jueves, 29 de abril de 2021

EXTRAVAGAR Y POLARIZAR

 

Observo con verdadera inquietud que la campaña electoral de Madrid Comunidad empieza a restituir un operar aparentemente olvidado. Diría que cada líder hace esfuerzos titánicos para ajustarse a las palabras de Miguel de Unamuno en su obra Amor y Pedagogía: “Extravaga, hijo mío, extravaga cuanto puedas, que más vale eso que vagar a secas … Sé ilógico a sus ojos hasta que renunciando a clasificarte se digan: es él, Apolodoro Carrascal”. Parece que a estos candidatos una voz interior les conminara a extravagar, sin otro objetivo concreto, en toda su extensión e intensidad. Tal vez lo hagan para desorientar al votante ante la penuria de propuestas rigurosas y viables. A falta de alumbrar sus mentes con programas de mejora, piensan, llenemos de saña la víscera que es menos complejo y más productivo. A la postre, todos son Apolodoro Carrascal, postulantes desclasificados, asimismo ciertos ellos inclasificables.

Extravagar significa desatinar, delirar, disparatar, desbarrar, andar errante. Lucubrando, sin demasiado empeño, descubriremos enseguida que el conjunto anda errante, aunque sus respectivos jefes de campaña los alaben diciendo lo contrario (en esta ocasión Tezanos hace escuela). Unos, desbarran; otros, disparatan y alguno específico, delira. Es cierto que las campañas electorales me interesan lo mismo que la fisiología de la mosca cojonera, verbigracia, dada mi ejecutoria abstencionista. En cualquier caso, efecto social no tienen ninguno porque estos políticos nuestros despliegan poca memoria y menos voluntad. Se preocupan del ciudadano —y solo de boquilla— unos días, de uvas a peras o viceversa; cuando toque. Estoy convencido de que el ciudadano (contribuyente en España) tendrá cociente intelectual, conductividad térmica y hasta punto de evaporación, pero carece de peso específico. Somos seres angélicos, sin magnitud corpórea ni corporativa.

Sánchez es el Guadiana de la política, aparece y desaparece misteriosamente. Suele cubrirse bastante bien, hasta demasiado bien, porque no tiene otra cosa que hacer. En la precampaña protagonizó varios programas televisivos, venidos a cuento o sin él. Unas veces “divagaba” —vocablo oblicuo— en el Parlamento y otras “desinformaba” sobre vacunas y situación económica con sus cada vez más abundantes, tediosos y desahogados, “Aló Presidente”. Ahora, pasó un tiempo oculto hasta que se le ocurrió acompañar a Gabilondo saltándose el confinamiento en zona de riesgo extremo. No hay nada más alarmante que se salte el Estado de Alarma quien lo propició. Es el “puto amo”, utilizando una expresión poco ortodoxa pero muy en boga. Ignoro si este silencio casi inconcebible se debe a táctica tutelada o pragmatismo personal evitando una exposición inútil, demoledora, dicen las encuestas.

La acepción tres indica que polarizar comporta orientar en dos direcciones contrapuestas, pero sin espíritu de acercamiento sino con afán combativo. Todavía está fresco aquel exordio de Zapatero a Iñaki Gabilondo: “Nos conviene que haya tensión”. Constituye el remedio alternativo de quien no posee argumentos persuasivos: la izquierda intransigente en un marco capitalista. Dicha estrategia viene acompañada con tramoya semántica y arancelaria. La Historia (rotunda, incontestable, probada a través de los siglos) discrimina las izquierdas advirtiendo incompatibilidad absoluta entre comunismo y democracia. Pues bien, en esta piel de toro, Podemos reparte sin empacho ni sonrojo carnets de demócrata o fascista de forma vejatoria, incluso tiránica. Esas mismas aguas bautismales beben independentistas de ambos signos —es decir, burgueses y zurdos— junto a Bildu. Toda una tropa que despliega hipocresía y despierta aturdimiento, si no pasmo.

He dicho en alguna ocasión que soy televidente habitual de Al Rojo Vivo, programa del que Iglesias tiene dudas, desconfianza, con dicho color. Hay un tertuliano, joven y fanático (hincha, casi hooligan), que cuando habla de la “extrema derecha española”, Vox según él, pone como ejemplo a Viktor Orbán, líder del partido ultranacionalista húngaro Unión Cívica. Dos cuestiones. Seguramente Hungría prefiere a este presunto autócrata antes que la invasión rusa de mil novecientos cincuenta y seis cuando la población reclamaba libertad. Por otro lado, el personaje —para poner ejemplos— no precisa saltar fronteras: tiene a mano los ultranacionalistas conservadores PNV y JxCat, quizás también ERC. Mancebía (mancebo) y falta de memoria democrática o desafuero doctrinal, suelen jugar a la gallina ciega si no se espera una compensación pecuniaria solvente, decorosa.

Antes he hablado de tramoya semántica y lo reitero. ¿Quién da autoridad moral y etimológica a políticos y medios para etiquetar a nadie con el “tóxico” epíteto fascista? ¿Quién dice que Vox es extrema derecha y fascista? ¿Podemos, PNV, ERC, JxCat, Bildu? Con un par. ¿Quién clama contra el PP por “mancharse” de extremismo, mientras pacta con partidos que en Europa estarían ilegalizados? La campaña electoral (perdón, enfrentamiento sádico) alcanza tal grado de indecencia que dibuja a las claras el fuste democrático de nuestro país, qué convicciones exhiben algunos candidatos y la perspectiva futura que ya ofrecemos. Gabilondo —candidato prestigioso, de referencia moderada y exquisitez formal— se ha pegado un tiro al pedir un “cordón sanitario” contra Vox. La obediencia monacal le ha jugado una mala pasada. Pobre.

Ayuso también ha cometido errores. El primer eslogan de la campaña, “Socialismo o libertad”, era irreal, desatinado, porque ambos vocablos no son antitéticos. Se hubiera corregido, ajustado, sustituyendo socialismo por “sanchismo”.  El segundo, “comunismo o libertad”, no tiene desperdicio, pone las cosas en su lugar exacto. La izquierda y algunos digitales, sin saber el orden exacto, han puesto en circulación, “fascismo o democracia”, un sarcasmo falaz porque lo evocan —nada más y nada menos— una banda y dos partidos comunistas. Fascismo fue un ideal, junto al nazismo, creado al socaire del crack económico de mil novecientos veintinueve, sin rigurosa existencia actual. El “dóberman” crece, se agranda, por cobardía de unos e indolencia del resto.

Reconozco que mis principios humanísticos me empujan a condenar la violencia ilegítima, pero no tengo seguro que mi fortaleza cristiana me pida ofrecer la otra mejilla. Viene a colación por el episodio esperpéntico, caricaturesco, días atrás en la cadena Ser. Iglesias se empeñó en que Rocío Monasterio rectificara sus dudas sobre las amenazas recibidas. Ella recordó que ni él ni Podemos condenó las agresiones sufridas por Vox en Vallecas, justificándolas inclusive por presunta provocación. Recordó también que Echenique puso en duda (y kétchup) la herida sufrida por Rocío de Meer. Iglesias tiró por la calle de en medio y se marchó del debate. Con toda incertidumbre, mucha gente desconfía de Sánchez e Iglesias por el abismo entre palabras y hechos; también por buscar la respuesta lógica a: ¿a quién beneficia?, complementada inconscientemente con el fundamento de Ockhan. La izquierda ha probado históricamente que cuando tiene perdido el poder se agarra a prácticas esperables, pero impredecibles.

viernes, 23 de abril de 2021

DIOS LOS CRÍA Y ELLOS SE JUNTAN

 

Desconozco que esta frase tan popular se refiera alguna vez a personas dignas, activas y solidarias. Por el contrario, suele señalar conjunción de individuos poco distinguidos en virtudes por azar repentino o fatalidad elegida. Probablemente, en múltiples ocasiones, analicemos con excesivo rigor el negativo apriorismo moral que conlleva la acepción del proverbio. No obstante, no solo esa instrucción concluyente —que imbrica hechos y adagios— sino la propia experiencia individual lleva a una certidumbre incontestable. Tal ejercicio no implica pleno cotejo sino proximidad a la norma que, como cualquier otra, se confirma con algunas excepciones. Habría que ser muy mostrenco para no toparse en algún momento de nuestras vidas, más en la coyuntura actual, con situaciones que proclaman lo exacto del mensaje.

Tengo claro, asimismo, que la indigencia política en nuestro país —con notorias y dignas excepciones— alcanza cotas insólitas. Algo parecido ocurre en el resto de Europa, donde lo complejo y mediocridad son confundidos para salvaguardar una hipotética eficiencia tan difundida como inexistente. España, pese a todo, bate récords históricos. Qué decir de un presidente que, aparte oscuros aconteceres académicos, miente hasta cuando rectifica. Qué puede ofrecer a los ciudadanos quien tasa fechas exactas de vacunación cuando barrunta que no va a poseer vacunas suficientes. Cómo calificar a quien ha repartido ya ocho veces, dicho por algún medio, el dinero que la UE le regatea por incompetencia y amistades incompatibles con el statu quo europeo. Aparte propaganda y escaparate, merece el epíteto vacuo; tal vez sea más exacto, aventurero, vividor y psicópata narcisista, al decir del doctor Joaquín Sama.

Cuando las carencias campan en espacios aislados, personalizados, formando compartimentos estancos, se aminora el efecto pernicioso al limitar sus estragos. Sin embargo, cuando se suman —jamás como proceso aprovechable, con expectativas de mejora— la resultante es aciaga y dispendiosa. Todavía, si cabe, aumentan los suplicios gástricos (nacionales) si mezclamos limón y vinagre; no digamos si uno es pura hiel. Sánchez, por sí solo, acomete la misma demolición que cualquier elefante en una cacharrería. Empezó engañando al afiliado, engaña hoy a propios y extraños con propuestas que sabe incumplibles y terminará intentando engañar a Europa. Aquí se le termina el terreno de juego, haciendo inútil los esfuerzos interesados de PNV, independentismo catalán y Bildu, por sostener un gobierno que a poco dará sus últimos estertores. Lo bastardo terminará por arrasar toda estirpe, tribu putativa: el sanchismo.

Iglesias, comunista por propia aseveración (apelativo definitorio, antidemocrático, liberticida), es un individuo hostil al marco español y europeo del siglo XXI. Probablemente, o no, su contribución fuera valorada en países concretos del tercer mundo, pero el área occidental debe considerarlo inútil, pasado hace siglos. Él lo sabe y Sánchez también. Pablo utiliza el populismo, la pompa hiperbólica y la simpleza de sus acólitos, para vivir —con omisión de laureles casuales— como un potentado. Ha descubierto, del mismo modo, compañera idónea, suplemento paradigmático. Sánchez, sin que sirva de precedente, dijo una verdad en su vida cuando aseguró que Iglesias le quitaba el sueño y a millones de españoles. Pese a ello, pudo más su ambición y cálculo cortoplacista. Para conquistar y disfrutar algún tiempo La Moncloa necesitaba a Iglesias, independentistas y Bildu. Así lo hizo. Así nos va, así le va.

