viernes, 30 de noviembre de 2018

DELITOS PENALES Y LABERINTOS INACEPTABLES


Quien opine que los medios cumplen, excelsos, únicamente su misión de informar, se equivoca de medio a medio. Todavía desconozco las razones, pero el periodismo actúa como asistente -supongo bien pagado- del político. Despliega calcados afanes cuando seduce raciocinios, doblega criterios, para conseguir los mismos objetivos que ellos. Hoy predominan programas donde cualquier mensaje queda viciado por opiniones ex cátedra, fervientes, fanáticas. Ayuno de lectura y crítica, el individuo llano, algo vetusto, nutre su alma política, elemento de impulso electoral, consumiendo solo medios audiovisuales. Conforma, así, una conciencia infecta, un mosaico mental montado con teselas falsas. Completado el programa de ingeniería social acometido hace décadas, nuestro pueblo adora supercherías, ídolos a mayor gloria, mientras desprecia verdades concluyentes pero tergiversadas. 

Días atrás, la jueza del caso Máster procesó a Cristina Cifuentes por falsedad documental y archivó la causa contra Carmen Montón. Así debió consignarse en cualquier medio, noticia escueta o ampliada, pero no; qué va. Vinieron raudos, voraces, conocidos carroñeros a darse un botín aparatoso, espectacular, ad hoc. El marco elegido fue una televisión que enfatiza los peores vicios procedentes de una derecha no más disoluta que el resto de siglas. Durante dos horas largas se sembraron apreciaciones unidireccionales, probablemente hiperbólicas y, por supuesto, creadoras de opinión fraudulenta. He observado en múltiples ocasiones cómo parecidas reseñas tienen opuesto tratamiento según a qué sigla afecte. Argumentación y cinismo acuden al yugo progre para conseguir un maridaje canallesco.

Debemos suponer imparcialidad absoluta en jueces y fiscales. Imputar delitos penales, acarreadores de prisión, exige dominio, excelencia, comedimiento. Sé que la ley abarca recovecos impenetrables para el personal lego; de ahí que surjan procedimientos o sentencias extraños. Sin embargo, a veces, se utilizan razones curiosas para enjuiciar, quizás sobreseer, asuntos a priori parejos. Tal circunstancia, de difícil filiación, hipoteca todo crédito judicial bastante ajado por acontecimientos cercanos. Pedro Sánchez y algunos ministros, presuntamente, han estampado falsedades en diferentes documentos públicos sin que ello les haya supuesto ningún proceso legislativo ni político. Con absoluta certeza, nadie ha visto indicios ni evidencias de actuación ilegal, así como tampoco la presión mediática impone consideraciones anejas. En política, si no hay resonancia, los hechos pasan desapercibidos e impunes. Eso constata, al menos, mi dilatada experiencia.

Acepto que cualquier medio delate a ilegales y corruptos (reos penales) sin concesiones a la galería. Refuto, no obstante, toda versión maniquea por su esencia indigna y efecto retorcido. Quienes somos propensos a tertulias y debates conocemos el paño que enmascara determinada ideología. Diría, ahíto de razones, que Sexta y Trece TV acunan a la izquierda -más o menos radical- amén de una derecha heterodoxa. Ambas ofrecen similar proselitismo obviando excesos de siglas cofrades, las ideologías desaparecieron hace tiempo. Aquí no existe error ni desesperanza, nos ponemos a disposición de medios genuinos, francos. Ellos saben también que les asiste una feligresía neta, rigurosa, incendiaria, abierta al sermón cotidiano. Poco a poco caen vendas y su labor doctrinal alienta solo a convictos; el resto conformamos un share en descenso.

Rosa María Mateo (sus declaraciones complementarias) y el señor Duque (condonado, al parecer, de una sanción fiscal importante), aparte otros miembros destacados del PSOE, han cometido irregularidades si no supuestos delitos penales por falsear documentos fiscales; es decir, públicos. Pretendo únicamente expresar diferencias en los tratamientos mediáticos de estas personas respecto de aquellas pertenecientes al PP. Tales contrastes, encierran una corrupción democrática más transcendental que las habituales dinerarias. Como procede del denominado cuarto poder, agrava más si cabe el efecto por olvidar su deontología periodística y de contrapeso. Esta deslegitimación potencia el desgarro entre prensa y sociedad, abocándose sin remedio a programas triviales, ramplones, germen de una frivolidad perfilada, asimismo alarmante.

Estos cismas -difícilmente digeribles- vienen acompañados de múltiples embrollos, tal vez tejemanejes y siempre etiquetas capciosas, que embarran todavía más el campo político-social. Ustedes, amables lectores, conocen casos capaces de despertar sentimientos encontrados. Desde arcadas repugnantes a conmiseración comprensiva, benevolente. En sus manifestaciones son tan intransigentes, tan patéticos, que ante ellas surgen pálpitos diversos, encadenados a un tira y afloja paradójico, humano. Se deben al titular, a ese eco ampuloso, rentable, que codicia cualquier prócer si quiere trepar alto.  Algunos, incluso, exceden la indigencia para rozar directamente el delito. Vienen a colación las palabras infértiles, áridas, pueriles, de Lorena Yusta (afiliada inédita al PSOE de Villaverde) dirigidas a Casado por pronunciarse “impúdicamente” -cuando expuso condiciones lógicas- contra la migración: “El que siembra miseria recoge bombas lapa”. A la política humilde, minúscula, presuntamente le pudo un ADN invasivo o quiso congeniarse, arribismo en ristre, con sus “mayores”.

Dentro del embrollo nacional, finalmente llegan los botarates “gana garbanzos” (si se piensa que el vocablo botarate implica ofensa o insulto, yo digo con Valle Inclán que es una definición). Constituyen un colectivo amplio, exaltado, mozo de la cuerda “progre”. Asistidos por una inadecuada libertad de expresión, ya que suelen mancillarla, se sienten impelidos a atentar moralmente contra quienes no piensan como ellos escarneciendo símbolos nacionales, instituciones que desdeñan, siglas recusadas y doctrinas negadas. Muchos españoles, también tenemos nuestros entes refractarios no venteados ni propicios para conseguir un sustento cobarde. Defienden los derechos humanos, dicen; el problema sobreviene cuando solo ellos deciden quienes son humanos. Léase aquí Dani Mateo y otros esforzados bufones desmañados que claman democracia al amparo de nuestra democracia. Estamos insertos en un laberinto inaceptable.

viernes, 23 de noviembre de 2018

DE VÍSCERAS Y DE COLORES


Cuando hace unos días se me ocurrió el título, jamás pensé que utilizara el vocablo inicial en sentido drástico. Porque hoy tomaron el Parlamento, cuanto a fondo y forma, cual si fuera una vulgar taberna de barrio. Salieron a relucir expresiones “agudas”, hijas del “recogimiento y la cordura”. Vi al señor Tardá -yugular hinchada, presa de desubicada orquitis- expeler con malos modos la palabra fascista contra Albert Rivera. Callo, por principios estéticos, aun éticos, la intervención del diputado Rufián y los pormenores del presunto escupitajo a Borrell. Sea como fuere, no cabe duda de que lo expuesto diverge totalmente del epígrafe porque estos señores llenan su cráneo de sustancia imprecisa, alejada de cualquier víscera.

Respecto al apéndice histórico del fusilamiento de Company por un golpista (Franco), arquetipo victimista de ERC, voy a mencionar tres fechas: cinco de mayo de mil setecientos ochenta y nueve, inicio de la Revolución Francesa; cinco de octubre de mil novecientos treinta y cuatro, Revolución de Asturias; cinco de mayo de mil novecientos treinta y siete, revolución anarquista y POUM contra el gobierno de Company. Ni quito ni pongo rey, son fechas de alzamientos históricos sin posible manipulación interesada. Las reseñas relativas a distintas consecuencias, y juicios de valor ideológico, pueden o no ceñirse a la lógica de tales hechos por otro lado incuestionables. Añado que la provocación suele cabalgar a lomos de la inconsistencia. 

Rompiendo toda cautela, debo empezar por lo más inmediato y alarmante. Aludo a partidos minoritarios -sin representación parlamentaria en ocasiones- entre ellos los nacionalismos catalán, vasco, navarro, valenciano, mallorquín y riojano. Su tonalidad cromática acoge, indistintamente, al negro aciago o al blanco candor. El primer grupo incluiría, desde mi punto de vista, JXCAT, ERC, PNV y Bildu. Al segundo Compromís, el PSC, con matices, acompañado de otros como PSN-PSOE, Partido Socialista de Mallorca-Entesa (PSM-Entesa) y En Comú. He decidido identificar con el color negro a aquellos, por las significativas sombras de unos y el pasado sangriento de otros. Los segundos, gamas de PSOE y Podemos, muestran un candor virginal, grato, apreciado. Aunque desarrollan un enanismo enraizado, protagonizan el curso de los acontecimientos.

Sin embargo, PSOE y PP -en este orden- acumulan la responsabilidad plena del escenario actual. Sí, rojos y azules llevan cuarenta años no solo con desencuentros perversos sino con beligerancias onerosas. Tripas y testosterona guiaron cualquier intento de pacto. Fue imposible llegar a acuerdos amplios para conseguir una ley electoral justa con los partidos y con el país. El Parlamento debería elegirse mediante una circunscripción electoral única. La Cámara Territorial (Senado) podría tener tantas circunscripciones como Autonomías. Por otro lado, si estas fueran divisiones solo administrativas muchas competencias perdidas serían hoy estatales. Ahorraríamos dinero, disgustos y graves conflictos institucionales. No obstante, se ponen de lado cuando no exhiben pomposos y retóricos sacrificios personales en aras al Estado de Bienestar. Hipócritas, gorrones.

Nacionalismos radicales, inexistencia de pacto educativo y voraz elección de órganos judiciales, entre otros, se deben a la longeva ineptitud de PSOE y PP, englobando además cierta obcecación testicular. El independentismo dice poseer un mandato democrático de la sociedad catalana mientras esta coyuntura amasa cuarenta años de manipulación escolar con la anuencia cómplice, displicente e irresponsable, de ambos. En este mismo momento, observamos exquisitas e innumerables melindres hechas al desbordamiento independentista por parte de un presidente, al menos, contradictorio. No me extrañaría que el PP dedicara, en parecida ocasión, equiparables deferencias. A veces, el corazón constitucionalista es un viejo olvidado, casi maldito, y el color patrio se desvanece al contacto con los billetes. 

