viernes, 29 de octubre de 2021

FIGURAS Y FIGURONES

 

DESFACHATEZ

 

El DRAE —de forma rigurosa, mordiente— enseña que desfachatez significa descaro, desvergüenza. Iniciada la Transición, el vocablo ofreció toda su inmundicia corregida y aumentada a lo largo de múltiples años. Son tantos los rastros adscritos al bipartidismo que sería correoso, difícil, acotarlos en breve espacio. Advertiremos únicamente la impudicia reciente porque esta, como las viandas frías, pierden aroma, sabor y suelen tener digestiones molestas. Perfilar sobre qué asuntos se ajusta mejor el epígrafe resulta tarea espinosa, pues hay exceso de ellos tanto a nivel individual como colectivo o partidario. Aunque reseñar que algo pueda causar sorpresa en los últimos tiempos resulte extraordinario, la cantidad y calidad de dichos o hechos extravagantes (insolencias, en suma), avala el impulso actual de la misma.

Opino que, en justicia, corresponde a los partidos desfilar primeros por la degradación a que han llevado el sistema democrático. Primero los populares porque su convención se realizó antes que ninguna otra. Gastaron toda una semana en cerrar o entornar puertas con inexistentes huellas de Ayuso, pero orladas de aldabas gallegas o andaluzas. Las cuitas partidarias, siempre henchidas, parecen escarnecer al ciudadano justificando implacables imágenes mentales cuando la realidad objetiva anota únicamente conveniencias del partido, de sus líderes. Estas convocatorias —estruendosas, caras—solo sirven de alimento a diarios y medios audiovisuales, pues carecen de connotaciones exteriores, incluso electorales. Su lectura, exclusivamente interna, debe asentar liderazgos sólidos no siempre logrados debido a antagonismos nacientes.

El PP, desde mi punto de vista, lleva sobre sus hombros cuatro errores gravísimos, sobre todo los tres últimos: guillotinar a Cayetana Álvarez de Toledo, realizar un discurso ofensivo, estúpido, en la moción de censura presentada por Vox, enfrentarse a Ayuso y pactar la renovación de ciertas Instituciones Estatales. Deduzco que todas se deben al “estratega” Teodoro García Egea, tal vez submarino (más o menos consciente) del PSOE. Temo que Casado —probablemente buena persona, pero falto de magnificencia— tenga un pésimo equipo. El famoso discurso infamante contra Santiago Abascal, e impropio del talante de Casado, corroboró el poder de Egea mientras han emergido vacilaciones sociales entre un PP nebuloso, melifluo, y Vox que gallardamente, en principio, coloca los puntos a todas las íes que vienen apareciendo por el horizonte nacional.

Ayuso (personaje político muy atractivo, dentro y fuera del país) no significaba ningún peligro para Casado, pero era terrible adversaria de Sánchez. Sin embargo, el enfrentamiento gestado entre Génova y Puerta del Sol, o sea, el resquemor desafiante lleva a TGE (Teodoro García Egea) a imponerse, sumergido en un errado e insostenible prurito, a MAR (Miguel Ángel Rodríguez). Ahora, pese a aparente concordia, abierto el melón, quedan páginas en blanco para escribir un futuro confuso y palpitante. Deduzco por diversos signos que, a priori, si hubiera habido deslealtades habrían llegado de Galicia o Andalucía. Los proyectos falsarios del gobierno traerán graves consecuencias sociales y Casado, al igual que Rajoy con Zapatero, tendrá La Moncloa como premio gris e inmerecido. Son las veleidades inesperadas que hostigan este mundo caótico.

Los acuerdos PP-PSOE para renovar el Tribunal Constitucional, Tribunal de Cuentas y Defensor del Pueblo, sin contar con ninguna otra sigla, ponen de manifiesto primero la inocente poquedad del PP y después el exclusivo apetito del bipartidismo incontinente, voraz. Quienes apoyan a Sánchez lo tienen asumido porque el peaje que exigen esconde connotaciones gravosas para España como nación, además de constituir la única posibilidad de procurarse increíbles privilegios. Sin embargo, este gesto débil e incluso poco o nada democrático, claro que ofende a Vox, a sus votantes y, casi seguro, a los propios votantes del PP. Ignoro si la presunta indignación social levantada en las filas conservadoras y liberales, robustecerá a Vox o irá a la abstención. Sea como fuere, Casado ha puesto enormes piedras en el camino que le llevaba irremediablemente a la presidencia. 

El cuadragésimo congreso del PSOE en Valencia —gran escaparate, aunque desierto, a mayor gloria del líder— ha exhibido total sumisión al inepto presidente reduciendo la sigla a un grupo de amiguetes que ocupan la Ejecutiva. Esta situación anómala, propia de siglos atrás, condenará al partido a penar en la oposición durante varias legislaturas, salvo incidencia natural o provocada. De pretenciosa resonancia, su contenido postizo, pícaro, trapisondista, viene acompañado de promesas que se hicieron en el congreso anterior, lógicamente incumplidas antaño, y con arranque parecido hogaño. Su añadidura, aprobación de la Ejecutiva flamante con el noventa y cinco por ciento de asentimiento, indica qué espíritu crítico llenaba Feria Valencia, espacio donde tuvo lugar. Algún iluso cerebro parió el eslogan de “congreso de luz y unidad”. Chirrió hasta Felipe González.

“Somos el partido que nunca falla a España”, dijo Sánchez en un espectacular momento de arrebato —el fraude es constante, tenaz— mientras permite al “asimétrico” gobierno catalán (ese que desea desterrar el español de sus aulas) ampliar a treinta centros más las clases de árabe. Eso sí, sigilosamente para que no lo descubra la sociedad “simétrica”, de segunda. Conjugar comunistas totalitarios, independentistas nazis (unos, de izquierdas; otros, de derecha burguesa) y aberzales, tiene sus riesgos. Aprobar los PGE le supone tragar sapos y culebras porque si se baja los pantalones con ciertas Comunidades aparece desnudo en las demás. A mayor castigo, bajan aguas turbulentas movidas por el Ibex, Europa y Unidas Podemos, junto al enredo de Alberto Rodríguez (el rastas) que ha arrastrado a la señora Batet. ¿Qué decir de Yolanda Díaz contra Nadia Calviño? Queda una incógnita en el embrollo: saber por dónde va a reventar.

Termino con un rosario de desfachateces. Presidente de Asturias: “El revulsivo que necesita el PSOE es Pedro Sánchez”. Montserrat Bassa de ERC llama asesinos a la policía nacional. Zapatero alaba en Valencia la “decencia del PSOE”. Baltasar Garzón sobre la resolución del Tribunal Supremo favorable a la fiscal general: “Hoy la justicia ha estado presente al rechazar la pretensión de usarla políticamente” cuya lectura es: “el gobierno no ha usado la justicia políticamente”. Desconozco cuánto durará esa consideración sobre la justicia española, aunque parece haber versiones suyas opuestas. Iglesias, califica de “involución democrática” la pérdida del escaño de Alberto Rodríguez. Hablar de democracia un comunista, además de desfachatez, es un sarcasmo. Este recorrido tópico, en retales, por desfachateces desmesuradas, incomparables, me recuerda una frase certera: “El circo sigue mientras haya quien aplauda a los payasos”.

viernes, 22 de octubre de 2021

OLVIDO HUMILLANTE

 

Permítanme que, aguijoneado por las circunstancias, haga un paréntesis fugaz en la temática habitual y defienda mis raíces cual hábitat genuino. Pondré en ello, a falta de eco difusor, enorme voluntad. Me repugna que la cercanía de los hechos pudiera afectar mi rectitud, aspiración esencial de cualquier articulista ecuánime, independiente.

Sin concretar lugares geográficos, sé casos reprobables por conocimiento personal o referencias contrastadas. También este capítulo tiene respuestas dispares y remedios enfrentados a doctrinas que catequizan una igualdad deontológica, mecánica, cuasi fraternal. El asesinato de un preboste inglés ha llevado al gobierno a blindar la seguridad del resto de diputados. Aquí, en España, se toman medidas a priori incluso con escasas evidencias de peligro físico. Todos conocemos el caso del ex vicepresidente Iglesias cuya mansión era custodiada por decenas de guardias para evitar “escraches” ácidos o manifestaciones incómodas. Percibimos que el gobierno, líderes y personal destacado, poseen seguridad a cargo del contribuyente. ¿Quién responde de la seguridad ciudadana y a quién se imputa su costo? ¡Qué bobada de respuesta!