Iván Redondo (Sánchez no alcanza tanto) ha laminado a Iglesias, pero también a Ciudadanos. Fulminar a Podemos, ERC y Bildu, sobre todo, es condición sine qua non para formar parte del Club europeo. Redondo y Tezanos cometieron un grave error de cálculo aquel verano de dos mil diecinueve. Creyeron que Sánchez, en noviembre, quedaría mejor posicionado —a costa de Podemos— para tratar el pacto gubernamental con un centro algo disminuido. Ciudadanos, contra lo previsto, casi desapareció del escenario político y no tuvo otra solución que pactar con quienes resultaban reacios a la preceptiva europea. Ahora nos encontramos en bancarrota aunada a una crisis sanitaria, laboral y económica sin precedentes. Su dilema es arduo: abandona el lastre impuesto por los socios de legislatura o Europa no suelta un euro. Perversa y delicada disyuntiva.

Conocer aquellos personajes (quizás personajillos parásitos) que blindan y dirigen los fondos públicos en vez del bienestar ciudadano, es fundamental para salvaguardar el sistema democrático. Sánchez —actor principal por oposición a aquel otro que, al ser un ente material, solo ocupaba un espacio físico en el escenario político— “desea liderar la socialdemocracia europea, olvidando hipotecas pasadas y buscando el equilibrio entre preparación-gestión e ideología”. Dentro, prioriza esfuerzos diseñando una renovación integral del PSOE para su control absoluto. Ambos detalles acreditan el mencionado retrato psicológico del doctor Joaquín Sama, especialista en psiquiatría y neurología. Adelantándome a quienes pudieran invalidar tan llamativo diagnóstico con excusas técnicas, alego que casos tan patentes no precisan interacción doctor-paciente ni psicoanálisis de sofá; lucen solos.

Iglesias (aquel que en dos mil catorce rodeado de chiquillada atronaba con su: “El cielo no se toma por consenso, se toma por asalto”) hace un backward. Una frase célebre indica: “de Madrid al cielo”. Aquel, despeñado, desciende del cielo al arrabal de Madrid; eso sí, instalado en una mansión que disfruta en nombre de “la gente”. Las encuestas, paradoja sociométrica, le dan diez diputados pese a ser el candidato peor valorado, de largo. Desde luego su partido será el último del escalafón, si sale, y asumiendo el hundimiento de Ciudadanos. Deduzco que, a su pesar, ha descubierto el final del camino adornando una huida hacia adelante, una fortaleza ilusoria, que le lleva a presuntos trastornos emocionales cuando garantiza terminar con la educación concertada. Ni sabe, ni puede; sigue sin ver sus pies de barro. Nunca tuvo vida propia pues ha sido sostén, apoyo; sí pedestales, óbolos y buen vivir. Al fin, lo que buscaba.

Sinteticemos. Aunque no sea lo habitual, Dios (por seguir el dicho) y la naturaleza crean personajes poco lúcidos, extravagantes, impostores y, aún peor, malignos. Aislados, queda relegada su carga al ámbito familiar, lindero, sin que el efecto diabólico supere límites soportables. Lo inquietante surge al encontrarse. Entonces se agrava la maca y esa adición causa un impacto tremebundo. Si miramos con rigor los frutos del tándem Sánchez-Iglesias en casi tres años, el alcance no puede ser más desalentador. Esperemos que la marcha del vice no resulte algo postizo, un simulacro grosero, pudiendo anotar, al menos, entendimiento efectivo con el partido opositor para desbloquear ciertas instituciones esenciales en los regímenes democráticos. Como colofón, mencionemos también el ayuntamiento de medios audiovisuales cuya asistencia ha sido esencial para llevarnos al infortunio.

viernes, 16 de abril de 2021

CRUZADA ESPERPÉNTICA, IMPOSTADA

 

Cruzada designa “expedición militar contra enemigos infieles, pretendiendo recuperar los Santos Lugares, que demandaba el papa mientras concedía indulgencias a quienes en ella participaran”.  Asimismo, esperpento indica “persona, cosa o situación grotescas o estrafalarias”. Se dice que las cruzadas fueron contiendas atroces, sanguinarias, para reconquistar Jerusalén (siglo XI), territorio cristiano ocupado por árabes (siglo VII). En el fondo, puede interpretarse —y no debe ser laberinto retórico— forma frecuente de aquellos tiempos medievales para hacerse con poder y riquezas. Si ampliamos dicho concepto, todo conflicto doctrinario y fundamentalista puede ser considerado cruzada. España realizó una de ochocientos años contra los árabes para redimir el país, pero también la Guerra Civil puede considerarse tal por absoluto enfrentamiento doctrinal.

Conviene asentar algunos hechos históricos para presuponer ciertos movimientos actuales. A principios de los años veinte del siglo pasado, Lenin invitó al PSOE a formar parte de la III Internacional que proponía condiciones precisas a quienes quisiese pertenecer a ella. Fernando de los Ríos y Daniel Anguiano, dirigentes enviados a Rusia, representaban las corrientes socialdemócrata y tercerista del PSOE. El segundo sería uno de los que lo abandonaron para adscribirse a la Internacional y crear el PCE. Surgieron así, un partido comunista-leninista y otro socialdemócrata. Pese al acuerdo, en este grupo quedaron adeptos “terceristas” como Largo Caballero e Indalecio Prieto. Tal escenario condujo al Frente Popular, bajo potestad comunista a partir de mil novecientos treinta y siete. Franco y Cipriano Mera (anarquista), entre otros, pusieron fin a aquella cruzada ideológica e intolerante y disiparon todo empeño de instaurar el marxismo totalitario.

Ignoro qué razón lleva al PSOE (hoy partido cesarista) a radicalizarse, a asumir los fundamentos de la izquierda ultra que inauguró Rodríguez Zapatero. Se me ocurren dos probabilidades. Un ejercicio de alpinismo, casi salto al vacío, ante el decaimiento de la socialdemocracia europea y otro, tal vez más consistente, debido a la frustración producida tras los pormenores biográficos del abuelo paterno. Su conducta actual con la dictadura venezolana, me empuja al segundo presupuesto. Zapatero quiso suprimir sesenta y ocho años de Historia para enlazar su gobierno con el de Casares Quiroga, allá por mayo del treinta y seis. Se equivocó de tiempo y de statu quo europeo. Con dudosa lucidez, al menos, considero que su funesta gestión no puede calificarse de concienzudamente maligna. En absoluto me ocasionó rechazo, sino contrariedad; ahora mismo, casi vergüenza debido a su pestilente papel exterior. 

Sánchez supera con creces lo inimaginado. Ha blanqueado, antes de conseguir el gobierno, a partidos independentistas, filoetarras y revoltijo podemita, pese al “aseo democrático” que pretenden destilar: (nazis, fascistas, antifascistas, totalitarios). Ya entonces indicaba las raíces de su cruzada particular ayuna de doctrina y motivación, hasta hace poco, motores fundamentales —quizás engañosos— de dichas aventuras beligerantes. Este fraude presidencial tiene olvidados, hartos, a los españoles; vivir opíparamente y satisfacer su egolatría ilimitada mueven el único recurso que domina: la propaganda envuelta con argucia tediosa. Para algunos, este personaje goza de reputación según las encuestas electorales. Sea como fuere, ahora mismo está inmerso en una cruzada doble: dentro, contra sus apoyos disolventes; fuera, Europa le exige lo que no puede dar: veracidad. Entre tanto, irresoluto, vano, España desaparece por el desagüe.

Urbano II, papa, promovió las cruzadas con palabras de Mateo: “Renuncia a ti mismo, toma la cruz y sígueme”. Permítanme una ironía metafórica con cierto busilis. Sánchez (Carpanta) e Iglesias (Rompetechos), sin más, hicieron suyas las palabras de Nietzsche: “¡Seamos francos! Las cruzadas, ¡piratería superior, nada más!”. Comenzaba la batalla de Madrid. Rompetechos, con aprobación o visto bueno de Carpanta, concibe una cruzada esperpéntica, sin ataduras umbilicales. No habrá árabes ni cristianos, tampoco doctrina ni lugares sacros. Aquel, audaz, imaginativo, inventará “fachas” provocadores para que legiones de “antifascistas” —armados de adoquines (por supuesto bandera, santo y seña), fabricados presuntamente por la misma inteligencia— apedreen e impidan hacer mítines a quienes piensen diferente. Medios y comunicadores amigos, apologetas antiestéticos, se empeñan en atenuar lo injustificable: aplicar tácticas nazis.

Parece evidente que el comunismo totalitario —a la sombra del sanchismo (PSOE radicalizado, montaraz) e incluso con su soporte tácito— pretende eliminar lo que trunque los objetivos marcados. Así, el Poder Judicial, periodistas carismáticos e imparciales, partidos puntillosos y políticos indomables, son acosados tiránicamente, sin cuartel. Soportan la etiqueta “fascista” y son presa por ello del “antifascismo” cainita y falsario. Vivifican, de forma impostada y temeraria, una época sin retorno posible aun con algunos cismas sociales. Afanes diarios constatan la quimera ininteligible a que proyectan llevarnos. Su empresa, si no fuera pavorosa, daría risa. Ejemplo aclaratorio lo da, desde el mismo gobierno, Yolanda Díaz, nueva vicepresidenta tercera: “El comunismo es democracia e igualdad”. Toda una declaración de principios.

Me asombran dos realidades ignoradas por falta de reflexión y juicio crítico. La primera surge del interrogante, ¿cómo es posible tanta indigencia intelectual? Lo digo porque parece, y es, obtuso que haya individuos explotadores, desaprensivos, viviendo como magnates —aupados con discursos siempre despreciativos contra la “casta”— y siguen teniendo seguidores (lacayos) entusiastas. Encima, sin ninguna perspectiva de recibir ni migajas políticas ya que están previamente asignadas. Quizás olviden aquella frase bíblica: “porque muchos son los llamados, pero pocos los escogidos”. La segunda, menos perceptible, llevaría a comprender que el bienestar social solo puede venir de partidos que generen riqueza, progreso; es decir, liberales. A la izquierda totalitaria le interesa que haya miseria, subsidio, porque constituyen fuente indiscutible e inagotable de votos.

