa del método? No, ¡qué va!, del efecto. Las “caras” sustituyen al sentido común.

Recuerdo algún “baratero”, encargado de lanzar las monedas, hábil, cuco, tramposo. Las “careras” (piezas del juego) debían tener antes de lanzarlas cara y cruz en planos opuestos, pero dicho personaje, y de forma sibilina, las ponía en el mismo plano —moviendo los dedos con extraordinaria maestría— sacando siempre caras si el suelo era arcilloso e impedía el bote. Era un azar controlado, trilero, nada azaroso. Por lo que llevo viendo, Sánchez, “baratero” y banca, hace argucias para sacar siempre caras, como si sus ambiciones le vinieran satisfechas por un destino foráneo, excepcional, advenedizo. Sí y no; fuera de una gestión pública nefasta, inconsistente, lo tiene todo promediado. Sin caer en cuenta, está evaporando no su nulo crédito sino cualquier posibilidad de sentarse otra vez en La Moncloa. El exceso crea indigestión política y social; ni los suyos, ni PP.

Puede que el delirio narcisista le impida comprender que, en esta ocasión, sean los ciudadanos quienes “cubren” la apuesta que él quiera arriesgar. Tiene un futuro alarmante, más que delicado, por pervertir las normas en vigor. El primer lanzamiento lo hizo con monedas marcadas de anticomunismo. Luego, siendo comunistas radicales, las difuminó de novel liberalidad blanqueándolas con etiqueta democrática. Quiso alternarlas con otras llenas de intriga y codicia, incluso de violencia. También esa pretensión le llevó a alejarse de la muchedumbre y hoy, un poco tarde, siente un desapego casi imposible de revertir a tiempo. Europa, espectador incrédulo e inexperto del actual lenguaje político, se harta a poco de la extravagancia y terminará revisando su proceder con ejecutivo tan fraudulento. Sánchez, cara al porvenir, ha derrochado toda oportunidad.

La inmediatez del cálculo efectuado por Sánchez le lleva a permitir que otros, usando bronces anticonstitucionales, anhelen convencer a fanáticos de su legalidad en lances con marcado carácter rupturista. Ni ordenanzas, ni autolimitaciones; sirven al precepto concebido por hábitat y usos internos. Este caos normativo e instrumental le lleva a conseguir participantes heterogéneos, minoritarios, que le sirven para un descosido, pero le acarrean —al mismo tiempo— un roto generalizado en suelos electorales consistentes y fértiles. ¿No creen ustedes intempestivo, anacrónico, disparatado, que ERC utilice monedas tendenciosas, fanáticas, e invoque la ilegalización de Vox? Asimismo,  ¿conciben que Puigdemont se haga el longuis, las eche, mire hacia arriba y afirme que “los presos de ETA sufren vulneraciones de derechos inadmisibles”? ¡Vaya “barateros”!

Sánchez calla (tal vez trague) y soporta, además de lo anterior, que Podemos quiera investigar los abusos de la Iglesia a menores mientras da carpetazo a los de Baleares. Sanidad lanza al aire las monedas a ver qué pasa y exime de cuarentenas, no obstante la opinión de expertos, a escolares menores de doce años con contacto estrecho de Covid. Pese a todo, lo grotesco —aun azaroso— viene con la concesión de la Gran Cruz de Carlos III a personas irrelevantes cuando no nocivas para el país, contra los embriones de la concesión. Me recuerda a Hannah Arendt en sus reflexiones: “Cualquier persona puede llevar a cabo los más horrendos crímenes cuando pertenece a un sistema totalitario. El problema radica no en dormir su conciencia sino en eliminar su piedad”.

Los medios, a su vez, utilizan “las caras” casuales para evitar un trabajo extenuante. ACODAP (Asociación contra la Corrupción y en Defensa de la Acción Pública) ha acusado en el juzgado número treinta y cinco de Madrid a Antonio Ferreras, Ana Pardo y Newtral por corrupción y censura al no difundir noticias verdaderas publicadas en EEUU sobre muertes sobrevenidas por las vacunas.

