viernes, 1 de marzo de 2019

PURA ASTRACANADA


El DRAE, en su segunda acepción, indica que astracanada significa acción o comportamiento públicos disparatados y ridículos. La rotundidad del concepto deja al descubierto hasta qué punto destaca en él una burla tácita, supina, a quien recibe los efluvios del actor o actores. Porque el individuo capaz de generar dicha impureza será tachado, sin duda, de cínico -tal vez indecoroso y atrevido- pero quien tolera de una forma u otra tanto desatino extemporáneo bien pudiera denominarse inconsecuente. Resulta comprensible la doble raíz que violenta el desarrollo riguroso del proceso: temores nacionales e intimidaciones virtuales, en germen, provenientes del campo internacional. Las primeras carecen de sentido en un país democrático con separación de poderes, pues cualquier ataque a este principio deteriora, si lo hubiera, el crédito del personaje. Si acaso preocupa la reputación internacional, aunque nuestro basamento y fondo jurídico carece de corrección foránea legitimado por una soberanía popular.


Más allá de nuestras fronteras existen instituciones u organismos que gozan de la loa general aun presentando tachas e irregularidades notables. Siempre objeté, verbigracia, la legalidad de una ONU cuando el Consejo de Seguridad se encuentra viciado por el derecho a veto ejercido por cinco países. Parecida anormalidad aprecio en el Tribunal de Estrasburgo, conformado políticamente de forma impecable -en teoría- por jueces de los cuarenta y siete países miembros. Es decir, cada órgano e institución lleva aparejado suficiente lastre como para no inmiscuirse, salvo evidencias incontestables, en asuntos internos de cualquier Estado. Se evitaría de este modo afrentas que alarman a la opinión pública, poco ducha a la hora de diseccionar complejos vericuetos casi ininteligibles. Es prueba lógica de la discrepancia entre el difuso armazón reglamentario y el nítido abandono popular.


Conocemos cuantos intentos preliminares de desprestigio se hicieron al sumario jurídico abierto a doce políticos independentistas, presos preventivos casi todos, acusados de rebelión, sedición y malversación de caudales públicos. El inicio fue una reiteración obcecada de trampear el acto vertiendo los mayores sofismas que puedan imaginarse. Ignoro qué pretenden los reos a futuro, aunque la desnaturalización semántica -y sus propias declaraciones- llevan al Tribunal de Estrasburgo. Insisto, me parece desafortunada, porque ocurre, cierta indulgencia (hasta paciente) desplegada por el juez Marchena, presidente del Tribunal Supremo. Sí, ha llamado la atención a inculpados y testigos, pero con la boca pequeña, como si quisiera evitar algún toque de atención interno (inconstitucional y poco procedente) o externo, totalmente improcedente. Admito, incluso, que el señor Marchena tenga a bien exhibir un carácter grato, alejado de brusquedades y precipitaciones.


Respecto al histrionismo desplegado por los reos, incluso como táctica defensiva, merece la consideración de vergonzante. En personas normales, el arrojo mostrado cuando denigraron las resoluciones del Tribunal Constitucional, pese a numerosas advertencias de los servicios jurídicos, ha de ser revalidado siempre. Pero no, vista la probabilidad de pasarse varios años en la cárcel, han optado por un olvido bellaco, sorteando sin suerte el conjunto de evidencias axiomáticas aventadas por medios audiovisuales. Aquella representación inicial sirvió solo para mostrar desmayo, pavor, más allá de pretendidas justificaciones que ellos saben inútiles antes del indulto. Porque percibimos que, si Sánchez candidata con probabilidades, el indulto es condición sine qua non para conseguir La Moncloa. Seguramente es algo ya previsto, estudiado y apalabrado.


Testigos precisos han confundido la sala con un púlpito idóneo para lanzar sus proclamas dogmáticas a los cuatro vientos, donde habita una feligresía ahíta de mensajes subrepticios, o no tanto. Tardá, Rufián, Colau, Sáenz de Santamaría, Rajoy, Urkullu y otros, han relatado -algunos- “su verdad” después de trastear al tribunal. Baños, testigo de la CUP, se ha negado a contestar las preguntas de la acusación popular, personificada en Vox, excusándose por “dignidad democrática y antifascista”, premisa reiterativa y común a cualquier doctrina totalitaria. El señor Marchena ha propuesto como solución salomónica que la pregunta del señor Smith la repetiría él a Baños. Poco después, este también se ha negado a esa solución y ha sido expulsado de la sala bajo una sanción de dos mil quinientos euros. Lo mismo ha ocurrido con Reguant, también de la CUP. Demasiada paciencia para quien merece únicamente proporcionalidad legal.


Mención especial merecen las afirmaciones de los imputados. Turull dijo que “la DUI fue expresión de una voluntad política”, también lo fue la Constitución y la ley ordinaria; por tanto, no le exime de culpa ni de llevarse una pena que se corresponda con el delito. Rull imputa “falta de legitimidad moral al Tribunal Constitucional” para justificar el referéndum. Similar validez tendría si yo dijera que no reconozco legitimidad a Hacienda para que me reclame impuestos. Bonito discurso y retorcimiento semántico. Romeva, quizás padre del argumentario más consistente, aseguró que “el derecho de autodeterminación no es ilegal en España”. Cierto, la Carta Magna no hace mención expresa de ilegalidad puesto que remite a la Carta de Naciones Unidas en donde sí se reconoce tal derecho. Sin embargo, la resolución 1514 constata la incompatibilidad del mismo si tiene como resultado el quebranto de la unidad nacional. Por tanto, Romeva (el más inteligente en sus apreciaciones) tampoco tiene un asidero sólido jurídicamente.  


Faltan todavía muchas jornadas para dar por concluido el proceso jurídico y conocer los términos de la sentencia. Conjeturo que la parte más entretenida -esa que denomino astracanada- ya ha cubierto su camino. A partir de aquí resultará trabajoso que veamos un espectáculo semejante al ofrecido por reos y testigos. Quizás aparezca alguien imbuido de arrogancia o cinismo suficientes para seguir cautivando por lo irónico a los medios. Los ciudadanos, acostumbrados al pan y circo, nos dejamos arrebatar (una vez satisfechas las necesidades prosaicas) por la sátira que es el ingrediente intelectual accesible al pueblo llano. Sofismas con vocación heurística y severos laberintos jurídicos hastían al vulgo que, al borde de la paranoia, exige menos reserva y más holgura en estos rituales tan enmarañados. Total, ¿para qué?

viernes, 22 de febrero de 2019

TRAIDOR, INCONFESO Y MÁRTIR


Es evidente que el epígrafe le procura cierta convulsión al dios Crono, pues los hechos han ocurrido tal como indicaría una lectura inversa. Cierto, titulando mártir, inconfeso y traidor ajustamos cronología con realidad. El personaje, complejo, oscuro, opaco, vive envuelto en un bucle sin principio preciso ni final supuesto. He observado indudable paralelismo entre el relato de Zorrilla y los acontecimientos actuales, si restamos fatalidad al desenlace presente. A nuestro protagonista, al igual que el del famoso dramaturgo, le persigue un destino eminente pero incierto, riguroso, efímero. Ha querido burlar a los hados y estos se tomarán una venganza fría, justa, reparadora. Es difícil eludir las penas que conlleva quebrar el orden establecido, de forma contingente, por el propio destino -rasgando la lógica del caos- al tiempo que nos sumergimos en un laberinto instrumentalizado por ruindades sin freno.

Sánchez, ese figurante inmoral, fulero, mereció el martirio que ofrendaron en el ara quienes pretendían salvaguardar las esencias socialdemócratas. Elegido secretario general del PSOE por un error humano, quiso darle una entraña personal e intransferible. Se olvidó de aquella tarea que venía cumpliendo desde hacía cuatro décadas para mejorar la vida del ciudadano y conseguir su bienestar social. Prefirió seguir el sendero iniciado por Zapatero enfrentando la sociedad con dos objetivos: agarrarse al poder de forma duradera y ganar socialmente una guerra perdida, a la vez que olvidada. Tal empresa le llevó a realizar una política de cortocircuito con su simétrico en el gobierno. La dispersión creada fue debilitando un bipartidismo positivo, incluso con los altibajos producidos por discrepancias no siempre realizadas bajo un prisma de sana nobleza.

Probablemente no fuera justo achacarle la solidez con que aparecieron dos siglas para arrebatar parte del protagonismo político. Sin embargo, sí reconoció de facto la envoltura democrática que le proporcionó a Podemos, un partido con ADN totalitario. Dicha asunción, con el repudio indefectible de una sociedad moderada, junto al obstáculo que suponía Sánchez para formar gobierno, hizo recapacitar a buena parte del PSOE -sobre la deriva peligrosa a que lo avocaba- concluyendo con la decisión de hacerle renunciar en una Asamblea General ya famosa. Al tiempo, surgió la figura de David, ese mártir sin mancha, sosias del pueblo masacrado por el poder. Rajoy tuvo a su alcance un gobierno inmerecido, pero necesario para que el país no ahondara todavía más la crisis. Por fas o por nefas, aquella gestora, presidida por Javier Fernández, y el propio gobierno quedaron heridos de muerte. Surgía la leyenda del Ave Fénix.

Sánchez, destronado por la élite dominante del partido, escrutó las normas internas para elegir un nuevo secretario general. Un último cambio daba a los afiliados la posibilidad de elección directa. Contra todo pronóstico, ganó el defenestrado secretario. En una campaña total, recorriendo “hasta el rincón más pequeño de España con su Peugeot” (según las crónicas del momento), sedujo a base de proposiciones inconfesas, veladas por la inconcreción nacida del engaño, a una filiación raptada con relatos heroicos que ella misma provocaba con ingenuidad y desprendimiento. De forma artera, escondiendo su verdadero talante a unos y otros, empezó escalando la cima que ansiaba. Los escrúpulos no iban a constituir ningún obstáculo, pues estaba decidido a todo con tal de completar sus aspiraciones. Preparando un terreno que le era adverso, sembrando de nuevo falsedades, fue capaz de converger ideologías opuestas para desbancar a Rajoy.

Cuando llegó el momento de abonar el peaje convenido, expresa o tácitamente, empezaron a surgir disensiones dentro del PSOE una vez que Andalucía dejaba al descubierto una herida sangrante, mortal de necesidad. Si la fortaleza andaluza se desmoronaba después de casi cuarenta años, el resto de autonomías se verían atrapadas por similar terremoto. Sus presidentes declinaban ser pasto de alimañas para que Sánchez siguiera vanagloriándose unos meses. Empezó a sentir el sabor de la desilusión cuando, quizás demasiado tarde, se dio cuenta del pacto tóxico que le llevo a La Moncloa. Ubicarse en ella puede costar un alto precio, pues España, el PSOE y él mismo, se encuentran maltrechos. De momento, todos sus socios -tal vez a excepción del PNV- lo califican de traidor. Los independentistas, bastante ciegos, con mayor vehemencia. Ellos, no dan crédito a la actitud presente de Sánchez; yo, tampoco a aquella que le permitió entrampar a todos.