Asaltos, desmanes, hurtos, son prácticas rurales cuya difusión apenas recogen los medios, principalmente audiovisuales. Es absurdo realizar con ellos un muestrario rutinario, ortodoxo, sin más. La trascendencia delictiva debe marcar cualquier análisis por mucho que afecte intereses propios, legítimos, crematísticos. Propinar maltrato físico a alguien, obviando consecuencias finales o secuelas, ha de considerarse el signo más temible de inseguridad. Atentar contra los bienes materiales, son trances gravosos, irritantes, pero hasta cierto punto tolerables; tal vez, intolerables.

Pretendo dar voz a un escollo específico del mundo rústico con la escasa convicción de que, paso a paso, alguien resuelva las múltiples carencias de la España vaciada. Preocupa que el escenario presente señale un síntoma, no la enfermedad; denote avidez, pero no refrende ejecución. El cotejo indica que al síntoma/apetito lo caracteriza un marco amplio, genérico, ilimitado. Mientras, la enfermedad/ejecución viene determinada por espacios de delincuencia individual, restringida. Sin contar con datos oficiales, creo que los síntomas se han disparado (también la enfermedad proporcionalmente) de forma exponencial. Pandemia y crisis —unidas a un gobierno social-comunista inmerso en propagandas fraudulentas, asimismo a una sociedad hipnotizada, quizás estúpida e insensible— han acarreado esta coyuntura cada vez más preocupante.

La Manchuela conquense-albaceteña, subcomarca triangular que nace en Minglanilla, colinda el río Cabriel y supera el Tajo hasta toparse con Almansa, Albacete y La Roda, es zona de almendros. Dicen los entendidos que su fruto tiene una calidad excepcional; sin menospreciar otras áreas, la mejor almendra de España. Yo, nacido en aquellas tierras (Manchuela conquense) antes de extenderse su cultivo, conozco la materia e incluso poseo una pequeña heredad.

Los agricultores saben bien de esfuerzos, sacrificios familiares, privaciones y renuncias. Escasez de agua y clima extremo hacen peligrar con frecuencia sus cosechas ahondando penurias y desesperanzas. Si ya el entorno es difícil, duro, turbulento, faltaban los amigos de lo ajeno para herir todavía más a quien soporta tan pesada carga. El campo jamás ha defraudado: quitar algo para comer se acepta por la ancestral costumbre campesina, pues se considera moralmente bueno satisfacer lo perentorio, pero no dar cobijo a la disipación. Fuera de ese gesto que ratifica el fin social de la propiedad, cualquier adquisición sin previa licencia se considera hurto. Entre otros muchos generalizados, el caso que deseo exponer —con total autenticidad— fue la sustracción en un bancal (desde los propios árboles) de mil kilogramos de almendra, aproximadamente, cuyo valor se tasa entre mil y mil quinientos euros. Es decir, se trata de un delito importante.

Pese a la magnitud de lo cogido, sospecho que el asunto quedará impune. En ocasión anterior, y ante el continuo merodeo de desconocidos (personas y fines) por el término municipal, los agricultores de mi pueblo formaron un grupo de WhatsApp. Parece que la autovigilancia resultó satisfactoria. No obstante, aparte su evidente desafuero, corresponde al Estado salvaguardar derechos e intereses salvo olvido o dejamiento de funciones; en ambos casos desafortunada praxis y degradación gubernamental. El medio rural, imprescindible para alimentarnos, tradicionalmente ha sido marginado.

Nuestros campesinos, hechos de cuitas meteorológicas y sinsabores, saben de olvidos e indignidades como nadie. Dueños de todas las inseguridades (económicas, meteorológicas y políticas), ahora suman la de quienes —al amparo de lo inmenso, de lo furtivo— fijan en ellos su atropello. Conforman sombrías y desentrañadas cuotas sociales que suelen salir de sus cubículos cuando desaparecen los últimos rayos vespertinos. Deduzco la dificultad para poner remedio a parecidas situaciones en el agro español. Ayuntamientos y Diputaciones deben conocer esta problemática y ellos tendrían que actuar primero. Tal vez aumentar la guardia civil, bien provista con medios móviles, junto a controlar los circuitos, asimismo particularidades, de las redes comerciales, menguara o concluyera parcialmente esta picaresca en claro ascenso. Hasta que llegue ese momento, estarán condenados injustamente al olvido humillante.

viernes, 15 de octubre de 2021

FIGURAS Y FIGURONES

 

SIMBIOSIS,   CORSÉ  Y  ABSOLUTISMO 


Acabo de ver un video titulado ESPAÑA ES. En el artículo anterior definí “verismo”, pero nada lo explica mejor que dicho video. Retorcer la realidad hasta corromperla, hacerla postiza, burda, ridícula, casi esperpéntica y risible constituye esencia del “verismo”. Las instituciones que Sánchez (sospecho con la anuencia de un PSOE convertido en cómplice necesario de la banda) manosea despótico, frío, ejercen verismo infecto, bravucón. Algunos ministerios olvidan la existencia de juicio, lógica y sentido común, lanzando absurdos apropiados a sus mentes desnutridas. El país se ha convertido en campo de experimentación donde embrollo, bellaquería y cobijo encubren la rapiña. Otro video explícito muestra a un trabajador alejado del fascismo —perdida toda calma, tal vez equilibrio— ante su nómina erosionada por impuestos confiscatorios. Con formas airadas, muchos como este gritaban el otro día: “¡fuera, fuera!”.

Aquella España del video (soberbia, quimérica, sin ningún parecido) es pura antítesis de la que vivimos y debieran advertir nuestros vecinos europeos. Una máscara, quizás mascarada, jamás puede sustentar el crédito ineludible para esgrimir argumentos convincentes. Aquella España fraudulenta, inexistente, se cimienta sobre una simbiosis nociva, disgregadora, hipócrita. El sanchismo —en siniestra compañía con Unidas Podemos, ERC, PNV y Bildu, al menos— instituye esa “relación de ayuda o apoyo mutuo que se establece entre personajes o entidades, especialmente cuando trabajan o realizan algo en común”. Este entrecomillado plasma la acepción dos de simbiosis. No puede descartarse, incluso ahora, que PP (con harta frecuencia) y Ciudadanos padezcan cierta imantación ideológica atraídos por ancestrales complejos aquellos y volubilidad estos.

Sánchez, un incompetente encubierto, cree ser el mejor estadista del mundo mundial cuando por pura contingencia preside el gobierno gracias al apoyo de partidos infames. Semejante egocentrismo disparatado le impide soportar pitidos, abucheos y lindezas cada vez que los ciudadanos tienen ocasión de mostrarle su “afecto”. Decía Achille Tournier bien pertrechado: “Puede el desprecio servir de alivio muchas veces, pero jamás de consuelo”. Esperemos que desaliento y hastío pongan cada cosa en su sitio. Solo una ambición infinita (al abrigo de la vieja sigla, malograda por el acomodo que descubre incoherencias e ignominias) le hace responsable delincuencial del negro futuro que se vislumbra en el horizonte. ¿Qué razón hay para que enemigos irreconciliables (PSOE y PCE) cohabiten sin estridencias notables? ¿Acaso encontramos alguna que consienta a grupúsculos antiespañoles gobernar España? Sí, la codicia de un oportunista.

Ni siquiera como estrategia (sinónimo a veces de simbiosis) debe desubicarse un partido político. PSOE, PP, UP, ERC, JxCat, PNV y Bildu están totalmente desubicados; Ciudadanos, antes también, ya no. Resultará curioso, pero quien conserva su espacio es Sánchez: La Moncloa. ¿Qué adhesivo moderno ensambla a PSOE y PCE (UP), demócrata el primero y totalitario el segundo? Encajar PSOE con ERC, JxCat, PNV o Bildu supone un milagro más que una lucubración lógica. Encubro la desorientación suicida de PP para coincidir con Vox. Luego, los gravámenes vienen cargados de contrasentidos. Al presidente, sus propios ministros —que a la vez son oposición— le piden que las eléctricas paguen parte de la factura para aprobar los presupuestos. PNV le exige lo contrario si quiere conseguir el mismo resultado. Simbiosis mal diseñada, clandestina.

Los llamados barones del PSOE, en su práctica totalidad, tienen complicado liderar de nuevo sus respectivas Autonomías porque el partido fue demolido por una banda al que ella, y sus puntales, han quitado toda sustancia. Esa desubicación nacional, en beneficio exclusivo de catalanes y vascos, hace que la sigla se presente famélica más allá de dichos límites. Andalucía se adelantó preparando el futuro camino electoral. Madrid, a su vez, expuso la realidad social que por lo bajo atisbará las próximas consultas autonómicas y locales; asimismo, generales. ERC hace un flaco favor a Sánchez cuando afirma: “Ahora mismo votaríamos que no a los presupuestos”, pidiéndole de forma tácita, amenazante, mayores compensaciones dinerarias o competenciales. En perjuicio del resto, incluso predios socialistas, cederá sin antídoto. Exigencia de esta simbiosis emponzoñada.