La alternativa que viene tampoco es “moco de pavo”. Martínez-Almeida: “Almudena Grandes no merece ser hija predilecta de Madrid, pero yo tengo los presupuestos”. Vergonzosas declaraciones de otro aficionado a “las caras”. El PP plantea crear una inspección educativa del Estado para vigilar el uso del castellano en Cataluña. Después de tres legislaturas con gobiernos del PP, “a buenas horas mangas verdes”. Tras este artículo figurado, simbólico, con PSOE, PP e independentistas, da igual que salga cara o cruz, casi convendría que absortos por el juego popular (pero sin sentido político) cayeran de canto. Nosotros respiraríamos y ellos, los políticos, por lo menos quedarían totalmente desguarnecidos, descubiertos.

viernes, 31 de diciembre de 2021

TOMADURA DE PELO

 

Quien lleve años vividos —si recapacita un mínimo— dispone de hechos que le permitirán forjarse idea exacta (no afectada por apariencias ni propagandas) del papel que juegan los políticos en democracias reales o presuntas. Se dice con hartazgo, ahora mismo tal vez excesiva discreción e indulgencia, que España es un “país bananero”. Medios afines y contrarios al gobierno de turno, han difundido tal especie quebrando, de forma habitual, objetivismos e independencias que debieran serles intrínsecos. Preocupa no solo semejante expresión destemplada, sino su absoluta veracidad desde los primeros pasos democráticos. Escudriñando a fondo el acontecer de los años, podremos advertir lo poco que se valoraron los intereses ciudadanos a la hora de elaborar nuestra Constitución, exaltada en títulos concretos por partidos agencias de acomodo; una tomadura de pelo.

Aquellos famosos padres de la patria (padres putativos al correr de los tiempos) a quienes se confió redactar una Carta Magna que engrasara el sistema naciente, por fas o por nefas idearon un texto envenenado. La apertura del Estado Autonómico, duplicando competencias con Diputaciones, ha generado un costo inasumible. Según cálculos precisos, estas cuestan al contribuyente setenta mil millones de euros que sumados al derroche autonómico se llega a una cifra desmedida. Imagino a aquellos señores, los “más competentes” de colectivos aletargados durante cuarenta años, debatiendo el sinsentido de la unidad española en el previsto Estado Autonómico y una Ley Electoral que prima los nacionalismos (hoy independentismos) sobre partidos de ámbito nacional. Su excusa eran los “derechos históricos” de catalanes, vascos y gallegos. Trajeron el maremágnum.

Demócrito, pensador griego, proclamaba: “Todo está perdido cuando los malos sirven de ejemplo y los buenos de mofa”. Rechazo usar calificativos porque bondad y maldad son términos huidizos, emparejados a filias y fobias siempre neurasténicas, pero hoy gobiernan España fantoches independentistas que desean cuartearla. Desde las elecciones de mil novecientos noventa y tres, CyU (hoy JxCat, alias para velar la corrupción), ERC y PNV han jugado un papel peculiar en la gobernanza —quizás desgobierno— del país. PP y PSOE consintieron que los nacionalismos, burgueses todos ellos pese al etiquetado, conquistaran parcelas importantes e irreversibles de poder. Ahora ambos, cuando padecen el desamparo que entraña la oposición, inculpan al otro de las confabulaciones realizadas mientras dirigían un gabinete con graves escaseces, minusválido, dependiente.

Política como acepción ejemplar significa arte o ciencia del gobierno. Sin embargo, entre concepto y práctica observamos divergencias aparentemente insuperables. Mi experiencia personal, sumada a la que padecen millones de conciudadanos, lleva a certificar una farsa connatural al vocablo visto el desenfreno a que nos ha llevado esta conjunción maldita de políticos indocumentados, ruines, anexionados a un pueblo gregario, seguidor del cencerro. Esa esquila que llama al rebaño no solo se materializa en el preboste de turno; los medios usufructúan una caja de resonancia sin igual. Implantar sentimientos colectivos que lleven al individuo a comportarse cual sordos, ciegos y ayunos de sentido común, me parece una labor meritoria, aunque onerosa y perjudicial. Cierto que ahora abandonan aquel papel inicial de servicio ciudadano para someterse voluntariamente al gobierno aceptando ser cómplices de su arbitrariedad e imposición.