Traidor le llaman también quienes forman la “derecha trifálica” de la ministra Delgado o los “trillizos reaccionarios”, menos libidinosos, de Irene Montero. Sospecho que un alto porcentaje del pueblo español camine, asimismo, en la misma dirección. Hasta doy por bueno que tamaña etiqueta tenga similar rigor al “partido más corrupto de Europa” que se le colgó al PP como excusa para “robarle” la cartera. Detrás de estos asertos tan inclementes, se esconde un deterioro irreflexivo del sistema. El individuo, huérfano de soluciones, va respirando aire contaminado por quienes debieran purificar la percepción democrática. No obstante, ocurre lo contrario y esta caterva de indocumentados potencia su refutación de forma alarmante. No es un hecho novedoso, ni mucho menos, pues llevamos siglos sobrellevando semejante desolación. Describen un sistema esperanzador para, a poco, deslizarse al olvido ignominioso. 

Traidor o no, es un hecho incuestionable su nefasta contribución a la divergencia social e inoperancia gubernativa. El primer menoscabo nace de un afán renovado por llevar a sus últimas consecuencias la llamada Memoria Histórica, tan sectaria como marrullera. Una ley de género, bastante cuestionada por muchas mujeres que tienen hijos y por quienes se niegan a financiar y/o mantener chiringuitos diversos, así como algunas propuestas de protección del medio ambiente, no probadas, constituyen pruebas insuficientes para constatar un gobierno eficaz, operativo. Antes bien, diría que su eficacia -tras meses de experiencia ciudadana- es nula. De ahí el libro presidencial y la procesión de ministros que recorre las televisiones patrias, aun foráneas. Todo para nada ya que a Sánchez le quedan dos meses. Demasiados embustes y pocos resultados. Mártir, unos meses; inconfeso, siempre; traidor, puede que nunca. ¿Y qué?

viernes, 15 de febrero de 2019

AÚN PUEDEN PAGAR JUSTOS POR PECADORES


Cuando empiezo a escribir faltan algunas horas para que Sánchez decida si convoca elecciones ya o termina el resto de legislatura. Geniecillos grotescos deben haberse confabulado para hallarnos en este escenario verbenero, si no fuera perturbador. Los intereses políticos, lejos del bienestar ciudadano, se reducen a dos temas capitales, al decir mediático: el juicio a procesados catalanes y la convocatoria de elecciones generales. Considero que ninguno merece tan alta cualificación. Cualquier país democrático, que garantice separación de poderes, juzga a presuntos delincuentes sin entrar en consideraciones políticas o personales. Por otro lado, siguiendo la norma preceptiva, las convocatorias electorales se realizan cada periodo concreto y, en su caso, cuando lo decide el presidente. No hay nada extraordinario dentro del marco liberal, salvo el hecho de una resonancia excesiva cuyo alcance pudiera tener objetivos vitales para diferentes actores de la escena nacional.

Sánchez, desde mi punto de vista el peor mandatario en los últimos cuarenta años, alcanzó la cima del poder con embustes y disimulos. Aclaro, para evitar desorientaciones innecesarias, que tal constatación no resta indigencia, torpeza, ni venero corruptor, a sus antecesores -de ambas siglas- en el bipartidismo al uso. Como digo, Sánchez fue depuesto como secretario general del PSOE por su actitud refractaria a pactos de Estado con el PP impidiendo, a extremos insólitos, la gobernanza. Posteriormente, tras seducir y engañar al militante en unas primarias directas, alcanza de nuevo la secretaría general. Continúa poniendo obstáculos a fin de preparar una toma poco ortodoxa del gobierno que le niegan las urnas. Antepone su ambición personal a intereses ciudadanos y se embarca en una aventura compleja que, ante la inacción (probablemente cobardía) de Rajoy, termina por darle los frutos deseados.

Enreda también a partidos dispares (Podemos, ERC, PDECAT, PNV, Bildu) para ganar la moción de censura contra Rajoy y alcanzar su meta perseguida: ser presidente del gobierno, sin pasar por las urnas, a cambio de nada. Solo Podemos, en realidad su líder, ha recogido algunas migajas de la dádiva otorgada a Sánchez. TVE y la guardia permanente en Villatinaja, así apodada por algunos medios, forman parte de esas menudencias. A los demás, puede que ni agradecimientos. Eso sí, han observado una generosidad impropia del proceder político. ¿Acaso creían Torra y sus cuates que Sánchez se iba a mojar por ellos? Menos, una vez visto el desenlace de las autonómicas andaluzas. Cobayas o conejillos de Indias conforman un papel desagradable, traumático, casi esperpéntico. Ahora, cuando crea llegado su momento, intentará engañar al pueblo español. En las dos veces anteriores no lo consiguió; esperemos que tampoco lo logre la próxima.

Rechazados los presupuestos, se planteaba una “duda metafísica”: ¿cuándo convocará el presidente nuevas elecciones? Tiene ante sí varias papeletas difíciles. Él ya ha asegurado su bienestar económico a costa de varias víctimas; la primera España, después el PSOE y, para terminar, Susana Díaz. Podría agotar legislatura para atiborrarse de endiosamiento mientras llena de oropel a decenas de miles que viven del erario público. ¿Y si no? He aquí el dilema. Podría convocar antes, en o después de las europeas, autonómicas y municipales. Antes, haría un favor a los barones territoriales porque la sociedad condenaría al falaz Sánchez, con todo merecimiento, y únicamente él expiaría los inmensos deslices cometidos. En mayo o después, sus yerros los pagaría él igualmente pero también afines ahítos de gula. Si fuera justo, humilde y sensato las adelantaría, pero me temo que le suponga demasiado sacrificio.

Conocida la fecha electoral, tras un mitin que he abandonado ante el aprovechamiento extemporáneo e ignominioso, concluye aquella duda mordiente. Sospecho que (con la debilidad política atesorada tras dos derrotas a sus espaldas) barones bien colocados electoralmente le habrán puesto las “peras a cuarto” para evitar que pueda repetirse el inesperado desastre andaluz. Al final, hará de la necesidad virtud. La pretensión abusiva, desordenada, de un saltimbanqui difunto no puede poner en riesgo el futuro del socialismo autonómico. Como añadían los romanceros, que al filo de los cincuenta arañaban horas al individuo ocioso con leyendas épicas, cómicas y tremebundas, “aquí termina la historia”. Porque Sánchez es pasado en funciones, ya que nunca fue presente real. Toda la gloria desmenuzada antes de descubrir la fecha electoral, meollo de una intervención fullera, se reduce a vanas intenciones impostadas: exhumación de los despojos de Franco, fervor feminista y protección medioambiental. El resto, narrativa fatua, señuelos de un farsante.

Esta coyuntura ha desbordado el buen juicio, la mesura e incluso las formas. Unos y otros han encontrado en la inmoderación un alimento idóneo para su empeño. Ardores, pasiones desatadas, recluyen sin dificultad los procesos racionales dejando un rastro ingente de auténticas necedades. Tardá, verbigracia, se preguntaba cómo “se puede impedir el derecho democrático de autodeterminación”. Una falsedad, aunque se repita mil veces, no se trocará en axioma jamás. El despectivo e intrigante político sabe que esa singularidad es inconstitucional y que la ONU aprueba su práctica solo en países sometidos o colonizados. Sí recoge la Carta Magna el derecho que asiste a todos los españoles para intervenir en asuntos que afecten al interés nacional. Irene Montero va más lejos al defender una mesa de diálogo con los partidos que apoyaron la moción de censura para “elaborar un proyecto de país”. ¿Proyecto de país con medio país fuera del proyecto? Pido cordura, rigor.

¿En qué estaría pensando la ministra de justicia cuando aseguró que PP, Ciudadanos y Vox, conformaban “la derecha trifálica? Hasta el veintiocho de abril, estos partidos sufrirán continuados ataques de siglas mucho más radicales, corruptas e ineptas que ellos, pese a ecos impíos de orquestadas maniobras mediáticas. “Obras son amores y no buenas razones” advierte una sentencia popular. El pueblo conoce el percal de cada uno y confío en que no se deje engañar por estos siniestros; sin embargo, auténticos diestros. Las encuestas, una vez más, se ubicarán por los Cerros de Úbeda. Hartazgo y asqueo pueden deparar sorpresas notables. Entre tanto, me mojo y digo que Sánchez quedará descabalgado; mejor dicho, desfalconado.

viernes, 8 de febrero de 2019

FALSOS PATRIOTAS


Patriota, indica el diccionario, es persona que tiene amor a su patria y procura todo su bien. Jaume Perich decía que “hay dos tipos de patriota: el que ama a su país y el que ama al gobierno de su país. Lógicamente los gobiernos consideran más patriota a estos últimos”. El actual marco político español brinda la posibilidad de analizar, in situ, quién asume tan ligera concepción y quién admite la figura contraria: antipatriota o falso patriota. Parece que quienes tienen claro todo protagonismo son los políticos divididos en dos bandos irreconciliables. Al personal de a pie, le cuesta advertir con qué bando se siente más concernido cuando, a la postre, antes o después, todos han cometido parecidas felonías. Tal vez se salven aquellas siglas recién llegadas al panorama político nacional. Pese a todo, jamás se había llegado al momento absurdo -amén de temerario- en que nos encontramos, de cuyo arranque mediato pocos pueden eximirse.

La actualidad nos muestra descarnada el momento peliagudo, terrible, en que está envuelta España. Los que ahora se acusan recíprocamente de ser responsables lo son; pero no uno u otro alternándose, sino los dos a tiempo completo. PSOE durante cuatro legislaturas, incluso con mayoría absoluta, dejó cuantiosos pelos en la gatera por sembrar pactos -al ser preciso- con los nacionalismos catalán y vasco. Instituyó un método o privilegio que vino bien a Aznar, su sustituto en el gobierno. Ambos concedieron excesivas competencias, principalmente educativas y sanitarias, que  permitieron adoctrinamientos en masa y uso partidista de las mismas. Cuando alguien argumenta (para justificar actuaciones poco patrióticas, e incluso ilegales) que se han utilizado mediadores, ahora “relatores”, sin distinción de siglas, los afectados oponen que el nacionalismo entonces no era independentista. La Historia muestra que, al menos el catalán, lleva siglos optando por una independencia más o menos veraz.

