viernes, 28 de febrero de 2020

MEDITACIONES EN TORNO A VOX


Confieso que tengo predilección por ver en la Sexta (al rojo vivo) los debates políticos. Al mismo tiempo, manifiesto que no comulgo con el presentador ni con los tertulianos habituales porque, para ser presuntamente marxistas, la “dialéctica” brilla por su ausencia. Desde luego, niego ser masoquista y pretendo únicamente constatar que ellos, sin otro incentivo, sin propósito de enmienda, abrazan una marcada trinchera absurda, un maniqueísmo necio y contrahecho. Observando cada día el talante del presentador, asimismo polemistas de igual o similar sesgo, podríamos asociarlos a una frase que escuchamos en la película Alacrán enamorado: “No le gustas, pero no te odia. Esa es una diferencia que un nazi como tú no entiende”. Así es, solo nazis, totalitarios, alimentan odios hacia personas ajenas a sus convicciones o afectos. El resto asume con delicadeza discrepancias, inquinas, sin obligarse por ello a triturar la concordia social.


Sin embargo, en este mundo caótico siempre encontramos un porqué; nada sucede porque sí, aferrado al acaso transitorio, contingente. La política, como otros sistemas dinámicos deterministas, tiene como comportamiento rígido, perenne, el ciclo causa-consecuencia por lo que un lance actual determina definitivamente el futuro. La plataforma televisiva mencionada, arremete (retiro embiste, mi primera intención, para ofrecer un vocablo generoso) sin tapujos, mientras utiliza vergonzosas estrategias, contra Vox, PP y Ciudadanos. Vox, sin contar adversidad ni estrella, siempre queda bautizado de extrema derecha con atributos tendenciosos, repelentes. Cuanto menos antidemocráticos, si no le auguran invariablemente cara al ciudadano un futuro aterrador, sangriento, inhumano. Con PP el diapasón baja varios tonos porque sería poco creíble que se le acusase de antidemócrata, u otros epítetos ominosos, cuando su devenir gubernamental ha coronado con suficiencia, sin ostentaciones, el examen preceptivo. Otros, ni por apuesta. 


Ciudadanos, según (con)venga, recibe el aplauso más lisonjero o la andanada menos justificable que socaba su ya hundida imagen. A veces interesa aglutinarlo con la derecha y la “extrema derecha” para envenenar el aura de centralidad que exhibió en su génesis y que sustrajo votos al PSOE, consiguiendo un éxito notable. Coyunturalmente, con el mismo impulso, prodigan, encarecen, sus esencias moderadas para ver si confundiendo envoltura y sustancia abomina de Vox. Si la izquierda consigue ese triunfo se eternizará en el poder porque habrá abierto una fisura de imposible conciliación en la derecha. Mantuve meses atrás, y me sigo manteniendo, que la crisis de Ciudadanos (como airean medios cuyo pie tullido conoce el común) no se produjo por su negativa a apoyar al PSOE, no; fue por asumir un comportamiento displicente con Vox y poner en jaque a gobiernos autonómicos, como lo prueba el aumento de votos conseguido el 10-N por dicho partido.


No hay día en que la izquierda gubernamental, pedrista concluyente o extrema, junto a sus acólitos independentistas (catalanes y vascos), reprima su virulencia dialéctica contra Vox. Decía Tennessee William: “Creo que el odio es un sentimiento que solo puede existir en ausencia de toda inteligencia”. La frase merece hacerse extensiva a cualquier intento de vituperar, deslucir, al rival; incluso ubicándose más allá del presunto eje de simetría, como sucede con Podemos. Al final, ese dardo certero se complementa por la efectividad que producen los complejos de PP y Ciudadanos cuando se les mienta alguna iniciativa de maniobra con Vox. Deduzco que todos, sin exclusión, sienten un temor indomable a que seduzca al electorado, menos afín inclusive, por coherencia; esa cualidad tan extraña, desde hace algún decenio, en el quehacer político. PSOE, PP y Podemos al último segundo, quieren pescar sin mojarse posaderas ni chapotear la ética pública. Tal proceder, y el hartazgo del individuo, traen consecuencias.  


El eslogan tóxico por excelencia, proveniente del PSOE, insiste en que PP y Ciudadanos pierden “su virginidad” cuando pactan con Vox. Sin embargo, Sánchez acepta a Podemos “como animal de compañía” para que no se lleve el juego monclovita. Además, suscribe la comitiva formada por independentistas y Bildu que desempeñan un papel vertebral dentro del escenario gubernativo. Todo esto y más, sin pestañear, haciendo gala de cinismo y palabrería sin límites. Dentro de unos meses cumplirá dos años al frente de la Moncloa y, en puridad, lo único que ha hecho es desenterrar a Franco. EREs, indicios o presentimientos de nepotismo, derroche, bloqueo de diversas comisiones, abusos, oscurantismo, etcétera, etcétera, llegan a calificarse de pequeños escollos propios de cualquier democracia. Incierto. Tal vez lo fueran si confrontáramos lo expuesto con la probable quiebra de la unidad nacional, arrinconar una solidaridad autonómica aventada, acuerdo para romper la caja común de la Seguridad Social y, sobre todo, el abierto intento de controlar las distintas ramas del poder judicial en cualquier actuación o esfera.


Sí, Vox surgió por la indigencia de un PP apático, desideologizado y débil. No es un partido ultra, extremo, ni populista; auspicia una ideología conservadora con el objetivo de oponerse con rigor y firmeza a una izquierda, más o menos socialdemócrata, que ha fracasado en Europa. Encima, a día de hoy, mantiene impoluta la inocencia ética y estética negada para el resto de siglas. Probablemente ahí estribe la razón que les asiste para enlodar su temprana existencia. El aparente aprecio mostrado por Marine Le Pen, presidenta de Agrupación Nacional, y Mateo Salvini, secretario federal de la Liga Norte, felicitando a Santiago Abascal por su éxito electoral, no implica necesariamente ninguna afinidad previa o posterior. Cierto es que medios concretos advierten aproximaciones irrefutables cuando niegan, con mayor vehemencia, acciones de mutua devoción entre siglas oriundas y regímenes iberoamericanos dictatoriales. C´est la vie.


Vox no está contra las agresiones a mujeres, impugna la terminología oficial y los chiringuitos que patrocina, porque hay diferencias astronómicas entre dichos y hechos. Tampoco es verdad que tenga actitudes xenófobas o racistas cuando propone con preferencia una migración razonable, sensata y legal. El mal llamado pin parental es la defensa matizada del derecho a las libertades individuales y familiares, mientras se opone a la dominación y manipulación que intenta llevar a cabo la izquierda materializada aquí por un gobierno social-comunista, totalitario. Tutela y justifica, con entraña democrática, una Constitución que ha traído cuarenta años de paz. Respecto a su pugna contra el Estado Autonómico, le auguro millones de apoyos (al menos tiene el mío) y la prueba taxativa es que ningún partido político se atreve a proponer un referéndum para aprobar o no su supervivencia. Desde mi punto de vista, Vox ni es fascista ni extremado; es un partido que defiende con ardor principios estimados y que algunos desprecian, combaten, porque interesa destruirlos. Esto, y una ambición desmedida, lleva a los autores -en un tótum revolútum- a calificar postiza e indignamente a toda la derecha como el trifachito, que no derecha “trifálica”. Por cierto, ¿qué proceso intelectivo o emocional le llevaría a usar semejante vocablo? me pregunto.

viernes, 21 de febrero de 2020

BIPARTIDISMO Y TRICEFALIA


No existe mejor razón ni enmienda que la propia realidad, a veces tozuda pero siempre clarificadora. Ocho quinquenios de sistema democrático, o su placebo, avalan cierta autoridad para analizar dicho tiempo de convivencia escasamente fructífero y equilibrado. Cierto que pudo ser peor, pero solo el fanatismo sectario ve logros donde hubo, asimismo, notables frustraciones. Muchas, demasiadas; tangibles y -sobre todo- de índole inmaterial. Postergaron e incumplieron aquellos augurios prometidos, cual maná renovador, y que terminarían por llevarnos a una tierra ilusionante, libre. Sin embargo, tardaron poco en perfilar un rumbo tramposo, endeble, corrompido. Desde el primer momento, algunos (aleccionados por la Historia) vimos bruscos movimientos maliciosos, adivinatorios. A costa de infinitas ansias emancipadoras, nos colaron de rondón apartados constitucionales que debieron profundizarse con tiempo y sin ventajas adscritas a supuestos peajes consignatarios.


Mi escepticismo irredento me permite preguntar: ¿puede admitirse que algunos tengan libertad para hablar sin límite de cambios constitucionales mientras a otros se les califique, conculcando la suya, por sugerir algún tema delicado a fuer de atentatorio, según los primeros? La izquierda, extrema o no tanto, refuta, mostrando aparentes fundamentos, cuestiones vertebrales de unidad nacional y monarquía. No obstante, insultantes, corrosivos, escupidores (aquí, todos menos Vox), etiquetan a quienes alegan la inviabilidad económica del Estado Autonómico. Aquello perturba únicamente a espíritus sensibles, patriotas -o patrioteros, al decir de personajes adictos al púlpito- y a una familia con ¿derechos? ancestrales. El marco autonómico, tortura a quienes pretenden refugiarse en el presupuesto público sin importarles a qué costo social. Soy partidario de la descentralización administrativa, pero reniego del atropello y derroche que encierra el autonomismo. Defender la unidad nacional e institución monárquica encaja para conformar un debate de praxis histórica.


“Finalmente aceptamos la realidad acaso porque intuimos que nada es real”, sentenciaba Jorge Luis Borges en algún momento de circunspección y desconfianza. Sospecho que España está plagada de individuos cuyo talante se asemeja, hasta confundirlo, con el del célebre escritor argentino. Nuestro aborigen pudiera, además, encontrarse inmerso en anguloso fatalismo, tal vez acomodada indolencia. Estos polvos habilitaron el fraude consentido cuando nos han dado gato por liebre. Pedimos democracia y la farsa ha dejado una cleptocracia efectiva, incluso carísima, asfixiante. Prefiero evitar nombres porque la lista sería interminable y porque el común es consciente de quienes firman su contribución, especialmente. Como maliciaba en anterior reflexión, no hubo solución de continuidad entre carroñeros extinguidos por un régimen y aquellos que afloraban con el venidero. Cambian los modos, pero penamos parecidos sinvergüenzas.