Desaparecido Suárez y UCD, sofocado un golpe militar sui géneris, realizada la “alternancia democrática” (luego comprimida tres décadas en Andalucía), empezaron los dirigentes a defecar sobre la soberanía popular. Consecuencia de ello, se gestó una degradación paulatina del sistema cuya rúbrica significativa refrendó Alfonso Guerra con aquel amenazador “quien se mueva no sale en la foto”. Más allá del desafío concreto a sus damnificados correligionarios, sobrevolaba la advertencia al pueblo: “haremos en adelante lo que queramos” sin pasar filtros éticos ni legales. El año mil novecientos noventa y dos se celebraron sendos acontecimientos desastrosos dentro del boato: Exposición Universal de Sevilla y Juegos Olímpicos en Barcelona donde se escamotearon muchos miles de millones de pesetas. Constituyó el preludio del desenfreno que llevaría irremisiblemente al envilecimiento político y social. ¡Desvergonzados!

Aznar concluyó una primera legislatura provechosa si bien permitió el reforzamiento catalán con un Pujol vivo, ladino y, por lo descubierto más tarde, presunto ladronzuelo. Además, en economía fue incapaz de perfilar empresas que compensaran el cataclismo industrial perpetrado por Felipe González para entrar en la Unión Europea. A cambio, permitió la burbuja inmobiliaria y financiera de infaustas consecuencias a futuro. Su segunda legislatura, para olvidar, consolidó la corrupción del ejecutivo anterior.

Zapatero, pujolista, supo aprovechar el falso auge económico de Aznar. Realmente fue fundador de bastantes “chiringuitos” con aquellas frívolas naderías llamadas “Memoria Histórica” y “Cambio climático”. Inepto récord (hasta que alguien lo batiera), propagandista diligente y deplorable, dijo en plena crisis “estamos en la champions league de la economía mundial, no estamos en crisis y tenemos la tasa de paro más baja de la historia”. Entre el cachondeo mayúsculo del auditorio, instituyó “historia e histórico” como elemento dinamizador de la farsa. Repitió legislatura desenmascarando al personal.

Rajoy frustró las esperanzas en once millones de votos. Apático, insensible e ingenioso, permitió una corrupción injustamente acrecentada por rivales sin ninguna autoridad moral. Actuar cual Zapatero adán, nulo, impío, le hace ser de los peores presidentes.

Llegamos a Sánchez. Con él he descubierto que los españoles restringimos nuestra vida al mes de diciembre, concretamente al día veintiocho. Las encuestas, y los cien diputados adjudicados al sanchismo con la que está cayendo, confirman la anterior afirmación. Transcribo parte de una carta enviada a Sánchez por Enrique Pérez Romero, vicesecretario del PSOE extremeño. Dice: “Como individuo desideologizado, narcisista, falaz y antidemocrático, tu principal objetivo jamás tuvo que ver con el PSOE, ni con España, sino contigo mismo. Alcanzar el poder para cumplir tu ambicioso y personalista sueño de llegar a Moncloa y vivir de la política el resto de tu vida. No había nada más detrás, ni una ideología, ni ética, ni una visión o misión histórica. El PSOE como partido prácticamente ha desaparecido mediante el estrangulamiento de su funcionamiento orgánico y la dirección mesiánica que ejerces”. Certero, exacto; los socialistas, asimismo, comprenden que algunos nos toman el pelo.  

Sánchez concentra todas las taras personales y políticas. Considero ininteligible cómo un aventurero anodino, inane, mendaz, ha llegado a presidente de este país con Historia irrepetible. Alardea de todo y solo contiene propaganda, imagen, escaparate. Analizando rigurosamente su gestión, se encuentra a distancias siderales del resto. El “aprendiz de tirano”, según Abascal, nos lleva a la ruina sanitaria, institucional, económica y social, potenciando odios (hasta con uno mismo) entre españoles. Conocido por quien quiera ver y saber, sobran epítetos para ilustrar al personaje sin esfuerzo ni alusión.

           

 

jueves, 23 de diciembre de 2021

TRANSICIÓN Y DESCONCIERTO

 

El género humano siempre ha sido esclavo de su cortedad, de mirarse el ombligo y, puestos en lo peor, de ser tiranizado por ombligos ajenos. La globalización, los ingenios tecnológicos, amén de ese enigma llamado inteligencia emocional, han desestabilizado las variadas directrices que guiaban el devenir mundial. Ignoro si podemos aceptar como justificación los ciclos que explican comportamientos naturales y humanos, o todo es el resultado de un plan exquisitamente dispuesto por mentes aviesas y bolsillos opulentos. No cabe duda, sin embargo, que cualquier avatar transgresor de usanzas y rutinas, automatismos al fin, lleva aparejado un convencional enfrentamiento popular. Importa poco que el cambio signifique, o pueda hacerlo, alguna ventaja u oportunidad de futuro. Anular la inercia ociosa, conseguida con años de letargo, conlleva un doloroso peaje.

