viernes, 10 de agosto de 2018

INQUIETUD POR UNA DEMOCRACIA AGONIZANTE


España es un país casi estéril en oportunidades presuntamente democráticas; asimismo, han desaparecido de forma prematura cuantas surgieron. Ahora disfrutamos de la más longeva, pese a su cada vez más objetada eficacia, aunque se advierte cercano el final. Este tipismo idiosincrático que nos domina, ese fiero individualismo acérrimo que acogota cualquier atisbo de convivencia, aquel complacer a todos, ha impedido conformar un sistema de libertades sólido. Tal vez, su complexión dispar, una sociedad indolente y unos políticos que centran sus esfuerzos en vivir a costa del erario público, conformen la entraña del enigma.

Ajeno a la política, tampoco me someto a ningún medio de comunicación abierto o no al subsidio. Inmune a etiquetas, expongo mis opiniones sin miramientos; es decir, soy políticamente incorrecto. Reparo, desde hace tiempo, que se difunden las mayores barbaridades sin que nadie -tal vez una audaz minoría- disienta con precisión entre tanto promontorio de ignominia e ignorancia progre (voluntaria o no). Imagino estrategias del marxismo rancio las utilizadas para crear determinada conciencia y proveer así la posterior desvertebración social. Al mismo tiempo se abren brechas que incapacitan cualquier acción reformadora. No son conscientes de su derrota ideológica y persisten en una tribuna inútil. Se empieza por engendrar desconfianza y se termina por instituir grupos antitéticos, enfrentados, beligerantes.

Mantengo que la izquierda, más o menos ultra, se ha quedado sin doctrina en un marco capitalista. Dicha coyuntura le lleva a un absurdo proceder anticapitalista -que le aleja del poder- o a un histrionismo gestual, litúrgico, que resulta beligerante, clarificador e inocuo. Sé, ellos también, que la retórica de las dos Españas, les proporcionan pingües beneficios electorales; eso sí, cada vez menos. La gente, dentro de su buena fe, se da cuenta del papel lacayo que le ha asignado el poder y lo rechaza día a día. Como dijera aquel, ya era hora. El Estado debe tener como único objeto salvaguardar los intereses colectivos y personales. Lo demás es contaminación, despropósito, abuso, por no decir tiranía. ¿Cómo califica usted, amigo lector, el nuevo trabajo de la señora Sánchez? Un bochorno político, cuanto menos.

Ante la artificial polémica desatada por la exhumación de Franco, permítanme unas referencias históricas. Lenin, en mil novecientos dieciséis, proclamó el derecho de las naciones a su plena autodeterminación; derecho que se levantaba sobre decenas de miles de cadáveres sin ningún derecho. Pese a ello, Rusia sofocó la revolución húngara, en mil novecientos cincuenta y seis, ocasionando casi tres mil muertos. Posteriormente, durante el año mil novecientos sesenta y ocho, invadió Checoslovaquia con centenares de miles de soldados y miles de tanque, sofocando toda esperanza de libertad. Excuso valorar si tales acciones fueron dictatoriales o democráticas en origen y consecuencias, pues hablan solas. Por cierto, Rusia tiene más de seis mil estatuas de Lenin y algunas de Stalin de quien Nikita Jrushchov (sucesor suyo) reconoció numerosos crímenes y culto a la personalidad. Existen también estatuas de los zares. Razón que convence: “Es Historia”. Nosotros estamos empeñados en liquidar la nuestra.

A Franco -hoy, pasados años sin tanta animadversión- se le considera sanguinario asesino, mayoritariamente por quienes no vivieron la dictadura. Yo, nacido en mil novecientos cuarenta y tres, viví su práctica totalidad. Hasta principios de los años cincuenta se sufrió la guerrilla denominada maquis (que perturbó a la sociedad y al régimen) siendo excluido, además, por los países surgidos tras la Segunda Guerra Mundial. Esto le llevó a una autarquía planificadora, autoritaria. No obstante, fuera del Proceso de Burgos y las ejecuciones de mil novecientos setenta y cinco, a nivel de calle no pudo apreciarse actitud tiránica ni sanguinaria. Es probable que, en círculos específicos, acaecieran aspectos desconocidos para el ciudadano corriente. Vislumbro cierto afán por reescribir una Historia imaginaria, ácida. A su muerte, y es algo incontrovertible, surgió un hervidero de vividores al amparo de esta sociedad inane. También al abrigo de complejos bastardos y odios pertinaces a partes iguales.

Tuve un deudo colateral, anarquista, que hizo las milicias en el bando republicano. Cuando preparé la documentación para que mi tía cobrara como viuda de militar republicano, leí la sentencia: “Condenado a muerte por adhesión a la sublevación y conmutada la pena por cadena perpetua”. Al final, estuvo ocho años preso en el penal de Ocaña. La justicia es un don de dioses debido a su complejidad, la venganza constituye una lacra humana por su ensañamiento. Prefiero pensar, y no en causa menos visceral, que esta fue la razón de muchas muertes tras el enfrentamiento fratricida. Sé que otros fueron juzgados y ejecutados con oscuro fundamento jurídico; similar, desde luego, al obrado en una hipotética victoria del bando republicano.

Respecto a denominar demócrata a quien luchó contra Franco -en ocasiones señalados interesadamente como antifascistas- he de observar que, por orden de Stalin, se organizaron las Brigadas Internacionales y malicio que nadie lo tome como ejemplo de demócrata o antifascista. Poca gente (en conciencia, con disposición) se adscribió al bando republicano sin que tal decisión confiriera ningún crédito especial. La mayor parte, me consta, luchó sin ideología, obligatoriamente, según la zona de ubicación. Es probable que esa fuera la eventualidad por la que el régimen gozara de tanta aquiescencia social. El antifranquismo se ha exagerado tras la muerte de Franco. A partir de los acuerdos bilaterales con EEUU. la exigua oposición que tuvo (contubernio de Munich, en mil novecientos sesenta y dos, donde Salvador de Madariaga afirmó: “Hoy ha terminado la Guerra Civil”) nunca temió por su vida.

Una periodista -sectaria, adscrita al progresismo político y mediático, imbuida de esa falsa superioridad ética- en un debate polémico, le espetó a su contrincante interlocutor: “Yo no le permitiría hablar”. Tal vez esa disposición a la censura, el añejo síntoma totalitario (alimentado por mentes insensatas, tiránicas) destaque sobre tan intolerante reacción.  Quizás en otro momento, menos suave, le hubiera negado la vida. Cuando el odio se adueña del entorno -en estos instantes- la democracia padece una enfermedad incurable. Estupidez supina y enfrentamiento nos retrotraen al pasado. Como siempre, perece la libertad asesinada por quienes aseguran defenderla.

La izquierda radical, ultra, cimienta su ecosistema con mentiras, propaganda y demagogia, no exentas de violencia. Pone en grave riesgo cualquier sistema de libertades.

viernes, 3 de agosto de 2018

POLÍTICA ULTRA


Llevamos tiempo en que los oídos sociales sufren una agresión injusta, falaz, repulsiva, aplicable a cierta izquierda carente de toda compostura democrática. Entre una superioridad ética inexistente -autoaplicada al marxismo, más o menos radical- y el complejo manifiesto del PP, hoy abundan las etiquetas tóxicas, perversas. Ignoro cuál puede ser la causa concreta, pero no veo motivos objetivos para ello. Antes, destacaba el vocablo “facha” proveniente de la Revolución Rusa para definir a quienes no comulgaban con el bolchevismo. Ahora, perdido su vigor juvenil, se le sustituye por un sinónimo jovial en apariencia: “fascista”. Incluso las formas alejan cualquier posibilidad de concordia por su similitud con un grosero ademán expectorante.

A la par -como técnica abrasiva, agresora- avanza, cual torrente fragoso, un epíteto grueso, casi infame: “ultra”. Procedente también de la izquierda totalitaria, desea enmarañar la semántica al objeto de confundir el dinamismo social. Aquella famosa frase: “Al pan, pan y al vino, vino”, ha sido difuminada por una estrategia añeja, al punto que es difícil distinguir pan y vino. Nos salva de caer en manos de populismos y demagogias esa imbricación que origina el mundo globalizado. Ética y estética van diluyéndose a la misma velocidad con que surgen los afanes espurios de quienes se hacen con el poder, incluso utilizando formas exquisitamente democráticas. Consiguen así colmar ambiciones personales, pero a medio plazo deterioran el partido.

Nadie queda exento de culpa o responsabilidad. Los líderes, porque imponen una omnipo-presencia en ocasiones poco convincente y menos oportuna. Las bases, actuando sin honestidad, al albur de intereses extraños a la finalidad requerida. Uniendo estas y otras excentricidades, consentidas en silencio, terminamos aceptando cualquier desnaturalización del sistema. Luego, marchitos los sopores del letargo, les dedicamos un agresivo rosario de atributos ciertos; quizás algo inmoderados. Constituye el famoso derecho al pataleo tan estúpido como ineficaz. Eso sí, sigue siendo un consuelo al ser mal de muchos. Por lo menos, todavía no ha creado un estado de desasosiego y desesperanza notables.

Ultra, según el DRAE, refiere una actitud radical que se da en ciertas clases o movimientos sociales, no identificable con doctrina o ideología concreta. Parece evidente, a la luz del concepto, que solo doctrinas o grupos revolucionarios podrían ser tildados de “ultras”. En los dos últimos siglos europeos, quedan los tales -estrictamente hablando- limitados a la izquierda marxista complementada por fascismos y nazismos. Resulta, por tanto, falsa dicha etiqueta cuando se refiere a grupos o partidos ajenos a los descritos; difunden mensajes emponzoñados, insalubres, que se nutren de corrupción semántica.