Cierto es que también los partidos políticos tienen derecho a evolucionar. La socialdemocracia siempre ha defendido un Estado jacobino, centralista, unido, fuerte. Parecidos ahíncos han mostrado regímenes conservador-liberales. Sin embargo, nuestro PSOE -tras Felipe González- se ha radicalizado convirtiéndose en sosias de aquel que llevó al enfrentamiento civil hace ochenta años largos. Ignoro si es debido al intento de ganar socialmente una guerra perdida o forma parte de la absurda venganza hacia un país, instigando el disparate y su lenta destrucción. Tal vez constituya la obra diabólica de dos presidentes ínfimos, necios y hasta perversos. Zapatero y Sánchez, diferentes en cuanto a maldad política, han roto cualquier vestigio de moderación, de entendimiento con el contrario, ideológico, en aras del bienestar ciudadano. Entre cordones sanitarios (Pacto del Tinell), estigmatización del PP y ofuscaciones varias, abominaron realizar auténticas políticas de Estado. Veremos el peaje que le tocará pagar.

Pese a todo, el PP me sorprende. Clava aquel viejo refrán: “Después de irse la liebre, palos a la cama”. Es patético testigo de su propio proceder. Ahora, en la oposición, todo le parece desastroso, olvidando que tuvo mayoría absoluta para derogar ciertas leyes que hoy critica. ¿Por qué el PP pasó en cuatro años de tener ciento ochenta y seis diputados a solo ciento veintitrés? ¿Precisa el señor Casado que se lo indique yo? Le sobra razón, pero le falta autoridad moral; pues habla en nombre de un partido que es imposible renovar en ocho meses. Los individuos pueden arrogarse las bondades que quieran; no obstante, los colectivos suelen ser más lentos a la hora de adquirir el crédito necesario, imprescindible. Un político perspicaz, cauteloso, debiera tener algo más de cuidado con sus manifestaciones para evitar futilidades que llevan al hazmerreir y desdén intelectual. De todas formas, hay diferencias notables entre PP y PSOE.

Sánchez, paradigma del antipatriota, pretende enrocarse en La Moncloa al precio que sea, sufragado por los españoles. Conocidos esos veintiún puntos que el gobierno catalán exige al presidente, difundidos por Torra ante la cobardía del nuevo literato, se ha iniciado una polémica desaforada por el vocablo “relator” que pervierte el papel del “observador” internacional propuesto por la “mesa de partidos catalanes” con ausencia de PP y Ciudadanos, a la sazón el más votado en Cataluña. Superado el titánico esfuerzo de la ministra Calvo por hacer inteligible un galimatías (torpe intento), el resultado fue insatisfactorio incluso para algunos barones y miembros destacados del propio PSOE. Realmente es complicado digerir cómo una doctrina jacobina, solidaria, que propugna igualdad de derechos y deberes tolera siquiera la pérfida maniobra de plantear el desgarro nacional. Sánchez ha patrimonializado el partido para su propio interés.

Bergamín sostenía con acierto que: “Detrás de un patriota hay siempre un comerciante”. Por este motivo, la diferencia entre los independentistas catalanes, Sánchez y adláteres con respecto a PP, Ciudadanos y Vox, es que aquellos pretenden un beneficio personal, aunque se quiebre la unidad de España -garantizada por la Constitución- y estos un fruto electoral, también sometido a intereses personales, para mantenerla unida. A la escandalosa propuesta de Torra, risible por delirante, atendida con rubor por Sánchez (en principio aceptando un “relator”), responden los partidos de centro derecha con la convocatoria fructífera de manifestación en Plaza Colón. Es curioso que cuando la derecha hurta protagonismo callejero a la izquierda, esta se carga de razón e imputa a aquella los males provenientes del odio y la crispación. ¡Ay!, cuán corta resulta a veces la memoria.

Gruesos calificativos, no exentos de sentido, parten de los medios audiovisuales y se leen en la prensa escrita. Porque, también ahora, el cuarto poder quiere dejar su impronta ajustándola a filias y fobias recreando una opinión pública sujeta a rentas espurias. Mientras algunos recriminan, entre la justeza y el agravio, procederes inesperados, insólitos al menos, otros jalean el esfuerzo dialogante del ejecutivo. Hay quien afirma la imposibilidad de acuerdos para, a renglón seguido, proponer salida a los desacuerdos. En fin, toda una gama amplia de voces contrapuestas que llenan el espacio de ataques y loas envueltos en osados argumentos. Llega la hora de perturbar la paz judicial, quebrantada por acordes musicales que se escuchan tras el biombo de los presupuestos. Hemos topado con una caterva de políticos felones, de falsos patriotas. Por cierto, los patriotas no hacen teatro, odian la farsa.

viernes, 1 de febrero de 2019

TRILLIZOS, MELLIZOS E HIJOS ÚNICOS


Desde luego, ahora mismo, ni como maestro jubilado ni como padre de cuatro hijos siento ninguna atracción por diseccionar la problemática surgida en parejas con diferentes retoños alumbrados a lo largo de su convivencia. Tampoco interés relativo a qué métodos educativos resultaran idóneos, desde el punto de vista psicológico, para conseguir darles una esmerada formación. Se insinúa, basándose en casos concretos poco consistentes y acientíficos, que los hijos únicos suelen tener una infancia y juventud sin disciplina sometidos a un exagerado afán de cuido, blindados al temor de su pérdida. Supongo que esta posibilidad pueda desequilibrar el primigenio plan de cualquier progenitor rendido a tan desgraciada contingencia. Qué decir de aquellas parejas encadenadas al atribulado, aun gozoso, parto doble. Tres retoños de golpe, solo imaginarlo, me crea inquietud.

Inicio semejante prólogo para lucubrar sobre cuestiones candentes de la vida política a cuyo rescoldo aparecen trillizos, mellizos y, como cosecha propia, yo añado hijos únicos. Podemos cabalga, según costumbre inveterada, junto a la farsa populista. Ahora, han fabulado el eslogan-consigna de apodar a PP, Ciudadanos y Vox, “trillizos reaccionarios”. Semejante adjetivo seguramente será ininteligible para un alto porcentaje de la población audiovisual. Ignoro la causa, pero estos expertos publicitarios yerran al cambiar “trillizos fachas”, verbigracia, que todo el mundo interpretaría correctamente, por un “reaccionarios” casi inaccesible. Observo que doña Irene, gendarme de alto rango para el gobierno, sigue acopiando lastre semántico a consecuencia de su reciente maternidad. De “mellizos” surge con desenvoltura y mansedumbre “trillizos” cuando en circunstancias diferentes hubiera utilizado “trío” u otro sinónimo. Es evidente que la señora Montero sigue el rastro de Ortega (Gasset, en este caso) respecto al perspectivismo.

Filias o fobias tienen un componente clarificador de sentimientos que surgen naturales, tal vez espoleados por intereses fraudulentos. El sincretismo que deja entrever “trillizos reaccionarios” exhala un temor incómodo, insalubre. Sin la existencia de Vox, probablemente Andalucía estaría gobernada por PSOE y Podemos, mellizos con fauces turbadoras, de gula lasciva, insaciables. Hoy, Podemos constituye el bastión de Sánchez que devuelve favores brindando generosas privanzas a sus líderes, otros “mellizos” que duermen a pierna suelta vigilados por esa Guardia Civil tan vilipendiada. A poco, dentro de unos meses, Sánchez y Pablo M. Iglesias constituirán un olvidado apéndice lesivo que pudo producir la perforación del intestino nacional. Sin embargo, el efecto quirúrgico de los “trillizos reaccionarios” evitará tan grave peligro. España se sentirá segura mientras desaparece aquella amenaza provocada por unas siglas que inmolan su ética virtual en aras de una casta real. Cuánto daño hace soberbia, ostentación e incoherencia reunidas y sin freno. He aquí la verdadera reacción recelosa de perder su estatus burgués.

No obstante, hay quien prefiere ser hijo único, gozar del privilegio no compartido con nadie, parecerse a esas siete capillas distinguidas -abrazadas al ábside de la catedral conquense- rotulada alguna con las palabras-mensaje “Unum et septem”. Pablo M. Iglesias, anhelante asaltador del cielo sin previa retribución democrática, se queda sin esperanza y, hostigado por el averno, se conforma con las migajas sobrantes de esas Bodas de Camacho que entraña la política española. Errejón apura, finiquita, el proceso funerario de un suicidio estúpido. Villatinaja supuso el vacío al que se arrojó con entusiasmo pueril. Ahora paga cara su irreflexión, su actitud vanidosa e inmoderada, viendo como la, también engañosa, humildad del amigo (actualmente competidor) hechiza incluso a las primigenias huestes que le dieron aquella victoria lejana en Vistalegre II. Presentar candidatura propia a la Comunidad madrileña provocará la muerte traumática de Pablo M. Iglesias y el retorno egregio de Errejón. Tiempo al tiempo.

La debacle de Podemos ha ocasionado dos víctimas colaterales. El PSOE aparece como primera y principal, no ya como partido sino también, y de forma conjunta e irreversible, del veleta señor Sánchez. Ambos (PSOE y Sánchez) aspiran, como solución exclusiva, a un tripartito -no trillizos- extraño, quimérico, conformado por ellos (tronco generatriz), Ciudadanos y Errejón revestido de Más Madrid. El segundo cadáver, y no menos importante, sería el propio partido naranja cuya disyuntiva le ofrece muerte, si apoya al PSOE, o menoscabo, si armonizara con Vox una hipotética terna gubernativa. Este conglomerado iluso tendría opción si Sánchez se evaporara y apareciera alguien más centrado, menos dispuesto a desenterrar fantasmas, mientras su esfuerzo tuviera como objetivo consolidar, de verdad, el Estado Democrático y la defensa de los intereses ciudadanos tan ajados en los últimos gobiernos.

Yo, lo oteo claro. El hijo único (Pablo M. Iglesias) quedará muy tocado, sin patrimonio social, quedándose como heredero pleno Errejón, legitimado por unos resultados electorales sorprendentes. Asimismo, los nuevos mellizos -Sánchez y Errejón- precisan el voto imprescindible de Ciudadanos que no debe concedérselo, salvo defunción anexa. Estoy seguro de que Sánchez no puede llevar a Errejón al ara sacrificial, que haría gustoso si le fuera en ello la presidencia. Viceversa, presenta los mismos inconvenientes, con la salvedad de que Íñigo, sospecho, sería incapaz de hacerlo sin apreciar motivos perentorios e imprescindibles. Queda, como medida airosa e inmediata, un gobierno protagonizado por los mencionados “trillizos reaccionarios”. Desde luego, quizás no sea el ideal, pero no hay otro posible.