Estos tiempos de transición entre dos órdenes mundiales (distintos, si no opuestos), debieran constituir un aliciente para prepararse y afrontar los retos hipotéticos que llegan por el horizonte inmediato. Sentencias del tipo: “No podemos convertirnos en lo que necesitamos si permanecemos en lo que somos”, probablemente sirvieran de estímulo porque su mensaje favorecería la acción. Pese a lo dicho, no toda mudanza es ventajosa; hay reacciones cuyo afán, consciente o casual, consiste en difuminar materias sustantivas para el ciudadano. Vemos con harta frecuencia cómo poder y medios —valga la redundancia— abonan polémicas triviales mientras ocultan debates e informaciones trascendentes. Gobierno de Madrid, cambio climático y feminismo son temas repetidos; salud económica, deuda e IPC, verbigracia, merecen silencios sonoros, escandalosos.

Incluso contando con una sociedad apática, pasota, borreguil (el propio gobierno confirmaba, superado el setenta por ciento de vacunados, la inmunidad de “rebaño”), considero irremediable —pese al CIS— una debacle socialista (sanchista en realidad) por su trayectoria temeraria, insensata, divergente, respecto al lenguaje europeo. Surge, asimismo, un asunto pavoroso: desangela comprobar qué alternativas viables tenemos para aprovisionar alguna esperanza. Seguir con el gobierno Frankenstein nos llevaría a dos opciones incompatibles; hundidos, fuera de Europa porque terminaríamos siendo dictadura hispanoamericana, o gobierno fallido. Otra disyuntiva, ya experimentada, nos llevaría a pasadas tragedias, repetidas últimamente en siglos de orden impar (XVII y XIX). Deduzco que cordura e instinto evitarán enfrentamientos, aunque, insisto, a corto plazo no vislumbro ninguna solución templada, razonable.

El PP adolece de análogo epílogo, salvo cambio en la proyección real del partido respecto a su riguroso compromiso ideológico. Quien proclame las renuncias —generosas o menos— del bipartidismo para mejorar la realidad ciudadana, proviene de marte o practica una extravagancia sublime. Casado (fiasco insospechado, aflictivo) muestra día a día el atolondrado trastorno que origina, motu proprio o bajo seducción, en los afiliados y votantes. Enfrentarse directamente a Ayuso, mientras utiliza rodeos para debitarla, fortalece a la presidenta y reduce con desdén sus probabilidades de llegar a La Moncloa. Ignora obstinadamente cuan inútiles se consideran filias y fobias, aunque sean aparentes, preciadas contra el ánimo votante. Su destacada retórica pierde efectividad si recordamos viejos desencuentros nacionales con Vox e invitaciones súbitas al PSOE.

Casado lo tiene difícil, complejo; más que Sánchez, aunque su gestión sea pésima, pues este ya paladea los exquisitos sabores del poder. Con toda seguridad, el PP ganará las próximas elecciones que se van a celebrar el otoño próximo, desde mi punto de vista. Europa mantiene gobiernos de coalición entre la renacida socialdemocracia y partidos liberal-conservadores. No sería extraño, vistos ciertos movimientos con iniciativa incierta, que PSOE y PP formalizarían pactos de gobierno que les permitiera retomar un bipartidismo ad hoc. Desde luego sería bueno para ellos y para España si tuvieran la intención de realizar políticas éticas y meticulosas, opuestas a lo hecho hasta el momento.

Si tras una legislatura siniestra, política y económicamente hablando, queda el edificio constitucional en pie, aunque muy cuarteado, estamos preparados para cualquier alianza a excepción de comunistas e independentistas. Caso contrario, Europa nos inhabilitaría. Semejante posibilidad deja minado el futuro de aquellos. Restaría un Ciudadanos sumido en la incertidumbre —casi desaparecido, a la espera de reaparecer al menor error del bipartidismo— y Vox, con las vanguardias preparadas para alcanzar mayoría absoluta. ¿Recuerdan qué ocurrió tras Zapatero? ¿Hizo Rajoy méritos para conseguir la segunda mayoría absoluta tras la de Felipe González en mil novecientos ochenta y dos? Los cambios sociales carecen de método o planificación concreta, perfilándose al albur de afectos incontrolados. El hipotético “Frente Amplio” de Díaz puede que lo aborten.