Revisando someramente la revolución rusa, tanto bolcheviques como mencheviques pertenecían al Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia. Los primeros, comandados por Lenin, radicalizaron sus posturas revolucionarias adoptando un enfoque ultra. Asimismo, el grupo menchevique (comandado por Mártov) deseaba cambiar la sociedad de forma natural, moderada, prudente. Vencieron las tesis leninistas suministrando un frente ultra que marcó desde entonces el talante marxista-leninista. Todavía hoy -tal vez con mayor empuje- las doctrinas anejas a la revolución rusa, leninismo-estalinismo, persiguen una radicalización en los planteamientos que retrotraen a épocas felizmente caducas. Esta circunstancia, engendra el aislamiento general de la izquierda en Europa septentrional. También, curiosamente, en algunos que tiempo atrás formaban parte del intitulado Pacto de Varsovia. Solo aquellos países míseros de la UE, denominados PIGS, mantienen a la izquierda, más o menos ultra, en sus respectivos gobiernos.

Por todo lo expuesto, la derecha (conservadores, liberales, demócrata-cristianos) -en puridad- nunca puede ser acusada de “ultra” sin abordar la falacia o la manipulación. Pueden existir grupos específicos partidarios de acciones correctoras que no agraden a otros, también definidos, ambos lindantes o adyacentes con procederes fascistas, cuando no abiertamente totalitarios. Observemos el Frente Nacional francés, Liga Norte italiana y Cinco Estrellas, también italiano. Los dos primeros se acercan al fascismo de tinte moderno; el último, al populismo marxista actualizado. Hemos de tener claro que brotan doctrinas radicales cuando las crisis económicas crean un estado de shock social. En esta coyuntura, las democracias liberales cayeron en descrédito y emergieron sombrías dictaduras que mostraron total capacidad de resolución tras la crisis del veintinueve. Se pagó un peaje muy sangriento, pero es un hecho empírico, irrefutable. Jamás en otras circunstancias.

Sánchez, en su desorientación e inepcia, practica una política radical, importuna. Ayuno de proyecto para solventar las congojas ciudadanas, abraza al estilo Zapatero los peores tics del gobernante necio. A cambio de lucir zafiamente una presidencia alfeñique, mínima, átona, se ve obligado a realizar la cuadratura del círculo. Debe mostrarse siniestro, sin matices, y catalanista con pocas enmiendas. Semejante escenario le lleva a destapar las esencias de la intriga y a actuar en consecuencia. Espectacular receptor de migrantes, agita la exhumación de Franco y acuña a Ciudadanos y PP el precinto ultra. He aquí, aparte dedo selectivo y falcon, las únicas hazañas de nuestro presidente.

La sociedad debe evitar caer en las múltiples trampas lingüísticas. Hablar de la derecha “ultra”, o ultraderecha, constituye un postizo manipulador, miserable. Luego proponen hacer política depurada, irreprochable, cuando utilizan sin sonrojo los peores y más rastreros métodos para convencer al ciudadano ahíto. Ninguna novedad. Revelando mínimas diferencias de matiz, todo proceder se corresponde con aquella expresión de Pablo Iglesias en el primer cuarto del siglo XX: “Este partido (el PSOE) está en la legalidad mientras la legalidad le permita adquirir lo que necesita, fuera de la legalidad cuando ella no le permita realizar sus aspiraciones”. Cada sigla, a su manera, viene realizando una política timadora, provocativa, degradante, ultra.

Para concluir, una remembranza de Facundo Cabral: “Mi abuelo era un hombre muy valiente, solo tenía miedo a los idiotas. Le pregunté por qué y me respondió: porque son muchos… y al ser mayoría, eligen hasta el presidente”. Extasiado por tan categórica frase y horrorizado ante estos bochornos que -incluso en Cuenca- maltratan cuerpos y almas, permanezco mudo y solo se me ocurre cerrar con un contundente amén.

 

viernes, 27 de julio de 2018

ENTRE EL CHANCHULLO Y LA FARSA


Somos un país que soporta siglos de oscurantismo y retraso en derechos civiles. Quizás sea debido a una sociedad imperfecta, al cisma legendario entre masa y élite. Puede que nuestro solar patrio profese un abandono secular de las tribulaciones gubernativas y semejante desidia otorgue carta de naturaleza al atropello, a la arbitrariedad. Ignoro, en definitiva, cuales son las verdaderas razones que nos han llevado a esta circunstancia tan sorprendente y desventurada. Se ha asegurado en multitud de ocasiones que cada individuo o grupo posee lo que merece. Sin embargo, creo excesivo el rédito pagado por las presuntas lacras que pudiéramos atesorar. Ni los peores ni más graves excesos expían tantas mortificaciones.

No voy a cometer el desliz de alinearme para avalar cualquier yerro o licencia originaria de aquellos que pudieran suponerse mis conmilitones. Es absurdo, lamentable, alimentar una ceguera desdeñosa, fiadora, a nuestro villano, mientras escarnecemos al rival que se adorna con elevadas dosis de prudencia, autenticidad y llaneza. Desgraciadamente, en política y prensa se confirma el dogma -junto a un fanatismo aderezado de ribetes agresivos- que dificulta cualquier concierto social. Ese es el procedimiento indecente utilizado con demasiada frecuencia para tapar ineptitudes indiscutibles.

Política y medios se nutren de paradojas. Sin perdernos en agudas lucubraciones, a poco denuedo, percibimos grandes diferencias entre lo dicho y lo hecho según momentos u oportunidades. ¿Quién no recuerda compromisos, promesas, proclamados por diversos responsables políticos para quedar convertidos en agua de borrajas? Ni salvadores de última hora, ni castas antañonas, exhiben diferencias que permitan discriminar a servidores y opíparamente servidos. Es más, diría que quienes se autocalifican de fieles a los principios éticos, despliegan un mayor grado de cinismo, de iniquidad social. Creo innecesario ofrecer detalles a personas interesadas por las singularidades políticas. El resto camina ofuscado, ajeno a productos y plazos.

Un PSOE torpe, insolvente, putrefacto, ha cuarteado las reglas del juego democrático y ahora, de forma tácita, anhela un salvoconducto reparador. Cuando los actos se guían por hitos lujuriosos, surgen escenarios malditos, infortunados, macabros. Una excedida ambición personal mantiene deudas sin fin por las apetencias similares, pero hostiles, que desarrollan. Ambas, ambición y adeudo, cortejan la infinitud más disparatada mostrando una avidez repugnante. El nuevo gobierno ha contraído cargas que no puede satisfacer sin dejar al descubierto efusiones adversas, definitivamente tóxicas. En efecto, comulgar con radicales e independentistas atrae divergencias notables con millones de ciudadanos hartos de supremacismo, boato e insolidaridad. El prurito de Sánchez puede salirle caro y enojoso al partido.

Sí, el gobierno incumple casi todos sus compromisos. Como oposición ofrecía sueños y exaltaba intereses que originan frustración al advertirlos insatisfechos. Los pactos sibilinos, más o menos obvios, empiezan a producir tensiones entre los que se inclinaban por la confianza en los mismos y la sospecha de falacia inmunda. A veces me sorprende la ingenuidad con que se manifiestan tipos aparentemente inflexibles, duros. ¿Qué ciudadano de a pie no sospecha que ningún presidente puede dispensar ciertas rentas a individuos que quieren romper la unidad de un Estado indiviso? ¿Acaso se les puede conceder a otros la gestión del púlpito nacional? ¿Quién se suicida después de alcanzar el laurel? Tal vez perciban, rayando la estupidez, una realidad política virtual, utópica, incapaz de casar con esa que ellos mismos bendicen cada día.

De momento, uno resulta triunfador indiscutible. Lincoln, a propósito de las mentiras políticas, aseguraba: “Se puede engañar a todo el mundo algún tiempo, a algunos todo el tiempo, pero no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo”. Zapatero puso en conflicto tan inteligente comentario hasta que Europa le obligó a destapar el avispero. Sánchez lleva parecida trayectoria. Puede que también Europa le pare los pies en lo económico y sus “aliados” (los del censurador) en lo retributivo, pues lo social importa poco a ninguno. Nada. Si esta sociedad -aborregada por un sistema educativo ad hoc- descubre el señuelo, el partido pagará una factura infrecuente, gigantesca.

Dejo aparte al anterior gobierno porque, aunque de forma espuria, ha pagado un peaje merecido. El actual viene mostrando la misma ineptitud que encubrió, con absoluta habilidad, aquel supervisor de nubes. Cuando quien decide se empecina en contentar a la galería con gestos como revitalizar la memoria histórica (onerosa y hostil iniciativa), exhumar a Franco, poner amplio escaparate a la migración opaca… y vertebrar estos asuntos -aparentemente- dentro de un programa de gobierno, no cabe preguntarse cuánto dará de sí dicho gabinete. Casi cuatro meses son suficientes para, con ingentes y notorias evidencias, reputar al gobierno de chanchullo, componenda, a mayor gloria de Sánchez; otro inútil envuelto en papel de regalo.    

Al igual que todo texto ha necesitado un amanuense o linotipista para darlo a conocer, la mugre política necesita unos medios para ataviar de señora a la farsa. Enmascarada, oculta su verdadera encarnadura y se vende con absurdo éxito. Ignoro qué fundamentos les permiten colocar en primicia competitiva a los medios liberales cuando es la izquierda, más o menos extrema, quien posee una holgada preeminencia. Solo así puede concebirse el trato vergonzosamente discriminatorio de la noticia en razón de su autor, sin entrar en el grado de maldad o bondad objetivo de la misma. Conforma la prensa canallesca, experta en vaciar el lenguaje -cuando no subvertirlo- para lograr una manipulación sibilina, ruin.

Políticos y medios constituyen, a la par, el artificio del poder. Los primeros ensayan la técnica -henchida de chanchullos- perfecta para alcanzarlo o donarlo en ocasiones de forma “incondicional”. Algunos, armados de donosura ética, mantendrán contra viento y marea encontrarse a los pies del ara para cambiar gobiernos antisociales. Al tiempo, exigen trocar sus personas por otras para ser inmoladas en el ritual democrático. Un sacrificio añejo y recurrente. Los medios, asimismo, recurren al diapasón enalteciendo la farsa con todo lujo de cohetería. Al final, consiguen el efecto narcótico previsto.