Deduzco, al igual que muchos ciudadanos, que el presidente carece de honor y dignidad; principios, probablemente para él bastante ligeros, endebles, inadvertidos. Al presente, se hacen necesarias las opiniones vertidas por Miquel Giménez en su artículo Cuatro plumas para Sánchez: “Jamás un presidente ha sido más abucheado que Sánchez en el desfile de nuestra Fiesta Nacional. Cualquier otro dimitiría”. Hinchas, Margarita Robles (ministra de defensa) verbigracia, se manifiestan contrarios afirmando que “es una falta de respeto a las Instituciones”. No recuerdo que dijera algo semejante cuando el trece de marzo de dos mil cuatro —jornada de reflexión— se acosaron organizadamente las sedes del PP al grito de “asesinos”. Aquello no pudo entenderse como falta de respeto, fue un ataque frontal a la democracia. Dejemos para lances infantiles las estupideces fanáticas.

Volviendo a Sánchez, algo le incomoda (sin embargo) cuando evita ruedas de prensa y exposiciones públicas. Es el corsé. La acepción tercera del DRAE indica: “Limitación o constricción impuesta a una forma de actuar”; es decir, falta de autonomía.  Aprobar los PGE, imprescindibles si quiere presidir el gabinete y gozar del despilfarro público, le hace parecer un zombi a punto del KO o muñeco del pin pan pun. Unidas Podemos, quiere ordeñar la ubre por la parte que colme (calme) a sus feligreses. ERC y PNV pretenden presionarla de manera distinta porque sus entusiastas adeptos exigen doble ración. Entre tanto, Madrid —sepultura del ególatra— y resto del país, innecesarios para satisfacer sus veleidades autocráticas, quedan situados en los arrabales patrios sufriendo desprecios e indignidades continuas. Proscribe cualquier territorio baldío o ineficaz para el escaparate.

Rubalcaba definió este gobierno Frankenstein porque quiere gobernar el país apoyado en quien pretende fracturarlo. Ahora, con la misma desgracia no obstante, veo un sistema absolutista ya que cumple a rajatabla el ritual del siglo XVI para elegir al rey: “Nos, que cada uno de nosotros somos igual que Vos y todos juntos más que Vos, te hacemos rey si cumples nuestros fueros y los haces cumplir; si no, no”. Antes eran nobles poderosos, entre ellos algunos barones. Ahora tercian poderes autonómicos específicos, pero no barones políticos. PP y PSOE son culpables únicos de esta situación anómala, poco democrática, por no cambiar la ley electoral creando una sola circunscripción para el Parlamento y diecisiete para el Senado. Si así lo exigiera la Constitución, se cambian los artículos correspondientes. Cualquier otro análisis que impida dicha medida significaría una desgraciada e interesada excusa.

viernes, 8 de octubre de 2021

FIGURAS Y FIGURONES

 

VERISMO  Y  VERACIDAD


La Historia de España, en concreto los últimos cuarenta años, viene atiborrada de mensajes exagerados, falsos. Realmente no existe sigla con experiencia gubernamental que eluda tan lamentable perversión. Solo Vox y Más Madrid o País, según su área de acción, tienen reconocida una limpieza irreprochable porque “hacen de la necesidad virtud”. El resto, en mayor o menor medida, han ido construyendo discursos bastardos, vergonzosos. Creo —los datos empíricos así lo constatan— que las dos excepciones expuestas dejarán de serlo cuando toquen alguna parcela de poder por exigua que sea. Este beatífico país (sería imposible, sin dicho epíteto, comprender la situación actual) potencia, tal vez de forma irreflexiva, una política miserable, llena de aventureros pícaros, cleptómanos. Estamos llegando a extremos escalofriantes, sin paridad en Europa.

España ahora, quizás desde hace años, ha perdido la brújula, el norte, y vagamos a la deriva, beodos, dando tumbos. Todos tenemos culpa; bien por acción, ya por omisión. Sin embargo, se ha convertido en hecho pragmático que el fracaso es huérfano; a lo sumo, padre putativo. Así lo valoran la generalidad de partidos políticos, algunos de los cuales superan abiertamente el sentido común y las líneas democráticas marcadas. Unidas Podemos —que cual Saturno va comiendo a sus hijos exhibiendo una destrucción imprecisa— propone eliminar el delito de enaltecimiento del terrorismo porque ETA ya no existe. Mientras, sugiere tipificar como delito el enaltecimiento del franquismo porque “a contrario” Franco todavía existe. Absurdo. Análoga argumentación utilizó Ángela Aguilera, portavoz de Adelante Andalucía, comparando los homenajes a ETA y la manifestación nazi (según su expresión) de Chueca. Usar raseros diferentes es inmoral.

Verismo, en puridad, constituye una tendencia literaria o plástica a finales del siglo XIX protagonizada por narradores y comediógrafos. Sublima la realidad aplicándole aureolas espectrales que destiñen la verdad objetiva. Escenifica contextos rentables. Asimismo, describe, con tramas sórdidas, personajes, enclaves y emociones. Ampliando su campo de acción, se da en relatos con apariencia verídica, fidedigna. No obstante, es herramienta ideal para mutilar la verdad, aunque parezca refuerzo o exaltación de una realidad particular. También procura encubrir la delincuencia. Por el contrario, veracidad indica cualidad de veraz; es decir, que dice o profesa siempre la verdad. Verismo es camuflaje, ocultamiento; conforma, cínico, patrañas con talante narrativo, plástico. Existe entrambos, al menos, una diferencia sustantiva cuya notación transcurre entre el relato subjetivo, maniobrable, postizo, del verismo y el hecho irrefutable, prominente, de la certidumbre.

Este gobierno —otro cualquiera, sin precisar sigla alguna— se aplica angustiado, con excesiva perseverancia, al verismo. Si digo que la izquierda bate récords, siempre asistido por la ayuda inagotable de medios anejos (prácticamente el total), aun constatada su evidencia plena, se me tachará de parcialidad e incluso de fascista. Esos retratos caricaturescos, esa estigmatización del rival (auténticas conspiraciones), realizados a discrepantes, forman parte enjundiosa del verismo. Crónica autóctona —en sus abundantes facetas— (incluso europea, compleja en los aspectos político-jurídico-militar) y verismo impulsan un complemento consolidado, firme, que perfila sin decoro el tono político. Desterrar la ortodoxia político-social, oponer veracidad y ciudadanía, apuntalaron las bases siniestras para enviciar esta democracia ignominiosa e insustancial.

El relato franquista fue cicatero, ignoro si por táctica militar o debido al talante sobrio, cauteloso y retraído del dictador. Durante tres décadas se impuso una veracidad confortadora, pocas veces espeluznante más allá de las circunstancias. Desde luego, en transparencia, Franco no hubiera envidiado a Sánchez confrontando uno y otro sistema. Suárez, pese a la barroca exaltación retórica “puedo prometer y prometo”, evitó anuncios inverosímiles inmerso en testimonios veraces. A lo largo del siglo XX, dos políticos significativos, Gramsci (primera década), ejemplo de veracidad, dejó su tesis sobre hegemonía cultural de la izquierda para conseguir una superestructura dominante, esencial, lucrativa. Santiago Carrillo (segunda mitad) lucubró un verismo: el eurocomunismo, versión ilusoria del totalitarismo marxista.

Reitero, el verismo sublima la realidad objetiva gestando un fraude a la propia realidad. Los gobiernos que lo practican de forma recurrente anidan, cuanto menos, talantes tiránicos; desde luego, antidemocráticos. Este ejecutivo social-comunista que penamos, castiga al ciudadano con su práctica habitual, incluso cuando sus efectos perturban gravemente la salud. Cuantos relatos surgieron en la pandemia, henchidos todos de verismo, supusieron —y lo siguen haciendo— inconvenientes dolorosos para una población desconcertada ante tanta información fluctuante. Incluso el Tribunal Constitucional, no exento de procesos sombríos, ha desautorizado el primer Estado de Alarma (consecuencias incluidas) y el cierre pueril del Parlamento. Aquel irresponsable: “Hemos vencido al virus”, ¿cuántas muertes pudo producir?

Señalar algunos disparates que acompañan a relatos oficiales —si prefieren sinónimos populares pueden denominarlos “cuentos chinos”— jamás podría considerarse actividad agotadora. A botepronto se consigue revelar millares, dichos por el patrono (principal fuente) y resto de silentes validadores. Sánchez maximiza su acción gubernamental en cualquier explicación, evidentemente cargada de verismo, cuando la realidad se empeña en confirmar que este gobierno es el mayor impostor y oscurantista desde antes de la democracia. Constatamos el caso insólito de que, en ocasiones, las órdenes vienen respaldadas por comités de expertos, sanitarios o económicos, cuyos componentes se mantienen ocultos. Tal sinrazón justifica ese sentimiento generalizado de que dichos comités son patrañas de un gobierno falaz y superado ante coyunturas cotidianas.

