viernes, 28 de mayo de 2021

HUIDA HACIA ADELANTE NO, DESCALABRO

 

Quien no quiere reconocer (acaso rectificar) errores del pasado, solo le queda una salida útil para sortear la coyuntura y esperar tiempos o escenarios mejores: huir hacia adelante. Practicar un don Tancredo cuando las crisis embisten a cualquier sociedad harta, supone el primer rictus, la mueca diáfana, de una muerte anunciada. Huir —estrategia siempre aventurada porque quedamos errantes, dispersos— no previene ningún resultado o meta satisfactoria, pero abre cierta perspectiva que otra opción negaría rotundamente. El gobierno socialcomunista, sanchismo adverso, ha llegado a su fin; no solo en inoperancia absoluta sino en incapacidad para ilusionar. Ha quemado todos sus presupuestos sin ni siquiera avistar nada que pudiera merecer alguna glosa amable, al menos misericordiosa. Justo es considerarlo el peor gobierno… ¿democrático?

Pudiera urdirse que el interrogante final del párrafo anterior fuera algo excesivo, malintencionado o nihilista. Desmiento cualquier supuesto que se me quiera atribuir porque mis intenciones divergen de todo apriorismo. Quizás el yerro sea exógeno, ajeno a mente y voluntad propias. Abusar con detraimiento del lenguaje lleva aparejados múltiples desavenencias entre significado y significante. Los políticos, sin apenas excepción, han conseguido pervertir la semántica en su beneficio. Se habla, verbigracia, de fiesta democrática (cuando votamos) por el simple hecho de introducir una papeleta en la urna. Contraponen forma y esencia traicionando el sistema, transfiriéndolo desde sus cimientos a farsa inmunda. Cambiar de rumbo es complejo por la falta de mentores intelectuales y exceso de fanatismo social. No obstante, necesitamos reedificar un Reformismo liberal, tipo siglo veinte, tras el naufragio de Ciudadanos.

Ver a Ayuso el otro día cerca de Vargas Llosa (¡qué gran consejero de cultura!) supuso condensar un prototipo, ignoro si alegórico o esperanzador. La presidenta, creo que inconsciente pero llena de principios firmes, ha demostrado servir al pueblo con ahínco, fidelidad y rectitud, galardones que pocos políticos —ahora prácticamente ninguno— pueden ofrecer sin disfrazarse con ropajes engañosos. Percibí un ideal precursor, débil, iniciario, pero intrigante. Tal vez Madrid, España y el mundo entero, haya descubierto esa amalgama venturosa entre una política y un intelectual pioneros, precursores, capaces de racionalizar deseos extendidos por ciudadanos indefensos. Quiero pensar que a ese dúo magistral se irían uniendo personas con prestigio, solera y deseos de ser útiles. Aledaño, asomaba también Martínez-Almeida, otro personaje imprescindible, hay más, en un necesario desafío reformista. ¿Se atrevería Casado a liderarlo? Creo que no.

Lo hago por citar los clanes que acaparan el voto mayoritario, pero ni el PP de Casado (casadismo si llegara a gobernar) ni el sanchismo todopoderoso son capaces de reconstruir una democracia verdadera, rigurosa, etimológica. Antes bien, los viejos PP y PSOE han ido alimentando un sistema negrero, cleptómano, que asfixia sobre todo al mundo del trabajo. ¡Qué decir de quienes quieren sustituir —no desterrar, por mucho que lo propaguen— a la “casta”! Los “genios” del cambio ya van enseñando la patita y su música desafina tanto como su discurso antañón, anclado en clichés y alusiones inverosímiles a falta de argumentos sólidos. Todavía no quieren asimilar que, cerrado hace mucho el crack del veintinueve, el único vestigio repelente que perdura es el totalitarismo marxista. Pese a tanto esfuerzo, hasta la socialdemocracia se desvanece en Europa.

Sánchez —sus ministros y asesores que constituyen una camarilla nada desdeñable por aquella copla imperecedera “la bien pagá”, nada más— al final concede una verdad conocida por todos: es un chapucero inútil. Durante tres años fue sacando conejos excesivamente repetidos, sin inventario, de una chistera traslúcida. Madrid dejó claro que terminó las existencias, incluyendo repuestos. La exhumación de Franco le permitió entretener algunos días a sus correligionarios menos exigentes. Hubo mucho ruido, pocas nueces y al final no quedó ni eco. Supo reprimir, dolido su ego, el sorprendente fracaso de la Memoria Democrática sin germinación posible, resembrada por segunda vez en terreno infecundo, yermo. Dejaciones vergonzosas durante la pandemia, inconveniencias toleradas, patrañas infinitas, anuncio permanente de dinero europeo (fiado a largo plazo), negativa absoluta de responsabilidades, etc. le llevó al sorpasso de Mas Madrid.

Nula cualquier solución inmediata, sin solvencia patria y escasa exógena, visto el descalabro nacional, causa del suyo propio confirmado en las elecciones del 4-M, Sánchez se inquieta, se extravía, delira. Sabe que el poder hace siervos, pero su pérdida los vuelve disidentes peligrosos, que a poco —de forma brusca— logran su irrelevancia. Ante esta coyuntura, solo faltaría que Susana Díaz ganara las primarias andaluzas. Cierto, Sánchez ha sorteado momentos difíciles y siempre supo encontrar una salida airosa. Ahora su rival es imbatible: el tiempo. Años atrás, cuando perdió la secretaría general, era un seductor desconocido. Le fue sencillo convencer a los afiliados con cánticos de sirena, demagógicos, ajenos a cualquier compromiso. Ahora, militantes y ciudadanos, conocen sus andanzas, su vacuidad, engreimiento y egolatría. Adiós.

Ve, impotente, desvanecerse esa construcción palaciega conquistada a base de farsa e histrionismo continuo. Estoy convencido de que ni él se lo cree. Desde luego su peaje resulta excesivamente caro para Europa, España y los españoles. Tras purgar a rivales más o menos válidos, se ha rodeado de individuos que lo abandonarán enseguida porque integran no una coalición aparente sino una simbiosis fértil. Son estómagos agradecidos sin pies ni cabeza. Sus apoyos financieros, esos que le llevan a promover cambios sociales y alimentarios para evitar la “contaminación medioambiental”, lo dejarán (no solo los lunes) al sol ardiente, inhóspito, cuando huelan el próximo cambio. Tendrá suerte, pese a todo, de abrir alguna puerta giratoria o pertenecer al Consejo de Estado como expresidente, si es que estos momios no se lograra terminarlos más pronto que tarde.

Este “lumbrera”, digo, dejará un país descalabrado. Mísero desde el punto de vista económico, injusto por fiscalidad confiscatoria (un trabajador reduce en impuestos el cuarenta por ciento, al menos, de su salario), convulso institucionalmente, rota la institución familiar y desmoralizada la sociedad. Incapaz de ofrecer soluciones inmediatas, se inventa el Plan 2050 para ver si cuela como adormidera. Alguna referencia tengo al respecto, porque no pienso leerlo; significaría legitimar el cinismo ahora oracular de tan siniestro —nunca mejor dicho— personaje. Aparte retorcerse de risa, sospechar que este señor pueda resolver algo, con treinta años de antelación, parece osado si no psicótico. Cuando falsean soluciones se acude a la originalidad estúpida. ¿Se acuerdan de la “Tierra no pertenece a nadie, salvo al viento”? Este, nos endilga una fábula con espoleta de retardo. Por cierto, ¿por qué la nueva ley antifraude impide que los bancos en paraísos fiscales identifiquen a sus clientes? Seguro que hay alguna “buena” razón.

viernes, 21 de mayo de 2021

MUY BIEN Y MUY VALIENTE

 

Este epígrafe me lo facilitó Bisbal que, en la Voz Kids, dijo a un niño tras presentarse cantando una saeta de modo espectacular: “muy bien y muy valiente”. Tal percepción, extraordinaria, casi inverosímil, debieron sentirla miles de madrileños pese a tener una presidenta fuera de guion y empatía, según propagaba con incontinencia un gobierno avieso, plagado de intenciones políticamente homicidas. A veces, salirse del rasgo orquestado, ese que alguien perfila cuando quiere auparse al poder proscrito por medios democráticos, entraña poseerlo sin pagar excesivos cánones o gravosas servidumbres. El niño protagonista de la primicia cometió la temeridad de interpretar algo insólito, vulneró los procedimientos normales, consensuados tácitamente, pero (a la postre y mientras no haya técnica más exacta o justa) solo cuenta el individuo en su valor intrínseco.

Ahora, con la serenidad de ánimo que retorna cuando los acontecimientos se alejan y el tiempo calma tanta dentellada visceral, es ocasión de reconocer aciertos y errores. Días después del increíble resultado electoral, todavía quedaban osados y acerbos ardores en políticos incapaces de comprender una derrota propiciada por ellos mismos. Arrogantes, altivas, las izquierdas no quisieron aceptar el bofetón social, zaherían a los madrileños (llevaban meses arruinando sus vidas al hostigar a Ayuso) y mostraban arrogancia dejando al descubierto tics totalitarios. Acompasados, les acompaña la sacudida fanática, belicosa, grosera, de unos medios que no me atrevo a calificar. ¿Alguien con sentido común, aun en semilla, piensa subsanar el camino iniciado? Luego se inquirirán ahítos de hegemonía bufa, insustancial, si los resultados pueden ser extrapolables. Sí, sin duda.

Ayuso resultó ser una política con principios inalterables, tenaz y flexible. Puede doblarse, someterse en apariencia a presiones rabiosas e inequívocas, pero es difícil quebrarla. Formar o forjar opiniones sobre personas es un escollo indiferente a su conocimiento privativo, pues —a veces— la intuición que se sustenta sobre datos inmateriales, próximos al espectro, supera cualquier examen sensorial. Es probable errar en ambos casos sin que haya preeminencia cierta de uno u otro. Quien la escudriña con cercanía, al menos por el santo y seña, ya dio su dictamen aplastante. A mí como opinador, si se quiere analista, solo me cabe añadir amén. Este debiera ser el epílogo de cualquier ser inteligente o pragmático, distintivos huidizos en la vasta clase política patria. Luchar contracorriente frustra muchas esperanzas y dilapida no pocas energías.

Sánchez, su oráculo áulico con mayor probabilidad, diseñó la campaña de acoso y derribo orquestada sobre la presidenta madrileña. Pandemia y crisis económica aconsejaban hacer mutis, pasar desapercibido, hasta el amaine aventado por aquel dicho popular, incuestionable: “no hay mal que cien años dure”. Pensaba que, si además le negaba el pan y la sal, lograría crear una atmósfera contraria, oportuna, para cobrar la Comunidad ante el presunto, acariciado, descalabro electoral. Sin embargo, con buen criterio, Ayuso supo conciliar una lucha —difícil en Madrid— contra el virus y otra peliaguda, boicoteada por medios y gobierno, que redujera la postración de los hosteleros. Ni deslealtades ni presuntas traiciones, gestadas a espaldas y con alevosía, minaron un ápice del férreo coraje acrecido, asimismo, por esa convicción plena de utilidad a su pueblo. 