Ahora mismo estamos a merced de aventureros sin escrúpulos cuyo único objetivo, aparte disquisiciones oratorias, es atenazar el poder para uso (tal vez abuso) particular. A mayor abundamiento, culpan a otros de corruptos, amorales, ineptos, etc. cuando son ellos quienes personifican estas maldades. Además, exhiben excesivas lacras antidemocráticas. Imputan al resto algunos vicios ciertos, pero —estoy convencido— de menor calibre y trastorno. Este gobierno insolvente anhela llevarnos a que se confirme la previsión de Jacques Attali, asesor de François Mitterand, en su obra Breve historia del futuro: “En el futuro será cuestión de encontrar la forma de reducir la población. Empezaremos por el viejo, porque en cuanto supera los 60-65 años el hombre vive más de lo que produce y le cuesta caro a la sociedad. Luego los débiles y luego los inútiles que no aportan nada a la sociedad porque cada vez serán más, y sobre todo finalmente los estúpidos”. Un pionero del exceso, pero con qué agudeza final recrea a nuestros políticos.

jueves, 8 de abril de 2021

SÁNCHEZ Y SUS APRIETOS

 

Cuando aludimos a un ente y luego referimos algún atributo o circunstancia, en esa prelación primero indicamos la esencia del ser para completarlo con notas menos significativas. Dicho itinerario tiene una dificultad repentina: definir con tino y nitidez a Sánchez. Indiferente como persona, me abstengo de hacer su retrato; ni siquiera fugaz, vago. Menos, aunque acapare incentivos para ello, reflejar el remedo caricaturesco que ha ido cosechando, probablemente, en bastantes facetas de su vida anterior cuyas referencias se airean, tal vez, con afán punzante, justiciero. El personaje político no me entusiasma nada; más bien al revés, me intranquiliza. Se parece demasiado al escorpión que expande el veneno al final del recorrido. Nos pilla, una y otra vez, confiados, presos de candorosa esperanza, de que su latigazo surja último, producto del traspié involuntario o inhábil, pero parece inevitable.

Apretar, según el DRAE en su acepción dos significa “Oprimir, ejercer presión sobre algo”. La opción décima, indica “Constreñir, tratar de reducir con amenazas, ruegos o razones”. Si la primera implica exceso, abuso, derroche en dieta —por tanto, riesgo de obesidad— exige, al fondo, una menudencia algo molesta y onerosa: cambiar de talla. También, extrayendo un doble sentido, los políticos (mientras zampan mediante chupeteo real, sustantivo) nutren al pueblo de promesas, atiborrando esperanzas e ilusiones que luego se muestran vanas. Originan, con tanta morbidez virtual, hastío, desafecto, desdibujados por esa indolencia, quizás sectarismo, consustanciales al carácter genuinamente español. Contemplamos en dicho apunte el prólogo de la acepción diez, mucho más lesiva y vejatoria, envilecida por quien se siente mortalmente herido bajo los efectos del despropósito personal.

Sánchez configuró un gobierno demacrado, cadavérico, con gestación asistida y diligencia putativa. Carece de dominio pleno porque su voluntad debe acoplarse a las exigencias de Podemos y ERC, sobre todo. Actúa cual jefe infecundo sobre cuya cabeza pende la espada de Damocles que cuelga de un hilo liviano. John Fitzgerald Kennedy lo reiteró años atrás: “En el pasado, aquellos que locamente buscaron el poder cabalgando a lomos de un tigre acabaron dentro de él”. Nuestro prohombre, sometido a la indigencia numérica y a una falta notoria de lucidez y sentido común, no da ni un paso ajeno a su propia promoción y propaganda. Ignoro si se debe al apremio que le ocasiona alguna sigla concreta para no salirse del concierto, más o menos tácito, o es fruto de cierta reserva para no exhibir, cosa harto difícil, su inutilidad. España no tiene un gobierno, tiene una ocurrencia.

Deduzco que sabe de sobras con quién se juega los cuartos. ERC ya le dio un aviso taurino cuando se negó a aprobar unos presupuestos, sospecho, “poco asimétricos” para Cataluña. Del PNV conoce su proceder taimado (más bien traicionero) y exigente, produciendo en cualquier gobierno un equilibrio inestable. Si, pese a todo, mantuviera alguna vacilación sobre la sigla vasca, Rajoy puede constatar el hecho con total certidumbre. No entro a juzgar el estilo de Podemos porque, incluso sin pronunciar palabra, nadie entiende que un partido quiera ser gobierno y oposición al mismo tiempo. Logra, fuera de toda discusión, la cuadratura del círculo; algo solo concebible acudiendo al ridículo y a lo extravagante. Con estos mimbres internos no me extraña que la adulterina quietud del incompetente, aderezándola con quimeras repetidas para mantener viva una llama agotada, sea sinónimo de sensatez y complacencia personal. Puro cinismo político.

El engorro, los diversos aprietos que Sánchez ha de librar, no proceden solamente de compañías indomables, poco pertinentes para proponer en conjunto objetivos dignos, con dividendos éticos y generales. Quizás de manera inconsciente se haya atiborrado de engreimiento, empaque, prurito — llamativos, pero huecos— cuyo efecto inmediato es un autobombo impertinente, falaz y aburrido. En su mundo de yupi, estará seguro de un gran poder seductor, tanto que cree hacernos ver sustancia donde solo hay camelo. Craso error; dispone de parroquia elemental, siempre fiel al púlpito, pero en claro declive. Tal vez olvide que “el respeto es como el dinero, puedes pedirlo, pero es mejor ganártelo”. Hoy, que ha vuelto al Aló Presidente para anunciar lo ya dicho hace meses y enfrascarse en la precampaña madrileña, me he quedado dormido. Seguro que han sido miles.

He leído un artículo cuyo autor (Agapito Maestre) opina que de mil novecientos ochenta y uno a mil novecientos noventa y seis, en España se constituyó la mayor empresa de Europa: el PSOE. Dice, abonando esta conjetura, que es “la mayor organización política, económica, social y cultural contemporánea”. Desde mi punto de vista, afirmación tal no encaja con nuestra realidad doméstica ni con la europea. Cierto que la izquierda, al menos aborigen, exhibe ademanes autoritarios —como sintiéndose dueña y señora— junto a una estructura clientelar que aparenta robustez fortaleciendo adhesiones. Desentona, además, con la práctica desaparición de la socialdemocracia continental que deja al PSOE sin referentes y desestructurado desde un punto de vista ideológico. Resta en su ideario un infructuoso cajón de sastre: Memoria Democrática, Feminismo y Cambio Climático. ¿Suficiente para combatir la pandemia y crisis económica? ¿Farsa o servicio?

Sánchez otea sobre él un futuro inmediato lleno de negros nubarrones. Si no se consigue pronto la inmunidad de rebaño (nunca mejor dicho), la situación económica se volverá explosiva. Más, si ese “tentempié” de ciento cuarenta mil millones se retrasa o atasca provocando un cataclismo de consecuencias incalculables. Las malas compañías aseguran vidas alegres, desenfrenadas; luego hay que pagar peaje. El paro seguramente llegue a proporciones desconocidas y ya sería tarde para reducir la alarma social sacando conejos de la chistera. Me cuesta imaginar hasta donde llegará la Deuda Pública, bajada del PIB y cómo costear sus dramáticas consecuencias. El PSOE (ahora izquierda extrema) entra en competencia con la izquierda independentista (ERC, CUP, Bildu) y la extrema izquierda totalitaria (Podemos, Más España). Dicho escenario impide que aquel pueda centralizarse y ha de radicalizar un mensaje populista, artificial. Para gobernar, Sánchez los necesita por obligación mientras Europa rechaza inquieta tales compañeros de viaje.

Lo mismo que los animales carnívoros matan por naturaleza, la izquierda trata de imponerse con amenazas, ruegos y razones (acepción diez de apretar). Tal andadura no se conforma con eslóganes o frases vacías de contenido, no; lleva a cabo cualquier propuesta aun bordeando leyes y derechos. Luego vitorean ser garantes de lo pisoteado disfrazando de virtudes lacras inmundas. Cuentan, a tal fin, con una maestría insuperable y la resonancia audiovisual que compran sin reparos. Esta alienación mediática constituye el método masivo de conocimiento en poblaciones poco dadas a la lectura, España verbigracia. Tal coyuntura, aparte de acarrearnos males desde tiempos inmemoriales, permite al gobernante cargar a individuos iletrados sus aprietos particulares.

viernes, 2 de abril de 2021

DE DINEROS, MALES Y OTROS DETALLES

 

Quien me siga con asiduidad conoce mi tesis fundamentada en que solamente Europa puede terminar con este gobierno inepto, nefasto. Fraude, cinismo y manipulación se enseñorean del individuo creando una realidad postiza, insensible, cocinada a fuego lento. Tal coyuntura explica el ínfimo desgaste electoral del PSOE, aun advirtiendo la irresponsabilidad de un ejecutivo huidizo —que culpa a otros y falsea el descalabro sanitario— mientras atasca hasta extremos insólitos los trámites económico-laborales. Se conforman así millones de parados y trabajadores en exclusión social, sin contar las colas del hambre. Sin embargo, asombra percibir con qué inutilidad opera este gobierno; tanto como el dogmatismo irracional desatado por una sociedad terca, ladina e iletrada. Es probable que este último atributo y la polarización visceral apreciada respondan a un notorio plan de ingeniería social. Desde luego, nada existe por generación espontánea.

Semanas después de depositar la papeleta y dispuesto un gobierno, generalmente repudiado por ser fuerte (mayoría absoluta) o débil (necesidad imperiosa de someterse a siglas nocivas, la mayoría de veces), surgen conversaciones —casi siempre tabernarias—que rubrican un sentimiento común: frustración. Es el efecto esperado, lógico, de votar a la contra, sin juicio previo ni convicción. Nos defraudan todos en proporción parecida, pero dejamos la piel no por los nuestros (de ordinario, posesivo esotérico e infantil) sino para que pierdan los otros, igualmente indescifrables. Somos pura contradicción y ahora, roto el bipartidismo, han difuminado el enemigo dejándonos frente al absurdo. Los años me han hecho desmenuzar sin patrioterismo montaraz, ese rasgo que permite enaltecer o desdeñar sin límite cualquier imagen antojadiza del eslogan “España es diferente”.  

Zapatero y Sánchez pasarán a la Historia liderando los peores gobiernos durante dos siglos, al menos. Pese a su carencia, el primero se sentía inexpugnable ya que en la segunda legislatura (estando España al borde del abismo) obtuvo cinco diputados más. Europa le obligó —mayo de dos mil diez— a realizar inmensos recortes sociales para asegurar la estabilidad financiera totalmente descontrolada. Al año siguiente le puso en bandeja a Rajoy una mayoría absoluta impensable e inmerecida. Recordemos las causas. El paro pasó en siete años del once al veintiuno por ciento; el déficit, del cero punto cuatro al nueve, punto dos; la deuda del cuarenta y siete al sesenta. Estábamos próximos a la bancarrota. Sánchez, que ha superado a Zapatero, realiza una gestión sanitaria infamante, indecisa e ineficaz. Presenta, a su vez, el horizonte económico más negro que haya registrado el país en decenios, arrastrando la deuda al ciento treinta por ciento del PIB.

El presidente —experto artífice del buñuelo, ducho en montajes y propaganda— hizo dos anuncios salvadores, de gran rédito político, si hubiera adelanto electoral. España recibirá ciento cuarenta mil millones de euros cuyo objeto es eclipsar la crisis del coronavirus y vacunas para que, al final de verano, un setenta por ciento de la población esté vacunada, se consiga la inmunidad de grupo y así vencer al SARS-CoV-2. Parece que la UE retrasa el traslado del dinero mientras la política social-comunista dificulte a los prestamistas recobrar su dinero. Además, el ritmo de vacunación es demasiado lento y los objetivos temporales no podrán conseguirse, de forma rigurosa, bajo ningún concepto. Esta coyuntura hace que naufraguen los planes de Sánchez e Iglesias, realizando este la acostumbrada, ridícula y teatral pirueta. Ignoro cómo llegaremos a otoño sin el apoyo europeo.