¿Existe veracidad en alguna de nuestras instituciones? Pregunta clave y difícil su respuesta. A primera vista, examinando todos los ámbitos que configuran el Estado, diría que no. Aquella intelectualidad capaz de sopesar principios y vida priorizando los primeros: “Ganaréis, pero no convenceréis”, dijo Unamuno sin temor, hoy calla por prevención o ausencia. Queda —como única reserva— el pueblo, vinculado (según la concepción romántica alemana) al origen de las naciones y por tanto del Estado. Sin embargo, el paisaje globalizado hace temer un verismo del que la sociedad no participa. Han extendido una telaraña donde al individuo le queda poco margen para clamar su verdad. En este escenario nocivo, impuesto, subsistirá, eso sí, un anhelo infinito de defender la libertad como motivación inequívoca de veracidad individual.

viernes, 1 de octubre de 2021

FIGURAS Y FIGURONES

 

UNIDAS  PODEMOS


La criatura tuvo un origen radiante, extraño, fantasmagórico. Fue bautizada Podemos evocando el eco poderoso de aquel estribillo delirante, fantasmal: “sí se puede”. Su tono era demasiado global, gregario, para no caer en un mar de dudas sangrantes. Las primeras elecciones generales celebradas a finales de dos mil quince, Podemos se presentó coaligado con otras tres confluencias y obtuvieron sesenta y nueve diputados. En mil dieciséis, ya con el nombre de Unidos-Podemos con Izquierda Unida y las consecuentes confluencias, obtuvieron setenta y un diputados, pero un millón menos de votos. En abril de dos mil diecinueve, bajo el nombre de Unidas-Podemos y toda la recua, obtuvieron cuarenta y dos parlamentarios. Asimismo, en diciembre del mismo año, con la misma denominación, treinta y cinco. ¿Influyó “Unidas”, vocablo, en la decadencia o fueron más significativas las estupideces de algún líder estratosférico? Vete a saber.

Definir fantasma podría colocarnos en la pista acertada para comprender a este grupo variopinto y orquestado —semejante al hombre orquesta— que le permite ser oposición de su propio gobierno. Me recuerda a aquellos viejos trotamundos de mi infancia (generalmente húngaros) cuya máxima era “más difícil todavía”. Las diferentes opciones aclaran fundamento, adalides y realidad. Así, la segunda afirma: “Visión quimérica como la que se da en los sueños o en las figuraciones de la imaginación”. La quinta: “Persona envanecida o presuntuosa”. La séptima: “Aquello que es inexistente o falso”. Es curioso cómo una misma voz describe con gran fidelidad personas y términos, porque al final nada se ajusta a molde alguno salvo la mentira que lo hace vistiendo múltiples caretas que engañan únicamente a quien quiere dejarse trastear.

Unidas Podemos es un melindre, una quimera sabrosa, tocada paradójicamente de extremismo trasnochado, totalitario, baldío por estos lares que conocen a fondo sus “recetas”. Escohotado advierte las razones del desengaño: “La información consolida el divorcio entre intocables cultivadores de la objetividad y retóricos del camelo”. Él, durante años inmerso en la vanguardia intelectual comunista, sabe de qué habla cuando ofrece ciertos detalles significativos. Preciso aclarar que información difiere de catequesis adoctrinadora desarrollada por el periodismo pancista. Heterodoxo, transversal, durante su memorable nacimiento e infancia, a poco fue absorbido por desordenados apetitos personales amén de un comunismo purgador, implacable, con quien se atreviera a oponer ideas o actitudes contrarias al precepto —más bien culto— oficial.

Aún existe gente predispuesta a ver peligro potencial en Unidas Podemos, pese a su evidente declive. Incluso constatada la atávica negligencia del español, posee (quizás como particularidad compensatoria) especial clarividencia, un sexto sentido discriminatorio. Nadie como él es capaz de separar paja y grano, sin lucubración previa, cuando la circunstancia lo requiere. Cierto que aplaza paciente e ingenuamente su análisis para cambiar de alternativa política por ineficaz que se muestre el partido favorito. Las elecciones alemanas han permitido, tras cuatro legislaturas de Merkel, que la socialdemocracia —casi desaparecida en Europa— recupere viejas ilusiones. Sin embargo, el marxismo extremo está proscrito y casi extinguido al menos donde nunca llegó la influencia soviética; es decir, áreas libres de dominio estatista. ¡Ay! esta España.

Festejar cien años del PCE, donde se dieron cita líderes consagrados de Unidas Podemos y ex-dirigentes en aparente retirada, constituye la prueba incontestable del comunismo (o sea, totalitarismo) que practica UP. Tanto que han votado NO a que la OTAN proteja Ceuta y Melilla con el argumento de que no podrían atracar en ellas barcos militares rusos. En otras palabras; para ellos Rusia tiene prioridad sobre España. Al parecer también la tienen Cataluña, País Vasco y Bildu. Advertidas estas premisas, ¿qué objetivos persiguen cuando se presentan a unas elecciones generales? Y lo que es peor, ¿cómo pueden recibir votos de personas ajenas a tales inclinaciones? Porque no debemos olvidar —la Historia es testigo irrefutable y atemporal— que el comunismo implanta una doctrina incompleta (nunca llegó a consolidar la plena libertad, constreñida por un capitalismo “alienante”, quedándose solo en la preliminar “dictadura del proletariado”), falaz e histriónica.

A Podemos, con sus continuas variantes semánticas, lo fundaron (al decir) un grupo de “intelectuales” y actores el doce y trece de enero de dos mil catorce. Destacan Juan Carlos Monedero, Alberto San Juan, Jaime Pastor, Santiago Alba Rico, entro otros de parecida peculiaridad y prestigio. No estaban Pablo Iglesias, Íñigo Errejón, Carolina Bescansa… ni tampoco fue fruto del 15-M ocurrido en dos mil once (tres años antes). Ya empezó con falsos cimientos y, sobre ellos, se construyó el tinglado mediático posteriormente visto en su faz tremendista, ostentosa, obscena. Este partido, nunca mejor dicho, sacraliza credo y púlpito compartiendo método o estrategia con su antípoda ficticia, Iglesia. Ambos tienen el dogma como guía, como pitanza espiritual e ideológica. Confía que la toma del poder sea pacífica, si no… ya veremos. Tal vacilación admite hoy un onirismo mentecato.

No cabe ninguna duda: Iglesias no dejaba dormir a Sánchez, tampoco a inversores indígenas y foráneos, menos a Europa. Por eso lo echaron del gobierno, pero sigue en primera línea del activismo político. Sus declaraciones postreras, referidas a la situación general, insultan al ciudadano lúcido y potencian su afición —ya conocida— al sarcasmo. Dijo en la fiesta del PCE: “Estamos ante un retroceso de la democracia”. Legítimo, cierto, afirmado incluso hasta por un socialista (no confundir con sanchista vacuo, extremo), pero Inaceptable si lo observa un comunista antitético. Yolanda Díaz, candidata oficiosa a presidir el conglomerado pedigrí, quiere atraerse lo que huela a izquierda jaranera, pero veta a Errejón y Teresa Rodríguez, discrepantes distinguidos de Iglesias. ¿Tendremos en escena otro Cid Campeador que muerto ganó una última batalla?

Ahora mismo veo a Unidas Podemos abrazado forzosamente, casi oprimido por un impulso místico. “Contigo no puedo vivir y sin ti muero” parece el alivio amoroso, pasional, de alguien esclavo a una efusión imprecisa. La relación gubernamental sanchista-podemita destapa continuas discrepancias porque quieren, a la vez, contentar sin previa avenencia a una feligresía adversaria, litigante. UP, sin embargo, no puede desligarse de Sánchez porque forzaría su propio sepelio. Todavía hoy, al calor vivificante del BOE, no se deshace por completo. Deduzco que tiene el tiempo contado. Si cuando llegue la próxima convocatoria electoral sigue en el gobierno, Sánchez lo absorberá; si no, el votante le reclamará una deuda difícil de satisfacer. Segundas partes (ofertas, halagos, en fin, palabrería) nunca fueron buenas, reza un dicho popular; en política, menos.

viernes, 24 de septiembre de 2021

FIGURAS Y FIGURONES

 

CIUDADANOS


El espectacular desplome de Ciudadanos, igual al que anteriormente sufrió UPyD, supone una absoluta contrariedad política. Los individuos cautos, reacios al bipartidismo y contrarios al independentismo, acabarán sintiéndose huérfanos en época electoral. Por otro lado, con su asenso, vascos y catalanes perderían opciones de fiscalizar la gobernanza y soberanía nacionales. Considero irresponsable que partidos liberales, centrados, bisagra, desaparezcan a causa de complacencias irreflexivas, insensatas. A la inmadurez social reiterada, incorregible, hay que añadir el desacierto del político desubicado —sin trayectoria definida— no menos pertinaz. Ocasionalmente, importa poco cuántas siglas conformen el abanico ideológico porque la coyuntura del momento suele enyugar, sin trabas imposibles, con cualquiera de ellas.