Frente a lo excelso y a la valentía como motor —equidistante, simétrico— se encuentra el contrasentido: lo ineficaz y la cobardía. Teniendo todo a su servicio, BOE, dinero, medios mercantilizados, comunicadores serviles, fuerza legítima y mayoría legislativa usurera, Sánchez divulga únicamente retórica postiza. Acompañado de una banda genuflexa, indocumentada para evitar el contraste llamativo e importuno, no recuerdo acción legislativa, funcional, utilitaria, que le vanaglorie durante los tres años de gobierno. A primeros de marzo Newtral, que no parece “fascista”, publicó una información de Carmen Calvo con el siguiente texto: “Creo que somos un gobierno que en cuarenta y dos años de democracia saca adelante más leyes que ningún otro en un año”. Aparte de una redacción mejorable, dicho medio declaraba falso el mensaje.

La señora Calvo lanza fuegos de artificio cuando emite cualquier estupidez; por cierto, escenario bastante frecuente en ella. Hagamos una ronda abreviada. En dos mil veinte se aprobaron cincuenta y dos leyes, doce ordinarias y cuarenta decretos leyes. En dos mil quince, se aprobaron sesenta ordinarias y veinte decretos. En dos mil siete, sesenta y tres ordinarias y doce decretos. En dos mil tres, sesenta y siete ordinarias y ocho decretos. Felipe González (presidente que menos decretos leyes firmó) aprobó en mil novecientos ochenta y dos cincuenta y tres ordinarias y veintisiete decretos. Mil novecientos ochenta contabilizó setenta y ocho leyes ordinarias y veinte decretos. Los otros dos años de Sánchez no fueron fecundos ni mucho menos. Doña Carmen yerra o engaña porque su gobierno socialcomunista, sin desacuerdo posible, tan solo ocupa el liderazgo en aprobar decretos leyes.

A bote pronto, y salvo reglamentos varios sin recompensa social pero con dividendos electorales, aludo la Ley de Eutanasia, Memoria Democrática (ambas, deduzco, de escasa querencia general), Ley Celáa —muy espinosa— y “Ley Trans” bloqueada por el propio PSOE en bucle cruel, quizás pendenciero. Ninguna se ha consensuado con la oposición y, por tanto, su plácet tuvo plena orfandad reluctante. España, con Sánchez, conforma un escaparate virtual; no hay nada, aunque aparezca atractivo, apetecible, seductor. Cualquiera que recorra la información audiovisual con juicio somero, tendrá sensación de vivir en jauja, alejados de coyunturas tragicómicas, intransitables. Admitirán dificultades específicas, siempre con la prevención de un gobierno que tiene preparados diferentes proyectos para salvar todo tipo de contingencias. Si acaso, el éxito sería impedido por “deslealtad y acoso de las Comunidades Autónomas”.

Atónito, acongojado (desprovisto de delicadeza eufemística, acojonado), me dejaron las declaraciones de Sánchez ante la avalancha invasora en la playa del Tarajal. Dijo: “defenderé con firmeza la integridad territorial de España con los medios que sean necesarios”. Me intranquilizó tanta contundencia fiera —adviertan una gran carga irónica—pero Marruecos, que ya conoce como se las gasta el presidente con Cataluña, no hizo ni caso por lo que decidió pedir la intervención de Europa. Este estrepitoso fiasco no desalienta a quien cree ser el mejor estadista del mundo. Suspende en sanidad, tiene números rojos en la gestión económica, callo (por vergüenza) en el tema institucional y echa culpas, por carecer de sentido de Estado, a una oposición bastante maleable. ¡Sánchez! (no mereces deferencia alguna), es tu gobierno quien no tiene sentido de Estado desde el minuto cero; conformáis una cuadrilla de intereses. ¿Queréis más argumentos por los que a Ayuso pueda otorgársele ese distintivo de “muy bien y muy valiente”?

viernes, 14 de mayo de 2021

NUEVAS MARTINGALAS: VACUNAS Y FONDOS EUROPEOS

 

Cuando alguien resulta incompetente absoluto —más si recibe un histórico rechazo ciudadano— se agarra desesperadamente al uso de diversas martingalas para no perder perspectiva ni descuidar la escena. Le ocurre a Pedro Sánchez, cuya incapacidad viene acompañada de malsanos vicios: vanidad, falacia y egolatría enfermizas, entre otros. Solo individuos como él, vinculados a aspectos parcialmente indecorosos, pueden mantener tal hipoteca sin anotar alteración alguna. Tras la debacle madrileña imputable a él casi en exclusiva, desde mi punto de vista, se ha percibido un silencio táctico, pero no ningún gesto de propio arrepentimiento o inquietud. Al contrario, ya ha buscado oportunas cabezas de turco para arrostrar cualquier peaje que alguien pudiera exigirle. Desde luego, la valentía únicamente se confirma en coyunturas extremas. No es el caso.

Martingala, según el DRAE en su acepción primera, significa: “Artificio o astucia para engañar a alguien, o para otro fin”. Completo muestrario de dicho vocablo, con diferentes modalidades y matices, podrán apreciarse a lo largo de los próximos meses —si tenemos a punto el juicio crítico— cual certeros, novedosos e incuestionables remedios. Sánchez (apellido patronímico que significa hijo de Sancho) es el nuevo Sancho Panza conocedor del bálsamo de Fierabrás. Sin embargo, contra su vieja e hipotética función curativa de dolencias físicas, la nueva poción mágica remediará los males del ciudadano cuando el gobierno aplique su mejunje. Este taumaturgo, si fuese preciso, se revestirá de hada madrina, tan ficticia como la Cenicienta, si ello le lleva a restablecer aquella añeja seducción y mantenerse palaciego, aunque a altas horas pudiera perder uno de sus zapatos. La apetencia es alargar sine die el “bailoteo litúrgico”.

Observo estupefacto el caparazón exhibido por nuestro presidente cada miércoles, día de control al gobierno. Gesto y réplica irradian desprecio a los españoles, a diputados rivales (a veces incluso a congresistas afines, codiciosos, que lo sostienen sin pudor) y a la propia Cámara. Me pregunto con cierta inconsciencia qué habrán visto mis conciudadanos en Sánchez para izarlo tan alto. Seguramente han descubierto méritos ignotos, sinuosos, que el resto no apreciamos y, desde luego, menos hechos que los avalen. Ha jugado con España a la gallina ciega desde todos los ámbitos posibles: sanitario, económico, institucional, político, jurídico y resto, por si dejara alguno. Como consecuencia —y flanqueado por cientos de asesores e Iván Redondo que redondea el número, nunca mejor dicho— encuentra cristianos a quienes arrojar a los leones sin distinguir coliseo concreto.

Gar-Mar (padre Vicente García Martínez) expresó: “El silencio es a veces una mala respuesta, una respuesta amarguísima”. ¿Pudo realizar un ejercicio de clarividencia sobre Sánchez cuando compuso sentencia tan agria y exacta? Ignoro si su retiro fue una cura de humildad ineludible o tránsito táctico para sembrar el olvido penitente que reparara la herida electoral del 4-M. Vuelto al mundo rutinario avista parecido desprecio, altivez e insolencia, anteriores al proceso balsámico, reconstituyente. Debemos presuponerle, a estas alturas, alguna anomalía epistemológica si no reducido coeficiente intelectual. Solo así lograremos concebir que siga uncido al palo de la noria y de vueltas a ver si los viejos cangilones recogen copiosas rentas políticas. Ocurre, no obstante, que demasiados de ellos están ya agujereados y descargan nada, solo fatuas fantasías.

Hoy toca abundar sobre vacunas y derrota (por segunda vez, quizás tercera) del virus como resultado adjunto. Desde enero lleva anunciando la inmunidad de rebaño (modificada a grupo, menos peyorativa pero más engañosa) a finales de agosto. Le reconozco una rara habilidad para cubrirse las espaldas por él mismo o a cargo de abnegados botarates. La presunta inmunidad, allá por agosto abrasador, le supondrá apropiarse —en su retiro vacacional— de un triunfo indecoroso porque el éxito le correspondería a la CE y Comunidades encargadas de su proceso posterior. Si para esas fechas el porcentaje de inmunidad fuera irrisorio, serían culpables los distintos laboratorios por incumplimiento de contrato. Eso sí, encadenado a impúdico descaro y artillería mediática al efecto de persuadir a quienes repele comulgar con ruedas de molino.

Corroboradas las palabras de Unamuno: “A veces el silencio es la peor mentira”, tendremos certidumbre de que Sánchez embauca cuando habla y magnifica la falacia si calla. Sus irregulares mutis o reservas potencian episodios donde lo inverosímil hornea infundios espectaculares. Los tiempos completan una alternancia hasta ahora eficaz, desconozco si debido a habilidad del personaje o mentecatez del conjunto. Desde aquella tomadura de pelo a los militantes para convertirse en secretario general (léase capo intocable), los españoles somos voraces esponjas, tal vez humillantes receptores, de patrañas sin fin. El Plan de Recuperación y Resiliencia —solo el epígrafe debería levantar sospechas— ha calado tan hondo en Europa que vaticinan la mayor subida del PIB en la UE durante los próximos dos años, aunque paradójicamente no disminuya el paro. ¿Cómo armonizamos tal contradicción? Dicho amasijo mezcla aserciones sin sentido, ilógicas.

Mientras, pasea obcecado por el espacio nacional, con terquedad cargante, ciento cuarenta mil millones de fondos europeos. Me recuerda la táctica de Queipo de Llano haciendo deambular por Sevilla “cuatro legionarios”, para conseguir una sensación enfática, artera, delirante o el cuento del manjar degustado al aroma y su correspondiente pago sonoro con el tintineo monetario. Sánchez, perillán donde los haya, logra que el efecto Marshall tenga una insólita elasticidad. Si de la nada crea una economía sobrecogedora, paradigmática, qué no se encumbrará con las perspectivas avaladas por estudios internacionales para las dos próximas temporadas. El sentido común y la criba empirista me incitan a dudar sobre cualquier predicción, sea proveniente del fantaseo presidencial o especialistas mundiales cuyos datos indiciarios se estiman falsos, prestos a dar el pego. Este tema, sustantivo, viene acompañado del absurdo como música de fondo.