 

 

viernes, 20 de julio de 2018

CUARTELES DE VERANO





Si bien la tradición declara los cuarteles de invierno génesis romana, aquí -en esta piel de toro curtida al sol- cuando llega la canícula se emprende una huida masiva a los cuarteles de verano. Constituyen, por su clima seco, el lugar menos ingrato para (quien pueda) pasar dos meses sin excesivo agobio. Yo, residente en Valencia, a partir de junio reniego de ella. Reconociéndola ciudad perfecta para otoño, invierno y primavera, los veranos son agotadores, infernales, inhumanos. Conforma, con el resto de poblaciones marítimas, el hábitat idóneo por su climatología con la excepción expuesta. Constituye un indicio inequívoco de que nada es totalmente bondadoso, eterno, aunque tal ilación argumental muestre rasgos poco consistentes a través del hecho referido.
Me gusta mi tierra. Ubicado en la Manchuela conquense, a caballo entre Valencia y Albacete, el pueblo que me vio nacer es simétrico en distancia a ambas provincias. Podemos soportar cuarenta grados a pleno día, pero los amaneceres y atardeceres mitigan el exceso y, a veces, son fríos. Goza de alrededores interesantes. Cercano corre el río Cabriel que, en Contreras -ese puerto antaño ondulado, infinito, angustioso- separa Cuenca y Valencia. Qué recuerdos, cuando aquellos coches mágicos renqueaban midiendo espacio y tiempo con paciencia, con titánico esfuerzo. Tiempo atrás, Bono y Borrell, por celos políticos, se enfrentaron a florete para asentar su trayecto de AVE y Autovía 3.
El primero, presidente castellano-manchego, quiso catalogar cuatro mil hectáreas como reserva para, según él, proteger las Hoces y los Cuchillos, auténtica maravilla natural. Borrell, a la sazón -entonces- ministro de Obras Públicas, Transportes y Medio Ambiente, rival político y gestor, pretendía un trazado diferente y, desde luego más barato, racional y seguro. Triunfó Bono, y hoy la A 3, a su paso por Contreras, conlleva un suplicio de retoques. Queda por ver si algún día no ocurrirá una catástrofe que se hubiera evitado vadeando el río por la Fonseca. Conozco el problema de primera mano porque formaba parte de la coordinadora de agricultores, que protestaba contra la innecesaria reserva, y pateé a fondo aquella zona.
Digo, mi pueblo dista cien kilómetros de Cuenca, treinta y cinco de Alarcón, doce de Iniesta y ocho de Minglanilla. Todos ellos, ciudad y pueblos, dignos de ser visitados. Cuenca no necesita razones concretas, pero Alarcón, Iniesta y Minglanilla, sobresalen por relevantes restos arqueológicos e históricos los dos primeros y el último por tener una variada y abundante riqueza minera, sal y yeso principalmente. Menciono también, aunque es de Albacete, Alcalá del Júcar, situado a cuarenta kilómetros escasos. Se trata de uno de los municipios pintorescos de España, declarado Conjunto Histórico Artístico desde hace varios decenios.
Julio es el mes del éxodo, de mi partida. Curiosamente la gente de costa va hacia el interior, mientras estos eligen la costa. Pobrecillos, se tuestan o asan y aún les faltan horas. Claro, la sabiduría del refrán se impone: “Sarna con gusto no pica”. Años ha, yo hacía lo mismo; al fin y al cabo, nadie se libra de modas socorridas, pero torpes. Aquí es donde se muestran querencias grupales, poco reflexivas. La masa actúa por inercia, ciega, huérfana de cordura. Enseguida ocupa el asiento propio del torrente, del agua salvaje, sin encauzar, falta de dominio, de equilibrio. Es el reflejo fiel de nuestros propios límites humanos. Aunque no siempre ocurra, bueno sería asumir yerros para procurar su corrección.
Este tiempo de sesteo, de abandono, debería llevarnos al análisis. Holganza y sopor permiten lucubrar sobre lo divino y lo humano sin solución de continuidad. Quien más, quien menos, aprovecha para compensar el letargo lector acumulado durante meses de frenético laboreo. La televisión reduce su horario de debates donde cada cual suele arrimar el ascua a su sardina. Por necesidades financieras, convergen -casi hasta la náusea- ascuas y sardinas porque toma ventaja una deontología lucrativa, de billetera. Charlas nocturnas a la puerta de casa, acompañados de frescor, vecinos y curiosos, rellenan, jalonan, jornadas bastante insípidas. De suyo, impera el relax.
Sin querer, vamos cayendo en una monotonía ahorradora: lo habitual repetitivo engendra automatismos austeros, de bajo consumo. No es estación para comer ni para dormir, más allá de un mínimo compensatorio. Suelo madrugar y camino casi cuatro kilómetros hasta Consolación, un santuario de peregrinaje comarcal. Quince minutos más abajo, mi amigo Poli -autodidacta y poeta- sobre el otero posee un olivar con vestigios romanos. A la vuelta, desayuno, lectura o escritura ocupan mis mañanas. Después de comer (sobre las dos y media, a pleno sol), mi hermano, vehículo en ristre, me recoge para ir al hogar del jubilado y allí “batallamos” varias partidas de dominó hasta acogotar la tarde. Termino con alguna película que nunca veo completa rendido por el sueño.
Y así, al compás de la vida, pasamos una y otra canícula con la esperanza -a veces vana- de no derretirnos sin remedio. En ocasiones, quizás como hábito irreflexivo, vehemente, se oye alguna que otra queja cargada de olvido desdeñoso. Nadie evoca ya aquellos veranos inmisericordes, sin alivios tecnológicos, donde la gente se daba el madrugón para recoger la mies en carros que denominé, años ha, de cadalso. Iniciaban la tarde tumbados, con pantalones de pana llenos de remiendos, realizando movimientos “girasombras” similares a otros típicos, pero al revés. Dormitaban de forma poco ortodoxa, paliando a saltos el hambre de descanso, no exento de aspiración. Aquellos años cincuenta del pasado siglo eran sofocantes, y no me refiero solo a la climatología. Por ventura o desventura, como vemos, tiempos pasados y memoria parecen disentir, completar un desacuerdo oportuno.
Abandono el inciso alusivo y me dejo llevar de nuevo por la fecha. No digo que estemos a plena satisfacción, pero avances increíbles nos deparan veranos mínimamente placenteros. Sé que la conformidad no es atributo humano; sin embargo, quien pueda hacer un ejercicio de generosa introspección considerará que se han realizado unos progresos, en la práctica, milagrosos. Feliz bochorno y que cada cual elija el hábitat de sus pecados.
 



 

viernes, 13 de julio de 2018

PINTO, PINTO, GORGORITO


No es que especule, ni mucho menos, que elegir en política pueda considerarse un acto trivial, infantiloide. Por el contrario, debería enmarcarse dentro de una ejecutoria inocente, libre de tentáculos con intenciones transgresoras; al menos, mugrientas. Ya que se acomoda al reino del descuido, ¿por qué -sin que sirva de precedente, o sí- no adecuar el rito a la templanza? Dicen, aunque tenga mis recelos, que los sistemas democráticos exigen necesariamente partidos políticos. Asimismo, su gestión debiera ser exquisita y liberal. Nada más lejos; son herméticos, opacos, refugio de trincones cuando no de auténticos tiranos. Por eso, parafraseando alguna expresión de tiempos mejores, “elevemos a categoría de norma lo que es un clamor de la calle”. Exijámosles transparencia. 

Como sabe casi todo el mundo, el epígrafe invoca la fórmula simplona y tradicional que se utilizaba para echar a suertes quién, verbigracia, capitaneaba un juego. El tema de fondo es mucho más serio porque afectará al partido que todavía tiene entidad respecto a la gobernanza del país y probable restauración de usos y costumbres; en definitiva, de innovar, fortalecer, la democracia. Imagino que -aparte intereses espurios, perversos- los contendientes finalistas para presidir el PP, saben que un error en la concepción y trámite puede acarrear el ocaso casi definitivo. Ambos conocen cuánto desencanto ha creado huir, abandonar, esa ideología que le es propia cayendo en la trampa de una transversalidad exclusiva de quien carece de cuerpo doctrinal en el marco capitalista.

Según parece, durante la ya efectuada primera vuelta del proceso hubo alguna acción de escasa, para ser suave, ecuanimidad. Intuyo que el poder es atractivo, pero su consecución ha de fluir por cauces íntegros, ajenos a cualquier juego sucio. Puede admitirse, y perdonar incluso, que cierto competidor haya utilizado métodos poco limpios o cargados de astucia torticera. España y los españoles no merecemos tampoco ese tipo de corrupción que tanto daño hace a grupos ingenuos e irreflexivos. Tal vez conviniera hacer un esfuerzo supremo y encabezar una pugna seria contra señuelos y populismos. Es hora de que alguna sigla divulgue las maquinaciones, falacias, gestos y oquedades, incrustados en ciertos templos doctrinales. Así se seguirá luchando contra una podredumbre sibilina, imprecisa, pero de efectos terribles.

Advierto que los medios de comunicación, hoy vendidos al poder, en manos tan impuras como sus antecesoras, se muestran afectos a Soraya. Si la caterva -heterogénea, lasciva, gastronómica- que ostenta el gobierno de forma pseudemocrática, se pronuncia por Sáenz de Santamaría, implica sin remedio que la verdadera oposición, el rival inquietante, peligroso, es Pablo Casado. Francamente, desde mi punto de vista, los dos presentan escasos servicios computables de su etapa anterior como responsables aventajados del PP. Una, por la acción más que deplorable en su negociado estatal y autonómico. El otro, a consecuencia de un silencio prolongado y comprometedor. Motivos para callar, tal vez para no subir el tono, les sobran. Si acaso, Pablo luce menos impurezas al inexistir como ejecutivo y ser parte, aun importante, de este partido cesarista.