Suárez, pese a su cimiento ideológico, dio una lección de liberalidad democrática a especímenes que posteriormente exhibieron ascendencias antifascistas -etiqueta entonces y ahora legitimadora- como si democracia y antifascismo no fueran con demasiada frecuencia divergentes. La gente comulga cada vez menos con ruedas de molino y empieza a advertir que fascismo (nazismo) y antifascismo son caras de la misma moneda ideologizada. Él trajo contra viento y marea el pluralismo político preciso para construir una verdadera democracia. Pese a todo, el tiempo degradó su obra y, a poco, aparecieron dos partidos autonómicos de derechas (CiU y PNV) junto al tópico tándem partidario (PP y PSOE) que falazmente representaba a vencedores y vencidos en la Guerra Civil. Ambos concedieron excesivas prebendas a CiU y PNV al tiempo que iban radicalizando sus posturas soberanistas. Por cierto, las izquierdas subsumidas en un bloque de intereses, siguen adscribiéndose al bando perdedor cada día renacido y renovado.


PSOE y PP, PP y PSOE velaron únicamente por sus intereses personales o gregarios olvidando de forma humillante a quienes decían servir. Nos llevaron a la situación actual permitiendo el adoctrinamiento identitario y lingüístico, trasfondo necesario del grave problema separatista que nos acucia. Además de conferir importantes traspasos correspondientes al gobierno central, educación y sanidad marcaron una línea que jamás se debió franquear. Ahora, sobre todo por parte del PP, utilizan un histrionismo inmoderado en vez de confesar su culpa alícuota y acometer un propósito de enmienda riguroso. En su lugar, tienden a lavar iniquidades de todo tipo sin corregir actitudes ni efectos. A lo largo de casi cuarenta años, sin excusa ni pretexto, se han cebado en emponzoñar -con nuestra aclamación estúpida- aquel venero de libertad forjado no sin dificultades, pero ahítos de ilusión.


Este contexto lamentable puso fin al bipartidismo y a la necedad colectiva. Los españoles, no por agudeza sino por desconcierto y desesperación, buscan cual -enfermo desahuciado- soluciones alternativas a las rutinarias, incluyendo aquellas que exaltan medidas desacordes con eso inconcreto que llaman corrección política. Algunos, conocidos a través de la Historia, son temibles porque pretenden tiranizar la sociedad camuflando sus verdaderas intenciones. Cuando escucho a políticos o comunicadores (si son comunistas acérrimos) glosar con arrobo el sistema democrático y sus adyacencias, me entra una amarga hilaridad irrefrenable. Así, en esta coyuntura perpleja, nacieron Ciudadanos, Podemos y Vox. Seguramente, al final, el ciudadano se vinculó a Paul Auster cuando dijo: “La realidad no existe si no hay imaginación para verla”. Personalmente, pese a lo expuesto, desconfío de la imaginación nacional, pero los indicios de engañifa, de latrocinio, eran tan evidentes que pareciera milagroso consignarlos como desapercibidos. 


Semejante escenario, junto al absurdo proceder de líderes mediocres, ha traído la política de bloques y el acoplamiento de gobiernos imposibles. Me recuerda aquella ley física de fuerzas concurrentes cuya resultante era cero. En efecto, hemos conseguido un gobierno tricéfalo; es decir, acéfalo. PSOE, Podemos y ERC totalizan una mezcla heterogénea a expensas de intereses partidarios si no electorales. Los dos últimos jamás debieron llegar al poder. El primero -salvo sus líderes opacos, ya acastados-por esa vocación antisistema y el segundo por repudio a lo español. Cuando alguien manifiesta la unidad del mismo, constata a gritos su divergencia. No llevan dos meses y ya muestran grietas alarmantes. Discrepan en la reforma penal, política migratoria y despenalización de piquetes huelguistas. Lo mismo ocurre con el problema agrario; mientras unos intentan soluciones, otros ofrecen la sensata reflexión: “seguid apretando, lleváis razón”. Curiosamente, mientras se falsea una voz rigurosa en esta unidad quebradiza, hay ministerios que son la casa de “tócame Roque”. Sin ánimo peyorativo, el gabinete tricéfalo constituye otro esperpento nacional.

viernes, 14 de febrero de 2020

ROMA NO PAGA A TRAIDORES


Hace algo más de veintitrés siglos, Roma se veía incapaz de conquistar España por procedimientos ordinarios. Tenía que pelearse con multitud de tribus aborígenes que le infligían derrota tras derrota, desgastando sus imponentes legiones. Esta circunstancia le obligó a plantearse otras estrategias rentables e incluso definitivas. De entre todas esas tribus destacaba Lusitania que ocupaba el oeste de la península y el centro-norte portugués. Su caudillo, Viriato, representaba un auténtico obstáculo para conseguir los objetivos propuestos por pretores y cónsules. Idearon comprar con riquezas y honores a tres lugartenientes del adalid lusitano para que lo asesinaran alevosamente. Audax, Ditalco y Minuro, que así se llamaban los conjurados, mataron a Viriato una noche perversa mientras dormía. Cuando fueron a recoger lo convenido, Quinto Sevilio Cepión (cónsul de Hispania) los despidió con la frase: “Roma no paga a traidores”.


Hoy, pasados dos mil doscientos años, España sigue siendo agredida por individuos con ocultas (cada vez menos) intenciones. Roma equivale al poder cuyo icono máximo es La Moncloa. Ahora las tribus se han agrupado en ciudadanos votantes -y más aún contribuyentes- que diluyen sus emboscadas votando a partidos dispares cuya finalidad estriba en que ninguno sea capaz de auparse a ese palacio por propio impulso, sin necesitar la contribución imprescindible de judas dispuestos a conseguir las treinta monedas de plata. Cierto es que rebeldía e indolencia forman un tándem disparatado, insensato, entre estas huestes subversivas. Las hostilidades, ahora, son planificadas desde medios audiovisuales, sin ninguna solidez deontológica, encargados de conducir ante la urna a enfrentadas partidas combatientes. Cronos cambia, pero los procedimientos, esas fórmulas capaces de generar esperanza, ideal lejano (tal vez quimérico), siguen inmutables.


Aquellos rebeldes mal instruidos y peor pertrechados (ahora pueblo español) se habían conciliado a duras penas con el cónsul Rajoy, pese a numerosas voces calculadoras sobre su falta de integridad y de firmeza. Por este motivo, debía vérselas con varias tribus levantiscas. Sánchez, pretor que destacaba por embustero y fatuo, tenía experiencia constatada en el arte del fingimiento, del fraude. Aprovechó aquel principio jurídico romano de equidad y la traición de legiones peneuvistas, antes copartícipes de los presupuestos consulares, para prosperar en una moción de censura insólita e imposible a priori. Subido a lo más alto de la gobernanza, el ahora cónsul Sánchez, obligado por unos presupuestos rancios, inútiles, tuvo que iniciar nuevas confrontaciones con tribus menos peleonas que en anteriores contiendas. Tras adjudicarse una victoria pírrica, mal aconsejado e impertinente, arguyó la estrategia desconcertante de culpar a otras legiones la porfía combativa que proyectaba en segunda fase.


Así se emprendieron nuevos lances generalizados en los que las legiones de Ciudadanos quedaron casi exterminadas y las del PSOE y Podemos sufrieron bajas importantes. Esto contribuyó a la alianza “siniestra” del conglomerado en liza, a excepción de PP, Vox y Ciudadanos que conformaron el armazón de la “diestra”. Sánchez, cónsul explícitamente preferido ahora sí, tuvo que tragarse aquella arenga despreciativa aireada poco antes para estafar, una vez más, a legiones fieles o no tanto. Dicho escenario propició diversas acusaciones de presunta ilegitimidad debida a falacias innegables y sustantivas, aventadas por rivales con gran predicamento y nutridos partidarios. Sin embargo, la mayoría heterogénea cuyo único aglutinante es posicionarse junto al poder para conseguir prebendas, impide cualquier intento clarificador en las diferentes comisiones creadas aparentemente con ese fin. El porvenir se vislumbra bastante oscuro.


Las actuales legiones amalgamadas de ideología marxista (más o menos extrema) se han quedado sin cimientos consistentes una vez analizado con objetividad el acontecer histórico. Donde han sido hegemónicas solo han cosechado tiranía y miseria, razones de peso para denigrar su doctrina. Semejante sendero les ha encaminado a cambiar los principios originales y difundir otros ad hoc. El primero y trascendental es un odio acerbo, pero encubierto, velado, a las libertades individuales que defiende toda convicción liberal. Viene después, y sin solución de continuidad, la abstracción ribeteada con divergencias punzantes, agresivas, miserables. Cambio climático, feminismo ultra y memoria histórica, forman ese pedestal trípode que se precisa para armar un marxismo atractivo en la España del siglo XXI. Sumaremos, descorazonadamente, todo intento de socavar lo que signifique armazón social.


Aquella moción contra el cónsul Rajoy, apuntalada también por legiones de derechas catalanas y vascas para luego, expresa o tácitamente, apoyar la investidura del maltrecho Sánchez, traerá consecuencias inesperadas para ambas. Podemos advertir a simple vista cómo el cónsul que habita La Moncloa utiliza ambas derechas independentistas solo cuando le conviene. Caso contrario, las somete a una reserva anónima e intrascendente. Se reúne con Torra, gobernador rebelde, porque lo exige la legión ERC para aprobarle el proyecto económico nacional. Algo parecido ocurre con la legión vasca PNV, necesaria para tal fin. El cónsul de la carruca-falcon, no obstante, muestra falta de sintonía al haberse aferrado obsesivamente a dirigir legiones radicalizadas envileciendo la trayectoria discreta, constitucional, de la antañona legión socialista. Esta impronta tóxica es uno de los peajes que debe enjugar por ser un cónsul débil, a la vez que jactancioso.


