viernes, 29 de agosto de 2014

PERSONAJES Y PERSONAJILLOS


Al ocaso del siglo XV, Leonardo da Vinci -con su hombre de Vitruvio- dejó claro que el individuo es un ser simétrico. Se dice, asimismo, que una figura tiene simetría cuando, al rotarla sobre  un eje, mantiene su forma o es congruente con la figura inicial. Observe el lector que aparece congruente, vocablo imbricado a la simetría que no deja de ser cuestión decisiva como veremos más adelante.

Por otro lado, morfología y sentimientos tienen algún punto en común. Siempre se ha referido que el diminutivo presentaba una especial carga afectuosa, familiar, fraterna. Hay casos, sin embargo, donde el diminutivo viene atravesado, dibuja o deja entrever un poso de desprecio; pone al descubierto un guiño esquivo, peyorativo. El epígrafe que da título al escrito presente, constituye la mejor evidencia del apunte. Personaje, voz ordinaria, implica exaltación de un individuo libre de raquitismos semánticos. Quienes acreditan el apelativo disminuido, en este caso, pertenecen a la mayoría repudiada.

Se considera personaje al ser juicioso, simétrico, con virtudes y defectos. Un afán de excelsitud, de altura moral, le dispone a rotar para -enfrentados vicios y probidades- corregir aquellos bajo el imperio generoso, consecuente, de las últimas. El anonimato les hace aparecer magnitud menguada, casi ridícula. La realidad constata lo discreto de un colectivo del que, a grandes rasgos, escasea solo la excelencia. El personajillo ve transformado en frontera lo que debiera ser eje de bilateralidad. Es un hombre recortado, medio, cacho. Presenta y tiene un único lado; generalmente corrupto, pecaminoso. Alejados de la dialéctica y del eclecticismo, son diestros o siniestros, dogmáticos, sectarios, ineptos e inútiles.  Les atrae la tiranía y los regímenes totalitarios.

Estos individuos hemilaterales, personajillos, detentan hoy el poder; toda expresión de poder. Lastrados por la inexistencia del contrapunto moral o intelectual, sin frenos, sin congruencia posible, se dejan arrastrar encantados por todo aquello que pueda sintetizarse en dos conceptos: degradación y atropello. Huérfanos de principios personales y sociales, negocian su desvergüenza al mejor postor, sin importar doctrina ni arraigo. Viven la invalidez alegórica sin complejos porque, aparte su laxitud operante, se miran en el falso espejo de una sociedad que los mima cuando no actúa como venero necesario y  necio.

Como dije, ocuparnos en seleccionar algún personaje es misión imposible. El anonimato viene a considerarse su mejor y más aclamado valor. En realidad, aquello que ignoramos no existe. Hay, no obstante, legión de personajillos que pueblan con testarudez los medios audiovisuales. Y cuanto mayor sea su indigencia, más reiterativa es la aparición. Desconozco si generan ya escarnio u ojeriza. Incluso morbo por explorar quien se deja decir la mayor estupidez; porque han llegado a convertirse en poderosos, ricos, estúpidos. Eso de exhibir medio lado, ser casi filiformes, estilizados, atesora cuantiosos dividendos. Qué pena.

Pese a su naturaleza poco objetivable, conforman una fauna cuantiosa, insólita. En mi pueblo de la Manchuela conquense se utiliza una expresión muy plástica cuando se quiere magnificar determinada existencia: “das una patada a un gasón y aparecen cincuenta mil”. La cantidad puede ajustarse en razón del talante exagerado que muestre quien habla. Superando el inciso, cuesta nada entresacar un nutrido grupo de personas (aprecien mi carácter bondadoso a la hora del sustantivo) cuyo perfil se acomoda perfectamente a la caterva de personajillos que nos ocupa. Haberlos, haylos entre políticos, sindicalistas, comunicadores, financieros, empresarios, jueces, artistas o cómicos. También, pero menos dañinos, entre el común de a pie.

Los últimos tiempos me traen a la mente uno que, arrimado a la izquierda, presenta matices extraños con salidas un tanto folklóricas. A mí, al menos, me lo parece. Pertrechado -salvo error- exclusivamente de vivencias (base del construccionismo epistemológico) individuales en la esfera del cine y del teatro, imparte una doctrina cuyo púlpito es un irracional e inaceptable maniqueísmo. Pudiera ser el paradigma del hombre asimétrico, unilateral. No juzgo su profesión, ni siquiera su ideología. Afirmo con rotundidad que nada ni  nadie le concede autoridad cuasi sagrada, irrecusable, dogmática,  para descargar, ayer con exiguas excepciones, filias o fobias indiscriminadas. Se apellida Toledo y, pese a propias declaraciones, su cuna y trayectoria son bastante comunes. Nada que le permita sentir orgullo de estirpe, contradictorio por los hechos y por su conciencia de clase. ¿O es puro histrionismo?

¿Por qué encarno en él la jungla de personajillos que se enseñorea y mantenemos en el solar patrio? Quizás me haya dejado arrastrar por una prensa insípida, burda, basta; poco exigente. Uno -que se encasilla, se sitúa, cercano al eje sin discriminar lateral- comete en ocasiones parecidas simplezas de quienes se ubican del lado que ambiciona luces y cámaras. Puede que todos pequemos algo de personajes y mucho de personajillos.

Disculpe el señor Toledo porque él no compendia lo peor, ni mucho menos. Disculpen ustedes que no me exigiera mayor desarrollo en la enumeración de la especie, pero soy consciente de que les resultará fácil suplirme con éxito en este menester. Probablemente en otros muchos.