Casi tres años con Sánchez al frente del ejecutivo ha debido dejarnos estupefactos, catatónicos. De manera incomprensible, nadie mueve un dedo ante esta situación pavorosa. No hay oposición, o ejerce con sordina, cuando —aparte la arraigada indolencia social— tolera, calla (si no defiende), el arbitrario proceder del gobierno respecto a libertades y derechos constitucionales. Cualquier sigla, a veces incluso Vox, calcula sus frutos electorales antes de tomar decisiones que afectan al individuo persona, no masa votante. Mientras derechos, justicia e igualdad, incumplan un mínimo principio democrático y/o constitucional tendremos enfermo el sistema, dispuesto a llamadas intolerantes que potencien enfrentamientos. Se están subyugando, presuntamente, libertades individuales con pretextos de dudosa base jurídica que ocasionan efectos malignos, perversos, nada democráticos desde mi punto de vista.

Quizás el mayor mal que puede sobrellevar cualquier país es tener un poder judicial timorato, pusilánime, abocado a la licencia guiada. Como español casi octogenario, reflexivo, metódico y libre, afirmo que no me satisface esta democracia desnaturalizada, así como tampoco políticos aventureros, corruptos, trincones y manipuladores. El poder judicial, cada vez más dependiente, debiera dar consistencia al sistema. Reconozco que la presente coyuntura complica su misión; no obstante, (“domesticado con lentejas” el legislativo, vencidos la sociedad, los medios, incluso las finanzas) queda únicamente la independencia judicial —y Europa, insisto— como garante de los derechos ciudadanos. Ejemplos tal que la entrada en una vivienda, rompiendo la puerta sin orden judicial con preliminar aprobación jurídica posterior, junto a la defensa del hecho por Ana Vázquez Blanco, diputada del PP y portavoz de Interior en el Congreso, constatan un peligro real.

Recuerdo que, durante la corta coyuntura agrícola de mis hijos, un familiar dijo refiriéndose al nuestro: “Este tractor tiene un problema, aparte mil más”. Saco a colación la añeja frase porque pudiera usarse actualmente refiriéndonos al país.  El problema, al alimón, lo definen gobierno y sociedad o viceversa. Significar el millar complementario lo evacúo a mis amables lectores de cuya capacidad analítica confío. Sin embargo, necesito exponer matices sobre ciertas cuestiones enrevesadas. El tándem Sánchez-Redondo tienen planes agudos, de alta política, o. por el contrario, navegan desarbolados. Me explico. Las relaciones internas con ERC y Bildu, así como externas con gobiernos marxistas latinos, no deben estar sometidas a la presión expresa de Podemos sino al intento de absorberlo revistiendo el PSOE con máscara acorde. Objetivo arriesgado que, aunque parece dar frutos favorables, por titubeo puede desafectar a su propio electorado.

Aunque Iglesias haya podido fabricar el choque con cuatro “fascistas”, sin identificar, en Canillejas a imagen de otras propagandas conocidas, dudo del botín electoral conseguido por lo grotesco de la acción; asimismo, decorado y personajes parecen hechos a medida. De otro lado, deduzco que los políticos catalanes hoy y la extrema izquierda son compañeros tóxicos para cualquier partido de gobierno nacional. No por la ciudadanía española, que aguanta carros y carretas, sino por una Europa celosa, defensora de los derechos y libertades públicos, amén del libre mercado. Sánchez lo sabe; por eso quiere arrancarse cuanto antes el lastre acopiado para llegar al poder. Zapatero y Tsipras son espejos útiles, infalibles, en quienes mirarse. Malo, si los abandona; peor, si no lo hace.

viernes, 26 de marzo de 2021

EL CANDIDATO MENDICANTE, ENDEBLE

 

Si tuviera el eco de Ayuso, yo tampoco dedicaba un minuto a Iglesias y lo orearía sin fobia; así, con alguna omisión probable e involuntaria, voy a escrutar al personaje que suscita gran rebato a este país, según distintas capas sociales. Sin embargo, nunca lo consideré apocalíptico, ni por su fortaleza, ni por su inteligencia. Siempre he visto en él un individuo inestable, barroco; no ya por el discurso revuelto, incendiario, sino por lo retorcido del carácter y estilo. Sabidillo, sin pedigrí político, sin praxis preliminar más allá de alguna algarada juvenil que le añada un crédito aceptable, este aventurero llegó demasiado lejos inoculando quimeras, espejismo, a colectivos desarraigados y hambrientos de utopía y demagogia. “Cuanto más alto se sube, más grande es la caída” recuerda una certera sentencia popular. Tal vez crea ser, invadido por su egolatría, el ave Fénix impregnado de extraordinario poder de resiliencia. La realidad abate fantasías.

Cualquier hervidero retórico, ayuno de ejemplaridad y coherencia, a medio plazo instituye el eslabón roto en la cadena de fidelidad, de ilusión, provocando fugas irreversibles. Constituye ese peaje fatídico para quienes conforman multitudes sin convicción, adheridas a promesas virtuales o eslóganes extemporáneos, irrealizables. Sí, la argamasa adhesiva suena bien, seguramente pretende una consistencia excepcional, pero ocurre igual que aquella reflexión propia (greguería sin lustre), que se me ocurrió hace años, con el siguiente texto: “Este pegamento tiene una pega, que no pega”. Pudiera parecer nota destacada del candidato podemita a la Comunidad madrileña ante esa fanfarria de que se presenta para unir y superar el porcentaje mínimo puesto antes en cuestión. Desbancar a Isa Serra implica un narcisismo antifeminista obtuso, además de indigno insulto a ella, a los círculos desvencijados o desaparecidos y a los votantes.

Ignoro si es normal en las élites podemitas tanto ensoberbecimiento u ocasionan consulta médica diferenciada para extraer epílogos juiciosos, reconfortantes. No ha mucho, Irene Montero glosaba el inmenso esfuerzo personal invertido en conseguir el puesto que ocupa. Monedero, cofundador de Podemos, en su entrevista con el juez del caso Neurona, entre otras cosas, dijo: “Señoría, le hablo como académico”. Del líder máximo, ¡para que hablar! Revestirse de jactancia —aparte exceso insolidario que menoscaba la igualdad (base del ministerio ostentado por doña Irene) y rudimentos sociales pregonados por el resto— constituye una farsa rechazable. Lo evidente no necesita argumentos para desenmascarar tanta estupidez. Sigo sin comprender el porcentaje de voto que todavía atesora la patraña, aunque ajustemos el foco censor en una sociedad desorientada y necia. Por cierto, académico es acepción desusada que utiliza la fatua casta universitaria.

Sabemos, deberíamos saber, que esta caterva de desaprensivos muestra sobradas suturas para tener crédito todavía. Políticos —que ocupan el poder gracias a apoyos inmorales y medios bien pagados— blanquean, sin decoro, individuos y doctrinas contrarios a los intereses nacionales y al bienestar ciudadano. ¿Por qué unos y otros, aunque no siempre, apostillan diferencias entre derecha y extrema derecha mientras hablan solo de izquierda, incluyendo en ella a comunistas, CUP y Bildu? ¿Por qué solo se habla de fascismo y no de totalitarismo criminal, culpable de cien millones de muertos? ¿Conocen algún país comunista donde haya democracia? Busquemos (fuera de la elocuencia demagógica) algo mollar que llevarnos a la boca, alguna sustancia reconocible, exuberante de virtualidad cautivadora únicamente para bobos tras conocer obras y milagros del candidato.

Cierto que la campaña electoral acumula compromisos y promesas con intención de incumplirlos. Esto se considera algo rutinario, pero constituye una simulación corrupta de gigantescas proporciones. Sin embargo, no puede tolerarse el cinismo antiestético de que algunos hacen gala permanentemente. Iglesias inscribe su campaña —contra el talante injurioso, atrincherado, de rivales— en datos y propuestas empezando con esta frase: “Quiero impedir que estos delincuentes y criminales puedan tener todo el poder en Madrid”. ¿Necesitan más pruebas?; aquí nos vamos conociendo todos. Se lanzó al ruedo electoral, dice (desde mi punto de vista lo lanzaron), para evitar un desastre en la asamblea autonómica mientras asegura ganar las elecciones. Cabe recordar que en mil novecientos diecinueve, el veintiocho A obtuvo por Madrid un diputado más que el diez N. Igual que a Ícaro, su vuelo desmedido lo hunde al averno.  

Los políticos tienen antojos, no sentido común. Digo esto porque días atrás, Iglesias auguró que ganaría las elecciones con el argumento: “Nadie pensaba que sería vicepresidente del gobierno y lo soy”. Pablo (Iglesias) no sabe la diferencia entre “llegar a ser” —en donde el verbo principal es llegar— y “ser”. Él, solo ha llegado a ser vicepresidente segundo (encima segundón, caso aislado) del gobierno. Lo abandonan sus votantes, lo planta Errejón y hasta el bueno de Gabilondo manifiesta estar en las antípodas de “este Iglesias”. Después, todo seguirá igual porque ellos conformarán la oposición y ahí sobran cálculos poselectorales. En cualquier caso, un único candidato tiene el discurso frentista, fariseo, postizo. Pregunta sencilla, patente, ¿saben de quien se trata? Correcto, han acertado.

Ofrece a Madrid ese cambio seductor, engañoso, que finge retocar la ética, estética, instituciones y bienestar ciudadano. Su cínico proceder personal disfrutando placeres negados al común, decenas de policías guardando una integridad (a priori plena) y mansión al alcance de pocos, habilita al austero Errejón —verbigracia—merecer audiencia y voto. Asimismo, nula eficacia gubernamental si basamos el examen en quince meses de quehacer gubernativo. ¿Hay, por tanto, indicios de que su hipotética gobernanza resultara positiva para la Comunidad? Ninguno. Concluyendo. Cuando dice que gobernará Madrid para cambiarlo o vaticina que Yolanda Díaz será la próxima presidenta de España, una de dos: es un “chorra” (en Cuenca epíteto indefinido con extraordinaria carga peyorativa) o individuo fantasioso, extraviado, presunto paciente de psiquiatra.