Poca gente duda ya de las intenciones proyectadas por legiones que se ladean al sistema republicano de izquierdas. Cerrado ya a nivel nacional, con una eficacia y avenencia impensables hace un mes, la coalición se divisa sólida, vigorosa, sorprendente a propios y extraños. Solo cabe un interés crematístico, grosero, para concebir tal grado de concierto. Tan lucrativo acuerdo piensan llevarlo a Cataluña y País Vasco en forma de tripartitos. Legiones PSC, ERC y ECP (podemitas catalanes) desahuciarán a JxCat que, junto a PP, Vox y Ciudadanos, tiritarán largo tiempo en la oposición. Al igual, legiones PSA, Bildu y Podemos arrinconarán a PNV arrojándolo a las tinieblas. La estúpida derecha, nacional y autonómica, no ha sabido calibrar esa estrategia de odio y bloques, hecha política por la izquierda afarolada con un independentismo postizo. Cuando JxCat y PNV pidan al cónsul Sánchez su parte del pillaje, recibirán como aquel entonces la misma respuesta: “Roma no paga a traidores”.

viernes, 7 de febrero de 2020

LOS EXTREMEÑOS SE TOCAN


El epígrafe no viene a humo de pajas. Sabido es que -en este país tan querido, y a la vez tan desdeñado- nuestra idiosincrasia potencia éxitos literarios de gran notoriedad. Prestigio y desprestigio se consolidaron con el Quijote y la novela picaresca. Ya en el siglo XX, Valle Inclán introdujo el término “esperpento” para darle una vena cómica a la tragedia humana (angustia vital) cimentada por el existencialismo. Winston Churchill afirmaba: “Cada pueblo tiene el gobierno que se merece” y máxima tan inevitable constata que los políticos conforman la fisonomía de una sociedad. A veces, incluso, superan en maldad cualquier apriorismo que pudiéramos formular. Semejante escenario, cuando estas analogías son inobjetables al presente, debiera constituir un acicate impetuoso para cambiar dinámica tan alarmante. Pese a ello, seguimos asidos a un fatalismo destructivo, apático, nada áspero.


Efectivamente, entre aquel diciembre de mil novecientos veintiséis (cuando se estrenó “los extremeños se tocan”) y este de dos mil diecinueve, hay numerosos puntos de encuentro. El autor se llamaba Pedro e imaginó una opereta sin música. En diciembre último, otro Pedro empezó a consolidar un presidente de opereta; esta vez, con fanfarria, con estridencia, sin aseo. Ambos consiguieron popularidad no exenta de crítica más o menos atinada y justa. Aquel encontró crédito como dramaturgo caricaturista, intentando siempre bastardear una realidad cruda, casi ominosa; este objetiva sus desvelos en permanecer ligado a La Moncloa trufando dichos y hechos de fraudes sin fin. Aquel murió por intolerancia y ruindad; este sacia su engreimiento a costa de la estúpida tozudez que atesora el ciudadano español. Nuestros aborígenes, necios rotundos, superan con creces esa marca imperceptible que utilizaban en mi niñez -como magnitud reglamentaria, prescrita- los vendedores de mulos y asnos.


Sánchez necesita engañar a sus apoyos o, peor aún, mínimo romper la solidaridad autonómica en perjuicio de quienes cumplen la ley a rajatabla.  Carece de otras alternativas posibles que se adecuen a la Constitución. Si fuera preciso, hasta sería capaz de buscar salidas que la bordean cuando no prefiriera burlarla. Malicio que, una vez aprobados los presupuestos, el independentismo dejará de marcarle los tiempos. Hoy, todavía desconocemos número y filiación de víctimas que dejará su venganza implacable. Por lógica, él también será víctima de sus propios excesos. Si cometiera un desliz imperdonable, camino lleva, la sociedad (y en su nombre el poder judicial) debiera exigirle responsabilidades monetarias -poniendo al frente su propio patrimonio- y penales si las hubiere. Arruinar un país para después gozar una vida de abundancia, es injusto e insultante además de degradar el sistema democrático, acontecimiento notorio, habitual, en todas las experiencias exploradas hasta ahora. 


Sánchez, digo, actúa como un presidente de opereta por decisión personal, sin que los españoles le reclamen iniciativas específicas. Sigue ejecutando una trayectoria imprecisa, llena de vaivenes, incoherencias y falsedades; manteniéndose en un equilibrio inverosímil, inestable. Temo que sea el presidente cuya falacia no tenga parangón en la política española de los últimos tiempos pese a aquel rentable eslogan salido de las entrañas socialistas: “España no merece un gobierno que mienta”. Ya saben aquello de “en todas partes cuecen habas y en mi casa a calderadas”. Lo bueno o malo, según se mire, es que Cronos desenmascara con el tiempo cualquier farsa. Lo malo o bueno, según se juzgue, consiste en que la sociedad es permeable a toda actividad política por ignominiosa que sea. Este marco permite a algunos vivir como potentados suscribiendo contra los auténticos potentados una diatriba atroz, pero solo de boquilla.  


Hemos visto como Pedro, el político, traspasa no solo las líneas rojas de ámbito nacional sino también las del espacio europeo. Delcy Rodríguez, vicepresidenta venezolana, tiene prohibida la entrada en suelo europeo comunitario. Sin embargo, a finales de enero se le permitió bajar del avión en que viajaba. Sobre el tema se contaron mil y una versiones, incluso que habló con Sánchez por teléfono, extremo que desmintió el interesado de forma rotunda. La sombra más absoluta rige dicho incidente. Conjeturas y sospechas siguen sucediéndose hasta que sea la justicia quien determine qué pasó exactamente. Entre tanto, Zapatero -otro Rodríguez- y Ábalos, casi en única comandita, siguen cosechando presuntas responsabilidades según interpreta la oposición. Al menos, aparecen como actores notables. En cualquier caso, fraude y alarde fueron la única nota cierta. Dijo el presidente: “Ábalos hizo todo lo que pudo para evitar una crisis diplomática y lo logró”. Ábalos, por su parte, se pavoneó: “Vine para quedarme y no me echa nadie”. 


El colmo llegó el viernes día siete. Retorciendo las leyes del parlamento catalán, algo habitual en el independentismo, Torra sigue siendo presidente de Cataluña. Pese a ello, y por presunta imposición de ERC, Sánchez se avino a entrevistarse con el político inhabilitado blanqueando una legitimidad postiza. No obstante, el encuentro deja traslucir una falta de dignidad, insólita en un presidente de España, a la que ya nos tiene acostumbrados. No hay límites éticos ni estéticos con tal de permanecer habitando La Moncloa. Le embriaga representar esa sublime majestuosidad del águila imperial (incluso con exceso) aunque, paradójicamente, tenga que arrastrar su anatomía por el lodo fétido. Esa doble personalidad, esa contradicción vital, permite mostrarse impávido ante cualquiera de ambas facetas. De ahí su cinismo y gesto impenetrable, velado siempre por ceños de complejo análisis.


Calderón expresaba con fina originalidad: “Toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son”. Cierto, impugno todo aserto en su contra. Aunque resulta difícil cumplir las ansias íntimas, los hados (tal vez un azar juguetón, inmerecido e incomprensible, casi milagroso), se ceban con cualquier mentecato y le colman de alborozos. Algunos, asimismo, confunden un destino venturoso creyéndose eje central del universo cuando, en realidad, su estrella les dibuja un pavo real. La parodia, el remedo, historias rocambolescas, ayudan a unos y otros a descubrir que los extremeños se tocan.


viernes, 31 de enero de 2020

CUANDO LAS BARBAS DE TU VECINO VEAS PELAR…


Con frecuencia, las sentencias populares son auténticas herramientas de conducta individual y colectiva. Sin embargo, el personal se muestra opaco cuando conviene tomar medidas precisas para evitar el efecto pernicioso de aquello que la práctica lleva a una certidumbre plena. Desde hace casi dos décadas, la política transcurre por cauces heterodoxos, genuinamente desazonadores. Si al principio la democracia tuvo inicios complejos, e incluso de difícil engarce, el sistema se encuentra ahora mismo en una encrucijada -tras cuarenta años- próxima a su desaparición práctica. Ignoro si es decadencia inherente, fin de ciclo o el precio que debe pagar una sociedad hastiada cuando no insensible, ociosa. Lo cierto y verdad es que se avecinan tiempos de inquietud ante lo aborrecible. Todo parece indicar que se prepara un cambio drástico, en formas y modos, protagonizado por una izquierda errante; hoy, nada universal.

Nuestro presidente, tipo poco recomendable, hace gala (aparte un desprecio inmenso) de una falacia pertinaz que le ha llevado a escalar sucesivamente diferentes puestos hegemónicos gracias al uso de maniobras -siempre impostadas- para engatusar a individuos crédulos; bien próximos, desde el punto de vista ideológico, bien opuestos a su credo. Secretario general del PSOE -en segunda opción- desde junio de dos mil diecisiete, se rodeó de fieles servidores, tal vez siervos, haciendo una purga severa que se llevó por delante válidos socialistas jóvenes amén de viejas glorias. La experiencia negativa que él mismo propició por su tozuda negativa a abstenerse para que pudiera gobernar Rajoy y su consecuencia, le llevó crear un “héroe” falso, un David de pega, que pugnaba contra una poderosa ejecutiva hostil y unos barones omnipresentes. Así consiguió el apoyo incondicional, irreflexivo, de militantes olvidados cuando su concurso no le fue necesario.

A poco, raptado por una ambición irrefrenable, inició el asalto a La Moncloa acopiando la ayuda singular del grupo Prisa y Atresmedia, vigorizados presuntamente con amplia financiación por la vicepresidenta Sáenz de Santamaría. Se empezó acusando de forma ignominiosa al PP de corrupción generalizada (el partido más corrupto de Europa, decían), mientras ocultaban EREs y otras bagatelas socialistas repartidas por todo el territorio nacional. El veinticuatro de mayo de dos mil dieciocho, el PP fue considerado en la trama Gürtel “partícipe a título lucrativo”. Resolución suficiente para promover la moción de censura y arrebatar a Rajoy la presidencia. Hasta el PNV, derecha burguesa vasca que días antes había conseguido un “cupo” ventajoso por apoyar los presupuestos, votó a favor de Sánchez. Este, traicionando su promesa de convocar elecciones de forma inmediata, se mantuvo en el poder hasta que ERC, con su negativa a aprobar los presupuestos socialistas, le obligó a convocarlas casi un año después.

Terminada la jornada del 28-A, el resultado sirvió una vez más para conocer al personaje si quedaba todavía alguna duda. Sus ciento veintitrés diputados sumados a los cincuenta y siete de Ciudadanos le concedían una mayoría absoluta. No obstante, su ego significó un obstáculo imposible de salvar. Pudo, asimismo, proponer a Unidas Podemos un gobierno de coalición apoyado por ERC junto a otros partidos (incluido PNV) que se mostraban abiertos al pacto. No quiso, las sucesivas encuestas de Tezanos junto a su carácter fraudulento e impostor, negaron el pan y la sal a sus antiguos socios de moción. Bloqueó cualquier intento que permitiera constituir un gobierno verosímil y fue culpable único de nuevas elecciones, eso sí acusando al mundo entero de tan estrepitoso fracaso. El engaño, esa estratagema espuria que le había dado frutos impensables, esta vez le pasó factura a España, a los españoles.