¿Por qué pronostico que las elecciones se celebrarán el otoño próximo? Encontraremos la respuesta analizando con detenimiento el desconcierto generalizado. Empezaremos por esta obsesión sanitaria que ha despertado un temor incongruente con lo dicho desde el principio de la pandemia. Primero se anunció que las mascarillas no servían para nada. Tras meses confinados, se dijo que habíamos vencido al virus. Finalizando el dos mil veinte se sembró una nueva ficción: cuando se consiguiera el setenta por ciento de vacunados (agosto del año dos mil veintiuno) lograríamos la inmunidad de “rebaño”. Estamos casi al noventa por cien de vacunados, la pandemia alcanza magnitudes groseras, sin ingresos ni fallecidos, vienen restricciones discutibles y el presidente, como única solución nacional, obliga las mascarillas en lugares abiertos donde la incidencia es nula.

Subiendo de grado, viene el desconcierto territorial. Las sentencias del Tribunal Supremo, un poder del Estado, se toman a cuchufleta incluso por el propio gobierno central que no obliga a su entero cumplimiento. Lo más ridículo constituye la pretensión de Pere Aragonés, después de permitir gigantescas manifestaciones contra el castellano que han sido foco importante, de “cerrar” España para superar el momento.

En grado sumo, y es del que menos se habla por la prensa adicta, le toca el turno a la economía. Todos los expertos —menos quienes entienden algo, presuntamente, en el gobierno— sostienen un fracaso económico sin precedentes. Deuda disparada, impagable, déficit “oficial” elevado, crecimiento inferior en tres puntos al anunciado, paro descontrolado, etc. etc. Todo ello sin contar con el efecto negativo de la reforma laboral para potenciar el poder sindical con los convenios colectivos. Según Darwin, “No es la especie más fuerte la que sobrevive, ni la más inteligente, sino la que mejor responde al cambio”. La sociedad española, por fin, imitando la europea pide un cambio. ¿Será Eric Zemmour un referente? Es probable.

viernes, 17 de diciembre de 2021

CONSTITUCIÓN, DESAZONES Y EQUÍVOCOS

 

El paso del tiempo no es baladí ni inútil pues todo se ve con perspectiva más amplia, reflexiva y enriquecedora. Hace una semana se celebró (así, con expresión imprecisa) el aniversario de la Constitución que muchos desprecian entera, por diversos motivos, y otros analizamos negativamente el título octavo, referido a la organización territorial, y artículos sueltos. Excuso una descentralización del Estado lógica, viable, pero no acepto el derroche económico que supone sufragar diecisiete gobiernos. Si oímos los argumentos de cualquier partido —a excepción, quizás, de Vox— llegaremos a la conclusión de que no hay alternativas posibles. Haberlas, haylas, como las meigas, pero eso supondría la desaparición de incontables momios. Además, los nacionalismos se nutren provocando obesidad mórbida, amén de pelaje aparente, con esta ley electoral ad hoc.

Creo que, los presentes en el acto institucional—peor quienes huyeron para exhibir una pedante censura, siempre descortés, electoralista e ignominiosa—por diversas razones carecían de fe en la actual Constitución. El gobierno social-comunista, relumbrón, la embiste (nadie lea el vocablo con segundos matices) cuando interesa sin que ello lleve aparejado (¡vaya por dios!) ningún rechazo o enmienda social. Al resto de izquierdas que no gozan, más ahora con los rigores invernales, del calor generado por “ese dinero sin dueño” que pregonaba Calvo, la Constitución le origina un sinvivir histórico. Como humanista agnóstico siento cierta conmiseración por esta izquierda nacional siempre inmersa en laberintos doctrinales. Resulta “milagroso” ver una comunista hilvanando quehaceres evangélicos con el Papa. Ignoro si despertó piedad o náusea.