Por este motivo, cuando oigo al político de turno proclamar cómo se sacrifica por España y los españoles me entran ganas de vomitar. Mis lectores saben que soy un abstencionista convencido y esas estupideces acentúan tal disposición. Agradezco a tanto indocumentado que me ofrezca argumentos irrefutables para mandarlos a hacer puñetas, vocablo ahora de moda. Pese a los yerros -tal vez lúcidos- de PSOE y PP, el partido morado (agreste donde los haya) les supera en la insólita tarea de resquebrajar los cimientos nacionales que se han ido consolidando a lo largo de siglos. Poco a poco, sibilinamente, pretenden astillar leyes, costumbres y bondades, bajo el advenimiento de nuevas soluciones incorporadas a viejas imposturas.  

Podemos muestra tantas ansias de poder que ansía ocupar cualquier resorte: legislativo, ejecutivo, judicial. Contra lo que predica (el sumo sacerdote siempre está subido al púlpito mediático) abraza descaradamente el poder íntegro, aunque la sociedad acumulase, con evidente mentecatez, miseria y esclavitud. Dicen que el color morado, fruto de la mezcla azul-rojo, es tonalidad penitente. Pudiera ser, pero para élites exclusivas -alejadas del común, de toda connotación religiosa, llenas además de pragmatismo- trae vetas mágicas, soberanas, rutilantes. Nada emerge por generación espontánea, siempre existen razones a veces ilógicas, sublimes o pedestres, que operan de motor oportuno. En este caso, vienen prontas perfiladas por fábulas que atraen bajas pasiones y estómagos hambrientos. Llega la hora nauseabunda de las vísceras.

Finalizo con el color naranja; limpio, todavía libre de contaminación, arrastra fama de inestable por algún vaivén incomprendido. Mezcla de rojo y amarillo, se le considera reflejo de la sociabilidad y de la alegría. Constituye, empero, el tridente sólido, sensato, en el gobierno de España. Rojo, azul y naranja, apareados -a voluntad del ciudadano- debieran formar el ejecutivo y la oposición con verdadero sentido democrático. Infiero espinoso extinguir de forma inmediata las afecciones putrefactas, pero ahora mismo se hace imprescindible eliminarlas, es conditio sine quanon, para disfrutar una democracia auténtica. Contrariamente, alimentaríamos el color morado cuyas rastreras vísceras atiborradas, perniciosas, potencialmente más corrompidas, pondrían en grave riesgo la convivencia. Así de real y de factible. Pese a sutil estrategia carroñera, el dogal está en manos del tridente y en las nuestras.

viernes, 16 de noviembre de 2018

CLASE POLÍTICA


El poder es un ideal que quien lo alcanza consume parte de él en conseguir difuminarlo a fin de no despertar codicia. Inflama asimismo la lucha permanente para obtenerlo sin estimar costes ni medios, aun lesivos e ignominiosos. Tanto, que resulta imposible encontrar cercanos a su área de influencia ni idealistas ni filósofos; solo individuos roídos por ese apetito insaciable. Se halla en diferentes albañales, mancebías y dogmas, donde personajes ebrios, cínicos, histriónicos, sinvergüenzas, enajenados por inmensos desenfrenos, le sirven de alimento y coartada. Porque el poder seduce al hombre con cánticos de sirena y lo esclaviza, mientras parece darle las llaves maestras que abren todas las puertas. Terrible engaño: conquista una jaula de oro, invisible a los ojos físicos, en cuyo interior -lleno de gozo áureo- vive oprimido, perdida toda libertad (basamento humano), toda encarnadura ética, mientras sucumbe lentamente a ese despotismo imperecedero.

¿Por qué entonces, se me preguntará, hay tantos seres que prefieren desplegar un poder dictador, valga la redundancia? No tengo respuesta al hipotético interrogante, porque para mí es incomprensible, pero vislumbro ciertos desequilibrios adscritos a entendimiento y voluntad. Mientras el poder comporta la resultante adictiva, infame, de un atajo terrible, su ausencia esconde venturas plácidas, inobservables para los que poseen entendimiento impuro y voluntad atormentada. Quienes logran poseerlo han de franquear puertas terribles, vergonzosas. He aquí sus nombres: Amoral, traicionera, indecente, postiza, frívola. Si fuera preciso también cruzarían la definitiva, llamada violencia. Solo una élite, subyugada ante su presencia, abandona el gran grupo para aislarse en aquella jaula dorada que al final debe ahogar a los protagonistas de tan burdo trueque. Actuar como Fausto siempre conlleva un sobreprecio.

De los sesgos que toma el poder, hoy haré mención al poder político; es decir, el conformado por prebostes adscritos a ideologías cambiantes, ahora sintetizadas bajo el epíteto de “transversales”. Al fin y al cabo, pese a brindis populistas, inútiles, el poder presenta múltiples facetas y una sola sustancia. Poderes con entidad, financieros o grandes empresarios, merecen pocos o ningún rechazo porque nos pillan lejanos. Si acaso sufren embestidas (nunca mejor dicho) provienen de políticos demagogos cuya fachada sirve, como dicen en mi pueblo, para un roto y un descosido. Son políticos “palabricas”, término murciano y que he escuchado en La Manga donde me ubico por unos días. El hotel, pequeño, casi familiar, destaca por un buen yantar mientras el ocio queda oficiado por la gentil María, muy agradable y eficiente en su quehacer de animación. Tras esta digresión, me explico. “Palabricas” es el vocablo con que bautizan aquí al prócer parlanchín, impenitente, pero remiso a la hora de actuar.  

Todo sujeto fiscal -llamado ampulosamente ciudadano- censura cualquier poder político, discriminando con sensibilidad estúpida a los suyos de los antagonistas. Son incapaces de comprender que todos somos sus opositores. El poder político constituye una clase social, quizás antisocial, que repudia y necesita la muchedumbre ajustando orden e intensidad. Inexisten excepciones o salvedades por mucho que auténticos seductores asciendan al púlpito, siempre en épocas de crisis. Estamos rodeados de “palabricas” que encienden pasiones y luego pretenden argumentar con lógica virtuosa el porqué de finales frustrantes. Aun los anticlasistas más indomables (de nombre) se avienen al calor, a los privilegios de clase, que les otorga un predominio grato, cómodo, acogedor. Pasan desapercibidos porque su grey peca de excesiva fe y ven en ellos, tal vez con ojos virtuales, solo prodigalidad. Sus abundantes escarceos con la incoherencia concluyen sin secuelas electorales.  

Podemos constata sin empacho su apego al poder. Olvida discursos pretéritos en los que se presentaba como un partido anticasta, huérfano de puertas giratorias y pretensiones. A la primera de cambio, deja principios y pruritos sobrios para apuntar los mismos atropellos antiestéticos, parecida falta de austeridad. Pese a promesas y prédicas con ofertas para la regeneración democrática, ha participado en el indecoroso hábito de elegir aquellos jueces que conforman los órganos de poder judicial. Al mismo tiempo, y con la misma avidez, manosea radio televisión española omitiendo viejos empeños de imparcialidad cuando estaban en la oposición. Para no perder otras prerrogativas personales e impúdicas, Pablo M. Iglesias va de la Meca a Medina, o viceversa, con objeto de aprobar unos presupuestos que le son vitales. ¿Elecciones anticipadas? No lo piensan ni él ni Sánchez.

Patrick Rothfuss, escritor norteamericano, ha dicho: “El poder está bien, y la estupidez es, por lo general, inofensiva. Pero el poder y la estupidez juntos son peligrosos”. Este país lleva decenios sufriendo dicha confluencia con ascetismo, quizás con desaliento. Hay un despego, una disonancia, cada vez mayor entre el poder político -ensimismado, distante, especulador, al fin clase repelente- y una sociedad desdeñada, metafórica carne de cañón. A nadie puede extrañar que se manifieste algo encanallada al comprobar cuánta morralla cubre el papel gobernante. Sé que la señora Calvo es vieja protagonista de esperpentos dialécticos. Ayer, sin ir más lejos, anunció la bondad del cambio de hora porque “ayuda como resistencia al machismo”. En mi pueblo, gente noble pero bestia, dirían “qué tienen que ver los co…. para comer trigo”.

Resulta indigesto, además de absurdo, inoperante, el que nuestros políticos embistan (qué vocablo tan oportuno) unos a otros para disimular complejos e ineptitudes. Deberían conocer la masiva pretensión social de que Sanidad y Educación, al menos, ofrecieran gestión nacional. Ni caso, oídos sordos es su única respuesta recurrente. Nos estamos acostumbrando a la nada con envoltura atractiva. El señor Sánchez hace hincapié en la exhumación de Franco, bajada de IVA en prendas íntimas femeninas y enseñar la patita censora como advertencia por si a alguien se le ocurre sacar los pies del tiesto. ¡Ah! y avanzar con treinta años de antelación su extraordinario interés en garantizar la pureza medioambiental. Me recuerda aquellas viejas inquietudes por el cambio climático y la alianza de civilizaciones tan explotadas por aquel estadista llamado Zapatero. ¡Qué clase con tan poca clase!

viernes, 9 de noviembre de 2018

SENTENCIAS Y RÉDITOS ESPURIOS


España siempre ha sido un país de sentencias, porque aquí no solo juzgan los jueces; a nuestros ciudadanos les obsesiona pronunciarse rotundamente ante cualquier tema. Ningún pueblo, que yo conozca, ofrece al mundo esa compilación popular de tanta raigambre como es un refranero. No consiste en un extracto literario al decir de bastantes expertos, no; más bien constituye el prontuario filosófico que nos permite enfocar la vida desde amplias referencias vitales. Añadamos el hecho insólito de que los autores, en vez de pasarse años lucubrando sobre el ser y su entorno, cimentaron sus dictámenes sobre observaciones y sentido común. Sin embargo, semejante preferencia, huérfana de toda requisitoria habitual, obtuvo respuestas válidas durante siglos. Solo una sociedad adormecida e inculta tras magistral ingeniería, puso fin al curtido concierto refrán- rumbo vital.

Hoy ha emergido un linaje que coopera con los legítimos árbitros de forma ilegal, desvalijando toda deontología: medios audiovisuales. Estos, por principio, deben acometer el papel sustantivo de informar sin límites ni regates ideológicos, fiscalizar el poder. Pese a ello, cada vez con mayor fuerza aparecen comunicadores radicales, fanáticos, armados de un dogmatismo devastador, que corrompen la conciencia social debilitando -al mismo tiempo- el sistema democrático. Hace un instante, la televisión (entrevistando a la portavoz del PSOE, y por su boca) juzgaba al PP de partido infecto, ultra, casi nazi; una piltrafa. Tal pretensión de achacar al rival todos los vicios y peligros, implica desdibujar cuando no impedir la alternancia política, esencia de toda democracia escrupulosa. Ya no se limitan a disputar con nobleza el voto, procuran por medios casi ilícitos eliminar al adversario, incluso con pactos de dudosa calidad democrática.