Tengo que reconocer, y no me duelen prendas sino al contrario, que la ex vicepresidenta no es santa de mi devoción. Sospecho que tampoco de muchos afiliados y simpatizantes del PP. Su gestión como ministra presenta cuantiosos déficits laudatorios. Sin embargo, donde la romana señaló por arrobas (estructura rural muy conocida) ocurrió al presidir el gobierno catalán. No fue capaz de “limpiar” los mandos adscritos al “procés” para obtener una policía autónoma fiel a la autoridad debida. Por otro lado, la TV catalana -de lleno sectaria e inclinada a las tesis independentistas- venteó noticias y reportajes a su antojo y libre albedrío. Es decir, la delegación desarrollada en esos menesteres, además de catastrófica, puede considerarse perjura, casi antiespañola. Existen suficiente yerros e impericias para reputar su etapa gubernamental de, al menos, bastante chapucera. Esos antecedentes la inhabilitan para ser presidente del partido y, probable, del ejecutivo.

Pablo Casado tampoco concita mi entusiasmo. Escéptico, abstencionista, quizás no sea yo el avalista idóneo para construir un análisis centrado, útil. Pese a todo, necesito por instinto desligar talante subjetivo e impulso censor. Siempre lo he procurado y tengo la esperanza de haberlo conseguido; al menos, en conciencia. Puede, no obstante, que semejante coyuntura acumule un plus de legitimidad para emitir sin trabas lo que pienso a propósito de la disyuntiva con que se van a enfrentar los distintos compromisarios. Hace algunos meses ya elaboré un artículo en el que Margarita Robles y Soraya Sáenz de Santamaría eran cotejadas, ambas, como dos marisabidillas. Excuso qué valoración me merecen desde el punto de vista político. ¿Necesitan más pistas?

Reitero, Casado no despierta en mí gran fascinación. Con todo, ese arrojo para restituir seriedad, rigor e ideología, al partido que abjuró de ellas ha tiempo me parece un buen inicio. Suma su gallarda juventud y liberalidad para hincar el diente a tantos problemas institucionales, de Estado, sociales y económicos, que ahora mismo atenazan el progreso ansiado. Quiero creer en él, mientras el pueblo lo necesita con urgencia. Estoy convencido de que solo su ánimo y frescura, paralela a la de otros líderes llamados a protagonizar los próximos tiempos, puede cooperar a conseguir el sistema impoluto que todos echamos de menos. Sí, más allá de fallos y algún que otro lapso poco comedido, sensato, deseo que Pablo Casado presida el PP. Estoy convencido de que encarna la única solución para regenerar un partido que ha perdido demasiado crédito por culpa de todos. Le ha pasado factura el injustificado complejo de partido franquista, facha. No me explico cómo se ha dejado comer el terreno por siglas de presunta trayectoria sangrienta. Quisicosas.

Pido, desde aquí, una elección limpia, cauta, contraria a apetitos vulgares, inicuos. Los señores compromisarios, no pueden decidir a lo loco el futuro de tantos españoles. Háganlo con la pulcritud del “pinto, pinto, gorgorito” aunque personalmente prefiera “a quien le toque lurillo, lurate” de mis años infantes. Suya será la servidumbre y nuestro el requerimiento.

viernes, 6 de julio de 2018

CALLE DE LA AMARGURA


No sé si por suerte o por desgracia, las pautas, usos y costumbres, desaparecen y emergen otros que no siempre evolucionan de forma eficaz, apreciable. Recuerdo, allá por los tiempos de mi niñez y posteriores, una frase cotidiana, espontánea: “Me trae por la calle de la amargura”. La autora o autor de tan soberbia expresión, daba a entender que alguien -previsiblemente deudo más o menos lejano- le causaba sinsabores con excesivo menudeo. Era la manera ambigua, pero inequívoca, de admitir cierto desagrado sin determinar causa exacta. Hoy, si bien no extinguida, ha caído en práctico desuso. Ahora, las calles no son amargas; están llenas de muchedumbre ahíta de espectáculo, de rédito político. Es curioso subrayar cómo la sociedad que se manifiesta, tal vez con fundamentos, es seducida por expertos violadores de la conciencia social.

Nuestros políticos, de alguna manera, siempre nos han llevado por la mencionada vía. Lo hicieron a finales del siglo diecinueve y principios del veinte suscitando el regeneracionismo de Joaquín Costa, tutelaje que no produjo los frutos deseados. Gestaron una Guerra Civil que provocó medio millón de muertos, un sistema autárquico y el esplendor de una sociedad históricamente enfrentada. Todavía siguen erre que erre evocando de forma interminable aquella contienda fratricida.

A veces, pienso que cierta ideología fanática objeta la derrota y -con mirada corta y torva- escarba capítulos apoyándose en razones semejantes a las que tendrían descendientes de los comuneros. La Historia está para estudiarla como lección permanente, como escarmiento existencial. Cualquier intento de armazón unilateral constituye un sabotaje a las futuras generaciones que se quedan huérfanas, sedientas de realidad. La Ley de Memoria Histórica menoscaba, con esa visión estrábica, la reciente reseña común y su objetivo central. Si toda desavenencia paraliza el progreso general, esta falta de concierto, este anhelo absurdo, nos lleva de cabeza a las tinieblas. Ignoro quién será el culpable, pero hasta la fecha ningún partido de gobierno ha intentado negociar en serio una política de Estado. Lamentable.

Decía Edmond Thiaudière: “La política es el arte de disfrazar de interés general el interés particular”. Información irreprochable tras los primeros pasos del gobierno Sánchez. Él sigue manteniendo que, tras el apoyo recibido en la moción de censura ganada al PP, no hubo pacto ni peaje posterior. Eso no lo cree ni Podemos, previo ofrecimiento de favor “incondicional” para echar al eslogan. Porque ellos son los magos del marketing, de la charlatanería. M punto Rajoy fue un lema vil que entrañaba de facto una relación delictiva con Bárcenas al, entonces, presidente.

Un partido serio, democrático, desafecto de populismo alarmante, hubiera utilizado métodos acordes al juego político. A poco, vimos un interés anunciado, desmedido, por controlar RTVE. Advertiremos, con tiempo, que no es baladí aquella fanfarria (por cierto, voz frecuente antaño): “Tenemos más poder que nunca”. Sospecho que ni Sánchez se atreve a recordar la deuda acumulada con Iglesias. Pese al silencio, el agua siempre evidencia efectos del desbordamiento. Y no cabe duda, aquí hay agua pese aquel “sin condiciones”.

Si la carga populista es pesada, la soberanista se hace insoportable. Acercar presos de ETA o de políticos catalanes felones, traerá consecuencias electorales para un Pedro indigente y un PSOE extraviado, romo. Por mucho colorante que se ofrezca, situar presos en el País Vasco y Cataluña es un anticipo previsto por albergar a Sánchez en La Moncloa. No obstante, quieren agazaparse tras el biombo legal al que acude desvergonzadamente todo el gabinete sin excepción. Con tiempo iremos desgranando pagos y deudas inquietantes. El futuro nos deparará situaciones insólitas, onerosas, clarificadoras de la anterior frase de Thiaudiére.

Hasta ERC comete la osadía de mantener distante al gobierno, e incluso le amenaza con bloquear la legislatura si excluye del diálogo la celebración de un referéndum pactado. Este compromiso bastardo entre alta burguesía y anticapitalistas solo ocurre en Italia, país que ha emprendido una trayectoria funesta, y aquí. El gobierno, asumiendo la deuda contraída, ubicó a los políticos encarcelados en prisiones catalanas. De esta forma costeaba los servicios prestados mientras -con el oscurantismo rutinario- sembraba la semilla estéril del Estado plurinacional. Más allá de claudicar ante exigencias extrañas, nos siguen tomando por necios absolutos cuando afirman que lo demanda la norma. Es decir, actúan como el ejecutivo anterior, pero con mucha más hojarasca.

Podemos, un vampiro insaciable, juega su baza de manera ingeniosa. Tácticamente muy superior a cualquier otra sigla, Sánchez se convierte de hecho en telonero del espectáculo. Porque hoy, la política española -más que drama- constituye un juego tragicómico. Existe cierta dualidad en el desarrollo de los acontecimientos. Este político alto, pero corto de miras y de programa, obtiene un efímero beneficio personal al pactar con Podemos. Sin embargo, el PSOE puede recibir la mayor desafección social. Y será, seguramente, imperecedera. Primero mis amigos y yo, luego el partido. Ambición y dilema de estadista casan mal, divergen, se divorcian.

Existen varios interrogantes sustantivos. ¿Nuestro presidente respalda la monarquía o la república? ¿Es europeísta o euroescéptico? ¿Pro atlantista o pacifista? ¿Partidario del estatalismo extremo o liberal moderado? Hace tiempo expresó su idea plurinacional del país y, por tanto, partidario de una Constitución Federal imposible por definición y por exigencias del catalanismo radical. ¿Adónde nos lleva Sánchez y su PSOE? Para no incumplir demasiado el déficit y la deuda, seguramente suba impuestos. Se comenta ocho mil millones que, como siempre, amortizará la clase media trabajadora. El derroche tiene un costo que no sufraga la indigencia ni las grandes fortunas.