Casado, presidente —cada vez más diluido— del PP junto a miembros destacados de la estructura orgánica, ahora parece el primo de zumosol cuando hace decenios que viciaron el cauce constitucional. Maridarse con Pujol, incluso hablando catalán en la intimidad como le ocurrió a Aznar, es un estigma demasiado inmundo para admitir enmiendas inaplazables. Le traiciona la memoria cuando ahora exige activar el artículo ciento cincuenta y cinco tras años de insensibilidad con el tema lingüístico en Cataluña. Al decir de Hegel: “Cuando contemplamos el pasado, esto es, la Historia lo primero que vemos es solo ruinas”. Cierto; PSOE y PP cultivaron, sobre todo pero no exclusivamente, una política educativa tibia (casi cambalacheada) con el nacionalismo catalán y vasco. Dejación culposa se mezcla con alientos infames y aldabonazos mezquinos.

La Constitución permitió al comunismo realizar un punto y aparte del conflicto civil que le pesa como una losa porque afianzó y alargó el desenlace que gustaría omitir. Suele afirmarse que la Guerra supuso una derrota republicana y no es cierto, ni siquiera el Frente Popular; solo lo fueron los comunistas. Alcalá Zamora, Manuel Azaña, Julián Besteiro, Segismundo Casado, Melchor Rodríguez o Cipriano Mera, entre otros republicanos puros, socialistas y anarquistas, no prodigaron la capitulación. Evitaron, eso sí, un inútil derramamiento de sangre pese a los terribles acontecimientos iniciados el seis de marzo de mil novecientos treinta y nueve en Madrid. Otra evidencia incontestable fue el reconocimiento de Franco por Inglaterra y Francia ese mismo mes. Occidente no permitió que Stalin tuviera la llave plena del Mediterráneo. Consideraciones esenciales eran la situación política en Europa y el temor al totalitarismo. Sin duda, la Guerra Civil, y no solo a nivel nacional, estaba tiempo atrás liquidada. 

Ignoro si la estrategia adherida a la sectaria “Memoria Democrática” persigue una incruenta cruzada para que el comunismo extremo gane una guerra tras ochenta años de haberla perdido. Opino, no obstante, que es una idea “fishing” (según definición de Ortega), “que se anuncia y proclama porque se sabe que no tendrá lugar”. Lo vivido nos lleva a la conclusión, bastante tormentosa, que es lo que parece; es decir, que los políticos mediocres buscan vivir de los frutos ubérrimos cultivados con el mencionado estiércol, inmejorable abono orgánico. Ocurre que al fertilizante le avistan ya todas las filfas.

La desazón, en estos momentos, ocupa y preocupa a los agudos estrategas que conforman el corazón de partidos o bandas. Sánchez, junto a su tropa, ya conoce el futuro inmediato según augurio del oráculo. Sabe, por tanto, que este gobierno Frankenstein durará dos telediarios. Personalmente, tiene como única salida el pacto PSOE-PP para continuar con la presente vida de lujo y opulencia. Abandonará previamente todo desviacionismo comunista e independentista para acomodarse a una socialdemocracia centrada que renace en la Europa del bienestar. Su auténtico rival, al que debe temer y teme, es Vox. En el contexto político actual, Podemos e independentistas son meros apéndices de hecho y deshecho. Histriónico y postizo, antes muerto que fiel o sencillo.

Una profunda reflexión afirma: “el pensamiento no es un don del hombre sino adquisición laboriosa, precisa y volátil”. Premisa absolutamente certera, más durante tiempos de zozobra como vive el ciudadano, político o contribuyente en absoluta divergencia. Casado lleva meses febril, erróneamente obsesionado —tal vez bajo los apremios de alguien cercano— contra Isabel Díaz Ayuso. Teme que le quite la presidencia nacional del partido cuando carece de indicios. Tal brecha estúpida, onerosa (sumada a los humillantes complejos y ardores si murmuran de Vox), le obliga a aventurar una discutible coalición con Sánchez o PSOE cuyos antecedentes son poco o nada recomendables. Casado también teme a Vox. Preso por tanta alarma, adiós presidencia.

Siempre que se emprende un conflicto superfluo, absurdo, aparecen daños impensados de consecuencias imprevisibles. Vocablos y argumentos equívocos suelen agravar, hasta pudrirse, escenarios controlables. El dilema lingüístico catalán, llevado a extremos insólitos, ha propiciado un movimiento social que empieza a preocupar al gobierno central y autonómico. El primero permanece insensible, pasivo, irresponsable. Pere Aragonés, altanero y prepotente, ha exigido: “Dejad en paz la escuela catalana” (desconocía que Cataluña fuera país independiente) para añadir, a renglón seguido, “la neutralidad en educación no existe”. ¡Si lo sabrá él! El equívoco es ya un principio ético.