Dos sentencias judiciales marcan un antes y un después en el pelaje democrático de ciertos partidos. La primera se refiere a las medidas preventivas adoptadas contra políticos catalanes que participaron con arrebato en aquella declaración unilateral, folklórica, de independencia. La otra, harto desatinada, condujo al hazmerreir -aborigen y extranjero- anterior a la resolución final. Cierto que el desprestigio anidó dentro del propio tribunal, verídico el absurdo esfuerzo con que se puso la soga al cuello. No obstante, instituciones, partidos y políticos, potenciaron irresponsablemente tan monumental yerro. Hasta Pedro Sánchez, en gesto inusual, al día siguiente afirmó que el AJD (Acto Jurídico Documentado), un impuesto del año mil novecientos noventa y tres, que supone el setenta por ciento de los gastos notariales, lo pagarían los bancos. Además de subvertir la autoridad del Tribunal Supremo, grave atentado democrático, para justificar a futuro un indulto fraudulento, miente a sabiendas porque al final los bancos lo repercutirán sobre las hipotecas.

Ignoro qué interés muestra nuestro presidente, sobre todo el PSOE, de deslegitimar instituciones fundamentales para el sistema democrático. Empieza por partidos rivales (PP, Ciudadanos, Vox) y poder judicial, mientras trata con cierta intemperancia a las fuerzas de seguridad. Vislumbro vagas intenciones de resucitar un aciago frente popular para satisfacer aviesas intenciones de todos. Pedro Sánchez seguiría en La Moncloa; Pablo M. Iglesias detentaría la vicepresidencia real, gozando de un poder que nunca consentirían las urnas; los independentistas catalanes lograrían indultos, competencias y dinero; PNV junto a otros tendrían papeles protagonistas en la política vasca. Y aún hay quienes, dueños de un cinismo insultante, afirman que ellos (los anteriores, sobre todo PSOE) trabajan para el ciudadano y no como otros que solo miran el voto. España, sus habitantes, les importa un bledo. ¿Está en perspectiva una democracia popular?

Brotan como hongos sentencias dictadas -y no es vocablo candoroso- por personajes, personajillos y chiquilicuatres. Ustedes los integrarán en el grupo de su agrado. Un PSOE  exquisito acusa a PP y Ciudadanos (por llevar a Sánchez para que explique su negra y plagiada tesis, presuntamente) de utilizar el Senado a favor de sus intereses. Niego que esos intereses sean distintos a los de PSOE y Podemos (junto a otros socios) por llevar al Congreso a destacados líderes de PP por un caso inmerso en la vía judicial. JXCAT, antigua CiU, pone en duda la imparcialidad del Supremo. No lo dirá por los innumerables casos jurídicos en los que bracea dicho partido o alguno de sus dirigentes históricos. Echenique divulga que Casado mancha de cloacas la democracia porque ganó con apoyo de Cospedal. ¡Soberbio!

Pese a todo, hay dos informaciones-declaraciones-sentencias que me inquietan profundamente. Noticia: “Decenas de profesores y varias universidades se unen al referéndum sobre la monarquía de la Autónoma de Madrid”. Declaración: “Un gobierno decente tiene que convertir la voluntad popular en una ley”, Pablo M. Iglesias dixit. Ambas iluminan la antesala a un chavismo, peor todavía, a un comunismo sin biombo que pone en riesgo la democracia. Estos sistemas tienen normas, aprobadas por mayoría, que garantizan el cumplimiento de la Ley y la separación de poderes. Cualquier intento que atente contra dichos principios contiene semillas antidemocráticas. Pareciera que se pretende ganar (con el concurso impagable de altavoces mediáticos) una guerra perdida hace ochenta años, aunque ello conlleve dolor y miseria.

Semejantes jueces (sin toga) ex cátedra, demagogos, populistas, crean y siembran sentencias, principios éticos y políticos, que incumplen descaradamente sin perder por ello prestancia -algo personal- ni seducción, indicativo ajeno a uno mismo. Mantienen intactos, superando hipocresías, corrupciones (incluso dinerarias) y tejemanejes diversos, los réditos que les concede una sociedad demasiado inconsciente. Nadie sensato, lógico, puede explicarse que la gente acepte de buen grado, y a los resultados electorales me remito, el hecho (infumable en democracia) de que un político, Echenique, amenace con salir a la calle si los jueces del Supremo dan razón a la Banca. Todo el conjunto de injerencias ilegítimas, buscan el rédito fácil, espurio, populista, propio de las crisis. ¡Cuánta ignominia acompaña al sillón!

Falta esa sentencia terminante del ciudadano que suele pronunciarse en política poco y mal. Lo apetezco para que no se cumpla el adagio de Michael Moore: “Si vuelves a la gente estúpida votarán a un estúpido”. Espero que algún día los réditos dejen de ser espurios y sean percibidos por su auténtico impositor, la sociedad

viernes, 2 de noviembre de 2018

DEMOCRACIA Y LIBERTAD DE EXPRESIÓN, ¿CUÁNDO?


Relativismo, conciencia social terciada, tal vez impulso irreflexivo, nos acercan al concepto integral, sugerente, fructífero, pero no siempre veraz. Ocurre con el vocablo democracia, instalado en la sociedad con fines engañosos. Se abusa incondicionalmente de aquel famoso alegato dicho por Churchill: “La democracia es el menos malo de los sistemas políticos”. Nada que añadir salvo el hecho de renunciar a la mínima exigencia sobre qué democracia queremos. Porque no todas sirven ni se ajustan al modelo primigenio gestado en Grecia -hace siglos- y corrompido con excesivo disfrute. A veces, este sistema (encomiado hasta la saciedad) sufre tal cambio que, como dijo Alfonso Guerra respecto a España, no lo conoce ni la madre que lo parió. No solo padece el comercio negro, antisocial, para convertirlo en despojos infames; también las lógicas comparaciones con otros regímenes solos o anejos a coyunturas especiales.

Efectivamente, distintos prohombres se han situado en el polo opuesto a Churchill. Thomas Jefferson, político republicano, sentenció: “La democracia no es más que el gobierno de las masas, donde el cincuenta y uno por ciento de la gente puede lanzar por la borda los derechos del otro cuarenta y nueve por ciento”. En parecidos términos se manifestó Edmund Burke, padre del liberalismo. Castelao, nacionalista gallego, apuntó que el pueblo solo es soberano el día de las elecciones. Hay quienes, exaltados, excesivos, avivan el debate rompiendo moldes. Considero poco rigurosas expresiones como la de Ruy Barbosa, político brasileño: “La peor de las democracias es mil veces preferible a la mejor de las dictaduras”. Sin matices porque el mensaje elimina cualquier intento de convergencia. Dibuja un maniqueísmo a todas luces insensato, embaucador. Sin embargo, Ayn Rand -escritor demócrata norteamericano- sugería que una dictadura benevolente sería un mejor sistema de gobierno para resolver las crisis. El crac de mil novecientos veintinueve condujo al nazismo y al estalinismo.

A lo largo de los tiempos, hubo sistemas políticos diversos en fundamento y eficacia. Al fondo de todos ellos aparece una irresistible ambición de poder, excusada tras un chinesco biombo de servicio al individuo; porque el poder se retroalimenta, tiene principio y fin en sí mismo. Carece de rostro, objetivos y sentimientos; devora al hombre convirtiéndolo en instrumento, a veces sanguinario. Ha recibido diferentes nombres: Democracia, monarquía, aristocracia, oligarquía, teocracia, dictadura, entre otros. Un falso coro de veleidades, donde voluntarismo reminiscente y seducción no terminan de cuajar. Allá, al fondo, la Historia nos deja claro que solo existen aristocracia y dictadura en sus diversos formatos o culminaciones. Es evidente que el poder ni se divide ni se comparte; por este motivo lo ejerce una minoría, sometida al líder, o directamente un dictador. Cualquier fórmula distinta constituye una convocatoria perfecta, sublime, a parecida opresión.

Si nos ceñimos a esta piel de toro, seca y ceñuda, aparecen ingentes razones que convalidan lo expuesto en el párrafo anterior. Ningún país medianamente serio consentiría tráfico de votos para alcanzar un poder negado, a priori, por las urnas. Aquí, se permiten trasiegos, componendas, amancebamientos insólitos y traiciones, expiando apenas peaje alguno, sin excesivo costo electoral. No en vano, por estos pagos afloraron la picaresca y un Patio de Monipodio gratis et amore. Salvando las mayorías, desde el primer segundo la Transición consintió trueques e intrigas que ahogaron toda esperanza de conseguir una democracia homologable a aquellas que saborean naciones ricas y punteras de Europa. Los PIGS (Portugal, Italia, Grecia y España) conforman el área iletrada, mísera, putrefacta. Todavía peor, no se observan visos de cambios sustanciales.

La puntilla definitiva viene del tándem Sánchez-Iglesias con cuadrillas que rechinan al precepto taurino. Pedro, siente arcadas independentistas por alimentarse de refritos caducados. Iglesias, enemigo declarado de las democracias liberales (al punto, no existen otras), nota mareos indigestos por tomar provisiones excesivamente patrióticas. Ambos, sin quitarse ojo, pretenden acumular poder jugando a los bolos. Todavía es pronto -porque ninguno se siente fuerte- para ver quién tumba a quién. Ahora se utilizan los dos, pero enseguida divergirán sus estrategias. Pablo no quiere porque es la única andadura que desagravia su ego insaciable. Solo, excluido, degustaría una tenebrosa oscuridad bajo el crepúsculo sombrío de alguna televisión furtiva. El PSOE se siente partido de gobierno, protagonista de un poder probable si renuncia a los aspavientos sobrevenidos y lo hará.

Descuidar las formas democráticas, se dice, es incompatible con un régimen de libertades. Llevamos cuarenta años transitando por la senda democrática y en contadas ocasiones han sido guardadas. ¿Quiere esto decir que apenas hemos conocido aquel sistema tan ansiado? Probablemente, pero si hubieran sido observadas con extrema exquisitez, tampoco. Nunca una forma puede sustituir a la sustancia y de esta sí que nos hemos sentido indigentes. Yo, al menos. No importa que Sánchez agreda a Castellanos, a Rivera o viceversa. Las actitudes que exhiben, más allá de síntomas, son efervescencias específicas de la enfermedad. Por otra parte, han desfigurado la democracia efectiva convirtiéndola en caricatura esperpéntica. Nos han construido un monumento de cartón piedra sin nada detrás, hueco, en cuya única pared destaca con egregios caracteres el vocablo democracia. Pura apariencia, puro embeleco.