Las fidelidades en política no existen, manda el poder y sus privilegios. Desconozco si Podemos desaparecerá con el resurgimiento de Más Madrid, que nucleará la izquierda madrileña para posteriormente absorber toda ella. Carmena y Errejón tienen gancho nacional y, abandonada la seducción mediática de Pablo M. Iglesias, pudieran socavar o transfigurar una sigla hedionda, arrastrando en la caída a un PSOE desorientado, postizo. Es decir, los dos mellizos de hoy, Sánchez e Iglesias, consumarán su viaje al abismo arrastrando a sendos partidos que les sirvieron de excusa para detentar un poder inimaginado. Mientras, aquellos trillizos malditos recibirán un gobierno ratificado por el ciudadano, democrático.

viernes, 25 de enero de 2019

RUEDAS DE MOLINO


Uno, que ocupa el eje de simetría entre los setenta y ochenta, tiene la experiencia necesaria y mente crítica para no comulgar con ruedas de molino. En realidad, hace años que dejé de comulgar con ninguna doctrina, sea religiosa o política. Esta particularidad mantiene mi intelecto libre de dogmas, mitos y sacralizaciones, que llevan siempre a pervertir el buen juicio, si no la acción. Por supuesto, lucubro ajeno a epítetos que pudieran dedicarme individuos o grupos por ser políticamente incorrecto, espontáneo, tal vez por descubrir espurios ingresos. Cuando alguien ve peligrar el acomodo económico, a lo peor “honores” que abarrotan el prurito del acomplejado, se vuelve grotesco, iracundo, agresivo. Días atrás, allá, al fondo, en la penumbra que cincela la sigla, aparecieron dos figuras débiles, según el tópico, desairadas, con armadura guerrera y soltando mandobles siempre a derecha. Sendas portavoces (“portavozas”) de PSOE y Podemos han puesto a PP, Ciudadanos y Vox como chupa de dómine.

El discurso experto de táctica militar afirma que “un enemigo hábil ataca donde más seguro cree estar”. Nuestra izquierda patria -astuta, pero deshomologada de la europea- se funde a marchas forzadas en el extremismo radical. Este PSOE, que algunos llaman “sanchismo”, por fas o por nefas casi se solapa con Podemos, apartándose de la senda comedida y democrática. No lo digo yo (latiguillo al uso por el personaje coletudo), lo dice Pablo M. Iglesias. Si un líder como él se proclama comunista, cualquier reclamo de moderación y democracia, son puros brindis al sol (que más calienta). Podemos tiene poco de moderado y nada de demócrata. La Historia lleva siglos constatando lo dicho en el punto anterior ya que es imposible negar evidencias empíricas, base del conocimiento, según Hume. Aquella seguridad, aun paradójica, les impele a llamar ultras, fascistas, asimismo nazis, al amplio abanico que se ubica a su derecha (siempre posicional) y por tanto opuestos a la “moderación y liberalidad que ellos representan”.

Denominar a Vox ultraderecha, si no fuera por la inquina envolvente, se ajustaría al léxico, pues ultra significa más allá. Suponiendo que PP fuera derecha, Vox sería ultraderecha. Sin embargo, quedaría aventurado, postizo, llamarle extrema derecha; menos si lo hace la extrema izquierda por antonomasia: Podemos. Un estudio riguroso de los rudimentos ideológicos, presentes en cada alineación política, concluirá que la derecha suele carecer de planteamientos intolerantes; mientras, la izquierda marxista aprovecha las crisis para resabiar a sectores sociales concretos y llevarlos al exceso. Sucede diferente con el predominio “moral” que la izquierda ha sabido introducir sutilmente en la conciencia individual y colectiva. No obstante, el hábito no hace al monje y estos doctrinarios, farsantes y dogmáticos, carecen de virtudes para ser tales.

Vox -fuera del contexto semántico- es un partido con encarnadura constitucional, democrática. Ni ultra ni, mucho menos, extremado pese al eco, lleno de tormento rival, que viene despertando desde que eclosionó en la campaña andaluza. PSOE y su socio imprescindible, Podemos, han visto diluirse su horizonte político e intentan sembrar semillas disgregadoras aprovechando complejos ancestrales del PP, amén de los flamantes que muestra Ciudadanos. Cuidado, no nos vayamos a estigmatizar, parecen decir uno y otro ¡Estúpidos! Aristófanes enseñaba que: “Los hombres sabios aprenden mucho de sus enemigos”. ¿Cuándo gobernarían PP y Ciudadanos, apoyándose mutuamente, si descartan la aquiescencia de Vox? ¿Qué hacen PSOE y Podemos, este último extraño (según lo expuesto) al paradigma de moderación? Estos, sagaces, van a lo suyo; aquellos, sin duda alguna, precisan elevadas dosis de sabiduría.

Los señores Valls y Macron se nutrieron como políticos en el Partido Socialista Francés. Ambos, a la postre, advirtieron a Ciudadanos -un poco también al PP- de la inconveniencia que supondría aceptar los votos “malditos” de Vox para quitarle el gobierno andaluz a Susana Díaz. ¿Alguien puede asegurar que a Sánchez le sugirieron alejarse del voto tóxico de Podemos, independentistas, nacionalistas vascos e incluso amigos del terrorismo, para quitarle la presidencia a Rajoy? Semejante sugerencia cobija un atrevimiento que roza menosprecio e ignominia, quizás intromisión dominadora, extemporánea. Ha sido curiosa, sobre todo, la reacción de Rivera plegándose retórico, medroso, a semejantes censuras. Luego, ignoro si en plan oráculo, dueño de sí o representando un obvio papel lucrativo, da pasos atrás difuminándolos mientras llenaba de humo la escena.

Casado parece tener clara la necesidad perentoria de apoyarse en Ciudadanos y Vox para alcanzar el gobierno de España. Si logra romper con diversas ataduras del pasado, si consigue el crédito dilapidado por Rajoy, será buena noticia para él mismo y para la sociedad española necesitada de honradez. El individuo medio sabe ya hasta donde llega Sánchez y todavía no ha olvidado a Zapatero y a Rajoy. Estoy convencido de que Casado será el próximo presidente. También lo estoy de que, si falla, la sociedad se vertebrará en torno a Podemos y Vox; mejor dicho, se desvertebrará. Alcanzaremos las absurdas cotas italianas saliéndonos del ruedo ibérico, rechazando la impronta problemática, pero válida, que nos ha servido durante siglos. Vuelvo a la Historia para insistir en que las crisis hechizan soluciones radicales, salvo imposición del sentido común.

Desde hace tiempo, pese a cánticos de sirena, tengo perfectamente razonadas algunas premisas irrebatibles. Los independentistas, verbigracia, no quieren conseguir la independencia definitiva porque todo su fundamento ideológico desaparecería. De la misma manera, el liberalismo busca una sociedad acomodada, rica, que le permita eternizarse en el poder. El marxismo, cuyo soporte es la crisis permanente, requiere una sociedad indigente, hundida en la miseria. Sospecho, además, que cualquier desviación ética, cualquier pauta corruptora, es patrimonio humano. Aceptadas estas premisas, nadie puede arrogarse protagonismos exclusivos en bondades, así como proyectar perversiones privativas, malsanas, adscritas inexorablemente a los antagonistas. Quien más, quien menos, conlleva como puede lacras y cualidades humanas. Va siendo hora de no dejarnos engatusar con ruedas de molino.

viernes, 18 de enero de 2019

MAÑANA SERÁ TARDE


Se veía venir; al menos, se esperaba que los abusos de un padre putativo acabaran por recibir la respuesta justa, pese a que algunos quieran calificarla de traición. Cuando ciertos personajes meticulosos terminan en el infierno, hasta este se pone en pie de guerra para subsanar las injusticias -tal vez aversiones- a que el dios del momento somete sin asiento razonable. Prima el atropello tiránico de quien se administra con enmarañados trastornos que se ubican junto a figurantes ególatras, altivos, vacíos. Solo religión y política condenan a feligreses de ambas al ostracismo si incumples el dogma, fe interpuesta por soplos espirituales ayunos de imaginarios racionales. Así, acatando alguna verdad efímera, obviando máscaras histriónicas (en ocasiones ignominiosas), van tejiendo una tela o red que termina por engullir sociedades incautas, quizás estúpidas.

Pablo M. Iglesias se ha equivocado de fórmula. El comportamiento humano no se rige por leyes físicas. Tampoco los usos sociales son eternos, intercambiables, ni tan siquiera son exactos. Ese es un error propio de indocumentados, ora por indigencia intelectual ora por prepotencia pomposa, inmoderada, fuera del momento presente. No hay peor fallo para un líder político que la desubicación histórica. Quien se queda anclado y pretende resucitar viejas tácticas sin medir los tiempos, corre el peligro de convertirse en algo obsoleto, tragicómico, vacío. Stalin purgó millones de conciudadanos, fundamentalmente a quienes consideraba rivales para seguir detentando un poder dictatorial. Sin embargo, todos perdieron la vida en el gulag o frente al pelotón. Nadie quedó para asaltar ningún “cielo”, menos aún para regalarse una venganza reparadora.

Cualquier caudillaje necesita para perseverar dosis de generosidad o de coparticipación. El conflicto surge cuando los egos atenúan la nitidez del rumbo a tomar. Egolatría y desencuentro caminan dando bandazos mientras impiden otra posibilidad que no sea, al final, chocar con obstáculos sembrados por ellos mismos auspiciando la aparición de magulladuras si no caídas penosas. Cuando varios individuos se embarcan en un proyecto cuajado de anhelos sociales o individuales, es ilegítimo el prurito personal que lleve a alzarse rompiendo conciertos. Cualquier ambición desmedida, todo proceso de endiosamiento personal, lleva a divergencias y posteriormente a disgregaciones. El colectivo es una unidad que debe perpetuarse. Modificar su naturaleza, principios originarios e incluso la equidad primigenia, lleva a planteamientos faltos de sustento y, por tanto, a divergencias irreconciliables.  

Primero fue Tania Sánchez que pasó del “cielo al infierno” sin solución de continuidad. Luego vinieron Luis Alegre, Íñigo Errejón y Carolina Bescansa, todos ellos cofundadores o políticos mediáticos, esenciales, de Podemos. Purgados, y Tania además confinada ignominiosamente en el gallinero del Parlamento. De los seis cofundadores ilustres de Podemos, allá por enero de dos mil catorce, hoy solo quedan dos (Iglesias y Urbán) y medio (Teresa Rodríguez) que patentiza libertad, amén de asiento autonómico. Innecesario aclarar que, en el fondo, existe como único ente visible y cesáreo Pablo M. Iglesias, debilitado ahora por la baja paternal o maternal masculina, ¿quién sabe? Sí, el aggiornamento, la imagen, el señuelo, que no decaigan. ¡Menudo chollo ha inventado! Por encomio personal y abuso va disminuyendo su amplitud y muchos, ahora hartos, tendrán que pasar penurias a no tardar. Pena.

Esa actitud insolidaria, cicatera y coronada por una incoherencia que se agrava con el “casoplón”, generó recelo en otros líderes y disgusto en las bases. Las encuestas predicen descenso considerable de votos. Un “sálvese quien pueda” ruge silencioso por las filas orientadas a la solana pública. Despierta, asimismo, el deseo de desquite en personas de indudable valía sometidas al imperio del capricho, aun del complejo. Errejón personifica ese portazo que también lleva el nombre de Tania, Luis o Carolina, aparte de un número indeterminado con responsabilidades públicas que les siguen por identidad; a lo peor, por dividendo. Sí, se ha abierto la caja de los truenos y no sabemos qué efectos tendrá a medio plazo. Temo que, tras Íñigo -a su sombra- haya un ejército de heridos con letales reivindicaciones para la cúpula, desguarnecida a la hora de soportar el efecto invernal. Quien hace mal, su parte saca.