Desmenucemos, para concluir, alguna de sus “cualidades” públicas. Procedente de una élite endogámica universitaria, ha proclamado orgulloso ser comunista; es decir, partidario de Lenin, Stalin, Castro y —con emotiva reiteración, casi pasión ciega—Chávez. Ninguno sirve de referencia democrática, salvo que lleve el remoquete “popular” con mucha peor nota que aquella lejana apodada “orgánica”. Su gestión, si fuera decisiva, traería miseria y sometimiento. Representa una paradoja irreductible e incoherente. Se desgañita proclamando el derecho constitucional a una vivienda digna, sin mencionar el mismo derecho al trabajo o ceder a tal fin alguna de sus propiedades, varias según detallan. Entro otros muchos, un dato clarificador y ofensivo: Irene Montero gasta veinte mil euros en maquillaje y peluquería para mejorar su imagen. Delirante. No va más.

viernes, 19 de marzo de 2021

LA INVASIÓN

 

Además de irrumpir o entrar por la fuerza —lo que equivale a ocupar militarmente un territorio o país, suceso de escasa normalidad— la acepción cuatro indica “entrar injustificadamente en funciones ajenas”. Por su parte, el concepto cinco detalla: “Dicho de un sentimiento, de un estado de ánimo, etc. Apoderarse de alguien”. Creo acertar si digo que tal vocablo lleva implícito el uso de la coacción en su sentido más amplio; por tanto, constriñe intenciones, derechos y voluntades individuales. El poder, cualquier manifestación del mismo, tiende a invadir todos los ámbitos. Nada ni nadie escapa a su afán inquisidor, ni siquiera los que poseen alguna parcela, porque tiene pavor a compartirlo de forma plural, abierta. La Historia muestra, asimismo, que las tiranías totalitarias (nazismo y leninismo-estalinismo) son capaces de crímenes atroces.

Llevamos décadas siendo invadidos social, política e intelectualmente por un ejército de intrigantes, bellacos, tal vez mindundis (prebostes y comunicadores), que reducen de forma asfixiante nuestros derechos y libertades. A su vez, la convivencia libre, pacífica, democrática, exige jueces imparciales, sin chantajes cuyo fin sea doblegar resoluciones objetivas, ajustadas a Ley. Quien desee poseer un poder absoluto sabe qué enemigo debe vencer primero: los jueces. Cualquier retórica liberal, cualquier compromiso de salvaguarda, quedan huecos, ilegitimados, si al mismo tiempo se pretende invadir la independencia judicial. Alfonso Guerra fue artífice de aquella famosa frase “Montesquieu ha muerto” porque sepultó dicha independencia permitiendo que los partidos eligieran el CGPJ. Ahora —el gato escaldado, del agua fría huye— denuncia y le preocupa que Sánchez quiera ocuparlo.

Pese a lo escrito, advierto que la invasión inaugural, primigenia, se padece en los campos semántico y ético. Existen verdaderos intentos para profanar, prostituir, el recto significado de vocablos, mensajes e informaciones. Lealtad y traición, heroicidad y cobardía, verbigracia, tienen alcances distintos según quien los exprese. Me parece tan corrupción gigantesca loar un gobierno progre (sin definir su carácter ni naturaleza) como denigrar, por oposición, otro presuntamente reaccionario o rancio, sin clarificar siquiera el soporte veraz. Una sentencia afirma: “En la invasión cultural, es importante que los invadidos vean la realidad con la óptica de los invasores y no con la suya propia”. Desde el punto de vista moral, existen actitudes a priori sugerentes, ejemplares, cuyo encuadre real resulta dificultoso porque enseguida puede descubrirse una anatomía postiza. Su fundamento tiene acomodo en la locución: “Del dicho al hecho, hay mucho trecho”.

Los gobiernos de Suárez, González y Aznar mantuvieron, alternando luces y sombras, una correcta hechura democrática. Zapatero —con aquella farsa de la tercera vía y el despiece europeo del armazón socialdemócrata, ya por entonces decadente— tiñó de radicalismo la izquierda española que, salvo con Felipe González, jamás fue homologada por Europa. Huérfana de atractivo económico y social, tuvo que reinventar cierta estructura ideológica para evitar la desbandada electoral. Aquí empezaron las invasiones conceptuales que Cronos, ambición y pactos contra natura, han traído tanto quebranto a la par que decepción. El señor Rodríguez (constatación incontestable de hasta donde puede llegar el pueblo español en su necedad) compuso el caos gubernativo, como no podía ser de otra manera, sobre tres pilares inoperantes: Memoria histórica, feminismo y cambio climático; tridente que dejó España hecha un solar.

Rajoy invadió toda esperanza del pueblo forzándolo a sufrir grandes frustraciones. Con su tibieza y abandono sentó las bases para atraer la diversa e ingente invasión de Sánchez, a cuya ruindad particular dedica horas y esfuerzos. Con la ayuda inestimable de Podemos que dedicó esfuerzos titánicos para aunar nacionalistas, independentistas, versos sueltos y Bildu, Pablo regaló el gobierno a Pedro. A propósito, estoy convencido de que Sánchez no hubiese retirado la moción aun si Rajoy hubiera dimitido. Tras arrogancias de uno y otro, a la segunda se conformó un cuerpo sumido desde su origen en deslealtades y suspicacias generalizadas. Presiento que el espectro de Iglesias ha modificado de forma severa el armazón presidencial incorporando un aliento totalitario, ya existente y bien alimentado. Iván-Sánchez, o viceversa, cocinaron —fuera de los fogones podemitas, pero utilizando, eso sí, especias con su marca— intrusiones virulentas, como mínimo onerosas.

El cuerpo doctrinal del PSOE viene sufriendo en dos décadas una invasión tal que ahora es un partido deforme, grotesco, sin lustre. Genera no pocas dudas y, desde luego, extraños afectos, no ya su naturaleza (alterada tras la ocupación por personajes siniestros) sino el rumbo laxo después del cambio. Aplicar tácticas —en ocasiones incomprensibles, atrabiliarias, pero siempre engañosas— resulta palmario, incluso arraigado, con tal de alcanzar el poder. Sin embargo, no debieran aceptarse las que quiebran normas sustantivas, contrarias a su esencia. Unirse al comunismo extremo mientras acusa al contrincante de aproximarse a una incierta extrema derecha, implica tanta manipulación e inmoralidad que debiera tener consecuencias electorales. Supera todos los excesos partir pan con partidos antiespañoles o aproximarse a siglas herederas del terrorismo.

Al fondo, ocultos tras un marco sombrío, aparecen —preparados, diestros (en puridad, siniestros), para invadir la conciencia social— los medios audiovisuales, nucleares en países analfabetos o no leídos. Es evidente que cualquier político desea dominar la vida ciudadana, pero los medios constituyen una caja de resonancia aparatosa hasta el punto de que el individuo se entera únicamente de lo publicado. Realizan un solipsismo (solo hay constancia de la realidad a través del yo) privativo y manipulador. El agitprop es la técnica de agitación y propaganda, con envoltura artística y literaria, para influir en la opinión pública. Se desarrolla, buscando réditos electorales, sobre todo en la izquierda al abrigo del proyecto gramsciano para lograr plena hegemonía cultural.

Ocasionalmente, las invasiones —siempre dañinas, inclementes— forman plagas, descritas ya por la Biblia, que el individuo pretende exterminar por su temible voracidad. Políticos y adláteres hoy en nuestro país constituyen una plaga gravemente invasiva para el bienestar ciudadano. Menos mal que suelen devorarse entre ellos mismos y en los prolegómenos nos dejan un residuo de paz, de gozo.  Preocupa, a mí al menos, la incapacidad demostrada para su exterminio ético-político mientras nos basta con saborear un momento casi humillante. Encima, alguno se ha extraviado por algún efecto recayente, surgido por invasión anímica desconocida, que le obliga, quizás obliguen, a humillar una cerviz con aspiraciones celestes o, en el peor de los casos, excelsas. Esos, altaneros y pomposos “salvadores” de la izquierda (buñuelos, al fin y al cabo), consiguen, aparte rechazo irascible, alcanzar un ocaso gris, bufo. Retiro, ganado a pulso, en defensa propia, porque la sociedad no debe aceptar fantasmadas ni perdonar incoherencias.

viernes, 12 de marzo de 2021

LA APISONADORA

 

Como su nombre indica, tal artefacto apisona; es decir aprieta o allana bajo un hormigueo moral —salvo conciencia laxa— e incluso por efecto del enorme peso mecánico. Nuestra mente se altera con esa máquina mastodóntica (cuyo hábitat usual son caminos y carreteras) causando cierta inquietud instintiva. Aunque la visión mayoritaria se refiera al hecho físico, constatamos reseñas más inspiradoras en el ámbito metafórico. Hoy vivimos, sin exclusiones expresas, sometidos a una presión multigenética que causa desorientación y alteraciones múltiples. Desde la incertidumbre sanitaria, al indudable caos económico, pasando por el gobierno farsante e inepto y una oposición que da pena en lugar de esperanza, estos vividores (si Europa no lo impide, porque los españoles no parece que tengan intención de cambiar nada por el momento) mangonearán el país a su antojo y harán de él y de nosotros lo que les dé la gana.

Haciendo un paréntesis en los modos, pero con la misma filosofía propagandística, maquillado el escaparate a su máxima hipnosis, Sánchez —envuelto en flashes— ha destruido armas y municiones, teórica y fingidamente, entregadas por Eta en “su derrota”. Esfuerzo oportuno, pero inútil porque conforma otra pantomima. Primero requisó una apisonadora de alguna empresa afecta, devota, de las que (presuntamente) ceden un tres por ciento (cuota talismán) a la causa. Otra opción implicaría paralizar obra pública, preferencia sin consecuencias para un gobierno estático y un pueblo indefenso. Luego ensaya dos trolas amalgamadas. Primero dice que las armas destruidas corresponden a las facilitadas por Eta, cuando fueron Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado quienes intervinieron ese pequeño arsenal incluyendo al GRAPO. Eta no ha entregado sus armas, ni fue vencida; se llegó a un acuerdo favorable a la banda. Observen datos y hechos.

Sin duda, estos tiempos convulsos, maleables, quizás abarrotados de estupideces, se nutren de tecnologías diversas que el viento, no tan azaroso, las hace claudicar ante la comunicación espacio-digital que conlleva poder, elitismo y manipulación. De manera innegable, los medios audiovisuales adoctrinan, guiando procesos ideológicos en grandes masas de población. Así, es difícil salirse del camino programado por expertos en dinámicas sociales. Instituye la corrupción fundamental, al agotar toda soberanía efectiva, destruyendo los sistemas democráticos. Quien haga gravitar su fe sobre redes sociales y cimiente en ellas una aparente pureza doctrinal es víctima directa de políticos transgresores. Al fin y al cabo, los medios conforman la aldaba utilizada para llamar la atención sobre individuos que leen con oídos y lucubran con vísceras prestas al enfrentamiento. Las redes, además, llevan inquina.

¿Qué intenciones mostraba Sánchez? (mientras la apisonadora cumplía su papel) cuando revelaba: “La destrucción de estas armas tiene un grandísimo significado para la democracia española. Implica la derrota de la violencia frente a la razón”. Su dialéctica pretendía laminar muchas más mentes que armas aquel armatoste metido a espectáculo exhibicionista. Pedro miente, tima, sin solución de continuidad y ahí se encuentra todo su balance vital; al menos, el público. Cierto que el llamado efecto rodillo, sinónimo de aplanar cualquier intento de sublevación o evasiva, dejó hace tiempo la novedad para convertirse en lastre antañón sin perder oportunidad de acopiar las últimas mejoras en su afán de liquidar apéndices insólitos, malignos, complejos. Nada causa mayor alarma, dentro de un objetivo concienzudo, que el verso libre, suelto. Solo él es capaz de dar al traste con ambiciosos proyectos gestados para alcanzar el poder y su disfrute. Conviene acallar voces discordantes, cuales sean; así se hizo y así se hace.