 

viernes, 22 de agosto de 2014

LUCUBRACIONES POLÍTICO-SOCIALES II


En mi último artículo mantenía la tesis de que cuando los pueblos están inmersos en crisis sociales y/o económicas siempre se dejan seducir por los populismos. A su sombra suele agigantarse la demagogia. Ambos alimentan espíritus negligentes y poco amigos del racionalismo; por consiguiente, dogmáticos. Sin embargo, pese al porte, acompañan necesariamente a regímenes totalitarios, bien vinculados a la esfera comunista ya inscritos en el solar nazi. Maximiliano Korstanje aseguraba que “el populismo permite una mayor participación política a costa de un proceso de desinversión. Como consecuencia aparece la dictadura como mecanismo político empleado para que las élites mantengan su legitimidad”. Amén.
Los populismos, digo, se acompañan de actitudes demagógicas. Son siameses. Unos dicen aportar respuestas a los sistemas representativos cuando entran en putrefacción. Las otras visten ropajes de moralina para ocupar un poder que únicamente con señuelo consiguen legitimar. Si utilizamos el sentido común deja de ser improbable descubrir la tramoya demagógica. Veamos algunos puntos en que hemos de concentrar nuestra atención. El demagogo ofrece como evidente la premisa que debe probar. Verbigracia, se atribuyen el atributo demócrata cuando son la antítesis del mismo. Ofrecen argumentos que afirman o niegan por boca de alguien con crédito o, por el contrario, gente común, indigente. Utilizan la omisión o informaciones incompletas, así como estadísticas fuera de contexto o demoniciones del adversario. Además de estas típicas, utilizan otras herramientas igualmente confusas y fraudulentas.
Muchedumbre (masa amorfa) y sociedad española son términos antagónicos. La muchedumbre carece de objetivos, presenta rasgos confusos, inconexos y el temor alumbra su primera particularidad genética. Conforma el alimento regular del populismo. Nuestra sociedad es la suma fraguada de individualidades fuertes, sometidas al crisol de pueblos y culturas. El español se ha vigorizado a través de siglos, de invasiones y de luchas desiguales. Se crece ante el quebranto porque ha sido horneado en él a lo largo de milenios. Si nos atenemos a las tesis de Corey Robin sobre miedos y adoctrinamiento, cualquier idea o estrategia que utilicen el populismo y la demagogia para escalar el poder, aquí es improductiva. Supera la línea roja que el hispano se impone en su indolencia.
Paul Krugman proclamaba: “es necesario un contragolpe populista para reinvertir el aumento de la desigualdad social”. Esta frase -que le da protagonismo al trabajo en la plusvalía- anula toda estridencia del populismo cuya meta es el poder totalitario y tiránico. Krugman interacciona política y economía pero prioriza esta última. Aquí surge la divergencia vital entre populismo económico y otro con connotaciones políticas, incluyendo el peronismo. Este, era y es un movimiento tan atípico que Roger Cohen lo califica de: “filosofía política propia, mezcla de nacionalismo, romanticismo, fascismo, socialismo, pasado, futuro, militarismo, erotismo, fantasía, lloriqueo, irresponsabilidad y represión”. Una extensa variedad de emociones incapaces de practicar la verdadera justicia social.
Los demagogos también exhiben un pelaje fácilmente reconocible. El simple análisis con los ojos del sentido común descubre su debilidad argumental. Apelan a prejuicios emocionales, miedos y esperanzas del pueblo para ganar apoyos a través de la retórica y el reclamo. Ya Aristóteles definió demagogia como forma corrupta de la República “que lleva a la institución de un gobierno tiránico de las clases inferiores; de muchos o unos que gobiernan en  nombre de la colectividad”. En otras palabras, los demagogos se arrogan el derecho de interpretar los intereses de la masa como intereses de toda la nación. Confiscan todo el poder y la representación del pueblo e instauran una dictadura personal. Más claro, agua. Luego, que nadie se llame a engaño. Su alimento natural son los medios de comunicación -hoy internet- falta de educación y la mercadotecnia. Por este motivo resulta fundamental desenmascarar a los oportunistas.
Lo antedicho constituye la columna argumental que me lleva a negar la probabilidad de que Podemos alcance el poder. Naturalmente es una hipótesis teórica que toma, asimismo, consistencia con el statu quo europeo y mundial. A mí me parece que como experimento académico resulta interesante aunque de logros dudosos. Como intento de generar una democracia popular (totalitarismo) supranacional, lo considero una quimera que roza el desvarío. Aconsejo, no obstante, a mis conciudadanos no bajar la guardia e informarse de analogías o diferencias atribuibles a los sóviets rusos y a los círculos de Podemos; ambos supuestamente libres y asamblearios. La metodología, y algo entiendo de esto, es parecida entrambos.
Para terminar, al anhelo de “mano dura” metódica de su líder quiero oponer una auténtica “mano dura” democrática contra Podemos y el resto de la casta política que está consumando este injusto, oneroso y terrible calvario: abstención. Es el procedimiento más eficaz y menos traumático.

viernes, 15 de agosto de 2014

LUCUBRACIONES POLÍTICO-SOCIALES



Las modas actúan cual torrenteras salvajes y arrastran a los medios que se ceban en sus torbellinos noticiables. EREs, ébola y Pujol se alternan con cierta fascinación, tanta que  incluso produce tedio. Siguiendo estas pautas, iba a escribir sobre el expresidente catalán; sobre la pregonada denuncia contra el banco donde trabaja “garganta profunda”, tópico diseñado en el caso Watergate. Sin embargo, esa historia debe desenredarse a través de un sumario judicial, no periodístico.