El 10-N terminó por mostrarle una debilidad absoluta, su desnuda realidad, que le obligó a abrazarse a su peor enemigo: Pablo Iglesias. Pese a la repulsa mutua, puesta de manifiesto por versiones compensadas en diferentes ocasiones, Sánchez disimula la aversión personal que le produce compartir su dominio. Tiene deudas también con ERC y debe soportar insolencias varias de algunos personajes groseros con los que, sin duda, ajustará cuentas en cuanto pueda. Hoy, ignoro si debido solo al escenario dibujado, tiene que someterse a las exigencias de unos y otros si quiere conservar su dote más estimada. Cronos constatará si hay algún plan impuesto por alientos exógenos o, aunque resulte increíble tal grado de eminencia, viene con marchamo originario.

Vislumbro, porque constituye un murmullo permanente, el intento de unificar -a todos los niveles- diferentes partidos, que compartan alguna base ideológica común, aunque sea diminuta, para eternizarse en el poder con la venia “del pueblo soberano”. Lo mismo que cualquier ciudadano vota multitud de veces tapándose la nariz, el político (menos escrupuloso) lo hace a pleno pulmón. Con náusea presunta e incluida, el gobierno nacional se mantiene gracias a un tripartito de izquierdas que, al parecer, quieren hacer extensivo. El primer centro experimental será Cataluña donde las elecciones están próximas, según todos los indicios. Allí, ERC, ECP (partido de Colau) y PSC, formarán gobierno dejando en los arrabales a JxCat; es decir, a la burguesía catalana porque el independentismo es un camelo para entretener al personal. Poco a poco, se irá remansando todo soberanismo y las aguas volverán al cauce izquierdista del tripartito.

Y aquí viene la sutileza del epígrafe. Vivimos tiempos convulsos en los que dominan bloques artificiales creados por evidentes deficiencias ideológicas. Un largo proceso de ingeniería social, ha convertido al individuo en el perro de Paulov que reacciona solo a estímulos previamente dirigidos. Nos hallamos sometidos a nuestro propio umbral de percepción moldeado en años de manipulación burda, inadvertida. Ahora, difuntas las ideologías, nos mueve el tañido de una campana inmunda que toca a rebato contra un adversario socialmente ficticio. Presuntas izquierdas emplazan al cisma frente a presuntas derechas. JxCat está a punto de ser devorada por la izquierda catalana. Curiosamente, esta derecha indígena, exclusiva, que baila el agua a la izquierda acude alegre y necia a su propio funeral. Termino con un previo de futuro al PNV: “Cuando las barbas de tu vecino veas pelar…”.

viernes, 24 de enero de 2020

ABALORIOS Y MOHINES TOTALITARIOS


Vaya por delante algunas premisas que ningún racionalista ecléctico debe obviar. Que comunistas -y si me apuran socialistas españoles de nuevo cuño- provean lecciones de democracia, constituye un sarcasmo. Cuando Sánchez afirma que al PSOE nadie da lecciones de constitucionalismo, escarnece la inteligencia nacional. Quienes entablan una disputa épica por resultar campeones en ocuparse del ciudadano, necesitan humillar su irreverencia. Atribuir a Vox etiquetas de ultra ultra o extrema derecha mientras se extractan dos siniestras (una socialdemócrata farisea y otra a su izquierda), deja cierto hedor a podrido en el espacio político. La radicalización social se debe a estrategias electorales cuyos autores ocupan el recelo del común. El centro, ladeado a un lado u otro (PP y PSOE), ha muerto en su propia inoperancia. Sin embargo, quedan importantes reminiscencias bipartidistas, Podemos (interesado solo en “coger cacho”), cada vez más menesteroso pese a la “pedrea” obtenida por debilidad conjunta y Vox que puede dar grandes sorpresas. Ciudadanos sigue atesorando errores letales.


Aparte el retorcimiento semántico -que origina desconcierto y confusión- como eje central en procesos abiertos de ingeniería social, existen dos realidades antagónicas e irreconciliables: la objetiva y la formal. Aquella es propia de investigadores, sabios, científicos, adscribiéndose también a ella individuos dotados de capacidad crítica y sentido común. Esta viene atesorada exclusivamente por políticos bastardos que renuncian a la ética sin exhibir otra alternativa que servirse del erario público. Suelen estar bien acompañados por comunicadores expertos en acompasar la farsa a los ritmos marcados desde determinados centros de poder. Me causa perplejidad, verbigracia, que se utilice, para contrarrestar ese afán irredento de la izquierda por manipular mentes colegiales, el argumento redundante de que dicho escenario era común en tiempos de Franco. Sí, pero formalmente el franquismo era una dictadura y el sanchismo (valga la expresión) formalmente es una democracia. Mediten, al efecto, la disparidad entre entorno objetivo y formal.


Abalorio, según el DRAE, es objeto de adorno vistoso y generalmente de poco valor. Sánchez, escoltado por un grupo numeroso y silente, sacia al personal enseñándole aderezos coloristas con ánimo de dejarlos indefinidamente dentro del escaparate. Se comporta, sin ninguna duda, como un estadista virtual cuyos proyectos, ingentes, colosales, faraónicos, son puro abalorio. Al final, hará hincapié solo en el cambio climático; hipótesis que necesita siglos para constatar su crédito o desacierto. Ninguna otra medida “cumbre”. De momento, y a tenor de globos sonda lanzados sobre retoques en el código penal para adaptarlo a Europa, se prepara un indulto encubierto a los responsables sediciosos. Siempre, las evidencias superan cualquier intento de difuminar temas espinosos. El adoctrinamiento en Cataluña y País Vasco ha hecho desaparecer a la derecha del panorama autonómico, pero PSC y PSE dejarán en esas mismas gateras muchos pelos del PSOE a nivel estatal. No se puede estar en misa y repicando. Los independentistas y sus aliados tienen mal encajamiento en el resto.


Signos generales de última hora presagian serias dificultades económicas en nuestro país. Sin embargo, el gobierno raptado, ebrio, realizará un exceso notable del gasto público. Ello le llevará a engrosar el PIB, pero también déficit y deuda. Está aprobada una subida en pensiones del cero nueve por ciento complementada, asimismo, este martes con el dos por ciento de mejora a funcionarios. Tal marco, propiciará desequilibrio financiero pese a que la ministra Montero ya ha anunciado que “hay margen para nuevos impuestos”. ¡Echémonos la mano al bolsillo! porque estos figurantes subirán los impuestos a trabajadores y pensionistas. Aumento de pensiones o sueldos y fiscalidad se alzarán en parecido porcentaje, perdiendo poder adquisitivo, mientras sufrimos el timo del tocomocho. Veremos en qué queda la tan cacareada subida del salario mínimo interprofesional (SMI) y la aventada derogación o reforma de la presente Ley Laboral.


Creo que Sánchez podría representar al prototipo divulgado por Hannah Arendt sobre la banalidad del mal. Tomando como modelo a Eichmann (asesino de judíos), su tesis asegura que la maldad extrema -materializada en el nazismo- no implica que haya monstruos ni afectos a una crueldad ilimitada, sino burócratas que banalizan sus actos bajo una orden suprema de origen jerárquico o psicológico. Nuestro presidente, en su andadura política, incluso antes de romper aguas gubernamentales, ya empezó banalizando el mal haciendo pactos con quien infringe la ley y quiere fragmentar el país. Ignoro si gobernar en coalición con comunistas (izquierda extrema), acordar pactos con independentistas y chanchullarse con Bildu, son la consecuencia directa de una torpeza supina, efecto lesivo por perfidia de filiación voraz o si, por el contrario, se ajusta a un caso límite de banalidad del mal que detallaba la señora Arendt.


Con todo, lo peor no es que se vaya a modificar el Código Penal como pago de favores personales, ni que se gire la puerta para colocar a la señora Delgado fiscal general, tampoco que miembros del gobierno den su aquiescencia a dictaduras criminales y menos que se digan chorradas, lo definitivo es que los políticos catalanes se obcecan en la independencia y exigen ese final para iniciar cualquier diálogo. Se evidencia también un afán “anormal” de controlar todas las Instituciones del Estado; anormal, en quien dice respetar y defender el sistema democrático. Estas dos anomalías son alarmantes. “Tendremos de enemigos a togados con ideología reaccionaria, pero los pararemos con la energía de la ley”, Pablo Iglesias dixit. Por lo que se aprecia, cualquier togado amigo es bien acogido en la casa del padre. Bravucona amenaza de un miembro destacado del gobierno hacia el poder judicial y hacia la democracia. ¿Es normal este desplante en un individuo que se autodefine demócrata? No, el hábito no hace monjes.


Casi cuarenta y un años de docencia real en colegios públicos me concede autoridad moral para hablar de educación. Primero, no existe escuela pública en tanto no haya pacto por la enseñanza acordado por todas las fuerzas políticas. Mientras, habrá escuela de partido y, por tanto, oportunista y adoctrinadora. Segundo, un alto porcentaje de los que hablan de escuela pública con encomio (casi siempre progres, que conocí en mis buenos tiempos) suelen llevar a sus hijos a centros concertados o privados. Tercero, el currículum básico del ministerio no puede recoger talleres o actividades diversas impartidas por personal ajeno al cuerpo de profesores. Cuarto, el adoctrinamiento ideológico es frecuente en los sistemas educativos implantados por la izquierda, siguiendo los consejos ideológicos de Gramsci. Dos notas al margen. La izquierda emplea una epistemología constructivista en las área troncales y cognitivista en las relativas a formación moral (de incumbencia familiar), como ocurre con la embarazosa educación para la igualdad. De esa y otras incoherencias surge el mal llamado “pin parental”. Un consejo para la señora Celaá. Si quiere saber a quién pertenecen los hijos lea el articulado sobre derechos humanos o compendios social-filosóficos a excepción de alguno marxista-leninista-stalinista.


viernes, 17 de enero de 2020

DECIR A Y HACER ZETA O CULPABLES LOS DEMÁS


Falaz es quien miente de vez en cuando, pero no afecta a su índole natural; el figurante transmuta su vida, lejos de vivirla, en constante farsa. Capital, sindicalistas y políticos, se recrean colocándose máscaras que ocultan, no solo huellas evidentes de suaves (o no tanto) taras éticas o intelectuales sino rostros roqueños, inalterables. Diría que resulta improbable encontrar otros colectivos con parecidos ahíncos. La terna, de por sí protagonista, se deja arrastrar por los políticos, sin ocultar cierta sumisión por parte del dúo con perfiles económicos. Así debiera ser, pero los imponderables -que siempre costea el pueblo llano- dificultan el punto de equilibrio, allegando desencuentros, sin que ninguna contingencia venga a socorrernos. Semejante coyuntura vehemente, permite a cualquiera de ellos salir indemne imputando a los demás sus propios errores. ¡Encima de impostores, cínicos! 