Convienen destacar, asimismo, los esfuerzos que hacen todos los políticos por silenciar aquellos ecos que no les son favorables. Comúnmente se empeñan en controlar medios y periodistas, adscritos mayoritariamente a la izquierda dogmática o progresía de prurito y cartera. Si no lo consiguen, lastran su economía cuando no proponen leyes que castiguen semejante osadía. A tal grado se llega que Iglesias, he leído, pide no condenar a los políticos presos catalanes, pero sí a Inda y a Jiménez Losantos. ¿Puede aceptarse tamaño episodio contra la libertad de expresión? Ateniéndonos al deseo de Pablo Manuel, y algunos otros expresados con anterioridad, podemos advertir hasta donde estarían dispuestos estos populistas si llegaran a conseguir el poder auténtico. Por esta libertad de expresión a trompicones, no es descabellado, ni mucho menos, la cabecera que da entrada al artículo.  

viernes, 26 de octubre de 2018

CINISMO Y MISERIA


Antes de que Pedro Sánchez (armado de su habitual apostura chulesca y con proceder compensatorio e infantil) castigara de rodillas y brazos en cruz a Casado, le había dicho: “Ustedes no tienen programa de gobierno ni para Cataluña ni para España”. Así, con un par. Una aureola de cinismo contoneó esa testa meritoria -valga la ironía- del presidente más ambicioso y torpe en cuarenta años. Al final, será difícil averiguar si las necedades proceden de los presidentes o de sus respectivos asesores políticos. Todo vino a consecuencia de la “responsabilidad y participación” de Sánchez en el golpe de Estado que se está perpetrando, en palabras de Pablo Casado. El gobierno, delicadamente sensible, exhibiendo ronchas y mohines aviesos, olvida aquel “indecente” que espetó Sánchez al entonces presidente Rajoy, incluyendo la menudencia de acusarle de insuflar el independentismo. Ya saben, la viga y la paja. Como diría González Moore: “No hay mayor cinismo que el de aquellos que reclaman para sí lo que nunca han dado”. 

Cínico, enseña el DRAE, es quien actúa con falsedad o desvergüenza descaradas. Llevamos tiempo constatando que tal zozobra recorre las filas de cualquier sigla, si bien el populismo se lleva la palma. Ignoro qué predomina en esta coyuntura; si el descaro del preboste -quizás osadía que implica mayor inestabilidad emocional- o la estupidez ciudadana, tal vez sumisión ancestral. Sea cual la respuesta, vivimos un momento crucial, peliagudo. Para encrespar más los ánimos, si es posible, unos medios audiovisuales y escritos se esfuerzan por retorcer los conceptos hasta dejarlos irreconocibles, viciados, cuando no envilecidos. Etiquetas falsas, imputadas con saña y a veces impotencia, restallan en el espacio social contaminando el aire de aromas tóxicos, antitéticos, que aportan perturbaciones a la fisiología patria de consecuencias indeseadas. Una sacudida glacial, malsana, recorre el cuerpo nacional. La perspectiva sojuzga mentes y almas creando cierta desazón ante un futuro incierto

¿Quedan muchas tinieblas, mucho malestar? No existe una respuesta precisa respecto a Cronos ni a la diosa Felicitas. Temo que estos desarrapados intelectuales nos hagan pasar penalidades sin fin. Las cosas se están sacando de quicio con suma celeridad y percibo un intento nuevo, obcecado, de construir ladinamente el régimen que la guerra cortó de raíz. Mientras, se condena el liberalismo tachándolo de radical, de extrema derecha al tiempo que se le somete a causa general. Medios, colectivos estridentes y políticos siniestros -vistos en su doble acepción- siembran con bastante éxito una semilla que lleva implícitos el enfrentamiento, la quiebra, el caos. Sin duda han encontrado el terreno óptimo, preparado -al modo gramsciano- por un credo que ha hecho del cinismo su púlpito preferente. Esas ansias hegemónicas, de dominio estructural y moral, abren dudas razonadas de si Felipe González renunció convencido al marxismo. Zapatero y sus inexplicables añoranzas lideró enajenado la izquierda guerracivilista, aquella que se alejó de una socialdemocracia próspera.

LOGSE, junto a un relativismo que llenó toda la fisonomía formativa de una juventud sin futuro, ha ido forjando esta sociedad carcomida por todos los excesos a la par que por todas las carencias. Existe tal desorientación que las doctrinas, antaño guías ineludibles en los sistemas democráticos, han terminado ociosas, innecesarias, obsoletas. Surgen vigorosos credos alarmantes que nos retrotraen a épocas amargas, terribles. Hay ideologías tiránicas que emergen solo cuando el mundo se ve sacudido por profundas crisis sociales o económicas. Totalitarismo y nazismo brotaron en esas coyunturas socialmente desequilibradoras. Ahora, los movimientos migratorios ponen en riesgo -a veces por su propia dinámica- el statu quo de los países de acogida. Como réplica natural, aunque insolidaria, aflora un rechazo irascible, virulento, implacable. En ocasiones, los propios gobiernos calientan el conflicto aprobando medidas peregrinas.

España, pese a los esfuerzos de la progresía política y mediática, carece de ese ardor que comporta una dinámica radical, de momento. Estamos en el camino propicio para componer -a no tardar demasiado- un país envuelto en preocupantes conflictos sociales. Nuestro PSOE, alejado de enfoques pragmáticos, ha sido un partido disolvente, enemigo de alianzas que facilitaran políticas de Estado. Le pesa excesivamente el desafortunado papel que eligió en la Segunda República. Su vieja radicalidad le ha impedido, por pruritos atávicos, adoptar modales socialdemócratas. Sin embargo, la socialdemocracia (superada por doctrinas liberales, asimismo radicales) pierde gobiernos en Europa central y septentrional. Aquí, Sánchez -basándose en esa alergia europea y raptado por una codicia espuria, apremiante- ha recreado el frente popular como posibilidad exclusiva para conseguir La Moncloa. Aglutinar a la extrema izquierda con independentistas y antisistema, debe traer consecuencias nefastas para España y para el propio PSOE.

La izquierda moderada, como indico, ha perdido poder en Europa a beneficio del liberalismo, aunque esta crisis social originada por la migración -y otra económica que se vislumbra cercana- provoque un resurgimiento preocupante de las ideas inmoderadas, para ser suave. El polo opuesto (Portugal, España, Italia y Grecia) lo constituyen gobiernos de izquierda, más o menos radical, a excepción de Italia cuyo ejecutivo viene determinado por una mezcla explosiva de populismo y derecha radicalizada. Resulta aventurado, sin vestigios claros, hablar con verdad de convulsiones nazis o totalitarias pese a etiquetas vertidas por la táctica agitprop. No obstante, no deben descartarse a futuro.

Nosotros estamos eligiendo un camino que lleva directamente a la miseria, pues nos dejamos gobernar por una izquierda vacía. Reclamo, etiqueta y propaganda, con el auxilio impagable de unos medios serviles, definen su esencia, su encarnadura. Hemos de acostumbrarnos a mirar las cosas de frente, no de perfil. Analicemos qué proyectos reales, en beneficio ciudadano, ha elaborado el actual gobierno a lo largo de estos cinco meses. ¿Sánchez y sus acólitos pueden favorecer el Estado de bienestar? No, acarrean miseria para la sociedad porque, además de su odio al capital, solo les interesan los gestos, el poder sin más; se presentan indigentes para otros objetivos pese a seductoras apariencias. La economía vertebradora, boyante, no puede encontrarse en doctrinas estatalistas, es un axioma histórico.

viernes, 19 de octubre de 2018

¡VIVA LA BANDA!


Mis lectores habituales conocen que soy partidario de utilizar como epígrafe títulos significativos de canciones, textos, refranes, películas o citas sugestivas. En esta ocasión opto por la película de Ricardo Palacios, cuya trama se desarrolla en plena Guerra Civil española. Sin embargo, el fondo jocoso del filme tiene poco que ver con la situación grotesca, pero espeluznante, que domina hoy la escena política. Aunque parezca paradójico, cualquier caricatura despliega dos sentimientos opuestos. Uno advierte el tinte estrafalario, sarcástico, hasta ridículo; esperpento que evita frustraciones en el tópico valle de lágrimas. Es la fórmula exclusiva para una autodefensa eficaz. Otro, menos imaginativo, más real pero amargo, usurpa al género humano su deseo, aun su derecho, a una felicidad efímera, terrena.  

Banda constituye un vocablo con acepciones que tienen un cimiento común: grupo, más o menos organizado, con tareas y objetivos distintos. Hoy, me interesa aquel significado, casi siempre peyorativo, referido a conjunto heterogéneo de individuos. Yendo al grano, me refiero a la plaga de políticos y comunicadores que permite esta piel de toro. Ambos armonizan un tándem preciso, necesario, imprescindible, para llegar al embeleco que constituye ahora mismo la democracia española. ¡Viva la banda! es el grito minoritario, adiposo, de quien vive a la sombra opípara del poder eventualmente detentado. El noventa por ciento de la población, como mínimo, debiera estar hastiada de tanto acoso farsante e impositor. Pero no. Hete aquí que han corrompido la conciencia social y al coro ruinoso, infame, se adhieren de muy buen grado -cuando llegan las elecciones- numerosos colectivos vejados y vehementes.

Un perfecto, codicioso, programa de ingeniería social (iniciado con el nefasto sistema educativo llamado LOGSE y con el complemento vil, felón, de una prensa huidiza) permite a políticos y periodistas vivir de forma regalada a costa del fraude democrático. ¿Cuándo, si no, individuos -con dudosa valía intelectual y catadura moral- podrían permitirse una vida regalada, propia de potentados? No preciso nombres, incluyendo todas las ideologías, para elaborar un memorándum presente en la mente popular. Quien me lea, sabe que culpo al pueblo de colaborador principal. Aunque el papel protagonista sea adjudicado exclusivamente a políticos y prensa, el ciudadano (ahora contribuyente) tiene un importante quehacer de comparsa, si bien muchos se crean estrellas. Por tanto, este pueblo es corresponsable activo de la coyuntura presente.

Lo típico -al tiempo que sustantivo- de la banda actual, viene configurado por el desorden anarquizante, folklórico. Avistamos fuerzas heterogéneas diluidas en el maremágnum político-mediático. Se ha difuminado la vieja socialdemocracia moderada, gobernante, con un comunismo totalitario, novecentista. Demagogia y populismo desbancan el mandamiento recto, ético. Izquierda y derecha abandonan sus espacios tradicionales jugando a novedosos sondeos, mañas e ingenios, mientras consiguen desorientar al ciudadano, desheredada marioneta. Experimentan, en este laboratorio desconcienzado, una utopía tiránica con la saña que no apetecen para lograr el Estado de Bienestar. Porque utopía cae dentro de su campo, válida solo cuando el objetivo se refleja en ellos mismos. Egoísmo se convierte en doctrina troncal por muchos esfuerzos que realicen para ocultar, con palabras talismán, sus verdaderos anhelos.