La ruptura se ha materializado en Madrid, pero deduzco que todavía quedan pasos importantes por dar. Hoy son obsoletas formas y tácticas perpetradas, al principio del siglo XX, por la izquierda radical, totalitaria. Errejón, hace tiempo, ya venteaba la necesidad de un marxismo renovado, novedoso, racional. Herido e ilusionado cree que el método Iglesias zahiere, horripila, a gentes con buenos sentimientos que busca en Podemos una respuesta política inédita. La actual cúpula incita al desapego cuando el individuo analiza tanta paradoja, tanta divergencia entre dichos y hechos. Vislumbro que Más Madrid, fórmula por la que Errejón suma con Carmena para ganar Ayuntamiento y Autonomía madrileños, será la punta del iceberg a nivel nacional. Si no fuera así, dicho político tendría un eco sin armadura sonora, propondría una quimera vana, producto del arrebato onírico, rencoroso. Pese al éxito inicial, perdería la guerra

Estoy convencido de que se avecina un plan pluriautonómico y local con candidatos o equipos donde Errejón -junto a colaboradores y seguidores, armados de marca propia- aúne diferentes sensibilidades cívicas para presentar candidaturas en todas las circunscripciones electorales. Aparte, y sin que implique interferencias malquistas, se irá construyendo la infraestructura precisa para experimentar en el concierto nacional. ¿Es posible, pragmático, la existencia de dos partidos radicales a la izquierda del PSOE? No, pero sí uno definitivo que adecue modos y tiempos evitando caudillajes, dominios, extemporáneos, retrógrados, cismáticos.

Incluso convencidos de que Errejón sigue representando una izquierda extrema, muchos opinan que el talante, carácter asceta y equilibrio emocional lo hacen idóneo, pese a su falta de prestancia mediática, para dirigir esa izquierda avenida, respetuosa e inclinada al pacto con auténticas aspiraciones sociales. Urge tomar decisiones encaminadas a logar dichos objetivos, aunque parezcan complejos y lejanos. Queda poco tiempo. Mañana será tarde.

                 

viernes, 11 de enero de 2019

LA BERREA


El DRAE enseña que berrea es la brama del ciervo y otros animales en época de celo. Grito o lloro desaforado, principalmente de un niño, viene definido por el verbo berrear. Nunca estos lexemas habían tenido tanto eco hasta las elecciones andaluzas del dos de diciembre. Su resultado final arrebató catorce escaños al PSOE, seis al PP y tres a Podemos. Ciudadanos aumentó doce y Vox irrumpió de forma fulgurante en el Parlamento andaluz con otros doce. Esa misma noche, Susana debió berrear en silencio dado el semblante percibido cuando admitió su derrota. Imagino también la terrible tortura de miles y miles acomodados alrededor del poder. Podemos, al día siguiente, lanzó un berrido antidemocrático (¿acaso cabe otro?) induciendo a tomar la calle como símbolo y pujanza de “lucha antifascista”.

Vino luego un puente para ratificar la inacción navideña. Ya casi finiquitado el postrer año, se constituyó la Mesa del Parlamento encabezada por PP, Ciudadanos y Vox. Aquí, sin dar tiempo a iniciarse un nuevo año ni a concluir esas fechas magas e ilusionantes, se inicia la berrea. Teresa Rodríguez -es decir Adelante Andalucía, nomenclatura de Podemos- rechaza pactar con “la extrema derecha” para luego, sin remilgos dado el propio perfil, subscribir una vocalía solo con voz. El calificativo “extrema” me parece, cuanto menos, aventurado y, viniendo de Podemos, cínico. Los partidos extremados, radicales, pretenden romper el statu quo de un país. Este objetivo lo pretenden (a las pruebas me remito) Podemos, ERC, PDeCAT, Bildu, PNV y algún otro, incluyendo probablemente este PSOE. Todo lo demás comporta palabrería hueca, propagandística, embaucadora.

Como digo, terminadas las elecciones de Andalucía, una libido asexual, emotiva, vigorosa, impulsó una berrea implacable, agresiva, darwiniana, para reconquistar un harén figurativo lleno de trapisondas, mercedes y placeres inmensos, acopiado en casi cuatro décadas. Esa castración quirúrgica, ese coitus interruptus fulminante, produjo tal cúmulo de arrebato atávico que dio paso a cierta incredulidad razonable, quizás torpe neurosis. Sí, primero denota cierta aversión a la democracia cuando el pueblo manda hacer mutis por el foro, aunque se haya dado en épocas anteriores. Siempre que la sociedad compra su mentira, los políticos suelen rociarla con lisonjas; caso contrario, aparece un horizonte cargado de advertencias e insultos. Es decir, el individuo es inteligente cuando suscribe “la verdad revelada” y un necio, quizás un facha, si se aparta de ella. Más respeto, señores. Sean agradecidos; somos su maná.

A la berrea política le acompaña, complementa o guarda, una berrea mediática que sirve de encendida caja de resonancia. Ante este insano aplastamiento acústico podemos optar por dos subterfugios: apagar el medio audiovisual o colocarse tapones virtuales capaces de regular los decibelios recibidos. Ayer, verbigracia, leí en un digital “progre” el siguiente titular: “El gobierno de Macron avisa a Rivera y Casado por negociar con Vox”. Luego suavizaba el exceso con la auténtica noticia: Nathalie Loiseau, ministra francesa para asuntos europeos, había dicho que “las declaraciones de Vox sobre los derechos de las mujeres son preocupantes”. Diferencia sustancial, ¿verdad Escolar? Es una forma necia de sembrar el terruño de Vox porque encima ciertas manifestaciones, probablemente poco ortodoxas, suelen manipularse de forma voluntaria. El ardid se ha encarecido sobremanera.

Semejante berrea ha traído notables desafines y salidas de tono. Que mal les sienta el combate cuando su cornamenta se ve desarbolada porque, aun siendo más exuberante, empuja menos. José Luis Ábalos tuvo la osadía de expresar: “La derecha no tiene líneas rojas”. Mi compañero de profesión -si alguna vez ejerció como tal- demuestra poseer una memoria sietemesina, selectiva, ridícula. Hace ahora ocho meses, de ahí su fallo, Sánchez pactó con Podemos, independentistas catalanes, Bildu (todos ellos demócratas convencidos) y un PNV intrigante. El señor Ábalos desconoce con toda seguridad aquella sentencia castellana que dice: “No debe mentarse la soga en casa del ahorcado”.

Íñigo Errejón, acólito de Laclau y Gramsci, dejó la frase más inteligente -por tanto, menos comprensiva- de la orquestada berrea. “El bloque reaccionario está presidido por una voluntad de revancha al empuje por la redistribución y la democracia para pasar a disciplinar la sociedad española en el miedo y el odio”. Dos notas. Apodar reaccionario al bloque PP, Ciudadanos y Vox, es de una superioridad tan rancia como falsa, pues él de forma automática se ubica en la camada progre. Personalmente lo veo presuntuoso. Por otro lado, Laclau, Gramsci e incluso Korstanje (si hubiera alguna influencia de este último), eran investigadores, estudiosos puros de las dinámicas sociales, espíritus transparentes, mientras el señor Errejón queda contaminado (Lenin con el marxismo) por su pasión política. Irene Montero, mediocre, ramplona, anuncia cual falsa diosa: “Vienen tiempos de miedo”. Menuda primicia. Esta señora todavía no se ha enterado del hartazgo ciudadano. A decir verdad, tampoco la masa prócer ni analistas mediáticos.

Faltaba Echenique y su berrea: “Podemos es una formación democrática”. ¿Qué? Salvo yerro involuntario, ni yo ni la Historia conocemos un partido comunista democrático. El instinto marxista es totalitario y miserable; así viene constatado en todos los países que impera este régimen legitimado, antes o después, con violencia y sangre. Un apunte. Francia -cuyo gobierno era socialdemócrata- e Inglaterra (con gobierno conservador) reconocieron la legitimidad de Franco, no del Frente Popular, el veintisiete de febrero de mil novecientos treinta y nueve. Claramente le tenían más miedo a Stalin que a Hitler. Leer “Yo fui ministro de Stalin” (de Jesús Hernández Tomás, secretario general del PCE por entonces) puede dar idea del papel que jugó Rusia durante la Guerra Civil.

Ciudadanos -en esta berrea- ha mostrado más complejos que el PP, y ya es decir. Batiendo todos los récords del cinismo, Sánchez lamenta “la radicalización de PP y C`s” por el pacto alcanzado en Andalucía “con la ultraderecha”. Macron y Valls le someten también a presión y Rivera, absorto, embriagado por el éxito, responde a la altura de un subalterno y contra sus propios intereses. Estoy convencido de que solo él pagará tal agitación. Su falta de pragmatismo e inteligencia le costará caro, pues Vox representa, ahora mismo, el único obstáculo claro al tejemaneje ignominioso. Tiempo al tiempo.

viernes, 4 de enero de 2019

PINOCHO EL DEL CUENTO


No es casualidad que escritores y poetas sientan cierta inclinación por inmortalizar la idiosincrasia de su país. Nosotros, verbigracia, introducimos aquella picaresca -mitad audaz virtud, mitad depravación abominable- cuyos autores y textos mantienen un interés universal. El pícaro, su mundo, inspiró a grandes escritores del glorioso Siglo de Oro. Si se me preguntara si España es tierra de pícaros, mi respuesta sería afirmativa. Ello, en modo alguno, significa que no haya otros pueblos que compitan con nuestro añejo quehacer; incluso aventajarnos sin realizar enormes esfuerzos. Calidad y cantidad casi siempre caminan por sendas divergentes y la nuestra constituye un prototipo especial. Quizás abarquemos poco, pero en estos oficios somos auténticos artesanos.

Nadie se libra de etiquetas ajustadas o inmerecidas. Italia, según se comenta, es el país de las mentiras, tanto que un viejo sondeo cotejó casi cuatro millones al día. Semejante atributo, asumido desde hace siglos, inspiró a Carlo Lorenzini para inmortalizar esta rara peculiaridad escribiendo “Las aventuras de Pinocho”. Cuento protagonizado por una figura de madera que a cada mentira le crecía la nariz de forma ilimitada. Al final, destaca la nariz sobre el personaje. Su caricaturesco semblante no resta énfasis al mensaje que el autor quiso propalar con aspecto negativo, malsano, del avieso carácter latino. La Grecia trágica, histriónica, ha saciado -junto a Italia y España- el trípode del encanallamiento europeo, a la vez que su sueño inveterado de quimérica felicidad.