Estamos inmersos en un mundo donde la comunicación audiovisual, sobre todo, constituye el Templo de Delfos cuyo oráculo, compuesto por informadores sectarios, marca lo reciente mediato y el futuro. Ambos sufren enfoques sistemáticos desde estas esferas con objetivos perfectamente delimitados. Hoy, para ser alguien relevante en cualquiera de aquellas categorías (capital, sindicalistas y políticos) precisa tener a su disposición cadenas de radio y televisión que le permitan hollar el reposo familiar. Los tiempos presentes incorporan técnicas de conocimiento bastante discutibles a tenor de los resultados. Inclusive, no existe distinción clara sobre qué sistema didáctico recae tanto fracaso, tanta mediocridad. Ciñéndonos al área del conocimiento político, el actual se nutre exclusivamente de planteamientos y contenidos audiovisuales. Surge así el interés de la izquierda por controlar estos medios. 


Alguien empieza a maliciar -y yo no opongo reparo alguno- gestos totalitarios en el inicio del gobierno Sánchez. Adolf Hitler (clónico de Stalin) manifestaba: “Las grandes masas sucumbirán más fácilmente a una gran mentira que a una pequeña”. Pedro, el presidente, ajusta su estrategia a tal máxima desde “las primeras castañas”. Empezando por “un gobierno de desbloqueo”, cuando él fue único y definitivo bloqueador, hasta “gobierno progresista” mientras atesora el mayor inmovilismo registrado en cuatro décadas, pueden ir descubriendo mis amables lectores cuántas argucias ignominiosas, adoctrinadoras, sean capaces de anotar. Por mi parte, aunque procuro estar al corriente, he perdido la cuenta. No crean ustedes que dicha realidad proviene del descuido o de la indolencia, en absoluto; es consecuencia de un trámite irrealizable. Llamaría misión casi imposible cuantificar las falacias vertidas por tan insólito personaje; es algo incomprensible en Europa, menos su justificación.


Miembros del gabinete próximos a él, su Sanedrín personal, siguen satisfechos la farsa propagandística superando, no ya solo líneas rojas sino la lógica más razonable. Ábalos, ese maestro con apenas escuela, o sin ella, dice con osadía: “El PP está solo en compañía de la extrema derecha”. Mensajes de este tenor (mientras blanquea la extrema izquierda, esa que ha vituperado y seguirá haciéndolo) debilitan todavía más nuestra caricaturesca democracia. He elegido dicha frase como botón de muestra, pero hay decenas de personajillos -léase, verbigracia, el señor Simancas- cuya contribución a la sociedad no pasa de dar titulares insolentes, estrafalarios, mitológicos. Cualquier partido enemigo (los vocablos rivales, antagonistas o adversarios, yacen bajo tierra desde hace unos años) se impone devolver una a una todas las insidias, bien como reintegro bien como márquetin.


Sir Laurence Olivier inquiría con sentido común: ¿Qué es en el fondo actuar, sino mentir? ¿Y qué es actuar bien, sino mentir convenciendo? Sánchez, o sea el gabinete, aplica con soberbia la moraleja que puede extraerse de los interrogantes del célebre actor inglés. Anuncia, fuera del incremento a pensionistas y funcionarios, que va a restituir las conquistas sociales perdidas con Rajoy y sus famosos recortes (inicia la falsedad repartiendo estopa). Para sufragar ese adeudo, piensa subir los impuestos “a ricos y grandes empresas”, (sic). Según todos los cálculos económicos, la recaudación supondría el once por ciento a cuyo resto deben responder trabajadores y pymes. Es decir, el grueso lo pagarán los de siempre. El contribuyente, cada día menos ciudadano, sospecha y teme lo peor, pero calla.  ¿Escrúpulo, indolencia, convencimiento? Sospecho que indolencia y tragaderas, estas con seguridad cuando se vota al PSOE tras las amargas experiencias financieras de González y Zapatero. A no tardar, veremos de nuevo otro desastre. 


Lo que no es moderación es barbarie. “Aún no asamos y ya pringamos”, reza un dicho popular. En efecto, la toma de posesión del nuevo ejecutivo (miembros y miembras) alumbró una estupidez mayúscula al prometer dos de ellas guardar en secreto las deliberaciones del consejo de “ministras”. Sin embargo, lo demencial viene de la directora del Instituto de la Mujer cuando propone sodomizar al hombre para hacerlo igual a la mujer. ¿Podemos esperar algo mínimamente razonable con estos mimbres? Eso antes de andar; cuando empiecen a coger callo, durezas mentales, viviremos en continuo e interminable disparate. Lo inmediato trae dos noticias alarmantes. La última, el “sabroso” comentario de Celaá: “No podemos pensar de ninguna de las maneras que los hijos pertenecen a los padres”. ¿Quiere decirme esta “experta” educadora a quién pertenecen hasta su mayoría de edad? ¡No me lo diga!, al Estado; y después, también. Puro marxismo-leninismo aderezado con dosis de “hegemonía” gramsciana.


Algo más lejana, la crítica indocumentada, capciosa, de Iglesias al Tribunal Supremo. Por cierto, el artículo siete del Acta, para elegir eurodiputados, de veinte de septiembre de mil novecientos setenta y seis dice: “Hasta la entrada en vigor de un procedimiento electoral uniforme, y sin perjuicio de las demás disposiciones de la presente Acta, el procedimiento electoral se regirá, en cada Estado miembro, por las disposiciones nacionales”. Por su parte, el Reglamento Interno del Parlamento Europeo de diciembre de dos mil diecinueve, en su Capítulo uno, Artículo uno, uno, insiste: “El Parlamento Europeo es la asamblea elegida de conformidad con los Tratados, con el Acta de veinte de septiembre de mil novecientos setenta y seis relativa a la elección de los diputados al Parlamento europeo por sufragio universal directo, y con la legislación nacional adoptada en aplicación de los Tratados”. Me extraña que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, en clara judicialización de la política con todos los elogios del gobierno español, se pronuncie sin aparente basamento legislativo, sobre la inmunidad de Junqueras, Puigdemont y Comín, no declarados europarlamentarios por las Instituciones españolas correspondientes, según ley. Lo de Iglesias y el “varapalo” al Tribunal Supremo, carece de calificativos normales, contenidos. Culpables indiscutibles PP, Ciudadanos y Vox.

viernes, 10 de enero de 2020

CERTEZA Y PRESAGIO


Certeza, según el DRAE, es conocimiento seguro y claro de algo. Presagio consiste en adivinar la verdad a futuro por medio de señales que se han visto o de intuiciones y sensaciones. Podríamos decir, sin temor ni exceso, que el presagio es una certeza en estadio embrionario. Llevamos, por distintas razones y desencuentros, demasiado tiempo repudiando la cordura para asirnos al desatino con auténtico deleite. A su vez, todos ellos enmascaran (o no, ¿quién sabe?) el juicio, buscan desesperadamente crear bloques porque consideran camino fácil, eficaz, para encontrar sabrosos dividendos. Olvidan, tal vez voluntariamente, que las divergencias desmedidas, beligerantes, suelen derivar en odios irreconciliables. Lo expresó lleno de fondo, sin factibles correcciones, Antonio Trabucchi cuando afirmaba: “Las personas llenas de certezas, son gente terrible”. Dibujan -aparentando lo contrario con campañas insidiosas, corruptoras- el totalitarismo.


El año nuevo, aparte parabienes y deseos que conforman una arcaica tradición, llegó cargado de enigmas fraguados con urgencia infantil, como se ha visto después. Sin embargo, premura e inquietud redujeron embriaguez o repulsión en los preliminares de la investidura, rematada con plena normalidad. Sorprendía, es verdad, que sus señorías apenas tuviesen tiempo para familiarizarse con las cabalgatas reales, ni muchos pudieran dormir a pierna suelta. Cierto que la retórica hiriente de unos y otros no presagiaba ninguna transacción (acordada a priori) tranquila y, menos, segura. Presiones hubo, tantas y tan diversas que nadie -desde mi punto de vista- pudo sentirse víctima en puridad porque desconocíamos beneficios o quebrantos puestos a juego. Igual, frase preferida por uno de mis nietos, fuera injusto si calificara el Parlamento lonja del pescado político o taberna donde se citan los “valentones” de barrio.


No cabe duda del retorcimiento semántico hasta convertir un vocablo en su reverso, sin apenas notarse, o intenten “depurarlo” a través de un cedazo estúpido. Por ejemplo, llamar “democracia” a lo que se despliega dictadura; “progre” a lo más reaccionario; “feminismo” a una ejecutoria machista y ramplona. Viene al pelo un botón de muestra. Días atrás, un señor anciano se manifestaba con bandera, pancarta y alguna aclamación legal, a la puerta de Ferraz. De improviso, alguien ordenó que dos policías conculcaran sus derechos reteniéndolo, de forma mejorable, unas horas. ¿Esto sucede en cualquier democracia consolidada? No, solo donde la arbitrariedad se justifica con argumentos inválidos e ignominiosos. Culpo sobre todo a medios de comunicación audiovisuales que han trocado un débito social por alguna sinecura económica o, más grave si cabe, a cambio de estatus indebido, ancho, gratuito.