Pese a la incompetencia manifiesta, Sánchez ofrece auténtica pericia para acercarse a siglas inconvenientes siempre que le permitan objetivos rutilantes. Denuncia contactos peligrosos del PP cuando él se ayuga con partidos totalitarios, algunos que se definen antiespañoles y remata propinando abrazos a Bildu. La exaltación que le brinda esa amplia claque del Congreso, del organigrama sanchista y de “solventes asesores”, deja al descubierto qué predicamento moral acompaña a tan “intachables” servidores públicos. Es comprensible que cada cual defienda sus lentejas (legumbre bíblica) porque se ha acentuado aquella amenaza de Guerra: “Quién se mueva no sale en la foto” y eso esconde un significado prosaico: pasar de miles de euros mensuales al paro; en el mejor de los casos a cobrar mil euros escasos. Atentos Susana Díaz y barones contestatarios; os la tiene jurada.  

jueves, 6 de mayo de 2021

Y COLORÍN, COLORADO, EL CUENTO SE HA ACABADO

 

Hace años, allá por dos mil diez, publicaba un artículo con epígrafe opuesto al de hoy: “El cuento billete”, pero centrado en la cuestión impositiva. Zapatero —igual que el gobierno actual, pero menos embustero y maligno— aireaba, iniciando cierto aspecto histriónico ahora desatado, una subida de impuestos “a los ricos”. Pareciera que la izquierda “progre” se anclara en siglos pasados o la muchedumbre que la alza al pedestal ignorara el mensaje si hablaran de “grandes fortunas”. Sigue usando un ardid antañón; lo explotó durante los años treinta del pasado siglo y quiere exprimirlo ahora, ya casi enjuto cual esa ideología fracasada que lo sustenta. Al final, fuera de frases seductoras, postizas, pagan las clases medias y bajas; es decir, aquellos a quienes dicen favorecer, redimir. Y este pueblo, con ojos de yeso que dicen por mi tierra, sigue alimentando sus cuerpos maltrechos de utopía mientras los catequistas viven la opulencia.

Sí, en mi infancia nos incordiaban —básicamente los muy allegados— con aquellos “cuentos de nunca acabar”, naderías que soportábamos de forma jobniana, pero incómoda. Ellos, según recuerdo, lo pasaban bomba cuando olfateaban nuestro empacho e inquietud. Probablemente supusiera desquite, tal vez venganza afable, bonachona. Hoy, en mi segunda edad y media (nominación optimista pues nací finalizando el primer quinquenio de la posguerra), quienes gobiernan hasta ahora —es un decir— hieren sensibilidades y bolsillos, no por revancha sino por depredación. Encima del atentado a los sentimientos, a la dimensión democrática, han castigado nuestros ahorros de forma lujuriosa, con insistente intención de apurar todavía más tanta codicia recaudatoria. Y, por otra parte, sin vínculo sanguíneo que hiciera llevadera tan excesiva malquerencia.

Aquel cuento billete (en mi pueblo un modelo de cuentos sin fin, de nunca acabar) se ha ido gestando imperceptiblemente, casi de tapadillo, por los diferentes ejecutivos desde que se consideró consolidado el nuevo sistema. Sería injusto excluir a alguno de los partidos que animaron un bipartidismo disoluto, cuyas irresponsables secuelas penamos hoy. Asimismo, expiaríamos como aficionados si olvidáramos a políticos indecentes y a una sociedad indocta, holgazana, permisible. Nadie cuestiona que la carga es compartida, pero quien realice un análisis profundo, objetivo, llegará a conceder que la izquierda despliega un papel medular. Tal vez, esa propensión al autobombo sin hechos que puedan legitimarlo sea el origen de tanta adversidad. Lo incuestionable es que el peso ético históricamente ha sido apropiado por la izquierda de forma hueca y sin desplegar título taxativo. He ahí el porqué de tanta frustración.

Madrid, de nuevo, ha rechazado la divergencia, el fanatismo salvaje, surgidos a iniciativa de una estrategia errónea, suicida. Mucho antes de la campaña oficial, el gobierno venía hostilizando al pueblo madrileño en la figura de su presidenta. Aquí estuvo su primer yerro: Ayuso le salió respondona aguantando carros y carretas, dimes y diretes, sin variar un ápice su ruta ni proyecto. Se enfrentó a la inmoralidad de Tezanos, a invectivas personales —también políticas— e incluso a debate social con Sánchez que, a poco, tuvo que retroceder ante el peligro de salir chamuscado al agigantarse una presidenta endeble a priori. Sin embargo, hubo un precedente sustantivo: afición desmedida a burlar la democracia con añagazas legales, pero ininteligibles para el ciudadano común. Las declaraciones ulteriores de Ábalos y Carmen Calvo indican desconocimiento total de la lección ofrecida. Se salva socialmente el menos pecador y más castigado: Gabilondo.

Victoria arrolladora de Ayuso, Ciudadanos sin representación, huida razonada y vergonzosa de Iglesias (aunque apunta más a rechazo sine qua non por parte de Europa), sorpasso de Más Madrid al PSOE, son reseñas que trajo el 4-M. A su término, surgieron análisis y estimaciones variadas; unas, sensatas —al menos con sentido común— otras, indisimuladamente esquivas, equívocas, justificadoras. No obstante, todo desespero pretendidamente agraviante procede de medios anejos, pero bajando timbre, tono e intensidad. El bofetón ha templado ánimos que días pasados hervían con fervor bélico al amparo de una trinchera común en la que podía leerse: ”fascismo o democracia”. Dentro bramaban “sanchistas” (nada que ver con un PSOE vinculado a formas democráticas) y comunistas totalitarios: Podemos, en caída libre, junto a Mas Madrid. El pueblo “fascista” les ha dado a los atrincherados una lección democrática inolvidable.

Casado tiene buen bagaje de salida, pero no debe olvidar que la victoria le es extraña; ha ganado Ayuso —en un actuar exitoso— empujada por el hastío y rechazo que exhalan Sánchez e Iglesias. Al PP le falta un líder carismático, audaz, enérgico. Tiene dos peones probos, válidos (ambos en Madrid), aunque algún barón, con crédito infundado, pudiera salirle desleal. Tal escenario exige una actuación previa, lograr unidad estratégica por convicción o por pragmatismo. Sin unidad, y sin limar asperezas con Vox, jamás llegará a presidente. El sanchismo político y mediático insiste en añadirle un plus de arriesgado acercamiento a quien denomina “extrema derecha”. Mientras, pacta con comunistas, independentistas y Bildu, que, como sabemos, destilan exquisitez democrática. Casado precisa ahormarse con la reciedumbre y confianza doctrinal de Ayuso. Pactar el CGPJ refleja seguidismo hediondo con la vieja política bipartidista. Malo, malo.

Cualquier líder político ansía absorber la sigla, convertir el partido en una banda de amiguetes, donde pueda haber hasta despotismo si se obtiene el plácet del autócrata. Digo bien, porque—según la Constitución— no hay democracia sin partidos administrados democráticamente. Sánchez, al efecto, se ha convertido en virrey o dictador operativo. Hace y deshace a voluntad sin guardar la mínima apariencia. Elige, incluso, su Comisión Ejecutiva Federal formada por individuos de plena confianza. El PSOE se utiliza como terminología, a modo de nomenclatura, pero el partido en esencia no existe. Perdido todo vínculo, rota la mínima cohesión, los resultados de Madrid pueden emprender una catarsis que se lleve por delante dicha malandanza. No puede olvidarse que el sanchismo es la tercera fuerza política tras Más Madrid, un partido con dos años de vida. Cuidado.

Dejo para el final la auténtica madre del cordero. ¿Son extrapolables estas elecciones? Puede que no, ni en contenido ni en resultado, porque Madrid no es la enfermedad, pero sí un síntoma preocupante. Tal vez pudieran serlo por su espíritu que, como al campo, no se le puede poner puertas. Este es el verdadero aprieto del sanchismo, muy deteriorado ante la ejecutoria sanitaria, el nefasto galimatías económico y, sobre todo, la coalición con Podemos debido al desprecio que ocasiona Iglesias, mejorando lo presente. En tiempos de bonanza la gente no piensa porque tiene los “ojos llenos de pan”. En tiempos de hambre, los ojos se desorbitan impulsando inteligencia y juicio crítico. Dos cosas: Cataluña y el resto de España son vasos comunicantes y las declaraciones de gerifaltes sanchistas no presagian ningún aprendizaje. Creo firmemente que el cuento empieza a acabarse.

jueves, 29 de abril de 2021

EXTRAVAGAR Y POLARIZAR

 

Observo con verdadera inquietud que la campaña electoral de Madrid Comunidad empieza a restituir un operar aparentemente olvidado. Diría que cada líder hace esfuerzos titánicos para ajustarse a las palabras de Miguel de Unamuno en su obra Amor y Pedagogía: “Extravaga, hijo mío, extravaga cuanto puedas, que más vale eso que vagar a secas … Sé ilógico a sus ojos hasta que renunciando a clasificarte se digan: es él, Apolodoro Carrascal”. Parece que a estos candidatos una voz interior les conminara a extravagar, sin otro objetivo concreto, en toda su extensión e intensidad. Tal vez lo hagan para desorientar al votante ante la penuria de propuestas rigurosas y viables. A falta de alumbrar sus mentes con programas de mejora, piensan, llenemos de saña la víscera que es menos complejo y más productivo. A la postre, todos son Apolodoro Carrascal, postulantes desclasificados, asimismo ciertos ellos inclasificables.

Extravagar significa desatinar, delirar, disparatar, desbarrar, andar errante. Lucubrando, sin demasiado empeño, descubriremos enseguida que el conjunto anda errante, aunque sus respectivos jefes de campaña los alaben diciendo lo contrario (en esta ocasión Tezanos hace escuela). Unos, desbarran; otros, disparatan y alguno específico, delira. Es cierto que las campañas electorales me interesan lo mismo que la fisiología de la mosca cojonera, verbigracia, dada mi ejecutoria abstencionista. En cualquier caso, efecto social no tienen ninguno porque estos políticos nuestros despliegan poca memoria y menos voluntad. Se preocupan del ciudadano —y solo de boquilla— unos días, de uvas a peras o viceversa; cuando toque. Estoy convencido de que el ciudadano (contribuyente en España) tendrá cociente intelectual, conductividad térmica y hasta punto de evaporación, pero carece de peso específico. Somos seres angélicos, sin magnitud corpórea ni corporativa.

Sánchez es el Guadiana de la política, aparece y desaparece misteriosamente. Suele cubrirse bastante bien, hasta demasiado bien, porque no tiene otra cosa que hacer. En la precampaña protagonizó varios programas televisivos, venidos a cuento o sin él. Unas veces “divagaba” —vocablo oblicuo— en el Parlamento y otras “desinformaba” sobre vacunas y situación económica con sus cada vez más abundantes, tediosos y desahogados, “Aló Presidente”. Ahora, pasó un tiempo oculto hasta que se le ocurrió acompañar a Gabilondo saltándose el confinamiento en zona de riesgo extremo. No hay nada más alarmante que se salte el Estado de Alarma quien lo propició. Es el “puto amo”, utilizando una expresión poco ortodoxa pero muy en boga. Ignoro si este silencio casi inconcebible se debe a táctica tutelada o pragmatismo personal evitando una exposición inútil, demoledora, dicen las encuestas.

La acepción tres indica que polarizar comporta orientar en dos direcciones contrapuestas, pero sin espíritu de acercamiento sino con afán combativo. Todavía está fresco aquel exordio de Zapatero a Iñaki Gabilondo: “Nos conviene que haya tensión”. Constituye el remedio alternativo de quien no posee argumentos persuasivos: la izquierda intransigente en un marco capitalista. Dicha estrategia viene acompañada con tramoya semántica y arancelaria. La Historia (rotunda, incontestable, probada a través de los siglos) discrimina las izquierdas advirtiendo incompatibilidad absoluta entre comunismo y democracia. Pues bien, en esta piel de toro, Podemos reparte sin empacho ni sonrojo carnets de demócrata o fascista de forma vejatoria, incluso tiránica. Esas mismas aguas bautismales beben independentistas de ambos signos —es decir, burgueses y zurdos— junto a Bildu. Toda una tropa que despliega hipocresía y despierta aturdimiento, si no pasmo.