Mantengo que, allende fronteras, hay personajillos rastreros, serviles, divulgando competencias extrañas. Aquí, en este marco, somos muy productivos y encabezamos el ranking de extravíos propios -como es lógico- y ajenos. Considero un prodigio, entre épico y vergonzante, advertir el deterioro de territorios cuyos remotos logros culturales, militares, económicos e imperiales, han desembocado en miseria generalizada. España, Italia y Grecia ejemplarizan esa dinámica involutiva, infamante. Resulta curioso que las tres sociedades compartan, desde años inmemoriales, individuos ignaros confundidos por la noche y prebostes deslumbrados por un poder indigesto o mal digerido. Aquellos, a la postre, sintetizan menoscabos del conjunto mientras estos ocasionan su defunción so pretexto de discordancias democráticas.

Lo mismo que Lázaro y el licenciado Cabra extractaban ayer cualidades del pícaro, Sánchez, hoy, perpetúa la humanización de Pinocho. Una soberbia nariz tácita elaborada con caoba (madera noble) que requiere para ser su par, centra esa figura. Le repele el pino vulgar, laminado de railite o formica, pues vulgarizaría su linaje. Menudo palurdo. Decía Santiago Rusiñol: “De todas las formas de engañar a los demás, la pose de seriedad es la que hace más estragos”. Nuestra particular marioneta acumula años de farsa, de delirante pompa, consiguiendo rentas, aquiescencias, hipotéticamente alarmantes. Le sobra tanta afectación trascendente cuanta humildad y decoro precisa para transitar estos enmarañados senderos que serpentean el actual universo del político llano, tal vez codiciado estadista. Sánchez nunca alcanzará semejante gracia, lo impide su estulticia, pero sí le podemos exigir un mínimo de mesura y sobriedad.

Empezó mintiendo -nos enteramos hace poco- sobre su doctorado, ejemplo temerario e impúdico fronterizo al estajanovismo sindicado. Regla preceptiva para un comunista no muy convencido, pero practicante. El individuo, en estos regímenes, se considera pieza proscrita, penada por una “colectividad fraterna” que solo sirve como biombo excusable. He aquí por qué tanto interviniente. Engañó a los militantes que le dieron su confianza para ser secretario general del PSOE con la innoble misión de conseguir el poder y acomodar a cuantos deudos o afines hubiera cercanos. Enredó a catalanes independentistas, amén de vascos, ofreciéndoles dádivas imposibles. Sin embargo, Podemos le ha tomado medida a su codicia y es quien maneja el timón mientras invalida cualquier argumento opuesto al pacto PP, Ciudadanos, Vox, por presunta radicalidad del último. Nadar y guardar la ropa se divisa imposible con esta incipiente agudeza social.

Exhibe una fachada llamativa, deslumbrante, mientras su tortuosa encarnadura viene configurada por el disimulo, la estafa. Partiendo de un falso afecto destinado a la desahuciada presidenta andaluza, arranca ahora el anhelo de defenestración definitiva. Soberbia y venganza son también rasgos que rematan al personaje. Ladinamente espera el momento oportuno para, sentado fuera -a la intemperie del incontestable desvarío que le caracteriza- espera ver pasar los cadáveres de todos sus disidentes. Pocas ganancias les arriendo a Fernández Vara, García Page, Ximo Puig y Lambán. Al igual que en aquella frase célebre referida a Juan March, “o ellos se cargan a Sánchez o Sánchez se cargará a ellos”. Una predicción: si Pedro ganara las próximas elecciones generales, aquellos empezarían a exhalar un olor característico, fúnebre. Van a tener suerte porque tal hipótesis es imposible, se convoquen cuando sea.

En efecto, ha pretendido engañar a todos todo el tiempo y eso trae consecuencias. El balance de sus seis meses de gobierno acapara y resume las patrañas de una vida dedicada al sablazo. La frase clave: “Este gobierno en siete meses (no los había concluido) ha hecho más por la justicia social, la regeneración democrática y la modernización de nuestra economía que el anterior gobierno en siete años” (solo había gobernado seis años íntegros). Semejante quimera se responde por sí misma. ¿Qué de justicia social? ¿Permitir una migración luego abandonada? ¿Asimismo, denomina regeneración democrática al continuo oscurantismo del ejecutivo? ¿Quizás a la “premura” de informar que los gastos de protocolo ocasionados por Sánchez en su viaje a Castellón sumaron doscientos ochenta y dos euros con noventa y dos céntimos? Estamos frescos. Eso sí, en precisión no le gana nadie. De economía, mejor me callo.

Un proverbio judío asegura: “Con una mentira suele irse muy lejos, pero sin esperanzas de volver”. Ignoro si Sánchez conserva precedentes judíos, pero da la impresión de que conoce perfectamente dicha sentencia. Sabe qué le espera en cuanto convoque elecciones generales. Por eso, cuando alguien le pregunta si piensa adelantar los comicios responde sin dudarlo que su vocación es agotar la legislatura. Semejante obcecación encierra un oneroso peaje: el hundimiento de España y del PSOE. A Pedro Sánchez únicamente le preocupa Pedro Sánchez. El resto es embuste y cuento.

viernes, 28 de diciembre de 2018

DECISIÓN SALOMÓNICA


La arrogancia busca en vano la sabiduría, dictamina una clásica reflexión moral. Tras las elecciones andaluzas, aparte los resultados, el escenario quedó reducido a necia capa de soberbia insoluble con las decisiones dadas por ciudadanos hartos. Susana Díaz, desarbolada justamente, endulzó la derrota enseguida afirmando que ella había ganado. Voces amigas, también sumisas tanto políticas como mediáticas, empezaron a corear lo oneroso de un pacto PP y C,s con Vox, “ese partido de ultraderecha”. Era evidente que tan burda patraña (única treta posible para continuar utilizando, o mangoneando, el palacio de San Telmo) no surtiría ningún efecto. Pero la “virreina” andaluza -me cae bien, a la postre- sigue afirmando que desea inaugurar la investidura. Nulo esfuerzo.

Pese al ridículo disparate, siempre queda un poso de esperanza. Ignoro si tal virtud, evocada con delectación, lleva por nombre Albert Rivera o Juan Marín. Ambos a dos o de manera individual, empezaron negando pan y sal al partido que había conseguido doce diputados y cuatrocientos mil votos. Obcecación e indigencia política se adueñaron de titulares y noticieros. Una falta de acuerdo favorecería, sin duda, los intereses de PSOE y Vox en perjuicio básicamente de Ciudadanos. No ocurrirá, pero la posible repetición electoral hundiría al partido naranja a nivel nacional. Valls, el anodino peso político que esconde su fachada barroca (frágil ornato), deslumbró a un Rivera inseguro y con torpes complejos ocultos bajo pretendido fondo roqueño. 

Desde el día dos hemos asistido a todo tipo de teorías e hipótesis, algunas ramplonas y muy descabelladas. Nada extraño si tenemos en cuenta la materia prima que conforma nuestro espacio político. Hasta el nefando presidente Sánchez (no eres más tonto porque no puedes, le espetó Antonio del Castillo), mantiene curiosamente ahora -a las vísperas, cuya invocación inicial reza: “Señor, date prisa en socorrerme”- que debe gobernar la lista más votada. Susana aspira gobernar por ser primera fuerza. A su vez, Marín lo pretende porque ha crecido más que nadie. Argumentos hay para calmar y colmar cualquier pretensión, aunque parezca risible e infantil. Este triste epílogo tiene desconcertados a propios y extraños con sorprendentes empeños al embeleco.

Ciudadanos, preso de gratuito terror al orquestado infundio que le mezcla con la ultraderecha, proyectó una decisión salomónica: ofrecer a todos los partidos representación en la Mesa del Parlamento andaluz. Jugada perfecta para acallar las voces que le acusaban de cooperación con Vox. Sin embargo, se impuso una realidad ayuna de pragmatismo y reflexión. Adelante Andalucía (denominación que la desgaja de Podemos) despreció el aguinaldo navideño para luego quejarse. Tal renuncia ambiciosa -digo no, pero me gustaría decir sí y alzo una voz divergente con esa ultraderecha demoniaca- indica que la madre naturaleza olvidó darles un corazón sabio e inteligente. Quieren blanquear a toda costa, por supuestas razones a contrario, su propia y más intranquilizadora radicalidad.

Como mencioné antes, el arrogante busca en vano la sabiduría. A mayor escarnio, la vida política española se encuentra abarrotada de arrogantes. Este vicio no tiene protagonistas ni parangón; ocupa cualquier territorio y envilece a todo el combinado humano. No obstante, donde los efectos experimentan consecuencias trascendentes es en la gestión inútil, habitual, de políticos ignorantes. Peor aún, huyen -como alma que lleva el diablo- del sentido común. Exigirles sapiencia, cautela, aptitud, significaría pedir peras al olmo. Tal vez fuera conveniente no reclamarles nada porque si exhiben incapacidad, falta de ética, bochornosas patrañas e instinto delictivo, mejor dejar a ellos que apliquen y se responsabilicen del ritual.

Ciertamente, para gobernar no se precisa sabiduría pero sí sentido común. Las elecciones andaluzas carecen de impronta ilustrativa. Mucho antes de ellas sabemos que nuestro linaje político renunció a dicho sentido. Pero su inmediatez obliga a analizar ciertas manifestaciones y referencias. Callo las urgencias, por parte de Iglesias, a tomar la calle -junto a una sutil connivencia o asentimiento del presidente- al perder Andalucía y que ambos ocultan bajo ese postizo biombo levantado tras la “victoria ultrajante” de Vox. Aunque representen algunas decenas de diputados, nunca tuvieron demasiado crédito. Asimismo, Bonilla asegura que el Estatuto conformará la única línea roja en conversaciones preliminares; supera la insolencia propia de quien ha logrado mayoría absoluta para convertirse en dislate. Ciudadanos objeta cualquier acuerdo con Vox y este, en justicia, exige que se visualice algo su programa. ¡Cuidado!, demasiado ingrediente incompatible para tan escaso talento.

Ciudadanos, ignoro quien lo asesora, gusta merodear los abismos con paso vacilante, indefinido. Deduzco, por su trayectoria, que elude inflexible el papel de bisagra encomendado hoy. Queda lejano, quizás velado, el momento en que los votos le permitan encabezar una candidatura y necesitar apoyos de otras siglas, llámense PP, PSOE o Vox; es decir, partidos manifiestamente democráticos. Todo ello, me lleva a concluir que Rivera debiera sustituir fobias desdeñosas, puede que filias antojadizas, por madurez y praxis. Parece que el señor Valls -político paracaidista, intruso- marca estrategias, consignas, que deben cumplirse. Pese a ser primer ministro de Francia con Hollande, si acariciara una destreza rentable, provechosa, hoy presidiría dicha nación. Nadie debe olvidar que Macron, compañero en el gobierno socialista, le impidió formar parte de En Marcha. Él, sí lo conocía.