Ciudadanos nació para oponerse al nacionalismo, de ahí su primigenio éxito en Cataluña sometida al radicalismo identitario y abandonada por un PP insensible (el PSOE pelaba la pava con él a través de la, allí roída, ventana constitucional). A poco, debió cambiar de táctica para bucear alborotado en las inquietas —tal vez turbulentas—aguas nacionales, deduzco con vocación de constituir mayorías estables.  Al fin y a la postre, intentaba así abolir sustancialmente aquel nacionalismo tan funesto durante casi cuatro décadas. Catalanes y vascos, alternando con PSOE y PP, se han cobrado un caro peaje por sus apoyos condicionados siempre. La voracidad nacionalista lleva a Aitor Esteban, portavoz del PNV, a quejarse de que haya pocos jueces vascos: “Hay temas en los que deben tener sensibilidad de país”. Lo que faltaba; vergonzoso, si hubiera vergüenza.

Cincuenta y siete diputados el 28-A de dos mil diecinueve fue un aviso inquietante para esta excrecencia del PSOE llamada sanchismo. Su permanencia en el poder viene determinada por pactos espurios con comunistas, independentistas y Bildu, impensables bajo la tutela de un socialismo moderado, socialdemócrata, homologable al europeo. Sánchez vio resbaladizos para su futuro personal esos cuatro millones y medio de votos que él interpretó de derechas. Sus asesores analizaron con juicio que el trípode PSOE, PP, Ciudadanos, llevaría a medio plazo al primero (transfigurado) a un destierro indeseado. Vox, nacionalistas, Podemos y resto insignificante, pasarían por el espacio político sin pena ni gloria. Razón que le llevó a no pactar con Ciudadanos, pero atribuyendo culpas a Albert Rivera. Como siempre, un trilero irreinsertable.

Meses después, tras el diseño esperpéntico de Tezanos, Sánchez convocó nuevas elecciones para el 10-N. Ciudadanos solo obtuvo diez diputados forzando la dimisión irrevocable de su líder. Analistas conspicuos endosaron esa derrota a Rivera por negarle insistentemente el apoyo a Sánchez cuando ambos sumaban mayoría absoluta. No obstante, los votos de Ciudadanos fueron a Vox y PP principalmente. Mi opinión desde el primer momento es que aquel desastre se debió a la actitud displicente, ofensiva y disgregadora ante Vox. No había terminado la jornada electoral, cuando Sánchez pactaba con quien días antes le quitaba el sueño. A ellos se unió ERC, PNV y Bildu. Dicho entramado populista, la pandemia, el “diálogo” con independentistas —muestras antiespañolas incluidas— y una economía de miseria, le llevarán irremisiblemente a su tumba política.

Desaparecido UPyD junto a Ciudadanos (la última encuesta le concedía un diputado), queda carente de espacio político un número importante de electores. Quien no quiera votar al “actual PSOE” por representar el desdoro, al PP cobarde, a Vox caricaturizado o a Podemos comunista radical, tiene como única opción abstenerse. España precisa un partido de centro liberal que entierre el bipartidismo con aderezo nacionalista. Ahora mismo lo considero imprescindible para superar la senda extremista, antidemocrática, totalitaria, del sanchismo. ¿Qué facción verdaderamente democrática recrea un Estado de Alarma durante seis meses sin dar cuenta al Parlamento? ¿Qué camarilla de esa calaña pretende someter —tal vez tiranizar— los órganos de poder judicial (CGPJ y TC) con argumentos desautorizados por la propia CE? ¿Demócratas? Sí, de saldo, en liquidación.

Quizás los núcleos generatrices de UPyD y Ciudadanos —impregnados de intelectuales, analistas, sociólogos e individuos notorios, carismáticos, dando generosas alas a un sentido cívico-patriótico— debieran unir voluntades y gestar una sigla con vocación de servicio. En este momento hay demasiadas trincheras abarrotadas de irresponsables que prefieren hundir el país antes que domar pruritos destructores. Falsedad, propaganda, cinismo y calumnia sojuzgan la conciencia social subyugada por medios audiovisuales desleales, vendidos, corruptos. Sé que los resortes del poder político han caído en manos indigentes, cortas, míseras, ética e intelectualmente; zarpas de auténticos fracasados civiles. Unos y otros lanzan atributos mordaces, ciertos, válidos, en cualquier dirección, pero jamás se preguntan por qué los sabios se alejan de ellos. Hoy he comprobado que Félix Bolaños es un sosia aventajado, impúdico, de su señor: Sánchez. Otro que tal baila.

Ignoro las razones de Inés Arrimadas para apalabrar con el “sanchismo” (caballo de Troya que abatirá al PSOE) una moción de censura en Murcia y otra sibilina a Ayuso. ¿Acaso no conocía el proceder “dialogante” del presidente con ERC? ¿Cómo un partido que nació para oponerse al nacionalismo hace migas con individuos contrarios a ese propósito? He aquí por qué cualquier sondeo le concede menos de tres diputados. Quien se asocie a una sigla desarbolada, sin rumbo, resulta reo del desprecio ciudadano y ajada en los comicios electorales. Al final quedará sola, sin fuerzas, totalmente vencida. Ella y sus cuadros encontrarán acomodo en el PSOE o PP en consonancia a ofrecer mejor cosecha. Sin embargo, hago ingentes lucubraciones para concebir qué futuro ilusionante esperan algunos políticos, válidos a priori, en una sigla con rigor mortis. Se precisa revitalizarla.

Medios incondicionalmente adictos a Sánchez; una sociedad visceral, acrítica e iletrada y el concurso errático de unos líderes insignificantes, han conseguido la práctica desaparición de Ciudadanos. Cierto que se lo han ganado a pulso, pero eran venero de moderación tan preciso ahora donde las malas formas y los enfrentamientos desgarran cualquier impulso afable, cordial. Las palabras importan según el lado desde donde se pronuncien. Hemos llegado a límites insólitos; desfachatez, arbitrariedad y sectarismo causan espanto. Bruja, que ha supuesto un incidente parlamentario, ¿encierra más iniquidad que evocar un “pasado de cal viva” o escupir fascista para enrocarse como demócrata? Desaparecido Ciudadanos se abrirán nuevas y belicosas trincheras que, al decir de Ortega, conformarán una España invertebrada, prostituida, agónica. Consecuencia irremediable debida a demasiadas ausencias políticas y sociales.

viernes, 17 de septiembre de 2021

FIGURAS Y FIGURONES

 

VOX  Y  PP

Cuarenta y tres años de democracia, han permitido que la izquierda (más o menos extrema), hasta hoy, haya gobernado veinticinco años y la derecha (más o menos acomplejada) quince. Los restantes constituyen la época modernizadora, honrada, eficiente, de Suárez. Recuerdo que este, entre broma y veras, afirmaba eternizarse ostentando el poder. Aquella “amenaza” hizo reaccionar al PSOE, cuya ¿praxis democrática? —o ambición desmedida— exigía permutarlo. Luego demostraron a nivel nacional y autonómico (Castilla la Mancha y Andalucía, verbigracia) que aquella “praxis” era filfa. El PSOE siempre ha recuperado el poder rápidamente tras sucesos extraños, prodigiosos: “Golpe militar” de mil novecientos ochenta y uno, “terrorismo musulmán” en dos mil cuatro y “corrupción judicializada” del PP allá por dos mil dieciocho. ¿Encaja aquí la locución latina cui prodest? Asimismo, ha perdido las elecciones sin sucesos previos a ninguna cita electoral. Son hechos.

Concluido este prólogo necesario para conocer mejor el tablero donde nos movemos, voy a centrarme en la cabecera. Antes, no obstante, quisiera exponer una tesis incontestable, desde mi punto de vista. Se acusa con demasiada frecuencia a alguien de fascista o nazi, depreciando la Historia y banalizando los conceptos. Fascismo y nazismo, sobre todo este último, fueron movimientos político-sociales —con génesis socialista— que surgieron en una Europa asolada por escenarios cruciales y que, una vez superados, desaparecieron definitivamente del horizonte convivencial. Ahora, técnicamente, no queda ningún vestigio, pero existen signos del totalitarismo tiránico y criminal revestido de populismo democrático. Para que la máscara no caiga y evite descubrir su verdadero rostro, suelen legitimarla llamando al otro, a quien lo tiene transparente, fascista.