En este país se otea un futuro tan inquietante que el pretérito, aunque esté anegado de corrupción, debe importarnos lo justo. Sin despreciar cualquier medida quirúrgica que cauterice los desmanes atesorados en cuatro décadas, hemos de dirigir nuestro interés y esfuerzo hacia aquello que nos espera. Por tal motivo, viene a colación aquella pregunta prerrevolucionaria que se hizo Lenin a principio del siglo XX: ¿Qué hacer? Aventurar una respuesta satisfactoria y probable resulta bastante complejo, no solo por el objeto sino, y sobre todo, por quien debe llevarlo a buen término: el pueblo.

La plebe rusa por aquellas fechas padecía, esencialmente, una crisis social. El sistema zarista -anclado en épocas remotas- abrió abismos irreconciliables en la estructura nacional. Mientras una élite aristocrática vivía rodeada de lujos, la gran mayoría penaba una miseria atroz. Lenin apeló al populismo cuyos primeros balbuceos había formulado Marx y que años después proporcionarían cuerpo doctrinal Habermas y otros sociólogos contemporáneos.

Bajo el auspicio de un modelo teórico, Lenin supo inculcar al individuo la absoluta necesidad de practicar un centralismo democrático. Combinando centralismo y democracia se potencia la disciplina consciente, se admite el sacrificio de la libertad para conseguir la máxima eficacia. Sus rasgos vertebrales son: libertad de crítica y autocrítica dentro del partido; subordinación de las minorías a la mayoría y las decisiones de los órganos superiores son vinculantes a los inferiores. La realidad termina por imponer un totalitarismo tiránico. Ya ocurrió con el leninismo, peronismo, castrismo y chavismo, entre otros.

Habermas, no obstante, basándose en la “razón instrumental” de Adorno -como contrapunto a los abusos de la “razón dominadora”- dedujo la “acción comunicativa” del hombre. Esta senda de intercambio le llevó a enunciar su “democracia deliberativa”, convertida en un instrumento complementario de nuestra democracia representativa. Aquella adopta un proceso colectivo para tomar decisiones políticas. Esta utiliza una razón economicista; es decir, un empeño de bienestar personal. Por diversas razones, Habermas prefiere una concepción republicana en lugar de un proyecto liberal. ¿En qué instante de ellas se inicia la divergencia? ¿Dónde la convergencia?

España, esa seca y malquerida piel de toro, se encuentra en un momento crucial. Sometida a una profunda crisis general, necesita con urgencia un tratamiento de choque. La putrefacción del sistema agrava en mayor medida la enfermedad multiorgánica e institucional. Al escollo de los síntomas, se añade el proceder insolidario, dogmático, lamentable, del ciudadano español. Analfabetismo político, dejadez e intolerancia constituyen un eje en torno al cual gira todo impedimento. Fundamentamos culpas en políticos y medios, pero pretendemos ignorar a quienes conformamos la porción de corresponsables por apatía e inoperancia.

Entre los defectos que arrastramos, destaca el individualismo, la falta de conciencia social. Alejamiento y beligerancia eternizan la división insensata e insuperable de amplios, a la vez que representativos, sectores sociales. Tal constancia dificulta, si no reprime, restaurar la auténtica soberanía popular. Nos dejamos arrastrar por filias o fobias generalmente irreflexivas. Observamos con desagrado, asimismo, que al español de a pie le mueven las palabras en perjuicio de los hechos. Pocos países de nuestro entorno incurren en el mismo error, producto del dogmatismo e incultura. Toleramos sin ninguna objeción los desafueros achacables a nuestros elegidos pero castigamos con rigor aquellos fallos que perpetra el adversario.

Tamaño absurdo lleva al individuo a decidir su voto por despecho. Poco o nada importan programas, compromisos ni ofrecimientos. Al fin, caben únicamente sentimientos preconcebidos sin que se dedique un segundo al análisis y subsiguiente coherencia. Pese a las prospecciones electorales y efectos que ofrecen sucesivas encuestas del CIS, no oteo ninguna fractura en el bipartidismo. El suelo electoral del PP y PSOE se muestra propicio para lograr un bipartidismo alternante, con matices. Se revitalizaría el sistema de alternancia pacífica que concluyó infaustamente en la Segunda República.

No nos gustan las viejas fórmulas políticas. Nos consume la corrupción, el desenfreno y la injusticia. Nos harta la impunidad prepotente, casi lasciva. No obstante, nos inquieta lo nuevo, lo desconocido, que provoca inseguridad a nuestro débil individualismo. Dudo que Podemos sea alternativa real. Por lo dicho y por otros motivos que iré desmenuzando la próxima semana.       
       

viernes, 8 de agosto de 2014

LA CAÍDA DEL MITO


La mitología constituyó una parte nuclear de la narrativa griega, romana, escandinava… Dioses, titanes, héroes, reyes -junto a otros personajes de ficción- sentaron las bases religiosas y políticas del mundo occidental. Instituyó también la figura del oráculo, especie de dignatario heurístico cuyo concurso era imprescindible. Cubría un papel semejante al que ejercen hoy significados comunicadores. Al fin y al cabo, aquellos y estos (con mayor o menor acierto) anunciaban bienandanzas o infortunios según dispusiera el antojo del mito correspondiente. Política y religión fueron conformándose a golpe de sutileza, de apostillas gestadas en el Olimpo.

España pertenece a las naciones que contraen extrañas prácticas ante el mito. Los mima y renueva de continuo, pues componen una parte trascendental de su idiosincrasia. Toros y piras, cual marchamo característico, etiquetan a sangre y fuego -de manera indeleble- nuestra genética; forman parte de la esencia nacional. Ronroneamos asimismo, como felinos satisfechos, al individuo público siempre que se coloca a nuestro alcance. No se les exige demasiados méritos profesionales. Ni siquiera abundancia de valores humanos, reducidos al recuerdo a consecuencia del relativismo imperante. Conocemos a algunos cuya única aportación al sumario general consiste en haber aventado vicisitudes íntimas y personales. Incluso, a manera de inventario, sincerando -es un decir- los encuentros sexuales por tacada. Es de suponer que estos formarían parte de los Titanes y “Titanas” (para la señorita Aído) por el colosal esfuerzo empleado en llevar a cabo tan gratos ardores. Otro mito, antes jugoso, pero decadente. Seamos serios.