He dicho en alguna ocasión que soy televidente habitual de Al Rojo Vivo, programa del que Iglesias tiene dudas, desconfianza, con dicho color. Hay un tertuliano, joven y fanático (hincha, casi hooligan), que cuando habla de la “extrema derecha española”, Vox según él, pone como ejemplo a Viktor Orbán, líder del partido ultranacionalista húngaro Unión Cívica. Dos cuestiones. Seguramente Hungría prefiere a este presunto autócrata antes que la invasión rusa de mil novecientos cincuenta y seis cuando la población reclamaba libertad. Por otro lado, el personaje —para poner ejemplos— no precisa saltar fronteras: tiene a mano los ultranacionalistas conservadores PNV y JxCat, quizás también ERC. Mancebía (mancebo) y falta de memoria democrática o desafuero doctrinal, suelen jugar a la gallina ciega si no se espera una compensación pecuniaria solvente, decorosa.

Antes he hablado de tramoya semántica y lo reitero. ¿Quién da autoridad moral y etimológica a políticos y medios para etiquetar a nadie con el “tóxico” epíteto fascista? ¿Quién dice que Vox es extrema derecha y fascista? ¿Podemos, PNV, ERC, JxCat, Bildu? Con un par. ¿Quién clama contra el PP por “mancharse” de extremismo, mientras pacta con partidos que en Europa estarían ilegalizados? La campaña electoral (perdón, enfrentamiento sádico) alcanza tal grado de indecencia que dibuja a las claras el fuste democrático de nuestro país, qué convicciones exhiben algunos candidatos y la perspectiva futura que ya ofrecemos. Gabilondo —candidato prestigioso, de referencia moderada y exquisitez formal— se ha pegado un tiro al pedir un “cordón sanitario” contra Vox. La obediencia monacal le ha jugado una mala pasada. Pobre.

Ayuso también ha cometido errores. El primer eslogan de la campaña, “Socialismo o libertad”, era irreal, desatinado, porque ambos vocablos no son antitéticos. Se hubiera corregido, ajustado, sustituyendo socialismo por “sanchismo”.  El segundo, “comunismo o libertad”, no tiene desperdicio, pone las cosas en su lugar exacto. La izquierda y algunos digitales, sin saber el orden exacto, han puesto en circulación, “fascismo o democracia”, un sarcasmo falaz porque lo evocan —nada más y nada menos— una banda y dos partidos comunistas. Fascismo fue un ideal, junto al nazismo, creado al socaire del crack económico de mil novecientos veintinueve, sin rigurosa existencia actual. El “dóberman” crece, se agranda, por cobardía de unos e indolencia del resto.

Reconozco que mis principios humanísticos me empujan a condenar la violencia ilegítima, pero no tengo seguro que mi fortaleza cristiana me pida ofrecer la otra mejilla. Viene a colación por el episodio esperpéntico, caricaturesco, días atrás en la cadena Ser. Iglesias se empeñó en que Rocío Monasterio rectificara sus dudas sobre las amenazas recibidas. Ella recordó que ni él ni Podemos condenó las agresiones sufridas por Vox en Vallecas, justificándolas inclusive por presunta provocación. Recordó también que Echenique puso en duda (y kétchup) la herida sufrida por Rocío de Meer. Iglesias tiró por la calle de en medio y se marchó del debate. Con toda incertidumbre, mucha gente desconfía de Sánchez e Iglesias por el abismo entre palabras y hechos; también por buscar la respuesta lógica a: ¿a quién beneficia?, complementada inconscientemente con el fundamento de Ockhan. La izquierda ha probado históricamente que cuando tiene perdido el poder se agarra a prácticas esperables, pero impredecibles.

viernes, 23 de abril de 2021

DIOS LOS CRÍA Y ELLOS SE JUNTAN

 

Desconozco que esta frase tan popular se refiera alguna vez a personas dignas, activas y solidarias. Por el contrario, suele señalar conjunción de individuos poco distinguidos en virtudes por azar repentino o fatalidad elegida. Probablemente, en múltiples ocasiones, analicemos con excesivo rigor el negativo apriorismo moral que conlleva la acepción del proverbio. No obstante, no solo esa instrucción concluyente —que imbrica hechos y adagios— sino la propia experiencia individual lleva a una certidumbre incontestable. Tal ejercicio no implica pleno cotejo sino proximidad a la norma que, como cualquier otra, se confirma con algunas excepciones. Habría que ser muy mostrenco para no toparse en algún momento de nuestras vidas, más en la coyuntura actual, con situaciones que proclaman lo exacto del mensaje.

Tengo claro, asimismo, que la indigencia política en nuestro país —con notorias y dignas excepciones— alcanza cotas insólitas. Algo parecido ocurre en el resto de Europa, donde lo complejo y mediocridad son confundidos para salvaguardar una hipotética eficiencia tan difundida como inexistente. España, pese a todo, bate récords históricos. Qué decir de un presidente que, aparte oscuros aconteceres académicos, miente hasta cuando rectifica. Qué puede ofrecer a los ciudadanos quien tasa fechas exactas de vacunación cuando barrunta que no va a poseer vacunas suficientes. Cómo calificar a quien ha repartido ya ocho veces, dicho por algún medio, el dinero que la UE le regatea por incompetencia y amistades incompatibles con el statu quo europeo. Aparte propaganda y escaparate, merece el epíteto vacuo; tal vez sea más exacto, aventurero, vividor y psicópata narcisista, al decir del doctor Joaquín Sama.

Cuando las carencias campan en espacios aislados, personalizados, formando compartimentos estancos, se aminora el efecto pernicioso al limitar sus estragos. Sin embargo, cuando se suman —jamás como proceso aprovechable, con expectativas de mejora— la resultante es aciaga y dispendiosa. Todavía, si cabe, aumentan los suplicios gástricos (nacionales) si mezclamos limón y vinagre; no digamos si uno es pura hiel. Sánchez, por sí solo, acomete la misma demolición que cualquier elefante en una cacharrería. Empezó engañando al afiliado, engaña hoy a propios y extraños con propuestas que sabe incumplibles y terminará intentando engañar a Europa. Aquí se le termina el terreno de juego, haciendo inútil los esfuerzos interesados de PNV, independentismo catalán y Bildu, por sostener un gobierno que a poco dará sus últimos estertores. Lo bastardo terminará por arrasar toda estirpe, tribu putativa: el sanchismo.

Iglesias, comunista por propia aseveración (apelativo definitorio, antidemocrático, liberticida), es un individuo hostil al marco español y europeo del siglo XXI. Probablemente, o no, su contribución fuera valorada en países concretos del tercer mundo, pero el área occidental debe considerarlo inútil, pasado hace siglos. Él lo sabe y Sánchez también. Pablo utiliza el populismo, la pompa hiperbólica y la simpleza de sus acólitos, para vivir —con omisión de laureles casuales— como un potentado. Ha descubierto, del mismo modo, compañera idónea, suplemento paradigmático. Sánchez, sin que sirva de precedente, dijo una verdad en su vida cuando aseguró que Iglesias le quitaba el sueño y a millones de españoles. Pese a ello, pudo más su ambición y cálculo cortoplacista. Para conquistar y disfrutar algún tiempo La Moncloa necesitaba a Iglesias, independentistas y Bildu. Así lo hizo. Así nos va, así le va.

Iván Redondo (Sánchez no alcanza tanto) ha laminado a Iglesias, pero también a Ciudadanos. Fulminar a Podemos, ERC y Bildu, sobre todo, es condición sine qua non para formar parte del Club europeo. Redondo y Tezanos cometieron un grave error de cálculo aquel verano de dos mil diecinueve. Creyeron que Sánchez, en noviembre, quedaría mejor posicionado —a costa de Podemos— para tratar el pacto gubernamental con un centro algo disminuido. Ciudadanos, contra lo previsto, casi desapareció del escenario político y no tuvo otra solución que pactar con quienes resultaban reacios a la preceptiva europea. Ahora nos encontramos en bancarrota aunada a una crisis sanitaria, laboral y económica sin precedentes. Su dilema es arduo: abandona el lastre impuesto por los socios de legislatura o Europa no suelta un euro. Perversa y delicada disyuntiva.

Conocer aquellos personajes (quizás personajillos parásitos) que blindan y dirigen los fondos públicos en vez del bienestar ciudadano, es fundamental para salvaguardar el sistema democrático. Sánchez —actor principal por oposición a aquel otro que, al ser un ente material, solo ocupaba un espacio físico en el escenario político— “desea liderar la socialdemocracia europea, olvidando hipotecas pasadas y buscando el equilibrio entre preparación-gestión e ideología”. Dentro, prioriza esfuerzos diseñando una renovación integral del PSOE para su control absoluto. Ambos detalles acreditan el mencionado retrato psicológico del doctor Joaquín Sama, especialista en psiquiatría y neurología. Adelantándome a quienes pudieran invalidar tan llamativo diagnóstico con excusas técnicas, alego que casos tan patentes no precisan interacción doctor-paciente ni psicoanálisis de sofá; lucen solos.

Iglesias (aquel que en dos mil catorce rodeado de chiquillada atronaba con su: “El cielo no se toma por consenso, se toma por asalto”) hace un backward. Una frase célebre indica: “de Madrid al cielo”. Aquel, despeñado, desciende del cielo al arrabal de Madrid; eso sí, instalado en una mansión que disfruta en nombre de “la gente”. Las encuestas, paradoja sociométrica, le dan diez diputados pese a ser el candidato peor valorado, de largo. Desde luego su partido será el último del escalafón, si sale, y asumiendo el hundimiento de Ciudadanos. Deduzco que, a su pesar, ha descubierto el final del camino adornando una huida hacia adelante, una fortaleza ilusoria, que le lleva a presuntos trastornos emocionales cuando garantiza terminar con la educación concertada. Ni sabe, ni puede; sigue sin ver sus pies de barro. Nunca tuvo vida propia pues ha sido sostén, apoyo; sí pedestales, óbolos y buen vivir. Al fin, lo que buscaba.