Finalizo con dos aberraciones opuestas a cualquier decisión salomónica, próximas a actitudes fanáticas. Me refiero a la injerencia política del juez Joaquim Bosch, portavoz de Jueces para la Democracia, respecto a Vox. Con gesto airado, casi belicoso, en una intervención televisiva, dicho juez realizó valoraciones excesivas, osadas e inciertas, respecto al partido aludido. Por su parte, el presidente hizo un balance no solo optimista sino hiperbólico de su gestión durante los meses que lleva al frente del gobierno. Entresaco una perla que dice mucho del buen señor: “He hecho yo más en siete meses que el PP en cinco años”. Delirante, psicótico. El pueblo lleva tiempo tomando nota como muestran las elecciones andaluzas, Comunidad a la que amenaza tras perderla el PSOE. Si no es pose, puede considerarse amago radical, autocrático, fascistoide.

viernes, 21 de diciembre de 2018

VIAJE A LAS CAVERNAS


Me produce repugnancia cualquier uso adulterado que hacen los políticos -sin distinción- del lenguaje. No conciben límites si tal exceso redunda en favorecerse con algunos votos fariseos, desleales, ruines, sin soporte. Consideramos correcto que todos, alternativamente, pretendan desacreditar al rival mientras lo hagan destacando vicios o errores incontestables. Rechazamos, no obstante, cualquier uso espurio del lenguaje (o la falacia continuada) para proyectar sobre el oponente manchas que exhibe su propio ejercicio público, incluso personal. Conocemos cuánta razón sobra a proverbios cuya enseñanza sugiere que habla siempre quien debiera callar por lucidez y equilibrio. Si la sociedad fuera cauta (aunque ello signifique pedir peras al olmo), los amigos del señuelo quedarían ilegitimados para representar con justeza y justicia derechos ciudadanos; es decir, su candidatura política sería incompatible. 

Permítanme un inciso de última hora. Al parecer, Sánchez y Torra -según Elsa Artadi- tendrán una reunión en la cumbre. Distinguidos intelectuales, avalados por notables currículos presidenciales y dada su trascendencia, ambos descartan el Palacio de Pedralbes (lugar previsto del encuentro) a la vez que impulsan como alternativa el Monasterio de Montserrat, algo lejano y abandonado ayer por un Torra anacoreta. Ello, probablemente, les urgirá a elegir el Parque de Atracciones del Tibidabo, promontorio menos elevado pero más cercano e idóneo para la finalidad que intentan conseguir.   

Un grupo “despierto” de asesores les indican que cumbre, en este caso, no significa cima, altura. Tal advertencia semántica permitirá una “reflexión profunda” y Pedralbes será elegido al cabo. Malicio que alguien pueda acusarme de hiriente e irrespetuoso. Craso error, les devuelvo la misma moneda con que ellos liquidan, metafóricamente hablando, al ciudadano. Si todos hiciéramos igual, sin considerar “amigos ni enemigos”, otro gallo cantara. Además, somos sujetos de derecho y pagamos su sueldo; motivo sobrado para exigir respeto (al menos, descartar bochornos), no al revés. Abandonemos ya ciertos prejuicios antidemocráticos.

De vuelta al tema que nos ocupa (renuncio a hacer sangre con los aforamientos), constato que abundan espeleólogos en todas las siglas patrias. Ubicarse en la oscuridad inmediata e histórica es acervo común; Podemos, titular hoy del testigo comunista, a mayor gloria. Sabemos -con suma nitidez- que ciertos partidos alimentan populismos y demagogias expuestos con ademanes amables, casi inmaculados. Precisamente son estos quienes denominan cavernícola al oponente de forma reiterada, hostil. Sus prisas por abanderar subsidios, las agresiones para apadrinar aquella falsa superioridad moral de la izquierda, mientras su gestión encierra efectos liberticidas y onerosos, causan desapego e indolente huida social.

Aparte tópicos oscurantistas, regresivos, que se atribuyen a la denominada caverna política, el eco también forma parte sustantiva de su entraña. No obstante, sería absurdo considerar oro todo lo que reluce. Para redimir semejante probabilidad, rascar la superficie y someter a análisis pelaje y apariencias es un método infalible que conduce a descubrir el fraude. No eximo a ningún partido de culpa, pero tengo la firme convicción de que izquierda y caverna -en cualquier aspecto- son sinónimos. Sin embargo, se ha instituido una cruzada maldita sobre la derecha. Supuestamente, protagoniza multitud de excesos y flaquezas, ni más cuantiosos, amorales, ni infames, que los mostrados por la izquierda. Apoyada por diferentes gobiernos, tal vez esa otra caverna mediática (parcial, ferviente, con pruritos progres) moldee una conciencia social haciendo oídos sordos a elementales exigencias deontológicas.

Epígrafe y texto ulterior entroncan sus raíces en palabras de Pedro Sánchez respecto a Andalucía: “Apelo a la sensatez de PP y Ciudadanos para no desandar, a costa de lo que sea, el camino de la igualdad y la inclusión social que algunos quieren transitar en su viaje a las cavernas”. Lo pide quien ha pactado con Podemos, independentistas acérrimos, filoterroristas y felones, esgrimiendo antitética gallardía entre dichos y hechos. “Dime de qué presumes y te diré de qué careces” es una realidad adscrita a nuestros próceres sin excepción. Cuanto más sirven a la palabra, cuando el compromiso se muestra circunspecto e intransigente, haremos bien en exigirnos un mayor plus de sutileza. Jamás demos por cierto lo que reclama reserva porque, en ocasiones, aprender del error resulta demasiado dispendioso.

Un eco cavernario subrayaba: “Objetivo de la censura fue sacar a España de la parálisis”. Cito el mensaje como ejemplo insidioso, compendio de manipulación política, farsa legal y manufactura ilegítima. ¿Qué se entendía por parálisis? Tiempo e indicios confirmarán ese acuerdo tácito mediante el cual Sánchez despega Cataluña y olvida una Constitución que juró cumplir. Semejante hipótesis constituye el fruto natural de una reunión umbría, furtiva, sigilosa, con perfiles cavernarios. Hubo dos novedades: Llamar al aeropuerto catalán Josep Tarradellas y rechazar la muerte de Luis Companys. Todo ello costó un millón de euros. Espero que esa factura, antes o después, la pague Sánchez y el PSOE. Lo enjundioso sigue oculto. ¿Caverna? ¡Qué va! “Ahí se encuentran otros”.

Siento una corriente nueva, un desatasque social, con horizonte límpido, clarificador. Estoy convencido, si acierto, de que les queda poco tiempo a quienes (políticos y medios) se mueven ágiles, seguros, en ese hábitat -mitad caverna, mitad cuchitril- virtual que unos y otros han habilitado con gran plácet. Resulta curioso que quien ocupa dicho escenario, y se mueve dentro como pez en el agua, prescinda de él haciendo recaer sobre otros su dominio. Se ha llegado demasiado lejos y España, ahora mismo, está en peligro. Aprovechemos la última oportunidad para tomar decisiones enérgicas dejando atrás nimiedades personales.

Nuestra sociedad -máxime adolescente- venera el becerro de oro y demás ídolos a costa de un pueblo pillado a contracorriente; putrefacto, quebradizo, tísico, tras ingente obra de ingeniería. Para llegar hasta este lamentable estado, han tardado casi treinta años. Desarbolada e inculta, la sociedad acepta lo que le echen. ¿Y aún se atreven a hablar del viaje a la caverna cuando llevamos tiempo metidos en ella? Merecen una contundente respuesta.

viernes, 14 de diciembre de 2018

EL SACO VACÍO



Hasta hoy, doce de diciembre de dos mil dieciocho, para conceptuar alguien inepto, ignorante, torpe, se utilizaba la expresión fresca -con certera carga paradójica- “vaya lince”. Sin embargo, esta mañana, enzarzados en usual sesión de control al gobierno, he escuchado algo que me ha impresionado favorablemente. Cierto interviniente afirmó: “Un saco vacío no se tiene en pie y usted, señor Sánchez, es un saco vacío”. Ampliando el paralelismo, PSOE y España son sacos vacíos ahora mismo; ninguno se tiene en pie. Sánchez se aferra a una retórica ineficaz, compensatoria, ante la inanidad que exhibe en su gestión gubernativa. Incluso la retórica clásica pretendía persuadir o disuadir al auditorio para convertirla en algo material, tangible, físico. Según López Eire, el retórico moderno prefiere lo teórico a lo prescriptivo. Como consecuencia, es imposible que el verbo de Sánchez se haga carne.

Tan excelente contribución lexicológica puede hacerse extensiva al Parlamento y, por ende, a políticos a granel, salvo contadas y honrosas excepciones. El presidente, pobre, centra con justeza cualquier maldad que encierre la reseña. No obstante, sería injusto si no agregara a tan alto protagonismo una comparsa privativa, asimismo aledaña. Últimamente la cosecha de vacuidades, buñuelos sabrosos y fantasías, viene generosa. Más, desde que populismo y demagogia se digieren sin ardores ni pasmos mentales pese al estigma que aparejan. Creo (constatado el delirio generación espontánea) en el papel estrella de los medios para diseñar tan “oportuno” escenario. Tal vez sean ellos quienes lo instauren mostrando también su saco vacío. A este paso, parece improbable localizar un colectivo -la ciudadanía ya se ve- cuyo embalaje sea firme, rígido, recio. Quizás fuera causalidad, pero inopinadamente Casado matizó, desde mi punto de vista, otro grave aspecto que está oprimiendo a España

Cuantos estamos al corriente del acontecer nacional, conocemos personajes cuyas manifestaciones, aparte de inmorales e ignominiosas, pueden considerarse un tributo al disparate. Sobran ejemplos y entresacaré algunos edificadores. Certificado cum laude en tesis doctoral, ligereza y rectificación, nuestro presidente es un adelantado farsante. Ha vivido, presuntamente, a caballo entre artificio y enredo. La farsa, tal vez algo de sino providencial, le ha permitido salir indemne tras acreditar su insolvencia. Descubierto y apartado por una ejecutiva harta de evidencias, engaña a los afiliados y vuelve a la secretaría general inusitadamente. Al entrever que su andadura política vetaba colmar ambición propia y deleite conyugal, realizó un pacto tóxico para echar a Rajoy. Engatusó a independentistas, presentándoles viable lo imposible, mientras horrorizaba a propios que temían -pese a supuestos esplendores- la muerte anunciada de un PSOE vano, acomodado a los vaivenes frívolos de un Pedro Sánchez chulesco, insolidario, verdugo.