Desconocemos si el promotor se llama Iván, Iglesias o Sánchez. Al final, importan talantes y empresas. Los primeros hieden a totalitarismo encubierto, quizás revestido con novedosas galas democráticas que, a poca atención, delatan una hipocresía electoral insuficientemente condenada. Las segundas señalan un sombrío camino marcado al ciudadano por grupos gobernantes a cuyo proyecto burdo, demoledor, se aúpa la oposición acomplejada y errante. Surge envilecido, a ese compás, el deseo indómito de someter toda tentativa que conlleve cualquier atisbo de libertad. Hay razones fundamentadas para sospechar que, aparte torcer voluntades (el miedo como dinámica social de Norbert Elias), conviene al gobierno generar humo con misión de difuminar —cuando no envolver, encubrir— ineficacias y errores consumados por políticos deshonestos, lerdos; a lo peor, desaprensivos. Si quiere llegar al bienestar pleno, segura, sin desencuentros, la sociedad tiene una misión ineludible, aunque engorrosa: librarse de aventureros siempre; más, si ocupan el poder con malas artes.

Esta situación sanitaria y económica —que dura ya un año—permite al gobierno llevarnos a una libertad vigilada parecida a las medias verdades, que constituye la forma sibilina de mentir. El Estado de Alarma es un dudoso instrumento constitucional (expertos juristas hay que lo califican de Estado de Excepción camuflado), tipo biombo, para excusar algún exceso que otro y alguna que otra resolución liberticida. Se aprecia también, como rebote glotón, la probable existencia de otra apisonadora en el Tribunal Constitucional. Asumo y comprendo qué punto de riesgo conlleva esta maldita pandemia (por cierto, se va constatando por voces muy prestigiosas la naturaleza artificial del virus), pero podrían adjudicarse mejor las responsabilidades en vez de atribuir al pueblo el mayor porcentaje. Un año después, todavía colea la imprevisión, el exceso de mediocridad o caudillaje retrógrado, para tener que enfrentarnos a la pandemia con métodos medievales, siempre a costa del individuo. Otro proceder apisonador, machacante, indigno.

Sánchez —maquiavélico e impresentable, a la par que achulado, pomposo, ignorante y manirroto presidente— pretende añadir tara a su apisonadora consintiendo, ya sin tope, las estrategias totalitarias de Podemos. Aplastado el poder ejecutivo, concentrado en su persona, aplastado el legislativo (sometiendo al Parlamento con extremistas, antiespañoles, herederos de terroristas y otras siglas disgregadoras), queda enhiesto todavía (gracias a Europa) el poder judicial para impedir que España se convierta de hecho en un totalitarismo marxista. Gestos, sobran, pues la “casta” —ahora duplicada— inunda puertas giratorias, amiguismos y trapicheos insólitos propios del tercermundismo. ¿Y los medios? Mejor callo. Constituye el efecto nocivo de un gobierno social-comunista, pese al marketing pertinaz, soporífero, pero efectivo.

Sánchez quiere un reparto discrecional, abusivo, del dinero europeo. También pretende eliminar a la derecha nacionalista para conformar en Cataluña y País Vasco gobiernos de izquierda; mientras, recluye a la oposición y cautiva al pueblo en todo el territorio nacional. Su objetivo, mantener el poder varias legislaturas, si no siempre. Se olvida de algo: cuando la apisonadora acepta acciones junto a otras con menos lastre, formando un pack aterrador, el suelo puede presentar oquedades invisibles hundiendo esos monstruos fantasmales, atrapan debajo a los pilotos y no dan lugar a posible rectificación. Madrid se ha tragado la apisonadora y se ha convertido en símbolo nacional.

viernes, 5 de marzo de 2021

CONJETURAS, OPINIONES Y NEGACIONISMOS

 

Quiero dejar claro, en primer lugar, que no soy negacionista porque objetar casi cien mil muertos —además de cerrar los ojos y sucumbir al absurdo— supondría un escarnio inmoral, obsceno, a múltiples deudos. No obstante, con la misma firmeza reclamo mi derecho a cuestionar lo políticamente correcto, a sortear trayectorias que se proclaman innovadoras (y suelen amparar intereses económicos, aun políticos), para exponer mis ideas sin cortapisas ni imposiciones. Conjetura significa conocimiento no acreditado que se edifica sobre indicios más o menos consistentes. A veces, resulta complicado deslindar supuesto y realidad porque lo inmaterial acepta múltiples facetas y asientos que permanecen o esfuman sin remitirse a norma alguna. Salvo escasas precisiones irreprochables, lapidarias, existen verdades (conjeturas) científicas poco duraderas y jurídicas sobre incuestionadas. Las que realizamos, consciente o inconscientemente, los ciudadanos de a pie pueden calificarse de expansiones virtuosas, ingenuas.   

Decía Calderón que la vida es sueño. Ninguna discrepancia cuando nos refiramos a individuos contenidos o candorosos, pues el resto vive cautivo, penando continuamente la conjetura cual Sísifo en su metafórico, perseverante y perpetuo esfuerzo de subir la roca al monte. Igual que Sísifo, el género humano persiste buscando esa verdad transformada —de forma intrínseca y ya casi vencido el trance racional— en otra conjetura. Se inicia así un bucle imperecedero, probable culminación del castigo ontológico debido a nuestra codicia por conocer lo ininteligible: el ser y la vida misma. Toda ciencia puede considerarse un eterno retorno al inicio, aunque algunos apuntes sirvan a estructuras ulteriores sin que lleguen a formar por sí mismos esencia científica.

Popper, a estos efectos, concluía: “La ciencia no puede poseer la verdad absoluta y sus enunciados no son verificables ni probables, sino falsables”. En otras palabras, de la ciencia solo puede probarse su falsedad; por tanto, es pura conjetura, un conocimiento sin avalar. Creo que nadie, hasta la fecha, ha desmentido tal idea con argumentos concluyentes. Semejante certidumbre eclipsa ciertas “verdades reveladas” relativas a los actuales debates originados por la pandemia vírica sobre dimensión, perfiles y enfoques. Pueden concebirse con el empuje, no exento de humildad, que la gravedad requiere. Sin embargo, el marco en que se asienta toda exigencia viene acompañado de un oscurantismo despectivo más que irregular. Parece evidente que la fórmula esquiva acallar alguna voz discorde, probablemente para juzgarla prototípica cabeza de turco.

Cualquier democracia depurada, decente, protege la libertad de opinión y expresión sin respaldos ni agresiones dirigentes, mediáticos o sociales inducidos. Hacer una causa general, inquisitoria, de cualquier sentir —incluso desordenado o extemporáneo a priori— constituye un precedente grave, de consecuencias insospechadas, por excesivo esmero o celo posterior. Justificar resoluciones y movimientos, hacer leña del supuesto árbol caído, conforma un escenario conflictivo, sin limitaciones nítidas. Hoy se persigue a quien atenta hipotéticamente contra la salud grupal, mañana quizás estorbe el drogodependiente que acosa la seguridad y bienestar ciudadano. Agotarán tal lista con los jubilados, un estorbo social y económico de primera línea. La “cata”, esa incisión que hacen los inexpertos al melón para ver si está maduro, impulsa su deterioro, putrefacción e inhabilita el consumo. Lo sé por fatal experiencia en mis años mozos. Así de claro.

Hago verdaderos esfuerzos y no hallo motivos para impulsar la agitación del gallinero hasta extremos insospechados. Reconozco el eco que suscita la señora Abril, pero ni su mensaje, ni su poder, tienen enjundia suficiente para producir un alarmismo furibundo. He diseccionado con rigor las palabras de doña Victoria y, fuera de alguna indiscreción de dudosa certidumbre, podría suscribirlas yo mismo (incluyendo rúbrica) básicamente en relación a las vacunas, reseñas y precipitación. Me produce perplejidad, y ya es difícil, cómo el personal comulga con ruedas de molino que ponen a su alcance responsables políticos y medios sin conciencia. O pensamos un poco o estos aventureros nos llevarán definitivamente al páramo sanitario y económico, como mínimo. Presuntos expertos (asiduos a lo políticamente correcto y desde las primeras castañas) negaron los efectos del coronavirus —sin “levantar” tanta polémica— por oscuros impulsos. Tomar medidas a destiempo, según indica algún informe, generó decenas de miles de muertos.

Sé, desde años, que este es el país del púlpito y de la proclama, pero dentro de un orden. Quien esté adscrito al “sanedrín” puede decir verdades monstruosas, tóxicas, dañinas, sin que el sismógrafo nacional anote oscilación alguna. Si acaso fuera intruso, su sacudida excedería la escala Richter. El asunto Victoria Abril es prueba contundente. Medios, sanitarios de alto nivel, ciudadanos voluntariosos e irreflexivos y artistas del cazo con dilatado repertorio, se arrojaron sobre ella ávidos, inmisericordes, ayunos de contrición. Renovaron su sentencia: “Lo que la naturaleza no da, Salamanca no lo presta”. Me ha causado desconcierto asimismo que el ejecutivo quedara mudo. Como decía la Bombi, ¿por qué será? Creo mucho más peligroso, debido al escaso crédito, excesivo poder y graves secuelas, palabras —cuando no hechos— de gobernantes ligeros de labia y torpe cautela. Ejemplo bochornoso son las frases de Irene Montero cuando cuestiona la utilidad monárquica mientras abre un horizonte republicano por haberse vacunado las infantas. Oportuno, ahorrativo, sería inquirir antes su conveniencia y provecho como ministra.

Súbitamente, quizás esperando la ocasión como el Chicho (bromista amigo de mi padre), ha aparecido un vocablo que rompe moldes semánticos: negacionismo. Se usa para indicar cierta actitud peyorativa, cuando solo esboza alternancia contraria. El negacionista es “afirmacionista” de lo contrario en un plano individual. Tener seguidores o no escapa a la voluntad de quien afirma o niega haciendo uso de su libertad de expresión sujeta a las leyes en vigor. Al igual que facha o fascista, negacionista constituye la forma de exclusión —y campo de exterminio político-social— para quienes se atreven a rechazar el pensamiento único, hegemónico; hoy, referido a la pandemia. Son fácilmente reconocibles porque (al contrario) suelen tener poder, se autodefinen demócratas a machamartillo y se dicen luchadores por la libertad de expresión. Sí, la suya.