Los mensajes que el Parlamento venteó a partir del día cuatro, trasladaron al común intranquilidad. Advertimos cómo el presidente Sánchez llenaba la Cámara de vacuidades y propuestas, aun compromisos, sencillamente imposibles. Mentir, en él, deja de ser aditamento coyuntural para convertirse en sustancia metafísica. Después, cuando el constitucionalismo serio le zarandeara por sus espinosas huellas marcadas al pisar tanto lodazal, se exhibía roqueño, cínico, casi insolente, y a renglón seguido (aprovechando su turno de réplicas y contrarréplicas) la demagogia, diseñada en pomposo laboratorio social, se adueñaba del Hemiciclo al compás de aplausos serviles y protestas airosas. Cada cual bordó su papel; unos, pertrechados de lógica, abrazaron la excelencia. Otro, sin escape donoso, siguió su trayectoria habitual desempolvando, una vez más, el intento osado de hacer comulgar a afines y distantes con ruedas de molino.


Hubo, asimismo, actitudes y manifestaciones que debilitaron el ego del ahora confirmado presidente. Rufián, adoptando arrogancia tabernaria, retó con insistencia (quizás recochineo) al candidato: “Si no hay mesa no hay legislatura” constituyó el estribillo que restregaba a la cara de un Sánchez frío. Embebido por un protagonismo antinatural, añadió como puntilla: “Dijimos que sentaríamos al gobierno de España en una mesa de diálogo y es lo que hemos hecho”. El gobierno era él, Sánchez. Pobre Rufián, no sabe con quién se la juega.  Sabíamos que a ERC España le importa un comino, pero tuvo que venir Montserrat Bassa para constatarlo. Y no hablaba en nombre personal, qué va, lo hacía representando al partido. Aquel: “Me importa un comino la gobernabilidad de España” certificó también las indignidades (en plural) de promesas incumplidas. Bildu, aparte sus lecciones sobre “derechos humanos”, amenazó: “Sin nuestros votos, y sin atender las demandas de nuestras naciones, no hay ni habrá gobiernos de progreso”. ¿Estamos o no vendidos, pese a negar ciertos pactos? 


El pueblo español atesora desde hace años indicios que llevan directamente a presagiar la rastrera realidad de un Sánchez con parecidos escrúpulos a los aireados por ERC. España le importa un bledo (así evito el sustantivo escatológico). Tanto apremio en la investidura a fin de “parir”, aunque fuere con cesárea, ese gobierno cuya urgencia se viene implorando desde el 29-A; ahora, incomprensiblemente, se retrasa una semana. ¿Constatación de un incumplimiento más o correctivo simbólico? Desde luego comedimiento prudente, no; mínimo, anomalía. Sabemos con certeza que este gobierno -pese a las argucias de su presidente- se encuentra maniatado, a expensas de varios acreedores que le exigirán nuevos y más onerosos peajes si quiere perdurar. Además, es un monstruo con dos cabezas asistidas por egocentrismos dispares cuando no directamente homicidas. Más allá del insomnio nacional y correligionario, trasciende un presagio general: Iglesias se zampará a Sánchez entre farsas, traiciones y desquites. 


Escribía Xavier Velasco, escritor mejicano, con atinada precisión: “Una vez más, la nada parecía destino hospitalario para un demoledor de sus propias certezas. La nada era una prórroga, una tregua, una hipoteca”. Parece una premonición sobre quien no hace tanto clamaba sobre la casta. Estos días, Pablo Iglesias se pronunció en estos términos: “A los togados que pongan por delante su ideología reaccionaria, respecto al derecho, el gobierno de coalición defenderá la democracia con la Ley”. Anuncia su nada judicial invocando una judicatura que deberá someterse forzosamente a los principios “progres”, tal vez velando aportaciones totalitarias, cuya titularidad viene legitimada por la tiranía. Ahora es un presagio, mañana probablemente sea una certeza irreversible.

viernes, 3 de enero de 2020

VIVIR A LO LOCO Y ELOGIAR LA LOCURA


La vida, sus fenómenos y situaciones, son con frecuencia origen sutil de horizontes varios, cuando no variopintos. El arte, en sus diversos campos, surge necesariamente a la sombra de procesos vitales, llegando a interaccionar ser (hábitat, momento, perfil) y obra. Creo que todo está descubierto, a la vista de quienes consigan observar con ojos escrutadores nuestra realidad; es norma ahora y lo ha sido siempre. Surgen, no obstante, tiempos depurados por paradojas incomprensibles como ocurrió en el Siglo de Oro. Aquella época, desde una perspectiva social, tuvo como caldo de cultivo ininteligible la mayor miseria conocida durante siglos. Opuesto a tan pernicioso entorno, se desarrolló una actividad creativa, artística, inigualable: arquitectura, escultura, pintura, literatura, ocuparon un lugar magnífico. Después se han ido sucediendo casos notables, pero aislados, sin constituir conjunto nominativo.


Al ocaso de los años cincuenta, salvo error u omisión, surgió una célebre canción cuyo título era “a lo loco”. En fechas posteriores se realizaron sucesivas modificaciones, siendo Jarabe de Palo, si nadie me corrige, autores de la última. A lo loco, no significa adaptar vida y estado mental, qué va; a lo loco consiste en ratificar plenamente modas pasajeras, más o menos efímeras, que suelen dejar improntas con sabor agridulce. Constituye un estado de abandono, acomodaticio, impermeable, cuya traducción sirve a élites cínicas, farsantes, transgresoras, para lograr metas soñadas e imposibles en contextos estándar. El pueblo español, ahora, vive a lo loco. Ignoro si por propia voluntad o debido a estímulos groseros y externos que canalizan rumbos cismáticos, rupturistas, inseparables del embrollo ético criado al cobijo de aquella existencia tan poco sobria y jugosa. Necesitamos deponer modas tóxicas y acopiar usos nutricios, cuerdos, críticos. 


“A lo loco es el sistema, mejor de todos, mejor de todos” musicalizaba una estrofa chapucera y lesiva. No me opongo al instante, pero considero aventura desmedida darle oportunidades sin plazo; es decir, renunciando a los límites razonables. Tampoco sería bueno constatar las palabras de Rick Yancey, novelista americano: “Locura es la nueva normalidad social”. Erasmo de Róterdam, principiando el siglo XVI, publicó su “Elogio de la locura”. Defiende que la estulticia supera la razón y de sus ventajas hipotéticas no escapa ningún personaje. Entre otros integrantes, le acompañan adulación, egocentrismo, demencia y voluptuosidad. Sus “beneficios” se reparten por igual vulgo, reyes y eclesiásticos. Pese a tan interesante tesis, no exenta de certidumbre extrema, prefiero a guías sensatos, lúcidos, con sentido común. Infiero, tras la carga empírica soportada por los españoles, que mi propensión abraza un sueño imposible.  


Sin Parlamente efectivo y dos contiendas electorales incitan las prisas de cualquiera, sobre todo si cualquiera es perdedor reincidente. No precisamos cálculos prolijos; los políticos llevan literalmente nueve meses de holganza. Meritxell Batet fija el pleno para los días cuatro, cinco y siete de enero, asunto que ha levantado ampollas en diferentes partidos. Ábalos, al pretender aplacarlas, manifiesta: ”El que quiera vacaciones puede dedicarse a otras actividades”. Deja muy claro, aparte su espectacular cinismo, un grado de estulticia alto, comparable al alborozo social de vivir a lo loco. Por este motivo, hacen buenas migas las necedades políticas con la negligencia ciudadana. Cuando se vive a salto de mata, lo grotesco nos hace perder el oriente y no solemos advertir que todo libertinaje presenta un costo con frecuencia ruinoso. Sí, nosotros también aclamamos la locura porque no hay mejor elogio que la preferencia y nuestras prelaciones, confusas y dirigidas por testimonios falsos, recayeron en sujetos huérfanos de escrúpulos. 


Asimismo, al compás, ciertos políticos elogian la locura empeñados en componer un gobierno que, para más inri, llaman “progresista”. ¿Puede tildarse social al gobierno que quiere cargarse el statu quo a cuya tutela hemos vivido el mayor periodo de paz? ¿Puede llamarse español al gobierno apoyado por treinta diputados, al menos, que quieren destruir España? ¿Puede llamarse democrático un gobierno que se coaliga con la comunista extrema izquierda, cuya aversión y cruzada contra los sistemas democráticos evidencia? Ese elogio que contrasta con la realidad -aunque Erasmo se fundamente en argumentos elevados, pero folklóricos- tiene apologetas dentro de sectores mediáticos notorios, representativos, periodistas o no. Hoy, he oído decir a uno, presuntamente retribuido por Roures o Soros, “vamos a tener en España por vez primera, desde hace cuarenta años, un gobierno de izquierdas que se preocupe por los desamparados”. ¡Imbécil! (tómenlo como definición, jamás como insulto).


El ejecutivo en ciernes, si nadie lo remedia, tiene personajes, actores, como Iglesias que después de tormentoso tanteo es capaz de soltar: “Para nosotros va a ser un honor que Sánchez sea nuestro presidente”. Aunque parezca verdad, el honor en Pablo tiene las mismas connotaciones que los “principios” de Marx, Groucho; varía dependiendo de quien reparta los sillones. Sánchez debe tener un alma impía pues no correspondió con un: “Para mí será honroso compartir gobierno con Pablo y traer la calma al noventa y cinco por ciento de insomnes españoles”. ¡Vaya par! Tomás Fuller, canónigo inglés y coetáneo de Erasmo, aseveró: “Es una locura para las ovejas hablar de paz con un lobo”. Este sí estaba cuerdo, muy cuerdo. Paso por alto, porque son de dominio público, subidas de impuestos a todos, chiringuitos de género y cambio climático, desigualdades autonómicas, facturas impagadas con los independentistas, chanchullos con altas Instituciones del Estado hasta riesgo de independencia judicial buscando jueces ad hoc.


Dijo Nietzsche, y dijo verdad: “Hay que estar un poco loco para aguantar a tanto idiota”. Solo nos salva Puigdemont y los suyos, que ERC quiere dejar en el trastero catalán. Veamos. El plan de ERC es apoyar a Sánchez y Podemos para que estos, a su vez, compensen a ERC en Cataluña. Así, JxCat y CUP serían partidos testimoniales en breve tiempo. Únicamente un adelanto electoral por parte de Torra (Puigdemont) daría al traste con la falta de lealtad y nobleza con que se está exhibiendo ERC llevando las conversaciones con Sánchez de forma exclusiva. Ignoro qué nube afecta al candidato nacional cuando hace ascos a pactar con la derecha catalana, pero no siente ningún pudor de hacerlo con la vasca. ¿Querrá cargarse la derecha independentista catalana, una vez derrotada la nacional en Cataluña, y luego aguijonear al País Vasco para terminar con el PNV? Diría que, en España, hay un plan para acabar con la derecha y su centro. Al final se eternizaría una izquierda radical. No me gusta nada lo que vislumbro; ojo avizor.