Los mitos o supersticiones carecen de identidad propia. Surgen cuando el hombre desentraña, o lo pretende, misterios de la vida. Actualmente, también de forma misteriosa, suele encarnarlos en personajes -quizás personajillos- plenos de indigencia, ayunos de justificantes. Es lo que viene aconteciendo al pasar de la quimera al mundo real. Mientras, el ciudadano común necesita, sigue necesitando, guarecer sus limitaciones bajo la protección consuetudinaria de aquellos mitos clásicos; hoy convertidos en protagonistas de noticiario. Es la consecuencia irremediable que acompaña a los tiempos presentes, las modernas razones y los avances técnicos. Sin embargo, y al fin, no cabe el hombre nuevo.

Cuarenta años de democracia, de permanente e inquieto espejismo, permitieron un fluir inacabable de ídolos. Antesala del mito al uso, presentan una flojedad estructural genética. Son deidades de barro. Nacen lastradas. Conviven entre humanos porque, en el fondo, son humanos. Esta  esencia palpable los hace temporales, caducos si no rancios. Aquellos, quienes habitaban el Olimpo, jamás poseyeron aspecto corpóreo aunque tuvieran, incluso se les diera, representación antropomórfica o afín. Tal alejamiento de la materia permitió que fueran invulnerables a los efectos gravosos, destructivos, del vicio y sus letales consecuencias. Agamenón, Aquiles y Odiseo, verbigracia, sucumbieron a su perfil humano.

Imparable la irrupción actual de ídolos inconsistentes, animan para nuestra desdicha el escenario gubernativo y mediático. Desde comunicadores izados de forma espuria a los cenáculos sagrados hasta espíritus fatuos entronados por el monolitismo político, estos tiempos vienen cargados de mitos sospechosos. Forman legión los prohombres que la costumbre, el afán de confundirse con el entorno y la falta de crítica social -junto al dogma ciego- les ha permitido mantenerse, sin caer con inmediatez, en  un pedestal fraudulento. Luego aparecen las sorpresas y los episodios de contrición algo tardíos. No obstante, lo peor no es omitir el hecho sino indultar, de una forma u otra, al ídolo caído. 

Conforman un número indigno la pléyade de políticos, sin excluir siglas, que obtuvieron del ciudadano el asentimiento inmerecido, la confianza defraudada. Jueces, sindicalistas, jerarcas de la comunicación y financieros gozan de loas reverenciales, de idolatría inútil. Se haría agotador concluir el artículo si enumerásemos una pequeña parte de aquellos que por méritos propios forman el cuerpo de estafadores y desaprensivos. Consiguieron -y aún lo hacen, pese a su talante- sustraer una confianza sin asentamiento, un anhelo quimérico, mítico. Quiero pensar que tales perspectivas y situaciones creadas van a concluir, a poco, con la vela imperturbable de un redivivo individuo circunspecto.

Jordi Pujol, según personal manifestación, estuvo embaucando al pueblo catalán y español durante treinta y cuatro años. Quien monopolizó tres décadas de seducción institucional, quien fue considerado un político intachable -paradigmático- resultó ser, como mínimo, un defraudador impenitente. El ídolo de Convergencia, el político que vistió de realidad un imaginario cuerpo nacionalista, trituró las esperanzas que los catalanes habían depositado en el prohombre elevado al rango de mito. Ahora, en evidente contradicción con el dios Cronos que tragaba a sus hijos para mantener el poder, Pujol (hediondo de ignominia) se auto inculpó para blindar una prole, desenfrenada y desinformada, que debe ubicarse en los arrabales del Olimpo; cerca de su padre proscrito.

 

 

 

viernes, 1 de agosto de 2014

UN VIAJE ASOMBROSO


Por una vez, y sin que sirva de precedente, abandono la temática habitual. Como bien saben mis amables lectores, suelo escudriñar con cierto rigor, no exento de mesura, el quehacer de la fauna política. Quizás la reseña tome un sabor más ácido cuando evalúo al gobierno. Ignoro las razones, pero el poder -sin atender entrañas ni tiempos- me “enerva” (vocablo fetiche de mi cuñada Ana). Seguramente sea la ventura que arrastro por un inevitable carácter anarquista. Soy consciente de su linaje utópico, pero no mayor que el del comunismo científico o el de la democracia liberal. Consecuente con esta actitud, enfatizo la libertad como elemento constitutivo, esencial, del hombre.

Hace escasas jornadas regresé de un periplo por el pirineo leridano. Cincuenta años atrás realizaba parecido itinerario por aquellos lugares verticales, flotantes, inagotables, que dejan siempre un grado de insatisfacción. Ahora quise enseñar a mi esposa, además de a un matrimonio amigo, la abrupta belleza que ensoberbece al paisaje. Superados los feraces campos de Tárrega y sur de la provincia, fuimos acercándonos -entre pantanos, riscos e incursiones por tierras oscenses- a El Pont de Suert. Montamos el cuartel general al cobijo de la delgada, simpatiquísima y cercana señora Nati. Dueña del hostal, conservaba aún evidentes signos de un pasado hermoso. Nos impactó a todos.

A lo largo de dos días recorrimos Bohí, alrededores y valles. Practicamos un primer acercamiento, un saludo afable, la tarde en que llegamos. Recibimos completa información de cualquier pormenor, tanto referente a taxis todoterreno cuanto al conjunto arquitectónico de la zona. El nuevo día, diligente, fresco, húmedo, lo principió un taxi con cuatro parejas que nos condujo a un punto elevado del valle. Luego, caminata de hora y media -entre gozosa y dolorosa- hasta el refugio.