Hoy, a quien le toca cargar con esa expectación hostil, ácida, es a Vox y, de rebote, al PP por blanquearlo, dicen progres mercenarios. Conozco, por testimonios o experiencia personal, sistemas autárquicos (tal vez autocráticos), surgidos tras un Golpe de Estado, sin que el tirano tenga adscripción doctrinal precisa. No aprecio ningún pasaje histórico en el que emerjan dictaduras organizadas por la derecha o ¿extrema derecha? Es más, no creo que exista la extrema derecha en sentido radical ni antidemocrático. A lo sumo, puede ofrecer sesgos matizados de complejos temas sociales, individuales, éticos, nacionales, que la izquierda se encarga de desdeñar caricaturizándolos. El esperpento parece tener éxito dentro del social-comunismo, independentismo e incluso en votantes afincados al PP. ¡Cuidado!, hay casi cuatro millones ya convencidos; otros, a punto.

Vox tiene la rara cualidad de clarificar posturas en temas políticamente incorrectos, pero que gozan del asenso ciudadano. Sus objeciones a la migración ilegal —aunque haya hipócritas encargados de extenderla a toda— tienen el apoyo de amplias capas sociales que perciben angustiados un notorio deterioro del hábitat. Sus acertados reproches a los chiringuitos, nepotismo, afición liberticida, sometimiento judicial y abuso autonómico, gozan del aplauso general. Estos lodos vienen del polvo levantado al alimón por PSOE-PP. Ahora reciben injurias de adversarios y concurrentes en despreciable competición. El agobio es mal consejero cuando las formas, entregadas al caos e ignominia, descubren ardores que no debieran emponzoñar la contienda política. Puede entenderse en rivales significados, vividores e intrigantes; nunca si pedimos ser compañeros de viaje.

“Aviso a navegantes” es una frase que escapa a la disciplina marítima para conquistar el ámbito general. Esa transmutación, no obstante, le resulta tan poco útil u operativa como en su acepción originaria. Si antes era inoperante por rancia, poco innovadora, ahora resulta no solo barroca sino completamente torpe. Una de dos: o los “navegantes” desconocen qué encierran las metáforas o pasan de interpretar sencillas indicaciones. Me gustaría librarles de una tercera opción no por improbable, imposible: ser lerdos. Creen, esos navegantes, que “todo está atado y bien atado”, que el bipartidismo está palpitante, listo para gobernar el país sin condiciones otros cuarenta años. Ciudadanos, desgraciadamente desparecido, y Vox pueden modificar los ritmos sociales dando lugar a insólitas, a la vez que duraderas, tentativas políticas.

Vox no puede, en modo alguno, ser solo añadidura sumatoria respecto al PP. Semejante inercia impide que sea respetado, no según sus virtudes más o menos reconocidas sino por lo que supone al PP para conseguir mayorías trascendentales. Este consideraría errónea la abstención de Vox si permitiera al PSOE (sanchismo actual) apoderarse fortuitamente de cualquier Ayuntamiento o Comunidad. Ignoro qué pactos ocultos determinan el papel de Vox donde no hay coalición gubernamental y son determinantes. Es probable que alguna negativa al apoyo entusiasta, pero baldío, restara votos a quien desafía las usanzas tácitas para rehuir mezclarse con siglas “condenadas de antemano”. No pierde votos la falsa conjura sino deslizarse mostrando insustancialidad. La exigencia de configurar gobiernos proporcionales nunca puede considerarse deserción.

El PP, resucitado desde mayo tras la victoria electoral de Ayuso, protagoniza en los últimos días actitudes inconvenientes, propias de estrategas estúpidos. Esperanza Aguirre, pese a adversarios maniqueos que la examinan con despecho, ha dicho verdades como puños si despojamos de ellas el envoltorio inapropiado. Quienes asesoren a Casado deben estar al servicio de Sánchez ya que han dado nutrimento a medios serviles para desfogarse contra el PP de Madrid y desenfocar subidas históricas de luz, gas e hidrocarburos, junto a la llamada mesa de “negociación” o “diálogo”, según sensibilidades todas ellas histriónicas. El señor García Egea es un fiasco agresivo contra personas relevantes del PP. La frase dirigida a Miguel Ángel Rodríguez: “No voy a permitir que enfrentes a Ayuso y Casado” carece de asidero. La dicha a Esperanza Aguirre: “Lo que destrozó al PP de Madrid fue la corrupción”, exige su dimisión o cese inmediato. Ni lo uno ni lo otro.

Estoy convencido de que Casado es persona honrada, con valores consolidados, pero temo que como líder y futurible presidente le falten maneras. Lejos de cualquier cesarismo, los partidos necesitan dirigentes briosos, desacomplejados e inflexibles para llevar su proyecto político al éxito que se espera. El sanchismo carece de proyecto, pone parches inoperantes donde le dicten las hipótesis electorales. Queda someter a la judicatura para conseguir plena impunidad, entre otros asuntos penales básicamente referida al Covid - 19. Cierto que el PP lleva encima una severa losa, impulsada también por su insolvencia comunicadora, pero esa coyuntura favorable carece de actitudes eficaces respecto a asegurarse leales compañeros en su camino hacia La Moncloa. Si el PP no se consolidara como alternativa clara de poder, el grupo dirigente en bloque debiera partir al olvido definitivo y dar paso a quien ha demostrado valía contrastada.

viernes, 10 de septiembre de 2021

FIGURAS Y FIGURONES

 

ESPAÑA

España —ese crisol de civilizaciones que ahora algunos quieren destruir, ignoro si para debilitarla y hacerla suya o por envidia enconada a su pasado esplendoroso y sobre todo inmediato— se encuentra en un dilema temible. Aquí se mezclaron griegos, fenicios, judíos, romanos, visigodos y árabes cristalizando una convivencia, no siempre pacífica, de riqueza cultural innegable. Su Historia (incluyendo la Edad Antigua) abundante en aciertos y errores, santos y herejes, héroes y cobardes, caballeros y pícaros, no creo que tenga parangón con ningún país occidental. Si el Medievo fue trascendental, la Edad Contemporánea significó, más allá del Siglo de Oro cima literaria y plástica, el comienzo de su decadencia imperial que consumó el siglo XIX con la pérdida de Cuba y Filipinas. Sin embargo, los efectos sísmicos llegan, cada vez menos virulentos, hasta nuestros días.

Pese a estar marcados por tres guerras atroces: Cuba, Marruecos y Civil, a cuyo adeudo hemos respondido de forma despreciativa, indolente, tengo plena seguridad en que cualquier infortunio será sinónimo de esfuerzo generoso para conseguir una victoria ilusionante. Hoy nos enfrentamos con la peor realidad de los últimos tiempos: el poder político y mediático ha caído en manos de auténticos desaprensivos, sujetos que anteponen intereses bastardos sobre la democracia y el bien común. No olvido, ni mucho menos, esa cuota de abandono acomodaticio que exhibe un alto porcentaje de ciudadanos. Alguien pudiera justificar tanta irresponsabilidad echando culpas al sistema educativo que se puso en marcha treinta años atrás para configurar el pueblo acrítico, sumiso, acongojado, impertérrito, que languidece ante este desafuero bochornoso.

Sí, cuarenta años de vida docente me dan autoridad moral para afirmar que el sistema educativo sirve al poder cuando potencia una sociedad necia, amorfa, selvática. Tenemos una educación huera, baldía, que produce individuos incívicos, irreflexivos; sin pies ni cabeza. He aquí alguna de las razones por las que “gozamos” un gobierno de mendaces, arribistas, cantamañanas e inútiles; con muchas evidencias, pero —por la sola exigencia jurídica— presuntamente ladrones. No consuela que el mundo occidental (ese que denominamos, tal vez irónicamente, con socarronería, civilizado) contenga sociedades desilusionadas o indigentes. En este caso, ”mal de muchos, consuelo de tontos” puede considerarse aforismo falso o excepcional. Aunque políticos foráneos superen los modos de nuestros prebostes, ni mis ojos ni mi voluntad me permiten ver tan lejos.