Sinteticemos. Aunque no sea lo habitual, Dios (por seguir el dicho) y la naturaleza crean personajes poco lúcidos, extravagantes, impostores y, aún peor, malignos. Aislados, queda relegada su carga al ámbito familiar, lindero, sin que el efecto diabólico supere límites soportables. Lo inquietante surge al encontrarse. Entonces se agrava la maca y esa adición causa un impacto tremebundo. Si miramos con rigor los frutos del tándem Sánchez-Iglesias en casi tres años, el alcance no puede ser más desalentador. Esperemos que la marcha del vice no resulte algo postizo, un simulacro grosero, pudiendo anotar, al menos, entendimiento efectivo con el partido opositor para desbloquear ciertas instituciones esenciales en los regímenes democráticos. Como colofón, mencionemos también el ayuntamiento de medios audiovisuales cuya asistencia ha sido esencial para llevarnos al infortunio.

viernes, 16 de abril de 2021

CRUZADA ESPERPÉNTICA, IMPOSTADA

 

Cruzada designa “expedición militar contra enemigos infieles, pretendiendo recuperar los Santos Lugares, que demandaba el papa mientras concedía indulgencias a quienes en ella participaran”.  Asimismo, esperpento indica “persona, cosa o situación grotescas o estrafalarias”. Se dice que las cruzadas fueron contiendas atroces, sanguinarias, para reconquistar Jerusalén (siglo XI), territorio cristiano ocupado por árabes (siglo VII). En el fondo, puede interpretarse —y no debe ser laberinto retórico— forma frecuente de aquellos tiempos medievales para hacerse con poder y riquezas. Si ampliamos dicho concepto, todo conflicto doctrinario y fundamentalista puede ser considerado cruzada. España realizó una de ochocientos años contra los árabes para redimir el país, pero también la Guerra Civil puede considerarse tal por absoluto enfrentamiento doctrinal.

Conviene asentar algunos hechos históricos para presuponer ciertos movimientos actuales. A principios de los años veinte del siglo pasado, Lenin invitó al PSOE a formar parte de la III Internacional que proponía condiciones precisas a quienes quisiese pertenecer a ella. Fernando de los Ríos y Daniel Anguiano, dirigentes enviados a Rusia, representaban las corrientes socialdemócrata y tercerista del PSOE. El segundo sería uno de los que lo abandonaron para adscribirse a la Internacional y crear el PCE. Surgieron así, un partido comunista-leninista y otro socialdemócrata. Pese al acuerdo, en este grupo quedaron adeptos “terceristas” como Largo Caballero e Indalecio Prieto. Tal escenario condujo al Frente Popular, bajo potestad comunista a partir de mil novecientos treinta y siete. Franco y Cipriano Mera (anarquista), entre otros, pusieron fin a aquella cruzada ideológica e intolerante y disiparon todo empeño de instaurar el marxismo totalitario.

Ignoro qué razón lleva al PSOE (hoy partido cesarista) a radicalizarse, a asumir los fundamentos de la izquierda ultra que inauguró Rodríguez Zapatero. Se me ocurren dos probabilidades. Un ejercicio de alpinismo, casi salto al vacío, ante el decaimiento de la socialdemocracia europea y otro, tal vez más consistente, debido a la frustración producida tras los pormenores biográficos del abuelo paterno. Su conducta actual con la dictadura venezolana, me empuja al segundo presupuesto. Zapatero quiso suprimir sesenta y ocho años de Historia para enlazar su gobierno con el de Casares Quiroga, allá por mayo del treinta y seis. Se equivocó de tiempo y de statu quo europeo. Con dudosa lucidez, al menos, considero que su funesta gestión no puede calificarse de concienzudamente maligna. En absoluto me ocasionó rechazo, sino contrariedad; ahora mismo, casi vergüenza debido a su pestilente papel exterior. 

Sánchez supera con creces lo inimaginado. Ha blanqueado, antes de conseguir el gobierno, a partidos independentistas, filoetarras y revoltijo podemita, pese al “aseo democrático” que pretenden destilar: (nazis, fascistas, antifascistas, totalitarios). Ya entonces indicaba las raíces de su cruzada particular ayuna de doctrina y motivación, hasta hace poco, motores fundamentales —quizás engañosos— de dichas aventuras beligerantes. Este fraude presidencial tiene olvidados, hartos, a los españoles; vivir opíparamente y satisfacer su egolatría ilimitada mueven el único recurso que domina: la propaganda envuelta con argucia tediosa. Para algunos, este personaje goza de reputación según las encuestas electorales. Sea como fuere, ahora mismo está inmerso en una cruzada doble: dentro, contra sus apoyos disolventes; fuera, Europa le exige lo que no puede dar: veracidad. Entre tanto, irresoluto, vano, España desaparece por el desagüe.

Urbano II, papa, promovió las cruzadas con palabras de Mateo: “Renuncia a ti mismo, toma la cruz y sígueme”. Permítanme una ironía metafórica con cierto busilis. Sánchez (Carpanta) e Iglesias (Rompetechos), sin más, hicieron suyas las palabras de Nietzsche: “¡Seamos francos! Las cruzadas, ¡piratería superior, nada más!”. Comenzaba la batalla de Madrid. Rompetechos, con aprobación o visto bueno de Carpanta, concibe una cruzada esperpéntica, sin ataduras umbilicales. No habrá árabes ni cristianos, tampoco doctrina ni lugares sacros. Aquel, audaz, imaginativo, inventará “fachas” provocadores para que legiones de “antifascistas” —armados de adoquines (por supuesto bandera, santo y seña), fabricados presuntamente por la misma inteligencia— apedreen e impidan hacer mítines a quienes piensen diferente. Medios y comunicadores amigos, apologetas antiestéticos, se empeñan en atenuar lo injustificable: aplicar tácticas nazis.

Parece evidente que el comunismo totalitario —a la sombra del sanchismo (PSOE radicalizado, montaraz) e incluso con su soporte tácito— pretende eliminar lo que trunque los objetivos marcados. Así, el Poder Judicial, periodistas carismáticos e imparciales, partidos puntillosos y políticos indomables, son acosados tiránicamente, sin cuartel. Soportan la etiqueta “fascista” y son presa por ello del “antifascismo” cainita y falsario. Vivifican, de forma impostada y temeraria, una época sin retorno posible aun con algunos cismas sociales. Afanes diarios constatan la quimera ininteligible a que proyectan llevarnos. Su empresa, si no fuera pavorosa, daría risa. Ejemplo aclaratorio lo da, desde el mismo gobierno, Yolanda Díaz, nueva vicepresidenta tercera: “El comunismo es democracia e igualdad”. Toda una declaración de principios.

Me asombran dos realidades ignoradas por falta de reflexión y juicio crítico. La primera surge del interrogante, ¿cómo es posible tanta indigencia intelectual? Lo digo porque parece, y es, obtuso que haya individuos explotadores, desaprensivos, viviendo como magnates —aupados con discursos siempre despreciativos contra la “casta”— y siguen teniendo seguidores (lacayos) entusiastas. Encima, sin ninguna perspectiva de recibir ni migajas políticas ya que están previamente asignadas. Quizás olviden aquella frase bíblica: “porque muchos son los llamados, pero pocos los escogidos”. La segunda, menos perceptible, llevaría a comprender que el bienestar social solo puede venir de partidos que generen riqueza, progreso; es decir, liberales. A la izquierda totalitaria le interesa que haya miseria, subsidio, porque constituyen fuente indiscutible e inagotable de votos.

Ahora mismo estamos a merced de aventureros sin escrúpulos cuyo único objetivo, aparte disquisiciones oratorias, es atenazar el poder para uso (tal vez abuso) particular. A mayor abundamiento, culpan a otros de corruptos, amorales, ineptos, etc. cuando son ellos quienes personifican estas maldades. Además, exhiben excesivas lacras antidemocráticas. Imputan al resto algunos vicios ciertos, pero —estoy convencido— de menor calibre y trastorno. Este gobierno insolvente anhela llevarnos a que se confirme la previsión de Jacques Attali, asesor de François Mitterand, en su obra Breve historia del futuro: “En el futuro será cuestión de encontrar la forma de reducir la población. Empezaremos por el viejo, porque en cuanto supera los 60-65 años el hombre vive más de lo que produce y le cuesta caro a la sociedad. Luego los débiles y luego los inútiles que no aportan nada a la sociedad porque cada vez serán más, y sobre todo finalmente los estúpidos”. Un pionero del exceso, pero con qué agudeza final recrea a nuestros políticos.

jueves, 8 de abril de 2021

SÁNCHEZ Y SUS APRIETOS

 

Cuando aludimos a un ente y luego referimos algún atributo o circunstancia, en esa prelación primero indicamos la esencia del ser para completarlo con notas menos significativas. Dicho itinerario tiene una dificultad repentina: definir con tino y nitidez a Sánchez. Indiferente como persona, me abstengo de hacer su retrato; ni siquiera fugaz, vago. Menos, aunque acapare incentivos para ello, reflejar el remedo caricaturesco que ha ido cosechando, probablemente, en bastantes facetas de su vida anterior cuyas referencias se airean, tal vez, con afán punzante, justiciero. El personaje político no me entusiasma nada; más bien al revés, me intranquiliza. Se parece demasiado al escorpión que expande el veneno al final del recorrido. Nos pilla, una y otra vez, confiados, presos de candorosa esperanza, de que su latigazo surja último, producto del traspié involuntario o inhábil, pero parece inevitable.

Apretar, según el DRAE en su acepción dos significa “Oprimir, ejercer presión sobre algo”. La opción décima, indica “Constreñir, tratar de reducir con amenazas, ruegos o razones”. Si la primera implica exceso, abuso, derroche en dieta —por tanto, riesgo de obesidad— exige, al fondo, una menudencia algo molesta y onerosa: cambiar de talla. También, extrayendo un doble sentido, los políticos (mientras zampan mediante chupeteo real, sustantivo) nutren al pueblo de promesas, atiborrando esperanzas e ilusiones que luego se muestran vanas. Originan, con tanta morbidez virtual, hastío, desafecto, desdibujados por esa indolencia, quizás sectarismo, consustanciales al carácter genuinamente español. Contemplamos en dicho apunte el prólogo de la acepción diez, mucho más lesiva y vejatoria, envilecida por quien se siente mortalmente herido bajo los efectos del despropósito personal.

Sánchez configuró un gobierno demacrado, cadavérico, con gestación asistida y diligencia putativa. Carece de dominio pleno porque su voluntad debe acoplarse a las exigencias de Podemos y ERC, sobre todo. Actúa cual jefe infecundo sobre cuya cabeza pende la espada de Damocles que cuelga de un hilo liviano. John Fitzgerald Kennedy lo reiteró años atrás: “En el pasado, aquellos que locamente buscaron el poder cabalgando a lomos de un tigre acabaron dentro de él”. Nuestro prohombre, sometido a la indigencia numérica y a una falta notoria de lucidez y sentido común, no da ni un paso ajeno a su propia promoción y propaganda. Ignoro si se debe al apremio que le ocasiona alguna sigla concreta para no salirse del concierto, más o menos tácito, o es fruto de cierta reserva para no exhibir, cosa harto difícil, su inutilidad. España no tiene un gobierno, tiene una ocurrencia.

Deduzco que sabe de sobras con quién se juega los cuartos. ERC ya le dio un aviso taurino cuando se negó a aprobar unos presupuestos, sospecho, “poco asimétricos” para Cataluña. Del PNV conoce su proceder taimado (más bien traicionero) y exigente, produciendo en cualquier gobierno un equilibrio inestable. Si, pese a todo, mantuviera alguna vacilación sobre la sigla vasca, Rajoy puede constatar el hecho con total certidumbre. No entro a juzgar el estilo de Podemos porque, incluso sin pronunciar palabra, nadie entiende que un partido quiera ser gobierno y oposición al mismo tiempo. Logra, fuera de toda discusión, la cuadratura del círculo; algo solo concebible acudiendo al ridículo y a lo extravagante. Con estos mimbres internos no me extraña que la adulterina quietud del incompetente, aderezándola con quimeras repetidas para mantener viva una llama agotada, sea sinónimo de sensatez y complacencia personal. Puro cinismo político.