Cabría preguntarse, entre otros interrogantes no menos oportunos, qué reflexiones llevan a un partido de gobierno a pactar con totalitarios, presuntos delincuentes y reconocidos antiespañoles, unos presupuestos en vez de ejercer de auténtico patriota y convocar elecciones. Se emplea como justificación el que gobiernos precedentes lo hicieran. Constituye otro ejercicio de configurar un lenguaje ad hoc, torciendo el oficial, para modular mensajes contaminados y argumentar quimeras. Comprendo menos el cesarismo expelido por todas las siglas nacionales hasta el punto de emponzoñar sus respectivos partidos antes que abandonar el poder, bajo un consentimiento suicida o cretino. Pedro Sánchez prefiere amortajar el PSOE antes que abandonar La Moncloa. Vimos a su antecesor, resuelta su economía, en la misma tesitura.

¡Viva la banda! claman alborozados quienes, fuera de ella, sin nepotismo, descubren un futuro incierto, ruin. Banda, privilegio y arbitrariedad forman el trípode sobre el que se sustenta nuestra democracia. A lo sumo, cabe añadir que las muestras no presentan signos de afección a la gente. Incluso aquellos que se distanciaron de la casta, han resuelto zambullirse hasta el cuello en ella. A más a más, como dirían los catalanes, poseen guardia personal, un símbolo -como sabe todo el mundo- netamente proletario. Qué pronto convergen los que pretendieron abrir una brecha simbólica tan insustancial como falsa. La prensa también forma parte básica del espectáculo, cuya contribución seguramente es bien remunerada. En ocasiones, ciertos periodistas que atizan la progresía como método eficaz traspasan todas las líneas de lo razonable y campan a sus anchas por el repugnante fanatismo dogmático, cuando no maniqueo

Évole asevera con rotundidad: “Me preocupa Vox porque hay mucha gente dispuesta a votar a un partido fascista”. Fascista es un anacrónico recurso propagandístico que intenta resucitar tiempos olvidados, de siglos pretéritos, ya que ciertos partidos necesitan etiquetas poderosas que aviven el subconsciente colectivo. Santiago Gonzáles -en el polo opuesto, pero sin ofrecer alimento electoral- dice: “El peor presidente de nuestra Historia es un psicópata que emputece todo lo que toca”. Ambas no constituirán ningún breviario de frases célebres, ni por sobriedad ni por estilo. Tal vez, el cetro lo detenten El País con sus bandazos y la Sexta TV ejemplarizando una fidelidad indiscutida.

Dentro de la órbita política tenemos declaraciones, actos, que serpentean el insulto a la inteligencia. Sánchez anuncia desmarcarse de la cita Iglesias-Junqueras. Martínez Maíllo, tabernario, considera que “Iglesias es un crack, es el puto amo”. Sin que le falte razón, sus palabras ajan crédito a las formas políticas. Carmena se gasta un millón de euros en redecorar el palacio donde se ubica el ayuntamiento. Susana Díaz, asida al cinismo, exige a Tejerina que pida perdón a los niños andaluces, etcétera, etcétera. Es incuestionable. Una élite encumbrada, estafadora, viviendo a lo grande, exclama (olvidando a la gallina de los huevos de oro y en permanente francachela) ¡Viva la banda!

viernes, 12 de octubre de 2018

GOBIERNOS IMPUNES O EL OCASO DE ENGAÑABOBOS


Esta mañana he presenciado una entrevista a Susana Díaz, tras haber disuelto el Parlamento andaluz y convocar elecciones para el dos de diciembre.Un gobernante siempre aspira a agotar legislatura, pero quiero lo mejor para mi tierra”. Esta andanada la evacuó sin mover un músculo y con sonrisa cautivadora. Enseguida me ha asaltado un axioma incontestable: el noventa y cinco por ciento del extracto de nuestros políticos viene determinado por ausencia de valores, cinismo, desfachatez y labia. El otro cinco por ciento restante, lo llena una mente indigente, plana, pretenciosa. Esta sutileza, entre otras diversas, determina que vayamos de mal en peor. Cuarenta años de democracia, si se puede conceptuar así, y hemos evolucionado poco o nada. Acaso, a peor. Forjamos una ilusión esperanzadora y nos han llevado a un escenario lamentable, siniestro, antidemocrático; ahora mismo, censor.

Pedro Sánchez (doctor no, todavía sin deslindar) sosia magistral del “inolvidable” Zapatero, recorre terco el espacio de la vileza. Prometía austeridad -como ética “exclusiva” de una izquierda interclasista, proletaria- y derrocha dinero público además de dejarse avistar ese achulado talante con que acicala su inepcia. Desde que ocupa el gobierno, de forma legal y no tanto legítima, el PIB ha caído unas cuantas décimas favorecido también por una segunda crisis mundial en ciernes según augures de todo prestigio. Sin embargo, aparte ciertas bombas saudíes de ida y vuelta, su programa conocido se ciñe a la exhumación de Franco, hacerse fotos con migrantes y bajar el IVA en prendas de higiene femenina. Ah, se me olvidaba. Muestra interés desmedido por codearse con líderes internacionales porque se le echa la casa encima. Perderemos miles de millones, pero, al final, será culpa de cualquier turco que asome la cabeza.

Los medios todavía siguen refrescando la corrupción del PP, “el partido más corrupto de Europa” hasta que Arcadi Espada preguntó a un feligrés convencido: ¿Cuál es el segundo? Cierto que distinguidos representantes peperos metieron (presuntamente unos, y otros no tanto) mano a la caja llevándose algunos milloncejos. Pero en este país, sin contar con las deficitarias empresas públicas, han desaparecido miles de millones del ámbito local, autonómico y nacional por mala gestión, desidia voluntaria o involuntaria. Probablemente familiares, amiguetes y amiguitas se hayan ensuciado los hocicos con un achocolatado pastel caído del cielo cual maná nutriente. Ninguno que yo sepa: presidentes, ejecutivos, gobernador del banco de España, dignatarios de ciertas cajas rebosantes de inmoralidad, evalúa la probabilidad de ser juzgado a causa de las enormes pérdidas dinerarias ocasionadas por su insolvencia, quizás pillaje.  

Me parece injusto que semejante caterva de aventureros indoctos abandonen la política -muchos de ellos jubilados- peripuestos, pulcros, jurídicamente limpios. Sé que cohecho, prevaricación y desfalco tienen demasiados vericuetos para facilitarles un escape con poco esfuerzo y mucha altanería. Son inmunes a otras figuras jurídicas porque, fatalmente, la estulticia no delinque ya que la sociedad (supuesta soberana y contribuyente real) elige incluyendo vicios ocultos, o no tanto. Es verdad. Votar con rechazo significa tener una imagen tal vez prefabricada del contrario, pero no vemos de qué pie cojea el individuo cercano a nuestros afectos; tanto al gobierno como a la oposición llegan auténticos desconocidos. Dicha quiebra les permite salir indemnes de los desastres que ocasionan. Los redime esa “irresponsabilidad” donada por ciudadanos con equivalente torpeza.  El político inepto, a su casa.  

Disponemos también de engañabobos. Conformando una única categoría, surgen dos estereotipos amantes del atraco y de la corrupción: medios y prebostes o viceversa. Los primeros -saltándose cualquier regla deontológica- inducen al extravío colectivo con su línea editorial intransigente, corrupción sin paliativos de la conciencia social. Conllevan, asimismo, un atraco ético cuando reducen al máximo la discriminación semántica y el hábito reflexivo. Nuestros prebostes atesoran con avidez ambos defectos, siempre ocultándose tras cualquier biombo impostor, teatral.  Pese a la gran cantidad de memos que abarrotan el espacio nativo, a estos especímenes protegidos se les va terminando el chollo a poco. Exceso e impudor dejan al descubierto tanta trivialidad, tanto fantoche, tanta contingencia, que les es imposible ocultar el auténtico individuo. Se va abriendo lentamente una luz clarificadora y su ocaso parece próximo.  

Hoy ha caído la primera hoja otoñal. Estaba cantado pese al histrionismo de horas antes. ¿Alguien piensa que se puede firmar cualquier acuerdo complejo de forma instantánea, fugaz, si previamente no estaba cerrado? Ayer Podemos aseguraba no tener respuesta afirmativa a los PGE. Sánchez, raptado por su ambición, ha medido mal la fuerza del partido populista y totalitario. No ha calibrado lo suficiente la egolatría de Iglesias, cosa que si ha hecho este con el apetito desbocado de Pedro. Pablo hubiera rubricado su “liberalismo democrático”, si fuera preciso, con tal de seguir afirmando: “Hoy, Podemos tiene más poder que nunca”. ¡Menudo es él! De todas formas, el principio de acuerdo para los Presupuestos probablemente sea un brindis al sol, por suerte. Es imposible que Sánchez dé a Torra lo que pide y por tanto el sí del independentismo a los Presupuestos. Si así ocurriera, la CUP ridiculizaría a sus contrincantes. No es lo mismo votar contra Rajoy que asentar un gobierno refractario al pulso independentista.

Bocazas tienen todos los partidos, en mayor o menor proporción y calidad. Ninguno, no obstante, rivaliza con Rufián. Comprendo que este ejemplar -único- defienda su pan (pasó de parado a superar los siete mil euros mensuales), pero todo tiene un límite y el impresentable diputado lo traspasa sin pudor ni continencia. Permítanme una apostilla. Aun discrepando de Julio Anguita, máxime sobre sus tesis económicas, le niego cualquier semejanza con líderes de la izquierda más o menos extrema. Don julio ofrece algo de lo que los demás carecen: honradez y rectitud acrisoladas. A diferencia del resto, él sí defendería, incluyendo errores, intereses nacionales y no particulares. Paradigma sin seguidores porque idealistas apenas existen; la mayoría se presta a oscuras y rentables componendas. Escudriñen, adviertan; de estos “virtuosos” hay legión.


viernes, 5 de octubre de 2018

SER O NO SER


Constituye la frase más famosa del monólogo de Hamlet, príncipe de Dinamarca, sobre la vida y la muerte. William Shakespeare -en sus reflexiones sobre ambas, expuestas en dicho soliloquio- quizás fuera el antecedente cercano, preeminente, del existencialismo. Sartre tituló su obra sustantiva “El ser y la nada” con evidente analogía respecto a la obra shakespeariana. Ortega, dentro de su peculiar perspectivismo, también recorrió la senda existencialista. Ello, le llevó a advertir: “La vida es futurización, es lo que no es”. Observamos una clara avenencia entre los tres autores a la hora de titular o definir sus discernimientos. Shakespeare quiebra una concepción esencialista del hombre, propia de la filosofía clásica, para abrir un nuevo interrogante donde la existencia (y su angustia vital) ocupa el arranque de cualquier lucubración en los dos últimos siglos.