Bukowski aleccionaba que: “La civilización es una causa perdida; los políticos una absurda mentira; el trabajo, un chiste cruel”. Europa próspera, aquella que se aparta de la socialdemocracia para cobijar un liberalismo social, respalda la lucha por las libertades que posibiliten el pleno desarrollo de todas las formas de producción, especialmente las de trabajo libres de explotación y subordinación al capital privado o estatal. He aquí la práctica ideal para lograr una economía de progreso y un sugestivo rumbo social.


viernes, 29 de junio de 2018

EL AURIGA DE SÁNCHEZ


Auriga, en sentido estricto, equivale a conductor de carro ligero romano tirado por dos caballos. Asimismo, otros relatos describen a un esclavo que sostenía la corona de laurel para ceñirla sobre la cabeza del triunfador. Al tiempo, pretendía contener su vanidad mientras le susurraba “recuerda que eres solamente un hombre”. Puesto que vanidad y estética son valores contrapuestos, conviene resistir orgullos postizos y valoraciones alejadas de una realidad cotidiana. Yo me guiaré del relato para significar este epígrafe. Es evidente que al ciudadano español le toca protagonizar el papel de esclavo, de auriga. Sánchez, heterodoxo, consiguió éxito amañando espuriamente la carrera requerida para alcanzar un pellizco de poder. Con este matiz indigno, cuestionado, ha obtenido una ventaja hedionda que le lleva al laurel equívoco, irreal, infame. Más dura será la caída, ilustra un proverbio habitual.

Mi intención primera impedía cualquier análisis implacable del gobierno cuyo ascenso ha causado estupor, por utilizar formas suaves, casi exquisitas. Sin embargo, mi amigo Ángel -lector empedernido y enciclopedia andante- detalló que los cien días de indulgencia constituían una deferencia consuetudinaria para ejecutivos emanados de elecciones generales. Tesis discutible, pero no invalidada cuando se ajuste a la lógica o al sentido común. Inundado de dudas tras semejante criterio (y movido por los pasos endebles, inseguros, esperpénticos, de Sánchez), recapacito si gratifica lanzarme al ruedo aceptando pros y contras. Tampoco el gobierno concede tiempo a sólida reflexión, menos al sosiego en apariencia poco productivo. Receloso de escaso plazo, consciente de vulgar indigencia e ineficacia, muestra presteza por imponer gestos que solo generan aplauso en una progresía postiza, opulenta. 

Tal escenario despeja mis titubeos e impulsa a dejarme de nimiedades tan innecesarias como desajustadas. Observo que el gobierno, en vez de tomar medidas encaminadas a robustecer el estado de bienestar, prefiere la demagogia y el populismo. Todavía no he oído una medida formal, ni tan siquiera prevenida, para mejorar el futuro del español corriente. Sí, de la española bajando el IVA de tampones y compresas. Ignoro si semejante medida debiera entrar en el campo del escarnio caricaturesco o de la vigorosa hechura económica. Hago parecida pregunta cuando averiguo qué gratificación regala el gobierno a artistas multimillonarios bajando un impuesto indirecto que afecta básicamente a ellos. No creo que esta medida ataña positivamente a nadie desconocido en sea cual aspecto cultural o artístico. Ha de mantener satisfecho un colectivo “rebelde, progre e intelectual”. ¿A que queda bien? Sublime, si no fuera falso, éticamente ventajoso y -desde el punto de vista oficial- bien remunerado. El cardenal Cisneros, a falta de razones, oponía la fuerza de sus cañones; estos, tan desprovistos como el cardenal, las compensan con una progresía de saldo.

Dos hechos han venido a difuminar esta, ya tópica, incompetencia del PSOE y de su líder. Uno fue el barco “Aquarius”, repleto de presuntos refugiados cuando ninguno procedía de países en guerra. Con guiño insensato, propagandístico, fructífero, pero disfrazado de solidaridad, cobijo y cuantos valores cimientan el ficticio patrimonio moral de una izquierda insolvente en un marco capitalista, acogió más de seiscientos migrantes. A fuer de sinceros, detalle cicatero en personajes públicos, le atrae a más no poder la foto, el estruendo mediático, la reputación internacional. Tanto eco podría acallar un amplio mutismo inoperante, falto de exigencias anteriores, estéril. Calculador y pragmático, supo aprovechar la coyuntura sin importarle dejar al descubierto cuántas divergencias pudieran atesorar aquellos seiscientos con los mil que llegaron en pateras el mismo fin de semana. Hubo una específica: ni políticos ni televisiones salieron a recibirles. Cuestión de humanidad bien entendida.

El otro fue la puesta en libertad provisional de cinco transgresores sexuales. Una muchedumbre incauta, manipulada, saltó a la calle en un rapto de inoportuna exigencia. Pidieron, si bien una minoría, justicia popular. En otras ocasiones, curiosamente, sugerían poder popular o democracia popular. ¿Les suena ese anhelo? Ningún partido conservador, liberal o socialdemócrata expresaría tal empeño. El apelativo “popular” se prodiga únicamente en sistemas totalitarios. Cierto que la medida ocasionó bastante indignación, tal vez lógica aunque maquinal. Las víctimas merecen justicia, pero la sociedad precisa claridad, cordura e independencia. Lo que no tiene un pase es politizar asuntos que pudieran desatar bajos instintos. Comprendo la gradualidad que revisten ciertos temas; sin embargo, no debemos utilizar distintos raseros a la hora de analizarlos. En justeza, lo que es malo para ti también debe serlo para mí o viceversa. Cualquier falta de correspondencia, la considero corrupción mental: variedad más abundante y perniciosa que la económica.

Aparte ambos devaneos de marcado carácter publicitario, existen otros menos estridentes aunque más selectos. Aludo a las intenciones expuestas por Sánchez de exhumar a Franco y sacarlo del Valle de los Caídos. Parece como si entre esta “necesidad” y vivificar la Ley de Memoria Histórica, no quisiera cerrar una guerra que termino hace casi ochenta años. Sin duda (y se me escapan los motivos), hay intereses oscuros, ocultos, en resucitar las dos Españas o, peor aún, en quebrar la que tiene seis siglos de Historia. Desconozco qué afán puede conducir a algunos de nuestros políticos a destruir un país contra la voluntad de sus habitantes. Es duro denunciarlo, pero lo es más advertirlo. Al compás, pagará deudas contraídas estos días; impondrá un fanatismo desintegrador, diluyente; subirá salarios y pensiones; promoverá impuestos confiscatorios; remozará nuevos nepotismos; seguirá, secundado por otros, con el reclamo corruptor. Si cambia algo será a peor, me consta.

San Agustín proclamaba: “La soberbia no es grandeza sino hinchazón, y lo que está hinchado parece grande pero no está sano”. Sánchez comparece hinchado o así se lo recomienda el experto en imagen, quizás para darle una consistencia que no tiene. Lo cierto y verdad es que La Moncloa ha sido transformada en pasarela Cibeles. Por este motivo, al pueblo le corresponde ese papel compensador del auriga, quien debe recordarle mejor cuanto antes: “No te envanezcas, recuerda que solo eres un hombre”. Espero oírlo pronto sin temblarle la voz.

viernes, 22 de junio de 2018

EL INVIERNO DEL PSOE


Curiosamente cuando apenas faltaban tres semanas para la apertura del verano, empezaba a forjarse el largo invierno del PSOE. Cierto que su secretario general emprendía una primavera personal a caballo entre yemas verdes de vida y hojas secas de languidez. Porque llegar a La Moncloa como lo hizo vivificó un otoño a destiempo, anacrónico. Tal maraña de estaciones conjuga procesos, clarividencias y afectos. El hoy se resiste sin perjuicio de promesas u ofertas. Los hados, tal vez un fatalismo fortuito, recomiendan acometer acciones opuestas a lo presumiblemente presupuestado en la génesis. Así, el mañana quedará sometido a la providencia social. Sánchez tiene un grave problema inútil de eludir: el feroz antagonismo entre aquellos que le ayudaron a vencer y la gente, en su mayor porcentaje, refractaria a los primeros. 

No dudo de que Rajoy -pese a enaltecer su imagen con marco sobrio, sesudo- cometiese y permitiera errores de toda índole. Incluso, veo justo que pierda el gobierno viniendo, dos años antes, de mayoría absoluta. Casan sin duda, coexisten, dos episodios históricos, paralelos, insólitos. Rajoy, primer presidente que no aguanta dos legislaturas, y Sánchez primer candidato que ocupa el puesto libre sin elecciones, sin asiento en la cámara y con minoría irrisoria. Va de récord (no confundir con el parónimo vade retro). Sin embargo, el ruido mediático, vendido a la inquina o al mejor postor, expuso los hechos de forma distinta. Mientras los evacuados lo fueron por corrupción sistémica, quienes ocuparon el poder tenían como objetivo regenerar la democracia. Lo pedían siglas con notorio pedigrí: PDECat y Podemos. Recurro al murmullo para no levantar ronchas sobre el famoso tres por ciento. Hemos aprendido el nuevo método para luchar contra la corrupción: apoyarse en ella.

Cortesía obliga, dice un proverbio para justificar los famosos cien días que se otorgan a cualquier gobierno que inicia su andadura. Persistiré en mantenerme fiel a un uso del que tengo múltiples prevenciones. No obstante, es distinto aventar noticias irrefutables a mantener comentarios más o menos corrosivos en torno al novel gabinete. Hago divergencia expresa entre comentario e información. Huiré del primero y me centraré en la segunda complementada, si acaso, con alguna mínima precisión. Verdad es que, a veces, la frontera entre ambos es demasiado tenue.

Ninguno queda exento de utilizar vericuetos extraños para conseguir el poder como objetivo individual, definitivo. Es una plaga que afecta a partidos viejos y nuevos. Asimismo, quienes gobernaron durante cuarenta años deben compartir la responsabilidad del momento. No hemos llegado hasta aquí por generación espontánea. Tampoco puede atribuirse a la inercia coyuntural causalidad exclusiva. PP y PSOE -en concierto sibilino, si no aireado a bombo y platillo- han construido la España actual. Nosotros también tenemos parte de culpa, mínima quizás, pero la colaboración silenciosa, indolente, es innegable. Nos enfrentamos a problemas económicos, organizativos y sociales graves; en alguno de ellos francamente preocupantes. El tema catalán, sin temor a la hipérbole, está alcanzando cotas insólitas sin que se aprecien visos de actuación minuciosa.  