El engorro, los diversos aprietos que Sánchez ha de librar, no proceden solamente de compañías indomables, poco pertinentes para proponer en conjunto objetivos dignos, con dividendos éticos y generales. Quizás de manera inconsciente se haya atiborrado de engreimiento, empaque, prurito — llamativos, pero huecos— cuyo efecto inmediato es un autobombo impertinente, falaz y aburrido. En su mundo de yupi, estará seguro de un gran poder seductor, tanto que cree hacernos ver sustancia donde solo hay camelo. Craso error; dispone de parroquia elemental, siempre fiel al púlpito, pero en claro declive. Tal vez olvide que “el respeto es como el dinero, puedes pedirlo, pero es mejor ganártelo”. Hoy, que ha vuelto al Aló Presidente para anunciar lo ya dicho hace meses y enfrascarse en la precampaña madrileña, me he quedado dormido. Seguro que han sido miles.

He leído un artículo cuyo autor (Agapito Maestre) opina que de mil novecientos ochenta y uno a mil novecientos noventa y seis, en España se constituyó la mayor empresa de Europa: el PSOE. Dice, abonando esta conjetura, que es “la mayor organización política, económica, social y cultural contemporánea”. Desde mi punto de vista, afirmación tal no encaja con nuestra realidad doméstica ni con la europea. Cierto que la izquierda, al menos aborigen, exhibe ademanes autoritarios —como sintiéndose dueña y señora— junto a una estructura clientelar que aparenta robustez fortaleciendo adhesiones. Desentona, además, con la práctica desaparición de la socialdemocracia continental que deja al PSOE sin referentes y desestructurado desde un punto de vista ideológico. Resta en su ideario un infructuoso cajón de sastre: Memoria Democrática, Feminismo y Cambio Climático. ¿Suficiente para combatir la pandemia y crisis económica? ¿Farsa o servicio?

Sánchez otea sobre él un futuro inmediato lleno de negros nubarrones. Si no se consigue pronto la inmunidad de rebaño (nunca mejor dicho), la situación económica se volverá explosiva. Más, si ese “tentempié” de ciento cuarenta mil millones se retrasa o atasca provocando un cataclismo de consecuencias incalculables. Las malas compañías aseguran vidas alegres, desenfrenadas; luego hay que pagar peaje. El paro seguramente llegue a proporciones desconocidas y ya sería tarde para reducir la alarma social sacando conejos de la chistera. Me cuesta imaginar hasta donde llegará la Deuda Pública, bajada del PIB y cómo costear sus dramáticas consecuencias. El PSOE (ahora izquierda extrema) entra en competencia con la izquierda independentista (ERC, CUP, Bildu) y la extrema izquierda totalitaria (Podemos, Más España). Dicho escenario impide que aquel pueda centralizarse y ha de radicalizar un mensaje populista, artificial. Para gobernar, Sánchez los necesita por obligación mientras Europa rechaza inquieta tales compañeros de viaje.

Lo mismo que los animales carnívoros matan por naturaleza, la izquierda trata de imponerse con amenazas, ruegos y razones (acepción diez de apretar). Tal andadura no se conforma con eslóganes o frases vacías de contenido, no; lleva a cabo cualquier propuesta aun bordeando leyes y derechos. Luego vitorean ser garantes de lo pisoteado disfrazando de virtudes lacras inmundas. Cuentan, a tal fin, con una maestría insuperable y la resonancia audiovisual que compran sin reparos. Esta alienación mediática constituye el método masivo de conocimiento en poblaciones poco dadas a la lectura, España verbigracia. Tal coyuntura, aparte de acarrearnos males desde tiempos inmemoriales, permite al gobernante cargar a individuos iletrados sus aprietos particulares.

viernes, 2 de abril de 2021

DE DINEROS, MALES Y OTROS DETALLES

 

Quien me siga con asiduidad conoce mi tesis fundamentada en que solamente Europa puede terminar con este gobierno inepto, nefasto. Fraude, cinismo y manipulación se enseñorean del individuo creando una realidad postiza, insensible, cocinada a fuego lento. Tal coyuntura explica el ínfimo desgaste electoral del PSOE, aun advirtiendo la irresponsabilidad de un ejecutivo huidizo —que culpa a otros y falsea el descalabro sanitario— mientras atasca hasta extremos insólitos los trámites económico-laborales. Se conforman así millones de parados y trabajadores en exclusión social, sin contar las colas del hambre. Sin embargo, asombra percibir con qué inutilidad opera este gobierno; tanto como el dogmatismo irracional desatado por una sociedad terca, ladina e iletrada. Es probable que este último atributo y la polarización visceral apreciada respondan a un notorio plan de ingeniería social. Desde luego, nada existe por generación espontánea.

Semanas después de depositar la papeleta y dispuesto un gobierno, generalmente repudiado por ser fuerte (mayoría absoluta) o débil (necesidad imperiosa de someterse a siglas nocivas, la mayoría de veces), surgen conversaciones —casi siempre tabernarias—que rubrican un sentimiento común: frustración. Es el efecto esperado, lógico, de votar a la contra, sin juicio previo ni convicción. Nos defraudan todos en proporción parecida, pero dejamos la piel no por los nuestros (de ordinario, posesivo esotérico e infantil) sino para que pierdan los otros, igualmente indescifrables. Somos pura contradicción y ahora, roto el bipartidismo, han difuminado el enemigo dejándonos frente al absurdo. Los años me han hecho desmenuzar sin patrioterismo montaraz, ese rasgo que permite enaltecer o desdeñar sin límite cualquier imagen antojadiza del eslogan “España es diferente”.  

Zapatero y Sánchez pasarán a la Historia liderando los peores gobiernos durante dos siglos, al menos. Pese a su carencia, el primero se sentía inexpugnable ya que en la segunda legislatura (estando España al borde del abismo) obtuvo cinco diputados más. Europa le obligó —mayo de dos mil diez— a realizar inmensos recortes sociales para asegurar la estabilidad financiera totalmente descontrolada. Al año siguiente le puso en bandeja a Rajoy una mayoría absoluta impensable e inmerecida. Recordemos las causas. El paro pasó en siete años del once al veintiuno por ciento; el déficit, del cero punto cuatro al nueve, punto dos; la deuda del cuarenta y siete al sesenta. Estábamos próximos a la bancarrota. Sánchez, que ha superado a Zapatero, realiza una gestión sanitaria infamante, indecisa e ineficaz. Presenta, a su vez, el horizonte económico más negro que haya registrado el país en decenios, arrastrando la deuda al ciento treinta por ciento del PIB.

El presidente —experto artífice del buñuelo, ducho en montajes y propaganda— hizo dos anuncios salvadores, de gran rédito político, si hubiera adelanto electoral. España recibirá ciento cuarenta mil millones de euros cuyo objeto es eclipsar la crisis del coronavirus y vacunas para que, al final de verano, un setenta por ciento de la población esté vacunada, se consiga la inmunidad de grupo y así vencer al SARS-CoV-2. Parece que la UE retrasa el traslado del dinero mientras la política social-comunista dificulte a los prestamistas recobrar su dinero. Además, el ritmo de vacunación es demasiado lento y los objetivos temporales no podrán conseguirse, de forma rigurosa, bajo ningún concepto. Esta coyuntura hace que naufraguen los planes de Sánchez e Iglesias, realizando este la acostumbrada, ridícula y teatral pirueta. Ignoro cómo llegaremos a otoño sin el apoyo europeo.

Casi tres años con Sánchez al frente del ejecutivo ha debido dejarnos estupefactos, catatónicos. De manera incomprensible, nadie mueve un dedo ante esta situación pavorosa. No hay oposición, o ejerce con sordina, cuando —aparte la arraigada indolencia social— tolera, calla (si no defiende), el arbitrario proceder del gobierno respecto a libertades y derechos constitucionales. Cualquier sigla, a veces incluso Vox, calcula sus frutos electorales antes de tomar decisiones que afectan al individuo persona, no masa votante. Mientras derechos, justicia e igualdad, incumplan un mínimo principio democrático y/o constitucional tendremos enfermo el sistema, dispuesto a llamadas intolerantes que potencien enfrentamientos. Se están subyugando, presuntamente, libertades individuales con pretextos de dudosa base jurídica que ocasionan efectos malignos, perversos, nada democráticos desde mi punto de vista.

Quizás el mayor mal que puede sobrellevar cualquier país es tener un poder judicial timorato, pusilánime, abocado a la licencia guiada. Como español casi octogenario, reflexivo, metódico y libre, afirmo que no me satisface esta democracia desnaturalizada, así como tampoco políticos aventureros, corruptos, trincones y manipuladores. El poder judicial, cada vez más dependiente, debiera dar consistencia al sistema. Reconozco que la presente coyuntura complica su misión; no obstante, (“domesticado con lentejas” el legislativo, vencidos la sociedad, los medios, incluso las finanzas) queda únicamente la independencia judicial —y Europa, insisto— como garante de los derechos ciudadanos. Ejemplos tal que la entrada en una vivienda, rompiendo la puerta sin orden judicial con preliminar aprobación jurídica posterior, junto a la defensa del hecho por Ana Vázquez Blanco, diputada del PP y portavoz de Interior en el Congreso, constatan un peligro real.

Recuerdo que, durante la corta coyuntura agrícola de mis hijos, un familiar dijo refiriéndose al nuestro: “Este tractor tiene un problema, aparte mil más”. Saco a colación la añeja frase porque pudiera usarse actualmente refiriéndonos al país.  El problema, al alimón, lo definen gobierno y sociedad o viceversa. Significar el millar complementario lo evacúo a mis amables lectores de cuya capacidad analítica confío. Sin embargo, necesito exponer matices sobre ciertas cuestiones enrevesadas. El tándem Sánchez-Redondo tienen planes agudos, de alta política, o. por el contrario, navegan desarbolados. Me explico. Las relaciones internas con ERC y Bildu, así como externas con gobiernos marxistas latinos, no deben estar sometidas a la presión expresa de Podemos sino al intento de absorberlo revistiendo el PSOE con máscara acorde. Objetivo arriesgado que, aunque parece dar frutos favorables, por titubeo puede desafectar a su propio electorado.