A propósito, o no, me vienen a la mente las palabras de Platón: “El hombre es un ser ignorante. Solo Dios y la bestia no ignoran nada. Dios porque posee todo saber; la bestia porque no lo ha de menester”. Citaré algún ejemplo donde la necedad se quiere revestir con máscara de confusa sabiduría. Sobre la sentencia contra Juana Rivas, anulando su libertad, Irene Montero denunciaba “la estrategia reaccionaria” de poderes no electos. Aventa un ataque furibundo a la división de poderes, fundamento de cualquier sistema democrático. El menoscabo consiste en ubicar ideológicamente la “reacción”. El PSOE sobre la honradez de Sánchez al dar subvenciones a la antigua empresa de su padre: “El presidente es ejemplar”. Sí, pero… ¿con quién hemos de compararlo? Veremos qué dicen los medios afines. ¿Hay dudas? Callarán y seguirán pregonando el engañoso predominio hegemónico de la izquierda. Han renacido los juegos semánticos.

viernes, 10 de diciembre de 2021

EL CASTELLANO Y LA BURBUJA MEDIÁTICA DE LA ULTRADERECHA

 

Hace años, el castellano (máxime dentro de la enseñanza) viene sufriendo un acoso restrictivo y rabioso en las Comunidades bilingües. Las razones —lejos de conculcar los derechos de padres e hijos, que también— se asientan sobre el error obsesivo de considerar único fundamento histórico, dinámico, potente, idioma e identidad nacionalista. Esta perturbación me recuerda aquel probo político español que, medio en broma medio en serio, quería aprender Suajili (lengua bantú hablada en Tanzania y Kenia, entre otras naciones) para, probablemente, de forma grotesca sentirse ciudadano del mundo africano. No quisiera interpretar aquella desfachatez como respuesta irónico-sarcástica a los incisivos esfuerzos del nacionalismo por desterrar el castellano de sus respectivas áreas de influencia. Si bien el deseo puede calificarse de impertinente, la insólita inacción con que los respectivos gobiernos aceptaban ese contexto carece de calificativo audible por ajustado. ¡A qué punto nos ha llevado semejante componenda!

Antes de continuar, precisamos releer la Constitución Española para renovar el recuerdo de unos y otros. Así el artículo tres señala los siguientes puntos: Uno.- El castellano es la lengua española oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho de usarla. Dos.- Las demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas Comunidades Autónomas de acuerdo con sus Estatutos. Tres.- La riqueza de las distintas modalidades lingüísticas de España es un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección. Los Tribunales Constitucional y Superior de Justicia de Cataluña, han dictado varias resoluciones a favor de los padres respecto al derecho que les asiste sobre qué idioma desean para la educación de sus hijos. Asimismo, reconocen el derecho de los ciudadanos a expresarse en cualquier idioma elegido, en este caso castellano o catalán, incluidos documentos oficiales o rótulos.

Es evidente que el artículo cuatrocientos diez del Código Penal —génesis jurídica y coercitiva para cumplir lo dicho junto a penas incluidas por desacato— se ha tomado sucesiva e insistentemente a cachondeo. Bien es cierto, insisto, que el bipartidismo siempre ha dejado la magistratura con las vergüenzas al aire cuando PP y PSOE concertaban acuerdos espurios para alcanzar La Moncloa. Hoy, aparentemente rotos todos los puentes entrambos, los jueces visten idéntica desnudez. Lo asombroso con este gobierno reaparece a poco. Ayer, como quien dice, el Tribunal Supremo sentenció que las Comunidades Bilingües darán en castellano el veinticinco por ciento, al menos, del horario lectivo. Cataluña (su gobierno, usando triquiñuelas habituales), se pasará oficialmente por el forro dicha resolución. Ya han dicho que el TS debe comunicarlo al TSJC y este dará conocimiento a la respectiva consejería que comunicará a los centros, sin prisas, su cumplimiento. Adiós curso escolar presente. Armengol, presidente socialista de Baleares, lo incumplirá aduciendo estúpidas razones. Eso ha dicho.