Invocado, de forma tangencial, el pueblo español, me centraré en un grupo nocivo: los medios. Cualquier democracia seria, rigurosa, pura, cuenta con tres poderes autónomos, libres: legislativo, ejecutivo y judicial. Aparte, como cuarto poder supervisor, equilibrante, concurre o debería la prensa. Resulta raro, pero también sugerente, escuchar noticias sobre asesinatos de periodistas luchando por derechos y libertades humanos, amén de la justicia. Parece información fraudulenta, pero no; se da en otras latitudes o naciones. Desconozco si España forma parte de un “archipiélago privilegiado”, rastrero, o se bate sola en la ignominia. Sé que ahora está rendida al alago, con amplios ribetes crematísticos, del gobierno social-comunista. Antes, con Rajoy admitió, tragándose presuntas corrupciones, rescates groseros de una vicepresidenta heterodoxa, apóstata.

Deduzco cierta divergencia de objetivos entre los medios (sus propietarios) la élite y los periodistas del montón. A los dos primeros les importa la pasta y el reconocimiento adulterado. Al montón le importa disfrazarse de un prurito progre; disfraz al que no hace ascos, si es preciso, ninguno de todos. Hoy los medios, principalmente audiovisuales, son la primera fuente de formación política masiva. ¿Manipulan todas las siglas? Sí, pero nadie lo hace como los partidos marxistas que ambicionan conseguir los planes de Gramsci sobre “hegemonía cultural” para dominar naciones.

La corrupción de la mente social alcanza niveles escandalosos. Renovar el CGPJ y los mensajes de odio son platos continuos en televisiones, radios y prensa “progres”. Admirable que la Sexta airee cualquier ataque homófobo, presuntamente perpetrado por gente “ultra”, pero no tiene excusa que calle el artículo de Iglesias acompañado de una pistola nazi o que silencie expresiones extemporáneas, odiosas, de prebostes de UP contra PP y Vox. Si la pistola hubiera tenido una autoría pepera o voxera, la mencionada cadena hubiera tenido un mes de programa por el que hubiera pasado toda la “moderación” izquierdista y legitimadora. El periodismo, aquí y ahora, se nutre y alimenta de corrupción dañina, tóxica, nefasta para una democracia plena; no lo es, aunque se tilde democrático tampoco, por más que lo diga, el gobierno que le paga. Medios y ejecutivo tienen como única defensa un buen ataque. Lamentable y escandaloso en ambos casos. ¡Ay! Europa.

Rubalcaba marcó la frontera del engendro: “España no merece un gobierno que mienta”, afirmó en momentos difíciles. Lo repito, España se va al garete bajo el engendro aberrante que algunos llaman gobierno. Más allá del misterio y oscurantismo, con que humilla a la oposición y al pueblo soberano (el Parlamento lleva meses inactivo), el mix gubernamental, a cuya cabeza despunta Sánchez, hace de la mentira persistente su modo de vida. Con certidumbre, apenas conocemos cuántos han muerto por el coronavirus, cuál es la situación real de nuestra economía y qué pasa con los órganos de poder Judicial. Han asegurado, asimismo, que los culpables de todo son Vox y su blanqueador PP. Otra mentira evidente, tan creíble como si hubieran acusado a Viriato.

A Sánchez le domina un deseo en su deriva totalitaria: someter al poder judicial. Parece que ni la oposición y menos aún los órganos judiciales dan muestras de concedérselo. Presumo que el revés le ha trastornado su organigrama neuronal y llega a proponer, junto a una pléyade de siervos, soluciones propias de atajos antidemocráticos, ilegítimos, absurdos. Sánchez sugiere que los vocales “progres” del CGPJ dimitan para presionar a Casado al objeto de continuar con el tejemaneje político de la justicia. Socialistas con carnet o de vocación, adscritos a medios simpatizantes o comprados, argumentan que los jueces no pueden elegir a jueces porque la soberanía reside en los representantes del pueblo. ¿Por qué no elegirlos directamente el pueblo?, pregunto. ¿Hay algún inconveniente para que los ciudadanos escojan, de forma inamovible, Tribunal Constitucional y CGPJ?  ¿A que Sánchez y sus siervos no acceden? Todo el mix anida solamente populismo y demagogia, pero teme auténticos impulsos democráticos. Vean si no. ¿Libertad?, ni hablar; presumir, es carecer.

viernes, 3 de septiembre de 2021

FIGURAS Y FIGURONES

 

PABLO  CASADO

 

He de reconocer que mi candidato ideal, hace ya algunos años, para presidir el gobierno de esta nación —vilipendiada y vencida por sus propios nativos— era Casado. Pensé, y lo sigo haciendo, con muchos matices en los últimos tiempos, que podría completar el grupo de jóvenes políticos llamados a desempeñar un papel esencial una vez desaparecidas figuras demasiado cercanas al franquismo y a la transición. Esta nació con ciertas lacras o desavenencias atenuadas por necesidades democráticas. El pueblo, amén de abrir un régimen monárquico, ansiaba experimentar el sistema donde libertad individual y sometimiento a las leyes fuera norma generalizada. Aquellos políticos aceptaron vicios originales, ignoro si por comodidad o

Yo, próximo a cumplir setenta y ocho años, no voy a hacer ningún panegírico de la juventud que acumula virtudes y errores a partes iguales. Tampoco tengo proyectado realizar el típico enfrentamiento entre vigor y sabiduría. Asimismo, renuncio a exponer denuncias o juicios severos a políticos por razones cronológicas, bien por exceso, bien por defecto. Creo que la intensidad emocional o la serena reflexión intereses bastardos relativos a arribismos adscritos al nuevo momento histórico.aisladas, fuera de toda interacción, sirven de freno más que de acicate. Otros escenarios comparten juventud y madurez (incluso vejez) corroborando cosechas extraordinarias. Quizás la música, junto al toreo o la ciencia, consiga una armonía especial, envidiable, sublime. El liderazgo puede exigir fortaleza física, pero dejar todo a sus expensas termina por confundir, a menudo, el Congreso con un ring boxístico.

Sugerir la fortaleza corpórea condición sustantiva para consolidar una autoridad duradera resulta tan hipócritamente falso que si lo hiciéramos en exclusiva con la prudencia o el crédito rancio. De igual forma, cimentar liderazgos sobre individuos populistas o demagogos suele terminar (según un dicho popular) como el rosario de la aurora. Reconozco cuánta dificultad entraña conseguir dirigentes que consigan no ya el gobierno sino merecer la plena anuencia colectiva del personal y, sobre todo, de quienes ocupan el segundo nivel. Llegar al poder deleita egos individuales, pero —y aquí reside el problema de las democracias corruptas— solo se mantiene repartiendo privilegios abusivos a los afines mientras el ciudadano costea tales voracidades. Este contexto, que viene de lejos, constituye un hándicap para Casado en breve; letal si no lo corrigiera a futuro.

Como he dicho, Casado era tiempo atrás mi caballo ganador a presidir el PP. Testarudo, conseguí lo que suponía predicción patente (desde mi punto de vista) porque conjeturar cualquier otro resultado pareciera difícil e ilógico. Sin embargo, tiempo y aconteceres varios me han hecho reflexionar con rigor y ya no alimento nada incontestable. Existen yerros atribuibles al partido; sin perjuicio de que él, por fas o por nefas, tenga saldo o complicidad notables. El PP sigue sometido a viejos complejos que capitalizan la izquierda (extrema, cuando desapareció aquella contención de los primeros tiempos) y el independentismo divergente, iconoclasta. Hay un miedo cerval a que cualquier rival incruste en ellos el epíteto “facha” o “fascista”. Cierto que la conciencia social considera irrefutable el apelativo, pero su silencio encubridor favorece una confesión certera. 

Recuerdo a Cayetana Álvarez de Toledo en tiempos de Rajoy. Destacada, belicosa, liberal, rebelde, fue rechazada por declaraciones punzantes contra la estrategia del presidente, luego proféticas. Casado defendió su elección de portavoz en el Parlamento para luego, una vez asentada su falsa firmeza, desear incluso que dejara el acta de diputada. Ignoro si intervino un García Egea meticuloso, timorato, o el propio Casado abrumado por manifestaciones ¿tóxicas? de Feijoo y Juan Manuel Moreno, “médicos a palos”. El gallego, con gesta postiza ya que aquella Comunidad lleva votando varias legislaturas al PP sin reparar cual sea candidato. El andaluz, porque los frutos maduros caen por su propio peso. Ambos, tienen escasa entidad si quisiesen desbancar a su presidente en una aventura disparatada, irreflexiva, de limitado éxito. Conformaría un motín cuyos ingredientes básicos serían los complejos, digo.

La colosal, peregrina, impertinencia cometida por Casado durante la moción de censura presentada por Vox supera lo imaginado por el novelista más agudo. Aquel enfrentamiento personal, innecesario, despreciativo, satisfizo como nunca a un Sánchez tan incrédulo como muchos españoles que contemplaban la escena con ojos desorbitados. Fue un espectáculo lamentable por la forma y por el contenido. Ahí dilapidó Casado parte de su capital político, bastante maltrecho al mostrar desde el inicio un carácter débil, contemporizador, incluso con Sánchez. Además, pecó de pobre estratega porque si quiere ser el próximo presidente necesita, sin otra expectativa, los diputados de Vox. Su forma de hacer amigos es bastante precaria, tal vez mal influenciado por quienes esperan una ruptura a fin de seguir ostentando un poder que no merecen; menos, si encima resultan funestos para el país.