Aunque Iglesias haya podido fabricar el choque con cuatro “fascistas”, sin identificar, en Canillejas a imagen de otras propagandas conocidas, dudo del botín electoral conseguido por lo grotesco de la acción; asimismo, decorado y personajes parecen hechos a medida. De otro lado, deduzco que los políticos catalanes hoy y la extrema izquierda son compañeros tóxicos para cualquier partido de gobierno nacional. No por la ciudadanía española, que aguanta carros y carretas, sino por una Europa celosa, defensora de los derechos y libertades públicos, amén del libre mercado. Sánchez lo sabe; por eso quiere arrancarse cuanto antes el lastre acopiado para llegar al poder. Zapatero y Tsipras son espejos útiles, infalibles, en quienes mirarse. Malo, si los abandona; peor, si no lo hace.

viernes, 26 de marzo de 2021

EL CANDIDATO MENDICANTE, ENDEBLE

 

Si tuviera el eco de Ayuso, yo tampoco dedicaba un minuto a Iglesias y lo orearía sin fobia; así, con alguna omisión probable e involuntaria, voy a escrutar al personaje que suscita gran rebato a este país, según distintas capas sociales. Sin embargo, nunca lo consideré apocalíptico, ni por su fortaleza, ni por su inteligencia. Siempre he visto en él un individuo inestable, barroco; no ya por el discurso revuelto, incendiario, sino por lo retorcido del carácter y estilo. Sabidillo, sin pedigrí político, sin praxis preliminar más allá de alguna algarada juvenil que le añada un crédito aceptable, este aventurero llegó demasiado lejos inoculando quimeras, espejismo, a colectivos desarraigados y hambrientos de utopía y demagogia. “Cuanto más alto se sube, más grande es la caída” recuerda una certera sentencia popular. Tal vez crea ser, invadido por su egolatría, el ave Fénix impregnado de extraordinario poder de resiliencia. La realidad abate fantasías.

Cualquier hervidero retórico, ayuno de ejemplaridad y coherencia, a medio plazo instituye el eslabón roto en la cadena de fidelidad, de ilusión, provocando fugas irreversibles. Constituye ese peaje fatídico para quienes conforman multitudes sin convicción, adheridas a promesas virtuales o eslóganes extemporáneos, irrealizables. Sí, la argamasa adhesiva suena bien, seguramente pretende una consistencia excepcional, pero ocurre igual que aquella reflexión propia (greguería sin lustre), que se me ocurrió hace años, con el siguiente texto: “Este pegamento tiene una pega, que no pega”. Pudiera parecer nota destacada del candidato podemita a la Comunidad madrileña ante esa fanfarria de que se presenta para unir y superar el porcentaje mínimo puesto antes en cuestión. Desbancar a Isa Serra implica un narcisismo antifeminista obtuso, además de indigno insulto a ella, a los círculos desvencijados o desaparecidos y a los votantes.

Ignoro si es normal en las élites podemitas tanto ensoberbecimiento u ocasionan consulta médica diferenciada para extraer epílogos juiciosos, reconfortantes. No ha mucho, Irene Montero glosaba el inmenso esfuerzo personal invertido en conseguir el puesto que ocupa. Monedero, cofundador de Podemos, en su entrevista con el juez del caso Neurona, entre otras cosas, dijo: “Señoría, le hablo como académico”. Del líder máximo, ¡para que hablar! Revestirse de jactancia —aparte exceso insolidario que menoscaba la igualdad (base del ministerio ostentado por doña Irene) y rudimentos sociales pregonados por el resto— constituye una farsa rechazable. Lo evidente no necesita argumentos para desenmascarar tanta estupidez. Sigo sin comprender el porcentaje de voto que todavía atesora la patraña, aunque ajustemos el foco censor en una sociedad desorientada y necia. Por cierto, académico es acepción desusada que utiliza la fatua casta universitaria.

Sabemos, deberíamos saber, que esta caterva de desaprensivos muestra sobradas suturas para tener crédito todavía. Políticos —que ocupan el poder gracias a apoyos inmorales y medios bien pagados— blanquean, sin decoro, individuos y doctrinas contrarios a los intereses nacionales y al bienestar ciudadano. ¿Por qué unos y otros, aunque no siempre, apostillan diferencias entre derecha y extrema derecha mientras hablan solo de izquierda, incluyendo en ella a comunistas, CUP y Bildu? ¿Por qué solo se habla de fascismo y no de totalitarismo criminal, culpable de cien millones de muertos? ¿Conocen algún país comunista donde haya democracia? Busquemos (fuera de la elocuencia demagógica) algo mollar que llevarnos a la boca, alguna sustancia reconocible, exuberante de virtualidad cautivadora únicamente para bobos tras conocer obras y milagros del candidato.

Cierto que la campaña electoral acumula compromisos y promesas con intención de incumplirlos. Esto se considera algo rutinario, pero constituye una simulación corrupta de gigantescas proporciones. Sin embargo, no puede tolerarse el cinismo antiestético de que algunos hacen gala permanentemente. Iglesias inscribe su campaña —contra el talante injurioso, atrincherado, de rivales— en datos y propuestas empezando con esta frase: “Quiero impedir que estos delincuentes y criminales puedan tener todo el poder en Madrid”. ¿Necesitan más pruebas?; aquí nos vamos conociendo todos. Se lanzó al ruedo electoral, dice (desde mi punto de vista lo lanzaron), para evitar un desastre en la asamblea autonómica mientras asegura ganar las elecciones. Cabe recordar que en mil novecientos diecinueve, el veintiocho A obtuvo por Madrid un diputado más que el diez N. Igual que a Ícaro, su vuelo desmedido lo hunde al averno.  

Los políticos tienen antojos, no sentido común. Digo esto porque días atrás, Iglesias auguró que ganaría las elecciones con el argumento: “Nadie pensaba que sería vicepresidente del gobierno y lo soy”. Pablo (Iglesias) no sabe la diferencia entre “llegar a ser” —en donde el verbo principal es llegar— y “ser”. Él, solo ha llegado a ser vicepresidente segundo (encima segundón, caso aislado) del gobierno. Lo abandonan sus votantes, lo planta Errejón y hasta el bueno de Gabilondo manifiesta estar en las antípodas de “este Iglesias”. Después, todo seguirá igual porque ellos conformarán la oposición y ahí sobran cálculos poselectorales. En cualquier caso, un único candidato tiene el discurso frentista, fariseo, postizo. Pregunta sencilla, patente, ¿saben de quien se trata? Correcto, han acertado.

Ofrece a Madrid ese cambio seductor, engañoso, que finge retocar la ética, estética, instituciones y bienestar ciudadano. Su cínico proceder personal disfrutando placeres negados al común, decenas de policías guardando una integridad (a priori plena) y mansión al alcance de pocos, habilita al austero Errejón —verbigracia—merecer audiencia y voto. Asimismo, nula eficacia gubernamental si basamos el examen en quince meses de quehacer gubernativo. ¿Hay, por tanto, indicios de que su hipotética gobernanza resultara positiva para la Comunidad? Ninguno. Concluyendo. Cuando dice que gobernará Madrid para cambiarlo o vaticina que Yolanda Díaz será la próxima presidenta de España, una de dos: es un “chorra” (en Cuenca epíteto indefinido con extraordinaria carga peyorativa) o individuo fantasioso, extraviado, presunto paciente de psiquiatra.

Desmenucemos, para concluir, alguna de sus “cualidades” públicas. Procedente de una élite endogámica universitaria, ha proclamado orgulloso ser comunista; es decir, partidario de Lenin, Stalin, Castro y —con emotiva reiteración, casi pasión ciega—Chávez. Ninguno sirve de referencia democrática, salvo que lleve el remoquete “popular” con mucha peor nota que aquella lejana apodada “orgánica”. Su gestión, si fuera decisiva, traería miseria y sometimiento. Representa una paradoja irreductible e incoherente. Se desgañita proclamando el derecho constitucional a una vivienda digna, sin mencionar el mismo derecho al trabajo o ceder a tal fin alguna de sus propiedades, varias según detallan. Entro otros muchos, un dato clarificador y ofensivo: Irene Montero gasta veinte mil euros en maquillaje y peluquería para mejorar su imagen. Delirante. No va más.

viernes, 19 de marzo de 2021

LA INVASIÓN

 

Además de irrumpir o entrar por la fuerza —lo que equivale a ocupar militarmente un territorio o país, suceso de escasa normalidad— la acepción cuatro indica “entrar injustificadamente en funciones ajenas”. Por su parte, el concepto cinco detalla: “Dicho de un sentimiento, de un estado de ánimo, etc. Apoderarse de alguien”. Creo acertar si digo que tal vocablo lleva implícito el uso de la coacción en su sentido más amplio; por tanto, constriñe intenciones, derechos y voluntades individuales. El poder, cualquier manifestación del mismo, tiende a invadir todos los ámbitos. Nada ni nadie escapa a su afán inquisidor, ni siquiera los que poseen alguna parcela, porque tiene pavor a compartirlo de forma plural, abierta. La Historia muestra, asimismo, que las tiranías totalitarias (nazismo y leninismo-estalinismo) son capaces de crímenes atroces.

Llevamos décadas siendo invadidos social, política e intelectualmente por un ejército de intrigantes, bellacos, tal vez mindundis (prebostes y comunicadores), que reducen de forma asfixiante nuestros derechos y libertades. A su vez, la convivencia libre, pacífica, democrática, exige jueces imparciales, sin chantajes cuyo fin sea doblegar resoluciones objetivas, ajustadas a Ley. Quien desee poseer un poder absoluto sabe qué enemigo debe vencer primero: los jueces. Cualquier retórica liberal, cualquier compromiso de salvaguarda, quedan huecos, ilegitimados, si al mismo tiempo se pretende invadir la independencia judicial. Alfonso Guerra fue artífice de aquella famosa frase “Montesquieu ha muerto” porque sepultó dicha independencia permitiendo que los partidos eligieran el CGPJ. Ahora —el gato escaldado, del agua fría huye— denuncia y le preocupa que Sánchez quiera ocuparlo.

Pese a lo escrito, advierto que la invasión inaugural, primigenia, se padece en los campos semántico y ético. Existen verdaderos intentos para profanar, prostituir, el recto significado de vocablos, mensajes e informaciones. Lealtad y traición, heroicidad y cobardía, verbigracia, tienen alcances distintos según quien los exprese. Me parece tan corrupción gigantesca loar un gobierno progre (sin definir su carácter ni naturaleza) como denigrar, por oposición, otro presuntamente reaccionario o rancio, sin clarificar siquiera el soporte veraz. Una sentencia afirma: “En la invasión cultural, es importante que los invadidos vean la realidad con la óptica de los invasores y no con la suya propia”. Desde el punto de vista moral, existen actitudes a priori sugerentes, ejemplares, cuyo encuadre real resulta dificultoso porque enseguida puede descubrirse una anatomía postiza. Su fundamento tiene acomodo en la locución: “Del dicho al hecho, hay mucho trecho”.

Los gobiernos de Suárez, González y Aznar mantuvieron, alternando luces y sombras, una correcta hechura democrática. Zapatero —con aquella farsa de la tercera vía y el despiece europeo del armazón socialdemócrata, ya por entonces decadente— tiñó de radicalismo la izquierda española que, salvo con Felipe González, jamás fue homologada por Europa. Huérfana de atractivo económico y social, tuvo que reinventar cierta estructura ideológica para evitar la desbandada electoral. Aquí empezaron las invasiones conceptuales que Cronos, ambición y pactos contra natura, han traído tanto quebranto a la par que decepción. El señor Rodríguez (constatación incontestable de hasta donde puede llegar el pueblo español en su necedad) compuso el caos gubernativo, como no podía ser de otra manera, sobre tres pilares inoperantes: Memoria histórica, feminismo y cambio climático; tridente que dejó España hecha un solar.