Nota al margen.-  Sánchez, en su propuesta de gobierno para ser investido, ha prometido la construcción de un puente para atravesar el río y, cuando le han advertido que no hay río, ha ofrecido también un río. Es decir, su formulación es perfecta para EEUU. ¡Viva la locura y la bufonada que lleva implícita!

viernes, 27 de diciembre de 2019

LA VOLADURA


Ignoro qué circunstancia, aparte una precipitación indecorosa tras la gestión picaresca antes y después del 10-N, ha llevado a Meritxell Batet a liberar los últimos días (27, 28, 29 y 30) de diciembre y los primeros (2, 3, 4 y 5) de enero para investir al señor Sánchez. Nos emplazan, según parece, de Santos Inocentes a Reyes Magos; es decir, de la inocentada candorosa al mito infantil. Presumiblemente, no ocurrirá en ninguna de las fechas señaladas porque quienes manejan e imponen las conversaciones se arman de exigencias nuevas, intimidatorias, imposibles. Eso, pese a la fe que pone en ellas el candidato -amén del silencio expectante, casi un ¡ay!, de Iglesias- hasta desmantelar al PSOE y ser el hazmerreír internacional. ERC, por otro lado, guarda los flancos no vaya a ser que el “malvado Carabel” adelante las elecciones generales y termine, según apunta la crónica taurina, como Cagancho en Almagro.


Va calando (poco a poco, incluso entre sus acólitos) la grave irresponsabilidad de quien ambiciona presidir el gobierno, por el canon que debe pagar y no solo económico. Cierto es que, salvo mayorías absolutas, todos los presidentes abonaron tasas costosas e incluso denigrantes. Sin embargo, en este caso se están batiendo récords históricos pues apostamos la propia estabilidad del Estado y la quiebra nacional. Hacer uso indebido de Instancias, más o menos altas, del país constituye un deterioro de difícil restitución. Retorcer la semántica, única evidencia conocida hasta el momento, conlleva sospechas engorrosas anejas al secretismo con que llevan la farsa. Sabemos que se ha cedido a la bilateralidad entre gobiernos, soslayando parlamentos y ajando -si no transgrediendo- el refrendo constitucional. Preocupa profundamente que nadie del Comité Federal alegue alto y claro el camino peligroso iniciado por el PSOE, cuyo final inapelable, con esta línea, es la práctica desaparición del mismo. Mirémonos en el espejo de Europa


Salvando a Felipe González, nunca el PSOE pudo identificarse rigurosamente con la socialdemocracia y sí con el marxismo radical, relegado casi a antisistema o poco operativo para el siglo XXI. Paradojas ahora hay para vender y regalar. Hoy mismo, un contertulio, ha afirmado que Albert Rivera hizo un daño irreparable a España al rehuir un gobierno de coalición con el PSOE. O dicho señor disponía de información privilegiada o fantaseaba a hora temprana, pues Sánchez jamás ofreció tal posibilidad al partido naranja. Así, al menos, ha llegado al común. Habitualmente tales lances son maliciosos porque unos y otros los inclinan al extremo, al vicio, a la ficción. La siguiente constituye un hecho insólito, desmesurado, fuera de todo arbitraje jurídico. Que el Tribunal Supremo pida al Tribunal Europeo de Justicia un informe sobre la inmunidad de Junqueras sin haber recogido su acta de eurodiputado (las formalidades dictadas por el Parlamento Europeo para ser investidos eurodiputados, aunque confusas, siguen correspondiendo a cada Estado miembro) me parece inocente. Incluso individuos exaltados, puntillosos, airean la posibilidad de “gato encerrado”. 


Sospecho que la conjunción de una clarividencia exigua, a tenor del jugo exhibido; un mesías radical sin praxis alguna fuera de equívoca oratoria, oída, cansina, espuria y unos independentistas -cargados de abalorios retóricos- en permanente enfrentamiento, pueden conformar el gobierno de España. La pregunta surge espontánea, inercial: ¿Será capaz esta camada de despejar las contrariedades visibles ya y las más peliagudas que asoman por el horizonte inmediato? No, diría la calle en un acto de cruda sinceridad. A quienes analizamos fríamente el devenir nacional en sus variados aspectos, nos asaltan dudas razonables. Desde mi punto de vista, el Estado Autonómico presenta cada día heridas profundas, en las llamadas autonomías históricas, de imposible remedio salvo suscribir sus objetivos independentistas o cambio drástico y decidido del gobierno. Incluso les incomoda el concepto plurinacional porque su masa -amorfa, necia- se inclina por la opción menos favorable: independencia.


El ser o no ser ontológicos están separados por lo “que hay” o “no hay”. No obstante, al ser o no ser atributivos los separa una decisión personal. Los independentistas pretenden agarrarse a un ser atributivo idealizado, onírico, para conseguir su concepción ontológica. Dicho a fin de iluminar mentes obtusas, ERC, JxCat y CUP no quieren ningún diálogo que pueda entorpecer, desviar o retrasar la independencia de Cataluña a cuyo remate aspiran millones de catalanes que han superado la irrelevancia de sus líderes y han sido adoctrinados, a lo largo de cuarenta años, con beneplácito incluido de PSOE y PP. Los datos muestran claramente la derrota de los partidos nacionales (PP, Ciudadanos y Vox) cuando en las últimas elecciones generales sacaron seis diputados de cuarenta y ocho. Ignoro al PSC porque este partido solo es nacional los fines de semana. 


Ahora, la sentencia del Tribunal Europeo sobre la “inmunidad, que no impunidad” de los eurodiputados Junqueras, Puigdemont y Comín, embarra más si cabe el terreno de juego jurídico. Se han lanzado campanas al vuelo prematuramente y temo que la frustración a medio plazo destroce ilusiones. Tantas, y tan lunáticas, como Sánchez ha depositado en partidos que desean segregar territorios, leyes y personas. Carecen, al mismo tiempo, del apego necesario para convivir, ni a regañadientes, con el resto de predios que, bajo las botas de reyes y dictadores, han sufrido atropellos sin límite. Hoy, para no dañar la imagen bastante maltrecha de una justicia encastillada, pero frágil, el gobierno en funciones presiona con perentoria delicadeza (sí, que no se note demasiado) a la Abogacía General del Estado para emitir un informe que influya en el Tribunal Supremo y favorezca a Junqueras en su viacrucis. Si lo hace, adiós cordera.


Ciertamente estos desalmados, junto a Podemos, quieren efectuar una voladura controlada -sin prisas, pero sin pausas- del país. Estoy convencido de que importantes centros de poder internacionales (reflexionemos sobre algunas señales notorias) anhelan liquidar nuestra jurisdicción y a una Europa de por sí bastante quebradiza. España es nación con la suficiente enjundia económica y estratégica como para que alguien intente asentar en ella una maquinaria disgregadora. Saben que fragmentar es el germen de toda derrota y la afección se extiende rápida. Ayer León propuso una autonomía independiente de Castilla formada por León, Zamora y Salamanca. Si empezamos con catas (porción de algo que se prueba) la “fruta” se pudre. No hay mayor advertencia ni se necesita.

viernes, 20 de diciembre de 2019

EL CHALANEO


La RAE, en su acepción primera, define chalán así: “Que trata en compras y ventas, especialmente de caballos u otras bestias, y tiene para ello maña y persuasiva”. Tales palabras resultan esclarecidas por dos rasgos. Primero, puede advertirse un matiz peyorativo al trascender cierto efluvio pícaro, embustero, estafador. Segundo (y más velado, aunque intuitivo), ese acierto -semánticamente a trasmano- de que porfía con bestias. Encontramos aquí, alrededor de dicho sustantivo, a quien despliega parecido quehacer y conducta: el político. Parecen hechos a medida, porque para desempeñar ambos oficios se necesitan requisitos especiales, tremendos, ajenos a la gran mayoría de gente convencional. Pido disculpas a los chalanes por tan injuriosa comparativa, pero el contexto era propicio, me venía al pelo.

A partir de ahora, cualquier renglón apuntará básicamente a los políticos, colectivo que, en España al menos, suspende; es decir, necesita corregir, optimizar, lo que ellos llaman sin recato servicio al ciudadano. Sería injusto e inexacto no urgir también a nuestra sociedad a que extreme, como mínimo, reflexión y cordura. Nunca hay un solo culpable cuando la coyuntura, fruto de interacciones personales o grupales, presenta una cara favorable e incluso espeluznante. Un proverbio árabe asegura: “La primera vez que me engañes, será culpa tuya. La segunda será culpa mía”. No puede refutarse nada a tan sabio precepto, solo el hecho de su rechazo u observancia. Personas vinculadas a mi entorno amistoso-familiar dicen observar con alivio cambios casi imperceptibles, pero esperanzadores, en esa credulidad ancestral, enojosa, nociva. Las peculiaridades cotidianas, necedad, fatalismo y sinrazón, específicamente en campañas electorales, me llevan a la duda frecuente, ingrata.

El chalán -ese individuo que encubre el discurso prudente, juicioso, tras una retórica desaprensiva- no tiene que ser necesariamente emanación vital, ineludible, de una inmanencia proverbial. Inclusive, a veces, construye vencido por avideces crematísticas esa herramienta infernal que le lleva a pervertir cualquier actividad. El chalan constituye, en términos generales, una especie corruptora porque conduce voluntades a un destino personal y social incierto, destructivo. Primero, y es su mecánica inicial abiertamente, contamina el lenguaje para desorientar al posible comprador o usuario. Luego sacrifica reglas y desazones para conquistar un éxito que le suele satisfacer en cuanto a rentabilidad material, pero huérfano de gratificaciones éticas y estéticas envicia al personal relamiéndose envilecido con ese sabor repugnante. Conforma el desquite que las sociedades sin rigor crítico, estúpidas, se cobran para compensar su inmoralidad.
                                                                                                                                                        
 Sí, todos los políticos pecan -en mayor o menor grado- de chalanes. La génesis se debe al ínclito Zapatero. Aquellas nefastas “Ley de Memoria Histórica” e innecesaria “Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género”, que despreciaba la equitativa “Ley Orgánica de Medidas Concretas en Materia de Seguridad Ciudadana, Violencia Doméstica e Integración Social de los Extranjeros”, trajo no ya la controversia sino el enfrentamiento entre los bandos de la Guerra Civil y entre hombres y mujeres. Vestir a unos santos mientras se desnuda a otros, además de despótico e inmoral, origina peligrosas frustraciones. Solo la corrección política y el chalaneo de los medios, que han irrumpido censores, inmoderados, en la vorágine, permiten lecturas complacientes de ambos terremotos nacidos, al amparo de la inepcia, para satisfacción de dos lobbies con intereses espurios: republicano extemporáneo y feminista.