Cierto es que empirismo (escuela que preconiza la propia experiencia como método para llegar al conocimiento) y fenomenología (sistema cuya tesis indica que solo podemos conocer los fenómenos, nunca el ser-objeto) coexisten, mientras atesoran preferencias (no exentas de vacilaciones), con el existencialismo durante los siglos postreros. El individuo, sometido a presiones límite, se aferra al relativismo en sus diversas formas. Así se va construyendo una sociedad vacilante, perdida, manejable, cuyos añejos valores -morales o éticos- han sido sustituidos por otros de reciente cuño donde destacan codicia, egocentrismo, abuso e insolidaridad. Vemos con estupor, asimismo zozobra, como poco a poco nos deslizamos sin freno a un abismo insondable. Peor que el destino resulta esa estulticia casi irracional que nos empuja sin oponer resistencia. Un refrán popular indica: “Lo que la naturaleza no da, Salamanca no presta”; es decir, necedad y desastre son compañeros de un viaje alejado de cualquier escapatoria educativa, restauradora.

De entre las varias rutas inciertas emprendidas por gobiernos pérfidos e impulsadas por una sociedad necia, estúpida, cabe señalar el Estado Autonómico, su avidez, y en especial aquellas Autonomías que se consideran a sí mismas con identidad nacional. Ahora, Cataluña preocupa al pueblo español debido a la situación de quiebra social y a la imagen que brinda al mundo entero. Los independentistas aducen oscuras razones históricas para exigir independencia y república. Al parecer, su génesis como pretendido reino dataría de la primera mitad del siglo XIII. Reivindican conjuntamente, quimérica tesis, Valencia y Mallorca en esa unidad llamada Países Catalanes. Lo que ellos denominan Reino-Principado-Condado de Cataluña aparecía formado por varios condados-territorio (no administrativos) situados en el área geográfica de la actual Autonomía y otros allende los Pirineos, hoy Estado francés. Más razones históricas tendrían Valencia, Sevilla, Badajoz, Toledo, Zaragoza, etc. “reinos de Taifas” a finales del siglo XI. Llegaríamos al Estado plurinacional efectivo, a la España desvertebrada, a la nada.

Puedo comprender el sinvivir de políticos y sociedad catalana desde que una marea de independentistas superó ese palo y zanahoria que CiU astutamente exhibía ante los diferentes gobiernos nacionales. Era el statu quo perfecto. Venteando la bandera del independentismo conseguían miles de millones y competencias jamás imaginadas. Ese mensaje reiterativo, pertinaz, de “España nos roba” y parecidos eslóganes, acabó por imponerse al paripé de un soberanismo de pega. Necesitaban nutrir la llama nacionalista para mantenerse en el poder y, cubriéndose con la bandera catalana, forjar una panda que saqueó, presuntamente, Autonomía e instituciones adyacentes. En aquellos años de González, Aznar y Zapatero, no eran independentistas, ni mucho menos; pancismo e intereses espurios fundamentaban su ADN político. Pero hace tres años, una diada multitudinaria les hizo ver el monstruo que habían creado. Solo restaba huir hacia adelante y aquí, en esta tesitura molesta, irreversible, suicida, nos encontramos.

Imagino, si es que les queda algún escrúpulo, el abatimiento del señor Mas. Menos de los presos o fugitivos porque consintieron una situación advertida. Quisieron acreditarse héroes nacionales y terminarán por emerger tontos inútiles. Hoy, el Parlament se ha embarrado debido a la divergencia JxCAT y ERC a la hora de delegar o designar los diputados presos o huidos. Se ha resuelto a favor de la concordia, aunque el desgarro sigue intacto. Era lo esperado, pues ni el gobierno catalán -junto a sus apoyos- ni Sánchez (y su soporte) quieren elecciones anticipadas. Torra y Torrent deben andar como el verso de Santa Teresa: “Vivo sin vivir en mí”. Vacilan si ser (nacer, vivir cual políticos en el alambre) y exponerse a la cárcel o no ser (fenecer políticamente e iniciar otro aliento porque la muerte es causa de vida) disfrutando del sueño de estar vivos incorporados a un bucle dulce e ilusorio. Creo que todas sus angustias, fiascos y velas, terminarán en la mazmorra social por “traidores” o en el cautiverio judicial por presuntos y graves delitos penales. La gilipollez acaricia su peaje. 

El pueblo catalán padece sus demonios internos y otros externos disfrazados de políticos patriotas. Semejante carga les hace transitar por un viacrucis que, a poco, siente sustituirse tomando cuerpo una turbulenta mezcla de intolerancia, agresividad e inconformismo. En un vaivén mecánico -grupos minoritarios, pero muy fanatizados- van por libre, han abandonado el no ser aupando el ser a extremos que empiezan a desazonar a sus mentores. Han eliminado el orden facilitando, de este modo, la irrupción lógica de gentío acéfalo, agreste, anárquico, rabioso, subsumido por un separatismo impostado. Uno ve ciertas imágenes, atesora información, y se sorprende (pese a los años) de la sandez infinita que encierra el género humano.

Sánchez, presidente inusual, paga su ambición mostrando cuan postizo tiene el ser.  Un doctorado lacio y falso; compromisos incumplidos; apariencia fraudulenta, estilo, carácter y palabra hipócritas; amigo del escondite, de silencios inconclusos, evita contra viento y marea dejar la presidencia, el sillón, las sinecuras, el no ser. He aquí quien arrastra una vida dificultosa, mostrenca, indefinible, huidiza, pero lo prefiere a la tranquilidad anodina del que abandona focos y prebendas. Rearmando la disyuntiva, ambición o silencio sustituyen al antañón ser o no ser.

viernes, 28 de septiembre de 2018

UNO DE TRILEROS


La antigua televisión valenciana amenizaba -o potenciaba el sopor- las tardes de lunes a viernes con una película del oeste (Una de l´oest). No pretendo paralelismo ni entretenimiento alguno, pero sí generar puntos de reflexión; deseo hilvanar un artículo que resucite algo perfectamente conocido: estamos sometidos a los caprichos, a las arteras actividades, de una caterva de trileros. Trilero, enseña el DRAE, es un estafador que ayudándose de ciertos objetos y con la complicidad de “ganchos” aligera el dinero de cuanto temerario se pone a tiro. Tres elementos concurrentes: demagogia, medios y pueblo a la medida dan respuesta cumplida a objeto, “ganchos” e incautos. Imagino que todos sabemos de qué se habla y del esfuerzo que debe realizar la sociedad para volver las aguas a su justo cauce democrático, lejos del que venden algunos con “patitas” totalitarias (evoquen el relato de los tres cerditos).

Este timador, tan viejo como la humanidad, solo puede nutrirse de gente que se deja engatusar. Constituye una especie desaparecida en países donde la cultura rompe barreras sociales recreando un clima de rebeldía razonada. Espaciadamente, también ellos precisan recargar el espíritu censor - germen de movilizaciones vigorosas- para liberarse de zánganos y vividores. Ocurre, con actual incremento, en naciones de Europa central y septentrional. Cuando políticos de tierras ingenuas e incultas (las nuestras) ven peligrar su “modus vivendi”, desprestigian estos bandazos con calificativos gruesos, intimidatorios, porque así los entiende esta sociedad corrompida. Cargan las tintas en lugar de analizar qué parte de culpa tienen ellos, los políticos, en semejante transformación. Las sacudidas se producen por los errores de quienes ostentan el poder; un poder que les viene grande o pretenden convertirlo en tiránico.

Sabemos que España es pueblo de pícaros, villanos y ladrones; actualmente, mesa de trileros. Hay que admitir, lo contrario sería injusto, la abundancia de valores poco o nada prosaicos: hidalguía, heroísmo, flema, carácter, … no siempre patentes ni bien tasados. Quizás vivamos una época adversa, pero hoy fraude -en su amplia concepción- y timo forman la esencia de nuestra sociedad. Desconozco qué razones fomentan en esta época ofuscarnos con el trilero de feria, ese que aprovecha la ocasión emocional para desvalijar al individuo bobo. Políticos de uno y otro signo han sacado tres cubiletes y bajo uno han colocado la bolita que lleva inscrito un máster o tesis. El ciudadano contribuyente se desoja para encontrar el dueño del título que debe aparecer bajo el cubilete señalado. Oh, dioses, no ha acertado. No hay nada, todo está vacío, evaporado. Es humo que ciega tus ojos.

Entre tanto, una comitiva de personajes variopintos (tal vez fuera más acertado argüir “variopintas”) ocupa el ruedo ibérico. Con frecuencia nos llevan al huerto que desean sin excesivos costes ni escrúpulos. La Universidad Rey Juan Carlos (URJC) soporta desde hace meses ataques tóxicos e indiscriminados de una izquierda que, sin faltarle razón, hiciera bien en azuzar algo de prudencia. Se comenta malintencionadamente que dicha universidad es un apéndice del PP pues se fundó en mil novecientos noventa y seis, siendo presidente Ruiz Gallardón. De aquí las críticas feroces a Cifuentes y Casado. Me gustaría saber -aparte los pormenores con que la Universidad Camilo José Cela calificó la tesis de Sánchez- si la Complutense pasaría de forma inmaculada el cedazo ético, que dicha izquierda exige a la URJC, tras algún rector con presuntas anomalías contables sin numerar asimismo “predilecciones” (también presuntas) a alumnos y profesores con renombre, pero discutible prestigio.

La farsa mayor del trile viene de las innumerables evidencias de pacto PSOE-Podemos tan divergente en objetivos como imprescindible para un gobierno ridículo. Además, necesita el complemento nocivo de independentistas y otros grupos detestables para el común. Cualquier estafado, con tiempo, descubre la fullería y abandona el entorno echando pestes. Enseñar el rostro revela la inutilidad de la capa; asimismo, el embozo eclipsa al sujeto. No se puede ser constitucionalista e independentista al mismo tiempo. Lo dice el refrán: “Quien da pan a perro ajeno, pierde pan y pierde perro”. Acercamiento de políticos presos a Cataluña, permitir embajadas, “regalar” casi mil cuatrocientos millones de euros al gobierno catalán, etc. forman parte del importe suscrito por Sánchez con los soberanistas. Cierto que antes lo hicieron otros, y se abunda en ello por periodistas concretos, pero entonces no se proclamaban independentistas.  