Su basamento, a la sazón, concluye con Podemos, un partido extremado, radical, cuyo objetivo -más allá de buenismos impostados- es erigir una dictadura comunista en loor y gloria de la nomenclatura (aún me pregunto por qué a los gerifaltes comunistas les gusta vivir tan bien, como esos capitalistas a quienes tanto censuran. En realidad, conforman un capitalismo intervenido). No obstante, Podemos y PSOE entre otros, etiquetan a Vox de ultraderecha. Desde luego, poco o nada tienen que ver con Marine Le Pen mucho más cercana a Podemos que a Vox. Podemos es un partido antieuropeista y rupturista, además de mantener diferentes “fobias” muy bien disimuladas, igual que Agrupación Nacional. Por lo tanto, aquí casa como anillo al dedo la sentencia: “Dijo la sartén al cazo: ¡Quítate que me tiznas!”. Podemos es un ejemplo notorio de saco agujereado, vacío.

Existe una cavidad sin determinar volumen y llenado (Ciudadanos) que intercambia pasiones con otra hueca e infecta, al decir mayoritario (PP). Esta, mientras alternaba gobernanza con PSOE, exhibía continuos complejos frente a una izquierda petulante, impostada. Llega Casado y trastoca los papeles. Ahora PP se siente seguro y Ciudadanos irresoluto, acomplejado. ¡Pues no dice que él no pacta con Vox! ¿De dónde saca esa hipersensibilidad? ¿PSOE puede concertar con Podemos y vosotros os negáis a hacerlo con Vox? ¿Acaso Valls, mi tocayo, ha enturbiado vuestro cerebro o de consuno pretendéis dilapidar un capital político generado con esfuerzo y cautela? Gente hastiada del PP os vota con la condición de que el PSOE muerda el polvo. Es costumbre nacional, y lo sabéis, votar a la contra. Votan al PP, en mayor medida, para derrotar al PSOE y viceversa. Podemos, Ciudadanos y Vox, hoy por hoy son partidos bisagra, pero deben andar con cuidado -hasta “sorpasso”- salvo empeño de muerte dulce. Albert Rivera se juega su futuro en Andalucía.

A mí, al contrario que Podemos, Vox no me genera insomnio, ni intranquilidad. Advierto en él un partido democrático, amén de que sus postulados doctrinales puedan considerarse bastante rigurosos. Creo que se ha sembrado la especie de que una democracia debe ser moderada, solidaria, justa, igualitaria. Estoy de acuerdo, en parte, sobre todo si estos principios afectan a quienes llevan sobre sus espaldas al Estado; es decir, cumplen con las Leyes y con sus obligaciones ciudadanas. Necesitamos siglas que expresen lo que miles de personas maduran al calor del hogar. Cierto que la élite política tiene argucias para escabullirse. Semejante marco me lleva a considerar vacío el saco social. Contando con individuos dogmáticos, miopes, perezosos e insensatos, nos movemos entre la indiferencia y el encono. Verdad es que los medios, igual de hueros, han terminado por contagiar al país entero configurando una conciencia colectiva infecta.

Catalanes y políticos constituyen un dueto singular. Les acompañan un alto porcentaje de individuos cuyas características no precisan vocablos específicos, pues sustancia y actos dibujan su encarnadura mejor que cualquier epíteto al uso. Llegados a esta fecha, cercana al “curioso” consejo de ministros en Barcelona, no es que haya sacos vacíos, no; es que un yute deslavazado, disperso, anárquico, cubre Cataluña atiborrada, en gran parte, de perturbados oriundos y decorativos políticos forasteros alimentados, como dicen en mi pueblo, de aire y tradición unos mientras otros lo hacen con brindis al sol.

Calvo -vicepresidenta insólita, prodigiosa- ha conseguido la “Binidad” de Sánchez, es decir la nada bipersonal en una exégesis. Cuando le preguntaron por qué el presidente había cambiado de opinión respecto al delito de rebelión en cuatro meses, respondió: “El presidente jamás dijo que los políticos catalanes cometieran delito de rebelión. Lo dijo Pedro, pero no Sánchez”. ¿Es, o no, una salida para enmarcar? Ocurre, asimismo, que la cantidad exuberante de frases chocantes desmerece una demanda ridícula, pero meollo hay. Sánchez no es el único saco vacío, desde luego.

                    

viernes, 7 de diciembre de 2018

ELECCIONES ANDALUZAS, ULTRAS Y DEMOCRACIA


Suele decirse con profusión que no hay peor ciego que quien no quiere ver. Izquierda, incluso moderada, y poder forman un tándem irrazonablemente indisoluble. Por este motivo, cuando lo pierde genera -aparte solemnes agonías- maniobras peligrosas si no terribles en ocasiones. La Historia despliega múltiples argumentos, irrebatibles y perpetuos, que constatan dicha afirmación. Sobran, por otro lado, ejemplos recientes capaces de convencer al individuo extraviado. Necesita únicamente juicio crítico junto a mente abierta y lógica. Absurdo, trivialidad e intransigencia, son ingredientes ajenos a este apunte; si bien es verdad que aparece con excesiva frecuencia cualquier término de la terna, si no ella entera. Ello hace que estemos enlodados por un uso envilecido, infecto, del idioma; aunque, a poco, seamos capaces de discriminar grano y paja.

Susana Díaz, antaño rival del presidente, ha subido al ara sacrificial para expiar los innumerables extravíos y falacias que Sánchez ha ido atesorando. Sin ser tampoco una estadista, acertaba con ese criterio de que Pedro (me recuerda a aquel mentiroso compulsivo que anunciaba la llegada del lobo) era maligno para el PSOE. Por tal motivo, quiso adelantar las elecciones en Andalucía. ¡Vaya descalabro! Baja catorce escaños, recibe una admonición molesta, pierde la Autonomía -un verdadero chiringuito- y cede el paso a Vox. Imposible igualar este récord. Ahora, ella no hace autocrítica y el gobierno central le imputa culpas por su torpe desacierto; asimismo, baraja también la pobre participación consecuencia de una campaña átona. Todo, menos explorar cierto protagonismo ligado al presidente rehén, livianamente español.  

Los doce diputados electos de Vox en el Parlamento andaluz, eclosión inesperada, han levantado ronchas. Todas las siglas evidencian motivos diferentes para poner a caldo al partido novel. Quien más, quien menos, teme perder parte de una tarta inmensa, por el momento. No asusta qué ideario pueda exhibir ahora o en un futuro impreciso. Les preocupa solo la competencia, ese trance irresoluble de añadir comensales al banquete. Porque Vox debe quedarse -por suerte o desgracia- durante mucho tiempo, asunto que aclarará Cronos. Sí ha conseguido, desde el primer minuto, crear una polémica artificial no por razonable. Tanto partidos próximos como antagónicos han iniciado una cruzada mendaz, agria e inconsecuente. Unos por el “quítate allá que me tiznas” y otros por hábito de “ver la paja en ojo ajeno”.

Podemos y su estrafalario líder, batiendo cualquier registro, tildan a Vox de ultraderecha (por cierto, exijo cuatro guardias civiles para vigilar mi vivienda amparándome en la igualdad de todos los españoles que Pablo M. pide demagógicamente. Caso contrario, que renuncie a ellos por coherencia. ¡A que no!). También lo hace el PSOE, un pálpito recorre al PP y el sarpullido asoma en Ciudadanos. Hasta Valls, diseño de alcalde corporativo, sugiere el peligro electoral que se corre al sucumbir bajo tan aciaga influencia. Considero un desatino que Podemos -ultraizquierda axiomática, reconocida- tilde a nadie de ultra. Recuerdo, al efecto, mayo de dos mil catorce cuando esta sigla consigue cinco eurodiputados. Nadie, ni partidos ni medios (mucho menos estos), habló de ultraizquierda habida cuenta de su ubicación a la izquierda del PSOE. ¿“Superioridad moral”? garabateada a fuego en la conciencia social. Penoso.

Ahora mismo, tras las elecciones andaluzas, se ha conformado un manicomio. Sánchez, a grito pelado o con voz chica, pretende la desaparición de Susana y adueñarse del cotarro. La ve consolidada y retrocede; no se sabe si para coger impulso o para huir desangelado, vencido. Iglesias ansía la desaparición (política, claro) de Teresa Rodríguez, pero se le hace un bocado excesivo y no está el horno para bollos (ambos -Pedro Sánchez y Pablo M. Iglesias- antes de pedir tales dimisiones, hace tiempo deberían haber enseñado dicho camino debido a estrepitosos fracasos o excesos). Ciudadanos, tercera fuerza en diputados, quiere presidir el gobierno andaluz mientras un PP perplejo exige ser quien debe presidirlo, marcando ahí línea inaccesible. Por otro lado, a ninguno le seduce Vox porque temen intoxicarse con la etiqueta maldita que le han colgado una izquierda cínica, presurosa, y los medios de comunicación adictos.

La política española se ha convertido en una guerra de guerrillas entre PSOE, PP y Ciudadanos. Sostengo que Podemos y Vox son partidos populistas, aunque ninguno me alarma; uno porque jamás alcanzará el poder total y otro “per se”. Sin embargo, la democracia ganaría en salud si se aplicaran algunos postulados que mantienen de manera tenaz. Podemos preconiza el salario básico y Vox la desaparición del Estado Autonómico. Veamos. Se dice que las Autonomías cuestan sesenta mil millones de euros anuales. Una descentralización administrativa, con funcionarios de carrera, necesitaría menos puestos, ausencia de encarecidos privilegios y ahorro de capital público que, como sabemos, “no tiene dueño”. Con seguridad, economizaríamos miles de millones que permitirían destinar un sabroso salario básico a varios millones de parados, probablemente a todos. Sumemos estrategias parecidas en empresas públicas y entes locales. Llegaríamos a cimentar una auténtica democracia. Átense bien los machos aquellos partidos llamados a gobernar España. Podemos y Vox esperan.

Ayer celebramos cuarenta años de una Constitución vigorosa, válida, pese a interesadas interpretaciones ampulosas y excesivas. La situación económica actual impide satisfacer algunos derechos consagrados en la Carta Magna porque letra e inferencia no siempre encuentran maridaje. El esfuerzo fiscal es casi confiscatorio depauperando la clase trabajadora. No obstante, derroche y servicios sociales divergen en proporción inversa. Surge así una democracia hecha para una minoría elitista mientras el “pueblo soberano” la aprecia lejana, injusta, ruin. Brotan, poco a poco, sentimientos de rechazo, de hastío, a la vez que ansias de explorar regímenes inciertos, pero esperanzadores. No sirve, queda obsoleta, aquella sentencia atribuida a Churchill “La democracia es el menos malo de los sistemas políticos”. El individuo necesita una democracia fuerte, resolutiva, satisfactoria. Si no la consigue transmuta sus emociones llegando a desear no sabe qué, pero algo diferente, donde no haya tanto desmadre. Casi siempre, el indecoroso quehacer político genera posturas contrarias, tal vez radicales.