Ignoro si llega a pandemia, pero estoy convencido de que el chalaneo es una delicada epidemia nacional extensible a varios rangos del poder. Siempre, desde el espacio librecambista, las relaciones de compra-venta se gestionaron a través de diversas reglas o leyes exclusivamente economicistas. Sin embargo, dicho esto, en política y áreas próximas (campos especiales de aquella interacción) el chalaneo domina el método u ordenanzas que rigen tales vínculos. Hoy se ha llegado a tal punto que existen auténticos peritos en el arte de la engañifa, del timo social. Una sentencia popular clarificadora desenmascara todo artificio, eso que se da en llamar realidad virtual: “Oradores vanos, mucha paja y poco grano”. Necesitamos no ya horas de observancia sino mente crítica para contrarrestar los efectos perniciosos aparejados al regate semántico. Me abstengo de examinar las inquietudes de servicio que dicen ofrecer vacuamente unos y otros, pero siempre a un precio abusivo.

Confirmo que, siendo una plaga generalizada, la izquierda se atribuye con éxito el modo agitación y propaganda para conquistar el poder. Sánchez consigue hoy por hoy un récord meritorio en retorcer hasta el paroxismo el discurso de por sí sumamente pueril, jactancioso e impostado. ¿Legitima la farsa cualquier acción posterior consecuencia, probable, de ella? No, nunca. De aquel lejano eslogan “España no merece un gobierno que mienta” hemos pasado a un presidente insólito (para algunos, ocupa y, para todos, en funciones), fulero donde los haya. Su última campaña electoral se afianzó sobre compromisos inquebrantables. Él jamás pactaría con Podemos, independentistas ni Bildu. Qué hace, pues, Carmen Calvo perorando: “El gobierno se forma con los datos de las urnas” ¿De qué urnas habla, señora, de los votos adjudicados a Pedro Sánchez o, tal vez, de los conseguidos por el presidente en funciones? Esa naturaleza bina que la “vice” se sacó de la manga tiempo ha, puede salvar la legitimidad ética del 10-N y maridajes posteriores.

Ayer, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea dictaminó una resolución sobre la inmunidad de Junqueras que proyecta el chalaneo del poder legislativo. ¿Puede explicarme alguien por qué los diputados han de ser inmunes fuera de su estricta actividad parlamentaria? Si el respectivo órgano no concediera el suplicatorio, tal privilegio se convertiría de hecho en impunidad coyuntural o definitiva. Cualquier constitución democrática basa su legitimidad en la igualdad de derechos y deberes. ¿Cómo puede entenderse que la voluntad de unos pocos expresada en las urnas preceda al sentido común y a la Constitución aprobada por cada sociedad? Además, en este caso, había procesos abiertos con anterioridad a la condición de eurodiputados ya que la instrucción empezó en octubre de dos mil diecisiete y la fase del juicio oral a principios de dos mil diecinueve; por tanto, de facto, se estaría aplicando (a destiempo) una inmunidad perversa, ad hoc. Cierto, no soy experto en leyes; aun así, ni los propios magistrados se ponen de acuerdo a la hora de desentrañar dicha resolución. Soberanía y democracia son términos demasiado serios para aventurarse en laberintos que puedan resquebrajar el bien a proteger.

viernes, 13 de diciembre de 2019

¿EL HUEVO O LA GALLINA?


Por la tierra que me vio nacer, hace ya casi ocho decenios, el huevo -en su más amplia acepción- poseía un peso específico, sugestivo y estimado, en expresiones que adornaban el talante campechano, expansivo, de sus gentes. Dos frases destacaban, (espero que aún lo hagan) en aquellos lejanos tiempos. “No sabe dónde poner el huevo” sugería, a guisa de chanza, indecisión de quienes alimentaban día a día sus vacilaciones continuas. Eran personas sin gancho y con escaso crédito. “Ha puesto el huevo” proclamaba, inclemente, graves errores en quien había optado por un camino equivocado. El protagonista, aquí, quedaba hecho un cristo con epítetos del tipo: necio, estúpido, botarate. Actualmente se le hubiera llamado gilipollas.  


Tras esta introducción, quiero consolidar el célebre -además de enrevesado y siempre incógnito- interrogante: ¿Qué fue primero, el huevo a o la gallina? Todavía estoy esperando un argumento que valide o invalide cualquier respuesta. Es la pregunta tonta que suele hacer el listillo de turno para tocar las narices. Solo en ocasiones especiales libra esa carga ridícula y aporta un interés casi desmedido en colocarla dentro del núcleo social. Hay coyunturas que precisan herramientas inverosímiles para situar enigmas de imposible, o improbable, enfoque. Ignoro si el método serviría en toda ocasión y tiempo. Seguramente no, dados los tejemanejes que pueden aparecer sin necesidad de habilitar tramas u obsesiones esotéricas.


Ahora mismo ha dejado de ser (como suele decirse) la pregunta del millón para convertirse en interpelación al ejecutivo, más concretamente a Sánchez. ¿Por qué no se formó gobierno tras las elecciones del 28-A? Resultados solo hubo uno: Seis meses después no había germinado ninguna autoridad evidente. Alegatos, demasiados: Que PP y Ciudadanos bloquearon toda posibilidad; que Podemos exigía demasiado y no eran de fiar; que Iglesias era el problema insoluble; que luego Podemos (sin Iglesias) se negó en julio; que en septiembre Podemos aceptaba la propuesta de julio, pero Sánchez no les dio posibilidad. En fin, una verdadera yenka política. La verdad es que el gurú del presidente en funciones le aseguraba, al compás de Tezanos, que las nuevas elecciones le darían ciento cincuenta diputados. Luego obtuvo ciento veinte y así nos va, que “ni se muere la abuela ni cenamos”. 


¿Qué fue primero, el huevo o la gallina? ¡Qué más da que el inicio sea huevo o gallina! Cierto que Ciudadanos anunció desde el principio reprobar la investidura, pero Sánchez se echó en brazos de Podemos para constituir un “gobierno progresista” y no ofreció a Rivera ninguna probabilidad de pactar un gobierno de coalición; por cierto, el único estable y con mayoría absoluta. Pedro, rechazó el pájaro que tenía en la mano y prefirió disponer de ciento volando. Falto de humildad, ante la expresada negativa de Rivera, sacó su ego al sol ahogando todo intento de acuerdo que hubiera beneficiado a PSOE y a Ciudadanos. Al presente, humillado permanentemente él, el PSOE y España (su orden de prioridades), será presidente cuando trece diputados de ERC apetezcan.


Creo que, de acuerdo con aquella frase del primer párrafo, Sánchez “ha puesto el huevo”. Sé también que, a futuro, certidumbre y adivinación dejan de ser algo insólito, pero (sin pecar de vanidoso) yo, al menos, vislumbraba azaroso aquel famoso gobierno “de progreso”. Hoy, la composición extraña de la Cámara y diez diputados menos entre PSOE y UP, el forzoso apoyo de ERC deja demasiados pelos en la gatera. De ser este partido casi despreciativo se ha convertido en fundamental, y tal situación conlleva un peaje caro, inasumible. Aquí nace la razón por la que líderes antañones de la ortodoxia socialdemócrata y algunos barones actuales empiezan a exigir una vuelta a los patrones que permitieron aquellos rentables Pactos de la Moncloa. Otras elecciones empiezan a tomar cuerpo porque a los independentistas -tanto a nivel autonómico como nacional y a medio plazo- no les vendría mal un hipotético gobierno del PP.


Sánchez -extasiado, impermeable, cautivo por una ambición delirante, paranoica- conforma la gallina posterior al huevo. Perdida toda cordura, consiente conceptos, actitudes y hechos impropios de un presidente juicioso (aunque sea en funciones). Desde luego, el discurso de ayer -hace semanas- queda fementido, maloliente, por las informaciones que se desprenden de unas conversaciones oscuras y oscurantistas. De crítica a firme trinchera, podría definirse su incoherente talante en la oposición y en el gobierno. Apenas trasluce alguna reseña de las conversaciones con ERC. Antes clamaba transparencia, negro sobre blanco; ahora, únicamente permite negro sobre negro. Primero, Cataluña tenía un problema de orden público y convivencia social. Luego, se concluye que es un conflicto político. Los conceptos, las percepciones, pueden herir mortalmente la realidad. Al fingir, también.


El rumbo que marca el presidente en lo que le atañe específicamente y en lo que le indican diferentes asuntos aleatorios, fruto de propagandas orquestadas, lleva sin remedio a ninguna parte. Fachada con poco o ningún elemento arquitectónico más, constituye un llamativo esqueleto presto a su demolición por pragmatismo estratégico. Sánchez, desde el minuto uno (llevado por no sé qué proyectos o fantasías) renunció al bipartidismo probo y vigoroso entre PSOE, PP y Ciudadanos, cada cual en el papel que a priori le fuera otorgado electoralmente. Se decantó por quebrar cualquier consenso constitucionalista reavivando, al tiempo, el Frente Popular con la extrema izquierda y el independentismo. Ahora, poco a poco, advierte el enorme error cometido -complejo y de difícil salida- debido a inoportunas agitaciones partidarias, nacionales y europeas.


Sí, España avanza en sentido negativo. Mientras los países de nuestro entorno procuran remediar los problemas actuales, bastante desdibujados, nosotros nos encaminamos a la primera mitad del siglo XX. Mantenemos siglos de retraso y, tercos, seguimos aplazando la llama renovadora. Permítanme una digresión. Meritxell Batet, leyó días atrás en el Parlamento: “Su Majestad el Rey propone como candidato a presidir el gobierno al excelentísimo señor don Pedro Sánchez Pérez-Castejón”. Deseo precisar que el protocolo político acostumbra a dejar sin contenido vocablos que la lingüística ennoblece en toda su egregia extensión.