Populismo, demagogia, falacias, forman los principios rectores del trilero. Rajoy judicializó la política en Cataluña y ahora Emilio Fernández, presidente de la Unión Progresista de Fiscales (UPF), politiza la judicatura. Mal, muy mal cualquier tejemaneje. A Monedero siempre que sale en TV le preguntaría ¿qué hace un chico como tú en un lugar como este? Podríamos citar innumerables ejemplos de personajes adscritos al trile. Mencionaré algunos casos curiosos, paradójicos. Echenique, apóstol de la estética sobria, alquila un piso en el barrio de Salamanca. Celaá, ministra portavoz, asegura que las bombas vendidas a Arabia Saudí son “inteligentes” y no van a matar yemeníes. Razonamiento engañoso, eficaz; salvoconducto para los trabajadores de Navantia. Sánchez, por arte de birlibirloque, se atreve a decir: “Hemos venido a limpiar la corrupción venga de donde venga”. Para descongojarse. El colmo de la desfachatez y de los tics antidemocráticos viene de la mano de Carmen Calvo: “La libertad de expresión no lo resiste todo”, mensaje-consigna para impedir que la prensa airee los infinitos desmanes socialistas o adjuntos. Censura pura y dura.

Viene al pelo citar, una vez más, el robo perpetrado por PP, Banco de España, CNMV y MUR (Mecanismo Único de Resolución, adscrito al Banco Central Europeo) a los accionistas y bonistas del Banco Popular. El resto de partidos, PSOE, Podemos y Ciudadanos, no han movido un dedo para redimir la injusticia cometida. España se encuentra en una coyuntura terrible, de difícil salida sin intervención férrea, rigurosa. Como lo que verdaderamente separa a los partidos son exiguas diferencias de matiz, consigamos que gobierno y oposición se conformen con una abstención ciudadana del noventa y cinco por ciento. Da igual, que da lo mismo, quien gobierne. Europa sería el talismán que nos guardara de probables aventuras totalitarias.

viernes, 21 de septiembre de 2018

ESPAÑA Y LA TORRE DE BABEL


Según indica el Génesis y algunas narraciones mitológicas, la torre de Babel pretendía llegar al cielo en un acto de soberbia humana. Dios quiso castigar este pecado capital (que con los seis restantes conciertan vicios sociales varios) multiplicando las lenguas de quienes osaban tal monstruosidad. Así no podrían entenderse y su objetivo nunca se vería concluido. Desde luego, fuera de todo análisis sobre la altura alcanzada, este país ha excedido cotas increíbles de estupidez, defecto sin clasificar aunque protagoniza gran parte de la situación actual. Efectivamente, individuos adscritos a cualquier grupo u oficio viven rendidos al naufragio cultural, introspectivo y cívico. Echemos una mirada tolerante -para evitar frustraciones nocivas- a los medios audiovisuales. Ellos nos colocan ante personajes tan dispares, al mismo tiempo tan insólitos, como Rufián o Belén Estaban. Desde todos los puntos de vista, yo prefiero a Belén Esteban; es más natural e inteligente.

Bien pudiera apreciarse cierto paralelismo entre la soberbia que hace cinco milenios llevó al hombre a pretender acercarse a Dios y el boato hodierno. En ambos casos surge una sentencia clara: castigados a soportar nuestra pequeñez junto a la confusión comunicativa, asimismo desdoro, entre iguales. El postrero suplicio incrementa la anatomía en este país donde cada cual desarrolla un discurso unidireccional, sordo, atiborrado de rigidez. Aquí, se abre la mano, despilfarramos el dinero público, pero nadie da su brazo a torcer. No hay nada tan penoso como el diario diálogo de sordos que advertimos en platós televisivos o, peor aún, en un Parlamento áspero -a veces grosero- e indocumentado. Las formas, siempre rozando lo inaudible, se dejan excesivos pelos en la gatera por mor de una escenografía quizás mal entendida. Quien más, quien menos, representa un papel inmundo porque se aparta definitivamente de esa vocación de servicio que debiera centrar el rol político.

Ahora tenemos un gobierno que “eleva el listón de la exigencia democrática” al decir de Cristina Narbona. Salvo hermeneutas o imbéciles, nadie es capaz de interpretar en sus justos términos dicha secreción retórica. La señora Narbona no habla, porque su finalidad está muy lejos de conseguir una comunicación fluida; pervierte el lenguaje y lo torna herramienta vacía como tal. Eso sí, su intención es clara: manipular mentes poco o nada dadas a la lucubración serena, lógica, discriminatoria. Se arma, de forma consciente, ese guirigay propio de quienes esperan eternizarse en el machito. Es la tormenta perfecta: unos conviven con el esoterismo y la opacidad mientras otros muestran ciegos afanes de seguir a pies juntillas cualquier consigna. Los medios colaboran para agigantar las dificultades emisor-receptor, por encontrarse en diferente onda, amén de otras insalvables relativas a pensamiento y palabra.

Sería lógico, normal, que hubiera hondas discrepancias, disentimientos, diferentes lecturas, con personas ajenas a nuestro credo; con aquellas a quienes el arrebato babélico les hace efectuar extraños giros lingüísticos, incluso en la misma lengua. Sin embargo, no ocurre eso ni mucho menos. En personas de igual o parecida doctrina, gana de calle la improvisación, se habla diferente idioma. Incluso el presidente titubea cuando interpreta sus propias palabras. Si él no se entiende, porque cambia de discurso a poco, menos su ministra portavoz con las famosas “bombas inteligentes” que matan tras una exquisita selección previa. ¡Lo que hay que oír! Supera esa falta de entendimiento el señor Tarno (PP) cuando asegura que la ministra Robles no se parece a dicho tipo de bombas, sembrando de rebote recelos sobre su inteligencia.

Sánchez y su tesis han batido todos los récords del disloque semántico. A estas alturas dudo mucho que alguien tenga claro qué y cuándo es plagio. Políticos cercanos, quiero decir asidos a un poder en comandita, de tapadillo cubren las vergüenzas (puede que desvergüenzas) para evitar ayunos e intemperies precipitados. Algunos -hábiles, con más astucia que decencia- empiezan a agitar el acomodo porque temen perder comparsa si se diluyen demasiado en un gobierno débil, desahuciado. ¡Ah, las elecciones! Como las moscas, quieren saborear la miel pero temen morir de gula. También preocupa al ejecutivo (ese sí, pero no) que ha de emplear un lenguaje impostado para parecer lo que no es o para ser lo que no aparenta. He aquí por qué no se entienden entre ellos y menos aún con los ciudadanos Exceso de protagonismo, junto al error de creerse imprescindibles, únicos, sagrados, los ha conducido al monólogo cerrado, insolidario.

Nadie, yo al menos no, puede concebir que el Parlamento asista a individuos ligeros de señorío. Considero fuente de indigencia democrática el hecho de que alguien, ayuno de formas, pueda representar la soberanía popular. Primero porque simboliza, o debe, el honor del pueblo y segundo porque en la Cámara Nacional no caben quienes se manifiestan claramente antiespañoles. Tampoco concibo que se califique método o estrategia provocativos aquello que llanamente es incultura, ordinariez y comportamiento bochornoso; todo ello amparado por un privilegio “suprimido” y renovado en multitud de ocasiones. ¿Tiene usted vergüenza? preguntó Rufián, con premisas capciosas y sin venir a cuento, en la comparecencia de Aznar sobre la financiación ilegal del PP. ¿Es esto parlamentarismo? Cada cual quiso adornar su papel en un escenario histriónico, necio, ininteligible y nada rentable para la sociedad. Babel quedó pequeña.  

Llevamos un tiempo -desde la aparición de los populismos, sobre todo- en el que muchas palabras actúan como dioses totémicos. Pese al fondo oscuro, artero y antesala de confusiones continuas, el individuo deja guiar su vida por esta falsa llama intangible. Hoy, la televisión se ha convertido en púlpito sacrosanto al socaire de réditos nada deontológicos. Etiquetas y tics mezquinos, adobados ex cátedra, conforman su alimento característico, reiterado. Cada interviniente suelta su consideración, casi siempre funesta para una sociedad ansiosa de aprender. ¿Acaso PP o Ciudadanos representan la ultra derecha española? Así lo aseguró Monedero no hace mucho en una televisión nacional. Babel queda muy por encima respecto de España. ¿Dónde está la ultra derecha patria? ¿Existe? Hemos conseguido un idioma retorcido, diverso; herramienta prototípica de desinformación, baluarte y desenfreno.


viernes, 14 de septiembre de 2018

BROMAS APARTE


Bien pudiera ser el título de una sección periodística o el blog siamés de un observador riguroso que gusta de la chanza. Este monstruo adherido por alguna parte de su anatomía al hermano, presenta un cuerpo u otro según convenga al interés general. No resto un ápice de comedida sorpresa, el que alguien pudiera exponer cualquier argumento bicéfalo en esa doble vertiente. Imagínense qué atractivo desprendería tratar el tema catalán, verbigracia, revistiéndolo de narración guiñolesca, restándole todo viso trascendente, a fin de darle una vis cómica integral. Igual sucediera con temas deportivos, religiosos, simplemente de corazón, menos dados -por su carácter liviano- al envoltorio cáustico. Constituye una paradoja natural afrontar lo sustantivo con talante satírico, intrascendente, para sacar a la luz el fingimiento de su causa.

Bromas aparte es la forma sutil u odiosa de hacer un alto en el rosario de epítetos, generalmente malintencionados, que se realiza a alguien para -tras un respiro del verdugo parapetado tras esa insidiosa frase- seguir aplicando la tortura cruel al maltrecho interlocutor. Suele completarse el tormento en un hábitat próximo, acariciando amor y encono extemporáneos entre reo y sádico. Nuestros políticos capitalizan tan terrible realidad social cuando invierten sobre seguro al recibir información privilegiada y su fracaso, improbable, queda subsumido por la más alevosa impunidad. Nunca cejan de agredir al ciudadano y cuando se demoran es para tomar impulso. Aquí, el estigma toma cuerpo de proyectos que se enuncian y de inepcia o idiocia que impiden su realización. Ambos estadios están aislados por esa proposición, mampara exótica, que los separa sin apenas discreción.

Decía Joseph Conrad: “Una caricatura es poner la cara de una broma en el cuerpo de una verdad”. Deducimos, pues, que la política es una caricatura de la realidad social. Expongamos hechos que lo constatan. Rajoy, jugándose la barba, fue el político del PP que mayor apoyo electoral consiguió: ciento ochenta y seis diputados; tres más que Aznar. La conclusión es clara: este último gozó de menos tirón que don Mariano que se llevó por poco “el gato al agua”. No obstante, ambos atesoraron escasa vehemencia ciudadana. Bromas aparte, quienes reventaron las encuestas fueron Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero con sus atroces resultados gubernativos. Uno y otro, pusieron a España al borde de la bancarrota. Aznar menos, pero Rajoy se sentó a la puerta para ver pasar el cadáver de su enemigo. Después se levantó cansino, apático, desabrido, sin saber darle la vuelta al calcetín. ¡Menudo lince!