Todo poder sabio, compartido, democrático, vela por el bienestar ciudadano; al menos, debería intentarlo. No obstante, esta piel de toro sufre humillaciones del poderoso desde siglos atrás. Hoy, no creo que cambiaran mucho los juicios expuestos en su momento por Larra, Unamuno u Ortega. España deja de ser diferente para convertirse en sempiterna. Desconocedores de la Historia, quizás caricaturistas de ella, desean prohijarla a su antojo con intentos espurios y delictivos. Quien debe tomar medidas, deja hacer con indolencia, incumplimientos prometidos e incluso complicidad. Seguimos en las mismas, sin saber qué motivos inducen a permitir tal escenario. Podemos conjeturarlos, pero las evidencias siguen ocupando zonas brumosas entre el convenio y la cobardía.

Primavera es un tiempo de explosión, de vida, previo a aquellos que indicarán -a poco- cercanía de ocaso y muerte. Porque las estaciones son protocolos humanos, permanentes ciclos en que reflejarnos. El caos natural ordena mentes y afectos; limita anhelos, sueños, pues todos tienen fecha de caducidad. Sánchez llegó a tiempo de gozar una primavera tardía, fortuita, mal engendrada. Llegó el verano y deberá padecer asperezas congénitas debidas a un arranque enfermizo. La sociedad tolera cada vez menos que políticos de cualquier ideología prometan mientras se ubican en la oposición y hagan lo contrario cuando llegan al gobierno. He aquí el porqué de las frustraciones, del desencuentro, de la desafección. Cada campaña electoral, aumenta el absentismo de manera progresiva pero irrelevante pese a múltiples desencantos.

El presidente carece de proyecto sólido, firme. Los gestos abundan solo en países o gobiernos populistas. La sociedad española necesita soluciones, resultados, sustancia, no sinuosidades ni ditirambos a colectivos concretos por muy de la cuerda que sean. ¿Qué interés tiene para el común el previsto traslado de presos? ¿Habrá mejoras morales y económicas si sacan a Franco del Valle? ¿Significa, acaso, que universalizar la sanidad permitirá al gobierno recuperar las competencias autonómicas en la materia y hacerla nacional e igual para todos? ¿Quizás sea elemento convergente, justo y reparador, perfeccionar, como se amenaza, la Memoria Histórica? Salvo seguir la norma marxista de Gramsci sobre hegemonía, ¿qué objetivo tiene resucitar educación para la ciudadanía o cargarse mediante “decreto-ley” (odiado en la oposición) la plantilla de RTVE?

Por cierto, cuando el Banco Popular fue intervenido (el mayor escándalo de corrupción institucional, tras el caso estraperlo) el PSOE no dijo pío. Ahora, que proclama combatir la corrupción y regenerar la democracia, tampoco. Me recuerda aquella serie: “Los ladrones van a la oficina”.

Advierto, por diferentes detalles, que a Sánchez le queda poco para disfrutar de una primavera metafórica. Si el gobierno llega a dos mil veinte, el PSOE quedaría a la intemperie de un invierno glacial, hipotérmico. Aunque parezca artificio, no es un tropo. Dijo Ortega: “De querer ser a creer que se es ya, va la distancia de lo trágico a lo cómico”. O viceversa, añado yo.


viernes, 15 de junio de 2018

EL OTRO TSUNAMI


Uno -a veces, cuando duerme- se siente angustiado por pesadillas propias de la niñez. Recuerdo, en mis años casi infantiles, al monstruo de dos o cuatro patas que me perseguía impasible sin alcanzarme. Resultaba extraordinario advertir cómo sus movimientos eran proporcionales a los míos en una carrera sin fin. Nos diferenciaba mi sudor frío y su rictus voraz. Ignoro si aquellos episodios significaban la continuidad del niño inquieto, perseverante en la vela. Nunca me ha interesado conocer qué encerraban aquellos sueños al parecer bastante comunes en esas edades. Ahora, las congojas me las producen agentes externos con rostro tranquilizador, pero de parecida monstruosidad. Aquellos, al cabo despierto, sucumbían bajo la tenue luz que atravesaba una ventana interior. Estas, no hay forma humana de vencerlas, de apartarlas de tu vida, porque son reacias a dejarte en paz.

El eudemonismo es una actitud que permite al hombre encontrar su felicidad. Se piensa que el origen filosófico del Estado radica precisamente en conseguir este objetivo. Para ello, es imprescindible entregarse a una autoridad opuesta a cualquier poder que acarree tiranía y penurias. Kant era partidario del deber como concepto fundamental y camino idóneo para alcanzar una felicidad transitoria. Lo malo e insoluble acontece cuando el político gusta de haberes mientras huye de los deberes. Cuarenta años desde que enterramos la dictadura, han servido para comprobar el grado de indigencia moral e intelectual atesorado por nuestros prohombres. Sin ánimo de hacer comparaciones, temo que haya una distancia astronómica entre el estilo del sur -falto de ética y estética- respecto al que se da en los países septentrionales. Al menos, eso indica el tópico.

Iniciamos junio, mes rebelde e irregular, con la derrota de Rajoy en jornada que llevó a Sánchez al gobierno. Expresé inmediatamente -contra elogios excesivos, laudatorios- mis dudas acerca de la dignificación democrática aneja a aquella derrota inesperada. El procedimiento fue legítimo, legal, pero el trasfondo olía a ambiciones o rencores personales y colectivos, no a discrepancias doctrinales. Nadie puede creerse cismas ideológicos, salvo concepción del Estado Autonómico, entre PP, PDeCat y PNV. Asimismo, referente al biombo de la corrupción, los censores cerraron ojos y oídos a la que acopiaban siglas validadoras. ¿A situaciones así llaman frívolamente dignificar las instituciones? ¿Era el eudemonismo materia de análisis? Cada cual juzgue a su criterio razones ocultas y sinrazones ostensibles.

Renuncio a poner nota al nuevo examinando. Me parecería precipitado e injusto corregir tan repentino tareas que viene realizando. Queda tiempo, o no, para abordar el foco de observación, para engrandecer el campo visual. Suponiendo que cayera el gobierno de forma fulminante por su propia deslealtad, la nota iría implícita en dicha contingencia; luego, no parece apremiante someterlo a prueba específica. Algún paso inicial, podemos apreciarlo como síntoma más que como suceso. Litigio de promoción y no de praxis. Sea cual el resultado, Sánchez lo tiene difícil. Si cumple presuntas promesas el PSOE entraría en erupción y si no lo hiciera su aislamiento debiera tener consecuencias definitivas. Cualquier grupo heterogéneo, discordante, produce antes que después efectos corrosivos.

Al epígrafe que abre el artículo, me llevó mi desapego con lo hiperbólico y, de rebote también, cierto rechazo a la ligereza. No obstante, sin caer en excesos, podía haberme referido a tales efectos trágicos en plural. Entre los tsunamis virtuales, presuntos y reales, este ejecutivo tiene visos de batir varias marcas sin despeinarse, en socorrida frase popular. Podríamos sumar al ingénito de la moción unos cuantos más con entidad potencial o confirmada. Lo del efímero ministro de cultura y deporte fue un pequeño maremoto a causa de los vientos renovadores y retóricos (puro voluntarismo hueco) del presidente. Incluso el relevo recibe un plácet que se le negó al primigenio. Vicisitudes, en cuantiosos órdenes de la existencia, deslindadas por esa perspectiva filosófica llamada fenomenología. 

Dos son los tsunamis que acechan al actual gobierno. Uno procede de la cada vez mayor zozobra al desconocer, tras quince días, el proyecto de país que tiene Sánchez y que debió desmenuzar con detalle cuando presentó su moción. A estas alturas, el traído y llevado plasma gana peso comparándolo con los tenaces silencios actuales. Ocurren lances que anteriormente hacían clamar a la oposición y a los medios. Ahora, con mayor pujanza, calla quien antes se desbocaba. Advierto apatía, prudencia cosmética o ineptitud. Tal vez un combinado selecto cara al proceso electoral que se otea próximo dado el número de diputados con que cuenta el PSOE. La astucia del presidente -que no afecta al bienestar ciudadano- le dicta caminar con trayectoria definida por el anterior ejecutivo antes que prodigarse en experimentos, previsiblemente pactados, cuyo efecto electoral sería apocalíptico.

El otro, dudo de su sincero arranque, viene definido por las cargas soberanistas. Se reclama -entre distintas menudencias pecuniarias- acercar presos al País Vasco y Cataluña sin formular matices. Es innegable, de momento, que el presidente catalán y todo su gobierno se salta a la torera leyes y recomendaciones del Tribunal Constitucional. Echa un pulso manifiesto a este gobierno débil que se ha aupado mediante procedimientos antiestéticos e inusuales. Malo si calla, peor si no actúa. Esperar el manido tópico del diálogo es tan estéril como pedir orden en un motín, ya que ellos fían todo a la confrontación. Según qué situaciones o escenarios nos encontremos, se requieren vías de acuerdo u hostilidad.

Quiero terminar, de puntillas, analizando el pequeño tsunami que se cierne sobre el “Acuarius”. Señalar actores que persigan desgracias ajenas, asimismo huérfanos de sentimientos humanitarios, me parece rastrero. Estoy convencido: existen buenos deseos con independencia de ideas o doctrinas. Por este motivo, holgarse ebrios de gloria, hacer gestos fútiles, impostados, sirven para lo que sirven. Advierto un contrasentido entre el proceder oficial sobre los migrantes que llegan en patera, o saltan las vallas de Ceuta y Melilla, respecto a los centenares repudiados por Italia y Malta. Oponer muertos y solidaridad -amén de loar políticas determinadas- me parece ruin, argumentación sectaria y populismo corruptor. El problema es mucho más complejo y no sirven soluciones simplonas, casi maliciosas. Su resolución no corresponde a Naciones aisladas sino al mundo desarrollado, en este caso a Europa.


viernes, 8 de junio de 2018

LOS POLÍTICOS HAN ENTERRADO LA IDEOLOGÍA


Acontecimientos llevados a cabo en fechas recientes, consagran la prueba efectiva, incontestable, de que entre todos han enterrado la ideología. Lejos de ser una novedad, el desahucio, los síntomas letales, vienen de lejos. Pudiéramos aventurar que durante la segunda legislatura de Felipe González se inician los pasos para desembocar en este escenario repleto de pragmatismo desertor. Von Mises había declarado: “Nadie puede escapar a la influencia de una ideología dominante”. Su convencimiento no entrañaba tener abierta ninguna vía de comunicación, ni predecir qué mente debiera desarrollar los fundamentos del extraño siglo XXI. Simplemente su vaticinio chocó con intereses personales (aun partidarios) fraudulentos y con dinámicas sociales enfrentadas a modos o cauces lógicos.