Casi un kilómetro de camino pétreo, penitente, nos llevó al lago Llong; una belleza a dos mil metros. El área -majestuosa, soberbia, relajante- bien valió la fatiga del ascenso, el calabobos intermitente y las cuatro horas del trayecto. Ida y vuelta. La tarde nos compensó con las visitas a Tahull, Caldas de Bohí y Erill la Vall. Iglesias románicas, casas de alta montaña (piedra y pizarra en descenso increíble) se turnaban con las aguas termales de Caldas, nombre estricto, justo y sustantivo.

El día siguiente nos condujo a Viella. Sometida a la hondonada, se levanta bizarra hacia Francia o el Puerto de la Bonaigua. Este, interminable, desnudo, vigila orgulloso los remontes que en el tórrido verano exhiben su inmóvil esqueleto al sol. Pero volvamos a Viella. Sin perder su fisonomía lugareña, cautiva a los espíritus sosegados y, a la vez, mundanos. Limpia, entrañable, incondicional, viene a ser parada obligatoria para viajeros que convergen en esta encrucijada de caminos. Olvidada -orográficamente rota- su fortuna ha sido crear esta entidad apasionante. Por puro azar conocimos a una cántabra deportista, extrovertida, campechana. Espléndida. Era la mujer del alcalde y diputado convergente. Cierro el párrafo con elogios a Arties y Salardú, dos magníficos pueblos gemelos con vitola de alta montaña. 

Bajamos serpenteando Bonaigua al tiempo que un grupo muy diseminado de ciclistas, algunas chicas poderosas entre ellos, subían purgando aquellos erizados repechos. Los esforzados, según supe después, iban de Tossa de Mar a San Sebastián. Acomodaban, asimismo, dos jornadas al Tour. Kilómetros más abajo, superamos Esterri D’Aneu y, a la altura del Pantano de la Torrassa, iniciamos la subida a Espot. Nos hospedó un hotel cuyos propietarios, Josep y Ana exudaban afabilidad. Una química especial entre ellos y nosotros se estableció al punto. Años atrás, los actuales reyes habían utilizado aquellas instalaciones. Sobre la repisa de recepción destacaba un testimonio gráfico que daba cuenta explícita del acontecimiento.

Entrada la mañana siguiente, con las manos expertas de Ricard coronamos, en Land Rover, el lago Grand d’Amitges (casi tres mil metros). Muy ufano, nos comentó que la bajada hasta el lago San Mauricio -quinientos metros de desnivel- era coser y cantar. Una vez reinstalado cada órgano en su sitio -la subida pedregosa fue una auténtica batidora- emprendimos la bajada por un sendero, medio metro de anchura, que recorrimos casi despeñados. El paisaje era espectacular. Nuestros ojos iban de arriba abajo. Franqueamos miradores, cascadas y variada orografía -siempre uno tras otro- hasta llegar al lago San Mauricio. Todo un remanso de paz. Extraordinaria experiencia. Desde allí a Espot nos bajó María, una valiente conductora.

De regreso a Valencia, pasamos Sort, Artesa de Segre, Tremp, Cervera, Igualada (aquí hicimos noche) y Montserrat, cuna del nacionalismo. Comimos en Monistrol, base del aéreo, y con las primeras sombras del quinto día pusimos final a nuestro peregrinaje que supuso una vivencia inolvidable.

Durante el viaje nos enteramos de los acontecimientos que afectan a la familia Pujol; un padrinazgo de película. No me causó ningún asombro porque, conociendo un poco la Historia de España, de sus gobiernos y de sus gentes, puedo esperar cualquier cosa de unos políticos que han conformado en cuarenta años un monumento a la rapiña y a la corrupción sin límites. Pareciera que les faltara tiempo para generar su particular agosto, para atesorar un futuro bochornoso. Todo con el plácet, si no complicidad, de un pueblo indulgente que excusa la devolución de lo robado y alivia la cárcel para sus autores. Esto se desprende, al menos, de las reacciones ciudadanas.

Sí, a lo largo del periplo me he asombrado. Me han asombrado los paisajes soberbios, inigualables. Me han asombrado, sobre todo, las gentes que hemos conocido. Amables hasta extremos insospechados. Fácil la sonrisa. Siempre de oreja a oreja. He visto esteladas, sí. Pocas, pero algunas. Sin embargo no me encontrado con nadie que hiciera del nacionalismo, incluso moderado, bandera y menos bandidaje. Sin duda, pese a Pujol y no por él, ha sido un viaje asombroso.

viernes, 18 de julio de 2014

CUIDADO CON TOMAR DECISIONES DRÁSTICAS


Lo he proclamado en varios artículos. Soy escéptico por naturaleza, particularidad que llega al apogeo cuando se trata de doctrina política o religiosa. Si repasamos el devenir del hombre, estaremos de acuerdo en que las mayores aberraciones fueron cometidas por gentes escudadas tras bellos conceptos: libertad, igualdad, fraternidad, amor, religión, etc. Últimamente democracia. ¿Cuántos han sufrido persecución y muerte aferrados al dogma, a cualquier dogma? ¿Cuántos quedan por experimentar métodos y conductas tiránicas adscritas a lobos con piel de cordero? Vivimos una encrucijada excepcional. Los escollos capitalistas constituyen el reclamo apropiado para la aparición de personajes siniestros. Recordemos a Lenin, Stalin, Mussolini o Hitler. Todos ellos surgieron a la sombra de momentos penosos que no supieron suavizar tras millones de muertos.