Tal vez estemos en un escenario donde se nieguen demasiados bienes esenciales; no a nivel conceptual e íntimo sino grupal y gubernativo. La ciudadanía, presa de pavorosa indolencia, niega —sorda, ciega, domesticada— cualquier atropello, desliz u oprobio que proceda del ejecutivo. Este, que niega todo sumido en la arbitrariedad y el caos, me recuerda la anécdota del ciego (Podemos) y el lazarillo (PSOE) con aquel diálogo: — ¡Lázaro, me estás engañando! —¿Por qué, señor?— Porque habíamos pactado comer las uvas de dos en dos; yo las tomo de tres en tres y tú callas—. Ignoro, a estas alturas, si el curioso diálogo invade la narración pícara o forma parte de la picaresca hecha gobierno.

jueves, 25 de febrero de 2021

PAPEL Y PODER DE LOS MITOS

 

Desde siempre, el ser humano mortal ha intentado una conexión trascendente o eterna. Probablemente tal demanda fuera origen del mito en amplias y variadas perspectivas. Los primeros de ellos, anexos a esa necesidad imperecedera, debieron ser rituales religiosos y funerarios acordes con manifiestas avideces inmortales. Así se desprende de distintos objetos (que pudieran servir para la hipotética “mudanza”) encontrados en necrópolis con más de tres siglos de antigüedad. No en balde, los mitos siempre pretendieron —en forma de relato imaginario— explicar el origen de las cosas o códigos conductuales. Parece incuestionable el apoyo y amparo que debió sentir el hombre, confortado por aquellos, para minimizar angustias y evocaciones, sospecho todavía livianas, connaturales a la especie.

Es evidente que los mitos, comunes a civilizaciones destacadas, tuvieron originariamente un componente religioso. A poco, se fueron humanizando apareciendo una compleja colección de dioses, dioses menores y sus hijos: titanes, ninfas, héroes, que sirvieron al hombre para salvar barreras y abandonos. Nuestra cultura greco-romana fue cuna de mitos valiosos para lograr concordia en aquellos tiempos sombríos. Ignoro si Zeus, Afrodita, Dionisos o Cronos, dioses del mundo, amor, holganza libertina y tiempo en Grecia compensaron algo a los griegos aliviando angustias vitales similares a las presentes, guardando distancias debidas. Desconozco, asimismo, si Minerva —diosa romana de la inteligencia— realizó iniciativas destacadas (para bien o para mal) guiando decisiones e ingenios cabales. Temo que su tacañería estuviera en línea con el momento actual.

Perdida toda pureza social, pero no suspicacia, aquellos mitos diligentes, benefactores, gratuitos, se han transformado en quincalla, fantasía inmoderada y onerosa. El hombre conformado por un estadio real, irrebatible, (vida terrena) y otro hipotético (trascendencia que evita la razón del absurdo vital) es víctima por igual de “santones” —denominación particular y actualizada de los mitos— surgidos al socaire. Casi a la par emergieron unos y otros exclusivamente personalizados, con mayor o menor brillo porque la seducción proviene de un arraigo secular no de su valor, a duras penas objetivable. Fuera de aquella época clásica, el Sacro Imperio Romano Germánico convirtió la Edad Media en un sincretismo mitológico al conjugar lo terrenal y lo religioso imbricados según exigiera la coyuntura. Señores feudales y eclesiásticos destacados compartían poder y pleitesía; herencia acorde con los usos consuetudinarios, pero con incipientes signos de repudio.

Verdad es que la Iglesia Católica ha concentrado el mito religioso en un solo Dios. Tal observación, condensadas las zozobras, roto el cautivador arrebato de tiempos pretéritos, ha hecho que cambiemos —tal vez maticemos— ciertos perfiles sin abandonar ninguno de los contenidos clave. La Iglesia, que como institución se convierte en puro contrasentido, sigue indicando aquel camino religioso para idealizar una vida perpetua, alentadora dentro de su límite terrenal. El escepticismo surge (aparte diluir apremios espirituales) al comprobar que hoy no hay Olimpo, que aquellos dioses sin tacha han mutado en hombres menguados de virtudes; incluso llenos de extravíos mundanales. ¿Niego así la existencia de religiosos íntegros, consagrados por completo a sus congéneres? En absoluto, expreso unos sentimientos firmes, sólidos, aunque opuestos a los observados por mis deudos maternos, con alguna excepción.

Cuando la vida se circunscribe a un horizonte inmediato —a veces incierto, decadente, caótico— el individuo desorientado se entrega a mitos comunes, anodinos, si no frustrantes. Cada cual echa mano de los que le ayudan a vislumbrar ilusorias realidades o subsistencias legendarias. ¿Quién no se sintió Pedrín (compañero de Roberto Alcázar), el guerrero del antifaz o el capitán trueno, en sus años infantiles? Con los tiempos, acabado el ardor émulo, aparecían personajes de carne y hueso capaces de ayudarnos a recorrer de forma virtual senderos y trochas. Elogiamos a deportistas, toreros, cantantes, etc. en fin, personajes preclaros cuya admiración y ejemplo mitigan hambres íntimas, aunque luego resultaran difíciles de digerir y provocaran amargos desencantos. Finalmente, a cierta edad, uno solo siente apego por Esculapio, dios romano de la salud.

Quede claro que mis estimaciones son aplicables —de forma singular— a quienes nacimos en los cuarenta o cincuenta del siglo pasado; individuos marcados, casi a fuego y mayoritariamente, por un estoicismo vigoroso, cauto. Aquellos viejos mitos que satisfacían nuestra infancia provenían de héroes de viñeta, junto a descripciones, principios e iniciativas que nos impregnaban los allegados con humildad no exenta de paciencia y entrega. Ahora (perdida toda influencia, sometida al efecto devastador de una reacción involucionista), la sociedad se decanta por abandonar los mitos para instruirse con prototipos indigentes e indocumentados que llevan irremisiblemente a la miseria y al caos absoluto. Lo curioso es que son modelos superados, caducos, obsoletos, cuyo fracaso se sigue ocultando, con eficacia insólita, de manera incomprensible.

Etiquetas: progresista, facha, antifascista; conceptos: progreso, feminismo, cambio climático, extremo; personajes: Iglesias, Sánchez, Bárcenas, Hasel y una extensísima baraja, conforman a la sazón celebridades, estrellas, que provocan obtusos índices de acatamiento o movilización. Quizás pueda advertirse, al fondo, un elevado índice de cretinismo. He expresado en varias ocasiones, y lo repito, que los regímenes totalitarios, tiránicos (aparte los de nuevo cuño), poseen un cimiento socialista. Lenin y otros cabecillas bolcheviques provenían del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia. Mussolini era afiliado al Partido Socialista Italiano. Hitler era miembro del Partido Obrero Alemán, con posterioridad Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán. El capitalismo, a lo sumo, ha producido sistemas autocráticos de mayor o menor crueldad según el proceder del caudillo autócrata. Espero que la Historia esté ayuna de controversia argumental. ¡Hasta ahí podíamos llegar!

Me parece increíble que un individuo juzgado y condenado pueda provocar manifestaciones que terminan en barbarie y saqueo. Comparto la falta de futuro que se cierne sobre un amplio sector de la población, pero ¿por qué asentar esas reivindicaciones en la libertad de alguien y encubrir su germen real? ¿Por qué no se intenta detener gestiones politizadas e ineficaces en áreas correspondientes a salud y economía? ¿Por qué no se pone coto al enorme despilfarro en nepotismo y “puertas giratorias” de empresas públicas? Estos mensajes, según compendios elementales de la praxis revolucionaria, serían lemas razonados en manifestaciones que motivaran la mejora de sus expectativas, pero no (que también si fuera preciso) pedir libertad de expresión, verdadera zanahoria colgada al extremo del palo. ¿Alguien entienda que el PSOE —coaligado con Unidas Podemos, partido de extrema izquierda— pida al resto un cordón sanitario contra Vox? Estos mitos recientes, políticos, “democráticos”, nos llevarán al abismo.


viernes, 19 de febrero de 2021

EL GALIMATÍAS CATALÁN

 

Las elecciones catalanas han copado masivamente cualquier comentario mediático. Venían precedidas de opiniones discordantes, algunas variopintas sin que por ello fueran inoportunas. Quizás juzguemos razones cruciales la pandemia y esa presunta estrategia gubernamental para que el PSC (al fondo PSOE) obtuviera un resultado acrecido —corto para cambiar nada en Cataluña— y hacerle cómoda al presidente esta legislatura que se presenta espinosa. Sánchez maneja a personas, Autonomías y objetos, sin importar consecuencias, si obtiene con ello réditos políticos suficientes para enrocarse en La Moncloa. Ese es su exclusivo anhelo por encima de cualquier otro interés o consideración. Proclama, como los demás, que trabaja por el bienestar de los españoles, pero las acciones habituales muestran cuánta falsedad hay en sus palabras. Asimismo, hasta el momento, no conozco sigla veraz; si acaso Vox, por insuficiencia de datos empíricos.

Avanzado el escrutinio electoral, también al siguiente día, los medios audiovisuales pergeñaban un completo cúmulo de análisis apresurados, vagos, superficiales. Distintos comentaristas iban desmenuzando ocurrencias bajo el perfil dictado por su ideología o lucubraciones voluntariosas, improvisadas, intuitivas. Incluso, temo con base consistente, guiadas por afán lisonjero, pelota. Comparando datos de dos mil diecisiete con los últimos comicios, tenemos información precisa que pone en riesgo valoraciones hechas de forma precipitada. Estas reseñas indican que han votado muchas menos personas. Un millón quinientas mil abstenciones y doscientas mil por disminución del censo electoral. Tales cantidades trastocan cualquier análisis inmediato, aunque el reparto de escaños lo simplifique en gran medida ofreciendo apariencias ficticias e ilusorias.

Los medios afirman sin complejos que el PSC ha resultado vencedor sin paliativos. Falso, ha recogido la suma de varios imponderables para aparecer triunfador a todas luces. Veamos: en dos mil diecisiete obtuvo seiscientos seis mil seiscientos cincuenta y nueve votos y diecisiete escaños. El pasado domingo tuvo seiscientos cincuenta y un mil veintisiete votos y treinta y tres escaños. Es decir, cuarenta y cuatro mil trescientos sesenta y ocho votos le proporcionaron dieciséis escaños. O sea, obtiene un escaño más por cada dos mil setecientos setenta y tres votos. ¿Milagro? No, aunque despliegue peculiaridades propias; sin más, simple suma de casualidades propicias. Por desgracia para Sánchez, todo su esfuerzo —y plan trazado con antelación— no dieron ningún resultado por sí mismo. Cualquier candidato, probablemente, hubiera conseguido parecidas rentas. 

Estos números hacen inobjetable que ningún partido, salvo Vox (doscientos diecisiete mil trescientos setenta y un votos), ha aumentado su cosecha. PSOE y CUP obtienen resultados parecidos (casi calcados), Podemos pierde cien mil y PP ochenta mil. El desastre se ceba en el independentismo (ERC y JxCAT), que pierden entrambos más de setecientos catorce mil votos y en Ciudadanos, novecientos cincuenta y dos mil doscientos. Diría que casi la totalidad de todos ellos conforma la abstención cuyo aumento asciende al cuarenta y seis, coma cuarenta y cuatro por ciento. Lo dicho constituye una situación indubitable: en estas elecciones catalanas hay dos ganadores, abstención y Vox, junto a tres perdedores, Ciudadanos, JxCAT y ERC. Cualquier otro análisis, buscando una óptica oportuna, es ganas de rizar el rizo. Abstinencia y aturdimiento se han dado una mano fortuita para favorecer a Sánchez.