Comenzó Gran Bretaña impelida por un referéndum -que David Cameron, presidente inglés, calculó fatalmente- sobre continuar o salir de la UE. El denominado brexit lo aprobaron, en dos mil dieciséis, grupos políticos y sociales variopintos, transversales, sin ideología concreta. Dicho país abandonó una Europa de la que jamás se sintió parte activa. Sus prioridades se acercaban a naciones atlánticas. Triunfó la praxis, asida a un insensato romanticismo, sobre soberanía e inciertos intereses económicos. Luego, tras los primeros sopores veraniegos, advirtieron que no suelen casar realidades y quimeras, bienestar a cambio de un laberinto confuso e inútil. Viven las consecuencias inmediatas de quebrar principios doctrinales sin asegurarse a qué leyes debiera someterse el sistema suplente. Fueron víctimas del acomodo histórico apadrinado por EEUU.

Alemania vino a corroborar, a la chita callando, lo arcaico que resulta marcar límites entre conservadurismo y socialdemocracia, ambos centenarios. Así, borraron inobservables matices y consensuaron un gobierno capaz de instaurar ilusión en tiempos sombríos. No siempre amalgamar doctrinas diferentes o -viceversa- disociar las próximas, surten efectos opulentos o desastrosos. La estrategia alemana tiene visos de obtener buenos resultados económicos, sociales e institucionales. Incluso pudiera llevar aparejada aquella típica excepción que confirma toda regla, pero la realidad se impone con tino o sin él. Hayek y Keynes tienen en común mucho más de lo que sus acólitos hermeneutas pretenden divergir. Economía de mercado y social las separan tenues hilos, indistintos, porque aquella es social y esta facultativa.

Italia -con sorprendente maridaje, superada la segunda Contienda Mundial y la Guerra Fría- marca una línea de imposible superación. Unir ultraderecha y ultraizquierda, pese al tópico “los extremos se tocan”, tiene más de prodigio que de magnificencia. Falta ver si el experimento saldrá bien o mal. Creo que morirá tierno porque los extremismos ya tuvieron su época de gloria; gloria que ocasionó demasiados millones de muertos. Nadie niega la destreza con que los pueblos mediterráneos hacen virtud de la necesidad, pero dudo razonablemente del éxito en esta ocasión. Debemos ponderar también cuánta experiencia encierra la Historia sobre estos países invasores e invadidos. El mar, durante siglos, ha sido venero de adaptabilidad entre culturas distantes, aun opuestas. Enemigos viscerales tuvieron que asociarse para luchar juntos contra el azar, enemigo común e irreconciliable.

Grecia ha sido siempre el puente euroasiático y ese vínculo entraña un plus de virtuosa fraternidad, incluso con antagonistas tenaces. España, asimismo, mantiene parecido menester como frontera euroafricana. Ello les ha llevado a una idiosincrasia especial. Aquella, hace tiempo, rompió los moldes democráticos para imbricarse con un populismo grotesco. Se le acabó el amor democrático de tanto usarlo. Conforma el cuenco donde beben el hastío provocado por ideologías impostadas e impostoras. Al final será una bebida tóxica, abominada. En España, la crisis significó la desaparición momentánea del bipartidismo que había ocupado todo el poder desde que se iniciara la Transición. Cedieron demasiado a nacionalismos, independentistas revividos, y ahora pagamos los intereses contraídos.  

Nosotros, Portugal, España, Italia y Grecia, hemos sido cautivos no ya de ideas, que también, sino de gentes que hacían ondear sus blasones sobre cabezas cercanas al patíbulo. Las ideologías, entonces, provocaban una muerte bochornosa. Tras mil vicisitudes, aparecieron doctrinas que levantaron esperanzas con escaso fundamento. Se asentaron sobre dictaduras y muerte. Las respectivas sociedades cobijaron ilusiones desmedidas porque, a poco, fueron confundiéndose y el individuo fue introducido en laberintos sin escapatoria. Parece increíble que países con referencias imperiales terminen víctimas de su propio amorfismo. ¿Qué fue de aquel impulso colonizador, didáctico, religioso, en ocasiones incomprendido? ¿Cómo hemos llegado a ser PIGS, ese epíteto ganado a pulso por nuestras débiles finanzas, cuando en tiempos seculares éramos la envidia del mundo?

El ascenso de Pedro Sánchez a la presidencia del gobierno, configura el ejemplo lapidario de la orfandad ideológica. Palabras, promesas, compromisos y principios, se han esfumado por sumideros con ornato dorado. Sí, el oro -real o metafórico- ha sido el adhesivo potente capaz de aunar tan dispares concepciones. Mezcla desigual, divergente, para conjugar en tiempos de reflexión, de firmeza, de coherencia. Ya lo aseveraba Ortega al ocaso de los años veinte del pasado siglo: “La muchedumbre, de pronto, se ha instalado en los lugares preferentes de la sociedad. Antes, si existía, pasaba inadvertida, ocupaba el fondo del escenario social, ahora se ha adelantado a las baterías, es ella el personaje principal. Ya no hay protagonistas: solo hay coro”.

Sánchez ha confeccionado un ejecutivo atractivo, casi excelente en varios ministerios. Dicha ventura permite a comunicadores adversarios (a priori) loar su inteligencia. Dicen que conseguir la secretaría general y posteriormente el gobierno es prueba sobrada. Recuerdo a aquellos que hayan caído en impía adicción, a un Zapatero incluso apoyado por las urnas. Digo, confundir inteligencia con habilidad, engaño, vileza, junto a otros distintivos de parecido jaez, es impropio de ojos clínicos. Las aguas doctrinales vienen sucias, infectas, no aptas para el consumo. Ignoro si el personal timado, bien coautores de su inesperado ascenso bien individuos o colectivos específicos, le obligará a disolver las Cámaras y convocar elecciones anticipadas de forma inminente. A espera de eventualidades, los nombramientos -más que conformar el gobierno deseable- constituye un eslogan electoral oculto tras astuto artificio.


viernes, 1 de junio de 2018

INDIGNIDAD, CALVARIO Y FUNERALES


“Que sepan hoy los indignos farsantes que este pueblo no engaña a quien no lo traiciona”. Desde ayer, esta frase encierra no solo la carga didáctica del precepto sino el símbolo estricto, asimismo protocolo democrático imaginativo, entre sociedad docta y política. Hubo verdadera pugna en denominar éticos, estilos tan postizos como su vana y aparente sobriedad. Reivindicaban al tiempo una dignidad semántica, etérea, sin sustancia. Casi todos la utilizaron sin mirarle la cara para no quedar expuestos a sacudidas innobles. Vimos, estupefactos, derroches de puro histrionismo, de ahí que por momentos viniera a nuestra mente un rosario de afanes espectaculares. Desvelo el autor del pensamiento que da entrada al párrafo. Fue Juan Domingo Perón, dictador populista argentino.

En la moción de censura aleteaban -cual cuervos carroñeros- diversas traiciones cuyo quebranto resultaba inmune a rostros ocultos tras diversas máscaras obscenas. Las siglas, sin apenas excepciones, prodigaron el vocablo dignidad orlado de gran impostura. Se conjuntaron (quizás conjuraron) para llevar a la opinión pública que echar del gobierno a Mariano Rajoy, líder “del partido más corrupto de Europa”, era un ejercicio de dignidad democrática. Esta imputación reniega de memorias tenues; esas que hasta el polígrafo dejaría escapar un mohín de asombro al fingir su primer requerimiento. ¿Cómo aquietarse con graves “distracciones” en Cataluña, Valencia, Andalucía…, aparte diversas sisas inspiradas en los usos consuetudinarios? Participa del desorden la totalidad, pues el trinque es propio de personas y no conozco ningún partido integrado por robots. 

Sí, el PP lo ha hecho mal ética, política e institucionalmente. Ello, sin embargo, no certifica que ya el novel presidente vaya a superar ninguno de los capítulos antedichos. Yo añadiría que lo va a hacer rematadamente peor porque es esclavo de un canon terrible. Nadie sabe a ciencia cierta qué interés debe abonar por tan sabroso préstamo, pero las hipotecas suelen responder de forma enojosa más si el propietario exige participar del trofeo. Iglesias, ha pasado de la “incondicional” ayuda al ingrato apremio para conformar un gobierno estable. Es evidente: Uno se embolsa setenta y cuatro mil euros de por vida y los demás, olvidadizos, desean atrapar las opíparas viandas que constituyen estas bodas de Camacho. Y todos tan contentos. Pero… ¿y el pueblo? A ese, que le den morcilla. 

Hemos oído una sarta de patrañas exculpatorias que encierra la mayor y más nauseabunda indignidad. Ganaron el cinismo, la ingratitud, el delito; en fin, un amasijo de absurdos aderezados para una presentación sugestiva, convincente. Con todo y ello, las viandas conseguidas son indigeribles. Pronto empezarán aquellos ardores propiciados por una ingesta extrema, acaso antihigiénica. Veintidós ingredientes acaban siendo excesivos para conseguir un plato vistoso y rico al paladar; ese que permite popularmente “chuparse los dedos”. Porque, a la postre, persiguen chupar. Dejan en el monte del olvido pequeñas (tal vez no tanto) rencillas y se regodean en calmar su propia sed no sea que, desbordados por el lance, rompan el tarro de las esencias.