Uno sale de la indigencia antes o después y lo hace sin zarpazos físicos. Puede que le acompañe algún abatimiento moral; nada definitivo. No obstante, se ignora cuál sería el infortunio que nos deparara un sistema opresor, sea nazi o totalitario. Ambos se aluden como regímenes de exterminio y de penuria moral. Asimismo, viejas y nuevas referencias originan dudas sobre supuestos éxitos económicos, pese al control absoluto de los factores que intervienen en el proceso. Es decir, semejantes sistemas garantizan falta de libertad, pobreza y muerte.

Esta cosecha es común a los pueblos sometidos, sean cubanos, venezolanos, coreanos, chinos o camboyanos. Un ejemplo de seducción social viene determinado por la frase entresacada de “Monarquía o Democracia”, obra de Pol Pot: “La monarquía es un vil postulado que vive de la sangre y el sudor de los campesinos. Solo la Asamblea Nacional y los derechos democráticos darán a los camboyanos un espacio de respiro… La democracia que reemplazará a la monarquía es una institución sin igual, pura como el diamante”. Su rúbrica la sellaron dos millones de muertos. El tirano pudo estudiar,  y empaparse de leninismo, en Paris gracias a una beca real. Aquellos años le sirvieron para cristalizar su sanguinaria revolución.

PSOE y PP, junto a un extravío que lo envuelve todo, son los promotores -al menos- de las horribles consecuencias generadas por una crisis extraordinaria. Zapatero no la quiso ver y Rajoy se empeña vanamente en protagonizar su remate. El dúo constata cierta vocación trolera, manipuladora y antiestética. Seis millones de parados, declive de la clase media, salarios de pobreza, justicia discrecional, indultos extravagantes y una juventud sin futuro hacen de este país un sabroso bocado para el populismo liberticida. La advertencia que transmitió el votante en las europeas a los partidos mayoritarios, ha caído en saco roto. Aquel “aprender la lección” no pasó de un voluntarismo fatuo o malicioso. Miran el dedo en lugar del objeto. Son muy cenutrios o nos entretienen con aquella disputa tópica, picaresca, y que le puso cuerpo Enrique Arbizu en el filme “Todo por la pasta”. 

No me extraña que el CIS atribuya a Podemos una intención de voto sorprendente. He oído a su líder en bastantes ocasiones. El análisis que efectúa es irreprochable. Nadie puede oponer razonamientos sólidos, rigurosos, para argüir lo erróneo de su diagnóstico. Le noto, sin embargo, divergencias notables entre palabras, arrebatos y obras. Aventaja en la brega a muchos de quienes se encuentran lejos de su órbita. Apunta una gran capacidad de adaptación, de confundirse con el terreno. A veces, un buen observador advierte ciertos tics que intranquilizan. Ocurre cuando no domina el pensamiento. Lo materializa -incapaz de someterlo al ámbito psíquico, pese a sus esfuerzos- en palabras cargadas de arrogancia, dogma ridículo, desafío y radicalismo antidemocrático. ¿Conjetura? ¿Realidad? Como siempre, el juez Cronos determinará si es un político idealista, un aprendiz de tirano o un jeta muy preparado y ambicioso. Sea cual el sesgo, pudiera resultar molesto para una sociedad ahíta de hostilidad.

Yo tampoco estoy de acuerdo con el horizonte inmediato. Es evidente que ni puedo ni  quiero cargar sobre mis anchas espaldas la misión salvadora de una sociedad bastante enferma. Además, no creo que alguien esté dispuesto a ello “gratis et amore” por muy humano y virtuoso que se presente. Prefiero facilitar puntos para una reflexión serena e íntegra. Luego, cada cual debe luchar a fin de conseguir un mundo mejor y más justo. Siempre que este desvelo sea sincero, cualquier providencia me parecerá ajustada a las expectativas sociales. Desde mi punto de vista, se hace necesario terminar con la podredumbre que paraliza el sistema. No sustituyendo unos partidos conocidos por otros sospechosos, sino ilegitimando a estos políticos culpables con la abstención total. Que se voten ellos, su familia y acomodados. Partidos democráticos sí, pero con otros fundamentos.

Si se me permite, aconsejo a mis conciudadanos que permanezcan alerta, que piensen los pros y contras de su decisión, que no se dejen engatusar por cánticos de sirena. Hay que exigir más democracia, más gobierno para los individuos y menos para esa élite política, sindical, financiera y judicial que prefiere detentar un poder contra el pueblo en lugar de ostentar un poder justo y equitativo; democrático. Al final -falto de estímulos pero con arrojo- pienso como millones de españoles hartos de tanta indignidad. Lo concreta y describe de forma plástica una frase poco caritativa: “o fornicamos todos o la puta al río”. La puta es España. Pese a esta disyuntiva y a un escenario favorable para el descalabro, espero que se imponga la cordura.

 