Ayuso, aparte de demostrar que formas bruscas y fondo social pueden conseguir objetivos inesperados, reavivó a un Casado con respiración asistida. Una persona tenaz, segura, pudo vencer las enormes dificultades que puso en su contra Sánchez, el gobierno y —de forma hostil, radical, estentórea—medios junto a tertulianos satélites. Casado tiene un modelo incuestionable que no va a seguir porque le falta temple, indicativo de insustancialidad para presidir el gobierno de España. Ayuso no es cismática, pues posee principios arraigados entre los que destacan lealtad y modestia, amén de disciplina monacal. Por suerte, Casado carece de repuesto a vista de pájaro, pero debe asumir un cambio consistente que granjee seguridad y posibilite esperanza en un futuro bajo su batuta, al menos sincera, justa, correctora de pasados errores.

¿Entonces? Depende de los próximos movimientos. Sánchez quiere su rendición ante el CGPJ y dicen las malas lenguas que para diciembre puede conseguirlo. Si así fuera, el castañazo de Casado marcaría época. Sabemos que los medios adscritos al poder destinarán varias portadas encomiando la moderación y sensatez del líder opositor cuando escruten un plácet que le resultará letal. Pese a sus declaraciones, el ensalzamiento del personaje por los medios opositores hinchan cualquier prurito excéntrico, incluso paradójico. He ahí la contrariedad. Desconfío del sentimiento buenista que pueden exhibir idealistas extemporáneos o pusilánimes. Pese a mis dudas, y valorando las opciones utilizables, le doy cierto margen de confianza. Una legislatura; luego, veremos.

viernes, 27 de agosto de 2021

FIGURAS Y FIGURONES

AFGANISTÁN,  EEUU  Y  SÁNCHEZ

 

No es momento, juzgo, de andarse por las ramas y garabatear la larga genealogía que esconde Afganistán. Diré —a modo de sumario breve— que ha sido históricamente ruta de la seda con China; por tanto, codiciado desde tiempos inmemoriales. Interesa reseñar desde mil novecientos setenta y ocho a mil novecientos noventa y dos. En aquella época conquistó el poder una facción comunista apoyada por la URSS. Los talibanes eran contrarios al gobierno recibiendo por ello apoyo financiero y armas de EEUU. La llamada guerra de Afganistán la ganaron los talibanes. Sin embargo, en poco tiempo mostraron un carácter radical, tiránico, liberticida. Por este motivo se creó un gobierno menos restrictivo con apoyo de EEUU, la OTAN y algunos países árabes a principios del siglo XXI. Durante veinte años, se vivió cierta apertura occidental respecto a modos y costumbres, pero en conflicto permanente con el extremismo talibán y otros señores de la guerra.

Estados Unidos, de hecho, ha ganado las guerras totales (Primera y Segunda Guerras Mundiales), pero otras más delimitadas (Corea, Vietnam y Afganistán, por ejemplo) le han supuesto victorias precarias si no huidas ignominiosas. Todas empezaron durante el periodo denominado guerra fría entre la URSS y los EEUU; un tira y afloja para liderar diferentes áreas de influencia —económica y militar, fundamentalmente— en cualquier parte del mundo. Fue la razón de los vaivenes que Estados Unidos y la OTAN ofrecieron durante cuarenta años en Afganistán. Este país tribal, aguerrido, inmerso en costumbres medievales, presenta dificultades insalvables para ratificar, con inmediatez calculada, usos, estilos e inercias occidentales. Señores de la guerra (su modus vivendi), corrupción generalizada, incapacidad para responder a esperanzas y fe masivas, forman parte del escenario que ha llevado a juzgar vano el esfuerzo requerido.

Con sentido común y estrategia acertada, la URSS abandonó en dos años campo y ayuda afganos. EEUU, aferrados a un prurito elitista, quiso imponer un gobierno talibán, anticomunista, contra toda prudencia y seguridad. Luego han necesitado veinte años de hostilidad permanente sobre sus viejos aliados. El epílogo, plasmado en las imágenes que cualquier medio difunde del aeropuerto de Kabul, es vergonzosamente terrible, casi criminal. El abandono, auspiciado por la propia sociedad afgana unida a gobiernos viles, deja sin amparo no solo al pueblo con demasiadas cicatrices sino a personas y familias que se comprometieron con un futuro incierto. Estas gentes, colaboradores y adscritos, si no pueden sacudirse el odio de los nuevos amos, cavaron su tumba desde el instante mismo en que apostaron ciegamente por un proyecto traicionado, inútil.

Sí, de nuevo Estados Unidos —y esa cola artificial que constituye la OTAN— ha huido de otro laberinto cimentado por ellos mismos. Desde la desaparición del Pacto de Varsovia, no tiene sentido mantener aquella organización militar; al menos, ateniéndonos a la estructura y papel actual. Porque, ¿qué es la OTAN? Cuando el pulso marroquí en Perejil comprobamos su respuesta exacta recordando el alineamiento de Francia (dejo para la Historia otras iniciativas menos salvas). Ayer, EEUU apuntaló a Marruecos en la crisis sostenida con España por Brahim Gali, jefe del Frente Polisario. Parece otearse una zona tórrida en el Pacífico y la OTAN se utilizaría para preservar el frente nort-occidental. Se hace preciso, salvo decadencia irreversible, un organismo militar europeo que exija lealtad y compromiso por parte de todos. Caso contrario, estaremos a disposición ajena con poca o nula reciprocidad. Esto o, como Suiza, declararnos neutrales, no indefensos.

Cierto, el modelo Estados Unidos tras las imágenes queda bajo mínimos, algo diluido por el que ofrece su partenaire Europa. No obstante, aquel viene consiguiendo sus objetivos geoestratégicos. Consumada la Guerra Fría y establecido el previsible nuevo frente bélico, pretende cercar Rusia con países potencialmente enemigos. Desde mi punto de vista, Ucrania al oeste y Afganistán (junto a las antiguas repúblicas soviéticas) al sur-oeste —anticomunistas por distintas razones— le restarían capacidad militar convencional, si fuera necesario. Historia y solidez empírica llevan a la certidumbre plena de que EEUU no tiene amigos, hace aliados coyunturales que abandona y recobra cuando el momento oportuno lo exige. Ahora parece débil, tal vez sea realidad, porque su economía está infectada por una deuda gigantesca. ¿Es impensable, asimismo, una maniobra para que otro dé el primer paso? Considero su descarte aventurado.

El liderazgo internacional aparece localizado en personas sin crédito, carentes, anónimas. Si nos ceñimos al ámbito occidental, los últimos gerifaltes americanos, europeos en su gran mayoría y rusos, muestran lagunas (no es alusión retórica) de mayor o menor entidad. Su constatación influye poco en naciones punteras porque quienes afrontan las grandes dificultades son equipos específicos. ¿Creen que Biden,  Putin, Macron o Boris Johnson, pongo por caso, pueden digerir solos el complejo brebaje que las circunstancias actuales ponen ante sí? Semejante pregunta solo admite una respuesta negativa, tanto por el objeto cuanto por los sujetos. Desde luego los hay mucho peores adyacentes, sin tener que desplazarse a zonas lejanas.

Seguir haciendo leña del árbol seco o caído rompe mis normas y estilo personales. Esbozaré a Sánchez bajo el único y preciso marco del asunto descrito. Ha confirmado, una vez más, exceso de egolatría desdeñosa y arrogante siempre; sobre todo en individuos inferiores, a priori. La toma de Kabul por los talibanes supuso para muchos afganos, colaboradores con la OTAN, el inicio de una muerte anunciada. Tampoco tan negros augurios fue motivo suficiente para acabar de forma fulminante sus vacaciones. Luego —hipotecando algo, sin ninguna duda— “compra” la foto europea de Torrejón. A continuación, según afirman los medios adictos, habla media hora por teléfono con Biden para acordar el plan de acogida a afganos acreedores de Estados Unidos en las bases conjuntas de Rota y Morón. Reputar ambas informaciones implica una inocencia insólita, prodigiosa. ¡Ya!, ordeno y mando debe ajustarse a la realidad oculta.

Terminen mis amables lectores colocando, a resultas de broche áureo, los epítetos del título (Figuras y Figurones) a quienes consideren oportuno. Sé que no se equivocarán; confío en su justicia y sentido común.