Me preocupa la enorme alegría mostrada por partidos dispares y que hace dos días se tiraban los trastos a la cabeza. ¿Gozan por el bien del español? Eso dicen. ¿Cómo pueden converger independentistas y constitucionalistas (presuntos)? Pudiera suponerse que exageran o fingen unos u otros. Seguramente, como afirma el chiste, los dos. ¿Qué oculta argamasa aglutina a partidos democráticos y totalitarios (supuestos)? ¿Su responsabilidad con la gente o avenencias de última hora entre casta y galgo? Perdón, disculpen el error; parece podenco. ¿Había que echar a Rajoy? No, era un mero eslogan porque la corrupción pecuniaria, como previne, ocupa el orbe político. A ella habrá que sumar otra mucho más penosa y cara: intoxicar mentes con métodos furtivos. ¿Adivinan quiénes son auténticos peritos en la materia? Esos mismos.

Sánchez ha conseguido superar, ignoro si demonios personales o pruritos adquiridos. Creo que él se ha cubierto de gloria, ha aprehendido el éxito, a costa de sepultar al resto. Pobre Susana. Y eso lo ha logrado porque en este país todavía quedan pavesas del pasado remoto. Aquí sigue habiendo señores feudales porque aún hay siervos. Perviven gracias a que han trocado el primigenio estadio atributivo por un circuito mental; kit cobarde o políticamente correcto. No le arriendo la ganancia. Intuyo que se ha metido en un avispero sofocante y maldito. Iglesias, mucho más hábil y estratega, le hará la vida imposible si no satisface aquella deuda implícita en su famosa ayuda “incondicional”. El delator de la cal se reviste ahora de cobrador del frac. Y tú, Pedro, ¿no lo especulabas? Menuda ligereza, qué ingenuidad.

José Luis Ábalos hizo unas declaraciones, recién ganada la votación, que alentaron mi desasosiego ante la aventura iniciada por el PSOE. Adujo varias necesidades perentorias para el futuro ejecutivo, entre las que destacó la importancia del feminismo en leyes distintivas. Dicha especificidad, aparte tinos, implica cierta e injusta disposición a colectivos cercanos en perjuicio de aquellos menos próximos. Tal prerrogativa elitista hace sospechar los derroteros del gobierno en ciernes. Y no me extraña, ya que don Pedro (me temo) es un meritorio sucesor de Zapatero. De esta guisa, acrecentada la coyuntura por los irrisorios ochenta y cuatro diputados, la legislatura debe terminar como Cagancho en Almagro  Preparen, pues, las preceptivas honras fúnebres para dentro de unos meses.

Vaticiné -y lo mantengo- que el próximo presidente, concluido el apunte Sánchez, será Albert Rivera. Mi duda consiste en si vencerá por mayoría simple o absoluta. Hundido el PP e indigente el PSOE (Podemos ya dije que era un apéndice inservible), Ciudadanos cosechará un triunfo fácil. Por cierto, medios y periodistas cuyo hábitat preferido se encuentra adyacente al poder, van venteando que es la primera moción de censura que genera nuevo presidente. Nada que objetar, pero han de informar además que es el único presidente (sin escaño) ungido fuera de un proceso electoral. Yo, ni quito ni pongo rey y además no tengo señor.


jueves, 31 de mayo de 2018

TROPIEZO DE SÁNCHEZ O BATACAZO DEL PSOE


“Sólo en el peor de los desastres conoce uno la auténtica valía de los hombres”. Este proverbial aforismo, en palabras de Posteguillo (escritor valenciano y entusiasta afecto a los clásicos), parece apostar por el repudio del político patrio. Diría, más bien, que aquella coyuntura ofrece la innegable verificación de la indigencia moral e intelectual común a nuestros prohombres. España, a la vez y sin que haya otros dones reparadores, lidera un escenario tan espinoso como tragicómico.

Espantados por una crisis con apariencia estructural, padeciendo continuos efectos de un hipnotismo colectivo e inquietos ante la quiebra social que padece Cataluña, improvisan una moción de censura para apuntillar al noble -asimismo estólido- pueblo español. Sin embargo, todos dicen hacerlo en favor del ciudadano. ¿No les parece, amigos lectores, que no queda ninguna línea roja por traspasar? Somos insensibles, pues nutrimos con cada proceso electoral el sistema que nos devora como Saturno a sus hijos.

Venimos sobrellevando durante años el desprecio absoluto que siente Rajoy por los españoles. Podría asegurar que el cartel sustituto no ofrece ninguna garantía de mejora, de regeneración. Tal escenario, no impide -de ningún modo- la crítica sincera, leal y sosegada. El presidente ha dilapidado su credibilidad desde el minuto uno, cuando la sociedad, ahíta de Zapatero, puso en sus manos los destinos del país.

Había prometido, durante el crudo desamparo de la oposición, metas imposibles, quiméricas. Luego acusó al gobierno saliente de felón para exculpar sus propios yerros. Se ha ido sosteniendo en difícil equilibrio apuntalándose sobre un arsenal de mentiras infames. Bajada de tributos, reducción del paro, salida de la crisis, faro económico de Europa, etc., etc., constituyen un rosario de ficciones. El hecho verdadero, innegable, fue subir impuestos nada más ocupar La Moncloa. Lo demás, pura cocina.

Rajoy, si fuera patriota, si le importara el bienestar del ciudadano, dimitiría. Tal y como se está poniendo el patio, añado que es la mejor salida. Su obstinación, complementada con otras razones espurias, solo ayuda a prolongar una muerte anunciada. La corrupción, sucias campañas mediáticas y más o menos culpa en diversos conciertos, han borrado de forma definitiva el poco crédito que le restaba. Se intuye un proceso irreversible, sin escapatoria encubierta. El PP precisa una catarsis urgente.

Debiera, para evitar nuevas tentaciones, organizar un congreso extraordinario y permitir que políticos menos calcinados tomen las riendas del partido. Lograría atajar un estertor largo y estéril. Evita, al tiempo, excusas aventadas por aquellos que pretenden utilizarlo como cabeza de turco en sus ambiciones desmedidas. Además de salvar el caos nacional, le permite a esta sociedad -asaz indolente- realizar una instantánea fidedigna de cada sigla poniendo al descubierto su auténtico rostro. ¿Qué mejor servicio a los españoles?   

Sánchez, ese político que vive sin vivir en él, está a punto de realizar un triple salto mortal sin red. Forzado por su codicia irrefrenable, va camino del suicidio personal o colectivo. También a él, la corrupción -pretendido venero del golpe de mano- no le es ajena a ningún nivel. Encima pretende el voto favorable del renacido grupo PDECat que el propio PSC, rigiendo el tripartito (de oscuro peregrinar por las instituciones catalanas), denominó tres por ciento. Semejante apoyo y amuleto contamina cualquier sigla con pretensiones de gobierno.

Más todavía, le falta certificar a las puertas de la votación si cuenta o no con el favor del PNV. Incluso Podemos, cuya coherencia se opone al recorrido que dista desde lo “incondicional” a la exigencia sutil de entrar en el futuro gobierno, pudiera aportar alguna sorpresa. Cuenta, eso sí, con el plácet riguroso de ERC y ese ingrediente folklórico-festivo que añaden sus portavoces congresuales Joan Tardá y Gabriel Rufián. Por cierto, hace días -hablando con gente de Alcaudete (Jaén)- obtuve diversa información de la familia Rufián. Callo los adjetivos utilizados sobre dicha parentela.

Mañana pueden ocurrir dos cosas. Que la moción no triunfe y Sánchez quede de nuevo con un palmo de narices. Tras los continuos fracasos e indigencia estratégica, debiera hacer mutis por el foro que no lo hará. Aumentará su porcentaje de invalidez política (para alegría de Podemos), pero seguirá, erre que erre, sin sentido del ridículo, en sus vanas tentativas de alcanzar La Moncloa. Puede triunfar la moción con una amalgama heterogénea, divergente, patética, y dos años después el PSOE entrará en coma profundo. Previo a esa situación, España experimentaría una sepsis severa de consecuencias funestas.

Espero que, a última hora, subidos al cadalso y con el hacha rozando el pescuezo, a no sé quién le entre un gramo de cordura y retraiga a la vía correcta tanto desenfreno. Constituye la prueba definitiva de la caterva que dirige este país. Sin echar fuera balones propios, considero que no es posible tanta escasez intelectual, ética y estética, así como de principios, que adorna a nuestros a políticos. Sin embargo, tengo que rendirme ante la realidad actual e histórica. Ignoro si azares, hados o un fatalismo made in spain, enrarece el hábitat y toca vivir en permanente ay.

Insisto, si al final Rajoy aguantara el embate ha de replantearse en qué situación quedaría. La inestabilidad de un gobierno aislado y con graves casos de responsabilidad jurídica, originaría un periodo de retroceso económico, social e institucional de ardua reversión. España precisa en estos momentos, donde nos jugamos el futuro, que cada cual deje fines particulares, arrime el hombro y concierte una política de Estado, para conseguir el bienestar ciudadano al que dicen servir. Es una servidumbre de la que ninguno debiera evadirse, incluido el individuo con su voto o abstención.

Tengo esperanza que, plagiando a Europa, bien por estar en un marco capitalista bien por seguidismo socialdemócrata de la izquierda radical, haya un resurgir imparable de las ideas liberales. Tampoco los conservadores aúnan demasiadas esperanzas de sobrevivir a tan elevado inmovilismo y agotamiento. A nivel nacional, lo expresa la intervención vieja e inacabable de denuncia en vez de ofrecer soluciones. Rajoy quema sus postreros cartuchos en gemela respuesta. Así, Rivera será futuro presidente por mayoría simple, probablemente absoluta.