viernes, 11 de julio de 2014

SAN EXPEDITO, UN SANTO MUY INVOCADO




 
La historiografía creyente cuenta que San Expedito tercia en causas urgentes e imposibles. Apreciamos que, a lo largo de los últimos tiempos, viene haciendo horas extras. Hasta es probable que se haya contratado a estajo. Sorprende tanta abundancia de actividad en la España del paro. Sin embargo, esta coyuntura tiene una explicación simple. La podredumbre que ensombrece la vida pública y el apresuramiento de los partidos (sobre todo del PP) por ofrecer algún papel estimulante, no le permiten un segundo de descanso al paciente mártir. A su pesar, aparte de aclamaciones, recibe censuras por ese empleo dual no siempre bendecido.
Empiezo por la, presunta, última injerencia. El informe recorre todos los medios. Es una noticia no ya indecente e inconcebible sino abiertamente milagrosa. Un hijo de Pujol (Pujol Jr.) “cobró casi cinco millones por unos terrenos con valor catastral de novecientos euros”. El lector estará de acuerdo en que se hace necesaria la maniobra de San Expedito para cosechar semejante ganga. Un ingenuo interrogante importuna al ciudadano. ¿Actuará sin que la militancia, o aversión a ella, imponga límites al individuo? ¿Ofrecerá para todos el mismo rasero? Si la respuesta fuese afirmativa, implicaría barra libre en el rédito. Siendo realistas, deduzco que los negocios afectos a cualquier ciudadano corriente se encuentran huérfanos de tan ubérrima intercesión. Qué le vamos a hacer. 
No parece ser el primer caso. Conjeturo que tampoco será el postrero. Dividendo tan extraordinario le sirvió a Felipe González para vender una participación accionarial de trescientos setenta y seis euros, en la empresa tecnológica Oyauri, por trescientos diez mil en un mes. Se deduce, dados los escasos conocimientos del ex presidente en esta materia, que el pelotazo le vino por recomendación sobrenatural. Encima no precisó pagar comisiones ni otro tipo de emolumentos; es decir, lo recibió limpio de polvo y paja. Ignoro las miradas glotonas con que le obsequiara ese Carpanta llamado Hacienda. Recelo una mirada honesta -nada concupiscente- exclusiva para prebostes del régimen.
Algunos (se desconocen versiones en sentido contrario) no apetecen especulaciones inmobiliarias ni azares bursátiles. Menos temerarios, prefieren la actuación histriónica aunque precisen de catalizadores para adelantar el espectáculo. Tal escenario le afecta al PP. Pasados casi tres años de legislatura con magros resultados -si no negativos- el ejecutivo necesita una ristra de medidas económicas que disimulen el desastre. Todavía no tienen claro si se tramitarán como Decreto Ley o como Proyecto de Ley. No obstante, cada día es más evidente que estos señores del gobierno utilizan la estrategia nefasta de sus rivales. Ahora manipulan y practican la demagogia con la misma maestría con que lo hicieron ejecutivos pretéritos.  Ahora, ellos son “dignos” candidatos al Goya.
Es incierto que el entorno financiero de España permita disposiciones tiempo atrás desaconsejables. En realidad estamos igual o peor que hace meses. Así parece corroborarlo cualquier dato frío; aquel que aún no ha sufrido el efecto contaminante  de la cocina. Deuda y déficit disparados desmienten semejantes supercherías. Las prodigiosas mentes del PP cometen dos errores fundamentales: desplazarse hacia el centro izquierda e imputar a la crisis el desafecto de su electorado. Debido al primero, el PSOE explora el espacio de Izquierda Unida y esta tropieza con Podemos. Al punto, una fuerza folk se convierte en problema nacional. Solo falta que aparezca -cosa muy probable- un partido de derecha radical para finiquitar la sobriedad y espíritu pactista gestado, con esfuerzo, mediados los setenta del siglo XX. Constituye pura y simplemente el típico aldabonazo electoral sin estimar consecuencias a medio plazo.
Ni PP ni PSOE comprenden nada. A los votantes del PP les mueve un proyecto ideológico porque para ellos -gente de clase media  con escasos problemas económicos- la crisis es considerable pero no prioritaria. Anteponen principios éticos y valores sociales. Por el contrario, el partido se nutre de desideologización y concentra su empeño en protagonizar un imposible: acabar con la penuria. Tienen las elecciones perdidas. El PSOE, por su parte, desea nutrirse de doctrina cuando su electorado anhela soluciones económicas ya. Equivoca el camino de revivir algo semejante al Frente Popular. No acierta en la estrategia. Asimismo, tampoco él ganará las elecciones. Enfilamos hacia la italianización del país y, como se actúe neciamente, a intentos totalitarios de consecuencias nada tranquilizadoras.
Estoy convencido de que San Expedito, en estos casos, hará oídos sordos. De donde retirará in aeternum su mano virtuosa es del requerimiento perpetrado por juristas de ANC (Asamblea Nacional Catalana). Según ellos, una Cataluña independiente no se haría cargo de la deuda nacional que les correspondiera. A cambio, exigen el dieciséis por ciento del valor total de España. Es decir, reniegan del pasivo pero reclaman el activo. Que San Expedito y el gobierno, en su caso, les compensen con vales o cupones.
 



 

viernes, 4 de julio de 2014

FUERA DE ESPACIO Y DE TIEMPO


Debido seguramente a una deformación profesional, procuro como labor primigenia clarificar conceptos. El DRAE, en su tercera acepción, señala que santón es “persona, entrada en años por lo común, muy autorizada o muy influyente en una colectividad determinada”. Para mí, carecen de atributos loables pero les suscribo cierta capacidad de predominio. Al punto, advierto a estos santones políticos y mediáticos -tan agitados y rastreros tras la sorprendente acogida de Podemos- que no pertenezco a partido alguno. Tampoco formo parte de la élite sindical, patronal o financiera. Soy un escéptico docente jubilado que procura evaluar escenarios y personajes. Alejado de los dogmas, oculto mis ideas porque diferentes lectores, sin que yo pueda evitarlo, me adscribirán a su antojo. Imagino que ninguno acertará, pero esto es otro tema.

Quiero manifestar -ya lo hice en un artículo anterior- mi sintonía con el análisis que realiza Pablo Iglesias de la situación a que nos han llevado nuestros próceres. Cautivo de la misma firmeza, yo hubiera suavizado las formas. Discrepo en el tratamiento propuesto. Le descubro unas extraordinarias dotes para el púlpito, para conquistar una numerosa grey o feligresía, con la carga dogmática que ello implica. Ignora, no obstante, o no ha sopesado lo suficiente, las leyes que rigen la dinámica de masas -amén de poderes- en diferentes espacios y tiempos.