La alta abstención desafía toda legitimidad a cualquier gobierno que pudiera formarse tras estos resultados. PSOE y ERC empatan a treinta y tres escaños. Sigue JxCAT con treinta y dos seguido de Vox que obtiene once. Sin embargo, la ley electoral, como he mencionado, tiene notables déficits democráticos (junto a misterios insondables) para sonrojo de PSOE y PP. Aparte lo dicho del PSC, en estas elecciones catalanas ERC pierde trescientos treinta y tres mil votos ganando, pese a ello, un escaño. JxCAT contabiliza trescientos ochenta y un mil votos menos, pero solo disminuye dos escaños. Ciudadanos decrece novecientos cincuenta y dos mil votos y treinta escaños. Consecuencias, todas ellas, injustas e incomprensibles. De aquí, múltiples interpretaciones erróneas. Comentan, verbigracia, que el PP ha sufrido un descalabro extraordinario, apostilla a todas luces excesiva.

¿Y ahora qué, quién va a conformar el gobierno catalán? Tan compleja respuesta, y ausente la bola de cristal, solo cabe dejar que el azar resuelva este galimatías con la esperanza de un acomodo solvente. Me aventuraré, no obstante, a dar algunos pasos por este laberinto nebuloso. Resucitar el tripartito, apetecible deseo de sus tres líderes, parece imposible desde el marco catalán, asimismo nacional. Coaligarse ERC con PSC y Podemos, daría en el futuro una ventaja de oro a JxCAT. Por otro lado, considerando vasos comunicantes la acción del PSOE en Cataluña y resto del país, puede suponerse un descalabro del mismo en próximas convocatorias generales. Lo mismo ocurre con el país vasco y PNV. Sánchez querría, en ambas autonomías, deshacerse de la derecha soberanista y nacional, pero debería pagar un peaje inasumible. Eliminemos el tripartito.

Queda, aparte otras elecciones anticipadas, un gobierno de coalición entre ERC y JxCAT con apoyo, tácito o expreso, de CUP o Podemos solo numéricamente necesario. Esta perspectiva tampoco cuenta con complacencia plena de ningún socio. ERC se ha vuelto más comedida, juiciosa. Ha cambiado su apuesta de la DUI (declaración unilateral de independencia) por una Autonomía amplia, completa, sufragada con dinero estatal. Le interesa mantener buenas relaciones con el PSOE, apoyar a Sánchez, mientras reclama compensaciones importantes, asimétricas. A nivel interno, catalán, le va bien apodarse “izquierda progre” —una paradoja ideológica— para conseguir los mayores frutos electorales en cualquier tipo de campaña. JxCAT, sigla que integra la burguesía catalana desaparecido su germen PDeCAT, recoge el independentismo radicalizado porque, al igual que su coaligada, es su única doctrina — también paradójica— de supervivencia.

Termino con una consideración y una obviedad. Los medios, en inmensa mayoría, glosan al PSC por su éxito destacando, al tiempo, el descalabro morrocotudo del PP. Puro embuste según los datos consignados en párrafos anteriores. He oído que el epílogo catalán no es extrapolable al resto de España. Craso error, comparable al cometido por Casado cuando decide abandonar la sede nacional del PP. Tal resolución significa, más allá de excusas inverosímiles, el reconocimiento de probable “sorpasso” por parte de Vox en las siguientes elecciones generales y la infracción del partido respecto a contabilidad irregular, cuanto menos. Casado, al igual que otros muchos líderes incluyendo a Sánchez, no sabría gobernar este país en beneficio de sus habitantes. Tiempo atrás pensaba que era imperioso su concurso a fin de apuntalar el centro-derecha español. Estaba equivocado; es un dirigente oculto, torpe, inhábil para sacar a España del marasmo actual.


viernes, 12 de febrero de 2021

JUECES Y FONDOS UE

 

No extrañará a nadie que personas con cierta edad hayan perdido toda capacidad de asombro; yo, al menos, la he descuidado. Parece lo más razonable después de tolerar tanta extravagancia y sinrazón sin decir pío siquiera. Leída la sentencia contra Francisco Zugasti, condenado a siete meses de cárcel por “delito de atentado a la autoridad”, me parece un fallo judicial asimétrico respecto a otros de similares características y mayor consistencia en los hechos. Ignoro qué razones puede esgrimir el ministerio del interior para poner decenas de guardia civil o policía vigilando el chalet/mansión del vice y acotar espacio común; ambas coyunturas propias de países bananeros, dictatoriales. Más si cabe, en circunstancias normales, con inexistencia de escenario terrorista. ¡Qué quieren!, me parece un abuso indudable de poder, si no prevaricación tácita. Silencio, y cobertura oficial, no implica ausencia probable de acto delictivo. Demasiadas irregularidades protagonizadas por un ejecutivo desaforado.

Creo que —además de cambiar el miedo de bando, al decir de Iglesias— constituye un desiderátum jurídico priorizar derecho positivo sobre su superior, derecho natural. Desde hace tiempo se advierten resoluciones judiciales sustentadas exclusivamente en textos legales, cuyos cimientos son concebidos por gobiernos específicos, sujetos a mayorías parlamentarias inestables. Tal situación hace del derecho positivo (y la ley que lo sustenta) algo particular, temporal e interpretativo; es decir, sometido a subjetividades o barreras racionales. El derecho natural, por el contrario, lo conforma un conjunto de principios y valores que se encuentran en la conciencia del hombre. Es universal, inopinable y eterno. Noam Chomsky proclamaba: “El control autocrático centralizado bien por las instituciones del capitalismo privado, bien por el capitalismo de Estado, han sido un destructivo vestigio de la historia”. Justifica, por ende, la insurrección contra las leyes contrarias al derecho natural. Nada que alegar, totalmente de acuerdo.

Francisco Zugasti (al que el Diario.es lo encasilla como “ultra” con intención peyorativa, propagandística), que se sepa, no ha merecido ninguna manifestación, desorden público ni apoyo político. Isa Serra, condenada a diecinueve meses de cárcel e inhabilitación por injurias y lesiones a dos mujeres policía en abril pasado, recibió el apoyo incondicional de Unidas Podemos mientras se instaba a dudar de la imparcialidad del TSJM. Bonito gesto “ético” hacia un acto delincuencial. Lo mismo ha ocurrido recientemente con sentencia condenatoria que la Audiencia Nacional realizó sobre Hásel a nueve meses de prisión por enaltecimiento del terrorismo e injurias y calumnias a la monarquía. Esta vez acompañada de graves desórdenes callejeros. Parece que a la izquierda no le advienen desapercibidos circunstancias ni antecedentes, eso que los jueces dan por amortizado y que podríamos denominar “perspectivismo jurídico”, previsiblemente recogido en el derecho natural, nunca a guisa de excusa sino como criterio procedente. Sin duda, lo ruin es la vara de medir que utilizan determinados grupos.

Dicho lo que antecede, existen excesivas dudas sobre si el ejecutante ha de ser ministro o subsidiario judicial; tal vez corresponda a ambos cargar con la abstención u holganza. Mossos, publica un diario, denuncian que se les dio orden de no cargar contra radicales que agredieron a Vox en Vic durante la campaña electoral. España presenta una situación deplorable, corroída por odios y enfrentamientos que nuestros prohombres se encargan de potenciar al máximo para obtener ventajosos beneficios. Golpeados por esta terrible pandemia (con nauseabunda e indecisa gestión) y hundida la economía, precisaríamos unir fuerzas para mitigar, como poco, ambas coyunturas. Sin embargo, se imponen espurios réditos partidarios mientras mandan a hacer puñetas —nunca mejor dicho— el bienestar social. Se está componiendo un país cleptómano, insólito, inconcebible.

Por mucho que la propaganda gubernamental quiera ocultar, sobrecoge una realidad empírica sufrida por gran cantidad de españoles: no tenemos ni un euro. ERTEs, IMV, asimismo otros cuentos narrados a PYMES y autónomos, no han disminuido las colas del hambre. No un hambre genérico, de oleada (que también), sino uno específico, con filiación ilustre, porque esta crisis supera las clases medias fatalmente depauperadas.  Estamos al borde de una sociedad subsidiada, objetivo apriorístico del viejo y nuevo comunismo. Ahora mismo, el gobierno —o parte de él— intenta paliar tal marco con soluciones oscuras, postizas, inaceptables. Condonar trescientos mil millones de deuda soberana, subida de impuestos “a los ricos” y “gestionar” ciento cuarenta mil millones de fondos europeos. Cualquiera implica, con perdón, salida de bombero. Cabe, no obstante, una pregunta: ¿A cuánto ascenderán, presuntamente, las distintas comisiones?

Durante dos años y medio que lleva este gobierno, la deuda ha aumentado doscientos cincuenta mil millones de euros; es decir cien mil millones por año. Zapatero, a lo largo de ocho años apenas la amplió en noventa mil millones. Rajoy consiguió elevarla solo en cincuenta mil millones por año. Imaginando reales estos datos, deducimos que Sánchez es un manirroto. Sonroja, pues, que el gobierno haya pedido tan elevada quita para compensar una gestión desastrosa y sombría. Ante el fracaso de esta primera medida, le queda —como segundo recurso— una subida generalizada de impuestos oculta bajo ese biombo tramposo de “a los ricos”. Significará, sin duda, el hundimiento definitivo de la economía patria. Estos señores han venido con ambición manifiesta, a no permitirse ningún límite trazado por la moral y las buenas costumbres. ¿Por qué no disminuyen el gasto para equilibrar haber y debe? ¡Gilipollas!, rumian sin reminiscencias éticas.

El Decreto que solicita fondos UE necesitaba una condición sine qua non (aprobación por el Parlamento Nacional) y algunas otras discutibles jurídicamente. En tiempo electoral no hay amigos y ERC votó contra el PSOE. Pero hete aquí que un sorprendente Vox se abstuvo y el gobierno mereció el plácet reglamentario para solicitar esos ciento cuarenta mil millones de euros sin contraprestación. Es decir, pudo incumplirse la Ley Orgánica del Consejo de Estado al no constar el decreto por el que se pidió ese informe; Ley del Gobierno, al no enviarlo al Parlamento y Ley de Transparencia al no publicarlo en el Portal de Transparencia de la Administración del Estado. Lo peor: Sánchez queda libre para repartirlo arbitrariamente. Esperemos que no aplique aquel viejo refrán: “El que parte y reparte, se lleva la mejor parte”. Europa no se fía de Sánchez, menos de su amigo vice.

Por cierto, la opinión de un comunista radical, autócrata, sobre democracia tiene el mismo valor que si yo diserto sobre física nuclear. Ninguno sabemos de qué hablamos. “En España no hay una situación de plena normalidad democrática” es una frase boba, necia, snob; casi tanto como decir que gozamos de una democracia plena, asentada, moderna. La estupidez humana abunda por doquier sin ubicación concreta y sin remedio.