Pablo Casado, su sustituto al frente del partido, lleva meses sufriendo los vaivenes de la cuna que mecen PSOE y Podemos a dúo. Quizás les falte algo de vigor o de ingenio porque el líder popular se va escabullendo fácilmente, si no atacando con bastante acierto. Es verdad que Casado no despega; está dilapidando el crédito apriorístico que afiliados y medios le suponían al compás de aquel valor supuesto, fabuloso, sacrosanto, testado al recibir la cartilla militar. Como hace siempre el pueblo, este pueblo lánguido, su etiqueta de calidad la recibió contra Soraya Sáenz de Santamaría, no a su favor. Ahora, si lo ha dejado alguna vez, ocupa el tiempo buscando -de forma ciertamente inútil- el trabajo de un máster que aparece y desaparece cual Guadiana travieso. Asimismo, una defensa política intangible. Desde el punto de vista jurídico, se abre un trance poco lesivo, digerible. Bromas aparte, conjeturo una dimisión forzada para evitar convertirlo en carroña electoral. Considero que el PP queda desvencijado, pero no es tarde para que tome las riendas Teodoro García, un oasis nobel, de última ola, en el desierto popular.

Pedro Sánchez, al que unos le llaman el Nono y otros el Inquilino, demuestra ser un bluf. Es difícil contrastar su quehacer gubernamental con otros presidentes, incluso del PP. Creo a pie juntillas que es el peor, con diferencia, pese al ejército de panegiristas que loan con insistencia tonta estos cien días recién cumplidos. Jamás pude imaginar que la vida política pudiera ser un tanteo, una enorme humareda de diferentes colores para potenciar huidas, ignoro si defensivas, liberadoras o humillantes. Miente, quizás exagere, quien ose airear que ha propuesto, siquiera, algún programa socio-económico que tenga visos de objetivo tangible y realizable. Gesto tras gesto, consigue aumentar el cisma social, emprendido por Zapatero, para maniobrar contra media España; la mala, franquista y facha. Ahora se ha de desnudar, intelectualmente, para ¿evitar? una dimisión que se otea en el horizonte. Bromas aparte, descubre, al menos, que aquel “cum laude” esconde una mediocridad acreditada, aglutinante. No dimitirá para no echar a perder esfuerzo, apetito e ignominia, pero quedará tocado más allá de los fervores mediáticos.

Me aborrece y subleva que un comunista hable de democracia tomando la Historia a su antojo. Son muchos los que defienden la exhumación de Franco, como si ello significara una aplazada derrota del vencedor. Algunos, rozando lo esquizofrénico, afirman que constituiría el triunfo de la democracia. Imagino que al noventa por ciento de ciudadanos les causa indiferencia lo que se haga. Solo un cinco por ciento exige sacarlo y otro cinco retenerlo. Pero esa proporción exigua lleva metiendo ruido meses; digo meses, años. Adulterar el pasado con mentiras o medias verdades, impide a las nuevas generaciones establecer una convivencia asentada sobre errores múltiples de todos. No solo errores, también vandalismo sádico, torturas y crímenes absurdos, cometidos alternativamente en nombre de una legitimidad (democrática o no tanto) más que sospechosa. Bromas aparte, ese diez por ciento -lleno de dogmatismo y manipulación- difumina, consciente o inconscientemente, el grave escenario que ofrece el país en estos momentos. Dejemos la cohetería hipócrita para atacar con eficacia el parasitismo operante.

Parece que nuestros políticos han copiado de Cicerón aquella sentencia: “Si quieres ser viejo mucho tiempo, hazte viejo pronto”. Los prohombres patrios reciben su bautismo de fuego público alrededor de los diecisiete años. Así, nadie puede obtener licenciaturas, másteres, doctorados, de manera natural. Necesitan ayudas externas para presentar a la sociedad credenciales magníficas, seductoras. Falsedad, junto a desvergüenza, se acosta a currículo y eminencia. Bromas aparte, aunque el sustrato sea algo huero, nimio, importa el simbolismo, la actitud. Inopinadamente, tras múltiples abusos impunes, el prócer se enfrenta a un arma simple, torpe, de juguete, pero políticamente letal.

viernes, 7 de septiembre de 2018

CASTA NO, CASTUZA


En mi pueblo, como en cualquiera donde la franqueza genera formas ásperas, se utiliza profusamente el morfema despectivo. Si además pretenden poner en su sitio al cínico, la costumbre inveterada pasa a ser objetivo agrio, descomedido. Alejados de la venganza, es imposible apreciar un gramo de infamia; sienten, conjeturo, cierto impulso reparador, justiciero. Hay que conocer a la gente de los pueblos de forma profunda y concluirá su estudio admitiendo una orfandad absoluta de maquiavelismo, incluso elemental.

Paradójicamente, y con sentido compensador, saben aplicar el aumentativo humillante si la ocasión lo precisa o el sujeto paciente resulta indigesto. Cuando se trata de políticos, sube la intemperancia a niveles de difícil superación. Ignoro si es debido al lastre atesorado durante largos periodos o a resultas de actitudes inmediatas. Lo constatable es el grosor de epítetos con los que orlan a todos; quizás solo a quienes figuran extraños a la propia cuerda.

Casta es un nombre con pretensiones y desparpajo atributivos; al menos con esa intención se aplica. Algunos, inclusive, añaden altas dosis de perfidia subyugados por una demagogia populista y rentable. No precisan, mis amables lectores, concreción ni recuerdo de quienes han abusado de ella porque están al cabo de la calle. Ha sido tan notable el espectáculo esperpéntico que sobra cualquier pista para llegar a los actores. Al mismo tiempo, se descubre la ruindad de individuos que se jactan de poseer una ética ejemplar. Semejante reseña suele ocurrir en personas cuya hipocresía les capacita para mostrarse cual camaleones desatados. Constituye la parte inmoral propia de gentes con personalidad espinosa si no mínimamente bipolar.

Castuza, desde mi rural punto de vista, aumenta la cualidad del lexema dándole un matiz repulsivo, sucio. Personalmente lo aplico a quienes, olvidando mordacidades pretéritas, se integran con avidez a dicho modo de vida tras aventar machaconamente, tiempo atrás, pruritos odiosos y odiados. Sube a lo más alto del cajón el ínclito Pablo Iglesias, aunque me hastíe colocarlo en el pedestal mediático; un abuso perpetrado por bastantes entornos audiovisuales.  

Me resultó nauseabundo el comentario personal, inmodesto, estúpido, de que el rey había preguntado por sus hijos, como si fuera noticia socialmente jugosa. A la mamarrachada, propia de un mamarracho, se le adiciona el hecho grave de proceder de un tipo que ha llenado de escarnio el anterior bipartidismo y de repulsa instituciones que luego, de facto, aclama. A poco, se va mostrando sin aquella máscara originaria que lo transportó del opaco núcleo universitario -aunque elitista- a esta parasitaria panda política. Todo y ello pese a esa mochila ética, democrática, pero farisea, con que suele acompañarse.

Existe otro político -también de izquierdas- que, sucumbiendo al compromiso contraído con las bases de su partido, opta por la frivolidad y el lujo. Todavía recuerdo aquel Sánchez humillado, herido, al borde del viacrucis, cuando lo aprecio ahora altivo, arrogante, casi desdeñoso, en su pavoneo andante. Uno puede cambiar al compás de sus circunstancias, pero es necio trocar la circunstancia en esencia vital. Constituye la prueba inequívoca, concluyente, del alcance intelectual y moral a que llega el referente. Dicho talante poco ejemplar, le hizo coger el Falcon para “cumplir su agenda cultural” -según Carmen Calvo- y el Puma para acudir a un encuentro informal con los ministros en la finca Quintos de Mora. En definitiva, fueron dos formalidades muy informales; quiero decir, fuera de obligaciones públicas o de urgencias admisibles.

Más allá, difuminados, impera una pléyade de próceres que se apartan estrictamente, pese a Iglesias, de estos epítetos tan poco fraternos. No es que la piedad -estímulo sacro- precise un rincón a salvo de aras sacrificiales o tentaciones instigadoras. No, nos han llegado a moldear el lenguaje a su capricho y satisfacción provocando caos, ofuscamiento. Ya no sirven normas (aquí tampoco); se quiere remedar el concepto para que pueda aplicarse, más o menos trabajado, a coyunturas diferentes, tal vez opuestas.

Retuercen la semántica y aparecen chaladuras que encajan sin dificultad en el cedazo ideológico. Nuevas estrategias marcan las pautas para convencer a electores negados, abstencionistas por años de hartazgo, a confiar otra vez en una democracia que los esquilma y abandona. Modernos flautistas de Hamelín conducen al ciudadano a un despeñadero o a vivificar la cueva oscurantista de pasados siglos.

Nosotros -al eco de la India- somos los intocables, parias; esa casta última, humillada por el sistema que nos da un poder virtual, inexistente. Conforma la liebre de una competición que siempre pierde; los ingredientes nutricios de aquellos que permiten, a algunos de los suyos, superar todas las líneas rojas sin cabida en un sistema auténtico, efectivo, de libertades. Porque aquella castuza, de la que hablábamos atrás, es incompatible con la verdadera organización democrática.

Y, sin embargo, resuenan clarines y timbales mediáticos, advenedizos, como si el fragor legitimara su herencia sin derecho a duda, tal vez, rotunda negación. De verdad, ¿alguien con dos dedos de frente puede sentirse representado, en su extracción humilde, pragmática, realista, por políticos de la calaña de Iglesias o Sánchez? Hay poco donde elegir, pero… ¿estos? ¿Acaso no dispone el PSOE de recambio? (Los extremos no me interesan; incluyen un análisis simple, evidente, newtoniano). Mal andamos.

Casta, castuza, exudan intensamente los políticos independentistas catalanes. Más diría, se enorgullecen cuando presentan una epidermis ruda, tratada con densa capa de necedad, para que los sucesivos roces con la ley les permita salir indemnes, de momento. Espero que otra necedad interesada, que asimismo lubrica la piel seca, insensible, de un gobierno canijo, abandone el equilibrio normativo para cumplir promesas hechas al Estado; es decir, a los españoles. Los perjuros debieran ser ilegitimados si ambicionan representar al ciudadano, también a las instituciones. Conviniera ser principio rector, absolutamente ineludible, para quienes, desde un otero cómodo, escrutan -eso dicen- el bienestar social.

Casta deja de ser incluso sustantivo para convertirse en peligrosa herramienta de maniobra, de populismo usurpador. Mejor olvidar su usanza, su evocación, por decoro estético y en legítima defensa.