Hay, sin embargo, dos versos sueltos y un poema. El poema lo explicita el gobierno catalán que prioriza un idioma hablado por diez millones de individuos sobre otro, oficial, y que lo hablan casi seiscientos millones. Prueba inequívoca del interés que despiertan en ese gobierno sus ciudadanos. Una cosa es conservar y otra, muy diferente, obligar por un prurito electoral. El primer verso suelto lo firma el sanchismo que deja la sentencia en manos del gobierno de Cataluña mientras Sánchez (un engañabobos compulsivo) pide “cumplir la Constitución de pe a pa”. El segundo verso suelto es doble; lo firman la inquina de los padres del colegio Turó del Drac de Canet de Mar, en Barcelona, contra la familia y el niño que pidió castellano amén de Patricia Gomá, secretaria general del departamento educativo que califica de “positivas” las acciones insumisas. El sentido común indica qué meta conseguirá la actuación de esta sociedad catalana si secunda a sus gobernantes sin plantearse cuestiones trascendentes e imprescindibles.

Lo descrito hasta ahora constituye una burla contra la Democracia, la Constitución, la Judicatura y el propio ciudadano que descubre así un sinsentido pagar impuestos. Mi abstencionismo impulsa aquí precisamente su porqué: “Si los políticos no se preocupan de mí, ¿por qué tengo yo que preocuparme de ellos? Este es mi argumento definitivo. Porque los votos, queramos o no, legitiman el quehacer político, considerado o infame, de muchos mediocres. Me revienta pagar impuestos solo para satisfacer su confort.

¿Qué les parece a ustedes la respuesta que dio Rufián (apellido y atributo presuntamente, superpuestos, fundidos) a Javier Negre —periodista hipotéticamente tan facha como otros que reciben loas sin veda, pero acreditado en el Parlamento— ante una pregunta incómoda? Dijo, sin contestar la pregunta: “No participamos de las burbujas mediáticas de la ultraderecha”. Estando solo, el tal Rufián, imagino que “participamos” lo usó con intenciones mayestáticas, marco que no parece descartarse conociendo al personaje.

Que yo sepa y considere, en España solo hay una extrema: la izquierda radical. Aun suponiendo que Negre sea ultra a nivel personal, es periodista —puente entre el poder y la ciudadanía respecto a la información pública—. Rufián es, o debiera ser, un servidor público cuya obligación, sin prejuicios ni excepciones, es informar a la sociedad. Creo que ha abierto un frente peligroso porque, con el mismo argumento o similar, algún español (con parecida burbuja) puede negarse a pagarle su sueldo por ser independentista. Incluso podría levantarse una ola de magnitudes gigantescas, un tsunami insurgente.

Anoto —entre sus muchas indigencias, no exentas de actitud petulante y agitadora— ciertas facultades histriónicas, siempre acompañadas del papel que le permita escaparse del complejo común de “catalán charnego castellano”, según terminología catalana a los nacidos o no en aquella tierra, fueran andaluces, aragoneses, gallegos murcianos o verdaderos castellanos. Cobraba preeminencia la frialdad del vocablo genérico porque enmascaraba el ínfimo cosquilleo vanidoso, hospitalario, lucrativo, con un denigrante desdén de raza superior.

Durante dos cursos seguidos, iniciados en mil novecientos sesenta y cuatro, estuve dando clases de alfabetización en San Juan de Torruella (Sant Joan de Vilatorrada) y Martorell. Viví siempre en San Juan, en la zona catalana. Mis alumnos eran “castellanos” adultos, trabajadores en su mayoría, y conozco bien cuál era la opinión que despertaban los venidos de fuera incluso en catalanes de generosidad reconocida, algunos amigos míos. Observé, al mismo tiempo, ese no sé qué de insolente predominio.

Ignoro la razón que me lleva a ocupar hoy mi tiempo en personas anodinas, aunque ¡vete a saber qué carambola! les haya permitido abandonar el paro. Quizás se deba a un poso de acerba censura a la arrogante vanidad y lenguaraz aderezo del tonto útil a su señor, mientras reprueba un talante humilde y discreto. Probablemente también por traicionar pautas de brega escrupulosa, púdica, dejando que sus principios, éticos y estéticos, se limiten a esa gongorina frase del clásico: ”Ándeme yo caliente y ríase la gente”.