Rajoy invadió toda esperanza del pueblo forzándolo a sufrir grandes frustraciones. Con su tibieza y abandono sentó las bases para atraer la diversa e ingente invasión de Sánchez, a cuya ruindad particular dedica horas y esfuerzos. Con la ayuda inestimable de Podemos que dedicó esfuerzos titánicos para aunar nacionalistas, independentistas, versos sueltos y Bildu, Pablo regaló el gobierno a Pedro. A propósito, estoy convencido de que Sánchez no hubiese retirado la moción aun si Rajoy hubiera dimitido. Tras arrogancias de uno y otro, a la segunda se conformó un cuerpo sumido desde su origen en deslealtades y suspicacias generalizadas. Presiento que el espectro de Iglesias ha modificado de forma severa el armazón presidencial incorporando un aliento totalitario, ya existente y bien alimentado. Iván-Sánchez, o viceversa, cocinaron —fuera de los fogones podemitas, pero utilizando, eso sí, especias con su marca— intrusiones virulentas, como mínimo onerosas.

El cuerpo doctrinal del PSOE viene sufriendo en dos décadas una invasión tal que ahora es un partido deforme, grotesco, sin lustre. Genera no pocas dudas y, desde luego, extraños afectos, no ya su naturaleza (alterada tras la ocupación por personajes siniestros) sino el rumbo laxo después del cambio. Aplicar tácticas —en ocasiones incomprensibles, atrabiliarias, pero siempre engañosas— resulta palmario, incluso arraigado, con tal de alcanzar el poder. Sin embargo, no debieran aceptarse las que quiebran normas sustantivas, contrarias a su esencia. Unirse al comunismo extremo mientras acusa al contrincante de aproximarse a una incierta extrema derecha, implica tanta manipulación e inmoralidad que debiera tener consecuencias electorales. Supera todos los excesos partir pan con partidos antiespañoles o aproximarse a siglas herederas del terrorismo.

Al fondo, ocultos tras un marco sombrío, aparecen —preparados, diestros (en puridad, siniestros), para invadir la conciencia social— los medios audiovisuales, nucleares en países analfabetos o no leídos. Es evidente que cualquier político desea dominar la vida ciudadana, pero los medios constituyen una caja de resonancia aparatosa hasta el punto de que el individuo se entera únicamente de lo publicado. Realizan un solipsismo (solo hay constancia de la realidad a través del yo) privativo y manipulador. El agitprop es la técnica de agitación y propaganda, con envoltura artística y literaria, para influir en la opinión pública. Se desarrolla, buscando réditos electorales, sobre todo en la izquierda al abrigo del proyecto gramsciano para lograr plena hegemonía cultural.

Ocasionalmente, las invasiones —siempre dañinas, inclementes— forman plagas, descritas ya por la Biblia, que el individuo pretende exterminar por su temible voracidad. Políticos y adláteres hoy en nuestro país constituyen una plaga gravemente invasiva para el bienestar ciudadano. Menos mal que suelen devorarse entre ellos mismos y en los prolegómenos nos dejan un residuo de paz, de gozo.  Preocupa, a mí al menos, la incapacidad demostrada para su exterminio ético-político mientras nos basta con saborear un momento casi humillante. Encima, alguno se ha extraviado por algún efecto recayente, surgido por invasión anímica desconocida, que le obliga, quizás obliguen, a humillar una cerviz con aspiraciones celestes o, en el peor de los casos, excelsas. Esos, altaneros y pomposos “salvadores” de la izquierda (buñuelos, al fin y al cabo), consiguen, aparte rechazo irascible, alcanzar un ocaso gris, bufo. Retiro, ganado a pulso, en defensa propia, porque la sociedad no debe aceptar fantasmadas ni perdonar incoherencias.

viernes, 12 de marzo de 2021

LA APISONADORA

 

Como su nombre indica, tal artefacto apisona; es decir aprieta o allana bajo un hormigueo moral —salvo conciencia laxa— e incluso por efecto del enorme peso mecánico. Nuestra mente se altera con esa máquina mastodóntica (cuyo hábitat usual son caminos y carreteras) causando cierta inquietud instintiva. Aunque la visión mayoritaria se refiera al hecho físico, constatamos reseñas más inspiradoras en el ámbito metafórico. Hoy vivimos, sin exclusiones expresas, sometidos a una presión multigenética que causa desorientación y alteraciones múltiples. Desde la incertidumbre sanitaria, al indudable caos económico, pasando por el gobierno farsante e inepto y una oposición que da pena en lugar de esperanza, estos vividores (si Europa no lo impide, porque los españoles no parece que tengan intención de cambiar nada por el momento) mangonearán el país a su antojo y harán de él y de nosotros lo que les dé la gana.

Haciendo un paréntesis en los modos, pero con la misma filosofía propagandística, maquillado el escaparate a su máxima hipnosis, Sánchez —envuelto en flashes— ha destruido armas y municiones, teórica y fingidamente, entregadas por Eta en “su derrota”. Esfuerzo oportuno, pero inútil porque conforma otra pantomima. Primero requisó una apisonadora de alguna empresa afecta, devota, de las que (presuntamente) ceden un tres por ciento (cuota talismán) a la causa. Otra opción implicaría paralizar obra pública, preferencia sin consecuencias para un gobierno estático y un pueblo indefenso. Luego ensaya dos trolas amalgamadas. Primero dice que las armas destruidas corresponden a las facilitadas por Eta, cuando fueron Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado quienes intervinieron ese pequeño arsenal incluyendo al GRAPO. Eta no ha entregado sus armas, ni fue vencida; se llegó a un acuerdo favorable a la banda. Observen datos y hechos.

Sin duda, estos tiempos convulsos, maleables, quizás abarrotados de estupideces, se nutren de tecnologías diversas que el viento, no tan azaroso, las hace claudicar ante la comunicación espacio-digital que conlleva poder, elitismo y manipulación. De manera innegable, los medios audiovisuales adoctrinan, guiando procesos ideológicos en grandes masas de población. Así, es difícil salirse del camino programado por expertos en dinámicas sociales. Instituye la corrupción fundamental, al agotar toda soberanía efectiva, destruyendo los sistemas democráticos. Quien haga gravitar su fe sobre redes sociales y cimiente en ellas una aparente pureza doctrinal es víctima directa de políticos transgresores. Al fin y al cabo, los medios conforman la aldaba utilizada para llamar la atención sobre individuos que leen con oídos y lucubran con vísceras prestas al enfrentamiento. Las redes, además, llevan inquina.

¿Qué intenciones mostraba Sánchez? (mientras la apisonadora cumplía su papel) cuando revelaba: “La destrucción de estas armas tiene un grandísimo significado para la democracia española. Implica la derrota de la violencia frente a la razón”. Su dialéctica pretendía laminar muchas más mentes que armas aquel armatoste metido a espectáculo exhibicionista. Pedro miente, tima, sin solución de continuidad y ahí se encuentra todo su balance vital; al menos, el público. Cierto que el llamado efecto rodillo, sinónimo de aplanar cualquier intento de sublevación o evasiva, dejó hace tiempo la novedad para convertirse en lastre antañón sin perder oportunidad de acopiar las últimas mejoras en su afán de liquidar apéndices insólitos, malignos, complejos. Nada causa mayor alarma, dentro de un objetivo concienzudo, que el verso libre, suelto. Solo él es capaz de dar al traste con ambiciosos proyectos gestados para alcanzar el poder y su disfrute. Conviene acallar voces discordantes, cuales sean; así se hizo y así se hace.

Desconocemos si el promotor se llama Iván, Iglesias o Sánchez. Al final, importan talantes y empresas. Los primeros hieden a totalitarismo encubierto, quizás revestido con novedosas galas democráticas que, a poca atención, delatan una hipocresía electoral insuficientemente condenada. Las segundas señalan un sombrío camino marcado al ciudadano por grupos gobernantes a cuyo proyecto burdo, demoledor, se aúpa la oposición acomplejada y errante. Surge envilecido, a ese compás, el deseo indómito de someter toda tentativa que conlleve cualquier atisbo de libertad. Hay razones fundamentadas para sospechar que, aparte torcer voluntades (el miedo como dinámica social de Norbert Elias), conviene al gobierno generar humo con misión de difuminar —cuando no envolver, encubrir— ineficacias y errores consumados por políticos deshonestos, lerdos; a lo peor, desaprensivos. Si quiere llegar al bienestar pleno, segura, sin desencuentros, la sociedad tiene una misión ineludible, aunque engorrosa: librarse de aventureros siempre; más, si ocupan el poder con malas artes.

Esta situación sanitaria y económica —que dura ya un año—permite al gobierno llevarnos a una libertad vigilada parecida a las medias verdades, que constituye la forma sibilina de mentir. El Estado de Alarma es un dudoso instrumento constitucional (expertos juristas hay que lo califican de Estado de Excepción camuflado), tipo biombo, para excusar algún exceso que otro y alguna que otra resolución liberticida. Se aprecia también, como rebote glotón, la probable existencia de otra apisonadora en el Tribunal Constitucional. Asumo y comprendo qué punto de riesgo conlleva esta maldita pandemia (por cierto, se va constatando por voces muy prestigiosas la naturaleza artificial del virus), pero podrían adjudicarse mejor las responsabilidades en vez de atribuir al pueblo el mayor porcentaje. Un año después, todavía colea la imprevisión, el exceso de mediocridad o caudillaje retrógrado, para tener que enfrentarnos a la pandemia con métodos medievales, siempre a costa del individuo. Otro proceder apisonador, machacante, indigno.

Sánchez —maquiavélico e impresentable, a la par que achulado, pomposo, ignorante y manirroto presidente— pretende añadir tara a su apisonadora consintiendo, ya sin tope, las estrategias totalitarias de Podemos. Aplastado el poder ejecutivo, concentrado en su persona, aplastado el legislativo (sometiendo al Parlamento con extremistas, antiespañoles, herederos de terroristas y otras siglas disgregadoras), queda enhiesto todavía (gracias a Europa) el poder judicial para impedir que España se convierta de hecho en un totalitarismo marxista. Gestos, sobran, pues la “casta” —ahora duplicada— inunda puertas giratorias, amiguismos y trapicheos insólitos propios del tercermundismo. ¿Y los medios? Mejor callo. Constituye el efecto nocivo de un gobierno social-comunista, pese al marketing pertinaz, soporífero, pero efectivo.

Sánchez quiere un reparto discrecional, abusivo, del dinero europeo. También pretende eliminar a la derecha nacionalista para conformar en Cataluña y País Vasco gobiernos de izquierda; mientras, recluye a la oposición y cautiva al pueblo en todo el territorio nacional. Su objetivo, mantener el poder varias legislaturas, si no siempre. Se olvida de algo: cuando la apisonadora acepta acciones junto a otras con menos lastre, formando un pack aterrador, el suelo puede presentar oquedades invisibles hundiendo esos monstruos fantasmales, atrapan debajo a los pilotos y no dan lugar a posible rectificación. Madrid se ha tragado la apisonadora y se ha convertido en símbolo nacional.