Como primera providencia, equivocó el caldo de cultivo a cuyo contenido acomodara su praxis revolucionaria. Al igual que una metodología específica jamás puede servir de refugio a distintos educandos, tampoco tienen demasiada aplicación general prácticas revolucionarias ejecutadas, con éxito, en puntos concretos. Los países emergentes, eufemismo que oculta el atraso del tercer mundo, ofrecen amplias posibilidades. Incluso para el experimento subversivo. Solo arrastran un dilema: la dificultad de extrapolar métodos y resultados a otras naciones sin conexión antropológica. En un mundo globalizado, la crisis y la miseria dinamizan el hastío hacia la clase dominante. Por el contrario, favorece con matices el triunfo de quienes -real o arteramente- alientan la revolución en su más amplia acepción.

España, que vivió días de vino y rosas tiempo atrás, se encuentra desahuciada. Sin embargo, considero inverosímil que pudiera prevalecer una revuelta marxista a fin de sustituir una economía liberal por otra planificada. Incluso procuran enmascarar estos proyectos totalitarios (venidos del castrismo o chavismo) facturándolos con la reseña “made in” democracias formales. Podemos, junto a su líder mediático, persigue sin ningún freno tomar el poder. Imaginan que nuestro país les ofrece alguna posibilidad. Aciertan, siguiendo las enseñanzas bolivarianas (nueva cara del leninismo en el siglo XXI), cuando analizan los equívocos que han ido minando la vertebración social. Yerran, empero, al obviar las circunstancias.

Sí, esta piel de toro, está madura; igual que lo estaba hace cien años y doscientos. Siempre se mantuvo proclive a cualquier lance por arriesgado que fuera. Dos siglos de Historia así lo certifican. Los políticos, antaño y hogaño, han gobernado de espaldas al pueblo cuando no abiertamente contra sus intereses. Es una constante. Ahora, la coyuntura mundial y dos ejecutivos para olvidar -los liderados por Zapatero y Rajoy- han traído una crisis económica terrible. Si a esto le añadimos el grave jeroglífico institucional propuesto por Cataluña y País Vasco, amén de la desvertebración social provocada, cualquier intrigante consideraría haber encontrado el momento ideal.

Pablo Iglesias conoce la incultura general -y política en particular- que atenaza a los españoles. Por eso pone al descubierto aberrantes fallos de los, hoy, colegas (así le emplazó el italiano presidente interino del Parlamento Europeo). Además, promueve sugerentes, imprecisos y huecos gestos aprovechando todas las plataformas a su alcance. Tiene prisa por atesorar gran cantidad de acólitos en quienes sublimar sus dogmas populistas y demagogos. Me interesa su discurso como analista político aunque todavía no le haya oído proponer ninguna salida realista, razonable. Eso sí, le sobran quimeras. A lo peor son conejos ocultos en una chistera cada vez menos mágica.

Sin duda tiene un estupendo bagaje teorético; domina la oratoria y el tratamiento audiovisual. Pese al esfuerzo, la coherencia deja mucho que desear y, poco a poco, quedan al descubierto infinidad de embrollos, así como una actitud intolerante e iracunda. Quien limita su estrategia vertebral a las maduras, ha de soportar con flema las duras. Si le oponemos el hecho inmutable de que estamos insertos en la Unión Europea, OTAN y otras instituciones supranacionales, hemos de concluir que esa revolución sugerida es un bello brindis al sol. El siglo XXI y el espacio euro-occidental determinan que sus formulaciones económicas solo serían viables con un régimen totalitario. Asimismo, observamos que estos regímenes no aseguran el bienestar de la población pero si cercenan la libertad individual. Mi lucha se centra en la erradicación de la miseria y de la corrupción, pero no descansaría hasta anular la falta total de libertad.

 

 

jueves, 3 de julio de 2014

BENICALAP: LA DERROTA DE LA PALABRA


Al fin. El poder vence, que no convence. Cuando en una democracia se impone la fuerza al discurso, este se fortalece al tiempo que aquella se debilita. Por supuesto, la democracia queda convertida en mero instrumento al servicio de una élite.

Benicalap, barrio olvidado desde hace años, constituido -a ojos del Ayuntamiento- por una sumisa casta de intocables, carece de las dotaciones mínimas. Deficiente en colegios, instalaciones deportivas, culturales y de ocio, se esfuerza por acomodarse a las que están lejanas o son insuficientes: sanidad y transporte público.

Hoy, siendo alcaldesa Rita Barberá, delegado del gobierno Joaquín Castellano y presidente de Casa Caridad Antonio Casanova, se han reiniciado las obras al amparo, desproporcionado por el número, de policía nacional y local. Persisten en el error. Benicalap, respetando barriadas y circunstancias especiales, no es Gamonal ni Can Vies. Le sobran motivos, pero también estética en el estilo y fe en la razón. Estoy convencido de que tal escenario lo presagiaban tanto responsables políticos cuanto adláteres necesarios.

Poco se puede apelar ya. Quedan reducidos caminos para encauzar esa meta propuesta. En este país donde la equidad del poderoso escasea, la sociedad se inhibe y la justicia cojea, queda como pobre consuelo -y sin ánimo de ofender- aquella paremia popular, restauradora, justiciera: “A cada cerdo le llega su San Martín” o esta otra más ortodoxa pero menos perceptible y plástica: “Al freír será el reír”.

Sí, construirán el complejo por las bravas a falta de transparencia. Pareciera que les subyuga un prurito en vez del tiento. ¿Acaso pretenden echar un pulso? ¿A quién? Ya, a sus demonios de momento; a una incógnita con el tiempo.